martes, 11 de agosto de 2026

182. Forzada a ser una puta sucia 2

Diego esperó a que Natalia terminara de mear y le quitó la mascara de cuero para que la perra con aires de grandeza fuera plenamente consciente de lo que estaba pasando. Luego tomó una jeringa y una ampolla con un líquido oscuro, llenó la jeringa y se la mostró triunfante a Natalia. Ella se estremeció. Diego acercó la aguja a su brazo y le inyectó la totalidad del líquido. “Ahora llevas el veneno en el cuerpo. Seguir con vida es muy sencillo: Obedecer todo lo que te ordene en los próximos 7 días. Ahora te voy a soltar y me vas a dar el mejor beso con lengua de tu vida acariciándome con tus sucias manos y arrimando tu cuerpazo desnudo al mío como si fuera el amor de tu vida al que creías muerto y que acaba de llamar a tu puerta” –dice Diego con una sonrisa burlona.

Natalia obligada por las circunstancias le metió la lengua hasta el fondo, agarró la verga y se frotó con ella la vagina. Cuando soltó el primer gemido él la detuvo y le dijo: “Suficiente, sólo quería comprobar tu obediencia. Vamos a ducharnos juntos y nos iremos a la casa en las afueras que he arrendé para esta semana”. Diego disfrutó de su rehén en la ducha, cuando empezó a gemir en señal de estar disfrutando cuando le daba verga por el culo, Diego se detuvo y le prohibió llegar al orgasmo. “Nada de orgasmos zorra. Esta semana tus orgasmos deben ser públicos , con quién y de la forma que yo quiero. Te pondrás esta lencería roja minimalista y estos tacones. Toma tus cosas de higiene y algo de ropa por si la llegaras a necesitar. Luego llama a alguien para que sepa que te irás una semana fuera del país por trabajo, inventa algún sitio y le dejas las llaves en conserjería. No quiero situaciones ni diálogos extraños” –dijo aquel desalmado hombre.

Iniciaron en viaje en el coche que Diego había alquilado y que había estacionando cerca del edificio donde vive Natalia la tarde anterior. Salió luciendo un abrigo sobre la lencería. Salieron del estacionamiento y en el primer semáforo Diego le ordena que se quite el abrigo, el viaje ella lo realizaría solo en ropa interior. Antes de retomar la marcha, le dice: “Ponte esta máscara de perra para therian y te masturbas todo el viaje mientras te tocas las tetas. Olvida que eres una dama . Ahora eres mi perra. Si tenemos hombres al lado, excítalos . Al fin y al cabo la máscara te da intimidad. Si se acerca el orgasmo lo apagas pellizcando tu clítoris o pensando en algo que te de mucho asco. Si acabas sin mi permiso no te daré el antídoto para el veneno”. Natalia se empezó a masturbar haciendo a un lado la tanga. 

Habían avanzado varios kilómetros y Diego se detiene, había un grupo de cuatro jóvenes conversando en un parque; los llamó y les mostró el espectáculo que su ‘mascota’ estaba dando. Les dijo que se acercaran, que su perra era dócil y obediente. Los jóvenes se acercaron con algo de desconfianza, pero el instinto es mas fuerte que la razón; dejaron la desconfianza atrás y dos se acercaron, con lo caliente que Natalia estaba les agarró la verga por encima de la ropa y se las acarició y como sabía lo que estaba en juego, solo las sacó para chupárselas, entonces los otros de dieron cuenta que la cosa iba enserio y se acercaron para recibir placer. Diego la hizo bajar del auto para que los cuatro jóvenes pudieran tener un acceso a su ‘perra’. Si bien a Natalia le encantaba el sexo, jamás pensó que sería protagonista de un ganbang y menos ser ella la que sería usada por varios hombres. Como las instrucciones de Diego fueron claras, solo podía tener placer en lugares públicos y con quién él dijera; Natalia se dejó llevar por el placer y disfrutaba de chupar esas cuatro jóvenes vergas que tenía alrededor.

Diego dejó que los muchachos se culearan a Daniela, ella disfrutó cada cosa que aquellos pervertidos jóvenes le hicieron. Desde hacer fila para darle en el culo mientras ella estaba apoyada en el auto, también doble penetración y lo que más le enloqueció fue que los cuatro le eyacularan la cara, pudiendo saborear el semen de los cuatro a la vez. Incluso hasta le orinaron las tetas, cosa que a ella le encantó. Diego les preguntó: “¿Disfrutaron de mi sucia mascota?”. A lo que uno respondió: “¡Claro, es una perra obediente!”. “Tal vez de vuelta pasemos por aquí” –les dijo. Siguieron el rumbo, Natalia estaba cansada, Diego le apretó un pezón y le dijo: “¡No te he dicho que te detengas! ¡Sigue tocándote puta!”. A Natalia no le quedó más que obedecer para no ponerse más en riesgo. Volvieron a la carretera y al cabo de lo que sería media hora entraron a un pueblo desconocido. Natalia no daba más, era una sesión constante de orgasmos atragantados que necesitaban manifestarse de alguna manera. La vagina le punzada, tenía los labios hinchados y las piernas impregnadas con sus fluidos; su boca estaba seca, la respiración agitada, sumado al calor que la máscara le producía.

Diego condujo por un camino de tierra, estaba rodeado de árboles frondosos. Entraron a la casa que el hombre había dicho, hizo que se masturbara frente a la casa y le dio permiso de acabar. Solo le bastó escuchar la orden para que fuertes olas de placer la golpearan y la hicieran estremecerse por completo. Pasaron varios minutos y cuando abrió los ojos estaba tirada en el piso de la sala rendida pero con el placer recorriendo sus venas. “¡Ve a darte una ducha perra! Aquí no es necesario que estés vestida, solo usarás ropa cuando yo te lo permita” –dice Diego mirándola a los ojos. Ella solo asiente con la cabeza. Al cabo de unos minutos golpean la puerta, era una vecina que había visto a Natalia masturbándose frente a la casa. “Hola vecino, soy Bernarda, una de sus vecinas” –le dice la mujer que ya estaba casi entrando en los cincuenta años. “¡Mucho gusto señora Bernarda! Me llamo Diego, seré su vecino por una semana” –le dice él con una cálida sonrisa y educación. “Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta?” –dice la mujer tomando aire. “¡Claro que sí, señora Bernarda! Pregunte lo que quiera”. “Bien, primero no me digas señora, me haces sentir más vieja” –dice ella sonriéndole. “Me parece perfecto, pero con la condición de que no me digas vecino solo trátame de tú” –responde él. “Diego, perdona que sea tan directa pero así soy. Cuando pasé en mi auto hace un rato, me pareció ver a una mujer que vestía lencería roja, una máscara de perro tirada frente a la casa tocándose. ¿Ella es algo tuyo?” –dice con curiosidad. “No tienes de que preocuparte Bernarda. La mujer que viste es mi ‘mascota’. Hagamos algo para explicarte mejor. Te invito a cenar y te cuento. ¿Te parece?” –responde él. “Perdón, solo es curiosidad. No quiero invadir tu espacio” –dice Bernarda. “¡Por favor! Insisto” –dijo Diego. Después de un rato, al fin Bernarda aceptó la invitación para entender porque ese joven tan educado trataba de mascota a esa mujer. “Quiero prepares la cena. Tendremos una invitada” –dice Diego a Natalia. La chica estaba nerviosa ya que Diego no daba señales de inyectar el antídoto para contrarrestar el veneno. 

Hizo todo lo que le pidió, esta vez no la hizo ponerse la máscara. Las instrucciones que Diego le dio fueron claras. Le ordenó estar desnuda y después de que sirviera la comida se echara a su lado como una perra. Solo asintió y empezó con. Los preparativos. “¡Ven puta!” –le dijo Diego. Natalia se acercó y él sin ninguna cortesía empezó a juguetear con sus dedos en la concha de su rehén. “!Gime, zorra!” –le decía mientras la masturbaba. Al momento Natalia gimió pero no por la orden, sino porque disfrutaba como los dedos de su captor se movían en su concha. “¿Qué eres Natalia?” –preguntó Diego. Algo desconcertada por la pregunta, responde: “¡Una puta!”. “¡Muy bien!” –dice Diego dándole una bofetada. Volvió a hacerle la misma pregunta, a lo que Natalia respondió: “¡Una sucia perra! ¡Una puta que solo sirve para el placer de los hombres que la usan!” . “Parece que ya lo has entendido” –le dice. Él se baja el cierre y saca su verga, Natalia se puso en cuclillas para chupársela hasta que acabé en su boca. “¡Vaya que eres puta! Tus papás deben estar orgullosos de criar a tan linda puta’. Chupaba verga como la puta que siempre fue y tenía guardada, que solo sacaba cuando se sentaba a escribir esas historias que a muchos y a muchas calentaban.

Natalia se dio una ducha, se maquilló, se perfumó. Se veía preciosa para atender a esa visita desconocida, ella no sabía si era hombre o mujer quien entraría por esa puerta, solo sabía que debía ser obediente. La hora acordada llegó y puntual Bernarda estaba golpeando la puerta. Diego le adornó los pezones con un par de pinzas y le ordenó abrir. Cuando abrió la puerta Natalia y Bernarda se miraron sorprendidas, una era una chica joven con una figura espectacular otra una madura que vestía un jeans apretado, una polera ceñida al cuerpo y un hermoso cabello castaño que era como una cascada cayendo por sus hombros y espalda. “Hola”–dijo Bernarda un tanto nerviosa al ver a Natalia desnuda abrir la puerta. Diego la esperaba en la sala con dos vasos en una bandeja. “¡Bienvenida Bernarda! ¿Quieres tomar algo?” –le dice. La mujer con una sonrisa le dice: “Sí, se me antoja una copa de vino blanco fría” –dice. Con una sola mirada Natalia entendió que debía ir a buscar el vino y ponerlo con esa cubeta con hielo. “¡Es preciosa tu mascota!” –le dice Bernarda. “Muchas gracias, pero no más que tú” –responde Diego. Al cabo de unos minutos Diego descorcha la botella y sirve dos copas y comienza la charla.

Animados y riendo conversaban, Natalia era invisible a los ojos de la vecina. “¿Cómo es eso que esa preciosa chica es tu mascota?” –le pregunta. “No es tan complicado, solo se lo propuse y aceptó. Además, a ella le gusta” –le respondió Diego. A un chasquido de dedos, Natalia entendió que debía servir la cena. “Pasemos a la mesa” –dice Diego. Cuando la cena estuvo servida, la chica cumplió la orden que se le entregó, se echó al lado de Diego como una perra obediente. “Perdona que lo vuelva a decir, pero es una mascota hermosa que tienes Diego. Lo que me llamó la atención la máscara que llevaba puesta” . Diego dio una sonrisa y le dice: “Es lo que le da su identidad como perra”. Poco a poco las cosas iban tomando otro rumbo y Bernarda pregunta: “¿Tiene nombre?”. ‘Justamente, es un placer que compartas esto conmigo’ –le dice Diego poniéndose de pie. Natalia se sentó como una perrita para esperarlo; Bernarda se quedó en su silla pero tenía curiosidad. Se acercó a la chica y le preguntó si le gustaba, Natalia jadeaba y mostraba su lengua. La madura vecina le acarició el cabello y Natalia siguió el recorrido. “¡Eres una hermosa perra!” –dice Bernarda. Natalia olfateaba su mano cuando la pasó por su rostro y se la lamió lentamente. “¡Qué linda perrita!” –dice Bernarda dejando que le lamiera la mano.

Diego llegó con una caja, cuando la abrió sacó un collar de cuero con una placa plateada y una cola que terminaba en un plug para llevarla adosada al culo. Hace que Natalia se acerque a él y le coloca el collar y le pone la cola en el culo. “Desde ahora Layka será tu nombre y siempre que salgamos, lo harás con la máscara, collar y tu cola” –le dice a Natalia. Mirando a Bernarda, Diego le dijo: “Ese es el nombre de mi perra Bernarda” . “¡Vaya! Me gustó lo que hiciste y más ser testigo esta noche especial. Se ve también que es una perrita dócil” –dice la madura. “¡Así es! ¡Layka es una perrita muy sociable!” –le comenta Diego. Bernarda sonríe y dice: “Cuando fuiste a buscar esos bellos regalos para tu mascota, la acaricié y ella no puso resistencia. Incluso me lamió la mano y solo comentario, se nota que sabe usar bien su lengua”. “¿Te gustaría saber que más sabe hacer con esa lengua?” –le pregunta Diego con un tono morboso. “¿De verdad? ¡Sí, me encantaría!” –responde Bernarda. Bernarda y Diego fueron a la sala y se sentaron en el sofá, Layka los siguió caminando en cuatro como antes Diego le indicó.

El juego empezó lento, Bernarda se golpeó el muslo para llamar a Layka, se acercó y la vecina separó las piernas para que la perrita de Diego pudiera estar las cómoda. Le acarició el rostro y Layka empezó otra vez a lamerle la mano. “¡Buena chica! ¡Eres una buena perrita Layka!” –dice Bernarda. Baja su mano y la pone en la vagina y la lengua de Layka la siguió. “¡Eso, lame perra!” –le decía a la perrita que no perdió el tiempo. Aunque era sobre el jeans la lengua de la chica se movía de manera que volvía loca a la madura. “¿Crees que quiera lamer más?” –pregunta Bernarda. “Layka es obediente” –responde Diego. Se desabrochó el jean y metió sus dedos en su vagina, al sacarlos venían mojados por sus fluidos. Los acercó a Layka y ella empezó a lamer. “¡Oh Dios!” –dijo Bernarda y volvió a meter su mano entre la tanga para que Layka siguiera lamiendo.

La calentura se hizo parte en el ambiente, Bernarda se puso de pie y se quitó la ropa y se puso en la misma posición que estaba antes. Ahora, ya no se golpeó el muslo, se golpeó la vagina y llamó a Layka. “¡Ven hermosa! ¡Lame mi concha perrita!” –le dijo. Sentir la lengua de la chica arrancaba de los labios de la caliente madura gemidos que la hacían enloquecer. Mientras Layka lamía, Bernarda jugaba con sus tetas y gemía. Diego miraba la calentura de ambas mujeres masturbándose, sin pedir permiso de acercó a la madura y le metió la verga en la boca, ella la empezó a chupar con vehemencia y Layka causaba estragos recorriendo su jugosa concha. La escena era demasiado caliente, los tres disfrutaban como si se conocieran de siempre.

Diego hace que Bernarda se le monte encima y que Layka le lamiera las tetas. Escuchar los gemidos de la madura era excitante, la cara de placer y lujuria que se reflejaba en sus ojos hacia que la chica se calentara más, sobre todo al ver como la verga de su captor entraba y salía de la concha de Bernarda. Las tetas aún firmes de esa vecina curiosa se movían al ritmo de los sentones que daba. Diego dice: “¡Para! Ahora es tiempo de usar tu culo” . La mujer así mismo se sentó sobre la verga de aquel joven para que le abriera el culo, su concha tenía libre acceso para Layka , para lamer, meterle la lengua e incluso los dedos. “¡Ay Diego! ¡Mi culo!” –decía Bernarda rebotando perversamente sobre la verga del hombre. Los ojos de la vecina se pusieron blancos, gemía como endemoniada; estaba siendo presa de un doble orgasmo simultáneo, tanto por el culo como por la concha.

Siguió dándole verga por el culo y Bernarda gemía, le decía: “¡Layka tiene una lengua demasiado exquisita! ¡Me vuelve loca!”. Diego le dijo a la vecina que se tirara al piso y que se pusiera a juguetear con su mascota como si fuera una perra más. Ambas entendieron el mensaje, pero Bernarda ahora era quien lamía la concha de la caliente perrita que jadeaba y gemía de placer. Diego, seguía dándole verga al culo de la curiosa vecina. Basta decir que Bernarda disfrutó de cada segundo de sexo y tuvo varios orgasmos. Diego casi listo para acabar hace que las dos se pongan de rodillas para que le chupen la verga juntas. Después de disfrutar las bocas de las dos mujeres, Diego acabó y las dejó llenas de semen. Para los ojos que quién las hubiera visto se veían hermosas con la cara escurriendo semen.

Bernarda se vistió y Layka se echó a su lado, miró a Diego y le dijo: “No sé que hiciste, pero me sentí toda una perra y me encantaría volver a serlo”. “Ven el viernes por la noche y te muestro como serlo, así también Layka aprenderá nuevos trucos” –le responde él. “¡Ay Dios! Sí, quiero” –dice ella eufórica. Anotó su teléfono para recibir instrucciones de Diego para saber cómo debía vestir ese día. La mujer volvió a su casa ansiosa esperando que llegue el viernes por la noche y experimentar todo lo que ella había conocido por casualidad.



Pasiones Prohibidas ®

martes, 28 de julio de 2026

181. Forzada a ser una puta sucia 1

 

Natalia es una bella mujer de Chile, cabello oscuro; alta, de ojos marrones, con hermosas tetas de talla 100 y mide 1,70. Tiene un culo muy bien parado porque entrena, hace pilates y va al gimnasio. Tiene lindas piernas con algo de musculo. Está toda depilada. Le gusta tener siempre las uñas pintadas. Tiene 40 años, es soltera y adinerada, lo que la hace un imán para multitud de hombres de edades y tipología muy diversas. Es una mujer con clase de puertas a fuera, lo que combina con una mente sucia que la lleva a escribir relatos donde es forzada a hacer cosas humillantes y dolorosas.

Dicen por ahí que la realidad supera a la ficción y Natalia estaría pronta a descubrirlo. Ha estado una hora esperando sin éxito una cita de una aplicación. Aunque no tiene ninguna dificultad para encontrar parejas sexuales, a veces le gusta tener sexo casual y sucio con desconocidos una sola vez. Hay un bar que está en una zona algo peligrosa de la ciudad. Llama a su cita y no le contesta. Cuando ya está por pedir un Uber y volver a casa para satisfacerse con sus juguetes, un chico joven toma su bolso con disimulo y se dirige a la puerta. Natalia se da cuenta y sale tras él; el chico enseguida corre por las oscuras calles, gira por un callejón oscuro y sucio. Sin pensarlo dos veces ella lo sigue. De pronto, el chico llega a un muro que cierra la salida, se gira hacía ella, sonriendo.

Natalia al voltearse ve a tres hombres de diferentes complexiones sonriendo como locos, estaban sucios, se veían amenazantes y además, tenían mirada de ser degenerados y lascivos. “Pero mira que puta tan deliciosa nos has traído. La vamos a coger por todos los orificios si es que quiere que la dejemos ir” –dijo uno de los hombres. “¡Dejen que me vaya hijos de puta, y devuélvanme el bolso!” –dijo Natalia en tono firme. No supo de dónde le vino una cachetada que casi la tumba al suelo. Si no llegó a caer fue porque el mismo hombre la sujetó por el top arrancándoselo y dejando a la vista sus hermosos pechos. “Se dieron cuenta que tetas tan ricas tiene esta zorra?” –dijo el hombre que había golpeado. El cuerpo de la mujer temblaba. El hombre vuelve a hablar: “¡Nos vamos a divertir mucho con ella!”. Recién Natalia entendió que no era parte de la trama de uno de sus relatos. El pulso se le aceleró, se le secó la boca y su cuerpo temblaba de miedo. No se trataba de dejar de escribir para volver a la realidad, era algo que conocía muy bien por la ficción de sus historias.

Sus palabras aún retumbaban en el callejón; estaba dispuesta a dejarse abusar para salir pronto de aquella situación. Así, como en una película, de la nada aparece un hombre de 1,80, vestido con elegante traje negro. “¿Qué pasa aquí?” –preguntó ese hombre. “¡No es asunto tuyo!” –dijo el muchacho que había robado el bolso. “¡Lárgate de aquí bastardo!” –dijo el primer hombre mostrando un cuchillo. “No me iré hasta que dejen ir a la señorita” –dijo el hombre. “¡Así lo quisiste animal! ¡Te vamos a golpear como a un perro!” –dijo el segundo vagabundo. Se le lanzaron los tres para lo que sería una paliza a un desconocido que se había metido en problemas por Natalia, pero ninguno pudo con ese hombre; los golpeó hasta que los cobardes salieron corriendo y dejaron el bolso en el piso. “¿Estás bien? Me llamo Diego. Ven ponte mi vestón, estás un poco desnuda” –le dice el desconocido hasta ese momento. Natalia se ruborizó y aceptó la chaqueta. Le gustó el perfume que desprendía. “¿Quien sabe? ¡Tal vez la noche no será una ruina absoluta!” –se dijo. Diego parecía ser un caballero salido de una historia romántica, lo que cautivó profundamente a Natalia. “Pidamos un taxi, te llevo a casa y luego continuo hasta mi hotel” –dijo Diego. “Me parece bien, igual quiero salir pronto de este lugar” –dijo Natalia. “Sí, es un barrio peligroso” –dijo Diego. La mujer no dijo nada hasta que llegó el taxi para llevarla a su casa.

En el trayecto Natalia tomó la decisión de que iba a cogérselo si él no se oponía y nadie se había opuesto a coger con ella desde su primera vez. Cuando llegaron subieron juntos, ella le invitó a beber una copa que él aceptó. Al empezar la segunda ella tomó la palabra: “Me gustaría compensarte lo que has hecho por mí” –le dijo. Se acercó a Diego para besarlo en la boca. Para su sorpresa él la esquivó. Natalia quedó extrañada de qué ese hombre le haya dado un NO a sus morbosos amantes, ya que siempre decía que ella cogía con quién, cuando, dónde y por donde quería; pero esta vez fue como si alguien le hubiera cerrado la puerta en la cara de golpe. “¿Por qué me rechazas? ¿Eres gay? ¿Un sacerdote que por las noches se viste de justiciero para ayudar a la comunidad?” –pregunta la chica. “Nunca nadie me había despreciado así”–añade ofuscada. Diego la miró con seriedad pero no pudo evitar reír: “¡Jajajajaja! No soy gay, tampoco un hombre de Dios ni un justiciero. Me hice a un lado porque no necesito que nadie coja conmigo en agradecimiento. Además, mis gustos sexuales son sucios, extremos y tú me pareces demasiado dama para satisfacerlos. Por otro lado, los próximos siete días tengo un proyecto al que he dedicado un año de preparación y mucho dinero y quiero estar fresco”. “No te ofrezco un polvo por caridad, tengo ganas de coger contigo. Sólo que mi lado dama buscaba un pretexto en cuanto a ser lo bastante puta para ti. No lo sabrás si no lo pruebas, ¿verdad? Por tu proyecto de mañana no te preocupes, te voy a dejar nuevo y relajado, listo para el éxito”–dice Natalia tomando un camino del que no habrá retorno.

Sin más preámbulo volvió a atacar su boca y Diego se dejó besar y devolvió el ataque metiendo la lengua en la boca de Natalia. Le sobó las tetas que estaban desnudas desde el incidente callejero. Después de un largo beso Natalia se dejó caer de rodillas y tras desabrocharle el  pantalón con la agilidad que da la experiencia, empezó a chuparle la verga intensamente esperando que Diego se derritiera debajo de esa máscara de hombre duro. La chupaba con ansias, alternando con lametones en las bolas. Se la puso durísima, no en vano era una mujer con un bello cuerpo que sabia como usarlo. Él la tomó del pelo y la tumbó en el suelo. Le subió la falda y le arrancó la tanga, estaba muy mojada. Le ordenó que abriera la boca y se lo metió dentro, le cogía la boca como un energúmeno, Natalia se ahogaba, babeaba y tenía arcadas; ya que Diego no le daba respiro. Estando en cuatro, le abrió el culo y sin lubricante, sin consulta previa, ni delicadeza y le clavó la verga hasta el fondo. La agarró del pelo, la insultaba de todas las maneras posibles mientras se la metía frenéticamente y la nalgueaba. Mientras se la cogía, Diego se tomaba con fuerza de las caderas de la chica y le decía: “Eres mi puta y te voy a hacer lo que me de la gana, perra”. La usaba como una muñeca de trapo, le escupía en la espalda, le dejaba las nalgas al rojo vivo y le ordenaba qué ella escogiera la posición y como se iba a enterrar esa verga. “¡Vamos puta de mierda! Dame placer o voy a buscar a los tres delincuentes para que te la metan como a una sucia perra callejera. Ella estaba muy mojada y se apretaba contra su verga mientras frotaba su clítoris. “Ven aquí a hacer el 69. Mi verga a siempre va del culo a la boca, mejor que lo traigas siempre limpio para mí” –dice Diego con desprecio. Aunque ella se había limpiado bien no pudo evitar sentir su propio culo en la boca l. Estaba excitadísima, mientras él lamia la vagina   su clítoris, y le cogía la boca haciendo que se ahogara.

Al poco rato, los dos tuvieron un orgasmo sincronizado. Natalia gemía y ahogaba, mientras que Diego entre jadeos le llenaba la boca de semen a la chica. “¡Eso puta! ¡Trágate hasta la última gota!” –decía él. Ella en esa sumisión forzada obedece sin cuestionar. Mientras Natalia se recuperaba de la primera cogida, Diego preparó un copa y se la acercó. “Tómate esto. Aún tenemos muchas cosas por hacer” –dijo el hombre. Bebieron en 2 tragos y ella lo cabalgó mientras el le apretaba, palmeaba y chupaba las tetas . “Parece que estás aprendiendo asquerosa puta” –dice Diego. Natalia encima de él se movía de forma sensual, lo miraba a los ojos y le preguntaba: “¿Te gusta como me muevo?”. Diego sonrió y respondió: “Solo eres una puta y sirves solo para darme placer. Cómo te muevas o no es tu problema”. Natalia tuvo un orgasmo que la dejó exhausta, cayó rendida al lado de Diego, con la sensación de que el pecho le estallaría; sin darse cuenta sus ojos se cerraron hasta que entró en un profundo sueño. Cómo Diego no tenía problemas de autoestima, o el desvanecimiento hubiera sido por cansancio natural , Diego hubiera podido sentirse dolido, pero ninguna de las 2 cosas se daba. Al contrario, lo hizo aprovechar al máximo la inconsciencia de Natalia y abusar de ella hasta dejar sus agujeros llenos de semen.

Natalia retomó la consciencia de una manera abrupta cuando un cubo de agua la despertó. No veía nada y sentía dolor en pezones y clítoris, ano; tenía las mandíbulas abiertas, la boca ocupada por una verga de goma. Estaba atada de piernas y brazos a una silla. Tenía una sensación rara en el culo. “¡Parece que la princesa se ha despertado! ¿Me oyes bien, zorra?” –dijo Diego. Natalia optó por mostrar la disconformidad sin contestar y sacudiéndose, tratando de liberarse de las ataduras. Fue un error. Un dolor intenso en ambas areolas la frenó en seco. Diego había aplicado dos cigarrillos encendidos cerca de sus pezones durante unos segundos que se hicieron eternos para la bella mujer en apuros. “Llevo mucho tiempo preparando esto. Así que debe salir perfecto. Cuando yo te pregunte algo, tu me contestas moviendo la cabeza o habrá dolor. ¿Me oyes bien asqueroso depósito de semen?” –dijo Diego. Natalia se esforzó para sacudir la cabeza afirmativamente para evitar más dolor. “Seguro que te estarás haciendo muchas preguntas. Te voy a decir todo lo que necesitas saber. y Diego, tu cita de anoche. En tu última copa disolví un potente somnífero. Estás desnuda, atada. Tienes pinzas en los pezones y clítoris, llevas una máscara de cuero con un solo agujero para la boca, con una verga de plástico y llevas bolas vibradoras en el culo con mando a distancia que no solo vibran sino que pueden dar descargas eléctricas. ¿Entiendes hasta aquí, puta?” –dijo el despiadado hombre. Natalia respondió afirmativamente con la cabeza. Él caminaba por la habitación haciendo que su voz llenara por completo el cuarto, Natalia agitada escuchaba cada palabra que salía de la boca de Diego y se retorcía de miedo. “Ahora me imagino te preguntarás: ¿Por qué a mí? Y ¿Cuándo terminará esto? ¿Acabaré con vida?” –dijo él de manera locuaz. Natalia volvió a asentir. Quería respuestas y solo Diego podía dárselas, por primera vez se sintió impotente al querer tener algo y no conseguirlo.

En medio de ese perverso monólogo, Diego le dice: “Verás, te he elegido porque soy un sádico desalmado y cruel que disfruta sometiendo y causando dolor a sus víctimas. Había estado alejado de los aficiones, pero tus historias de BDSM y tú descripción física llamaron mi atención. Incluso interactuamos por los comentarios que dejaba en tus relatos. Eso me llevó a buscar en la Dark Web un hacker que me permitió averiguar tu dirección. Un detective privado me mandó fotos tuyas confirmando que realmente estás tan buena como afirmas en tus historias y que me pusieron la verga tan dura como un bate de béisbol. Así que decidí que mi proyecto, el proyecto del que te hable ayer serias tú. Durante un año me he puesto en forma en el gimnasio y me he documentado sobre castigos, torturas y BDSM. Me hice un perfil falso en la aplicación que usas y te cité desde el aeropuerto. Contraté al ladrón y los tres matones del callejón para poder ser tu héroe. Todo fue un montaje que ha salido perfecto”. Natalia empezó a agitarse frenéticamente hasta que una descarga eléctrica intensa en su recto la hizo desistir. Solo pudo musitar: “¡Puta madre!”. “Me aburre tu inútil resistencia. A la próxima te frio el culo y las tetas a la vez por cinco putos minutos. No me provoques, perra” –dijo Diego. Natalia se desplomó, totalmente entregada. “Quise someterte extremamente haciéndote chantaje, pero el hacker no encontró nada que me sirviera. También tenía la opción de secuestrarte, pero resulta estresante y limita las humillaciones a las que puedes ser sometida. Así que me decidí a invertir dinero y pedir un préstamo que pienso recuperar en encargar en la misma Dark Web dos sustancias muy caras y específicas. Un veneno y su antídoto. Concretamente 7 dosis de veneno y 7 de antídoto. Lo que encarece el veneno, es que tarda 24 horas en activarse después de ser inyectado. Así que si antes de 24 horas te inyecto el antídoto sobrevives .Si no lo inyecto, mueres de manera muy dolorosa” –le dijo él. Natalia estaba horrorizada, no podía moverse ni hablar; era una pesadilla hecha realidad. Bajó la cabeza y lágrimas rodaron por sus mejillas.

La chica no sabía cuánto duraría su tortura, el miedo era real y la sensación de que si le pasaba algo nadie sabría hasta varios días después. “Durante los próximos días te voy a coger y denigrar bestialmente, causarte dolor, humillarte en público, prostituirte, hacerte coger por perros; llevarte a locales de intercambio, todo lo que yo quiera. Tu solo obedecerá sin resistirte, con una sonrisa harás todo lo que se me ocurra. Si estoy satisfecho te pincharé el antídoto. Si no te dejaré morir con mucho sufrimiento. ¿Lo has entendido cerda desgraciada?” –le advierte Diego. Natalia aun estando en shock se esforzó en sacudir la cabeza frenéticamente para asentir. “Muy bien puita, ahora si quieres que te dé la oportunidad de sobrevivir, indícamelo meándote encima ahora mismo” –le ordenó su abusador. Natalia sabía que debía tragarse la dignidad y mear. Meo sobre la silla, mitad por miedo y mitad por tener la oportunidad de pasar una semana de pesadilla luchando por sobrevivir.

 

 

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jueves, 23 de julio de 2026

180. Una noche de puta


Hola, me llamo Paola, nací en Córdoba Argentina, tengo 29 años. Resido en Santiago de Chile. Lo que les voy a contar sucedió después de las fiestas de año nuevo.

A principios de noviembre llegó un portero nuevo a mi edificio, ya pasaba los cuarenta, era un hombre serio pero amable, tenía cara de pocos amigos pero era cordial con todos. Además, era alto, fornido y una voz grave, él siempre estaba de noche porqué le gustaba la soledad. Varias veces compartimos un cigarrillo y una grata conversación. Después del año nuevo le dije que tenía ganas de tomar whisky, me miró algo extrañado, ya que los tragos de las mujeres son suaves casi bordeando en sin alcohol. “Si quieres Paola, como mañana es sábado y anda menos gente yo compro una botella y la tomamos” –me dijo. “¡Uy! ¿En serio? ¡Sería genial!” –le dije. “La voy a encargar a penas llegue y cuando haya nada de gente te llamo para subir a tu depa” –dijo él. Sentí mariposas en la panza por alguna razón, le contesté : “Está bien, lo estaré esperando”. “No te preocupes, te llamaré apenas pueda subir” –me dijo. Pasó el día y entro a turno, me mostró un pantallazo de que ya había hecho la compra y que no tardaría en llegar. Me di una ducha y me arreglé esperando su llamado.

Con el correr de las horas, me sentía ansiosa, incluso le escribí y le faltaba mucho por subir. “¡Voy a tomar el ascensor!” –dijo. Era cerca de la media noche cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y estaba con la botella en la mano, me miró de pies a cabeza y me dijo: “Paola, soy un hombre que cumple sus promesas”. No supe que contestar pero me gustó que dijera eso. Lo hice pasar y se sentó en el sofá, fue a buscar un par de vasos. Él sirvió, se notaba que le gustaba y tenía la medida justa al ojo. Bebimos y nos reíamos de las tonterías qué hablábamos, salimos al balcón a fumar y a seguir nuestra charla. 

Ya íbamos en el tercer vaso los dos cuando dijo: “Hora de pararse para seguir el trabajo”. Pensé que se refería a irse, pero del bolsillo sacó una bolsita con un polvo blanco y me preguntó si podía hacer unas líneas. Le dije que no tenía problemas en qué lo hiciera total no es el primero o el último que usa algo para mantenerse despierto en el trabajo. Fue casi automático, ya no se le notaba que había tomado. Sentí un poco de curiosidad en probar ese polvo, le dije que me gustaría probarlo. Me pasó el billete con el que lo inhaló y me enseñó como hacerlo. Sentí como su me quemara la nariz por dentro, encendimos otro cigarrillo y me preguntó que sentía. “Siento calor, parece como si estuviera sudando” –le dije. Me miró y sonrió. “¿Por qué se ríe?” –le pregunté. Fue y sirvió otros dos vasos, los llevó al balcón y bebimos. Él no decía nada y yo estaba con calor insoportable. Entramos otra vez y trazó dos líneas más. Tomé el billete e inhalé, él también lo hizo, mojó el tabaco del cigarrillo y lo pasó por encina de la mesa, lo encendió y me dijo que le diera una fumada, fue como un golpe de adrenalina que aumentó el calor en mi cuerpo, incluso en mi concha. Sentía un deseo incontrolable por coger. 

Sus ojos me devoraban y yo sentía que me sacaba la ropa en casa mirada. “¿Qué sientes Paola?” –me preguntó. Lo miré, entre tímida y osada le respondí: “Siento ganas de culear, que me hagan gritar a vergazos”. “Ya sabía que te ibas a poner caliente” –me dijo. “Sí, muy caliente por su culpa” –le dije. Me miró con lujuria y dijo: “¿Qué culpa tengo que seas una argentina puta?”. “No sé si sea su culpa, solo sé que quiero culear” –respondí. “¡Ay Paola es efecto de lo que inhalaste! Coger contigo así sería tan rico, pero no podría” –dijo. “¿Por qué no podría? ¿Acaso no le gustó?”–le pregunté. “Tendría que ser maricón para que no me gustes. No sabes cuántas pajas me he corrido pensando en ti” –me respondió. “¡Ay qué rico se oye eso! ¡Más rico sería que culeara duro!” –le dije. Me quité la polera y quedé en brasier. Sus ojos se fueron directo a mis tetas y yo le decía que estaba caliente con él desde que charlamos la primera vez, me quité el brasier y mis rosados pezones quedaron al aire, los tenía duros listos para qué me los chupara. “Paola, no te pongas puta, después no podrás parar” –me dijo. “Ay Dios que rico se escuchó cuando me dijo puta” –le dije. Así me sentía, tenía la concha mojada. Lo empujé al sofá y desabroché su pantalón, le chupé la verga tan caliente qué él gemía al sentir mi boca. “Eso puta argentina, chupa” –me decía. Me ponía más caliente al decirme puta que me encantaba. 

Me quitó el jeans y la tanga, desnuda me llevó al balcón. Me tomó del pelo y me hizo arrodillarme, me hizo engullir su verga ahí, lo bueno que era de noche y las cortinas de los otros edificios no dejaban ver nada al exterior. Me sentía tan puta siendo exhibida pero no era problema para mí, ya que no tenía problemas en admitir que por lo menos esa noche si lo era. Después me llevó a la habitación me dejó de espaldas en la cama con las piernas abiertas y me empezó a lamer la concha de una forma tan exquisita que me estremecía, no sé si sería efecto de ese polvito y su lengua pero sentía que mi corazón se salía del pecho. “¡Eso, lámeme la concha! ¡Mira que caliente me tienes!” –le decía. Yo toda caliente jugaba con mis tetas y pezones, me sentía cómo la más puta del edificio, estaba al borde del colapso pero estaba tan caliente que no quería parar. “¡Así querido, dame lengua!” –le decía entre gemidos. De pronto, sentí como sus dedos entraban con libertad en mi conchita y él no paraba de mover su lengua en mi clítoris. Era exquisito estar así de abierta como una sucia puta.

Me dio vuelta y me lamía el culo, ni novio lo hizo nunca, pero el era un morboso y caliente hombre mayor que me tenía a su merced. “¡Ay que rico se siente tu lengua en mi ojete!” –le decía sin poder contener mi calentura, al punto que le decía que no se detuviera. Se detuvo por un momento solo para ensartarme la verga en el culo. “¡Ay, hijo de puta! ¡Me estás rompiendo el orto!” –le dije con un dolor intenso. “¡Cállate puta!” –me dijo y se empezó a mover lento cuando ya estuvo toda dentro. “¡Hijo de puta, qué rico me la mete!” –pensaba en mis adentros. Cómo pude me puse en cuatro y le dije: “¡Dame duro en mi orto!”. Ay Dios, se tomó con fuerza de mis caderas y me la empezó a meter con tanta fuerza que sentía sus bolas chocar en mi concha. Me dolía pero me gustaba, era un toro en celo cogiendo. Me jalaba del pelo y me decía: “Te advertí que si seguías te iba a gustar”. “¡Sí cariño, me encanta tu verga! Soy tu argentina puta!” –le dije. Se puso de espaldas y me dijo: “¡Monta mi verga, puta!”. Obediente me subí encima y me empecé a mover, mi cara de puta era total. Él me empezó a cachetear las tetas. Yo me movía más rápido y él me decía lo puta que me veía. Me jalaba los pezones con fuerza y decía: “¡Mueve tu concha puta!”. Rebotaba con fuerza en su verga que la sentía llegar al fondo. “¡Ah sí! ¿Te gusta que me mueva así?” –le decía. El jadeaba y seguía dejando sus dedos marcados en mis tetas. Sentía que me ardían en cada golpe pero era excitante estar así.

No sé cuántos orgasmos tuve pero si sé que caí rendida a un lado de la cama. “Todavía no terminamos putita” –me dijo. Cómo al principio me abrió las piernas y me la metió de una en mi conchita. “¡Ay mierda! ¡Por favor!” –le decía. Él seguía caliente y con su deliciosa verga entrando y saliendo de mi vagina. “¡Papi dame duro!” –le decía en forma suplicante. “¡Culéame rico!”–le decía. Sus embestidas eran más salvajes hasta que me hizo acabar otra vez. Sudada en la cama y pidiendo a gritos que me siguiera cogiendo era alucinante. Mis tetas se movían tan rico que las sentía chocar entre ellas. Me dio un par de bofetadas qué me pusieron más caliente y dijo: “¡Chúpamela puta y no pares!”. Me puse en cuatro en la cama y se la empecé a chupar, le pasaba la lengua hasta sus bolas y me la metía toda para seguir con mi boca chupándosela. Me encantaba como me miraba, sabía que era su puta por esa noche. Sentí como si verga se hinchaba en mi boca. “¡Sigue perra!” –me ordenó y yo obediente seguí quería su semen, hasta la última gota o que me lo diera en las tetas, dónde él quisiera la putita argentina lo recibiría de la manera más caliente.


Antes de acabar me puso de rodillas en el piso y me dio su leche en mis tetas, me calentó tanto recogerla con mis dedos para llevarlos a mi boca y saborearla como puta. “Eres toda una zorra Paola” –me dijo y me dio un par de nalgadas. “¡Para ti siempre lo seré!” –le contesté. Él se fue para continuar su turno y yo quedé culeada y abierta de todos lados. Me tiré en la cama desnuda y me tuve que masturbar pensando en lo caliente que me la metió el portero del edificio. 


La noche siguiente él fue como indiferente, como si no hubiera pasado nada. Me fui al depa y me puse un leggins pero sin tanga con la excusa de que bajaría al gimnasio. Al cabo de unas horas bajé y le pedí las llaves, me las dio de forma cordial. No pasaron ni diez minutos y él me estaba mirando. “¿Fumamos?” –me preguntó, yo dije que sí. Salimos al patio y nos fumamos un cigarrillo. “¿Se arrepiente de anoche?” –le pregunté. “¡Claro que no!” –respondió. “Entonces, no me dio bola cuando me vio?” –pregunté. “Por qué tengo qué guardar las apariencias, recuerda que estoy trabajando putita” –dijo. Enseguida sentí una deliciosa puntada en mi conchita. “Sí quieres que te dé bola, ven” –dijo. Me llevó al baño del gimnasio, me bajó los leggins y me hizo masturbarme mientras me metió la verga en la boca para que se la chupe. Me dolía la mandíbula de tanto chupar y las piernas me temblaban de tanto pajearme. Esta vez su leche se desparramó en mi boca y me tragué hasta la última gota.


Sin proponerlo una noche de puta fue mucho más que eso. Todas las mañanas antes de salir a trabajar le mandaba una foto desnuda. Incluso me mostró como me volvió a agendar en su celular: “La puta del 1805” fue el nombre que me dio. Por las noches él iba a mi depa o yo bajaba hasta donde estaba para que me la metiera o me hiciera que se la chupe, pero siempre que él subía yo terminaba con la concha y el culo abierto.



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domingo, 12 de julio de 2026

179. Mi madre caliente 2

Caroline estaba desnuda en la sala chupándomela, era tan perverso sentir su boca tragándosela, su lengua jugando con mi glande y otra vez engullirla entera. “¡Ah, por eso a Nacho le gusta que se la chupes! ¡Eres toda una perra!” –le decía. ¡Sí, hijo muy perra! ¿Te gusta como mami te la chupa?” –dice ella. “Sabes hacerlo muy bien” –le respondo. La tomo del pelo y le pregunto: “¿Te gusta ser perra?”. “¡Sí cariño, me encanta!” –responde. “¡Ponte en cuatro y ábrete el culo!” –le ordeno. “¡Ay hijo! ¿Me la vas a meter por mi culito?” –dice ella. “Si, no me vengas a decir que te va a doler, Nacho ya te la metido varias veces” –le dije. “No es eso mi amor, quiero sentir tu verga abriéndome el culo y que me la metas bien duro” –dice toda caliente. La acomodé en la entrada de su culo y se la metí de golpe. Un rico alarido salió y dijo: “¡Qué rico hijo! ¡Cógete el culo de tu mamita!” –decía Caroline. Con tanta violencia me la cogía que me encantaba.

Mientras se la metía la tomaba del pelo y le decía: “¡Qué rica perra eres!”. “¡Ay mi amor, sí soy tu perra esta noche!” –me decía. “Lo vas a ser cuando yo quiera” –le dije. “Sí mi vida!” –respondió. “¡Muévete perra!” –le decía. Ella gemía y pedía que se la metiera duro. Me tomé de sus caderas y se la clavaba entera. “¡Ay Gabriel! ¡Déjame abierto el culo! ¡Cogete a tu caliente mamita!” –decía. Después se me montó encima y cabalgaba mi verga. Sus tetas se movían con ese ritmo frenético, cada gemido aparte de perverso, me demostraba el placer que esa rica hembra sentía. Me agarraba de sus tetas y les pasaba la lengua. La cara de placer de mi madre me enloquecía. “¿Alguien más sabe que coges con Nacho?” –le pregunté. Sin dudarlo respondió: “Sí, Ester, una compañera de la oficina” –me respondió. “¿Le contaste?” –volví a preguntar. “¡Ay cariño! La conversación se dio sola y me contó las cosas que hacía con su perro y yo le conté de Nacho.

Una tarde, fui a su casa con Nacho. Su perro me la metió a mí y Nacho a ella” –respondió. “Son un par de sucias perras” –le dije. “¡Es lo que soy mi amor!” –me dice Caroline. Entonces tuve un pensamiento morboso, le dije a mamá que parara y buscara su teléfono, me miró como si no entendiera. “Vas a llamar a tu compañera y le vas a mostrar como estamos cogiendo” –le dije. “¡Ay hijo, qué pervertido eres!” –dice ella. La llamó y puso el celular apuntando su cara. “Ya te está cogiendo Nacho” –dice Ester. “¡Amiga me estoy comiendo una rica verga por el culo!” –le dice mamá. “Seguro que sí Caroline, porque la cara de puta que tienes calienta a cualquiera” –le dice su compañera. “¡Muéstrame las tetas zorrita!” –dice mami. Al parecer la mujer al otro lado de la pantalla lo hizo, porqué mamá le decía que jugara con sus pezones. En eso mamá da vuelta la cámara y su compañera me ve y dice: “¡Qué puta! ¡Te la está metiendo tu hijo!”. “¡Sí y me tiene el hoyo abierto!” –le responde mamá. La otra puta se empezó a tocar, solo podía escucharla gemir pero me imaginaba su concha caliente y mojada.

Después de escucharla gemir un rato, le digo a mamá: “Preséntame a la otra perra”. Me pasó el teléfono y dijo: “Gabriel, ella es Ester y amiga él es mi hijo”. “¡Mucho gusto perrita!” –le digo. “¡El gusto es mío cariño!” –me responde. Ester es una mujer casi de la misma edad. Con ricas tetas y una concha deliciosa. “¿Eres igual de perra que Caroline?” –le pregunté. “No se nota” –respondió. Le dije: “¡Responde bien perra!”. Se mordió el labio y dijo: “¡Sí cariño! Las dos somos bien perras”. “Tienes ricas tetas Ester. Muéstrame como tienes de mojada la concha” –le dije. “Sí putita, muéstrale como la tienes” –le dice mamá. “Mira chiquito así me tienes desde que ví que eras tú quien se está cogiendo a Caroline” –dijo ella, mostrando esa caliente vagina depilada y húmeda. Entonces Ester le dice a mamá: “¡Déjame ver esa rica verga!”. Mamá se bajó y la vio, un suspiro Salió de Ester y dijo: “¡Gabriel, te la chuparía toda!”. Le dije a mami qué me la chupara para que viera su colega. Lo hace tan rico y Ester dice: “Envidio a la perra”. “Ven y haz lo mismo” –le dije. “¡Uy, rica invitación!” –respondió. “¡Ven perra, te vamos a esperar cogiendo!” –le dije. Seguimos cogiendo rico con mamá en la sala, ya se había tragado mi leche un par de veces.

Mamá me la estaba chupando cuando sonó su teléfono, era su compañera que estaba afuera. Tardó cuarenta minutos en llegar Ester, vestía una blusa blanca sin brasier y un vestido corto que apenas le tapaba las nalgas, tampoco traía bragas puestas. Estaba lista para coger. “¡Ven y chúpamela perra!” –le dije. Caminó hasta el sofá y se la metió de una en la boca. Mamá se encargó de sacarle las pocas prendas que tenía y empezó a lamerle el culo y la concha. Los gemidos de Ester no se hicieron esperar y la perversa manera en que me la chupaba le daba un toque más morboso. Les dije que se frotaran las vaginas y las dos bien calientes obedecieron, tiradas en la alfombra entrelazaron las piernas. Concha con concha se daban placer, las dos gemían bien rico mientras Ester le dice a mami: “¡Qué rica verga tiene Gabriel! ¡Te veías tan puta encima de él!”. Hacia que una me la chupara y después la otra, compartiendo como buenas amigas. Las dos seguían frotándose rico, hasta que mamá tuvo otro orgasmo más de los que ya había tenido. Estaba como sin fuerzas pero no habría descanso. La hice que se pusiera de espaldas y le lamiera la vagina, mientras a la otra perra se la ensartaba en esa rica concha. “¡Ay papito, qué rico! ¡Azota mis nalgas!” –decía Ester. Entre más fuerte la nalgueaba, más exquisitos eran sus gemidos. Mamá se masajeaba las tetas y decía: “¡Ay Dios mío! ¡Qué placer!”. Era todo un espectáculo ver a esas maduras calientes perderse en la lujuria, aunque lo más perverso de todo era que una es mi madre.

En medio de esa magnífica escena caliente, me senté en el sofá y al instante la dos supieron que hacer. Ester se subieron sobre mami y empezaron a jugar con sus lenguas. Me pajeaba mirándolas, escuchando sus jadeos y ser testigos de la calentura que las había hecho perder la razón por completo. “¡Sigan putitas!” –les decía. Me tenían tan caliente que me pajeaba más rápido, ahora me uní yo a esos delirantes gemidos. Mamá y su compañera de trabajo ya no se aguantaban y acabaron deliciosamente lamiendo sus conchas. Estaban rendidas, sobre todo Caroline, que llevábamos varias horas cogiendo. “¡Como eres la puta recién llegada, te vas a montar en mi verga Ester! Y tú Caroline te vas a masturbar hasta que ya no puedas más ”– les dije. Obediente se subió dándome la espalda, la acomodó en la entrada de su culo y empezó a moverse; mami tirada en la alfombra viendo cómo su amiga se movía perversamente en mi verga. “¡Ah, Ester! ¡Qué puta te ves dando sentones en la verga de mi hijo!” –decía mamá gimiendo. Ester no paraba de gemir y masajearse las tetas, yo estaba tomado de su cintura sintiendo ese culo subiendo y bajando. “¡Eres tan putita Caroline! ¡Se nota que te gusta ver cómo tu hijo me culea!”–le decía Ester. “¡Me vuelve loca!” –decía mami sin dejar de tocarse. “¡Ay, ya no puedo más! ¡Ah, mi concha está pulsando rico!” –decía mi madre. “¡No he dicho que pares perra!” –le dije. Ester se dio vuelta y seguía moviéndose tan rico que pronto me tendría escupiendo semen en su agujero.

Mamá seguía en el piso tocándose, ya no salían gemidos solo su respiración agitada, sus dedos lujuriosos acareándole el clítoris y su cuerpo temblando, era como si estuviera en un delicioso trance de placer que la hacía actuar por instinto. Luego de unos minutos el cuerpo de Caroline y su vagina explotó dejando que sus fluidos salieran expulsados mojando la alfombra. Gemidos agonicos salian de sus labios, su cuerpo se sacudía y decía: “¡Oh, mierda! ¡Sí, riquísimo, hijo!”. Escucharla me calentó demasiado y le dije a Ester: “¡Mueve ese culo sucia perra!”. La nalgueaba para que aumentara su ritmo y se notaba que lo estaba disfrutando. Al fin, mi verga empezó a vaciarse y a llenarle el culo de semen. La muy puta al sentir como mi leche la llenaba se apretaba los pezones y los retorcía. “¡Me encantó coger contigo y lo más caliente fue ver como se la metiste a Caroline!”. “¡Ahora, pon tu culo en la boca de mamá para qué lo limpie con su lengua!” –le dije. Mamá no tardó en dejar limpio ese agujero y compartieron mi semen en un perverso beso.

Así como estaban nos fuimos al cuatro de mi madre. No dejé que ninguna se bañara, las quería sudadas, oliendo a sexo y a hembras cogidas. Mi perversión no llegó a su fin esa noche, porqué me las cogí de a una mientras la otra esperaba su turno. Ester no tuvo problemas en volverse mi perra. Ahora tenía a dos sucias cachorras con quién descargar mi lujuria.


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lunes, 6 de julio de 2026

178. Mi madre caliente 1

 

Me llamo Gabriel, tengo 18 años, vivo con mi madre, divorció hace varios años, no tengo recuerdos de mi padre pero eso no es relevante para lo que quiero contarles. Mi madre se llama Caroline, tiene 42 años, trabaja en un estudio contable. Tiene un perro Pastor Alemán, llamado Nacho. Es enorme, al cual mima más que a mí. La verdad poco me importaba hasta que una tarde vuelvo de jugar futbol con amigos más temprano de lo normal o fue un descuido suyo, pero al entrar a la casa siento ruidos extraños en el cuarto de lavado, me acerco despacio sin hacer ruido, empiezo a sentir gemidos y súplicas de mi madre; paré, no seguí hacia la pieza para seguir escuchando. Claramente la estaban cogiendo pero no escuchaba voz de hombre. Así que seguí acercándome pegado a la pared, me asomo por la puerta abierta, veo a mi madre en cuatro ensartada por Nacho, estaban pegados. Sus súplicas y gemidos eran para el perro. “¡Ay Nacho, que rico me coges! ¡¡Así, oh, me abres la concha! ¡Me tienes caliente mi bebé hermoso!” –decía dando alaridos de placer. Nacho tenía un año de edad. Seguí mirando con mi verga tiesa. 

Por alguna razón me había calentado mirándola. Pasaron más de 10 minutos, el perro libera a mi madre, esta se da vuelta para que no vuelva montarla, pero se pone chuparle la verga, lo hacía con devoción. “Luego vuelves a cogerme mi amor, ahora debe estar por llegar tu hermano Gabriel” –le dice. Me dio asco escuchar lo de hermano, pero estaba tan caliente mirándola que me escondí para que no me descubriera. Salió con Nacho caminando y chorreando semen de su concha y pasando su lengua por los labios para tragar el resto de semen que le pudiera quedar después de chupársela.

Entra a la casa por la cocina, se dirige a la ducha no sin antes dejar a al perro en el patio, quedó como llorando, lógico, quería seguir cogiendo. Se mete al baño del primer piso, la miro, una ventanita que da al baño, Nacho ladra, está cerca mío pero detrás de un muro. Gruñe como enojado, lo miro y le sonrío de forma burlona. “Debe sentir celos” –pienso. Yo no sentía celos sino asco de mi madre. Habiendo tantos hombres, ser hembra de un perro era algo que nunca se me habría ocurrido, pero mirándola me hago tremenda paja imaginando la de rodillas tragando mi semen y con una cara de puta que no disimula. La imaginaba diciéndome: “¡Hijo, dame tu leche! ¡Esta perra quiere que te vacíes en su boca!”.

Antes de entrar a la ducha pasa su mano por su concha; la saca, se chupa también sus dedos y le habla al perro: “Mi bebé, ¿querías darle más y más verga a tu ama? Más tarde bebé, más tarde volveré a entregarme a ti”. Me calentaba escucharla, tenia la verga como si me fuera a explotar. “Nacho, soy tu perra, me gustaría pasar el día cogiendo, pegada a ti y beberme tu rica leche. Veo como se baña; a pesar de ser cogida por un perro mi madre está bien buena. Me dan ganas de entrar al baño y culearmela, decirle: “¡Eres toda una puta! ¡Te voy a coger hasta que quedes tirada en el piso!”. No lo hago, no por faltarle el respeto, sino que iba a idear algo para conseguirlo. Salí de la casa, caminé unas cuadras y vuelvo. Cuando entro, ya estaba bañada y vestida con un short y una blusa transparente, sin sujetador. Noto como nunca antes sus pezones duros. Dentro de la casa siempre andaba cómoda con poca ropa encima hasta creo no usaba ropa interior. antes de Nacho no era así.

Nos pusimos a conversar como si nada. “Hola hijo, mi amor vienes todo sudadito ¿Te divertiste?” –me dijo. “Sí mami, lo hice. Tú, ¿qué has hecho” –contesté. “Aquí aburrida, solita escuchando ladrar a Nacho” –me dijo. “¿Por qué no lo haces entrar mamita?” –le pregunté. “No hijo, ya estuvo un buen rato dentro si lo dejo se pone cargoso” –respondió. Ya tenía el pie y me lanzo con todo: “¿Cargoso? Me di qué te quiere coger mami”. “¡Ah! ¿Pero qué te crees Gabriel?” –me dice enojada. “Mira Caroline, volví hace un rato y escuche gritos, vi como Nacho te tenia abotonada en el cuarto de lavado, vi como gozabas. En pocas palabras vi todo madre” –le dije. No sabe que decir, se pone a llorar. “Estoy avergonzada de lo que viste hijo, pero no voy a justificarme, me la mete rico y lo disfruto” –me dice. “¿Desde cuando coges con él Caroline?” –le pregunto. Me miró y respondió: “Bueno, tiene un año. Hace como cuatro meses que me coge”. La abrazo y le digo: Cuéntame, ¿cómo se dio?”. Me empezó a contar, escucharla me ponía caliente. Aproveché y le agarré las tetas, ella no protesta, deja que mi mano se pasee libremente, tenía los pezones duros. Se los tocaba, la expresión de su rostro cambia, se estaba calentando. “Una tarde habías ido a casa de tu tía, se largó una tormenta muy fuerte Nacho aullaba, lo entré a la casa, no sé si por agradecimiento o qué, se puso a jugar conmigo; me había tirado en la alfombra. De pronto, vi como de su capullo salía una enorme verga, él me lamió la cara y el cuerpo, me quería montar. Te juro que sentía miedo hijo pero fui tomando valor hasta que le toqué la verga, la sacó mas afuera, ya era enorme. Me gustó tocarla, hacía tiempo que no cogía, solo me masturbaba. Me metí debajo y le besé la verga, se quedó quieto” –me dijo. Yo seguía jugando con sus tetas, cada vez se ponía más caliente contándome como empezó a coger con Nacho y sintiendo mi mano apretando sus pezones.

La miré a los ojos y le dije: “Sigue contándome Caroline como te volviste una puta perra. “Tomé valor, se la chupé . Luego, me saqué ropa, quedé desnuda. Le chupé la verga como loca. Nacho se puso entre mis piernas y me empezó a lamer la concha. Luego, intentó montarme, pero no le apuntaba a mi concha que ardía de lo caliente que estaba. Esa tarde se la chupé varias veces, quedé toda pegoteada con su semen. Me gustaba la sensación de sentirme perra. Después de un rato lo saqué al patio y le dije: “¡Cariño, voy a buscar la manera para que me metas tu rica verga”. Ya tenía a Caroline con las tetas afuera y ella agarrada de mi verga me pajeaba despacio. “Sigue contándome” –le dije. Siguió: “Miré videos de zoofilia, vi como perros ensartaban y abotonaban a mujeres. Me calenté tanto que me masturbé varias veces, gemía y disfrutaba mis dedos. No me di ni cuenta cuando llegaste, estaba a punta de orgasmos, tanto que temblaba entera” –me dijo. “Te voy a decir algo mamita, yo si me di cuenta que estabas caliente, te escuchaba gemir y me corrí varias pajas pensando que te estaba culeando. Incluso me pajeé con una de tus tantas en el baño y te las dejé con leche imaginando que te llenaba la concha” –le dije. Parece que la calentó más escuchar lo que le dije, porque su mano se movía más rápido. Siguió contándome: “Al otro día saliste con tus amigos, lo entré, me desnudé y le dije que ahora ya me iba a coger. Me puse en cuatro, se me subió encima, empezó a moverse pero ahora lo ayudé. Su verga se clavó de una en mi concha, me encantó cuando se abrió y entró toda. Me sentía tan perra, tan puta y le decía que me cogiera, que era su perra. Cuando me entró su bola fue exquisitamente doloroso pero me encantó. Quedamos pegados hasta que acabó y sentí chorros de caliente semen llenándome. Después, salió y el semen me chorreaba de la concha a los muslos. Fueron como tres minutos de descanso y él quería más, ya no tuve que ayudarle pero esta vez me la dio por el culo. Era maravilloso, hace tiempo que me cogían así de rico. Se la chupaba, él me lamía, eran olas interminables de orgasmos”. Me tenía tan caliente, quería culearmela bien duro.

Mis manos recorrieron sus muslos, sin decirle nada mami abrió las piernas, le desabroché su short y no tenía nada puesto. “¡Estás mojada Caroline!” –le dije. Ella siguió con su mano aferrada a mi verga y mis dedos le daban placer a su rica concha. “Ahora soy una perra, vivo en celo las 24 horas, todos los días. lo que viste hoy no ha sido nada para lo que ha pasado entre Nacho y yo. Incluso he cogido con otros perros, varios a la vez, así como lo hacen las perras en la calle” –me dijo. Eso me prendió más y así con lo caliente que ella estaba, le dije: “¡Quiero culearte ahora!”. Le di un caliente beso en la boca que respondió de la misma forma. “¿Quieres compartirme con Nacho, Gabriel? Me dejo coger por los dos a la vez, así Nacho va a aprender a no sentir celos. Me encantaría tener la verga de Nacho en mi culo mientras te la chupo y después al revés” –me dice. “¡Acepto, pero ahora te voy a culear yo solo” –le dije. “Sí hijo, vamos a mi cama” –dice caliente. “No, aquí mismo como la puta y perra que eres”–le dije. Sonrió de forma perversa e hizo lo que se le ordenó.


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domingo, 28 de junio de 2026

177. Lo que pasó después de la fiesta 2

 

Pasaron unos cuantos días después de aquella noche en la que un perro me cogió. Traté de olvidar el asunto pero recordaba como su dueño me grabó. Busqué páginas porno de zoofilia y vi que mi temor era real, me vi a mi en un video publicado con ese maldito perro encima mío. Varias páginas habían subido mi video. No podía dejar las cosas así. Fui al departamento de Max. Golpeé y se sorprendió al verme. “Mariana, hola” –dijo tragando saliva. “¡Eres una mierda! ¡Publicaste el video! Tuve curiosidad y busqué páginas de zoofilia y lo encontré” –le grité. No supo que decir después de un momento de silencio, dijo; Ven pasa. Una vez adentro, me dijo: “Tu video fue todo un éxito. ten, es tu parte de las ganancias”. Me dio un fajo de billetes bastante grande, no lo podía creer. Me quedé sin palabras. “Hay mucho raros en Internet que pagan una fortuna por este tipo de videos” –dijo él. “¡Son una mierda como tú!” –le grité. 

Iba a salir, en eso apareció el caliente violador, se puso contento de verme y empezó a querer montar mi pierna. “¡Oh veo que me recuerdas bien!” –le dije acariciando su cabeza. Él no era culpable, siguió sus instintos de macho solamente. Aunque, debo admitir que verlo hizo que me mojara. “¿Te propongo algo? Hacer otro video de mejor calidad” –dijo Max. “¿Qué? ¡Estás loco!” –le dije gritando. “Espera Mariana. Con un buen video de sexo lo venderíamos muy caro, mira lo que hicimos ahora con uno grabado con solo un celular, lo qué podríamos hacer con uno más pro” –dijo entusiasmado. No podía creer lo que escuchaba, pero al mismo tiempo tenía algo de curiosidad. Era mucho el dinero y se podía hacer más era una opción. La primera vez fui violada, pero ahora podría controlar la situación. “No puedo creer que diga esto, pero está bien” –dije a Max, quien se alegró por la noticia. “A ver Max, déjame decir algo. Yo gano el 65%, después de todo soy yo la que tendrá sexo con un perro” –añadí. “Para mí el dinero no es problema, 65% para ti y 35% para mí” –dijo él creyéndose el James Cameron del porno.

Arreglamos que iría al otro día y que traería la misma ropa que esa noche. Tenía tiempo para pensarlo más, pero no lo hice. Miré varios videos de zoofilia, para aprender un poco y no pude evitar tocarme. Me estaba gustando lo que veía en la pantalla y lo caliente que se veían esos perros metiendo sus vergas en esas hembras humanas que estaban para complacerlos. Acabé varias veces, incluso recordé aquella noche en que el perro de Max me violó y asumí en mi habitación con las piernas que lo disfruté.

A la mañana siguiente en la ducha me tuve que masturbar porque mi calentura era demasiada, volver a sentir esa verga violadora otra vez y saber que pagarían por vender disfrutar me calentaba demasiado. Ya lista, regresé a la casa de Max. “Bueno, ¿ya está todo?” –pregunté. “Sí Mariana. Cuándo te sientas preparada me avisas” –dijo Max. Me serví un vaso con whisky y dije: “Ya Max, vamos”. Fuimos a su cama, la misma en la que su perro me violó. En la habitación había tres cámaras profesionales, iluminación y un micrófono ambiental que captaría todos los sonidos en la habitación durante la filmación. “¿Te preparaste bien? Quiero un buen video” –dijo creyéndose director de Hollywood, se tomaba muy en serio su papel. Lanzó un silbido y escuché como corría un perro desde otra habitación.

De pronto, veo entrar a su lado a otro perro negro. “¿Y este?” –le pregunté. Es el perro de mi vecina, se llama Tom. La vecina también en algunas oportunidades ha filmado algunos vídeos que han monetizado bien. Le dije que había una chica que iba a debutar con Hades y queríamos agregar a Tom. Por cierto, Hades fue el que te culeó por primera vez, lo perro. Pensé que podías hacerlo con los dos. “¿Me estás hueveando? No es lo que acordamos. ¡Solo era con el tuyo!” –le dije con cara de pocos amigos. “Lo venderemos más caro así. Recuerda que tú tienes el 65%. Entre más caro podamos venderlo, más dinero vas a ganar” –me dijo. Suspiré y le dije que estaba bien. Ya con las cámaras encendidas me grabó haciendo movimientos sexys, bailando y tocándome por encima de la ropa. Me estaba poniendo caliente, me sentía una puta deduciendo a un potencial cliente, en cierta forma lo era; me estaba ofreciendo en una subasta virtual en dónde no habría perdedores.

Después, me recosté en la cama y empecé a llamar a los perros, mientras me desnudaba lentamente y quedar desnuda frente a las cámaras. La mezcla de excitación y duda en lo que pensaba me hacía desear vivir con más ansias aquellos encuentros que tenga con esos dos amantes peludos que me tomarían como su perra. “Vengan chicos, vengan!” –dije llamando a esos dos perros que me tomarían como a una hembra en celo. Subieron a la cama, estaban juguetones, yo intentaba agarrarlos, calmarlos, me lamían mucho por todos lados. Me sentía caliente sintiendo esas lenguas húmedas recorriendo mi cuerpo intenso llegar a eso que tanto les llamaba la atención lamer. Después de un rato, logré calmarlos con caricias y hago que se acuesten. Empecé a acariciar la parte de su pene, tratando que se le ponga dura, apenas se les asomó la puntita y se las chupé. Era deliciosamente perverso lo que estaba siendo, tanto que me quité la ropa interior y quedé desnuda frente a esos dos perros. Me pongo en cuatro y rápidamente Hades se sube encima de mí tratando de penetrarme. Paso la mano por debajo y guio su verga, una vez que me la mete solté un grito y empiezan sus embestidas. “¡Ay sí! ¡Qué rico! ¡No pares!” –decía pensando que el vídeo sería mas excitante, pero Hades me estaba haciendo por segunda vez su perra. Mi boca se amoldó perfecta a la verga de Tom. Estaba demasiado caliente por esas ricas vergas.

Después, me recosté en la cama y empecé a llamar a los perros, mientras me desnudaba lentamente y quedar desnuda frente a las cámaras. La mezcla de excitación y duda en lo que pensaba me hacía desear vivir con más ansias aquellos encuentros que tenga con esos dos amantes peludos que me tomarían como su perra. “Vengan chicos, vengan!” –dije llamando a esos dos perros que me tomarían como a una hembra en celo. Subieron a la cama, estaban juguetones, yo intentaba agarrarlos, calmarlos, me lamían mucho por todos lados. Me sentía caliente sintiendo esas lenguas húmedas recorriendo mi cuerpo intenso llegar a eso que tanto les llamaba la atención lamer. Después de un rato, logré calmarlos con caricias y hago que se acuesten. Empecé a acariciar la parte de su pene, tratando que se le ponga dura, apenas se les asomó la puntita y se las chupé. Era deliciosamente perverso lo que estaba siendo, tanto que me quité la ropa interior y quedé desnuda frente a esos dos perros. Me pongo en cuatro y rápidamente Hades se sube encima de mí tratando de penetrarme. Paso la mano por debajo y guio su verga, una vez que me la mete solté un grito y empiezan sus embestidas. “¡Ay sí! ¡Qué rico! ¡No pares!” –decía pensando que el vídeo sería mas excitante, pero Hades me estaba haciendo por segunda vez su perra. Mi boca se amoldó perfecta a la verga de Tom. Estaba demasiado caliente por esas ricas vergas. Sentí como la verga de Hades me abotonó y el se dio vuelta. “¡Hijo de puta, qué rico!” –dije con lujuria. “¡Eso chiquito! ¡Culéate a tu perrita!” –decía moviendo las caderas pero sin soltar la verga de Tom. “¡Ay papacito, rica verga tienes! ¡Tienes hasta esa bola que mi concha se va a comer!” –le decía a Tom. La verga de Hades palpita exquisita en mi conchita, sentía como expulsaba su leche en mi interior. Cuándo se salió de mí, fue un estruendo de gemidos que me llevaron a tener varios orgasmos seguidos, pero estaba decidida a que Tom acabara en mi boca para saborear su semen canino.

Al fin Tom me dio a probar su rico semen y Hades lamía mi concha dándome riquísimo placer, haciendo que otra vez caiga en manos de la lujuria y el desenfreno. Max de encargaba de grabar en diferentes planos de como su perro me lamía completa y como yo saboreaba el semen del perro de su vecina. Me sentía en un sublime éxtasis de perversión y placer. Una vez que se detuvo sentía Me quedé en esa posición, tomé a Hades y le dije: “Deja que tu perra limpie tu verga”. Me la metí en la boca y se la chupé hasta que volvió a estar dura. Por su parte Tom me estaba dando embestidas salvajes hasta que su verga se clavó en mi vagina. Cada segundo que pasaba más perra me sentía y lo disfruté como si no hubiera mañana. Las olas de orgasmos eran intensas, era tan rico tener a esos dos machos dándome placer que cuando Tom acabó, lo respiración era débil y los latidos en mi pecho más intensos que nunca.

Una vez que desleché a los perros y se quitaron las ganas, ya los podía controlar a mi gusto. Los puse uno al lado del otro y pase sus vergas por detrás y empecé a chuparlas, iba de una a otra, luego me metía las dos en la boca. Les pasaba la lengua de arriba abajo. Sirvió demasiado ver videos de zoofilia para disfrutar de mejor forma del placer que los perritos nos entregan cuando estamos dispuestas a dejar que nos usen como sus perras. 

Me recosté en la cama y levanté mi cadera, metiéndome la verga de Tom, mientras chupaba la de Hades. Miré la puerta del cuarto que se abrió, entró la dueña de Tom como un extra al vídeo, al verme disfrutando de esas vergas, me dice: “Mariana, ¿cómo puedes ser tan puta?”. Cómo si tuviera el guion en mi mente, le respondí: “¡Déjate de tonterías! Mira que sé tu sucio secreto amiga, así como también ahora sabes el mío. “¡Ven y disfruta perra!”. La vecina de Max se encargó de chupar los tetas, una descarga de placer azotó mis emociones y empecé a gemir con perversión, le dije que se quite la ropa, ella obedeció y Hades se encargó de darle verga. Había dos perras abotonadas en la cama de Max que estaban disfrutando demasiado de esa caliente cogida. 

El vídeo se convirtió casi en una película, cogimos de manera sublime y a dos años todavía sigo ganando con los dos primeros vídeos. Con Damaris, la vecina de Max seguimos grabando más videos con perros que él conseguía. Aunque no quería admitirlo me volví en adicta a la zoofilia y a coger con perros. Aunque yo lo veía como una fuente laboral sabía que al igual que Damaris, no era por el dinero, sino por aquel prohibido que muchos no entienden, pero cuando tienes la oportunidad lo disfrutas y lo haces ese secreto mejor guardado. Admito que me encantó, me encanta y me seguirá encantando disfrutar del sexo así de salvaje. 



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lunes, 22 de junio de 2026

176. Lo que pasó después de la fiesta 1

 

Me llamo Mariana, tengo 24 años, 1,60 m, mi piel es de un tono claro con un matiz cálido. Mis ojos marrones profundos, mi cabello es largo, lacio y negro, cayendo de manera uniforme sobre mis hombros y espalda, bien cuidado y con un brillo suave que resalta con la iluminación del lugar. Cintura definida, caderas suaves y un pecho que se ve firme, tetas no muy grandes pero capaces de hacer acabar a quien ponga su verga entre ellaw. Mis piernas son largas y bien formadas, con un tatuaje en el muslo de unas flores. Un piercing en el ombligo suma un pequeño toque llamativo que acompaña mi estilo general.

Estaba en una fiesta, vestía un conjunto negro que acentúa cada curva; un sujetador de encaje que se ajusta a mi pecho con elegancia, dejando ver sutilmente la forma natural de mis tetas, y una falda corta de tela ligera que se mueve suavemente con cada paso, insinuando más de lo que muestra. El contraste entre la tela oscura y mi piel clara hace que cada detalle resalte aún más.

Un chico de unos 28 años me coqueteaba y no tardamos en besarnos, pero ambos queríamos más. Por lo que me llevó a su casa, un lindo departamento. En él había un perro, una mezcla, perro no tan grande, pero de buen tamaño, negro con toques blancos. Max, el chico le dijo que se quedara quieto, ya que se puso muy juguetón al momento de llegar y nos fuimos a su habitación.

La mezcla de alcohol y calentura hicieron efecto, como locos nos desnudamos, sin esperar lo tumbé en la cama y empecé a chupar su verga; me calienta demasiado sentir como se pone dura mientras mi boca se deleita tragándola toda. Lo masturbaba y pasaba la lengua por su glande. “¡Qué rica la tienes!” –le decía. Me jaló del cabello y hundió mi boca hasta que sentí sus bolas: “¡Chupa puta!” –me dijo. Seguí obediente su pedido, hasta que me hizo montarlo. A horcajadas me subí y clavé su verga en mi vagina. Se sentía tan exquisita, me deslicé despacio hasta que ya estaba toda dentro. Me empecé a mover despacio, el chico me agarraba las nalgas y las apretaba, incluso hasta me nalgueó para que me moviera más rápido. “¡Ay sí, dame fuerte!” –le decía. Me nalgueaba con más fuerza y me encantaba. Más aún cuando me apretó las tetas y las golpeaba, tiraba de mis pezones y yo gemía de placer.

Después, me puso en cuatro y empezó a nalguearme fuerte. “¡Eso, sigue! ¡Déjalas marcadas!” –le decía. “¡Ábrete el culo zorrita!” –me dijo. Obediente separé mis nalgas, sin decir nada me metió un dedo en culo, mi cuerpo tembló y gemía al sentir como mi agujero se abría. Escupió mi ano y acomodó su verga, la metió despacio, pero al entrar el glande empujó con fuerza y me entró completa. “¡Ay hijo de puta! ¡Dámela fuerte!” –le dije. Se tomó firmemente de mis caderas y me embestía con fuerza, me la clavaba completa, sin compasión. Mis gemidos eran casi aullidos de placer, me tomaba del pelo y la metía hasta el fondo, sus bolas golpeaban mi concha; el maldito me culeaba demasiado rico. Mi culo se había amoldado perfecto a su deliciosa verga, así que esa exquisita sensación de dolor y placer era demasiado intensa. “¡Sigue, no pares!” –le gritaba intentando seguir sus movimientos. Ya estaba al borde de otro orgasmo, no me pude contener y acabé tan rico que caí inerte en la cama, jadeando y con el culo abierto.

Hicimos un rico 69. La lengua del chico era como un tornado que causaba estragos en mi vagina. Disfrutaba sintiendo ese rico placer en mi clítoris y, más cuando metía su lengua en mi húmeda y caliente concha. Estaba aferrada a su verga chupándola con toda la lujuria que desbordaba mi cordura. Ambos estábamos frenéticos chupando, lamiendo y jadeando. Sin darme cuenta, tenía tres dedos taladrando mi ano. “¡Ay maldito! ¡Qué rico!” –le dije y seguí chupando su verga como buena puta. Sentía como su verga se ponía más dura en mi boca y palpitaba, sabía que en cualquier momento tendría su semen escurriendo y me calentaba la idea de beber hasta la última gota. Cuando él gruñó supe que faltaba poco para que eyaculara, su leche caliente inundó mi boca y yo sedienta no dejé escapar nada. La tragué toda sin dejar rastro, lamí la punta de su glande para seguir saboreando los restos que quedaran, hasta que al fin me di por satisfecha. Él siguió taladrando mi culo con sus dedos a la misma vez que su lengua recorría mi concha hasta que me hizo acabar. Obnubilada de placer me rendí, ya no podía más, hace tiempo que no recibía una culeada tan rica.

No sé cuánto tiempo pasó pero nos acomodamos para dormir. Yo encima de él, entrelazada a su pierna y mi culo bien levantado ya que Max era bien grandote. No sé que hora era, pero empecé a sentir unos lengüetazos en mi conchita. Se sentían exquisitos, entre dormida decía: “¡Qué rica lengua! ¡Oh, mierda me calienta!”. De pronto, siento que algo se me sube encima, un pelaje, y escucho los jadeos de un perro. Entiendo que es el perro de Max; me asusté, no creía lo que estaba pasando, me intento levantar pero es muy pesado y estoy inmovilizada. “¿Qué haces perro de mierda? ¡Bájate!” –le dije. Entonces siento como me intenta meter la verga, quiero levantarme pero la verdad que había bebido mucho y apenas entendía que pasaba De pronto, siento como algo grande logra entrar en mi vagina y el perro empieza a moverse frenéticamente. Yo grité a la primera reacción. “¡Ay no! ¡No puede ser!” –decía. Estaba recibiendo frenéticas embestidas de ese perro vergón y caliente, no pude evitar soltar leves gemidos. Veía a Max que seguía durmiendo, apenas se movía por el peso que él perro ejercía encima de mí. “¡Ay no! ¡Esto no está pasando! ¡Max despierta!” –grité. No pasó mucho hasta que el perro paró, pero seguía encima de mí, con su verga dentro de mi vagina. Sentía como chorros de semen me llenaban, empecé a golpear con mi mano derecha el rostro de Max. “¡Despierta carajo!” –le grité. Apenas abrió los ojos. “¿Qué? ¿Que pasa?” –preguntó. “¡Tu perro me está culeando!” –le dije. “¡Qué!” –dijo con asombro. Con cuidado se movió para adelante y salir de abajo mío, al salir yo me quedé en cuatro con su perro aún encima mío. Max me empezó a ver asombrado, reviso mi culo levantando la cola de su perro. “”Te hasta la bola, tienes toda su verga dentro y estás pegada a él” –me dijo. Yo no podía creer estar en esta situación, siendo cogida por un perro y más al ver la reacción de Max, que notaba como se le ponía dura la verga. “¡Mierda, sácamelo!” –le dije. Intentó jalarlo, pero su perro soltó un gruñido y sentía mucho dolor en la vagina al intentar sacarlo. Veo como Max agarra su celular y empieza a grabarme. “Ya que estás en esa chúpamela sucia perra” –me dijo. Enfocaba como su perro estaba agarrado de mi y como se la chupaba mientras era cogida. “Tendrás que esperar a que el perro esté satisfecho y yo acabe en tu boca. Mientras quiero algo de recuerdo” –me dijo. No me quedó más que hacer que chupársela y dejarme coger por ese animal. “¡Buen chico! Cógete a la perra y déjala llena de leche” –le decía mientras no perdía detalle con su teléfono.

No sé cuanto tiempo habrá pasado, pero después de un buen rato empecé a sentir como la bola se deshinchaba y salía poco a poco de mi vagina. Al estar a medio camino de salir el perro jaló fuerte y salió completa y bruscamente. Yo solté un fuerte grito de dolor. Me quedé en esa posición un buen rato, sentía caer de mi vagina abundante semen. Ahora faltaba que Max acabara, lo pajeaba mientras se la chupaba hasta que su semen llenó mi boca. Me reincorporé, veo como el perro empezó a lamer su verga y veo que era enorme. Max seguía grabando. “Ahora chúpasela al perro” –dijo Max. Por alguna razón que no entendí obedecí y se la empecé a chupar, al parecer al perro le gustó porque se quedó quieto. Está vez mi boca fue la que le dio placer y acabó con abundante semen que degusté ricamente. “¡No quiero ver el video en ningún lugar escuchaste!” –le dije a Max, quién sonrió de manera perversa sin decir nada.

Me vestí y me voy lo mas rápido que pude sin poder creer lo que me acababa de pasar. Aunque no niego que me gustó.



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jueves, 18 de junio de 2026

175. Nos hicimos pasar por putas

En una ocasión durante una salida con una de mis amigas (Stephanie), decidimos ir a un bar, uno al que no acuden chicos de nuestra edad. Es uno que sabíamos es solamente frecuentado por hombres y las mujeres que están son aquellas que ofrecen sus servicios a estos hombres. Descubrimos nuestro particular gusto en una charla pasada y propuso hacer un juego, nos excitaba la idea de buscar hombre en un bar, de jugar a ser prostitutas. Después de todo compartíamos el gusto por maduritos pervertidos.

Por supuesto, debíamos ir vestidas con algo que gritara: “Busco una buena cogida”. Así qué usé la falda más corta que encontré, la blusa más escotada y unos tacones altos. Stephanie estaba ansiosa; cuando entramos al bar estaba repleto de gente, un ambiente totalmente adulto, en su mayoría hombres ya pasados de sus treinta y muchos, claramente un par de jovencitas en sus diecinueve en minifalda y escote llamarían la atención de más de uno allí, sobre todo porque en un lugar así, no veían a un par de chicas sino un par de putas.

Stephanie se dejaba llevar totalmente y sonreímos a un par de piropos que lanzaron conforme pasamos entre las mesas para encontrar donde sentarnos. Cuando por fin encontramos le dije a mi amiga que esperara y me fui por unos tragos. Había ya visto un par de señores bastante bien, pero ninguno se había animado a acercarse, aunque si nos miraban de forma libidinosa; sin embargo, cuando llegué a la barra y pedí los tragos, un hombre alto, de barba cerrada un poco encanecida, vestido en ropa casual muy buena figura, quizás ya entrado en sus buenos cuarenta y muchos. Se me acercó y dijo recargandose en la barra: “¿Si les invitamos los tragos, vienen a sentarse con nosotros?”. Se notaba que quería dominar el espacio, ya que no tuvo consideración de mi espacio personal, saltándose también por completo el saludo o presentación. “¿Aceptas preciosura?” –me preguntó. "¿Y cuál es su nombre? Mire que mi madre me enseñó desde pequeña a no hablar con extraños” –le dije dándole una sonrisa burlona pero a la vez demostrando que estaba contenta por ese encuentro. Literalmente me excité de inmediato, si algo me eriza la piel es una voz masculina profunda y grave. “¡Pedro, para servirte preciosa!” –dijo extendiendo la mano y la estreché sin titubeos. “Un gusto, yo soy Karla y mi amiga se llama Stephanie, y sí nos encantaría acompañarlos a su mesa” –le dije. Mordí mi labio al percatarme que la vista de ese hombre bajaba constantemente a mis tetas e intencionalmente deslicé mis dedos entre ellas, después de todo eso buscábamos: “Un par de sujetos pervertidos para pasarla rico” y este tenía una pinta de macho que me encantó. “¡Llama a tu amiga!” –dijo él. Giré para ver a Stephanie y la llamé con un movimiento de mano, ella se levantó caminando hacia mí de inmediato. Pedro le dio la indicación al mesero de llevar los tragos que pedí más otros dos para una de las mesas del fondo. Le presenté a mi amiga, la cual fue tan provocativa que yo. Fuimos hasta la mesa y me tomó de la cintura todo el trayecto, al llegar estaba otro hombre, Luis, que al vernos se levantó, igualmente alto, pero solo de bigote, cabello crespo perfectamente peinado e igualmente vestido de modo casual. Sin duda ambos hombres atractivos de verdad. Pedro nos presentó como si nos conociera de años, la mesa era redonda el asiento un sofá curvo de cuero, nos dejaron tomar asiento deslizando nos hasta el medio, Pedro a mi lado y Luis al lado de Stephanie.

Los tragos llegaron, bebíamos y charlábamos los cuatro, conociéndonos más de todos al mismo tiempo, entre cada risa y comentario había roces, llegué a tocar la pierna de Pedro o le frotaba las tetas en su brazo, este no paraba de ver mi escote, nos dijeron que no eran de la región, que estaban de paso y se estaban hospedando en un hotel cercano; tenían ya dos días y no habían salido de noche, pero que sintieron ganas de salir por algo de diversión, obviamente ambas captamos el doble sentido, sonreímos y después de eso automáticamente se formaron las pláticas privadas, pues yo gire a ver a Pedro y hablé: “¿En serio? Y ¿Qué diversión buscas?” –le pregunté pasando mi mano por su muslo y apreté cerca de su verga.

Los juegos y toqueteos se daban entre los cuatro de forma natural. Pude oír como Stephanie le preguntaba a Luis: “¿*Y tú? ¿También la buscas?”. Luis sonrió de forma maliciosa, vi como su mano se fue debajo de la mesa y la cara de mi amiga cambió, intentaba contener la respiración. Descaradamente le metió mano y la caliente Stephanie disfrutaba de aquellos dedos escudada bajo la privacidad que implica el volverse puta debajo de la mesa, una tenue luz que iluminaba cada sector. La mano de Pedro se deslizó por mi muslo y dijo sin inhibición: “Yo busco una deliciosa muñequita para llevarme a la cama”. Sentí al escucharlo como mi vagina se mojaba y más cuando sentí sus dedos rozar un pequeña tanga. “¿Qué te parece mi búsqueda?” –me preguntó mientras me ponía más caliente. “Parece que seré yo esa muñequita” –le dije mordiendo mi labio y separando las piernas. “¿Quieres?” –me preguntó. Se acercó a mis labios sin titubeo alguno, arrastrándome más cerca del él. Me miró a los ojos, me agarró con descaro una teta y dijo: “Claro que quieres, si no para qué venir, ¿Cierto?”. “¿Lo crees?” –le pregunté. Mordí su labio inferior y pasé mi lengua por sus labios. “¡Dilo papi! –le susurré mientras intentaba buscar el cierre de su pantalón. “Tu buscas verga y yo busco una perrita caliente” –dijo apretándome una nalga. “¡Aquí tienes a tu perrita!” –le dije mientras jugaba con su deliciosa verga en mi mano y di un pequeño gemido. “¿Muy puta?” –preguntó él. Sin decir más me le monté, aprovechando lo escondido de la mesa. Para muchos era normal que estuvieran parejas de mujeres jóvenes con hombres mayores casi coger encima de las mesas de billar y para que decir que en las que están escondidas con las que estábamos los cuatro. Empecé a besar a Pedro y este me manoseaba el culo pasando sus manos por debajo de mi falda para sentir mi culo piel a piel, bajo sus besos a mi cuello y al medio de mis tetas, susurraba diciéndome: “¡Qué rica estás putita!”. Yo movía mi cadera para frotarme en su erección, Pedro sin pudor me hizo a un lado la tanga y en un movimiento su verga se deslizó a mi vagina. “¡Oh, papi!” –le dije mientras ya estaba moviéndome como la putita que estaba siendo. Saqué mis tetas, literalmente me dio igual si alguien miraba, a Pedro le gustó que lo hiciera, sus ojos brillaron en lujuria, su rostro en perversión. Giré a ver a Stephanie, Luis estaba chupándole las tetas y masturbándola con desesperación.

Nos habíamos convertido en verdaderas putas, siendo cogidas a vista y paciencia de varias personas, y por dos desconocidos. El placer en ambas era más que genuino y perverso. Al poco rato mi amiga se estaba moviendo encima de la verga de Luis con la misma calentura que yo lo hacía sobre Pedro. Nuestros gemidos eran opacados por la sensual melodía del blues, me sentía sexi al fijarme que varios hombres nos veían coger rico con aquellos machos que nos daban duro; lo más perverso de aquello era que estaban masturbándose mientras nos cogían. Stephanie y yo estábamos locas de placer viendo cómo esos pervertidos se pajeaban y nos decían cosas sucias; Pedro y Luis nos cogían tan duro, tan rico que el orgasmo no tardó en apoderarse de nuestros juveniles cuerpos. En eso Pedro le dice a su amigo: “Es hora de que nos demuestren que tan putas son”. Luis da una sonrisa y le contesta: “Tienes toda la razón. Veamos que tan putas pueden ser estas muchachitas”. Dejaron de cogernos y nos hicieron ir hasta donde estaban esos hombres para disfrutar de sus vergas en nuestras bocas. En ese momento me sentí como una presa que un macho alfa se alimentó y dejó las sobras a los beta.

Cómo una jauría de lobos hambrientos nos despojaron de la ropa, las dos estábamos en el piso chupando varias vergas a la vez y con la calentura aflorando de cada poro, ver la manera en que nos estábamos comportando era algo que al menos yo no entendía, ya que Stephanie y yo fuimos criado en hogares demasiado religiosos, y vernos en esas actitudes perversas hubiera desilusionado profundamente a nuestras familias. No fue sorpresa que a los pocos minutos nos estuvieran cogiendo por todos nuestros agujeros, haciéndonos más putas de lo que ya nos sentamos en ese momento. Me sentía como la más sucia de las putas al tener una verga en el culo, una en la concha, una en cada mano y otra en la boca; Stephanie estaba igual que yo, caliente y con todos sus agujeros ocupados.

Poco a poco nos hundíamos en el placer, lo único que pedíamos con Stephanie era que Pedro y Luis nos siguieran cogiendo. Otra vez en de rodillas en el piso del bar pero esta vez para recibir la descarga de semen abundante de varios machos calientes por dos putitas con cara de niñas buenas. Esos tibios chorros de semen caían desde mi cara, boca, tetas y corrían por mi cuerpo, se sentía delicioso, y demasiado morboso. Lo mismo le pasaba a mi amiga, al verla llena de semen sentí una exquisita puntada en la vagina y me acerqué para besar sus fecundados labios con lujuria. “¡Somos dos lindas putas Karla!” –me dice. “¡Lindas y calientes mi amor!” –le respondo. En medio de ese lujurioso beso, Pedro y Luis nos dicen: “¡Vámonos!”. Nos vestimos como pudimos, todavía teníamos semen pegado en nuestros cuerpos. Podía sentir las miradas calientes que nos daban, incluso que éramos putas en toda la expresión de la palabra; al punto de decir uno de esos hombres que estaría dispuesto a pagar lo que pidiéramos por pasar una noche con él. 

Salimos del bar para entrar a una camioneta Lincoln oscura, Pedro subió atrás conmigo, así que a Luis no le quedó más que conducir, mi amiga subió al frente con él. Por supuesto que había sido una total estupidez subir en un auto con dos desconocidos pero la calentura tomó control total en ambas. Mientras avanzábamos, Pedro metía sus dedos en mi concha, yo me retorcía de placer y gemía como poseída; me agarraba las tetas y le decía a Pedro: “¡Mira lo caliente que tienes a esta nenita puta papi!”. Estaba caliente por tener su verga otra vez entre las piernas, metiéndomela con fuerza y que me diga cosas sucias. “¡Qué ricas tetas tienes putita!” –me decía y pasaba lentamente su lengua por mis pezones que se ponían duros. “¡Ay papito, sí! ¡Son para ti hoy!” –le decía entre gemidos. Al mirar a los asientos delanteros escuchó a Stephanie con arcadas, iba chupando la verga de Luis como si fuera su último día de vida. Eso me motivó para chupársela a Pedro, me acomodé y la metí en mi boca. Ambos machos jadeaban de placer y nosotras nos atragantábamos con esas deliciosas erecciones. “¡Como la chupan estas putitas!” –dijo Luis desde el frente. ‘Se la tragan como si fuera paleta” –dice Pedro. Ambos empezaron a reír. El ambiente dentro del auto era una total perversión, ya que nuestras bocas seguían dominadas por esas ricas vergas que nos hacían alucinar.

Cuando estacionamos frente al hotel nos acomodamos la ropa con Stephanie lo mejor que pudimos. Entramos al hotel y subimos a la habitación, apenas la puerta se cerró empezó la perversión una vez más, ni siquiera vi detalles de la habitación en el momento, nos arrancamos la ropa prenda a prenda, dejándome solo en tanga y tacones, Pedro me llevó a la cama junto a un gran ventanal de cristal con salida a un balcón. Stephanie en la cama de al lado con Luis sobre de ella, Pedro se puso entre mis piernas para enfundar su hermosa verga en un condón. Se veía exquisita gorda y venosa, de un largo exquisito. Me arrastró al borde de la cama levantándome las piernas, las abrió todo lo que pudo, viendo mi vagina se lamió sus labios y tomó mis tobillos dejando estos en sus hombros, me frotó su verga en la concha y empujó con fuerza, mi cuerpo se arqueó, gocé como una verdadera adicta, era como si una jeringa con algún químico pinchara mis venas. Gemí fuerte apretándome las tetas, volvió a empujar y volví a gemir, rogué por más y me dio más, me dio como un animal salvaje, se notaba las ganas que tenía de coger. Me daba duro y continuo, era delicioso sentir como me llenaba a cada embestida, el morbo de estar siendo usada por un sujeto que apenas sabía su nombre, era un rico juego lleno de placer. Estar en la cama siendo cogida por un sujeto que fue por mi con el único objetivo de hacerme su puta. Ahora me tenía en su cama dándome toda su verga sin parar, el placer era demasiado, gemía como gata en celo, Stephanie en la cama de al lado disfrutaba lo mismo que yo siendo cogida con Luis en cuatro de forma maliciosa y caliente. Éramos un par de locas gritando y pidiendo verga a gritos. Esos dos hombres nos estaban reventando la concha a vergazos. ¡Mierda! Pedro bajó mis piernas abriéndolas como si fuera de plástico, para meterme su verga una vez más haciéndome delirar. “¡Que rica puta me encontré! ¿Cuánta hambre de verga tiene tu concha?” –me decía dándome rico hasta el fondo. “¡Muy hambrienta papacito!” –le dije. Pasé mis manos por su espalda y le clavé las uñas. “¡Me encanta tu verga!” –le decía entre gemidos. No sabía cuánto más iba a resistir.

Cada minuto que pasaba era como si fuera una eternidad, realmente estaba disfrutando de la mejor cogida que me hayan dado desde mi primera vez. “¡Que puta eres! ¿Te gusta duro perra?” –decía Pedro mientras mi concha era embestida hasta el éxtasis. “¡Sí, me encanta! ¡Dame papi! Dale duro! ¡No pares!” –le decía jadeando y gimiendo por el cúmulo de placer que le tenía casi al borde de la explosión. Los ojos se me pusieron blancos, explotando en un orgasmo salvaje. Pedro se levantó un poco apretando mis muslos para metérmela más rápido, mis gemidos resonaban de manera intensa y Pedro bufó delicioso. Sin perder tiempo me puso en cuatro para darme sin piedad. Me tomaba del pelo y me decía: “¡Muévete putita!”. Cuándo su verga llega al fondo de mi vagina me daba fuertes y sonoras nalgadas que me hacían estremecer. Hizo abrir más mis piernas y bajar hasta que mi pecho quedó contra el colchón mi culo levantado y mi cara aplastada contra la cama, sentí como uno de sus dedos entró en mi ano, grité y quise detenerlo pero me la metió tan ferozmente que no tuve oportunidad, mis gemidos ya eran alaridos, también escuché gritar a Stephanie pero no pude verla.

Pedro parecía no tener compasión de mi, su dedo bien adentro de mi ano y con la otra me tomaba por la cadera para arremeter duro contra mí, entraba hasta el fondo, rápido, duro y delicioso. Me fascinó tanto que sin darme aviso alguno me explotó el coño en un violento orgasmo, uno que el squirt parecía que no tendría fin o eso me pareció, porque perdí la noción del tiempo con ese placer. Me encantó tener su dedo en mi culo, me dejó caer en la cama y me dio una nalgada, sentí como me giro pero ya no era Pedro quien se metió entre mis piernas era Luis, que se masturbaba y sonreía de manera pervertida, mirándome la concha. “¡Ahora es mi turno de usarte putita!” –me dijo Luis. Reía de una manera tan burlona que fue humillante, pero me excité, abrí más las piernas me abrí la vagina con el dedo medio e índice y sonreí. “¡Úsame papito! ¡aún mi conchita de puta tiene hambre!” –le dije. Luis me la ensartó de golpe y se dejaba caer con fuerza dentro de mi, me apretó el cuello y me la metió sin piedad, se movía tan rico y con mi clítoris tan sensible los espasmos repetidos de placer me recorrían sin parar haciendo temblar mis piernas y jadear como perra.

Stephanie estaba siendo cogida por Pedro en la misma cama que yo. Estaba bien abierta rebotando sobre la verga de ese desconocido, mientras Luis me tenía a un lado cogiéndome con las piernas en sus hombros. Ambos nos cogían duro, nosotras gritábamos de placer, nos miramos y sonreímos en complicidad de lo rico que estaba siendo esta aventura, el placer brillaba en nuestros ojos. miró a Pedro y yo a Luis, estos se miraban entre sí también. “¡Que ricas putas! ¿No?” –le dijo Pedro a Luis, con todo el morbo y vulgaridad en la voz. “Están deliciosas y salieron gratis las perritas calientes” –respondió Luis. “Te lo dije, que llegaron buscando quien se las cogiera” –dice Pedro. Ambos se rieron al vernos abriendo la boca y gimiendo. “Les encanta la verga, míralas” –añadió Pedro. Eso habría sido totalmente humillante para cualquiera pero no para nosotras, pues ellos tenían toda la razón; nos encantaba la forma salvaje que nos cogían. “¡Si papi!” –gritamos al unísono. Tras eso, se volvieron locos. Nos cogieron violento y sin parar, pero Luis se salió de mi haciendo chocar su verga en mi vientre. Me puse en cuatro sin que me lo dijera, acarició mi culo y me ensartó la verga otra vez pero en mi agujero. “¡Ay, hijo de puta!” –le dije. Para él fue más un halago que cualquier cosa, ya que me embestía con fuerza. Pasó su mano por mi cuello y me la metía lento, disfrutando del como entraba en mi conchita y poniéndome más caliente, jadeaba y mis piernas temblaban sintiendo como resbalaba toda su verga se dentro de mí. Cruzamos las miradas con Stephanie y ella estaba en cuatro chupando la verga de Pedro. Conectamos miradas y gemimos suave, despacio; puse lo cara de puta más provocativa que podía.

Logré atraerlo a mi para que me siguiera empalando. Le dijo a Luis que era su turno de culearme y qué se entretuviera con la puta de mi amiga. Me llevó al otro extremo de la cama, cambió el su condón y me volvió a ensartar a cuatro patas, me tomó igual que Luis lo hacía antes, me tomó del cuello y pegó su pecho a mi espalda dejando sus labios en mi oído. “¡Quiero ser yo quien te exprima esa lechita papito!” –susurré entre jadeos y empujando mi culo hacía él. “¡Te voy a destrozar el culo putita! ¡Empínalo más!” –dijo él. Bajé mi pecho y mi culo quedó bien levantado y separé las piernas. Me la clavaba brutal y sin compasión, mi ano era invadido por la verga de un pervertido hombre mayor que recién había conocido. Sin piedad, estaba a su merced hasta que me llevó a otro orgasmo, entre alaridos de placer, me dio una nalgada tan fuerte que la nalga me quedo ardiendo. Se sacó el condon y se vacío afuera de mi culo, sentía su semen bajar hasta lo conchita quemando todo a su paso; oír su grave gemido fue delicioso. De verdad me dejó temblando, con las nalgas hinchadas de tantos azotes y el vagina palpitando tan rico que lleve mi mano para darme un poco más de placer. Me quedé abierta y con el culo levantado.

Al mirar a Stephanie vi cómo Luis le llenaba la boca de semen a mi y como se lo tragaba. Era toda una puta caliente jugando con esa leche que salía de la boca. Los dos hombres se quedaron mirándonos agarrándose la verga, eran verdaderos lobos hambrientos. Pedro me levantó de la cama solo para tomarme de la cintura, pude ver cómo Luis se llevó al baño a Stephanie, dejaron la puerta abierta y la caída del agua se comenzó a escuchar, Pedro me giró la cara hacía él y empezó a besarme apretándome las nalgas, metía su lengua a mi boca en un beso sucio y pervertido. “¡Aun te falta limpiarme la verga¡” –dijo jadeando. “¡Cómo tú órdenes papito!” –le respondí caliente. Me tomó del cabello para obligarme a arrodillarme. “¡Chupa puta!” –dijo. Eso me puso más caliente de inmediato y le agarré la verga aún dura para chupársela, me la tragué completa sin espera, mis arcadas me hacían expulsar espesa saliva y a él le arrancaba gemidos graves empujaba su pelvis y su verga me resbalaba completa por la garganta, mis ojos estaban acuosos por el esfuerzo pero mi concha estaba chorreando de hambre y deseo.

Stephanie en el baño empezó a gritar como una loca y Luis decía fuerte: “¡Cómo aprieta tu culo!”. Mi amiga descontrolada pedía más y más: “¡Rómpelo papito! Destroza el hoyo de esta putita!” –gritaba desesperada. Por nuestra parte Pedro y yo disfrutábamos a nuestra manera, pronto ya estaba sentado en una de las afelpada sillas al lado del gran ventanal, yo como una sanguijuela sin despegarme de su verga, se la chupaba siendo muy puta, pensaba que en cualquier momento acabaría en mi boca sin avisar, pero en lugar de eso mientras le chupaba las bolas se enfundó su rico tronco en un condón, me azotó su dureza en la cara y me empaló duro a cuatro patas en el piso mirando la ciudad por la noche. Me tenía bien empinada levantando el culo, yo estaba enloquecida rogando que me diera más duro. Dominada por ese desconocido, caliente y Stephanie también recibiendo verga por el culo era un escenario jamás pensado, pero era caliente y placentero. “¡Pensar que estábamos a punto de contratar putas! Ahora me estoy culeando a una zorra de menos de veinte” –decía Pedro mientras su verga entraba y salía de mi culo. “¡Te lo voy a dejar bien abierto, como la perra caliente que eres!” –añadió. “¡Sí, cariño déjalo abierto!” –le decía entre gemidos y alaridos. “¡Puta madre! ¡Qué rico culo tienes!” dijo muy fuerte. Ya era solo lujuria, Stephanie y yo llevábamos varias horas cogiendo y siempre queríamos más. No sabría decir si pusieron algo en nuestros tragos pero éramos perras en celo. Me embestía fuerte mientras podía escuchar los gritos de mi amiga en el baño recibiendo verga por su culo . Pedro estaba aferrado a los caderas y claro yo no podía parar de gritar que me rompiera el culo. “ ¡Qué rico gritas puta!” –me decía mientras me jalaba del pelo.

Ya no daba más, pero quería seguir cogiendo. Las piernas me temblaban, el sudor me corría por todos lados; tenía la boca seca y el corazón acelerado, casi no podía respirar pero me estaban dando tan rico que parar hubiera sido un crimen. “¡Que buena perra!” –me dijo. Sus frenéticas embestidas eran tan salvajes que si sentía el culo bien abierto. “¡Sigue papito! ¡Así bien rico y fuerte!” –le decía casi sin voz. “¡Estás bien mojadita y con el culito bien abierto!” –me dijo mientras me azotó una nalga. Sentía más la presión de su verga en mi culo y yo caía otra vez en las redes del orgasmo, ya no tenía noción de cuántos eran, solo sabía que me estaban dando como nunca antes. Sin sacármela, nos fuimos hasta la cama, me puso a montar su verga mientras él me apretaba las tetas. Ya no aguantaba, estaba al borde del colapso e iba a caer rendida pero la calentura podía más.

Pedro me tomaba como si fuese una simple muñeca de trapo; me golpeaba en las nalgas con fuerza y me clavaba sus dedos en la cadera, no soporté demasiado, de un segundo a otro estaba teniendo otro orgasmo. Mis ojos en blanco, mi cuerpo temblando y mi vagina palpitando de placer igual que mi culo. Mis fluidos chorreando sin parar. Sentía que me desmayaba. Pedro me tumbo en la cama y me aferré a las sábanas: mis manos tiraban estás con desesperación, soltaba alaridos que lastimaban mi garganta, quien fuera que pasará cerca de la puerta pensaría que estaban matando a alguien, temblé completamente de placer.vÉl bufaba, me puso de vientre en la cama y volvió por mi culo, empujando con toda su fuerza para alcanzar su clímax, entre roncos jadeos y apretando con mas fuerza adoloridas nalgas. Se quedó quieto apretando su pelvis a mis nalgas, moviendo en círculos su cadera, jadeábamos como animales, cuando salió de mi ano quedé flácida, sin moverme. Pedro se sentó al otro lado y hubo silencio entre nosotros por un largo minuto. Me fascinó ser usada por él, me dejó más que satisfecha.

Dentro del baño Stephanie y Luis hablaban pero no era entendible lo que decían, seguramente como nosotros ya habían terminado. Le había entregado el culo a un desconocido y me lo había reventado delicioso, quizás habría querido que fuese mi profesor o quizás mi tío en su despedida de soltero, pero ya estaba bien calienta y me urgía una verga en el culo. ‘¡Qué bien la pasé! Fue buena idea ir por ustedes” –dijo Pedro hablando tranquilo pero aún con ese tono agitado, me jalo hacia el y me acariciaba las nalgas con una sola mano. “¡Nada como terminar rompiendo un culito adolescente!” –añadió. “¡Me encantó! Lo volvería a hacer sin duda alguna” –le respondí. Aun podía sentir mi culo palpitar, adolorido y abierto, pero el placer me fue más adictivo. “¡Cuando quieras me llamas para hacerte mi puta!” –me dijo. “¡Cuando lo necesites papi!” –le contesté. Mi amiga salió del baño con Luis y él dijo: “Parece que falta algo”. Pedro lo miró con una malvada sonrisa y dijo: “Tienes razón”. Nos ordenaron ponernos de rodillas y nos mearon la cara y las tetas. “Ya están limpias, pueden vestirse” –dijo Luis. Con Stephanie disfrutamos esa caliente ducha de orina, incluso la bebíamos como putas.

Pidieron un taxi para nosotras, salimos de aquella habitación de hotel con una sonrisa de oreja a oreja, decididas a hacer estás salidas de vez en cuando, por supuesto manteniéndolo en secreto, este juego nos atrapó por completo. Esa era la madrugada y Stephanie se quedó en mi casa, nos contamos nuestra experiencia desde la perspectiva de cada una. Además, de que Luis también intercambió número de celular con ella, definitivamente el sexo con maduritos es delicioso. Escuchar de nuestras propias bocas nos puso calientes y terminamos cogiendo bien rico, no era la primera vez pero está vez estábamos calientes por dos hombres desconocidos que nos hicieron sentir las putas más sucias de Santiago. Tanto así que recibíamos llamadas para agendar citas porque Pedro y Luis nos habían recomendado como putas a sus amigos.

Éramos las cómplices perfectas. Habíamos conseguido un lugar para disfrutar con maduritos pervertidos, qué nos pagaban por coger con nosotras diciendo el nombre de sus hijas o sobrinas. Las visitas al bar ya están todos los viernes, después a diario, ya que terminamos siendo putas y nos pagaban muy bien, pero la condición siempre fue: “Las dos o ninguna”.



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