sábado, 13 de septiembre de 2025

129. Mientras mis amigos miran

 

Nunca creí que me podría llegar a pasar algo así, incluso me dio mucha vergüenza en su momento, pero luego de un tiempo de terapia; tanto con una psicóloga, como con amigas y otras mujeres desconocidas, entendí definitivamente que son cosas que pasan, no a todas, pero pasan, no soy la única.

Esto que les voy a contar nos pasó hace un año aproximadamente, cuando estábamos viviendo en Curicó, en la Región del Maule, en Chile. Llevamos unos 10 años de casados, entre idas y vueltas, se puede decir que en general, nuestro matrimonio es bueno. Como todas las parejas, tenemos nuestras peleas, pero sobre todo son por cosas insignificantes casi siempre.

Antes que nada, les cuento como somos. Mi esposo es un tipo no muy alto, mide 1.70m y es algo rellenito, tiene 35 años, no muy atractivo. Yo soy una mujer rellenita también, de 1.60m, tengo buenas tetas, me gusta irlas mostrando por ahí, así que uso escotes, no me gusta esconderlas, ya que son una delicia para quienes se quedan como tontos mirándome en la calle. También tengo un culo redondo que atrapa miradas al usar jeans, a mi esposo no le molesta, aunque sabe que soy del gusto de muchos siempre dice que él es quien me coge y duerme en nuestra cama. Tengo 32 años y una sonrisa grande, que según me dicen siempre, es hermosa, siempre me la halagan, siempre me lo dicen, y lo que no me lo dicen, pero yo se que me las halagan son las tetas que tengo.

Una noche, nos juntábamos a cenar en casa con unos vecinos, que nos conocemos hace muchos años ya y se puede decir que somos buenos amigos. La junta comenzó a la tarde, con vino y una tabla de salames, quesos, etc. Ninguna de las dos parejas tenemos  hijos, lo que facilita las salidas o las juntas hasta tarde. Llegada la noche, nosotras estábamos algo “alegres” ya, pero los hombres estaban bastante tomados ya, muy pasados de alcohol. En un momento de la noche, las charlas habían subido de tono, como siempre que nos juntábamos y comenzamos a hablar de sexo. Que cuánto era el récord de cada pareja, que si lo habíamos hecho o no en lugares públicos, que si alguna vez habíamos hecho un trio, intercambios de parejas, etc. Mi esposo cuando toma se pone insoportable, habla y habla, siempre 1uiere tener la razón en todo, calculo que como todos los hombres, aunque no lo sé realmente, pero me imagino que así debe ser con todos cuando toman de más.

En ese momento de la noche, mientras hablábamos de sexo, vino nuestro perro, no es de raza, pero es parecido a un pastor alemán pero con mezcla de dóberman y comenzó a cogerme la pierna, siempre hace eso conmigo cuando está en celo, a veces también con algunos invitados, no con todos, pero esta vez me tocó a mí. Me lo saqué un par de veces de encima, hasta que a mi esposo se le ocurrió la brillante idea de decirme: “Seguramente mi amor el perro debe estar olfateando tu calentura, por eso te quiere coger”. “¡Eres un desubicado!” –le dije. Ni siquiera me escuchó y junto con nuestro amigo siguieron diciendo que el perro estaba caliente por mi culpa, porque olfateaba que yo también estaba caliente. Les decía que no era así, incluso buscaba complicidad en mi amiga, la miraba para que me defienda también, grande fue mi sorpresa cuando ella dijo que mi esposo tenía razón, que seguramente de tanto hablar de sexo, yo me habría mojado y el perro lo detectó y se calentó conmigo.

No lo podía creer, de repente lo que parecía ser una discusión de dos contra dos, pasó a ser de tres contra uno, yo llevaba todas las de perder. Así que decidí aceptar mi derrota, para no alargar más de lo necesario esta discusión dije: “Bueno, tienen razón. Me descubrieron. ¿Están contentos?”. Los tres comenzaron a reírse y hacían bromas al respecto. Hasta ahí estaba todo bien, hasta que otra vez nuestro perro comenzó a cogerme la pierna, entonces mi marido me dijo: “Eres una mala dueña, ya que hiciste que el perro se calentara así, debes ayudarlo a que se descargue para que se le pase la calentura”. Eso realmente me dejó helada, ya que nunca imaginé que mi propio marido me diría algo así y menos frente a mis amigos, pero como todo lo que sale mal, nunca termina ahí; mi marido se encargó de recordarme, también frente a ellos, una vez que yo le había dicho que me calentaba ver a la velocidad que cogían los perros, incluso la verga de algunos que era muy grande. Mi cara se transformó en ese momento, me puse muy pero muy colorada, un poco de vergüenza, pero yo creo que más de rabia, porque él acababa de contar algo muy íntimo mío, que lo había compartido con él solamente.

Aun no sé bien que fue, creo que por un lado la furia que tenía por lo que mi marido me había dicho y por otro lado el alcohol, la cuestión es que le dije que los perros la tenían mas grande que él, incluso seguramente cogerían mejor que él. Se produjo un silencio incómodo, y mi marido se sintió muy ofendido por mis palabras, así que se acercó a mí y me dijo: “Seguramente tienes razón, pero solo hay una forma de averiguarlo”. Se acercó y me arrancó la blusa, dejándome en Brasier. Hasta ahí pensé que el juego había terminado pero él no jugaba, sus intenciones eran otras. Me quitó el brasier, dejando mis tetas expuestas a la vista de nuestros amigos. Me apretaba los pezones con fuerza; no puedo negar que me encanta hacerlo cuando me masturbo pero que él lo hiciera no sé si me provocaba placer o dolor pero era una sensación que hacía palpitar mi vagina. Me levantó la falda y de un tirón rompió mi tanga. “Ahora veremos porque se calentó el perro” –me dijo. Fue todo tan rápido que yo no conseguía defenderme, siempre que intentaba cubrirme, él me quitaba las manos, siempre iba un paso adelante y yo no llegaba a cubrirme por completo. Me agarró de un brazo y me obligó a ponerme en cuatro en el piso, yo estaba casi desnuda, solo tenía puesta mi falda aun. Me la arrancó también, dejándome totalmente desnuda delante de nuestros amigos, a excepción de las botas que llevaba puestas. Llamó al perro y lo puso detrás de mí como para que me coja, pero por la situación creo que fue, nuestro perro no hizo nada, solo se quedó ahí parado sin saber qué hacer en ese momento al igual que yo. Mis amigos, en cambio no reaccionaron así, sino que ambos parecían apoyar a mi marido, ya que ambos decían cosas como: “Vamos a ver si te gusta más la verga de tu esposo o la de tu perro”. “Qué morboso se puso esto” –y cosas así.

En ese momento mi esposo me metió la mano en mi vagina y pudo constatar que la tenía bastante mojada, él decía que fue por la situación, pero yo sabía que fue por las cosas que habíamos hablado antes, pero poco importaba lo que yo pensaba, ya que mi esposo seguía diciéndome que estaba mojada de la calentura de recibir la verga de mi perro. Grande fue mi sorpresa cuando sentí al perro que comenzaba a lamerme la vagina, me la lamía una y otra vez, debo admitir que eso me estaba gustando, a pesar de la situación en la que estaba, yo misma no podía salir de mi asombro al sentir unas oleadas de placer al sentir su lengua en mi conchita. Estaba muy metida en mis pensamientos, sintiendo como me lamía la vagina mi perro, mientras estaba desnuda y en cuatro patas frente a mis amigos, cuando sentí el peso del perro sobre mi espalda. Era un hecho que esa noche yo iba a saber lo que se sentía ser cogida por un perro. Lo bueno era que no me la podía ensartar, yo me daba cuenta de que por más que se esforzaba no llegaba, hasta que sentí las manos de mi marido y las de su amigo, entonces entendí que en ese momento sería la penetración. Mi marido guiaba verga del perro hasta la puerta de mi vagina, en ese momento el perro comenzó a moverse rápido hasta que sentí como la puntita de su verga encontró finalmente la entrada de mi conchita, ahí se enloqueció y se movía más, y más rápido, hasta que consiguió penetrarme.

Yo pensaba que por suerte, este perro no la tenía tan grande como otros que había visto, pero me equivoqué, ya que comencé a sentirla cada vez más y más grande; llegó un momento que me llenaba por completo, me encantaba la sensación de sentir semejante verga adentro y más a la velocidad que me estaba cogiendo. En un momento me sentí muy sola con el perro, así que miré sobre mi hombro para ver a donde estaban los demás y debo admitir que grande fue mi sorpresa al ver a mi esposo y nuestro amigo, ambos con sus vergas afuera, masturbándose mientras me miraban. Mi amiga estaba más atrás, pero en la misma situación, tenía su mano adentro del pantalón y se estaba masturbando de lo lindo, tenía los ojos cerrados justo cuando la miré y una cara de placer tremenda. Por otro lado, los hombres seguían masturbándose mientras miraban como mi perro me cogía. Al estar en esa posición también me di cuenta de la calentura de mis acompañantes, tanto que mi amiga estaba chupando la verga de los dos, y se las comía con toda la perversión que pudiera tener una mujer, eso me calentaba mucho más. El perro me la seguía metiendo y debo admitir que cada vez lo hacía mejor, ya que además de sentirme llena de verga, comencé a sentir como me metía su famosa bola, esa que está atrás de su verga y eso fue lo que me hizo dejar de mirarlos y concentrarme en que no debía dejar que entre en mí, pero ya era tarde, me tenía ensartada hasta el fondo verga y bola, yo no daba más de la calentura, solo gemía como una posesa y disfrutaba de la fuerza del animal. Entonces comencé a sentir como me llenaba de seme, lo sentía caliente, chorro tras chorro, como me iba inundando por dentro; para ser sincera, acababa por lo menos cinco veces más cantidad que mi esposo. De repente se detuvo, se quedó quieto, incluso dejo de llenarme de seme, bajó sus patas de mi espalda y se quedó a la par mío, pero aun seguíamos unidos por su asombrosa verga, pasé una mano por abajo para tocarme la conchita, sentía que seguía llena, llena de verga y de semen, podía sentir su verga dentro, pero tocándola desde afuera, así de grande era y eso me volvía muy loca, tal es así que comencé a acariciarme el clítoris cada vez más rápido, hasta sentir como yo también llegaba al orgasmo. Fue algo totalmente distinto el orgasmo que sentí, no lo podría comparar con ningún otro que jamás haya tenido antes, era una sensación rara pero placentera a la vez, sentirme llena de verga, completamente llena, pero no era un hombre el que me estaba cogiendo, era raro. Sentí que se salió de adentro mío y pude ver el tamaño de su verga. “¡Papito!” –le dije, mientras sentía mucho, pero mucho semen bajando por mis piernas, era un charco el que había abajo ya, mientras el perro se lamía esa hermosa y enorme verga, yo me tocaba la vagina para constatar de que todo estaba bien, ya que estaba muy mojada por su semen, pero sobre todo muy pero muy dilatada, me la había dejado abierta, demasiado.

Para ese entonces, los dos hombres, mi esposo y nuestro amigo le estaban llenando la boca de semen a mi amiga, ella lo disfrutaba y degustaba con lujuria. Mi amiga seguía sentada, se lamia los labios disfrutando del semen de los hombres, ella me miraba a mí y a mi perro. Me levanté en silencio y me fui directo al baño, para darme una ducha. Logré escuchar que ellos hablaban, pero no llegué a entender que decían. Después de ducharme, fui al patio y vi a mi amiga que estaba en cuatro en el piso siendo cogida por mi perro, imagino que quiso vivir la misma experiencia que yo guiada por la calentura. Me quedé observando entre las sombras, no quería arruinarle el momento, sino que fuera igual de perra como yo cogiendo con un animal caliente y con deliciosa verga. Me calentó tanto que me masturbé como una loca sin perder detalle, hasta que conseguí un delicioso orgasmo. Después de ser cogida tan deliciosamente como yo. Después de arreglarse la ropa se despidieron de mi esposo, yo me metí al baño otra vez, para seguir jugando con mi clítoris, la calentura se había apoderado de cada poro de mí ser. Al salir mi marido estaba tirado en la cama, durmiendo y roncando como suele hacerlo. Yo me acosté a su lado, no sin antes acariciar y agradecerle a mi perro por la fabulosa noche de sexo que me había regalado.

Tardé unos minutos en dormirme, mi cabeza no dejaba de pensar y recordar todo lo sucedido esa noche. Fue algo raro, que comenzó como algo horrible y sin embargo terminó como algo que yo afirmaría que fue hermoso. Terminé descubriendo por pura casualidad un amante extraordinario en mi casa, que nunca me dice que no cuando me pongo en cuatro, que jamás se queja de nada y que tiene una verga hermosa y grande, ¡que la sabe usar muy bien! 

 

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