sábado, 18 de octubre de 2025

135. La amiga de mi hija 1

 

Mi hija Ana, de 20 años, se había ido a pasar el fin de semana con mi hermano, su esposa y mis sobrinos a la montaña. Ella había preferido vivir conmigo en vez de con su madre y estudiaba Economía. La verdad es que nos llevábamos muy bien. El viernes por la noche estábamos hablando por teléfono de cómo había ido el viaje, de lo que pensaba hacer y esas cosas, ya estábamos finalizando la conversación. “Disfruta de los paisajes que son muy bonitos y pásalo bien” –le digo. “Eso seguro, papá. Antes de despedirnos, tengo que pedirte una cosa – me contestó ella. “Tú dirás, hija” –digo. “No se si te acuerdas de mi amiga Aracely” –dice ella. “Creo que sí, es la que estaba trabajando de cajera en el supermercado, ¿no?” –le respondo. “Esa misma, bueno, lleva unos meses yendo al gimnasio y se ha quitado unos kilitos de encima” –dice Ana. “¡Qué obsesión tienen las jóvenes con esas cosas!” –exclamo. “No empieces con eso otra vez, tenemos que cuidarnos” –dice ella. “Sí, pero sin dejar de comer, ni esas cosas” –le digo yo riendo. “¡Papá, por favor!” –dice ella riéndose también. Ok, Ana, ¿Qué pasa con Aracely?” –le pregunto. “Pues, que le voy a dar algo de mi ropa vieja, la que ya no me pongo, ahora a ella dice que le gusta mi estilo” –responde.  “¿La ropa que te pones una vez y ya no te gusta?” –le pregunto con curiosidad y conociendo a mi hija, es un montón de ropa. “Hoy estás un poco pesadito, de verdad, menos mal que no estoy allí. Mira Aracely va a pasar por casa a buscar la ropa mañana, ¿A qué hora puede ir?” –dice Ana. “Ya sabes que yo después de comer ya no suelo salir” –le contesté. “Menos cuando sales y no se sabe cuando vuelves” –dijo Ana “Ahora la pesadita eres tú” –le contesté. “¡Ay, papá estoy bromeando! Le voy a mandar un mensaje a Aracely a ver a qué hora puede pasar” –dijo ella. Estuve esperando un par de minutos hasta que Ana volvió a llamar. “Dice Aracely que se pasará cerca de las 6 de la tarde o un poco más tarde. ¿No tienes problemas?” –me preguntó mi hija. “Ya te dijo que hay problema, que voy a salir a ninguna parte” –le respondí. “Bueno papi, la ropa la he metido en unas cajas que están en mi habitación con su nombre puesto, que entre y las tome” –dijo Ana. “De acuerdo, por lo menos alguien aprovechará esa ropa, así no se queda colgada en el armario” –le dije. No contestó nada, pero después me dijo: “Pesadito. Me tengo que ir, vamos a salir con los tíos y mis primos a caminar”. “Ve y pásalo muy bien” –le contesté.

Así nos despedimos y pasé muy tranquilo la noche del viernes. La mañana del sábado, como de costumbre, me iba con unos amigos a correr y hacer deporte, luego fuimos a beber algo, como le dije a Ana, aquella tarde no tenía ningún plan especial, estuve arreglando algunas cosas por casa y viendo un rato la tele, hasta que, un poco más tarde de las 6 de la tarde, sonó el timbre. Era Aracely que venía por su ropa. Esta chica era muy amiga de mi hija desde el instituto, eran de la misma edad, aunque ahora ya no se veían tanto como antes, Ana había decidido seguir estudiando y ella se había puesto a trabajar. Yo hacía algún tiempo que no la veía, antes sí que venía mucho por aquí y estaba bastante cambiada. Ana es bastante extrovertida mientras Aracely era todo lo contrario y eso se reflejaba en su forma de vestir, no sé si esta chica se iba a adaptar a llevar la ropa de mi hija. A casa llegó con un vestido negro muy amplio que la cubría casi por completo, además llevaba recogido su largo cabello pelirrojo en un moño que, en vez de 20 años, le hacía parecer mucho mayor. La verdad es que la chica era bastante guapa pero un tanto chapada a la antigua a la hora de vestir.

Nos saludamos dándonos un beso en la mejilla y la invité a pasar, tras preguntarnos mutuamente por lo que nos había pasado en ese largo tiempo en el que no nos veíamos, empezamos a hablar del tema de la ropa. “Ana me ha dicho que te ha preparado la ropa en unas cajas que están en su habitación” –le expliqué a Aracely. La acompañe hasta la habitación donde Ana había dejado la ropa en un par de cajas, por el tamaño había bastantes cosas. “Esta hija mía se compra la ropa, se la pone una o dos veces y ya no gusta. Espero que tú la aproveches mejor, Aracely” –le dije con una sonrisa. “Lo intentaré pero no sé si podré. Normalmente, yo no me pongo ropa tan corta como Ana pero quiero intentar cambiar de estilo” –respondió ella. “Déjame adivinar, Aracely, te ha convencido Ana para ello” –le dije. Si, dice que como ahora se me ha quedado un cuerpo más bonito tengo que lucirlo bien, pero yo no lo veo tan claro” –me respondió un tanto avergonzada. “¿Por qué no lo ves claro?” –pregunté. “Siempre me ha dado un poco de vergüenza vestir tan corta, la verdad” –respondió. “No te preocupes por eso, ahora la mayoría de las chicas visten así y no pasa nada” –le dije. “Eso dice Ana, una pregunta, ¿A usted le gusta que Ana se vista así?” –me dijo mirándome a los ojos. Pregunta complicada. A ver al principio no me gustaba nada pero ella ya es mayor, es cosa suya como se viste, lo importante es que es bastante responsable en todo. Una cosa más, no me trates de usted que me haces muy mayor” –le dije con una sonrisa. “Perdone, digo, digo perdona Daniel” –dice con una pequeña sonrisa en sus labios. “No te preocupes. Lo que te quiero decir es que si a ti te gusta algo póntelo, eres tú la que debe sentirse bien con la ropa, no importa lo que piensen los demás” –le dije en tono serio. ¿Usted, digo tú crees que me quedará bien la ropa de Ana?” –me preguntó. “Seguro que sí. ¿Por qué no te pruebas algo? Elige lo que te guste” –le dije. Aracely asintió.

Yo salí de la habitación y me senté en el sofá, un rato después salió ella y se presentó delante de mí, llevaba un short de jeans muy corto y un top blanco escotado que dejaba su ombligo al aire. Parecía un poco avergonzada de vestir así. “¡Vaya cambio, Aracely! ¡Te ves guapísima vestida así!” – exclamé yo. “¿Me lo dices de verdad?” –me preguntó ella con voz temblorosa. “Claro que sí, aunque yo todavía le daría un toque más” –le dije. “¿Qué quieres decir?” –preguntó insegura. “Deberías soltarte ese moño y dejar tu pelo suelto, no te queda bien con el moño” –le respondí. Aracely titubeo un poquito pero, finalmente, terminó haciéndome caso y dejó libre su larga melena. “Mucho mejor, Aracely” – le dije con tono de aprobación. “Tienes razón, me veo mucho mejor así pero me da mucha vergüenza salir con esta ropa a la calle, se me ve casi todo” –dijo.  Sonreí y le dije: “Sí, casi todas las chicas ahora visten así o incluso van enseñando más. Mira a Ana”. “Ya lo sé, pero…” –alcanzó a decir. “Con lo guapa que eres y con esa ropa te van a mirar todos los chicos” –le dije interrumpiéndola. “Yo no quiero que me mire ningún chico” –dijo ella. “Perdona, no quería decir nada que te molestara, ¿No te gustan los chicos?” –le dije ahora con un poco de vergüenza mezclada con curiosidad. “Si me gustan pero no…” –Aracely intentaba explicarse pero se la veía muy incómoda. “Si no quieres hablar de eso no te hagas problemas” –le dije mientras le ofrecía un refresco. “A ti se te ve que eres bastante más relajado, te voy a contar lo que me pasa a ver si puedes ayudarme, me da un poco de vergüenza pero lo voy a intentar” –dijo ella bajando la vista. “Tómate tu tiempo y cuéntame”. Ella respiró profundo durante unos segundos y se decidió a narrar su problema. “Verás, si me atraen los chicos. El problema es que he estado con dos y no me ha gustado nada” –dijo.  “¿Has estado con dos de forma íntima?” –pregunté. “¡Ay, qué vergüenza!” –dijo. “Tranquila Aracely, estamos entre amigos. Todos hemos tenido intimidad de ese tipo, es algo normal. Eso sí, hay que tomar ciertas precauciones” –le dije. “Si las tomamos, ese no era el problema; es que no me quedé satisfecha. No sé cómo explicarlo” –dijo aún con vergüenza. “Te estás explicando bien, tuviste sexo con un chico y no disfrutaste. No es nada de lo que tengas que avergonzarte” –le dije de manera franca. “No disfruté nada, como te dije, me ocurrió dos veces. ¿Seré yo que tengo algún problema?” –me preguntó mirándome a los ojos. No creo que tengas ningún problema. ¿Esos chicos llegaron, te cogieron y eyacularon. Típica conducta de quien no tiene mayor experiencia en el sexo” –le respondí. “Sí, así fue, supongo que yo no supe hacerlo bien” –dijo tímida. “¿No Aracely, te repito que no es un problema tuyo. A ver, ¿cómo te lo explico bien?” –le insistí para que se diera cuenta que ella no tenía ningún problema.  

Ella se quedó bastante intrigada y yo intenté estar a la altura porque ahora yo era quien estaba algo avergonzado. “Los que no sabían hacerlo bien eran esos chicos que no pensaron en ti, solo en satisfacerse ellos” –le dije. “Temo que no te entiendo bien” –dijo con curiosidad. “A ver, ¿cómo me explico? Tu amante debe acariciarte y estimularte y tú a él. Claro, antes de… bueno de penetrarte. Así es como se disfruta” –le expliqué. “A mí no me acariciaron nada, bueno, uno de ellos un poquito pero nada más, fueron directo a eso” –dijo Aracely. “Obviamente que no disfrutaras casi nada, pero eso no ha sido culpa tuya. A ver si la próxima vez no te pasa lo mismo” –le dije. Después de un momento de silencio, que para mi se hizo eterno, dijo: “Disculpa Daniel, no quiero abusar de la confianza que tenemos, ya que me dijiste como son las cosas; estoy agradecida por eso, pero, ¿Cómo son esas caricias?”. La miré a los ojos intentando no decir algo que pudiera avergonzarla, después de un suspiro le die: “No entiendo que quieres preguntar con eso”. “A ver, me gustaría saber que se siente con esas caricias” –dijo la chica. “Bueno, es complicado de explicar pero lo intentaré” –le contesté. “Estás siendo muy amable conmigo hablando de estas cosas, pero no quiero que te sientas incómodo” –dijo ella poniéndose colorada. “Como te he dicho antes estamos entre amigos y quiero ayudarte Aracely. Cuando te acarician de una determinada manera te sientes muy bien y te vas poniendo a tono, estimulando para tener sexo, llega un momento que ya no quieres solo caricias, ¿Me voy explicando?” –le dije. “Creo que lo voy entendiendo” –dijo Aracely. “No ha sido tan complicado, es más sencillo de lo que se cree” –dije sonriendo. “Te voy a pedir una cosa, espero que no te moleste, ¿Me puedes dar una muestra?” –dijo con seriedad la chica. “¿Una muestra?” –pregunté. “Sí, de cómo me tienen que acariciar los chicos. No creo que pase nada por eso y yo me voy haciendo a la idea” –dijo con seguridad. “No sé. Supongo que tienes razón y no va a pasar nada. Siéntate aquí conmigo” –le dije.

Aracely, que estaba frente a mí, se puso a mi lado, yo un poco nervioso, puse mi mano sobre su muslo y empecé a subirla y bajarla por él, desde la rodilla hasta donde finalizaba el pantaloncito corto que llevaba. Ella me miraba y sonreía, y yo también a ella. “Así te tienen que acariciar Aracely o por lo menos así lo hago yo” –le dije. “Ya veo, la verdad es que es una sensación muy agradable” –respondió. “Seguro que si te hacen esto y más cosas luego disfrutas mucho” –le dije intentando sonar experto. “¿Y solo son las caricias en la pierna?” –me preguntó con un tono de duda. “No mujer, son por todo tu cuerpo, también hay besos” –le respondí. “¿Solo en la boca?” –volvió a preguntar. En mi mente pensaba si de verdad era ingenua o estaba intentando provocarme. “No Aracely, en la boca, en tus pechos, por todo tu cuerpo, hasta donde tú ya imaginas”. –le contesté. Mi mano seguía acariciando el suave muslo de Aracely, le iba a decir que se acababa la muestra que había pedido, sin embargo, ella se anticipó con otra petición. “Espero no incomodarte más, pero me gustaría que acariciaras un poco otras partes de mi cuerpo, a ver si me gusta también” –dijo con un pequeño tono de súplica y dejando salir un suspiro. “No sé si eso es buena idea Aracely” –le dije. No quería meterme en problemas, ya que no sabía hasta donde ella quería llegar con este tema, aparte por ser amiga de Ana, tampoco quería problemas con ella. “Solo un poco. ¡Por favor!” –dijo ya suplicando. Tras oír aquella súplica mi mano subió a su ombligo, mis dedos comenzaron a pasar por el con suavidad, despacio, una y otra vez. A ella parece que le estaba gustando como la tocaba, subí con mis dedos y los pasé suave por encima de aquel top que cubría sus pechos, la situación se comenzaba a poner muy peligrosa, a Aracely le gustaban mis caricias más de lo que ella pensaba y a mi acariciarla, ya no la veía como una amiga de mi hija sino como una hermosa mujer y el deseo me comenzaba a dominar, así que decidí que aquello tenía que parar. Sin embargo, antes de que pudiera volver a decir nada, Aracely me volvió a hacer otra petición: “Me gustaría probar acariciarte yo a ti”. No sé, creo que ya sabes cómo te tienen que acariciar, mejor lo dejamos aquí” –le dije. “Si pero no sé cómo acariciar yo, por favor, déjame probar un poco” –dijo con la respiración entrecortada.

Yo ya no sabía qué hacer, quería cortar aquello pero accedí a la petición de Aracely. Metió su mano por dentro de mi camisa y comenzó a acariciar mi pecho. “Me gusta tocarte pero así es un poco incómodo, ¿Puedes quitarte la camisa, por favor?” –dijo con una voz de niña mimada. Volví a acceder a su petición y me quité la camisa, quedando mi torso al descubierto mientras Aracely pasaba su mano por él una y otra vez. “¿Te acarició bien?” –preguntó. Lo haces muy bien Aracely, aprendes rápido” –le dije. “Es que me gusta acariciarte, la verdad. Quiero pedirte una última cosa y ya lo dejamos si quieres” –dijo. Aquello de dejarlo me sonó bastante bien porque la verdad es que me estaba poniendo muy caliente pero la petición de ella no era para enfriarme precisamente. “Me gustaría verte desnudo, pero desnudo del todo” –me dijo. “¿Desnudo? ¿Y por qué quieres verme así?” –le pregunté. “Yo nunca he visto de cerca un hombre totalmente desnudo, ni siquiera a aquellos chicos que te he contado, ya que lo hicimos en un coche y a oscuras. Me gustaría ver a uno delante de mí, sé que es un poco incómodo para ti y si no quieres hacerlo lo entenderé” –me contestó.

Lo pensé unos segundos y volví a complacer su petición, me calentaba demasiado esa cara de niña inocente pero que a la vez sin darse cuenta mostraba un lado pervertido. Me quité los pantalones y el bóxer y quedé totalmente desnudo delante de ella que miraba sin perder detalle. La erección que tenía en ese momento la hizo abrir sus ojos y morder su labio. “¡Madre mía! ¡La verdad es que me gusta ver tu cuerpo desnudo!” –exclamó ella. Quedarme desnudo delante de ella había despertado definitivamente mi deseo. “¿De verdad te gusto Aracely?” –le pregunté. “Si, mucho Daniel. Creo que desde que te conozco había soñado con verte desnudo” –respondió. “Puedes tocarme si quieres, puedes tocar lo que tú quieras de mi cuerpo” –le dije con la clara intención de que tocara mi verga.

Pareció dudar un poco pero se levantó y se colocó frente a mí y sus manos comenzaron a acariciar mi pecho. “Te lo repito Aracely, puedes tocar lo que tú quieras” –le dije. Ella me miró y una de sus manos comenzó a tocar y acariciar mi verga. Yo estaba disfrutando ese momento sintiendo como su mano se deslizaba con suavidad por mi miembro, era una escena pervertida para mí. Pensaba en que esta “inocente chica” sería mía, tenía ganas de cogérmela de una vez. “¿Te gusta tocarme Aracely?” –le pregunté. Sí, me gusta mucho, me produce una sensación que no puedo explicar, pero me gusta” –respondió. “Si quieres puedes besar mi cuerpo” –le dije con un tono morboso, dejando una invitación sin especificar. Aracely comenzó a besar mi torso sin dejar de acariciar mi verga. “Lo haces muy bien, chiquita. ¡Sigue!” –le dije.

Mientras ella seguía, yo le quité su top y sus hermosos pechos quedaron al descubierto, la acerqué más hacia mí y comencé a besar su cuello, a acariciar esos pechos con mis manos, pasando mis dedos sobre sus pezones. A ella se le escapaban unos pequeños gemidos que iban a más a medida que incrementaba mis caricias. “¿Te gusta cómo toco tus tetas pequeña?” –le pregunté. “Sí, mucho, quiero que sigas así” –respondió. “Se ven deliciosas, quiero probarlas” –le dije. Acerqué mi boca a esos pechos juveniles y apetitosos, comencé a besarlos con suavidad, mientras Aracely seguía gimiendo y acariciaba mi pelo. Subí un instante para volver a besar su cuello antes de volver a centrarme en sus tetas, tomé una con mis manos mientras mi lengua comenzaba a lamer su pezón, pasando por él, haciendo circulitos, mordiéndolo con suavidad, Aracely seguía gimiendo, subiendo la intensidad de a poco, cerraba los ojos y los abría con una mirada que transmitía mucho deseo, hice lo mismo con su otra teta, solo que esta vez solo lo sujeté con una mano, la otra fue bajando suave por su cuerpo hasta llegar al botón de su pantalón, que desabroché, mi mano entró y pasó suave sobre su braguita, esto hizo que se le escapara un gemido más fuerte, la miré con una sonrisa y mordí con mis labios, sus pezones estaban totalmente endurecidos, lo que hizo que volviera a gemir con fuerza. Después le pedí que se sentara en una silla, me acerqué a ella, le quité sus pantalones y su braguita, hice que separa sus piernas, su vagina se veía perversamente mojada e invitaba a que mi lengua la invadiera. Comencé a besar sus muslos, primero uno y luego el otro, acercándome cada vez más a su vagina, pero sin llegar a tocarla, Aracely movía la cabeza y me miraba, su mirada denotaba que quería que probara su sexo y decidí complacerla. Abrí bien sus piernas y mi lengua pasó por sus labios vaginales, de arriba a abajo, estaban empapados. “¡Ah, sí, qué rico!” –exclamó ella al notar esa lengua paseándose con libertad en su vagina. Seguramente, era la primera vez que alguien se lo hacía de esta manera y ella nunca había sentido nada así, lo que hacía que no dejara de temblar, de gritar y de gemir mientras mi lengua subía y bajaba por su clítoris y se metía en su mojada conchita. “¡Sí, más, por favor!” –gritaba. Después pase mi lengua suavecito por su clítoris y ella sujetó mi cabeza con mucha fuerza, apretándola con fuerza contra su vagina. “¡Ah, Daniel! ¡Qué locura!” –decía gimiendo.  

Aracely nunca había disfrutado así y no iba a poder aguantar mucho más sin llegar al orgasmo, mientras todo aquello estaba haciendo que mi verga parecía que iba a explorar. Aracely llegó por fin a ese orgasmo, comenzó a temblar, se estremecía y chillaba. “¡Ah, sí, esto es exquisito!” –decía retorciéndose de placer. Su enorme chorro de fluidos cayó en mi boca y ella pareció quedar muy satisfecha.  “¡Ha sido increíble, nunca había sentido nada tan bueno!” –me decía mirándome a los ojos. “Es solo el comienzo pequeña” –le dije. Fui a buscar un preservativo, me lo puse y levanté a Aracely de la silla y me senté yo. Me miró mordiendo su labio y con esos ojos de inocencia. “Ahora, pequeña, siéntate sobre mí” –le dije con sutileza. Se puso en horcajadas sobre mí y añadí: “Toma mi verga y métela despacio en tu vagina”. Obediente sonrió e hizo lo que se le indicaba. Cuando se deslizó dentro a los dos se nos escapó un gemido lleno de lujuria. “Ahora, abrázate fuerte a mí y empieza a moverte. Tienes que subir y bajar sobre ella” –le dije. Aracely se abrazó muy fuerte a mí, la tomé de su cintura, ella comenzó a hacer lo que le pedí, subía y bajaba, mis manos ayudaban a empujar su cintura. Comencé de inmediato a sentir un intenso placer y a ella le sucedía lo mismo. “¡Así, nena, así, muévete sobre mí!” –le decía con la respiración entrecortada disfrutando de sus movimientos que se hacían intensos. Ella gritaba: “¡Esto es maravilloso, me gusta muchísimo, quiero más!”. “¡Muévete con más fuerza todavía, pequeña!” –le decía. Aracely se agarraba todavía más fuerte a mí y me miraba fijamente a los ojos, yo hacía lo mismo con ella. “¿Me muevo bien papito?” –me preguntaba gimiendo. “¡Ah, lo haces perfecto! ¡Eres maravillosa! ¡No pares! ¡Me encanta sentir como te mueves en mi verga!” –le respondí. “¡Ah, me encanta esto, me vuelvo loca!” –decía con lujuria.

Envueltos en la más absoluta lujuria le dije que se bajara y se pusiera en cuatro en el piso. Sin dudarlo y demostrando obediencia se puso en cuatro. Tomé mi verga y se la ensarté en su mojada vagina. Aferrado a su cintura me empecé a mover con fuerza, ella gritaba de placer, era tan exquisito escucharla pidiendo que no detuviera. Cada segundo que pasaba nos golpeaba una intensa ola de placer, era tan sensual y tan perversa que me volvía loco. Aracely sentía cada embestida más profunda e intensa que la anterior. “¡Papito, dame así! ¡Qué rica se siente tu verga!” –decía. Me calentaba que me dijera papito, le daba un toque perverso a lo que estábamos haciendo. La volteé y se me la metí con fuerza, ella chilló de placer y se agarró de mi cuello, le mordía los pezones mientras seguía con mis brutales embestidas. Nos mirábamos con complicidad, gritábamos y gemíamos. Ya sumidos en ese mar de frenesí Aracely tuvo un intenso orgasmo, seguido de espasmos en todo su cuerpo, cerró los ojos y disfrutó como nunca. Me abrazó con fuerza y arañó mi espalda. Yo estaba a punto de eyacular pero no quería hacerlo en el puto condón. Le dije que se pusiera de rodillas y que abriera su boca, me quité el condón y me empecé a masturbar frente a ella, entonces la sensación de placer que los hombres sentimos cuando estamos por llegar al orgasmo se apoderó de mí. Mi verga explotó destilando chorros de semen que se metieron en la boca de Aracely, quien lo tragó sin protestas, parecía encantada de que eyaculara en su boca. Fue una experiencia intensa para ambos.

Aracely tomó la ropa que se había probado, se vistió y me dio un pequeño beso y salió de la casa casi corriendo sin decir nada,  yo tampoco tuve tiempo de decir algo. Me fui a dar una ducha y me puse un bóxer, me estiré en la cama y me quedé pensando en lo que había pasado. Entonces me percaté que la chica no se había llevado las cajas con ropa que le había dejado Ana. Le escribí a mi hija y le dije que su amiga se había olvidado de las cajas. ¿Volvería por ellas? ¿Y qué pasaría si lo hacía?” –pensaba. Al poco rato me responde que le va a mandar un mensaje, para saber cuándo regresaría. A los minutos me escribe y me dice que pasara el lunes por la casa, que no preocupe porque ella estaría en casa para entregarlas. Bueno, no me queda de otra sino esperar para volver a verla, aunque debía ser cuidadoso porque no quiero que mi hija se entere de lo que pasó.

 

Pasiones Prohibidas ®

10 comentarios:

  1. Un excelente relato...creo que todos los hombres soñamos con tener sexo con alguna jovencita...y si es amiga de una hija más aún...eso excita mucho.

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  2. Un relato muy erotico y candente

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  3. Yo tuve sexo con una chica q tenía 17 años cas 18 lo q pasó fue q ella era mesera de uno de los restaurantes q yo manejaba y un día me dijo q se iba a salir le dije espérate voy a ocupar una secretaria yo sabía q ella estudiaba y había terminado la carrera bueno les diré q pasó el tiempo y ella era muy bonita era alta de. Buen cuerpo un día unos compañeros me invitan a tomar unas cervezas y vamos perome dice va a ir una amiga les. Dije no hay problema nos fuimos y voy viendo a mi secretaria ahí, total tomamos un rato y note q ellos se iban uno a uno yendo hasta q me quedé solo con ella bailamos y luego no se cómo la bese de rato nos fuimos al ir a dejarla a su casa me dijo q se sentía mareada me pare en un lugar y luego ella me beso yo le levanté la blusa y le baje el brassier y le empecé a mamar los pechos tenía unas tetas grandes y duras y muy buenas termino ahí la dejé en su casa pasó el tiempo y la relación se hizo más fuerte y un día ella me dice q me quería sentir dentro de ella le dije q si estaba segura me dijo Si la lleve a otra casa q tenía sola y medio amueblada y. Llegando me dijo me voy a lavar. Mientras yo me desvestida todo ella regreso desnuda y tapándose su parte íntima y le dije quieres conmigo oh no me. Dijo Si entonces le dije no te tapes a poco crees q no se cómo la tienen se quitó las manos y tenía mucho vello así como me gusta la lleve a la cama y la empecé acariciar y besar empecé en la boca baje a su cuello y a sus pechos a mamarsselos y su ombligo hasta llegar a su vagina le fui apartando con la lengua los bellos hasta encontrar la entrada y se la empecé a mamar cuando empezamos ella ya estaba bien caliente y yo igual le seguí mamado la pepita hasta q tuvo un orgasmo vi salir sus jugos y los probé le sabían muy rico y tibios me los comí y seguí mamando después ella me dice ya métela le dije ya la quieres me dijo si la quiero toda, accedí a sus deseos y primero por buen rato le estuve dando unas cabeceras con la verga en la entrada de la vagina hasta q ya casi gritándome me dice YA METELA me dice me va a doler le dije solo cuando te rompa tus 3 ligas se la metí despacio cuando le rompí la primera le dolió un poco y me salí se le pasó y entro más adentro y le rompí la 2da le dolió y la saqué la volví a meter sentí que la rompí y no dijo nada y entonces me toma de las nalgas y me empujas hacia ella y comíamos en posiciones diferentes pa la tuve q enseñar y ella muy dócil acepto seguimos cojiendo y me pregunta w si me puede mamar la verga le dije claro q si mi niña y me la mamaba muy ey los huevos me los chupaba sudados decía q le sabían muy rico después me dijo q q le pasaría si se tragara mi semen le dije nada solo se coce en el estómago con los jugos gástricos y ya bueno me mamo la verga y me vine en su boca yse los tragos todos sin tirar nada y así pasó el tiempo aclaro q en 8 años de relación ella batallaba para embarazarse un día me dice q se sentía muy extraña al tomar sus manos note q su temperatura era un poco alta compré un predictor para embarazo fue al baño a orinar y de rato salió positiva la prueba la lleve a un laboratorio y le hicieron exámenes y salieron positivos estaba embarazada de mi fue una relación no premeditada de mi parte y nunca pensé que fuera a dar en ese tiempo ella tenía 17 años y yo tenía 42 años la diferencia de edades era muy grande pero ella así lo quizo y su padre era menor q yo

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  4. Que susto si mi marido se dejará llevar por la perversión y se enredará con una compañera de estudio de la hija.

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    1. Ud está como yo....jjjj leyendo todos los relatos

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    2. Sra Clara, le pregunto con respeto , le gustaría estar con un amigo joven , por qué a mí me llama mucho la idea de una joven

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  5. Ese morbo de estar con una jovencita o del incesto es algo demasiado rico....

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