lunes, 27 de octubre de 2025

138. La monja Cecilia

 


En mi casa, cuando entrábanos a tercer año de preparatoria, nos mandaban internos el único colegio particular que existía “El colegio Santa Filomena”, administrado por una comunidad de Monjas Franciscanas.

Un día la Madre superiora me llamó y me pidió que ubicara a Sor Cecilia, porque quería hacerle un encargo de compras en la ciudad y que por favor yo la acompañara a comprar.

El encargo me pareció estupendo, ir a la ciudad, poder recorrer las calles, salir detrás de estos muros. El recinto del colegio era muy grande, busqué y busqué y no di con Sor Cecilia. Antes de renunciar a la busqueda me dije: "No estará en la Iglesia". Así que fui para allá. No estaba, pero escuché un ruido en pieza de penitencias. Esta pieza era usada una para cumplir las penitencias ordenadas por el cura después de la confesión. Por ejemplo, tres padrenuestros y tres avemarías. Abrí la puerta y asomé la cabeza. Lo que vi me dejo perplejo. Sor Cecilia sin su velo que escondía un hermoso y largo cabello negro. Su habito a la atura de la cintura. Atrás de ella, el cura confesor Fernando, con los pantalones abajo.

Sor Cecilia estaba cumpliendo una pendencia especial. Saqué rápidamente mi cabeza y grité: “¡Sor Cecilia, la Madre Superiora quiere habar con usted!”. Al poco rato, apareció Sor Cecilia, con su velo y habito puesto a la rápida, que dejaban ver algunos mechones de su negra cabellera y con las mejillas muy sonrojadas. Para bajar la tensión del momento le comenté que la Madre Superiora nos iba a mandar a comprar algo a la ciudad y añadí: “Guarde todo su cabello bajo el velo y use un poco de talco para ocultar su rubor”. Me hizo caso en todo, además saco un lápiz labial para pintar sus labios y pasó algo rubor por sus mejillas. Después de hablar con la Madre Superiora, Sor Cecilia y yo fuimos a comprar, no hubo más comentarios, pero dos sabíamos que guardábamos un secreto inconfesable en una comunidad religiosa.

Unos días después, Sor Cecilia me ubico y me dijo: “Me pidieron bajar cerezas, acompañadme y tu llevas la escalera y el canasto”. Fuimos a un rincón lejano donde estaban los cerezos, me dijo: “Yo subo, tú afirma la escala”. Se subió, era imposible no mirar hacia arriba, lo que vi, bajo si falda era un redondo culo sin calzón y una frondosa mata de pelos en su entrepierna. Desde arriba, Sor Cecilia me dijo con una gran sonrisa: “Mira todo lo que quieras, pero no te distraigas de afirmar la escala”. El canasto se llenó, bajó y me dijo: “Tú guardas un secreto mío, ahora vamos a tener un secreto muestro. Tiéndete en el pasto y bájate los pantalones”. Ella se soltó su largo pelo negro y con su boca empezó a chupar mi verga. Al poco rota, con la larga erección que llevaba, exploté en su boca. Ella tragó todo mi semen. Tomó mi verga con su mano y la estrujó hasta la última gota en su boca, jugueteando con su lengua en el glande. Se sentó a mi lado y me dijo, me has dejado toda mojada, tomó mi mano y la puso en su entrepierna, efectivamente estaba toda mojada. Traté de masajear su erecto y grande clítoris, ella me dijo: “No, si puedo esta noche te iré a despertar y nos andamos un rico polvo”. Yo estaba tan caliente que acepé su propuesta. Esa noche dormí con un ojo abierto y no pasó nada.

Al día siguiente, a la hora de los últimos rezos nocturnos ella se sentó a mi lado y en susurros me dijo: “Esta noche tengo el turno de cuidadora nocturna. No te duermas, ni pongas llave a puerta”. Los dormitorios del internado son piezas chiquitas, individuales con una cama. Cada noche una monja queda de cuidadora y se pasea para que nadie salga de su pieza sin su permiso y verificaba que cada puerta este cerrada desde adentro. Esa noche, aproximadamente a la 11, entró Sor Cecilia, me puso una mano en la boca y me dijo: “Acompáñame”. Fuimos a otra pieza, mas grade, con baño incluido. Inmediatamente se desnudó, se acostó y tomó mi cabeza y la puso en su entrepierna, tuve que luchar para llegar a si clítoris, despegando la gran mata de pelos de su vagina. Me asustó al descubrir el botón de clítoris de casi de dos centímetros, era como un pequeño pene. A parte de eso, respiraba un ligero olor a orina y a sexo. Jugué con su botoncito con mi legua, chupándolo y dándolo pequeños mordiscos, ella explotó en un largo orgasmo, llenándome la cara de un fluido que un principio creí que era orina, pero no, era una descarga similar al semen, cuando uno eyacula. Ella lo sabía, porque limpio mi cara, nariz y cuello con su lengua. “Sí que sabes hacerlo bien, tienes una lengua que hace milagros; habría muchas otras monjas que cederían al morbo de abrirte las piernas” –me dijo, mientras intentaba recobrar la cordura. Acostada de espaldas, tomó mi verga y la metió en su húmeda vagina. Descubrí que al metérselo profundo y mover mi pelvis sobre su gigantesco clítoris ella respondía pegándose a mí moviendo en forma circular su pelvis, haciendo chocar mi verga de un lado a otro dentro de su vagina. En un comento se acercó a ni oído y susurrando me dijo: “¡Avísame cuando vayas a acabar, no quiero traer a este mundo, a un Papa!”. Comprendí que no quería que eyaculara adentro de su vagina y que nuestro eventual hijo sería un sucesor de San Pedro, la roca de la iglesia católica.

En un momento, sentí que mi orgasmo se acercaba, y le dije: “¡Voy a acabar!”. Ella rápidamente sacó mi verga de esa rica vagina mojada y se la metió hasta el fondo por el ano. Me dolió un poco, pero ella me dijo: “¡Sigue, por favor sigue, con fuerza métemela toda!”. Sor Cecilia estaba enloquecida cada vez que mi verga le llegaba hasta el fondo de su culo, parecía una endemoniada diciendo blasfemias lujuriosas. Fueron como cuatro o cinco minutos y exploté en su culo. Encima de la cama con el culo abierto y chorreando semen, se sentó y con una sonrisa de oreja a oreja, tomo mi rostro y me dio un inolvidable beso candente, metiéndome su lengua. Ha sido el más largo que he tenido en mi vida y el más caliente. Vi como la caliente monja se masturbaba hasta llegar a un orgasmo que chorreaba sus muslos. Después me llevó al pequeño baño y juntos nos duchamos, metió su larga cabellera en un gorra para no mojar su pelo. Descubrí que éramos exactamente del mismo porte, su boca estaba a mí misma altura y su vagina también estaba exactamente situada frente a mi verga. Besarla su boca y penetra su vagina al mismo tiempo no requería ningún esfuerzo adicional. Se lo dije y su respuesta hasta hoy me resuena: “Es por eso que Dios nos juntó”. Fueron muchas las noches de sexo, desenfreno, lujuria y perversión. Nos habíamos vuelto amantes. Por la noche burlábamos a las otras monjas que se paseaban en las penumbras de los pasillos y nos íbamos a los oscuros jardines del colegio para coger como posesos y entregarnos al morbo de estar cogiendo al aire libre con Dios como testigo.

Descubrí que ella llevaba un riguroso control de su ovulación, por tanto, me avisaba cuándo podía descárgame dentro el ella o cuando le debía avisar para que ella buscara otro lugar para mi descarga (su culo o su boca). Un día me llamó la Madre Superiora, para que ubicara a Sor Cecilia, y además hizo un extraño comentario. “Ustedes dos son como hermanos, por esos los mando juntos a comprar a la cuidad, ella te quiere mucho y habla muy bien ti, cuando hacemos las evacuaciones de los alumnos ella te pone siempre en el primer lugar. Sal con ella y cuídala. En los patios trata de estar más con ella. Desde mi puesto de mando acá arribo, he notado que cuando te juntas a hablar con Sor Marina, ella pone una cara de tristeza, cambia inmediatamente de cara cuando hablas con ella, si no fuera pecado, diría que se pone a coquetear contigo, cuándo te toma las manos y juntos rezan con la cabeza inclinada”. Estuve a punto de contarle la verdad: “Madre Superiora ella toma mis manos y me cuenta al oído, las veces que se masturbó en la noche, pensado en la última sesión de sexo que habíamos tenido, como le gusta que le haga sexo oral y como descubrió que puede llegar al orgasmo cuando chupo por sus grandes pezones y suavemente se los muerdo. Me cuenta donde dejara el bolso con su femenina lencería y sus minifaldas que se pone bajo la sotana, para ir preparada para quitarse el vestido y entramos felices al Hotel Francés, donde arrendamos una pieza por treinta minutos”. Claro que es lo que pienso e imagino la cara de la Madre Superiora al escuchar tamaña confesión de mi parte, obviamente sería un escándalo en la Diócesis y en la comunidad, pero solo es parte del morbo.

A la encargada del hotel, siempre le llama a atención porque estamos tampoco tiempo y nos recuerda que, por el mismo precio, ella nos permitirá estar hasta dos horas, porque somos la mejor pareja que frecuenta su hotel. Entre esas conversaciones indiscretas nos contó que ella se masturba mirándonos hacer el amor, a través del espejo falso de la pieza y que sueña con que en algún momento la invitemos a hacer un trio. Confesó que nunca había visto unos tan grandes pezones y no oculto su asombro el ver el clítoris de Cecilia. No sé si fue que movidos por la calentura le dijimos a la chica que en cualquier oportunidad que tengamos la incluiríamos en esa deliciosa sesión de sexo con nosotros. La encargada del hotel con una sonrisa de lujuria dibujada en los labios dijo: “De verdad me encantaría. ¡De pensarlo, se me moja la concha!”. Esa misma noche decidimos con Cecilia salir del colegio e ir en busca de esa caliente mujer y apagar el infierno que quema su entrepierna. La encontramos saliendo del bar y nos fuimos a su casa. Antes de que la puerta se cerrara yo le estaba tocando las tetas y Cecilia la besaba con esa caliente forma en que sabe hacerlo. Nos desnudamos y nos fuimos a la habitación, yo estaba de espaldas en la cama tenía a Cecilia y a la encargada del hotel chupando mi verga y mis testículos. Se veían tan sensuales y putas que me enloquecían. 

Sor Cecilia se acostó en la cama y la mujer se puso entre sus piernas, jugando de forma perversa con su clítoris. “¡Ah, por Dios, lame! ¡Hazlo como la perra caliente que eres! ¡Te lo ordeno en el nombre del Todopoderoso, dame placer con esa lengua de puta!” –decía Cecilia pellizcándose los pezones. La mujer levantó el culo y me dijo: “¡Métemela fuerte! ¡Rómpeme el culo y cuélame como lo haces con la zorra esta!”. Se notaba que las dos estaban fuera de sí y que vivían cada perverso segundo al máximo. Coger con la encargada del hotel se convirtió en un delicioso juego que practicábamos una vez a la semana, dando un plus más a la lujuria relación entre monja y estudiante. Fue un año intenso de cogidas a escondidas, lo que lo hacía más placentero.

Mi relación con Cecilia, terminó abruptamente como comenzó. Al regreso de las vacaciones en casa me avisaron esta estaba matriculado en el internado del Colegio La Salle de otro pueblo. Fui muchas veces al colegio a verla y no di con ella, iba los domingos a la misa pública que se realizaba en la iglesia al interior de colegio y no estaba ella. Un día en la calle me encontré con Sor Marina, que dio un apretado abrazo y un beso en la frente. Me dije finalmente es la oportunidad de saber de Cecilia. Así que partí recordando nuestros encuentros y conversaciones en el patio de colegio. En un momento, como al pasar le pregunté que es de mi otra amiga, Sor Cecilia. Bajó la mirada y en susurros me dijo: “Dejó los habitos, se casó con el ex cura Fernando, tiene un hijo llamado Pedro”. Me miró y con una cómplice mirada me dijo que pensaba que es hijo era mío. Quedé mudo. No supe cómo seguir, Cuanto sabia Sor Marina, para afirmar que el hijo de Cecilia podría ser mío. Recordé que había dicho, se casó con el ex cura Fernando y agregado que ella tiene un hijo (no tienen Fernando y Cecilia un hijo). Entendí que el padre era desconocido. “No te preocupes, el secreto de Cecilia y tuyo está a salvo conmigo” –dijo Sor Mariana. Yo quedé de una pieza, no sabía que contestarle. “Parece que te comió la lengua un ratón” –me dijo Sor Mariana. “No es eso hermana Mariana, solo que estoy tratando de pensar en aquello que usted me dice”. “No hay mucho que decir, sabes lo que tienes que hacer. Conoces las entradas al colegio que puedes usar en las noches y yo estaré esperando los viernes en la noche” –dijo Sor Mariana. No había viernes en la noche que no fuera a darle la cuota de sexo a la luz de las estrellas para comprar su silencio. No tenía tapujos ella en hacer lo que le pidiera, incluso en esas noches de lujuria me ofreció como ofrenda la virginidad de su culo apretado, haciendo que delirara de placer.

Años después, Cecilia me invitó a su casa para que conozcas y juegues con tu hijo, Pedrito. Me contó que Fernando había muerto y debía irse a Francia, ya que el ex cura era hijo único y le había heredo una cadena de hoteles, varios viñedos y dos catillos en Francia. Ella como todas las monjas franciscanas habla perfectamente el francés. Me dijo que siempre me estaría esperando. “Tú avísame donde estás y yo iré a buscarte” –me dijo. Ya era tarde, ya estaba casado, con dos hijos, Mi mujer es obsesionada por el sexo, lo practica los 365 días de año, con una semana que ella la llama: “La semana del culo”. Son sus días de menstruación. En la cual lava y lubrica su ano para tener excelente sexo anal y en la vagina se insertaba un tampón absorbente.

Dos veces fui a Francia, pero era agotador, inventar un cuento para mi mujer, pedir los permisos el trabajo, tener sexo todo el día con Cecilia, seis a ocho horas de sexo al día…Para recuperar el tiempo perdido según ella. Ella también vino incontables números de veces, hasta que finalmente encontró una pareja francesa y de común acuerdo decidimos suspender nuestros encuentros. Con la modernidad mantenemos contacto vía un secreto WhatsApp donde practicamos sexo virtual, donde ella se muestra y masajea su clítoris o me muestra sus pezones duros. Ella ha botado dos notebook y cuatros teclados por los deterioros producto de sus squirt cuando llega al orgasmo. Me comentó que no los lleva a reparar por que no puede contar como se deterioraron, pero una ocasión los puso frente a ella y para frente a mí, sus arrimados aparatos, darles un muevo remojón de sus fluidos y decirme: “Mira lo que de estas perdiendo”.

Esa noche mi señora se lo agradeció, literalmente le dejé los ojos en blanco, estamos en el cuarto día de “De la semana del culo”. Apagué mi PC, me fui a acostar, bajo las sábanas estaba su gran culo esperando ser cogido. Yo ya estaba con la verga como una roca, ella estaba algo dormida, pero despertó de inmediato cuando sintió que se la estaba metiendo, yo cerré mis ojos y pensé que me comía el culito de Cecilia, incluso pensaba en la encargada del hotel y en Sor Mariana y lo rico que las dos putas gritaban cuando les cogía el culo. Hice durar el acto lo más posible para acabar dentro de su ya abierto agujero. En mi mente vi a Cecilia masturbándose para mí, pensé que ahora Cecilia había lubricado su ano para mí. El sexo anal con Cecilia fue siempre doloroso, ya que ella nunca lubrico su ano. Ahora me lo estaba dando, lubricado, mi reacción fue inmediata, mi verga de nuevo se puso en erección, ella se puso de rodillas, abrió sus piernas y bajó la cabeza, me ofreció su culo. Le di duros golpes como nunca lo había hecho. Sentí que ella habido llegado al orgasmo por la vibración de su ano. Me concentré en pensar en Cecilia y logré otra erección, que a los diez o más minutos me llevaron al éxtasis. Fue hay que ella me dijo: “”¡Estuvo rico! Me has dejado desculada, mañana no me podé ni sentar. Llegaste como loco a golpear culo y a darme verga a lo salvaje”. Me falto decirle gracias, muchas gracias, Cecilia, porque yo, como nunca había tenido un delicioso sexo anal con Cecilia en mi mente.

Aunque esos encuentros virtuales con Cecilia siguieron, la que más lo disfrutaba era mi mujer porque me la cogía pensando en esa sensual monja capaz de hacer cosas sucias cuando lo deseaba y siempre estaba lista para dejarse coger ya fue en los pasillos del colegio o en el patio por la noche

 

 

Pasiones Prohibidas ® 

1 comentario:

  1. Pues yo fui cogido en los patios del colegio por los compañeros del salón eran como 9 los q me cogían sus vergas de gran tamaño eran grandes y gruesas y me dolía un poco cuando entraba la cabecita pero después todo normal pasaban todos a cogerme y yo quedaba bien satisfecho y con el culo reventado pero muy feliz de ser penetrado pues la más pequeña le media 22 CMS las demás de 23 a 30 CMS de largo era una moustrousidad

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