martes, 10 de marzo de 2026

166. El placer de la oscuridad

 

Mi tía Lorena y mi madre, debían ir la capital para solucionar problemas inherentes al testamento dejado por mi abuela fallecida días atrás, era un viaje largo, casi trece horas de Bus, ya que tanto mi mamá como mi tía le tenían pánico a volar. Mi tía me pidió si me podía quedar en su casa para cuidar de Ralph, un pastor alemán de tres años. Ellas estarían una semana fuera, así que preparé una pequeña maleta con cambios de ropa, mudas de ropa interior y mis fieles consoladores, ya que por elección no tenía novio desde hace dos años y medio, solo que mi calentura no me daba tregua y  me masturbaba casa a diario. Acompañé a mi madre y tía al terminal de buses en el auto de Lorena y esperé que el bus se fuera para regresar a casa, habían decidido viajar de noche, así que sus pasajes eran para el bus de 19:45, amanecerían en la capital e iniciarían los tramites y diligencias necesarios, yo pasé por el supermercado para comprar algunas cosas para tener en casa y luego me fui a casa, Ralph me recibió moviendo su cola, le cambié el agua de su plato y alimentarlo. Después le abrí la puerta del patio y él se fue a hacer sus cosas, mi tía me había explicado toda su rutina y me había dejado algunas notas sobre el cuidado que ella le daba a Ralph.

Me había comprado una botella de Martini y me preparé un traguito antes de dormir, me fui a ver la TV, era el horario de los noticieros de la nueve de la noche, me senté y al poco rato Ralph regresó y se echó a mis pies tranquilamente, como si supiera que la patrona en este momento era yo y me dio un poco más de seguridad, ya que la imponente prestancia del animal me causaba inconscientemente un poco de temor. Soy de constitución física relativamente pequeña, mido 1.58 y peso 51 kilos, pero tengo muchas energías y soy muy activa, viendo las noticias estaban cubriendo el festival de la canción de Viña del Mar y los artistas invitados, soy fanática de Ricky Martin y generalmente es mi fetiche de masturbación, aunque sea abiertamente gay,  lo estaban entrevistando y mi vagina se comenzó a humedecer con solo verlo ahí en la pantalla. Decidí que era una buena ocasión para divertirme con mis juguetitos, así que me levanté y fui a buscar mí consolador más grande, volví y me senté en el diván, me saqué mis calzoncitos y los dejé a un lado, en el apoya brazo del sillón, abrí mis muslos y comencé a pasar la punta de mi juguete de abajo hacia arriba por la juntura de mis apretados labios vaginales, suspiré y gemí sintiendo la vibración y el ronroneo suave del grueso dildo rojo, poco a poco mi sangre comenzó a fluir con mayor rapidez, mi corazón aumentó su latir y sentí en mi interior un hervidero que agitaba una masa de sentimientos algo caóticos que iban desde mi habitual sentir de perversidad y calentura a ese sentir de vergüenza por cometer estos actos de lujuria descontrolada que me provocaban esos maravillosos orgasmos, haciendo que repitiera la situación placentera una y otra vez.

De repente, se fue el volumen de la TV, abrí los ojos y me encontré en un cuarto completamente oscuro, estábamos sin electricidad, afuera se había desatado un temporal y los truenos eran ensordecedores junto con relámpagos que alumbraban las penumbras de la densa noche, me asusté al sentirme sola en esta boca de lobo oscura que no se veía absolutamente nada, encendí mi celular y me fijé en la carga, solo un 15 por ciento, lo apagué rápidamente para no quedar incomunicada, sola y a oscuras. Sentí un ruido y me di cuenta qué no estaba sola, Ralph estaba conmigo y me sentí más tranquila al tener la seguridad de ser protegida por este noble perro, mi consolador que continuaba a ronronear lo apagué y decidí irme a la cama, no sabía si la tía tenía velas o alguna linterna o cualquier tipo de luz de emergencia, no había tenido tiempo de haber controlado las cosas que mi tía tenía para sobrellevar estas emergencias, completamente a oscuras, chocando con algunos muebles en el camino, me dirigí hacía el dormitorio, me pegué un fuerte golpe en mi rodilla y me detuve a despotricar, encendiendo mi celular y me percaté que Ralph venía detrás de mí y que traía en su hocico mis calzones, rápidamente me encaminé al dormitorio y apagué el teléfono para evitar el alto consumo de la linterna. Abrí las cubiertas del lecho y me metí entre las sabanas, Ralph también subió a la cama, pero no me preocupaba porque yo estaba bajo las cubiertas de la cama, comencé a buscar su cabeza para quitarle mis calzones del hocico, pero toqué algo liso y mojado, inmediatamente quité mi mano, le había tocado la verga, seguí en la dirección opuesta y efectivamente él conservaba mis calzones firmemente entre sus dientes, los tiré pero él no los soltó, no me preocupé y se los dejé, lo que me había llamado la atención era su verga, en la oscuridad me parecía de estar con un ser hibrido, me recordaba de haberlo visto el año pasado cuando él se la limpiaba y me había parecido vistosa y gruesecita.

Volví a mover mi mano por su pelaje y toqué otra vez ese pedazo de carne caliente que emergía desde una funda peluda, más abajo estaban sus enormes testículos, lo empecé a pajear, mi pequeño cuerpo adolescente estaba encendido, casi suplicando de ser utilizado para el placer de una verga, pero no estaba convencida si era de ese tipo o humana, esta era mi primera vez con un perro y aun cuando había leído al respecto, me resultaba difícil dar el paso hacia una nueva dimensión sexual, la zoofilia. Ralph estaba muy tranquilo echado en la cama dejándome que le acaricie su verga, pero no soltaba los calzones que tenía en su hocico, eran como su trofeo, pensé que tendría que desechar esos calzones porque los está mordiendo, destrozándolos. Me calentaba sentir una verga en mis manos, en la oscuridad ni siquiera me parecía que era de un perro, era la verga de una criatura viviente como yo, no me imaginaba que pudiese haber algo de malo en tenerla gruesa y húmeda de un ser que comparte la cama conmigo jugando entre mis manos, sintiendo ese líquido que se escurre y moja mis dedos. “¿Qué tiene de malo sentir eso?”  –pensaba. Este ser que ahora dependía de mí, tenía que alimentarlo, cuidarlo, satisfacer sus necesidades, tengo que asearlo, es como tener un bebé, Ralph era mi bebé, mientras jugaba con su verga, mis muslos se humedecían con los fluidos que emanaban de mi vagina. Me estaba acostumbrando a acariciar a este peludo bebé con una verga muy grande, me gustaba sentir su piel suave al tacto de mis dedos, me desnudé completa y sentí que Ralph se había levantado y ahora sentía su fría nariz y su hocico justo en medio a mi ingle, casi en contacto con mi vagina, recibí una sacudida, como una descarga eléctrica cuando su lengua tocó los labios de mi concha, me atemoricé un poco sintiéndome indefensa de que él tuviera acceso a mi intimidad secreta, con la potencia y su fuerza podría cogerme contra mi voluntad.

Me mantuve con mis muslos bien cerrados, sintiendo la gruesa cabeza de Ralph que continuaba buscando mi entrepierna para lamerla, estaba sintiendo una dulce calentura y excitación que poco a poco me hacían separar mis rodillas y comencé a sentir su respiración muy cerca de mi sensible fisura. En la oscuridad no me daba cuenta real del tamaño del animal, acaricié su enorme cabeza y le rasqué las orejas, una de sus patas estaba cerca de mi muslo y la tomé, la sentí más gruesa que mi brazo, recién estaba percibiendo la contextura física de este animal que me resultaba mucho más grande que yo y mucho más pesado también, con poderosísimos músculos. Lentamente, a pesar de mi temor, abría mis piernas haciéndole más espacio, permitiéndole el roce de su órgano lingual con la hendidura de mi vagina, mi cabeza estaba colmada de pensamientos lascivos y picaros, sintiendo que Ralph aplicaba más fuerzas a sus empujones, llegando a separar mis apretados labios vaginales y accediendo a la humedad de mi femineidad “¡oh, que malo eres perrito! ¡No es justo que metas tu lengua ahí! Sabes que me gusta demasiado, ¿acaso quieres que sea una mala chica? ¿Me quieres putita, perro malo? –le decía.  Improvisamente, me di cuenta de estar hablándole a un animal que no me podía responder, pero su mágica lengua estaba explícitamente haciéndome saber sus pícaras intenciones, sin siquiera una chispa de luz, la situación era bien abstracta, todo lo imaginaba en mi mente y trataba de percibirlo con el tacto de mis extremidades, la oscuridad era total, pero la situación se iba sobre calentando poco a poco.

Me estaba lamiendo hábilmente, dándome un fuerte cosquilleo de placer que mi vagina entera se encendió y mi cuerpo se llenó de un fuego de ardientes deseos, gimiendo por una verga de macho, en esta oscura dimensión, Ralph tenía justo lo que yo necesitaba, ya lo había tenido en mis manos y ahora mi concha entera estaba sintiendo hambre por ser cogida y sentirla entera, quería esos centímetros de perro perforándome toda y dándome toda esa leche caliente, esperaba que me considerara una perra en celo y caliente por tener su verga disparando chorros de semen en mi concha. Él continuó moviendo de su larga y húmeda lengua, seguía insuflando calor a mis venas, debido a la maestría con que él me lamía, pensé que quizás él lograba verme con sus sentidos más sensibles y desarrollados que los míos, desde ese punto de vista la única que estaba en oscuridad era yo, él tenía una ventaja sobre mí. “¿Sí me pongo en cuatro me verá?” –pensé. Sin dudarlo, completamente desnuda como estaba, me puse de rodillas y con mis codos sobre las sabanas como una perra sumisa que le ofrece su concha caliente al macho. ¡Oh, Dios mío! ¡Sí, perrito, justo así papito! ¡Lame mi conchita! Ah, qué rico!” –le decía. Ralph se había ubicado justo detrás de mí y con su lengua juguetona me lamía las nalgas, mi culito y mí vagina en ebullición. En ese mundo tenebroso y sin luz, un fogonazo iluminó mi cerebro enviando fulmines de ondas espasmódicas de un orgasmo múltiple por todo mi cuerpo, jamás me había acabado así en mi vida, era una agonía sin fin, todo mi ser había estallado en miles emociones, mis jadeos entrecortaban mis quejidos, gemidos y chillidos. Abrí bien mis rodillas buscando un apoyo y no ser arrastrada por el torbellino de temblorcillos que me sacudían de pies a cabeza. Él continuaba lamiendo mi concha y mi trasero que se contraían con fuerza, pero sentí una de sus patas tratando de apoyarse en mi espalda, yo todavía estaba meneando y sacudiendo mi trasero en modo seductor, al parecer él quería montarme, él quería hacerme su perra y yo estaba más que dispuesta a serlo, después de ese esplendido orgasmo, lo deseaba dentro de mí, quizás si será cierto eso de que te quedas pegada al perro si te coges con él, eran interrogantes que pasaban por mí cabeza, pero lo quería experimentar sin más ni más.

Me daba un poco de temor dejar que me penetrara este animal enorme y que me hiciera su perra, que me metiera su verga y ya no pudiese despegarme de él, pero mi calentura era mucho más que mi temor, quería sentir esos fluidos llenando mi vientre y mi sexo igual que una perrita, este animal que era para mi protección se transformará en mi amante carnal, me gustaba sentir la dureza y tamaño de su pene, su olor, su textura en mis manos, nada de ese miembro canino me desagradaba, por el contrario, tenía tantas ganas de descubrir las nuevas sensaciones que pudiese provocarme ensanchando mi apretada vagina, sintiendo su fuerza extraordinaria violar mi intimidad con sus increíbles energías y su poderosa potencia. El cuarto sin siquiera una tenue luz, estábamos en esta oscuridad total, yo tratando de imaginar donde estaba y sintiendo lo que me estaba haciendo, pero no lograba ver nada, estiraba mis manos y sentía su pelaje, la única sensación real era su lengua que continuaba a lamer mi concha, había un fuerte olor a sexo dentro del cuarto, olor que me excitaba y me hacía buscar la verga del perro, no sabía cómo hacer para que me montara, quería que lo hiciera, pero él estaba fascinado con los fluidos que salían de mi concha y estaba empeñado en saborear la mayor cantidad de ellos. La verga de Ralph estaba tiesa, mojada y casi toda afuera de su peluda funda, mis dedos los recorrían de adelante hacía atrás y se sentía muy caliente, mi conchita estaba bañada y deseosa de atraparlo en el interior, ya no aguantaba más, mi vagina era un nido de fuego y el único modo de controlar ese incendio abrasador, era con ese verga erguida y sólida, mis ojos estaban abiertos pero con la total oscuridad reinante no me servían de mucho ya que nada era distinguible en esa penumbra extrema, mi lujuria me tenía respirando con jadeos y emitiendo y gemidos con la lengua que estimulaba mi concha sin cesar, sobajeaba mis tetas y pellizcaba mis duros pezones tratando de encontrar un alivio a mis lascivas sensaciones, estaba bramando por sentirme penetrada.

Mi vagina depilada estaba empapada y prácticamente goteando con mis deseos de verga, Ralph recorría mi fisura vaginal separando mis labios calientes, llegando prácticamente el orificio de mi culo y lo volvía a repetir una y mil veces. Estaba atenta a los movimientos del perro porque sus movimientos me hacían presagiar que intentaría montarme de un momento a otro y no quería que se equivocara y me la metía por el culo, la quería en mi concha y nada mas que ahí. Lo sentí jadear cerca de mi cabeza  y supe que al fin me montaría, lo hizo suavemente como si supiese que era mi primera vez con un perro. Hábilmente su verga se deslizó dentro de mi concha, unos escalofríos recorrieron mi cuerpo y varios gritos salieron de mi boca, me mordí el labio inferior, estaba dispuesta a soportar cualquier cosa con el fin de que él me hiciera su perrita, estaba balbuceando inentendibles vocablos que ni siquiera un ser humano hubiese sido capaz de entenderme, pero al parecer mi amante sí, porque me empezó a coger con suavidad y aumentó su velocidad paulatinamente, sin prosa, él también quería gozar mi estrecha concha. Mi vagina se bañaba con los calientes fluidos de Ralph, sentía como su saliva caía en mi cuello, sentí sus dientes en el lóbulo izquierdo y casi me vuelvo loca, no lo podía creer estaba siendo cogida por ese perro, porque no lo estaba haciendo con furia y rapidez, o hacía dulcemente, cerré los ojos y me dispuse a gozar mi primera cogida animal, me encantaba y con esa enorme verga llenando mi vagina como nunca nadie lo había hecho, me gustaba, estaba en el infierno del placer. Mi concha ardía de pasión, en esta oscuridad total me parecía estar ciega, así que el resto de mis sentidos trataban de recolectar información respecto a lo que me estaba sucediendo, sentía el tamaño, la forma y la textura de la verga en mi interior, la fricción era hechizante, me embrujaban todas esas sensaciones exquisitas, de pronto Ralph me tomó con mucha fuerza y me tiró de las caderas hacía atrás, grité cuando sentí que su verga avanzaba más profundamente en mi vagina, los pelos de mi cuello se erizaron y con un angustioso y sorpresivo grito, acabé con guturales gruñidos, no podía controlar esta sensación que me sobrepasaba, me tomé mis piernas con ambas manos para ver si podía parar el temblor que las sacudía, pero era imposible. También mis nalgas temblaban incontrolablemente, mis senos y mis pezones, todo mi cuerpo se estremecía, es como si se hubiese encendido un reguero de pólvora y la llama recorriese todo mi cuerpo, llegando a mi cerebro; hubo una explosión que se me nubló todo, esos hormigueos y escalofríos se transformaron en nuevos estímulos extraordinariamente indescriptibles.

El peso del pastor alemán me tenía bajo su control, mi diminuta estructura física personal era demasiado irrelevante como para constituir un contra peso a la fuerza de este poderoso animal, lo único que podía hacer era colaborar a la penetración y empujar mi trasero hacía atrás y hacía arriba, lo hacía repetidamente para gozar a concho todas esas sensaciones esplendidas. “¡Sí, Ralph! ¡Qué rico me la metes querido! ¡Dale toda esa verga a mami! ¡No te detengas, cógeme como una perrita que quiere complacerte! –le decía. Sabía que no me entendía, pero era tanta mi locura carnal por él, que le expresaba mi sentir, un sentir que venía de interior en esa oscuridad total, era como su una demencial lujuria se apoderaba de mí. Si bien es cierto no era la forma de comunicarse con un ser de otra especie, en otro momento se podría considerar hasta bochornoso el someterse a la voluntad y concupiscencia de un animal, pero coger con esta bestia, automáticamente me situaba a su nivel, era una hembra culeada por un macho físicamente superior y él me tenía bajo su dominio, ensartada en su sexo, haciéndome suya, tomando ascendencia sobre mi persona, él me poseía y me tenía cautiva violentándome con su avasalladora fuerza y potencia, yo se lo permitía porque me había entregado a él y a su magnífica verga que me enardecía de deseos de ser sometida y cogida por mi macho, no era una aventura amorosa, era pura lujuria animal que me apasionaba y subyugaba. Como si lo supiera, Ralph comenzó a follarme con fuerzas y energías renovadas, él quería inundar mi concha con su esperma caliente, si yo empujo más fuerte y rapidito, él acabará dentro de mí y me hará sentir su semen candente, como hembra quería que él me llenara con sus fluidos, sentí los latidos de su verga y también la temperatura de su líquido que se derramaba en los recovecos de mi sexo desbordando todos mis rincones y sometiendo a presión mi vagina que se esforzaba por contener la cantidad abismal de su semen hirviente, como complaciendo a su perra humana, el insinuó algunos embates que me hicieron chillar, como si su leche me quemara por dentro con una lujuria desenfrenada, mi sexo se contraía en un salvaje orgasmo, la oscuridad nos rodeaba, yo sentía solo su sexo y el mío que se solazaban en espasmos orgásmicos.

Trataba frenéticamente de aferrarme a las sabanas de la cama para no precipitarme en ese abismo de voluptuosidad e impúdicos placeres que Ralph me hacía sentir, como era posible que un perro fuese capaz de darme tantas sensaciones obscenas, pero al mismo tiempo dejarme con efectos secundarios de culpabilidad e inmoralidad, si nadie lo sabe, nadie me puede apuntar con el dedo, este será mi secreto, el goce que yo obtengo de este ser peludo, amable, cariñoso, leal, noble y exquisito amante, será solo mío así como yo seré de él, seré su perra todas las veces que quiera. En esta total oscuridad me había dejado coger por Ralph, estaba anudada a él, mi sexo tenía aprisionada su grandiosa verga, pacientemente debía esperar a que su verga y su bola disminuyeran de tamaño, mil cosas atravesaron por mi mente, pero también un par de bienvenidos orgasmos que él me provocaba solo con moverse un poco era tal la fricción que su verga incrustada en mi concha, que cuando él se giró y quedamos culo con culo, también me provocó otro orgasmo bestial. Tenía un sentimiento de agradecimiento hacía este perro, porque me había hecho su perrita human y me regaló miles de sensaciones nuevas. Mientras pensaba en todo esto en la oscuridad de la habitación, me dormí colgando de su verga. No sé cuento tiempo estuve dormida, sentía solo que Ralph me empujaba con su hocico, como una sumisa perrita sin siquiera pensarlo, tomé la posición sobre mis manos y rodillas, sentí su lengua separando los labios hinchados de mi vagina. “¡Oh, perrito! ¿Me quieres coger otra vez? “´¿Te gustó mi conchita estrecha!? ¡Espera amorcito que me acomodo para ti!” –le decía caliente y deseosa por usada una vez más. Ya me parecía una locura, al hablarle sabía que él entendía mis palabras.

Ralph era atraído por el olor de mi intima femineidad, quizás para él era una perra en celo, me lamió mi ano y la vagina que todavía goteaba su semen, su larga lengua se insertó en mi concha empapada y una dulce sensación recorrió toda mi espina,  me hizo estremecer en un mini orgasmo maravilloso y placentero, él siguió lamiéndome, golpeando hábilmente mi clítoris, el cual comenzó a erguirse a enfrentar esa lengua avasalladora, me causaba un inmenso deleite, él se bebía hasta la última gota de mis fluidos de perra en celo tratando de aplacar su sedienta boca “¡Oh qué buen perrito eres! ¡Sabes donde a mami le gusta ¿verdad? eres tan rico para lamer la concha de mami! … ¡Sí, cariño; dame toda esa lengua!” –le decía. Él no se cansaba de lengüetear mi vagina; coloqué mis manos sobre mis nalgas y las abrí para que pudiera deleitarse como el macho impetuoso que es, en verdad le pertenecía con cada ápice de mi candente ser. Me hizo acabar una vez más con esa lengua que invadía mi concha una y otra vez, con mis dedos busqué una almohada y enterré mi rostro en ella para gritar mi lujuria, el cosquilleo de mi orgasmo recorría todo mi cuerpo, sin poder contener los espasmos, me oriné, primera vez en mi vida que me sucedía algo así y no me sentía sucia ni nada, sentía solo dicha y satisfacción, me sentía contenta de lo que mi cuerpo y mente sentían, mi sensación de culpabilidad y vergüenza habían desaparecido, nunca más dejaré espacio para esas emociones negativas, soy una mujer que goza y nada más me importa. Su largo y grueso pelaje estimulaba mi piel desnuda, otra vez sentí el peso de Ralph en mi espalda, levanté mis caderas y bajé mis hombros, lo sentí deslizarse dentro de mí, pero esta vez el me agarró con mucha fuerza y me plantó su verga dentro de mi concha con un fuerte golpe que me hizo chillar, su gruesa bola presionó el boquete de mi vagina y esta lo absorbió como dándole refugio a un fugitivo, ahora sentía sus patas delanteras enredadas en mis caderas que me tironeaban hacía atrás penetrándome con fuerza inaudita, mi vagina resistía la violencia de la penetración y se ensanchaba para acoger con un apriete de bienvenida a tan apetecido visitante, mi cuerpo sabía de lo que era capaz este huésped y lo envolvía cálidamente con mi vagina caliente.

La noche oscura no me dejaba deleitarme con visiones de mi amante peludo, el océano de oscuridad me hacía navegar en corrientes aleatorias que me llevaban por un curso de placer y deleite, en este mundo negro quizás si mi razón no se había ido a las completas tinieblas y ya todo me parecía plano y sin relieves, solo mi tacto, oído y olfato me acompañaban en esta travesía de un mar oscuro con ondas que llegaban de diferentes ángulos y me portaban por aguas de braveza con intervalos de calma, mi cuerpo entero se mecía en este oleaje oscuro y sin luz, pero insidiosamente placentero. Los verga de Ralph, más la bola llenaron por completo mi vagina y comenzaron a engrosarse, me contorcía a medida que esa  verga se desarrollaba dentro de mí y alcanzaba esas demenciales proporciones que me hacían enloquecer, él había plantado su miembro en mi interior y construía los cimientos de mis orgasmos, era tan placentera la sensación que me hacía sentir que en esta oscuridad hasta me hacía dudar de estar cogiendo con un perro, este debía ser algún ser celestial venido del espacio exterior, quizás estoy haciendo el amor con un alienígena con una gigantesca, quizás por eso me hace ver las estrellas en esta obscuridad absoluta. Ralph me daba embestidas veloces y de tanto en tanto movía sus patitas traseras como eligiendo el ángulo de penetración, estaba inmersa en este oscuro mundo de placer, solo atinaba a gemir, sollozar, susurrar y chillar, me rocé mi clítoris levemente y unos espasmos violentos me hicieron convulsionar en otro orgasmos, abrumada por la sensación, alejé mis manos de mi vagina palpitante, me agobiaba un poco esta sensación profunda que me hacía retorcer en todas las direcciones, sabía que no podía escaparme, así que aceptaba mi goce como una tortura de placer y mis movimientos no hacían más que aumentar la intensidad de este angustioso deleite.Sus embestidas me hacían sentir la punta de su verga tocando mi cuello uterino, me tenía bien anudada y se aprontaba a vaciarse en mi concha sumisa, pronto me sentiría toda hinchada pero contenta como una hembra que recibe de su macho la impregnación de su líquido seminal, nunca antes ningún hombre lleno mi vagina con tanto semen, solo mi amante peludo era capaz de producir tanto semen. Así de improviso su semen se vertió en mí y mi concha respondió con otro orgasmo y otro, no veía una maldita cosa, pero mi cuerpo no cesaba de responder a las atenciones de este perro.

Ralph me mantuvo adherida a su verga por largos veinte minutos, luego alzó una pata y prácticamente caí desde su verga a a mi cama, me acosté de espalda y él vino a besuquear mi vagina con su lengua ardorosa, me parecía que la actitud de él era muy adecuada y sabia, después de coger él se encargaba de limpiar a su perrita para dejarla preparada para la cogida sucesiva, no sé si será un estilo suyo, pero me parecía apropiado y conveniente, sobre todo para la perrita humana que podía alcanzar otro par de orgasmos. Sumida en la oscuridad total, satisfecha de mi amante, exhausta de tantos orgasmos habidos, me cubrí con las sabanas y me quedé dormida en las tinieblas de la noche oscura, pero mi ser entero irradiaba una sensación de luz, mi cuerpo estaba apagado, la luz de un nuevo día traerá vida y energías nuevas, quizás cuantas cosas más. Sabiendo esa deliciosa relación que había formado con ese ser alucinante, dueño de la  oscuridad y de mi cuerpo. No dudé en ofrecerme cada vez que mi tía salía por varios, era una tortura la espera pero no se comparaba con ese delicioso placer que me entregaba.

 


 

Pasiones Prohibidas ®

viernes, 13 de febrero de 2026

165. La fiera del sexo

 

Desde hace una semana que trabaja en la hacienda. Decidió buscarse un trabajo para no pasarse todo el día en la casa encerrado teniendo que tolerar a sus hermanos mayores que no lo dejan en paz. No tiene amigos y ciertamente no extraña a ninguno de sus compañeros de curso con los cuales se lleva pésimo, de hecho el ansiaba que llegaran las vacaciones para no tener que verlos por al menos dos meses. No tiene novia,  ya que Ignacia, una guapa compañera de curso en la que se interesó se aprovechó de su ingenuidad para jugarle una broma pesada dejándolo en ridículo frente a sus compañeros, así que Joaquín tiene buenas razones para preferir estar ahí antes que ir a la piscina y toparse con alguien del colegio.

Su día empieza a eso de las seis de la mañana, se levanta cuando todos en la casa duermen, mejor piensa él, así evita a sus hermanos, que saben de sus problemas en el colegio y se los recuerdan a cada rato, se va en bicicleta hasta la hacienda Los Manantiales, que está en las afueras del pueblo y es una de las más grandes de la región. Desayuna ahí junto al resto de los trabajadores que siempre lo molestan por su aspecto flaco y desgarbado, sin embargo sus bromas son bastante más tolerables que las que recibe en el colegio y una vez que empiezan a trabajar las bromas se terminan, pese a lo exigente que es su trabajo desde el punto de vista físico Joaquín lo disfruta, se siente útil y de paso se gana unos pesos que le viene muy bien, aunque el dinero no es la verdadera razón de por qué está ahí.

El sonido de un motor lo hace reaccionar sacándolo de su trabajo mientras termina de ordenar los implementos y herramientas en el establo. Mira la hora en su reloj, “10:30, puntual como de costumbre” –dice él y se asoma discretamente al portón. Ahí está la verdadera razón por la cual quiso venir a trabajar a este lugar, María. Es la dueña de Los Manantiales y una mujer reconocida por su fuerte carácter y temperamento, no por nada le dicen La Fiera, pero además por ser poseedora de una exuberante e impresionante belleza. Como todos los días visita sus establos en ese horario, se asegura que no falte nada y aunque conversa con el capataz que la pone al tanto de todo ella revisa por cuenta propia el lugar, y en esta ocasión lo hace sorprendiendo a Joaquín cuando entra al establo donde trabaja. “¿Todo en orden?” – le pregunta ella con su característica voz marcada por un tono de mando, Joaquín solo asiente con la cabeza, se siente intimidado no solo por su reputación que llega a ser casi legendaria, también por su belleza. “¿Aprendiste a acicalar los caballos?” –le pregunta mientras se pasea por el establo, pero Joaquín no le responde, esta hipnotizado por la belleza de María, que a sus 44 años parece estar en su apogeo. “¡Te hice una pregunta!” –recalca ella sorprendiéndolo observando su voluptuoso cuerpo de forma muy poco disimulada y que luce espectacular en esa camisa de hombre a cuadros, jeans azules y botas de cuero además de su tradicional sombrero vaquero. “Sí señora” –le responde con su voz algo temblorosa. “¡Levanta la vista! Sé que se hablan muchas cosas de mí, pero créeme, no te voy a morder” – le dice ella. Él lo hace y sus ojos se encuentran con los preciosos ojos pardos de María que parecen estarlo escudriñando en lo más profundo de su ser. “Así está mejor, sigue con lo tuyo volveré al día siguiente” –dice ella esbozando una sonrisa. María se retira a paso firme, Joaquín no puede evitar poner su mirada en aquellas preciosas nalgas bien marcadas en esos jeans y ciertamente no es el único que lo hace, todos miran pero nadie se atreve a decirle siquiera un piropo y arriesgarse a llevarse una reprimenda de su parte o lo que es peor, quedarse sin trabajo. “Él sabe tanto del campo como yo sé de física nuclear” –dice el capataz sobre Joaquín, María sonríe al escucharlo. “Pero admito que él chico se esfuerza y trabaja duro” –agrega después. Desde que la vio por primera vez cuando se topó con ella en el pueblo Joaquín quedo prendido de María, cautivado por esa belleza y la sensualidad que irradia de forma natural, su carácter y temperamento también lo atrajeron mucho, es una mujer ruda y no tiene problemas en demostrarlo, por ello decidió pedir trabajo en el lugar y si bien la ve solo una o dos veces al día para él es suficiente premio que compensa el tener que levantarse temprano y quedar rendido por el pesado trabajo.

Ya son casi ocho de la noche y Joaquín está terminando con lo suyo. Está más cansado que nunca, hoy fue un día particularmente pesado por los problemas que causa un caballo que llegó recientemente. Se escapó en un par de ocasiones y a él lo culparon diciendo que lo había dejado mal amarrado pese a sus alegatos de lo contrario, el capataz amenazo con echarlo por esto. Joaquín toma su bicicleta pero prefiere irse caminando ya que las piernas le duelen mucho como para pedalear, esta enrabiado por lo sucedido y bajo su aliento murmura una que otra palabra sobre la mamá del capataz. En ese instante una bocina lo hace reaccionar, Joaquín se asusta tanto que tropieza y cae al suelo. “Lamento haberte asustado” –le dice María que se baja de su camioneta y se inclina ofreciéndole una mano a Joaquín que de paso tiene una vista privilegiada de los grandes pechos de María a través del escote de su camisa, ella obviamente se da cuenta de tan indiscreta mirada pero no le dice nada. “Vamos, te llevo a tu casa, te ves exhausto” –dice ella. Joaquín deja su bicicleta en la parte trasera de la camioneta y sube, es la primera vez que está a solas con María. “El capataz me dijo lo que paso con el caballo hoy” –dice ella y Joaquín está a la espera que lo despidan. “Pero no fue culpa tuya” –agrega.  “¿No lo fue?” –pregunta él sorprendido. “No, hace una semana le dije que debía reforzar el corral y no lo hizo. Además, quien debía amarrar el caballo era él no tu” –le dice la mujer al muchacho. Joaquín suspira visiblemente aliviado. “Dime una cosa, ¿por qué pediste trabajar en la hacienda?” –pregunta María mientras conduce por un tranquilo camino rural.  “Pues porque necesito dinero” –responde él, de hecho esa respuesta la tenía preparada, pero María ve de inmediato a través de la mentira. “Hay muchos trabajos para un chico de tu edad en vacaciones que son bastante más cómodos y productivos que romperse la espalda en el campo” –le dice ella. Joaquín se queda en silencio, no esperaba esta respuesta, por suerte María no insistió en la pregunta y pronto llegó a su casa. Sus padres salen a recibirlo y la mujer conversa brevemente con ellos diciendo solo palabras amables de él. “Es un buen trabajador y muy empeñoso” –agrega ella y antes de irse se despide de Joaquín dándole un beso en la mejilla que lo deja completamente paralizado, se siente como si María le hubiese dado un beso en la boca.

En la hacienda Joaquín trabaja con más ganas que nunca, se le ve más activo y ha aprendido bastante. Sin embargo, aún se pone tenso cuando aparece María y eso le molesta que no sea capaz de controlar sus nervios. La última vez que la vio ella andaba de malas por demoras en unos trabajos. Joaquín ahí supo por que le dicen la Fiera y saco a relucir todo su carácter levantando su voz de forma considerable a unos trabajadores que no cumplieron con lo ordenado. Sin embargo, cuando hablo con él mantuvo un tono amable. Ya es tarde y Joaquín está solo en el establo, ahora como le tienen más confianza lo dejan por su cuenta y está terminando de acicalar los caballos. Además, hay visitas en su casa y no tiene interés en volver temprano hoy. “¿Sabes montar acaballo?” –le pregunta María que aparece en ese momento con una silla de montar en sus manos. “No señora” –le  responde él. “Bien, ahora vas a aprender, partamos por el ensillado” –le dice mujer. María comienza a enseñarle como ensillar un caballo. Joaquín le pone atención y hace lo que ella le dice, aunque con ciertos errores pero nada grave: “Ves que no es difícil, ahora vamos a pasear”. Con mucha agilidad María se sube al animal. “Vamos, dame la mano y subes tras de mi” –dice la mujer. Joaquín se queda incrédulo. “Vamos, ¿qué esperas? Ven acá” –añade María. Finalmente lo hace y se sube. “Sujétame de la cintura con fuerza” –le dice al muchacho. Aquí Joaquín se pone aún más nervioso y tímidamente apoya sus manos en la angosta cintura de María. “Así no muchacho, así” –le dice de forma impaciente y literalmente lo obliga a que la abrace. “Ves, así te sujetas con fuerza, ahora nos vamos” –dice y  María dándole un golpe de espuelas al caballo este sale a toda velocidad por el campo.

Joaquín se sujeta tan fuerte como puede mientras cruzan un hermoso sector de la hacienda, pero no disfruta del paisaje, más bien disfruta al estar tan cerca de María, abrazándola y sintiendo su majestuoso cuerpo, su cabello castaño ondulado rozándole el rostro y el suave aroma de su piel. Joaquín simplemente esta en las nubes y no quiere descender. “Oye ya llegamos” –le dice ella y Joaquín vuelve en sí. “Por lo visto disfrutaste el paisaje” le dice en broma y él solo sonríe nerviosamente. Joaquín desmonta primero pero cuando lo va hacer María el caballo se mueve de improviso y él reacciona para sujetarla. Sin embargo, por el impulso ella lo empuja y lo derriba también terminando ambos en el suelo, con la sensual encima de un desconcertado Joaquín que quedó con su rostro metido en su escote. “Buena atrapada chico, ¿estás bien?” –le pregunta ella y se pone de pie.  “Sí, estoy bien” –le responde. “Ya lo creo” –dice María agregando una sonrisa llena de coquetería de su parte mientras se arregla los botones de su camisa, ya que varios se le abrieron mostrando un escote mayor a lo habitual. Caminan hasta la orilla de una laguna, es un sitio precioso y María planea hacer algunas cabañas para sacar provecho del turismo de la zona. Sin embargo, se muestra más interesada en Joaquín y le hace algunas preguntas acerca del porque vino a trabajar y de si es cierto lo que ha escuchado acerca de él y los problemas en el colegio. Como nunca Joaquín acepto hablar con ella de estos temas, él siempre había sido muy cerrado y jamás había discutido de esto con nadie ni siquiera con su familia. María lo escucha atentamente y de cuando en cuando le da unas palabras de aliento y apoya una mano en su espalda, Joaquín siente un gran alivio al desahogarse, es como si se hubiera sacado un peso de encima y ahora respira más aliviado. “No le hagas caso a esa mocosa, solo mantente firme y anda siempre con la frente en alto, seguramente llegara el momento en que se dará cuenta lo que se perdió contigo. Se ve que eres un bue chico, algo inocente pero buen chico. Se hace tarde ahora vamos de regreso y tú irás en las riendas” –le dice María con una sonrisa. Joaquín sube al caballo y María se pone tras él tomándolo con fuerza de la cintura y además apoyando sus grandes pechos contra su espalda. Joaquín los siente de inmediato y María parece hacerlo apropósito. En el trayecto de regreso Joaquín demuestra una considerable habilidad para montar, algo que sorprende a la mujer. “Eres un jinete innato” –le dice. Lo felicita. Al llegar a la hacienda María le dice: “Sube tu bicicleta a la camioneta, ya es tarde, te llevaré a tu casa”. Camino a casa, el muchacho no podía sacar de su cabeza ese encuentro cercano con el cuerpo de su patrona, casi todo el camino no dijo nada, solo iba perdido en esos pensamientos de adolescente. “Nos vemos” –le dice la mujer, dándole un beso en la frente. Joaquín está tan alegre esa noche que las bromas de sus hermanos ni siquiera lo afectaron, y estando ya en el baño duchándose se hace una tremenda paja pensando en ella y en lo que haría con ese magnífico cuerpo maduro que tiene. María realmente le quita el sueño y lo calienta, basta solo un simple gesto de su parte y lo deja hirviendo.

María hace su ronda habitual de nuevo, han pasado unos días del paseo a caballo y ella nota a Joaquín de mal humor. “¿Qué te pasa, tus hermanos de nuevo?” –pregunta. “No, mis papas quieren que vayamos a pasar las vacaciones con unos tíos” –responde el muchacho. “Acaso no quieres salir de vacaciones con tu familia, ¿por qué?” dice María intentando entender los pensamientos de su joven empleado, pero en ese momento duda en responder Joaquín: “Porque no podré verte”. Antes que María vuelva a preguntarle aparece el capataz y la llama algo preocupado. “¡Tendremos tormenta esta noche!” –le dice apuntando hacia las oscuras nubes que se ven en el horizonte y que avanzan de forma amenazante, “¡Y será fuerte! ¡Guarden todo, dejaremos de trabajar ahora mismo! Quiero a todos en sus casas antes que empiece la lluvia” –agrega ella. El capataz obedece y a gritos da las ordenes, María vuelve al establo y le dice a Joaquín que guarde todo y se vaya a su casa, “¿Pero usted que hará?” –pregunta preocupado el muchacho. “Yo debo recorrer el resto del campo para ver que este todo protegido” –le responde ella.  “Voy con usted, necesitara una mano” –le dice Joaquín y rápidamente deja todo en orden y luego se va con ella, él avisa a su casa que llegara tarde ese día. Ambos visitan los invernaderos y se encargan de reforzarlos así como asegurarse que toda la gente se ha ido a sus hogares. Los silos de grano, las bodegas también son revisadas y que el ganado este protegido en sus corrales. En ese momento comienza a llover, primero de forma ligera pero pronto la lluvia va haciéndose cada vez más intensa. Ambos hacen un par de paradas más y luego María quiere ir a dejar a Joaquín a su casa, pero al llegar a un cruce se percatan que el estero se ha desbordado y no se puede pasar. “Mejor vamos a mi casa, te quedas ahí hasta que pase la tormenta, avisamos a tu casa y mañana te voy a dejar” –le dice ella. Sin embargo, el camino de regreso está peor que antes y María tiene problemas en controlar el vehículo, hasta que en una curva y de forma sorpresiva pierde el control caen a una cuneta al costado. “¿Estás bien?” –le pregunta ella preocupada. “Sí, solo algo mareado pero nada grave” –le responde el muchacho. Tratan de salir pero sin éxito, ya que el vehículo está enterrado en el lodo, “Deberemos continuar a pie, estamos a poco más de un kilómetro, pero nos mojaremos bastante” –dice María. Sin más remedio ambos se bajan de la camioneta en el momento en que la tormenta arrecia con toda su fuerza y la noche se ve iluminada por los relámpagos. A duras penas ambos avanzan en medio de la lluvia y el viento, Joaquín tropieza un par de veces y María lo toma de la mano para poder ayudarlo y se refugian a la sombra de un añoso sauce cuyas tupidas hojas les dan algo de protección de la intensa lluvia.

Sin aliento ambos se protegen ahí, están empapados y calados hasta los huesos, pero Joaquín es quien está peor, no estando acostumbrado a esto; él tirita de frió y María se acerca, lo abraza. “Abrázame fuerte eso te ayudará a pasar el frió” –le dice al oído; él lo hace. Ambos se quedan ahí en silencio, Joaquín siente no solo el calor del cuerpo de María, también siente su voluptuosidad y al estar mojada eso parece hacer más intenso el aroma de su piel. Ella lo protege y hace apoyar su cabeza en su pecho, Joaquín respira de forma agitada y su aliento cálido María lo siente sobre la parte superior de sus senos. El joven ante tan delirante escena coloca sus manos para tocarlos, no deja de masajearlos en ningún momento. María le toma una mano y la lleva hasta ponerla entre sus gruesos muslos, él le sigue el juego y le frota su entrepierna pasando toda su mano, María se calienta más aun y Joaquín redobla los esfuerzo al verla cómo reacciona. “Jamás pensé que estaría así contigo. A veces los sueños y fantasías se vuelven realidad” -le susurra el joven al oído. “Tienes razón, los sueños y fantasías se vuelven reales, solo debes saber reconocer el tiempo” –dice ella casi suspirando. María se abre sus jeans y Joaquín mete su mano debajo sintiendo el vello púbico que empezaba a crecer y de ahí estira sus dedos hasta llegar a su sexo. “¿Lo sientes? ¡Está caliente y mojado por tu culpa!” –le dice ella con un hilo de voz. Joaquín se lo frota delicadamente presionando sus dedos contra su vagina metiéndoselos parcialmente. Los gemidos de María se hacen descontrolados mientras Joaquín le mete mano en vagina y le soba sus impresionantes pechos. “¡Vamos, así, así no pares!” –dice ella al sentir los dedos de Joaquín entrando y saliendo con fuerza al tiempo que él juega con sus pezones pellizcándoselos delicadamente mientras la lluvia los moja a ambos.

A ninguno de los dos le importa un carajo la tormenta que ruge en ese momento, María se quita sus botas y sus jeans, se aparta su calzón y le muestra su ardiente vagina a Joaquín. Ella se apoya contra el sauce exhibiendo su culo redondo y bien parado. “Ven acá y hazme una paja con tus dedos” –le dice al muchacho. Joaquín no lo piensa dos veces y presiona sus dedos en el sexo de la mujer que está completamente mojado no solo por la lluvia, le mete dos y luego tres dedos. Ahí le hace un furioso movimiento de mete y saca haciéndola gritar de placer, Joaquín no le da tregua y sigue masturbándola e incluso le mete un dedo en su culo cosa que la enloquece. “¡Vamos, más fuerte, más fuerte, ah, así, muy rico!” –pide ella demostrando que no solo es una Fiera por su carácter, también lo es cuando se excita. María agita sus caderas y presiona con su voluptuoso cuerpo sobre los dedos de Joaquín para metérselos bien adentro en ambos agujeros haciendo que sus tetas se balanceen. “¡Usa tu lengua, dame con tu lengua ahora!” –le pide María y se hinca observando atentamente sus partes más íntimas. Ella lo toma por sorpresa y con una mano lo carga sobre su sexo, Joaquín se ve sorprendido, pero pronto se recupera y hace lo que ella le pide haciéndola gemir hasta dejarla sin aliento, por primera el siente el sabor de una mujer en su boca y Joaquín no se cansa de ello. Mete su lengua y la mueve en la caliente vagina madura de la mujer, le da unas tremendas lamidas partiendo de su ano hasta llegar a su clítoris que también se lo chupa, él la siente como reacciona, como su cuerpo se estremece, María siente como un shock eléctrico que la recorre de punta a punta y la deja sin habla. Joaquín usa sus dedos hábilmente y mientras le devora la  concha le mete los dedos en su culo casi haciéndola acabar de esa manera.

María se pone de pie y se besa nuevamente con Joaquín. “Las chicas te van a adorar, sabes cómo lamer la vagina de una mujer muy bien” –le dice sonriendo. La lluvia sigue y debido al viento esta los moja a los dos, pero no les importa, siguen cogiendo como locos bajo ese árbol y Joaquín está teniendo la experiencia de su vida junto a María que también lo está gozando al cogerse a un chico que podría ser su hijo. “Dime una cosa, ¿cuándo te pajeas por mí me imaginas haciéndote una mamada?” –le pregunta ella mientras se besan y le abre los pantalones. “Sí María, me imagino que me la comes toda” –le dice. “¿Te gustaría ver tu verga desaparecer entre mis labios, que te la chupe, que pase mi lengua sobre tu verga?” –le pregunta ella casi gimiendo. “Me volvería loco ver como lo haces” –responde Joaquín. María mete una mano dentro de los pantalones de Joaquín y acaricia su verga, delgada pero bien dura y firme. “Nada mal” –le dice ella y se lo masajea demostrando que si bien hace tiempo que no tiene sexo con un hombre, hay cosas que nunca se olvidan. Delicadamente lo saca y se hinca ante Joaquín, se lo frota con ambas manos y lo pasa por su rostro, María lo siente palpitar como si fuese un corazón y su roja cabeza se asoma por completo. Ella le pasa la lengua por encima y Joaquín reacciona, “eres sensible” le dice y lo lubrica con su saliva para poder acariciarlo mejor. Joaquín cierra los ojos, mientras las manos de la mujer hacen su trabajo, ella nota lo mucho que lo está gozando y en ese momento usa la punta de su lengua sobre el glande de Joaquín rozándolo y jugueteando con él. Asombrado Joaquín observa como María se la  chupa, ella lame su verga de arriba abajo. “La tienes muy rica” –le dice y la saborea ansiosamente para deslizarla entre sus carnosos labios. Joaquín observa esto como la culminación de un anhelo de toda su vida,  María se la traga toda y la recorre con sus labios chupándola con fuerza. Joaquín apoya una mano en la cabeza de la caliente mujer y la guía en el movimiento que hace sobre su verga, él suspira y jadea mientras siente esos carnosos labios envolver su verga sin detenerse. María soba delicadamente sus testículos y se los chupa para luego pasar su lengua hasta llegar a su roja cabeza y meterla en su boca una vez más. “Esto te encantará” –le dice y atrapa la verga de Joaquín entre sus majestuosas tetas y literalmente lo exprime con ellas. Su verga casi desaparece entre ambas pero Joaquín se siente en las nubes, es increíble el sentir la suave piel de las tetas de María envolver y frotar su verga. María saborea un poco de semen que se asoma por la punta de esa juvenil. “¡No acabes aun!” –le dice ella. De inmediato se pone de pie para darle un respiro a Joaquín “¡Aun te falta lo más importante!” –insiste ella.

Joaquín queda de espaldas en el suelo mirando como las hojas del sauce se mueven por el viento, hasta que María se monta sobre él y frota su cuerpo contra el suyo. Ella restriega su vagina sobre esa verga deseosa por recorrer el interior de esa sensual que lo miraba con perversión. Joaquín está caliente; se besan, se acarician y él le chupa las tetas otra vez. “No me canso de estas bellezas” –le dice haciéndola reír. “Concéntrate” -le dice ella que guía a verga del muchacho hasta su vagina y se desliza lentamente sobre él. Joaquín lo observa perderse en la vagina de María que cierra los ojos y gime de la excitación. Fue un momento mágico para ambos y Joaquín apoya su cabeza en el pasto cuando María se empala por completo sobre él, “¡Oh, oh, siento como rozas por dentro! ¡Tú verga palpita en mi vagina!”. María comienza a cabalgarle encima lentamente en un principio pero después va haciéndolo con más fuerza y rapidez gimiendo sin parar y Joaquín le toma sus senos que se balancean ante sus ojos y se los acaricia mientras ella se apoya en su pecho. “¡Si, si es fantástico!” –dice de forma entrecortada mientras le cabalga, ella recibe todo el miembro de una vez y Joaquín, que es bastante delgado físicamente, parece desaparecer bajo el voluptuoso cuerpo de la caliente madura. La escena entre ambos es increíble, el mojado cabello de maría se agita no solo por el viento, también por la forma tan salvaje en que le cabalga ahora con toda su fuerza. Joaquín le toma sus pechos en los que la lluvia escurre resaltando su forma y le chupa sus pezones mientras María le da bien duro a su verga irguiéndose de forma majestuosa sobre ella.  En ese momento Joaquín la toma por sorpresa y la voltea poniéndola de espaldas en el pasto, “¡Oh, que impulsivo!” –dice ella con su característica coqueta sonrisa. Ahora es Joaquín que mientras la besa, se mueve sobre ella con fuerza presionando con todo su cuerpo sobre la vagina de la sensual mujer que lo abraza y le pide que no se detenga y él, ciertamente no tiene ninguna intención de hacerlo. Ahora Joaquín sujeta las piernas de María y las apoya en sus hombros arremetiendo con más fuerza aun y eso le encanta. “¡Vamos, dame duro, bien duro!” –le exige ella y Joaquín así lo hace llegando al límite de sus fuerzas y su resistencia.

El cuerpo de María se ve invadido por una serie de espasmos que la recorren por completo y ella siente lo mismo en Joaquín, que con un par de fuertes embestidas acaba en su vagina y queda tendido sobre las tetas de María respirando de forma agitada. “Nada mal, nada mal para ser tu primera vez” –le dice María, quien lo abraza dándole unos momentos para que recupere. “Vamos, debemos regresar a mi casa” –dice ella. “Ahí podremos seguir” –agrega y le hace un guiño. A medio vestir y corriendo consiguen llegar al fin a la casa de María que está a oscuras, solo la luz de los relámpagos la ilumina y apenas entran Joaquín la atrae hacia su cuerpo y comienza a besarla de nuevo. “En la ducha, en la ducha campeón” –dice ella en medio de los besos. “Una ducha caliente necesitamos ahora” –insiste ella y ambos van al baño sacándose la ropa mojada, embarrada y tirándola donde sea. Por fortuna María tiene agua caliente en su casa y con la duchas los dos parecen recuperar fuerzas. Joaquín pasa sus manos enjabonadas por el cuerpo de la mujer que luce tan espectacular como siempre, los besos y caricias siguen entre ambos; ella tiene problemas en controlar a su joven y apasionado amante. El dormitorio de María parece un lugar prohibido y místico para Joaquín, que ni en sus sueños pensó en estar con ella, María lo toma de la mano y lo lleva a su cama en donde hacen un caliente 69. María se encarga de atender la verga del jovencito, chupándola y lamiéndola ansiosamente, mientras él devora esa deliciosa concha que tanto lo enloquece. Los gemidos de ambos llenan la habitación y pareen silenciar el ruido de la tormenta afuera. “Así lo quiero ahora” –dice María, que se pone en cuatro sobre la cama exhibiendo su culo. Joaquín se pone detrás y la toma de las caderas, su vagina está tan mojada que la penetra de una sola vez. Joaquín la bombea con todo, dándole bien duro a la caliente María que es toda una fiera en la cama también. “¡Si, si, dámelo todo, métemela fuerte!” –exclama ella que se carga sobre Joaquín que la sujeta con fuerza, sus tetas se agitan vigorosamente mientras la cogen con salvajismo, ella aprieta sus manos por lo excitada que esta. “¡Ah, dame! ¡No pares!” –grita ella.  “Tu vagina es increíble, parece que atrapa mi verga” –le susurra Joaquín al oído. Ella con una sonrisa maliciosa, le dice: “¡Devora mi culo!”. Joaquín algo sorprendido lo hace.

Con María en cuatro Joaquín le separa sus nalgas y mete su lengua entre ellas, María casi se derrite al sentirlo en su ano, el muchacho besa ese delicioso culo, o hurga con la lengua y le mete los dedos en la vagina para calentarla aún más de lo que ya estaba. María mueve sus nalgas algo que le encanta a Joaquín. “Estaría todo el día comiéndome este culo” le dice, pero ella apenas le responde en medio de su gemidos. Ahora Joaquín la folla por ambos agujeros con sus dedos, María está completamente caliente, le encanta que se lo haga así, cogiéndosela con los dedos por ambos agujeros a la vez. “¡Rómpeme el culo!” –le suplica con su voz entre cortada por su calentura. Nuevamente Joaquín se pone en posición, María se separa sus nalgas mostrándole su estrecho agujero, “¡La quiero aquí, bien metida aquí1” –le dice caliente mujer. Joaquín apunta su verga como si fuese una daga lista para la estocada final. Al hacer contacto María se estremece y él presiona con fuerza. El culo de María es bien estrecho pero poco a poco va cediendo y su verga se va hundiendo en el delicioso agujero de María, Joaquín la presiona con fuerza y tras empujar ligeramente se la mete toda, hasta que sus testículos tocan las nalgas de María. “¡Destrózame papi!” –le pide. La cama cruje ruidosamente, Joaquín le da bien duro a la ardiente María que está gozando como nunca antes con un hombre. Él se esmera por satisfacerla y siente el estrecho culo apretando su verga, Joaquín se la coge sin darle un respiro y María gime, jadea sin parar completamente nublada por la excitación. Joaquín se apoya sobre ella y hace sentir su peso para penetrarla mejor, los besos y caricias son más intensas que nunca.

Ambos amantes ruedan sobre la cama quedando de costado, Joaquín levanta una pierna de María y ella se frota la vagina mientras le dan sexo anal. Joaquín se las arregla para tomarle las tetas y se las masajea mientras se la coge por el culo; sus lenguas se cruzan fogosamente y María le dice que quiere sentarse encima. Ella le da la espalda y separa sus piernas, la verga de Joaquín está bien metida en ese delicioso culo y María le empieza a cabalgar encima de la manera más salvaje posible gimiendo, jadeando y hasta gritando de placer, mientras su joven amante la hace subir y bajar por su verga. Joaquín la sujeta con fuerza y le frota la concha y luego le mete los dedos en él, moviéndolos rápidamente. El cabello de María le golpea en el rostro pero no le molesta en absoluto y le sigue dando tan duro como puede hasta que los fuertes gemidos de la sensual mujer delatan la intensidad de su orgasmo; Joaquín tampoco puede resistir el delicioso orgasmo de María, provocando en el muchacho que acabara en el ya abierto agujero de su madura amante. Ella se recuesta, el muchacho se sube encima y coloca la verga entre esas delirantes tetas y se empieza a mover. “¡Dame leche, mi amor! ¡Quiero tu caliente semen en la cara!” –le dice María en tono suplicante. Joaquín eyacula otra vez en os hermosos pechos y rostro de María; ella saborea y degusta el semen del muchacho. “Nunca pensé que fueras tan puta” –le dice Joaquín. María sonríe perversa y le dice: “Es bueno tener secretos. Además, estuviste fenomenal” –responde la caliente mujer Se abrazan, los dos se quedan quietos en la cama mientras afuera la tormenta ruge con toda su fuerza, ella lo acomoda y lo abraza como si fuese su hijo pequeño, quedándose dormidos plácidamente.

Joaquín despierta y mira al techo, que es igual al de su habitación y se pregunta si todo lo de anoche fue un sueño, ya que le cuesta creer que se cogió a María en medio de una tormenta, protegidos a la sombra de un árbol. Luego en la ducha y después en la cama y que todo eso haya sido verdad. Sin embargo, al mirar a su lado está ella desnuda, tan hermosa como la Bella Durmiente. “¡Fue verdad!” –dice él y ella despierta. Son las ocho y media de la mañana, para María normalmente sería muy tarde, pero hoy le importa un cuerno. “¿Cómo te sientes?” -le pregunta la dulce MILF que se apoya en el pecho del muchacho. “Soy el chico con más suerte del mundo” –le responde Joaquín, ella le regala una sensual sonrisa. Ambos se quedan ahí un rato, el teléfono de María suena pero lo ignora. Joaquín se lamenta por tener que salir con sus padres de vacaciones, “No te hagas problema, solo disfruta y pásalo bien, cuando vuelvas estaré aquí” –le dice ella regalándole una deliciosa mamada. No se detuvo hasta sentir el joven semen llenándole la boca y la garganta. Al cabo de un rato ambos se levantan, la ropa de ambos aún está húmeda, pero a ninguno le parece importar. Joaquín llama a su casa explicando lo sucedido a sus preocupados padres pero omitiendo los detalles cruciales de lo sucedido anoche.

 

María lo lleva a su casa en otro vehículo, ahí da las explicaciones a sus padres y al final todos felices. “Llámame” –le susurra al oído y cuando se quedan solos por un instante Joaquín le da un apasionado beso, qué casi los hace perder el control. “Lo haré” –le responde y María regresa a su vida cotidiana, sacando a relucir otra vez su carácter de Fiera. Estaba sombrada que un simple chiquillo haya sido capaz no solo de ver, sino que también de sacar a relucir a la verdadera mujer que realmente es, volviéndola toda una fiera del sexo y del deseo.

 

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®

Ambos amantes ruedan sobre la cama quedando de costado, Joaquín levanta una pierna de María y ella se frota la vagina mientras le dan sexo anal. Joaquín se las arregla para tomarle las tetas y se las masajea mientras se la coge por el culo; sus lenguas se cruzan fogosamente y María le dice que quiere sentarse encima. Ella le da la espalda y separa sus piernas, la verga de Joaquín está bien metida en ese delicioso culo y María le empieza a cabalgar encima de la manera más salvaje posible gimiendo, jadeando y hasta gritando de placer, mientras su joven amante la hace subir y bajar por su verga. Joaquín la sujeta con fuerza y le frota la concha y luego le mete los dedos en él, moviéndolos rápidamente. El cabello de María le golpea en el rostro pero no le molesta en absoluto y le sigue dando tan duro como puede hasta que los fuertes gemidos de la sensual mujer delatan la intensidad de su orgasmo; Joaquín tampoco puede resistir el delicioso orgasmo de María, provocando en el muchacho que acabara en el ya abierto agujero de su madura amante. Ella se recuesta, el muchacho se sube encima y coloca la verga entre esas delirantes tetas y se empieza a mover. “¡Dame leche, mi amor! ¡Quiero tu caliente semen en la cara!” –le dice María en tono suplicante. Joaquín eyacula otra vez en os hermosos pechos y rostro de María; ella saborea y degusta el semen del muchacho. “Nunca pensé que fueras tan puta” –le dice Joaquín. María sonríe perversa y le dice: “Es bueno tener secretos. Además, estuviste fenomenal” –responde la caliente mujer Se abrazan, los dos se quedan quietos en la cama mientras afuera la tormenta ruge con toda su fuerza, ella lo acomoda y lo abraza como si fuese su hijo pequeño, quedándose dormidos plácidamente.

Joaquín despierta y mira al techo, que es igual al de su habitación y se pregunta si todo lo de anoche fue un sueño, ya que le cuesta creer que se cogió a María en medio de una tormenta, protegidos a la sombra de un árbol. Luego en la ducha y después en la cama y que todo eso haya sido verdad. Sin embargo, al mirar a su lado está ella desnuda, tan hermosa como la Bella Durmiente. “¡Fue verdad!” –dice él y ella despierta. Son las ocho y media de la mañana, para María normalmente sería muy tarde, pero hoy le importa un cuerno. “¿Cómo te sientes?” -le pregunta la dulce MILF que se apoya en el pecho del muchacho. “Soy el chico con más suerte del mundo” –le responde Joaquín, ella le regala una sensual sonrisa. Ambos se quedan ahí un rato, el teléfono de María suena pero lo ignora. Joaquín se lamenta por tener que salir con sus padres de vacaciones, “No te hagas problema, solo disfruta y pásalo bien, cuando vuelvas estaré aquí” –le dice ella regalándole una deliciosa mamada. No se detuvo hasta sentir el joven semen llenándole la boca y la garganta. Al cabo de un rato ambos se levantan, la ropa de ambos aún está húmeda, pero a ninguno le parece importar. Joaquín llama a su casa explicando lo sucedido a sus preocupados padres pero omitiendo los detalles cruciales de lo sucedido anoche.

María lo lleva a su casa en otro vehículo, ahí da las explicaciones a sus padres y al final todos felices. “Llámame” –le susurra al oído y cuando se quedan solos por un instante Joaquín le da un apasionado beso, qué casi los hace perder el control. “Lo haré” –le responde y María regresa a su vida cotidiana, sacando a relucir otra vez su carácter de Fiera. Estaba sombrada que un simple chiquillo haya sido capaz no solo de ver, sino que también de sacar a relucir a la verdadera mujer que realmente es, volviéndola toda una fiera del sexo y del deseo.

 

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sábado, 17 de enero de 2026

164. Un Regalo y una advertencia

Todos corrían de un lado a otro en la oficina, al CEO de una empresa se le había ocurrido celebrar los diez años de lanzamiento de su proyecto estrella: “Una muñeca sexual con rasgos humanos”, no era típica muñeca recubierta de látex, sin expresiones y carente de expresión. Es una muñeca de tamaño real, con piel y cabello casi real, con expresiones faciales, capaz de mostrar incluso hasta sentimientos. Desde su primer día a la venta revolucionó el mercado y al año ya estaba en la Bolsa, generando millones de dólares. Todos los creativos estaban eufóricos porque el joven CEO no solo pagaba buenos sueldos, sino también era un tanto despiadado al no obtener lo que desea. Además, le había prometido una celebración a la altura, pero no es el único que tiene planes para tan prometedora noche.

En compañía de dos guardaespaldas cuya complexión bien podría ser igual a la de un gorila, lo que los mostraba más que perfectos para el cargo que ocupaban y subiendo por el elevador de aquel alto edificio con dirección al último piso, venía Cecilia Lugo, una MILF pelirroja, de cabello lacio hasta los hombros. A sus cuarenta años era normal que su cuerpo ya no podía ser como cuando era una veinteañera, por ejemplo, su abdomen era algo abultado, aunque no en exceso, pero por lo menos todavía tenía otros atributos, como un buen par de tetas, caderas anchas, un culo gordo pero que todavía conservaba su forma de corazón invertido y unas piernas largas que se asomaban por debajo de esa falda de ejecutiva que llevaba puesta. Además, tenía otros encantos, como su cara llena de pecas que le daban una apariencia adorable sobre su piel blanca o sus ojos azules enmarcados detrás de unos lentes de marco grueso.

El ascensor al fin se detuvo y abrió sus puertas revelando un pasillo con varias puertas a sus lados, con una más grande al final de este. Las tres personas caminaron por ese pasillo hasta que llegaron a la puerta final y aunque había un comunicador al lado de esta para anunciarse, no lo vieron necesario y entraron de una vez, ingresando a la oficina de un alto ejecutivo como lo delataban los muebles finos, la sala de espera, el mini bar, los libreros llenos de recuerdos finos y por sobre todas las cosas, el escritorio con tres monitores al final del despacho en el que estaba sentado un hombre: Arthur Cobblepot. Cecilia y los tres guardaespaldas avanzaron hasta pararse frente al escritorio y alcanzaron a escuchar que Cobblepot hablaba con alguien, al parecer por una video conferencia. “Entonces todo listo, damas y caballeros. Los veremos en dos semanas en el punto acordado para nuestra gran celebración. Se los prometo amigos míos: será la fiesta de su vida” –decía Arthur mientras daba un sorbo a una copa de vino. Se escucharon varias frases de despedida en distintos idiomas y la conversación terminó. Cobblepot se quitó los audífonos de los oídos y levantó la vista para ver a los recién llegados. “¡Así que por eso no contestabas tu teléfono!” –dijo Cecilia cruzándose de brazos. El hombre, menor que ella por unos diez años sonrió como un niño que acababa de hacer una travesura y dijo: “La junta se alargó más de lo que esperaba. Tuve que usar todo mi carisma para invitar a estos peces gordos a nuestra celebración, después de todo, si logro que ellos pongan su fortuna en nuestra operación, me voy a ganar muchos puntos con la mesa directiva. No solo los puntos son necesarios para mantener el control de la compañía, sino lo que me importa es llenar mi cuenta y que el resto se cague en sus putas ambiciones”. Aunque la “empresa” creadora de muñecas sexuales vivientes era una organización clandestina, el ego de Arthur y la seguridad en sus operaciones estaba tan por lo alto que él no veía problemas en celebrar el aniversario de esta misma como cualquier otra empresa lo haría y tenía en mente un gran reventón a la altura.

Cecilia frunció los labios. Aunque era la mujer de confianza de Cobblepot y su segunda al mando, no aprobaba mucho de sus métodos, pero al final él era el jefe y tenía que ajustarse. Evitó tener una discusión más larga con él y tomando una tablet que llevaba consigo, se la pasó a Arthur y le dijo: “Bueno, aparte de venir a revisar que seguías vivo, también quería mostrarte esto en persona. Estuve revisando nuestros archivos tal y como pediste y elegí a nuestras mejores dolls para tenerlas tanto como staff como para ofrecerlas como “plato fuerte” durante la fiesta. “¡Excelente!” –dijo Arthur tomando la tablet para empezar a ver la lista que le habían llevado, pasando su dedo por la pantalla y revisando las fotos y nombres de las dolls seleccionadas, hasta que se detuvo en una que le llamó la atención. “¿Cloe Doll? ¿Metiste a mi gatita para la fiesta?” –preguntó. Cecilia se encogió de hombros y dijo: “¿Qué te digo Arthur? A los accionistas les encanta tu muñeca tatuada e insistieron en que si podíamos incluirla en el menú” –respondió Cecilia. Arthur ladeó la cabeza como evaluando la idea y al final dijo: “Está bien, ponla. Después de todo estoy echando la casa por la ventana y si mi gatita nos ayuda a ganar algunos puntos, ¡qué diablos!”. Le regresó la tablet a Cecilia y dijo: “Claro que sí, entonces continuaré con los preparativos”. “Claro Ceci, que todo salga bien” –respondió Cobblepot y entró a su computadora para seguir  trabajando.

La mujer y los guardaespaldas se dieron media vuelta y salieron de la oficina cerrando la puerta detrás de ellos, empezaron a caminar hasta el ascensor y al entrar en él marcaron el botón de la planta baja y una vez que este empezó el descenso, Cecilia suspiró exasperada. “Ese Arthur, no es más que un niño grande. No sé cómo diablos se hizo de tanto poder dentro de la organización si sus ideas son estúpidas. ¿Cómo se le ocurre dar una fiesta con las dolls como atracción principal? Somos una organización clandestina, no la entrega de los globos de oro, lo único que va a lograr es que el mundo se entere de nuestra existencia, si de por sí ya hay rumores sobre nosotros en los bajos mundos” –decía para sus adentros. Suspiró una vez más y dijo: “Bueno, pero ya es hora de que le ponga un alto y su fiestecita será el momento ideal para hacerlo. ¿Cómo van los preparativos?”. Miró a los guardaespaldas, que estaban coludidos con ella en lo que estuviera tramando. “Va todo a pedir de boca señora Lugo. Ya preparamos al topo que le dará el soplo a la policía para que hagan una redada durante la fiesta” –dijo uno de los gorilas. “Perfecto” –dijo Cecilia sacando un pequeño estuche de maquillaje para empezar a darse un retoque con ayuda del espejo que venía en este. “Si Cobblepot queda expuesto al público, a la mesa directiva no le quedará de otra más que aceptar que yo tenía razón cuando les advertía que sus tonterías nos iban a meter en problemas. Será un golpe duro para la organización, pero nos recuperaremos y cuando me den el puesto de Arthur, estoy segura de que llevaré a esta organización a una nueva era de bonanza, y claro caballeros, ustedes por su ayuda no duden que tendrán una generosa recompensa” –dijo ella dando una sonrisa de triunfo. Miró a los guardaespaldas y estos le sonrieron complacidos. Cecilia siguió arreglando su maquillaje, se quitó los lentes y acercó su mirada al espejo para poder ver mejor si la mancha que tenía cerca de su ojo era una nueva peca o suciedad y entonces pasó: Un compartimiento se abrió arriba del espejo del cual salió un pequeño tubo que disparó un polvo verde directo a la cara de la ejecutiva. Cecilia dejó caer el estuche de maquillaje y empezó a toser sin control, todo comenzó a darle vueltas y se agarró de lo que pudo para evitar caer, pero fue imposible porque en cosa de nada perdió el conocimiento y ya no supo más de sí.

Pasaron varios minutos y empezó a recuperar el sentido. Se sentía acostada en una plancha de metal y por sobre todas las cosas, se dio cuenta de algo: estaba desnuda. Ese solo descubrimiento bastó para que abriera los ojos de golpe y comprobara que en efecto, estaba desnuda y acostada en una plancha de metal donde además la tenían amarrada con correas de tobillos y muñecas, aunque no era necesario porque podía sentir en su cuello un collar que limitaba los movimientos de ahí para abajo. Fue esto último lo que le hizo adivinar en dónde estaba y no necesitó ver las paredes blancas, olfatear el olor a vagina cogida o ver a las otras chicas en sillas como de ginecólogo con cascos en sus cabezas. “¡No! ¡Esto no puede ser!” –gritó. “Oh, claro que puede ser” –dijo una voz a su lado. Siendo lo único de su cuerpo que podía mover, se giró a ver hacia la dirección de donde había venido la voz.  “¡Tú!” –gritó la mujer en frustración al ver a Arthur Cobblepot sonriéndole con burla. Ignorando la rabia con la que la mujer le estaba mirando, Cobblepot continuó: “¡Ay Cecilia! ¿De verdad pensabas que tu plan iba a funcionar? ¿Qué ibas a arruinarme y que te ibas a salir con la tuya? Pensé que sabías las reglas del juego: nadie traiciona a Arthur Cobblepot porque los beneficios de serle leal son mayores y las consecuencias extremadamente caras. Cecilia se limitó a apretar los dientes. Como la mujer no dijo nada más, Arthur se sintió en la libertad de continuar. “Los dos guardaespaldas que creíste haber contratado para tu estúpido plan saben bien las reglas del juego, así que me informaron de inmediato de tus intenciones y me ayudaron a sabotear todo tu plan, y claro, tuvieron una maravillosa recompensa por mantener su lealtad a mí. De hecho, no creo que a Roland le moleste compartir con nosotros el juguete que le regalé” –dice Arthur riendo con malicia. Nada más decir eso, una de las puertas de la habitación se abrió y dos personas entraron. Uno era Roland, uno de los guardaespaldas que había estado con ella en el ascensor y con una correa de perro en el cuello que estaba unida a una cadena que llevaba el gorila en la mano, venía la otra persona, una chica. Lo peor de todo, es que Cecilia conocía a esa muchacha de cabellos naranjas que iba desnuda, con un código de barras tatuado sobre la vagina depilada, caminando con pasos mecánicos, con un rostro inexpresivo y más importante: con sus dos ojos totalmente blancos y desprovistos de vida. “¡No!” –gritó Cecilia al reconocer a Saraí, su hija, ella creía que estaba a salvo en Londres estudiando la universidad. “En cuanto me enteré de tus planes me puse manos a la obra. Le ofrecí a Roland a esta bella chica como recompensa por ponerme en alerta y envíe a un equipo a recoger a tu encantadora hija para traerla aquí y romperle la mente para reducirla al nuevo juguete del buen Roland, nada mal, ¿eh?” –explicó Cobblepot  mirando a la esclavizada pelirroja. “¡Desgraciado hijo de perra!” –gritó Cecilia tratando de mover su cuerpo para saltar sobre Cobblepot, pero el collar se lo impedía.

Arthur mientras tanto ignoró los gritos de la mujer y continuó: “Hay una razón por la que le pedí al buen Roland que trajera a su juguete el día de hoy”. Miró a Cecilia y la sonrisa que se dibujó en los labios del hombre no le auguró nada bueno a la mujer. En un giro de justicia poética, quiero que veas cómo es tu esclavizada hija la que da los toques finales para destruir tu mente. El corazón de Cecilia se terminó de ir hasta el suelo. Cobblepot mientras tanto miró a su confiable guardaespaldas y dijo: “¿Me haces los honores, Roland?”. El guardaespaldas dibujó una gran sonrisa en su rostro y dijo: “¡Claro que sí, jefe!”. Se giró para quitarle la cadena a su collar de perro a Saraí Doll y decirle al oído: “¡Haz lo que te ordenamos, puta!”. “¡Sí amo!” –respondió la esclavizada muchacha y comenzó a marchar hasta llegar con su madre, quien la miró y aunque sabía de sobra los resultados del proceso de dollyficación, todavía trataba de apelar a algún milagro inesperado. “¡Sara, Sarita! ¡Soy yo, tu madre! ¡Por favor reacciona!” –decía Cecilia sollozando. Saraí Doll bajó la mirada hacia la mujer y con frialdad dijo: “Debo destruir la mente de mi madre y convertirla en una muñeca como yo, porque el amo me lo ordenó”. “¡No!” –gritó Cecilia perdiendo ahora sí toda la esperanza. Saraí Doll entonces oprimió un botón en el collar de control en el cuello de su madre y este asumió control también de su cabeza, aunque su mente seguía intacta lista para ser hecha pedazos por el proceso de dollyficación. La doll empezó a operar unos controles para hacer que la mesa cambiara de forma hasta adoptar la apariencia de una silla de ginecólogo, dejando su vagina de donde había salido así como el ano de su madre, bastante expuestos. Regresó a la mesa y tomó de debajo de esta dos grandes consoladores que metió en ambos agujeros de su progenitora y una vez se aseguró que estos estaban lo más adentro posible, tomó la aguja de un catéter y la clavó en la base del cuello de Cecilia. Finalmente, puso los electrodos en los pezones de la mujer, el dildo que le alimentaría durante el proceso y que además introduciría los nanobots que modificarían su cuerpo en su boca y finalmente, colocó el casco con los lentes proyectores y los audífonos para los oídos sobre la cabeza de la mujer.

Terminados los preparativos, Saraí Doll caminó hasta una computadora cerca de la mesa, tecleó algunos comandos y antes de presionar la tecla enter, dijo una vez más, en voz alta para que Cecilia pudiera escucharla bajo el casco puesto, el mantra que Roland le había instruido: “Debo destruir la mente de mi madre y convertirla en una muñeca como yo, porque el amo me lo ordenó”. Diciendo eso, presionó al fin la tecla que inició el proceso y selló el destino de su madre. Roland y Arthur se acercaron, con el guardaespaldas llegando con su esclava para decirle: “¡Bien hecho  perra!”. Le da una nalgada que estremeció el culo de la chica. “Existo para complacer a mi amo” –fue toda la reacción de Saraí Doll. “Un gran espectáculo sin duda mi buen Roland” –dijo Arthur complacido. “Muchas gracias señor” –respondió Roland con una sonrisa burlona. “Ahora, vamos a mi oficina. Hay que preparar el papeleo de dimisión de la señorita Lugo. Estoy seguro de que mientras nos ocupamos de esto a tu muñeca no le importará revisar el resto del proceso de su madre” –dice Arthur. “A esta esclava no le importa quedarse a revisar que su madre sea convertida en una esclava como yo” –respondió Saraí Doll por su amo. Los dos hombres rieron y al final Roland dijo: “¡Buena perrita!”.

Mientras los dos hombres se iban a arreglar sus planes, Cecilia tenía sus propios problemas: sentía como esos dildos en su vagina y culo empezaban a vibrar a una velocidad que le excitaba demasiado y no tardarían en arrancarle un orgasmo en cuestión de nada, los electrodos en sus pezones habían empezado con el masaje a estos y ahora estaban todos erectos, recibiendo los mensajes a su sistema nervioso disfrazado de placer. El consolador en su boca ya había empezado a bombear por su garganta esa sustancia gelatinosa que incluía nutrientes y nanobots y lo peor era que sentía como su boca estaba empezando a chuparlo en un intento de jalar más contenido, aunque la verdad era que se le estaba entrenando para hacer felaciones perfectas, pero la peor parte, era que la música y el video que incluían esos mensajes subliminales que bombardearían su cerebro ya habían empezado y no había forma en que ella pudiera evitar verlo y peor cosa: la droga que le estaban inyectando ya estaba surtiendo efecto y se estaba empezando a sentir desorientada y cansada. ¡Pero no! No podía rendirse, no podía dejar que Cobblepot se saliera con la suya y menos después de lo que le había hecho a Saraí, tenía que poner toda su fuerza de voluntad en resistir al lavado de cerebro, mantener su mente intacta y así poderse vengar de ese malnacido y después, buscar una forma de recuperar a Saraí. Sí, debía hacerlo por su hija, debía luchar con todo lo que tenía por ella, sabía que ese pensamiento le daría la fuerza para luchar contra el proceso de dollyficación.

La fecha del aniversario de la organización había llegado y en una mansión a las afueras de la ciudad; hombres y mujeres tanto acaudalados cuidadosamente elegidos así como personal de la organización, se daban cita para participar de la celebración de este evento. En los jardines de la construcción, habían muchas mesas juntas donde los invitados degustaban los más exquisitos manjares, pero el verdadero dulce estaba en las meseras: varias de las dolls que la compañía todavía no vendía, llevando atuendos de lo más eróticos, desde los clásicos como conejita, enfermera o maid, hasta algunos más sofisticados como cosplay de diversas películas o videojuegos, todo para complacer todos los gustos de los invitados. No obstante, de momento había una regla de “no tocar” hasta que llegara el momento del evento principal y parecía que el fin había llegado ese momento, pues Arthur Cobblepot, el principal organizador, se subió al escenario que se había montado en el jardín, la música se paró y la iluminación se dirigió principalmente hacia él. “Muy buenas noches damas y caballeros. Antes que nada, quiero darles las gracias por haber aceptado nuestra invitación a esta pequeña cena de gala para celebrar el aniversario de nuestras actividades que tienen por objetivo proporcionarles el mejor aparato de entretenimiento sexual: una sexy mujer convertida en una muñeca sexual dispuesta a cumplir cualquier orden que se le dé, no importando lo que sea” –dijo. Cobblepot hizo una pausa para dejar que una ronda de aplausos sonara y cuando estos menguaron, continuó: “Pero bueno señores, estoy seguro de que no vinieron a comer gratis y a escucharme hablar, ¡vinieron a una fiesta! Y este es el momento de comenzar con el evento principal, donde podrán disponer de nuestras mejores dolls para saciar sus más bajos instintos, pero no se confundan amigos míos, nuestras mejores dolls no están ahí sirviendo sus platillos, aunque van a poder usarlas si lo desean, nuestra mejor selección está aquí en el escenario”. El telón detrás de él se levantó y a la vista quedaron una serie de dolls de los más variados tamaños, razas y cuerpos posibles, siendo la que más llamaba la atención una rubia de cabello teñido de violeta con el cuerpo cubierto de tatuajes aparte del inconfundible código de barras arriba de su bien depilado coño y el que muy seguramente tendría atrás revelando su nombre: Cleo Doll, o por lo menos lo sería de no ser porque en medio de esa selección de muñecas, se encontraba una debajo de una manta. “¿Pero qué es esto?” –dijo Arthur al micrófono. “¿A caso tenemos una doll sorpresa para esta noche? ¡Así es señores! ¡Les tenemos a una invitada sorpresa que estoy seguro de que muchos aquí van a reconocer!” –dijo de forma eufórica al púbico presente. Tiró la manta y reveló a la doll que estaba debajo, lo que en efecto sorprendió a los presentes que ya eran miembros de la organización: Cecilia se encontraba debajo de la sábana, con su traje de ejecutiva, pero en posición de firmes y con los ojos totalmente en blanco, revelando que por más que había luchado, al final su hija había tenido éxito en destruir su mente y reducirla a una doll. “Oh, parece que a esta muñequita no le llegó´ el memo de cómo era la vestimenta de esta fiesta. Putita, ¿por qué no lo arreglas?” –dijo Arthur de forma burlona mirando a su ex mano derecha. “¡Sí amo!” –respondió Cecilia y empezó a quitarse la ropa, primero el saco, luego la blusa y al final la falda, revelando que no llevaba ropa interior, pero sí otros aditamentos.

Así de frente, se podía ver su vagina depilada y el infaltable código de barras sobre él, pero además llevaba unas pinzas en sus pezones y un enorme dildo sobresalía de entre su entrepierna. “Deja que te vean por atrás, putita” –ordenó Arthur. “¡Sí amo!” –respondió Cecilia y se giró para darle la espalda a los invitados y estos  —respondió Cecilia y se giró para darle la espalda a los invitados y estos vieron sorprendidos que no solo llevaba un enorme butt plugg metido entre las nalgas, sino que el tatuaje que iba sobre estas era diferente, no decía “Cecilia Doll” como se esperaría, sino: “Traidora sin valor”. “Esta putita pensó que podía traicionarme y quitarme el puesto que tan duramente me he ganado, y aquí están las consecuencias. Aunque hoy se las traigo como un regalo por el aniversario de nuestra organización, también véanla como una advertencia, no, más bien una promesa: jueguen con las reglas de la organización y Arthur Cobblepot será su amigo, protector y benefactor, traicionen mi confianza y bueno, les puedo garantizar que en nuestra próxima fiesta ustedes estarán aquí, con la mente destruida, el culo al aire y un enorme dildo atorado en el recto.

Un aire pesado se asentó en el lugar por la clara amenaza de Arthur, el hombre lo notó con una sonrisa en los labios porque esa era la exacta reacción que quería lograr y luego dijo: “¡Pero vamos señores! ¡Esta es una fiesta! ¿Quién quiere ser el primero en jugar con esta muñeca traidora?”. Por un momento nadie habló hasta que: “¡Yo quiero!” –dijo una voz entre el público. Cobblepot se fijó y vio que era un joven de cabello rubio corto. “¿Andy? ¡Ven aquí muchacho!” –dijo reconociendo a uno de los chicos que le daban mantenimiento a las máquinas de dollyficación. El joven se levantó de su asiento y fue corriendo hasta el escenario al lado del anfitrión. “Y dime muchacho. ¿Por qué quieres tirarte a esta perra?” –preguntó el hombre al chico. “Bueno señor Cobblepot, si me permite sincerarme, esta zorra ya me tenía harto, siempre exigiendo tiempos de mantenimiento imposibles. Cuantas veces me quedé hasta tarde para cumplir sus tiempos y ahora que me da la chance de vengarme, quiero aprovechar” –dijo el muchacho con nerviosismo. Contrario a lo que se esperaba, Arthur rio y dijo: “¡Pues date gusto muchacho!”. Ya teniendo permiso del jefe, Andy corrió  hasta Cecilia, se plantó frente a ella y dijo: “Muy bien puta, chúpame la verga”. El cuerpo de Cecilia recuperó algo de vida, se giró hacia el joven y dijo: “¡Esta puta traidora obedece!” –respondió. Acto seguido se hincó frente a él y empezó a manipular el pantalón de este para liberar su verga que no estaba completamente erecta, ya fuera por estar al aire libre o porque se cohibía por estar a punto de recibir un oral enfrente de tantas personas, pero a Cecilia no le importó. Tomó esa verga entre sus manos, la masturbó un poco, le dio un par de besos y en cuestión de nada estaba tan dura, que ahora sí se la metió en la boca. Andy mientras tanto empezaba a disfrutar de las atenciones sexuales de la ex jefa, cuando otra voz se escuchó entre el público: “¡Pues si a esas vamos! ¡Yo también quiero cogerme a esa puta!”. Esta vez Stuart, otro de los chicos de mantenimiento había hablado. Así como su compañero, de seguro también había sufrido de los malos tratos por parte de Cecilia, por lo que subió al escenario y se desabrochó el pantalón para sacar su verga, el cual a diferencia del de su compañero, estaba totalmente erecto sin ningún pudor. “¡También chúpamela a mí, perra!” –orden Stuart. Cecilia se sacó la verga de Andy de la boca y dijo: “¡Sí, esta perra traidora obedece!”. Diciendo eso, con su mano empezó a masturbar a Andy mientras se metía la verga de Stuart en la boca. Mientras Cecilia estaba ocupada complaciendo dos vergas, una tercera voz se escuchó: “Bueno, la señora no me hizo nada, pero mentiría si no dijera que muchas veces deseé cogerme ese culo de mujer madura”. Esta vez había hablado Edward, uno de los chicos de reparto que se encargaba de llevar a las dolls a sus destinos. El muchacho subió al escenario y sin ninguna clase de pudor se quitó el pantalón en el escenario dejando al descubierto una enorme verga que incluso sorprendió a los dos chicos de mantenimiento. “A ver muchachos” –dijo Edward y levantó a Cecilia para luego llevar su mano a la entrepierna de la mujer y sacar tanto el dildo como el butt plug que llevaba ésta metidos en sus respectivos agujeros.

Observó con una gran sonrisa el butt plug; era casi tan grueso como su propia verga, por lo que al girarse a ver cómo estaba el ano de la mujer, lo vio lo suficientemente dilatado para que cupiera su verga sin problemas. “Cabálgame con tu culo puta” –le ordenó a la pelirroja. “Esta perra traidora obedece” –fue la respuesta de Cecilia. Edward se acostó en el suelo con la verga erecta, Cecilia empezó a mover su cuerpo para sentarse sobre uno de sus amos, tomó la verga de este con su mano y la apuntó a su culo para después, empezar a metérsela por el recto lentamente, hasta que la totalidad de esta entró  y con Edward sintiendo el calor de ese culo y como esas dos nalgas le apretaban de forma deliciosa. Cecilia empezó entonces con su otra orden y empezó a mover su cadera para en efecto empezar a cabalgarle la verga a su amo. Los dos chicos de mantenimiento mientras tanto se miraron entre ellos con una risa un tanto avergonzada. Se habían dormido en sus laureles y Edward les había ganado el privilegio de cogerse a Cecilia, pero estaban decididos a seguir disfrutando de esa bruja derrotada. Se acomodaron a cada lado de la mujer y entonces Andy dijo: “¡Síguenos chupando la verga, puta!” “Esta perra traidora obedece” –respondió Cecilia casi de forma autómata. Tomó ambas vergas que le habían puesto cerca de la cara, alternaba la labor, chupando y masturbando a la vez. Arthur, mientras tanto contempló la escena con una sonrisa y luego volvió a hablar a su público: “Bueno señores, ¡esta es una fiesta! ¡A disfrutar de los regalos de esta noche!”. La algarabía de los presentes no se hizo esperar. Estaban todos como si de la mejor fiesta en Saint Tropez se tratara. Dicho y hecho, los invitados al fin se levantaron de las mesas y empezaron a elegir a las dolls que más les gustaban para follarlas, tanto del grupo de meseras como de las que estaban en el escenario. Pronto la fiesta se convirtió en una orgía donde las dolls eran cogidas prácticamente por cualquier agujero que estuviera disponible, lo que le sacó una sonrisa al hombre pervertido de negocios. Decidió también unirse a la fiesta y se giró para ver si su muñeca favorita seguía disponible, pero pronto se dio cuenta de que él también se había dormido en sus laureles. En el escenario estaba la doctora Juliana, sin su falda ni sus bragas y con las piernas bien abiertas, haciendo que Cleo Doll le comiera la verga, mientras que por “el otro lado”, Steve, otro de los chicos de entregas, le estaba rompiendo el culo con su enorme verga a la pobre ladrona, que había pagado el precio por intentar robar los secretos de la fábrica de muñecas sexuales reales. Más que enojarse, Arthur sonrió resignado. No siempre se podía ganar.

Don Armando, un hombre ya mayor que había visto su cabello rizado pasar del negro al gris, se encontraba limpiando el piso de aquellas instalaciones secretas. Cualquiera podía pensar que las instalaciones secretas se limpiaban solas, pero no, necesitaban limpieza como cualquier otro edificio del mundo. Sabía lo que hacían ahí y aunque era moral, él sabía que no tenía ningún poder para detenerlos y como la paga era buena, a él le daba lo mismo y tampoco tenía ningún interés en delatarlos. Además, algunos de los beneficios aparte de la paga eran en extremo buenos. Miró la hora en su reloj y vio que era ya mediodía, hora de su break, y él sabía muy bien cómo iba a aprovecharlo.

Se dirigió a un cuarto de servicio pero antes de llegar, la puerta de este se abrió y por él salió una pequeña pelirroja limpiándose la entrepierna con un pañuelo, miró al conserje, le sonrió y como si fuera lo más normal del mundo, dijo: “¡Don Armando! ¡Buenas tardes!”. “Buenas tardes doctora Juliana” –respondió el hombre. La pelirroja le dedicó una sonrisa y pasó de ahí para regresar a sus labores. La doctora Juliana era una buena persona, pero a veces le parecía que estaba algo loquita. Se decía en chismes de pasillo que algo le había hecho el señor Cobblepot para torcerla, pero esa era otra de las cosas dentro de ese lugar al que Armando prefería hacer oídos sordos. Entró al cuarto de servicio y ahí, sentada sobre una mesa con las piernas bien abiertas, vio a la ex segunda al mando de Arthur, Cecilia Lugo, o como ya era más comúnmente conocida: la perra traidora. Tenía las tetas y las manos llenas de semen e incluso, un poco escurría de su vagina, señal de que ya otras personas le habían usado antes que él, mientras que tenía los labios llenos de un líquido transparente y algunos vellos púbicos; no había que ser un genio para adivinar que la doctora la había usado para que le comiera el coño. Tomó un par de toallas de papel y le limpió el semen que le estaba escurriendo de la vagina y suspiró. No era mucho, ¿pero en cuantos trabajos te dejarían coger en tus descansos a una perra mal parida como esa? Con ese pensamiento, se desabrochó el pantalón, sacó su verga erecta y se cogió con todo el ímpetu a esa puta traidora como muchos otros a lo largo de las semanas ya lo habían hecho. También hizo que se uniera la doctora Juliana y como sestaba programada para obedecer, solo se acomodó para comerle la vagina a Cecilia mientras don Armando le abría el culo con fuerza.

Nadie sabía de aquellos cambios que se realizaban eran posible gracias a mujeres reales que nadie extrañaría, y los que sabían preferían no hablarlo. Solo se decía que a mujer que deseabas, fuera famosa o no, Arthur Cobblepot la hacía tan real para ti, que era como si estuvieras con la de verdad. Mientras tanto, las riquezas seguían en aumento todos los trabajadores se beneficiaban en sus pagos y en los regalos que Arthur les entregaba,

 

 

 

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