Su día empieza a eso de las seis de la mañana, se levanta cuando todos en la casa duermen, mejor piensa él, así evita a sus hermanos, que saben de sus problemas en el colegio y se los recuerdan a cada rato, se va en bicicleta hasta la hacienda Los Manantiales, que está en las afueras del pueblo y es una de las más grandes de la región. Desayuna ahí junto al resto de los trabajadores que siempre lo molestan por su aspecto flaco y desgarbado, sin embargo sus bromas son bastante más tolerables que las que recibe en el colegio y una vez que empiezan a trabajar las bromas se terminan, pese a lo exigente que es su trabajo desde el punto de vista físico Joaquín lo disfruta, se siente útil y de paso se gana unos pesos que le viene muy bien, aunque el dinero no es la verdadera razón de por qué está ahí.
El sonido de un motor lo hace reaccionar sacándolo de su trabajo mientras termina de ordenar los implementos y herramientas en el establo. Mira la hora en su reloj, “10:30, puntual como de costumbre” –dice él y se asoma discretamente al portón. Ahí está la verdadera razón por la cual quiso venir a trabajar a este lugar, María. Es la dueña de Los Manantiales y una mujer reconocida por su fuerte carácter y temperamento, no por nada le dicen La Fiera, pero además por ser poseedora de una exuberante e impresionante belleza. Como todos los días visita sus establos en ese horario, se asegura que no falte nada y aunque conversa con el capataz que la pone al tanto de todo ella revisa por cuenta propia el lugar, y en esta ocasión lo hace sorprendiendo a Joaquín cuando entra al establo donde trabaja. “¿Todo en orden?” – le pregunta ella con su característica voz marcada por un tono de mando, Joaquín solo asiente con la cabeza, se siente intimidado no solo por su reputación que llega a ser casi legendaria, también por su belleza. “¿Aprendiste a acicalar los caballos?” –le pregunta mientras se pasea por el establo, pero Joaquín no le responde, esta hipnotizado por la belleza de María, que a sus 44 años parece estar en su apogeo. “¡Te hice una pregunta!” –recalca ella sorprendiéndolo observando su voluptuoso cuerpo de forma muy poco disimulada y que luce espectacular en esa camisa de hombre a cuadros, jeans azules y botas de cuero además de su tradicional sombrero vaquero. “Sí señora” –le responde con su voz algo temblorosa. “¡Levanta la vista! Sé que se hablan muchas cosas de mí, pero créeme, no te voy a morder” – le dice ella. Él lo hace y sus ojos se encuentran con los preciosos ojos pardos de María que parecen estarlo escudriñando en lo más profundo de su ser. “Así está mejor, sigue con lo tuyo volveré al día siguiente” –dice ella esbozando una sonrisa. María se retira a paso firme, Joaquín no puede evitar poner su mirada en aquellas preciosas nalgas bien marcadas en esos jeans y ciertamente no es el único que lo hace, todos miran pero nadie se atreve a decirle siquiera un piropo y arriesgarse a llevarse una reprimenda de su parte o lo que es peor, quedarse sin trabajo. “Él sabe tanto del campo como yo sé de física nuclear” –dice el capataz sobre Joaquín, María sonríe al escucharlo. “Pero admito que él chico se esfuerza y trabaja duro” –agrega después. Desde que la vio por primera vez cuando se topó con ella en el pueblo Joaquín quedo prendido de María, cautivado por esa belleza y la sensualidad que irradia de forma natural, su carácter y temperamento también lo atrajeron mucho, es una mujer ruda y no tiene problemas en demostrarlo, por ello decidió pedir trabajo en el lugar y si bien la ve solo una o dos veces al día para él es suficiente premio que compensa el tener que levantarse temprano y quedar rendido por el pesado trabajo.
Ya son casi ocho de la noche y Joaquín está terminando
con lo suyo. Está más cansado que nunca, hoy fue un día particularmente pesado
por los problemas que causa un caballo que llegó recientemente. Se escapó en un
par de ocasiones y a él lo culparon diciendo que lo había dejado mal amarrado
pese a sus alegatos de lo contrario, el capataz amenazo con echarlo por esto. Joaquín
toma su bicicleta pero prefiere irse caminando ya que las piernas le duelen
mucho como para pedalear, esta enrabiado por lo sucedido y bajo su aliento
murmura una que otra palabra sobre la mamá del capataz. En ese instante una
bocina lo hace reaccionar, Joaquín se asusta tanto que tropieza y cae al suelo.
“Lamento haberte asustado” –le dice María que se baja de su camioneta y se
inclina ofreciéndole una mano a Joaquín que de paso tiene una vista
privilegiada de los grandes pechos de María a través del escote de su camisa,
ella obviamente se da cuenta de tan indiscreta mirada pero no le dice nada. “Vamos,
te llevo a tu casa, te ves exhausto” –dice ella. Joaquín deja su bicicleta en
la parte trasera de la camioneta y sube, es la primera vez que está a solas con
María. “El capataz me dijo lo que paso con el caballo hoy” –dice ella y Joaquín
está a la espera que lo despidan. “Pero no fue culpa tuya” –agrega. “¿No lo fue?” –pregunta él sorprendido. “No,
hace una semana le dije que debía reforzar el corral y no lo hizo. Además,
quien debía amarrar el caballo era él no tu” –le dice la mujer al muchacho.
Joaquín suspira visiblemente aliviado. “Dime una cosa, ¿por qué pediste
trabajar en la hacienda?” –pregunta María mientras conduce por un tranquilo
camino rural. “Pues porque necesito
dinero” –responde él, de hecho esa respuesta la tenía preparada, pero María ve
de inmediato a través de la mentira. “Hay muchos trabajos para un chico de tu
edad en vacaciones que son bastante más cómodos y productivos que romperse la
espalda en el campo” –le dice ella. Joaquín se queda en silencio, no esperaba
esta respuesta, por suerte María no insistió en la pregunta y pronto llegó a su
casa. Sus padres salen a recibirlo y la mujer conversa brevemente con ellos
diciendo solo palabras amables de él. “Es un buen trabajador y muy empeñoso” –agrega
ella y antes de irse se despide de Joaquín dándole un beso en la mejilla que lo
deja completamente paralizado, se siente como si María le hubiese dado un beso
en la boca.
En la hacienda Joaquín trabaja con más ganas que nunca, se le ve más activo y ha aprendido bastante. Sin embargo, aún se pone tenso cuando aparece María y eso le molesta que no sea capaz de controlar sus nervios. La última vez que la vio ella andaba de malas por demoras en unos trabajos. Joaquín ahí supo por que le dicen la Fiera y saco a relucir todo su carácter levantando su voz de forma considerable a unos trabajadores que no cumplieron con lo ordenado. Sin embargo, cuando hablo con él mantuvo un tono amable. Ya es tarde y Joaquín está solo en el establo, ahora como le tienen más confianza lo dejan por su cuenta y está terminando de acicalar los caballos. Además, hay visitas en su casa y no tiene interés en volver temprano hoy. “¿Sabes montar acaballo?” –le pregunta María que aparece en ese momento con una silla de montar en sus manos. “No señora” –le responde él. “Bien, ahora vas a aprender, partamos por el ensillado” –le dice mujer. María comienza a enseñarle como ensillar un caballo. Joaquín le pone atención y hace lo que ella le dice, aunque con ciertos errores pero nada grave: “Ves que no es difícil, ahora vamos a pasear”. Con mucha agilidad María se sube al animal. “Vamos, dame la mano y subes tras de mi” –dice la mujer. Joaquín se queda incrédulo. “Vamos, ¿qué esperas? Ven acá” –añade María. Finalmente lo hace y se sube. “Sujétame de la cintura con fuerza” –le dice al muchacho. Aquí Joaquín se pone aún más nervioso y tímidamente apoya sus manos en la angosta cintura de María. “Así no muchacho, así” –le dice de forma impaciente y literalmente lo obliga a que la abrace. “Ves, así te sujetas con fuerza, ahora nos vamos” –dice y María dándole un golpe de espuelas al caballo este sale a toda velocidad por el campo.
Joaquín se sujeta tan fuerte como puede mientras cruzan un hermoso sector de la hacienda, pero no disfruta del paisaje, más bien disfruta al estar tan cerca de María, abrazándola y sintiendo su majestuoso cuerpo, su cabello castaño ondulado rozándole el rostro y el suave aroma de su piel. Joaquín simplemente esta en las nubes y no quiere descender. “Oye ya llegamos” –le dice ella y Joaquín vuelve en sí. “Por lo visto disfrutaste el paisaje” le dice en broma y él solo sonríe nerviosamente. Joaquín desmonta primero pero cuando lo va hacer María el caballo se mueve de improviso y él reacciona para sujetarla. Sin embargo, por el impulso ella lo empuja y lo derriba también terminando ambos en el suelo, con la sensual encima de un desconcertado Joaquín que quedó con su rostro metido en su escote. “Buena atrapada chico, ¿estás bien?” –le pregunta ella y se pone de pie. “Sí, estoy bien” –le responde. “Ya lo creo” –dice María agregando una sonrisa llena de coquetería de su parte mientras se arregla los botones de su camisa, ya que varios se le abrieron mostrando un escote mayor a lo habitual. Caminan hasta la orilla de una laguna, es un sitio precioso y María planea hacer algunas cabañas para sacar provecho del turismo de la zona. Sin embargo, se muestra más interesada en Joaquín y le hace algunas preguntas acerca del porque vino a trabajar y de si es cierto lo que ha escuchado acerca de él y los problemas en el colegio. Como nunca Joaquín acepto hablar con ella de estos temas, él siempre había sido muy cerrado y jamás había discutido de esto con nadie ni siquiera con su familia. María lo escucha atentamente y de cuando en cuando le da unas palabras de aliento y apoya una mano en su espalda, Joaquín siente un gran alivio al desahogarse, es como si se hubiera sacado un peso de encima y ahora respira más aliviado. “No le hagas caso a esa mocosa, solo mantente firme y anda siempre con la frente en alto, seguramente llegara el momento en que se dará cuenta lo que se perdió contigo. Se ve que eres un bue chico, algo inocente pero buen chico. Se hace tarde ahora vamos de regreso y tú irás en las riendas” –le dice María con una sonrisa. Joaquín sube al caballo y María se pone tras él tomándolo con fuerza de la cintura y además apoyando sus grandes pechos contra su espalda. Joaquín los siente de inmediato y María parece hacerlo apropósito. En el trayecto de regreso Joaquín demuestra una considerable habilidad para montar, algo que sorprende a la mujer. “Eres un jinete innato” –le dice. Lo felicita. Al llegar a la hacienda María le dice: “Sube tu bicicleta a la camioneta, ya es tarde, te llevaré a tu casa”. Camino a casa, el muchacho no podía sacar de su cabeza ese encuentro cercano con el cuerpo de su patrona, casi todo el camino no dijo nada, solo iba perdido en esos pensamientos de adolescente. “Nos vemos” –le dice la mujer, dándole un beso en la frente. Joaquín está tan alegre esa noche que las bromas de sus hermanos ni siquiera lo afectaron, y estando ya en el baño duchándose se hace una tremenda paja pensando en ella y en lo que haría con ese magnífico cuerpo maduro que tiene. María realmente le quita el sueño y lo calienta, basta solo un simple gesto de su parte y lo deja hirviendo.
María hace su ronda habitual de nuevo, han pasado unos días del paseo a caballo y ella nota a Joaquín de mal humor. “¿Qué te pasa, tus hermanos de nuevo?” –pregunta. “No, mis papas quieren que vayamos a pasar las vacaciones con unos tíos” –responde el muchacho. “Acaso no quieres salir de vacaciones con tu familia, ¿por qué?” dice María intentando entender los pensamientos de su joven empleado, pero en ese momento duda en responder Joaquín: “Porque no podré verte”. Antes que María vuelva a preguntarle aparece el capataz y la llama algo preocupado. “¡Tendremos tormenta esta noche!” –le dice apuntando hacia las oscuras nubes que se ven en el horizonte y que avanzan de forma amenazante, “¡Y será fuerte! ¡Guarden todo, dejaremos de trabajar ahora mismo! Quiero a todos en sus casas antes que empiece la lluvia” –agrega ella. El capataz obedece y a gritos da las ordenes, María vuelve al establo y le dice a Joaquín que guarde todo y se vaya a su casa, “¿Pero usted que hará?” –pregunta preocupado el muchacho. “Yo debo recorrer el resto del campo para ver que este todo protegido” –le responde ella. “Voy con usted, necesitara una mano” –le dice Joaquín y rápidamente deja todo en orden y luego se va con ella, él avisa a su casa que llegara tarde ese día. Ambos visitan los invernaderos y se encargan de reforzarlos así como asegurarse que toda la gente se ha ido a sus hogares. Los silos de grano, las bodegas también son revisadas y que el ganado este protegido en sus corrales. En ese momento comienza a llover, primero de forma ligera pero pronto la lluvia va haciéndose cada vez más intensa. Ambos hacen un par de paradas más y luego María quiere ir a dejar a Joaquín a su casa, pero al llegar a un cruce se percatan que el estero se ha desbordado y no se puede pasar. “Mejor vamos a mi casa, te quedas ahí hasta que pase la tormenta, avisamos a tu casa y mañana te voy a dejar” –le dice ella. Sin embargo, el camino de regreso está peor que antes y María tiene problemas en controlar el vehículo, hasta que en una curva y de forma sorpresiva pierde el control caen a una cuneta al costado. “¿Estás bien?” –le pregunta ella preocupada. “Sí, solo algo mareado pero nada grave” –le responde el muchacho. Tratan de salir pero sin éxito, ya que el vehículo está enterrado en el lodo, “Deberemos continuar a pie, estamos a poco más de un kilómetro, pero nos mojaremos bastante” –dice María. Sin más remedio ambos se bajan de la camioneta en el momento en que la tormenta arrecia con toda su fuerza y la noche se ve iluminada por los relámpagos. A duras penas ambos avanzan en medio de la lluvia y el viento, Joaquín tropieza un par de veces y María lo toma de la mano para poder ayudarlo y se refugian a la sombra de un añoso sauce cuyas tupidas hojas les dan algo de protección de la intensa lluvia.
Sin aliento ambos se protegen ahí, están empapados y calados hasta los huesos, pero Joaquín es quien está peor, no estando acostumbrado a esto; él tirita de frió y María se acerca, lo abraza. “Abrázame fuerte eso te ayudará a pasar el frió” –le dice al oído; él lo hace. Ambos se quedan ahí en silencio, Joaquín siente no solo el calor del cuerpo de María, también siente su voluptuosidad y al estar mojada eso parece hacer más intenso el aroma de su piel. Ella lo protege y hace apoyar su cabeza en su pecho, Joaquín respira de forma agitada y su aliento cálido María lo siente sobre la parte superior de sus senos. El joven ante tan delirante escena coloca sus manos para tocarlos, no deja de masajearlos en ningún momento. María le toma una mano y la lleva hasta ponerla entre sus gruesos muslos, él le sigue el juego y le frota su entrepierna pasando toda su mano, María se calienta más aun y Joaquín redobla los esfuerzo al verla cómo reacciona. “Jamás pensé que estaría así contigo. A veces los sueños y fantasías se vuelven realidad” -le susurra el joven al oído. “Tienes razón, los sueños y fantasías se vuelven reales, solo debes saber reconocer el tiempo” –dice ella casi suspirando. María se abre sus jeans y Joaquín mete su mano debajo sintiendo el vello púbico que empezaba a crecer y de ahí estira sus dedos hasta llegar a su sexo. “¿Lo sientes? ¡Está caliente y mojado por tu culpa!” –le dice ella con un hilo de voz. Joaquín se lo frota delicadamente presionando sus dedos contra su vagina metiéndoselos parcialmente. Los gemidos de María se hacen descontrolados mientras Joaquín le mete mano en vagina y le soba sus impresionantes pechos. “¡Vamos, así, así no pares!” –dice ella al sentir los dedos de Joaquín entrando y saliendo con fuerza al tiempo que él juega con sus pezones pellizcándoselos delicadamente mientras la lluvia los moja a ambos.
A ninguno de los dos le importa un carajo la tormenta que ruge en ese momento, María se quita sus botas y sus jeans, se aparta su calzón y le muestra su ardiente vagina a Joaquín. Ella se apoya contra el sauce exhibiendo su culo redondo y bien parado. “Ven acá y hazme una paja con tus dedos” –le dice al muchacho. Joaquín no lo piensa dos veces y presiona sus dedos en el sexo de la mujer que está completamente mojado no solo por la lluvia, le mete dos y luego tres dedos. Ahí le hace un furioso movimiento de mete y saca haciéndola gritar de placer, Joaquín no le da tregua y sigue masturbándola e incluso le mete un dedo en su culo cosa que la enloquece. “¡Vamos, más fuerte, más fuerte, ah, así, muy rico!” –pide ella demostrando que no solo es una Fiera por su carácter, también lo es cuando se excita. María agita sus caderas y presiona con su voluptuoso cuerpo sobre los dedos de Joaquín para metérselos bien adentro en ambos agujeros haciendo que sus tetas se balanceen. “¡Usa tu lengua, dame con tu lengua ahora!” –le pide María y se hinca observando atentamente sus partes más íntimas. Ella lo toma por sorpresa y con una mano lo carga sobre su sexo, Joaquín se ve sorprendido, pero pronto se recupera y hace lo que ella le pide haciéndola gemir hasta dejarla sin aliento, por primera el siente el sabor de una mujer en su boca y Joaquín no se cansa de ello. Mete su lengua y la mueve en la caliente vagina madura de la mujer, le da unas tremendas lamidas partiendo de su ano hasta llegar a su clítoris que también se lo chupa, él la siente como reacciona, como su cuerpo se estremece, María siente como un shock eléctrico que la recorre de punta a punta y la deja sin habla. Joaquín usa sus dedos hábilmente y mientras le devora la concha le mete los dedos en su culo casi haciéndola acabar de esa manera.
María se pone de pie y se besa nuevamente con Joaquín. “Las chicas te van a adorar, sabes cómo lamer la vagina de una mujer muy bien” –le dice sonriendo. La lluvia sigue y debido al viento esta los moja a los dos, pero no les importa, siguen cogiendo como locos bajo ese árbol y Joaquín está teniendo la experiencia de su vida junto a María que también lo está gozando al cogerse a un chico que podría ser su hijo. “Dime una cosa, ¿cuándo te pajeas por mí me imaginas haciéndote una mamada?” –le pregunta ella mientras se besan y le abre los pantalones. “Sí María, me imagino que me la comes toda” –le dice. “¿Te gustaría ver tu verga desaparecer entre mis labios, que te la chupe, que pase mi lengua sobre tu verga?” –le pregunta ella casi gimiendo. “Me volvería loco ver como lo haces” –responde Joaquín. María mete una mano dentro de los pantalones de Joaquín y acaricia su verga, delgada pero bien dura y firme. “Nada mal” –le dice ella y se lo masajea demostrando que si bien hace tiempo que no tiene sexo con un hombre, hay cosas que nunca se olvidan. Delicadamente lo saca y se hinca ante Joaquín, se lo frota con ambas manos y lo pasa por su rostro, María lo siente palpitar como si fuese un corazón y su roja cabeza se asoma por completo. Ella le pasa la lengua por encima y Joaquín reacciona, “eres sensible” le dice y lo lubrica con su saliva para poder acariciarlo mejor. Joaquín cierra los ojos, mientras las manos de la mujer hacen su trabajo, ella nota lo mucho que lo está gozando y en ese momento usa la punta de su lengua sobre el glande de Joaquín rozándolo y jugueteando con él. Asombrado Joaquín observa como María se la chupa, ella lame su verga de arriba abajo. “La tienes muy rica” –le dice y la saborea ansiosamente para deslizarla entre sus carnosos labios. Joaquín observa esto como la culminación de un anhelo de toda su vida, María se la traga toda y la recorre con sus labios chupándola con fuerza. Joaquín apoya una mano en la cabeza de la caliente mujer y la guía en el movimiento que hace sobre su verga, él suspira y jadea mientras siente esos carnosos labios envolver su verga sin detenerse. María soba delicadamente sus testículos y se los chupa para luego pasar su lengua hasta llegar a su roja cabeza y meterla en su boca una vez más. “Esto te encantará” –le dice y atrapa la verga de Joaquín entre sus majestuosas tetas y literalmente lo exprime con ellas. Su verga casi desaparece entre ambas pero Joaquín se siente en las nubes, es increíble el sentir la suave piel de las tetas de María envolver y frotar su verga. María saborea un poco de semen que se asoma por la punta de esa juvenil. “¡No acabes aun!” –le dice ella. De inmediato se pone de pie para darle un respiro a Joaquín “¡Aun te falta lo más importante!” –insiste ella.
Joaquín queda de espaldas en el suelo mirando como las hojas del sauce se mueven por el viento, hasta que María se monta sobre él y frota su cuerpo contra el suyo. Ella restriega su vagina sobre esa verga deseosa por recorrer el interior de esa sensual que lo miraba con perversión. Joaquín está caliente; se besan, se acarician y él le chupa las tetas otra vez. “No me canso de estas bellezas” –le dice haciéndola reír. “Concéntrate” -le dice ella que guía a verga del muchacho hasta su vagina y se desliza lentamente sobre él. Joaquín lo observa perderse en la vagina de María que cierra los ojos y gime de la excitación. Fue un momento mágico para ambos y Joaquín apoya su cabeza en el pasto cuando María se empala por completo sobre él, “¡Oh, oh, siento como rozas por dentro! ¡Tú verga palpita en mi vagina!”. María comienza a cabalgarle encima lentamente en un principio pero después va haciéndolo con más fuerza y rapidez gimiendo sin parar y Joaquín le toma sus senos que se balancean ante sus ojos y se los acaricia mientras ella se apoya en su pecho. “¡Si, si es fantástico!” –dice de forma entrecortada mientras le cabalga, ella recibe todo el miembro de una vez y Joaquín, que es bastante delgado físicamente, parece desaparecer bajo el voluptuoso cuerpo de la caliente madura. La escena entre ambos es increíble, el mojado cabello de maría se agita no solo por el viento, también por la forma tan salvaje en que le cabalga ahora con toda su fuerza. Joaquín le toma sus pechos en los que la lluvia escurre resaltando su forma y le chupa sus pezones mientras María le da bien duro a su verga irguiéndose de forma majestuosa sobre ella. En ese momento Joaquín la toma por sorpresa y la voltea poniéndola de espaldas en el pasto, “¡Oh, que impulsivo!” –dice ella con su característica coqueta sonrisa. Ahora es Joaquín que mientras la besa, se mueve sobre ella con fuerza presionando con todo su cuerpo sobre la vagina de la sensual mujer que lo abraza y le pide que no se detenga y él, ciertamente no tiene ninguna intención de hacerlo. Ahora Joaquín sujeta las piernas de María y las apoya en sus hombros arremetiendo con más fuerza aun y eso le encanta. “¡Vamos, dame duro, bien duro!” –le exige ella y Joaquín así lo hace llegando al límite de sus fuerzas y su resistencia.
El cuerpo de María se ve invadido por una serie de espasmos que la recorren por completo y ella siente lo mismo en Joaquín, que con un par de fuertes embestidas acaba en su vagina y queda tendido sobre las tetas de María respirando de forma agitada. “Nada mal, nada mal para ser tu primera vez” –le dice María, quien lo abraza dándole unos momentos para que recupere. “Vamos, debemos regresar a mi casa” –dice ella. “Ahí podremos seguir” –agrega y le hace un guiño. A medio vestir y corriendo consiguen llegar al fin a la casa de María que está a oscuras, solo la luz de los relámpagos la ilumina y apenas entran Joaquín la atrae hacia su cuerpo y comienza a besarla de nuevo. “En la ducha, en la ducha campeón” –dice ella en medio de los besos. “Una ducha caliente necesitamos ahora” –insiste ella y ambos van al baño sacándose la ropa mojada, embarrada y tirándola donde sea. Por fortuna María tiene agua caliente en su casa y con la duchas los dos parecen recuperar fuerzas. Joaquín pasa sus manos enjabonadas por el cuerpo de la mujer que luce tan espectacular como siempre, los besos y caricias siguen entre ambos; ella tiene problemas en controlar a su joven y apasionado amante. El dormitorio de María parece un lugar prohibido y místico para Joaquín, que ni en sus sueños pensó en estar con ella, María lo toma de la mano y lo lleva a su cama en donde hacen un caliente 69. María se encarga de atender la verga del jovencito, chupándola y lamiéndola ansiosamente, mientras él devora esa deliciosa concha que tanto lo enloquece. Los gemidos de ambos llenan la habitación y pareen silenciar el ruido de la tormenta afuera. “Así lo quiero ahora” –dice María, que se pone en cuatro sobre la cama exhibiendo su culo. Joaquín se pone detrás y la toma de las caderas, su vagina está tan mojada que la penetra de una sola vez. Joaquín la bombea con todo, dándole bien duro a la caliente María que es toda una fiera en la cama también. “¡Si, si, dámelo todo, métemela fuerte!” –exclama ella que se carga sobre Joaquín que la sujeta con fuerza, sus tetas se agitan vigorosamente mientras la cogen con salvajismo, ella aprieta sus manos por lo excitada que esta. “¡Ah, dame! ¡No pares!” –grita ella. “Tu vagina es increíble, parece que atrapa mi verga” –le susurra Joaquín al oído. Ella con una sonrisa maliciosa, le dice: “¡Devora mi culo!”. Joaquín algo sorprendido lo hace.
Con María en cuatro Joaquín le separa sus nalgas y mete
su lengua entre ellas, María casi se derrite al sentirlo en su ano, el muchacho
besa ese delicioso culo, o hurga con la lengua y le mete los dedos en la vagina
para calentarla aún más de lo que ya estaba. María mueve sus nalgas algo que le
encanta a Joaquín. “Estaría todo el día comiéndome este culo” le dice, pero
ella apenas le responde en medio de su gemidos. Ahora Joaquín la folla por
ambos agujeros con sus dedos, María está completamente caliente, le encanta que
se lo haga así, cogiéndosela con los dedos por ambos agujeros a la vez. “¡Rómpeme
el culo!” –le suplica con su voz entre cortada por su calentura. Nuevamente
Joaquín se pone en posición, María se separa sus nalgas mostrándole su estrecho
agujero, “¡La quiero aquí, bien metida aquí1” –le dice caliente mujer. Joaquín
apunta su verga como si fuese una daga lista para la estocada final. Al hacer
contacto María se estremece y él presiona con fuerza. El culo de María es bien
estrecho pero poco a poco va cediendo y su verga se va hundiendo en el
delicioso agujero de María, Joaquín la presiona con fuerza y tras empujar ligeramente
se la mete toda, hasta que sus testículos tocan las nalgas de María. “¡Destrózame
papi!” –le pide. La cama cruje ruidosamente, Joaquín le da bien duro a la
ardiente María que está gozando como nunca antes con un hombre. Él se esmera
por satisfacerla y siente el estrecho culo apretando su verga, Joaquín se la
coge sin darle un respiro y María gime, jadea sin parar completamente nublada
por la excitación. Joaquín se apoya sobre ella y hace sentir su peso para
penetrarla mejor, los besos y caricias son más intensas que nunca.
Ambos amantes ruedan sobre la cama quedando de costado,
Joaquín levanta una pierna de María y ella se frota la vagina mientras le dan
sexo anal. Joaquín se las arregla para tomarle las tetas y se las masajea
mientras se la coge por el culo; sus lenguas se cruzan fogosamente y María le
dice que quiere sentarse encima. Ella le da la espalda y separa sus piernas, la
verga de Joaquín está bien metida en ese delicioso culo y María le empieza a
cabalgar encima de la manera más salvaje posible gimiendo, jadeando y hasta
gritando de placer, mientras su joven amante la hace subir y bajar por su
verga. Joaquín la sujeta con fuerza y le frota la concha y luego le mete los
dedos en él, moviéndolos rápidamente. El cabello de María le golpea en el
rostro pero no le molesta en absoluto y le sigue dando tan duro como puede
hasta que los fuertes gemidos de la sensual mujer delatan la intensidad de su
orgasmo; Joaquín tampoco puede resistir el delicioso orgasmo de María,
provocando en el muchacho que acabara en el ya abierto agujero de su madura amante.
Ella se recuesta, el muchacho se sube encima y coloca la verga entre esas delirantes
tetas y se empieza a mover. “¡Dame leche, mi amor! ¡Quiero tu caliente semen en
la cara!” –le dice María en tono suplicante. Joaquín eyacula otra vez en os
hermosos pechos y rostro de María; ella saborea y degusta el semen del
muchacho. “Nunca pensé que fueras tan puta” –le dice Joaquín. María sonríe
perversa y le dice: “Es bueno tener secretos. Además, estuviste fenomenal” –responde
la caliente mujer Se abrazan, los dos se quedan quietos en la cama mientras
afuera la tormenta ruge con toda su fuerza, ella lo acomoda y lo abraza como si
fuese su hijo pequeño, quedándose dormidos plácidamente.
Joaquín despierta y mira al techo, que es igual al de su habitación y se pregunta si todo lo de anoche fue un sueño, ya que le cuesta creer que se cogió a María en medio de una tormenta, protegidos a la sombra de un árbol. Luego en la ducha y después en la cama y que todo eso haya sido verdad. Sin embargo, al mirar a su lado está ella desnuda, tan hermosa como la Bella Durmiente. “¡Fue verdad!” –dice él y ella despierta. Son las ocho y media de la mañana, para María normalmente sería muy tarde, pero hoy le importa un cuerno. “¿Cómo te sientes?” -le pregunta la dulce MILF que se apoya en el pecho del muchacho. “Soy el chico con más suerte del mundo” –le responde Joaquín, ella le regala una sensual sonrisa. Ambos se quedan ahí un rato, el teléfono de María suena pero lo ignora. Joaquín se lamenta por tener que salir con sus padres de vacaciones, “No te hagas problema, solo disfruta y pásalo bien, cuando vuelvas estaré aquí” –le dice ella regalándole una deliciosa mamada. No se detuvo hasta sentir el joven semen llenándole la boca y la garganta. Al cabo de un rato ambos se levantan, la ropa de ambos aún está húmeda, pero a ninguno le parece importar. Joaquín llama a su casa explicando lo sucedido a sus preocupados padres pero omitiendo los detalles cruciales de lo sucedido anoche.
María lo lleva a su casa en otro vehículo, ahí da las
explicaciones a sus padres y al final todos felices. “Llámame” –le susurra al
oído y cuando se quedan solos por un instante Joaquín le da un apasionado beso,
qué casi los hace perder el control. “Lo haré” –le responde y María regresa a
su vida cotidiana, sacando a relucir otra vez su carácter de Fiera. Estaba sombrada
que un simple chiquillo haya sido capaz no solo de ver, sino que también de
sacar a relucir a la verdadera mujer que realmente es, volviéndola toda una
fiera del sexo y del deseo.
Pasiones Prohibidas ®
Ambos amantes ruedan sobre la cama quedando de costado, Joaquín levanta una pierna de María y ella se frota la vagina mientras le dan sexo anal. Joaquín se las arregla para tomarle las tetas y se las masajea mientras se la coge por el culo; sus lenguas se cruzan fogosamente y María le dice que quiere sentarse encima. Ella le da la espalda y separa sus piernas, la verga de Joaquín está bien metida en ese delicioso culo y María le empieza a cabalgar encima de la manera más salvaje posible gimiendo, jadeando y hasta gritando de placer, mientras su joven amante la hace subir y bajar por su verga. Joaquín la sujeta con fuerza y le frota la concha y luego le mete los dedos en él, moviéndolos rápidamente. El cabello de María le golpea en el rostro pero no le molesta en absoluto y le sigue dando tan duro como puede hasta que los fuertes gemidos de la sensual mujer delatan la intensidad de su orgasmo; Joaquín tampoco puede resistir el delicioso orgasmo de María, provocando en el muchacho que acabara en el ya abierto agujero de su madura amante. Ella se recuesta, el muchacho se sube encima y coloca la verga entre esas delirantes tetas y se empieza a mover. “¡Dame leche, mi amor! ¡Quiero tu caliente semen en la cara!” –le dice María en tono suplicante. Joaquín eyacula otra vez en os hermosos pechos y rostro de María; ella saborea y degusta el semen del muchacho. “Nunca pensé que fueras tan puta” –le dice Joaquín. María sonríe perversa y le dice: “Es bueno tener secretos. Además, estuviste fenomenal” –responde la caliente mujer Se abrazan, los dos se quedan quietos en la cama mientras afuera la tormenta ruge con toda su fuerza, ella lo acomoda y lo abraza como si fuese su hijo pequeño, quedándose dormidos plácidamente.
Joaquín despierta y mira al techo, que es igual al de su
habitación y se pregunta si todo lo de anoche fue un sueño, ya que le cuesta
creer que se cogió a María en medio de una tormenta, protegidos a la sombra de
un árbol. Luego en la ducha y después en la cama y que todo eso haya sido
verdad. Sin embargo, al mirar a su lado está ella desnuda, tan hermosa como la
Bella Durmiente. “¡Fue verdad!” –dice él y ella despierta. Son las ocho y media
de la mañana, para María normalmente sería muy tarde, pero hoy le importa un
cuerno. “¿Cómo te sientes?” -le pregunta la dulce MILF que se apoya en el pecho
del muchacho. “Soy el chico con más suerte del mundo” –le responde Joaquín,
ella le regala una sensual sonrisa. Ambos se quedan ahí un rato, el teléfono de
María suena pero lo ignora. Joaquín se lamenta por tener que salir con sus
padres de vacaciones, “No te hagas problema, solo disfruta y pásalo bien,
cuando vuelvas estaré aquí” –le dice ella regalándole una deliciosa mamada. No
se detuvo hasta sentir el joven semen llenándole la boca y la garganta. Al cabo
de un rato ambos se levantan, la ropa de ambos aún está húmeda, pero a ninguno
le parece importar. Joaquín llama a su casa explicando lo sucedido a sus
preocupados padres pero omitiendo los detalles cruciales de lo sucedido anoche.
María lo lleva a su casa en otro vehículo, ahí da las explicaciones a sus padres y al final todos felices. “Llámame” –le susurra al oído y cuando se quedan solos por un instante Joaquín le da un apasionado beso, qué casi los hace perder el control. “Lo haré” –le responde y María regresa a su vida cotidiana, sacando a relucir otra vez su carácter de Fiera. Estaba sombrada que un simple chiquillo haya sido capaz no solo de ver, sino que también de sacar a relucir a la verdadera mujer que realmente es, volviéndola toda una fiera del sexo y del deseo.
Pasiones Prohibidas ®
