Me había comprado una botella de Martini y me preparé un traguito antes de dormir, me fui a ver la TV, era el horario de los noticieros de la nueve de la noche, me senté y al poco rato Ralph regresó y se echó a mis pies tranquilamente, como si supiera que la patrona en este momento era yo y me dio un poco más de seguridad, ya que la imponente prestancia del animal me causaba inconscientemente un poco de temor. Soy de constitución física relativamente pequeña, mido 1.58 y peso 51 kilos, pero tengo muchas energías y soy muy activa, viendo las noticias estaban cubriendo el festival de la canción de Viña del Mar y los artistas invitados, soy fanática de Ricky Martin y generalmente es mi fetiche de masturbación, aunque sea abiertamente gay, lo estaban entrevistando y mi vagina se comenzó a humedecer con solo verlo ahí en la pantalla. Decidí que era una buena ocasión para divertirme con mis juguetitos, así que me levanté y fui a buscar mí consolador más grande, volví y me senté en el diván, me saqué mis calzoncitos y los dejé a un lado, en el apoya brazo del sillón, abrí mis muslos y comencé a pasar la punta de mi juguete de abajo hacia arriba por la juntura de mis apretados labios vaginales, suspiré y gemí sintiendo la vibración y el ronroneo suave del grueso dildo rojo, poco a poco mi sangre comenzó a fluir con mayor rapidez, mi corazón aumentó su latir y sentí en mi interior un hervidero que agitaba una masa de sentimientos algo caóticos que iban desde mi habitual sentir de perversidad y calentura a ese sentir de vergüenza por cometer estos actos de lujuria descontrolada que me provocaban esos maravillosos orgasmos, haciendo que repitiera la situación placentera una y otra vez.
De repente, se fue el volumen de la TV, abrí los ojos y me encontré en un cuarto completamente oscuro, estábamos sin electricidad, afuera se había desatado un temporal y los truenos eran ensordecedores junto con relámpagos que alumbraban las penumbras de la densa noche, me asusté al sentirme sola en esta boca de lobo oscura que no se veía absolutamente nada, encendí mi celular y me fijé en la carga, solo un 15 por ciento, lo apagué rápidamente para no quedar incomunicada, sola y a oscuras. Sentí un ruido y me di cuenta qué no estaba sola, Ralph estaba conmigo y me sentí más tranquila al tener la seguridad de ser protegida por este noble perro, mi consolador que continuaba a ronronear lo apagué y decidí irme a la cama, no sabía si la tía tenía velas o alguna linterna o cualquier tipo de luz de emergencia, no había tenido tiempo de haber controlado las cosas que mi tía tenía para sobrellevar estas emergencias, completamente a oscuras, chocando con algunos muebles en el camino, me dirigí hacía el dormitorio, me pegué un fuerte golpe en mi rodilla y me detuve a despotricar, encendiendo mi celular y me percaté que Ralph venía detrás de mí y que traía en su hocico mis calzones, rápidamente me encaminé al dormitorio y apagué el teléfono para evitar el alto consumo de la linterna. Abrí las cubiertas del lecho y me metí entre las sabanas, Ralph también subió a la cama, pero no me preocupaba porque yo estaba bajo las cubiertas de la cama, comencé a buscar su cabeza para quitarle mis calzones del hocico, pero toqué algo liso y mojado, inmediatamente quité mi mano, le había tocado la verga, seguí en la dirección opuesta y efectivamente él conservaba mis calzones firmemente entre sus dientes, los tiré pero él no los soltó, no me preocupé y se los dejé, lo que me había llamado la atención era su verga, en la oscuridad me parecía de estar con un ser hibrido, me recordaba de haberlo visto el año pasado cuando él se la limpiaba y me había parecido vistosa y gruesecita.
Volví a mover mi mano por su pelaje y toqué otra vez ese pedazo de carne caliente que emergía desde una funda peluda, más abajo estaban sus enormes testículos, lo empecé a pajear, mi pequeño cuerpo adolescente estaba encendido, casi suplicando de ser utilizado para el placer de una verga, pero no estaba convencida si era de ese tipo o humana, esta era mi primera vez con un perro y aun cuando había leído al respecto, me resultaba difícil dar el paso hacia una nueva dimensión sexual, la zoofilia. Ralph estaba muy tranquilo echado en la cama dejándome que le acaricie su verga, pero no soltaba los calzones que tenía en su hocico, eran como su trofeo, pensé que tendría que desechar esos calzones porque los está mordiendo, destrozándolos. Me calentaba sentir una verga en mis manos, en la oscuridad ni siquiera me parecía que era de un perro, era la verga de una criatura viviente como yo, no me imaginaba que pudiese haber algo de malo en tenerla gruesa y húmeda de un ser que comparte la cama conmigo jugando entre mis manos, sintiendo ese líquido que se escurre y moja mis dedos. “¿Qué tiene de malo sentir eso?” –pensaba. Este ser que ahora dependía de mí, tenía que alimentarlo, cuidarlo, satisfacer sus necesidades, tengo que asearlo, es como tener un bebé, Ralph era mi bebé, mientras jugaba con su verga, mis muslos se humedecían con los fluidos que emanaban de mi vagina. Me estaba acostumbrando a acariciar a este peludo bebé con una verga muy grande, me gustaba sentir su piel suave al tacto de mis dedos, me desnudé completa y sentí que Ralph se había levantado y ahora sentía su fría nariz y su hocico justo en medio a mi ingle, casi en contacto con mi vagina, recibí una sacudida, como una descarga eléctrica cuando su lengua tocó los labios de mi concha, me atemoricé un poco sintiéndome indefensa de que él tuviera acceso a mi intimidad secreta, con la potencia y su fuerza podría cogerme contra mi voluntad.
Me mantuve con mis muslos bien cerrados, sintiendo la gruesa cabeza de Ralph que continuaba buscando mi entrepierna para lamerla, estaba sintiendo una dulce calentura y excitación que poco a poco me hacían separar mis rodillas y comencé a sentir su respiración muy cerca de mi sensible fisura. En la oscuridad no me daba cuenta real del tamaño del animal, acaricié su enorme cabeza y le rasqué las orejas, una de sus patas estaba cerca de mi muslo y la tomé, la sentí más gruesa que mi brazo, recién estaba percibiendo la contextura física de este animal que me resultaba mucho más grande que yo y mucho más pesado también, con poderosísimos músculos. Lentamente, a pesar de mi temor, abría mis piernas haciéndole más espacio, permitiéndole el roce de su órgano lingual con la hendidura de mi vagina, mi cabeza estaba colmada de pensamientos lascivos y picaros, sintiendo que Ralph aplicaba más fuerzas a sus empujones, llegando a separar mis apretados labios vaginales y accediendo a la humedad de mi femineidad “¡oh, que malo eres perrito! ¡No es justo que metas tu lengua ahí! Sabes que me gusta demasiado, ¿acaso quieres que sea una mala chica? ¿Me quieres putita, perro malo? –le decía. Improvisamente, me di cuenta de estar hablándole a un animal que no me podía responder, pero su mágica lengua estaba explícitamente haciéndome saber sus pícaras intenciones, sin siquiera una chispa de luz, la situación era bien abstracta, todo lo imaginaba en mi mente y trataba de percibirlo con el tacto de mis extremidades, la oscuridad era total, pero la situación se iba sobre calentando poco a poco.
Me estaba lamiendo hábilmente, dándome un fuerte cosquilleo de placer que mi vagina entera se encendió y mi cuerpo se llenó de un fuego de ardientes deseos, gimiendo por una verga de macho, en esta oscura dimensión, Ralph tenía justo lo que yo necesitaba, ya lo había tenido en mis manos y ahora mi concha entera estaba sintiendo hambre por ser cogida y sentirla entera, quería esos centímetros de perro perforándome toda y dándome toda esa leche caliente, esperaba que me considerara una perra en celo y caliente por tener su verga disparando chorros de semen en mi concha. Él continuó moviendo de su larga y húmeda lengua, seguía insuflando calor a mis venas, debido a la maestría con que él me lamía, pensé que quizás él lograba verme con sus sentidos más sensibles y desarrollados que los míos, desde ese punto de vista la única que estaba en oscuridad era yo, él tenía una ventaja sobre mí. “¿Sí me pongo en cuatro me verá?” –pensé. Sin dudarlo, completamente desnuda como estaba, me puse de rodillas y con mis codos sobre las sabanas como una perra sumisa que le ofrece su concha caliente al macho. ¡Oh, Dios mío! ¡Sí, perrito, justo así papito! ¡Lame mi conchita! Ah, qué rico!” –le decía. Ralph se había ubicado justo detrás de mí y con su lengua juguetona me lamía las nalgas, mi culito y mí vagina en ebullición. En ese mundo tenebroso y sin luz, un fogonazo iluminó mi cerebro enviando fulmines de ondas espasmódicas de un orgasmo múltiple por todo mi cuerpo, jamás me había acabado así en mi vida, era una agonía sin fin, todo mi ser había estallado en miles emociones, mis jadeos entrecortaban mis quejidos, gemidos y chillidos. Abrí bien mis rodillas buscando un apoyo y no ser arrastrada por el torbellino de temblorcillos que me sacudían de pies a cabeza. Él continuaba lamiendo mi concha y mi trasero que se contraían con fuerza, pero sentí una de sus patas tratando de apoyarse en mi espalda, yo todavía estaba meneando y sacudiendo mi trasero en modo seductor, al parecer él quería montarme, él quería hacerme su perra y yo estaba más que dispuesta a serlo, después de ese esplendido orgasmo, lo deseaba dentro de mí, quizás si será cierto eso de que te quedas pegada al perro si te coges con él, eran interrogantes que pasaban por mí cabeza, pero lo quería experimentar sin más ni más.
Me daba un poco de temor dejar que me penetrara este animal enorme y que me hiciera su perra, que me metiera su verga y ya no pudiese despegarme de él, pero mi calentura era mucho más que mi temor, quería sentir esos fluidos llenando mi vientre y mi sexo igual que una perrita, este animal que era para mi protección se transformará en mi amante carnal, me gustaba sentir la dureza y tamaño de su pene, su olor, su textura en mis manos, nada de ese miembro canino me desagradaba, por el contrario, tenía tantas ganas de descubrir las nuevas sensaciones que pudiese provocarme ensanchando mi apretada vagina, sintiendo su fuerza extraordinaria violar mi intimidad con sus increíbles energías y su poderosa potencia. El cuarto sin siquiera una tenue luz, estábamos en esta oscuridad total, yo tratando de imaginar donde estaba y sintiendo lo que me estaba haciendo, pero no lograba ver nada, estiraba mis manos y sentía su pelaje, la única sensación real era su lengua que continuaba a lamer mi concha, había un fuerte olor a sexo dentro del cuarto, olor que me excitaba y me hacía buscar la verga del perro, no sabía cómo hacer para que me montara, quería que lo hiciera, pero él estaba fascinado con los fluidos que salían de mi concha y estaba empeñado en saborear la mayor cantidad de ellos. La verga de Ralph estaba tiesa, mojada y casi toda afuera de su peluda funda, mis dedos los recorrían de adelante hacía atrás y se sentía muy caliente, mi conchita estaba bañada y deseosa de atraparlo en el interior, ya no aguantaba más, mi vagina era un nido de fuego y el único modo de controlar ese incendio abrasador, era con ese verga erguida y sólida, mis ojos estaban abiertos pero con la total oscuridad reinante no me servían de mucho ya que nada era distinguible en esa penumbra extrema, mi lujuria me tenía respirando con jadeos y emitiendo y gemidos con la lengua que estimulaba mi concha sin cesar, sobajeaba mis tetas y pellizcaba mis duros pezones tratando de encontrar un alivio a mis lascivas sensaciones, estaba bramando por sentirme penetrada.
Mi vagina depilada estaba empapada y prácticamente goteando con mis deseos de verga, Ralph recorría mi fisura vaginal separando mis labios calientes, llegando prácticamente el orificio de mi culo y lo volvía a repetir una y mil veces. Estaba atenta a los movimientos del perro porque sus movimientos me hacían presagiar que intentaría montarme de un momento a otro y no quería que se equivocara y me la metía por el culo, la quería en mi concha y nada mas que ahí. Lo sentí jadear cerca de mi cabeza y supe que al fin me montaría, lo hizo suavemente como si supiese que era mi primera vez con un perro. Hábilmente su verga se deslizó dentro de mi concha, unos escalofríos recorrieron mi cuerpo y varios gritos salieron de mi boca, me mordí el labio inferior, estaba dispuesta a soportar cualquier cosa con el fin de que él me hiciera su perrita, estaba balbuceando inentendibles vocablos que ni siquiera un ser humano hubiese sido capaz de entenderme, pero al parecer mi amante sí, porque me empezó a coger con suavidad y aumentó su velocidad paulatinamente, sin prosa, él también quería gozar mi estrecha concha. Mi vagina se bañaba con los calientes fluidos de Ralph, sentía como su saliva caía en mi cuello, sentí sus dientes en el lóbulo izquierdo y casi me vuelvo loca, no lo podía creer estaba siendo cogida por ese perro, porque no lo estaba haciendo con furia y rapidez, o hacía dulcemente, cerré los ojos y me dispuse a gozar mi primera cogida animal, me encantaba y con esa enorme verga llenando mi vagina como nunca nadie lo había hecho, me gustaba, estaba en el infierno del placer. Mi concha ardía de pasión, en esta oscuridad total me parecía estar ciega, así que el resto de mis sentidos trataban de recolectar información respecto a lo que me estaba sucediendo, sentía el tamaño, la forma y la textura de la verga en mi interior, la fricción era hechizante, me embrujaban todas esas sensaciones exquisitas, de pronto Ralph me tomó con mucha fuerza y me tiró de las caderas hacía atrás, grité cuando sentí que su verga avanzaba más profundamente en mi vagina, los pelos de mi cuello se erizaron y con un angustioso y sorpresivo grito, acabé con guturales gruñidos, no podía controlar esta sensación que me sobrepasaba, me tomé mis piernas con ambas manos para ver si podía parar el temblor que las sacudía, pero era imposible. También mis nalgas temblaban incontrolablemente, mis senos y mis pezones, todo mi cuerpo se estremecía, es como si se hubiese encendido un reguero de pólvora y la llama recorriese todo mi cuerpo, llegando a mi cerebro; hubo una explosión que se me nubló todo, esos hormigueos y escalofríos se transformaron en nuevos estímulos extraordinariamente indescriptibles.
El peso del pastor alemán me tenía bajo su control, mi diminuta estructura física personal era demasiado irrelevante como para constituir un contra peso a la fuerza de este poderoso animal, lo único que podía hacer era colaborar a la penetración y empujar mi trasero hacía atrás y hacía arriba, lo hacía repetidamente para gozar a concho todas esas sensaciones esplendidas. “¡Sí, Ralph! ¡Qué rico me la metes querido! ¡Dale toda esa verga a mami! ¡No te detengas, cógeme como una perrita que quiere complacerte! –le decía. Sabía que no me entendía, pero era tanta mi locura carnal por él, que le expresaba mi sentir, un sentir que venía de interior en esa oscuridad total, era como su una demencial lujuria se apoderaba de mí. Si bien es cierto no era la forma de comunicarse con un ser de otra especie, en otro momento se podría considerar hasta bochornoso el someterse a la voluntad y concupiscencia de un animal, pero coger con esta bestia, automáticamente me situaba a su nivel, era una hembra culeada por un macho físicamente superior y él me tenía bajo su dominio, ensartada en su sexo, haciéndome suya, tomando ascendencia sobre mi persona, él me poseía y me tenía cautiva violentándome con su avasalladora fuerza y potencia, yo se lo permitía porque me había entregado a él y a su magnífica verga que me enardecía de deseos de ser sometida y cogida por mi macho, no era una aventura amorosa, era pura lujuria animal que me apasionaba y subyugaba. Como si lo supiera, Ralph comenzó a follarme con fuerzas y energías renovadas, él quería inundar mi concha con su esperma caliente, si yo empujo más fuerte y rapidito, él acabará dentro de mí y me hará sentir su semen candente, como hembra quería que él me llenara con sus fluidos, sentí los latidos de su verga y también la temperatura de su líquido que se derramaba en los recovecos de mi sexo desbordando todos mis rincones y sometiendo a presión mi vagina que se esforzaba por contener la cantidad abismal de su semen hirviente, como complaciendo a su perra humana, el insinuó algunos embates que me hicieron chillar, como si su leche me quemara por dentro con una lujuria desenfrenada, mi sexo se contraía en un salvaje orgasmo, la oscuridad nos rodeaba, yo sentía solo su sexo y el mío que se solazaban en espasmos orgásmicos.
Trataba frenéticamente de aferrarme a las sabanas de la cama para no precipitarme en ese abismo de voluptuosidad e impúdicos placeres que Ralph me hacía sentir, como era posible que un perro fuese capaz de darme tantas sensaciones obscenas, pero al mismo tiempo dejarme con efectos secundarios de culpabilidad e inmoralidad, si nadie lo sabe, nadie me puede apuntar con el dedo, este será mi secreto, el goce que yo obtengo de este ser peludo, amable, cariñoso, leal, noble y exquisito amante, será solo mío así como yo seré de él, seré su perra todas las veces que quiera. En esta total oscuridad me había dejado coger por Ralph, estaba anudada a él, mi sexo tenía aprisionada su grandiosa verga, pacientemente debía esperar a que su verga y su bola disminuyeran de tamaño, mil cosas atravesaron por mi mente, pero también un par de bienvenidos orgasmos que él me provocaba solo con moverse un poco era tal la fricción que su verga incrustada en mi concha, que cuando él se giró y quedamos culo con culo, también me provocó otro orgasmo bestial. Tenía un sentimiento de agradecimiento hacía este perro, porque me había hecho su perrita human y me regaló miles de sensaciones nuevas. Mientras pensaba en todo esto en la oscuridad de la habitación, me dormí colgando de su verga. No sé cuento tiempo estuve dormida, sentía solo que Ralph me empujaba con su hocico, como una sumisa perrita sin siquiera pensarlo, tomé la posición sobre mis manos y rodillas, sentí su lengua separando los labios hinchados de mi vagina. “¡Oh, perrito! ¿Me quieres coger otra vez? “´¿Te gustó mi conchita estrecha!? ¡Espera amorcito que me acomodo para ti!” –le decía caliente y deseosa por usada una vez más. Ya me parecía una locura, al hablarle sabía que él entendía mis palabras.
Ralph era atraído por el olor de mi intima femineidad, quizás para él era una perra en celo, me lamió mi ano y la vagina que todavía goteaba su semen, su larga lengua se insertó en mi concha empapada y una dulce sensación recorrió toda mi espina, me hizo estremecer en un mini orgasmo maravilloso y placentero, él siguió lamiéndome, golpeando hábilmente mi clítoris, el cual comenzó a erguirse a enfrentar esa lengua avasalladora, me causaba un inmenso deleite, él se bebía hasta la última gota de mis fluidos de perra en celo tratando de aplacar su sedienta boca “¡Oh qué buen perrito eres! ¡Sabes donde a mami le gusta ¿verdad? eres tan rico para lamer la concha de mami! … ¡Sí, cariño; dame toda esa lengua!” –le decía. Él no se cansaba de lengüetear mi vagina; coloqué mis manos sobre mis nalgas y las abrí para que pudiera deleitarse como el macho impetuoso que es, en verdad le pertenecía con cada ápice de mi candente ser. Me hizo acabar una vez más con esa lengua que invadía mi concha una y otra vez, con mis dedos busqué una almohada y enterré mi rostro en ella para gritar mi lujuria, el cosquilleo de mi orgasmo recorría todo mi cuerpo, sin poder contener los espasmos, me oriné, primera vez en mi vida que me sucedía algo así y no me sentía sucia ni nada, sentía solo dicha y satisfacción, me sentía contenta de lo que mi cuerpo y mente sentían, mi sensación de culpabilidad y vergüenza habían desaparecido, nunca más dejaré espacio para esas emociones negativas, soy una mujer que goza y nada más me importa. Su largo y grueso pelaje estimulaba mi piel desnuda, otra vez sentí el peso de Ralph en mi espalda, levanté mis caderas y bajé mis hombros, lo sentí deslizarse dentro de mí, pero esta vez el me agarró con mucha fuerza y me plantó su verga dentro de mi concha con un fuerte golpe que me hizo chillar, su gruesa bola presionó el boquete de mi vagina y esta lo absorbió como dándole refugio a un fugitivo, ahora sentía sus patas delanteras enredadas en mis caderas que me tironeaban hacía atrás penetrándome con fuerza inaudita, mi vagina resistía la violencia de la penetración y se ensanchaba para acoger con un apriete de bienvenida a tan apetecido visitante, mi cuerpo sabía de lo que era capaz este huésped y lo envolvía cálidamente con mi vagina caliente.
La noche oscura no me dejaba deleitarme con visiones de mi amante peludo, el océano de oscuridad me hacía navegar en corrientes aleatorias que me llevaban por un curso de placer y deleite, en este mundo negro quizás si mi razón no se había ido a las completas tinieblas y ya todo me parecía plano y sin relieves, solo mi tacto, oído y olfato me acompañaban en esta travesía de un mar oscuro con ondas que llegaban de diferentes ángulos y me portaban por aguas de braveza con intervalos de calma, mi cuerpo entero se mecía en este oleaje oscuro y sin luz, pero insidiosamente placentero. Los verga de Ralph, más la bola llenaron por completo mi vagina y comenzaron a engrosarse, me contorcía a medida que esa verga se desarrollaba dentro de mí y alcanzaba esas demenciales proporciones que me hacían enloquecer, él había plantado su miembro en mi interior y construía los cimientos de mis orgasmos, era tan placentera la sensación que me hacía sentir que en esta oscuridad hasta me hacía dudar de estar cogiendo con un perro, este debía ser algún ser celestial venido del espacio exterior, quizás estoy haciendo el amor con un alienígena con una gigantesca, quizás por eso me hace ver las estrellas en esta obscuridad absoluta. Ralph me daba embestidas veloces y de tanto en tanto movía sus patitas traseras como eligiendo el ángulo de penetración, estaba inmersa en este oscuro mundo de placer, solo atinaba a gemir, sollozar, susurrar y chillar, me rocé mi clítoris levemente y unos espasmos violentos me hicieron convulsionar en otro orgasmos, abrumada por la sensación, alejé mis manos de mi vagina palpitante, me agobiaba un poco esta sensación profunda que me hacía retorcer en todas las direcciones, sabía que no podía escaparme, así que aceptaba mi goce como una tortura de placer y mis movimientos no hacían más que aumentar la intensidad de este angustioso deleite.Sus embestidas me hacían sentir la punta de su verga tocando mi cuello uterino, me tenía bien anudada y se aprontaba a vaciarse en mi concha sumisa, pronto me sentiría toda hinchada pero contenta como una hembra que recibe de su macho la impregnación de su líquido seminal, nunca antes ningún hombre lleno mi vagina con tanto semen, solo mi amante peludo era capaz de producir tanto semen. Así de improviso su semen se vertió en mí y mi concha respondió con otro orgasmo y otro, no veía una maldita cosa, pero mi cuerpo no cesaba de responder a las atenciones de este perro.
Ralph me mantuvo adherida a su verga por largos veinte minutos, luego alzó una pata y prácticamente caí desde su verga a a mi cama, me acosté de espalda y él vino a besuquear mi vagina con su lengua ardorosa, me parecía que la actitud de él era muy adecuada y sabia, después de coger él se encargaba de limpiar a su perrita para dejarla preparada para la cogida sucesiva, no sé si será un estilo suyo, pero me parecía apropiado y conveniente, sobre todo para la perrita humana que podía alcanzar otro par de orgasmos. Sumida en la oscuridad total, satisfecha de mi amante, exhausta de tantos orgasmos habidos, me cubrí con las sabanas y me quedé dormida en las tinieblas de la noche oscura, pero mi ser entero irradiaba una sensación de luz, mi cuerpo estaba apagado, la luz de un nuevo día traerá vida y energías nuevas, quizás cuantas cosas más. Sabiendo esa deliciosa relación que había formado con ese ser alucinante, dueño de la oscuridad y de mi cuerpo. No dudé en ofrecerme cada vez que mi tía salía por varios, era una tortura la espera pero no se comparaba con ese delicioso placer que me entregaba.
Pasiones Prohibidas ®

Siempre leer relatos de zoofilia me prenden demaciado, tuve que masturbarme mientras leía. Tengo lo impresión por los relatos que he leído, de que un perro aguanta mas, dura mas y tiene mas leche que un hombre, es decir tiene mas vigor y aguante un perro, cosas indispensables para dejar satisfecha a una mujer.
ResponderBorrarQué rica cogida recibió. Es tan rico ser una perrita caliente y que te den así de rico
ResponderBorrarLo has experimentado?
BorrarWooow
ResponderBorrarQue relato tan excitante la verdad me tuve que masturbar al estar leyendo
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