Estaba buscando un trabajo para seguir en la universidad. Encontró un anuncio decía: “Se necesita sirvienta para una variedad de tareas domésticas Interesadas llamen al 333-4321”. Lynn pensó que podría conseguir este trabajo. Se estaba desesperando desde que suspendió la universidad. Necesitaba un trabajo para pagarse sus estudios y este le pareció interesante porque sabía hacer las camas, cocinar, limpiar las habitaciones, para ella era pan comido.
Como ventaja tenía su apariencia a su favor. Era una joven de 22 años, rubia, de buena figura, con buenos pechos; siempre había estado orgullosa de su cuerpo y sabía que le daba poder sobre los hombres con los que salía. Llamó al número esa tarde desde su departamento. “¡Sí!” –una fuerte voz de mujer respondió a la llamada. “Llamo por el anuncio que busca una sirvienta” –dijo Lynn. “Tenemos un tiempo disponible para tu entrevista en 30 minutos, ¿puedes llegar a la esquina de Enrique Foster y Apoquindo?”. “Sí” –respondió Lynn. “Cuando llegue a la esquina mencionada usted vuelva a llamar y se le darán las indicaciones de donde ir. Le esperamos, no se retrase”. La mujer al otro lado del teléfono sonaba bastante severa. Lynn necesitaba mucho el trabajo, así que respondió: “¡Sí, señora¡ Seré puntual”. “De acuerdo… La espero a las 13:30 horas en punto”. Sin decir nada más la mujer colgó. Lynn se apresuró y llegó al lugar que le indicaron unos minutos antes y llamó, la mujer le dijo donde ir y se encontró con un edificio que ni parecía residencial, más bien era muy similar a los edificios de oficinas que abundan en ese sector. La chica solo tuvo tiempo para maquillarse y ninguno para cambiarse de ropa, ya que era muy poco el tiempo, pero pensó que iba bien. Ella vestía unos bonitos pantalones y blusa.
El portero le impidió entrar. Le explicó que estaba allí para solicitar el puesto de sirvienta en el ático. No la dejó pasar hasta que llamó y le confirmaron que la dejase pasar. El interior era lujoso, como el vestíbulo de un hotel Lynn se dirigió al ático. Al llegar al piso correcto, salió del ascensor y llamó a la única puerta del pequeño pasillo, le abrió una mujer joven vestida con un traje de sirvienta. Parecía una parodia del traje de una criada. La falda sobresalía casi horizontalmente y su longitud no cubría el culo de la joven de cabello negro. Su apretado culo estaba cubierto por unas bragas blancas con vuelos. El top empujaba los pechos de la chica hacia arriba y Lynn podía ver los semicírculos superiores de las areolas de la sirvienta. Los pezones casi se escapaban por encima del sostén.
Lynn estaba sorprendida, pero no dijo nada. No entendía esa forma de vestir tan reveladora. Casi se dio la vuelta para irse, pero la sensual chica de cabello negro le sonrió y le dijo: “La Ama te está esperando. Por favor entra”. Una vez Lynn se encontró dentro con la puerta cerrada detrás de ella, se sintió incómoda. “No creo que este trabajo…” –comenzó, pero la criada la ignoró. “¡Por favor sígame¡” -dijo la criada. Condujo a la aprensiva Lynn a través del vestíbulo de mármol hasta una oficina contigua. Lynn estaba mirando el culo de la chica, se le veía duro, firme; tanto que daban ganas de apretarlo. ¿Cómo podría usar ese atuendo? ¡Es de puta!” –se decía en su interior.
La oficina era una habitación espectacular con techos abovedados, revestidos de estanterías. Había dos sillas frente a un escritorio. Detrás del escritorio estaba sentada una mujer elegantemente vestida, con un perfecto traje de negocios. Tenía ojos verdes y cabello castaño y la hacía parecer una mujer poderosa y moderna, confiada en su dominio. Ignoró a la criada y a Lynn cuando entraron, ella continuó leyendo un documento que estaba sobre la mesa. La criada y Lynn se quedaron en el centro de la habitación durante varios minutos hasta que la mujer detrás del escritorio finalmente levantó la vista de lo que estaba leyendo. “Gracias Emma, puedes dejarnos” –dijo la mujer a la criada que apenas levantó la vista. La morena se giró y dejó a Lynn de pie en el centro de la habitación. “Tus trabajos aquí serán variados. Espero obediencia en todo momento y cualquier desacato a las reglas de la casa será severamente castigado” –dice la mujer.
Lynn estaba en estado de shock, todavía no había aceptado el trabajo y esa mujer ya la estaba tratando como si fuera una de sus sirvientas. Todavía no le había dicho que se sentara. “Tendrás que medirte inmediatamente para un uniforme para empezar mañana” –dice la mujer sentada al otro lado del escritorio. “Señora, no creo que quiera…” –Alcanzó a decir la chica, pero se detuvo cuando la mujer se centró en ella con una mirada fulminante. “Te dirigirás a mí como Ama o Ama Moore. ¿Entendido?” –le dijo con voz potente. “Si, Ama Moore.” –respondió Lynn, mientras pensaba: “Esto es una puta locura. No estoy trabajando para esta psicópata”. La señora Moore la ignoró nuevamente, presionó un botón del intercomunicador y dijo: “Katy, por favor, ven aquí. Tengo una chica nueva”. “Sí, señora”–escuchó Lynn la respuesta por el altavoz.
Entró otra mujer vestida profesionalmente con gafas de montura metálica. Tenía el pelo rubio recogido de una manera muy formal. La señora Moore la presentó: “Esta es mi asistente personal Katy. La obedecerás en todo” . “Ama Moore, no estoy segura…” –alcanzó a decir Lynn. “¡No hables a menos que se te ordene hacerlo!” –dijo la señora Moore con severidad. Lynn abrió la boca pero la cerró de nuevo para guardar silencio. Se sentía intimidada por esa mujer. Pensó que terminaría la entrevista pero de ninguna manera iba a trabajar para esta mujer. La señora Moore se volvió hacia Katy y le dijo que midiera a Lynn para su nuevo uniforme de sirvienta.
Lynn se quedó inmóvil, estupefacta, mientras Katy sacaba una cinta métrica de sastre y tomaba sus medidas, rápida y eficientemente. Antes de que Lynn pudiera reaccionar, Katy terminó. “Gracias Katy, lleva a la señorita Lynn y que te de todos los datos para su contrato como sirvienta de esta casa” –indicó la señora Moore. Katy salió de la habitación a una oficina lateral, no esperó a que Lynn la siguiera. Lynn miró a la mujer en el escritorio que volvía a ignorar por completo, así que siguió a Katy fuera de la oficina.
Katy llevó a Lynn a una oficina sencilla. Se sentó detrás del escritorio, no había otra silla en la habitación, así que debió permanecer de pie. “Necesitaré toda su información personal para incluirlo en nuestra base de datos de empleados” –dijo Katy. Después de recibir la información requerida creó la carpeta con la base de datos de Lynn. Pensó que era extraño que necesitaran conocer datos sobre sus parientes más cercanos, su estado civil y si tenía pareja, también su preferencia sexual, pero respondió todas las preguntas. Sólo quería terminar con esta entrevista y desaparecer para siempre. Después de unos veinte minutos, Katy se puso de pie y acompañó a Lynn hasta la puerta principal, ella le dijo: “Hasta mañana”, cerrando la puerta detrás de una aturdida Lynn.
La chica bajó en el ascensor sacudiendo la cabeza. Tenía claramente decidido de que no volvería a este lugar psicópata. ¡De ninguna manera! Estuvo toda la tarde pensando, por la noche de dio una ducha, cenó y de tendió en su cama. La mañana siguiente estaba durmiendo plácidamente cuando alguien golpeó la puerta. Se levantó todavía con los pantalones de pijama de franela, la camiseta blanca sin mangas y se dirigió a la puerta principal. Tan pronto como la abrió, Katy, la asistente personal de la señora Moore, entró por la puerta, seguida de varios hombres fuertes con portafolios. Lynn estaba atónita con lo que estaba pasando. “¿Por qué no estás listo para irte?” –preguntó Katy con severidad. Lynn tartamudeó un: “Bueno, yo no…”, pero Katy la interrumpió. “No hay tiempo chica. Vamos, tenemos que vestirte, para ir al sastre. Los Moore no estarán contentos si llegamos tarde a nuestra cita” –dice Katy agitando las manos. Con eso, agarró la muñeca de la aturdida Lynn y la arrastró de regreso a su dormitorio.
Lynn quería saber qué estaban haciendo los hombres extraños en su sala de estar, pero antes de que pudiera preguntar, Katy agarró su pijama y le quitó la parte inferior, lo que provocó que Lynn tropezara y cayera sobre su cama. Expuso su culo cubierto por bragas a la mujer vestida de traje de negocios. “Estos nunca servirán” –dijo Katy mientras le quitaba los pantalones del pijama por completo a una atónita Lynn. La chica se dio la vuelta justo a tiempo para que Katy agarrara el borde de sus bragas y también se las quitara, rasgándolas. Lynn ahora estaba asustada, ella sólo vestía una camiseta delgada casi transparente. Katy acababa de desnudarla. Lynn estaba aturdida y humillada, pero atrapada como un ciervo ante los faros de un auto, no hizo nada, ni siquiera se cubrió de la mirada de Katy. “Tenemos que vestirte y salir de aquí lo más rápido que podamos, pero esa ropa interior es horrible” –dice la mujer. Katy buscó en el cajón y encontró su único par de ropa interior sexy, y se los arrojó diciendo: “Póntelos rápido. Tenemos que irnos. Hay muchas cosas que hacer”. Lynn se dio cuenta de que era su tanga roja, pero se la subió rápidamente por sus piernas cuando unos pantalones jeans la golpeó en la cara. “Póntelos” –le ordenó Katy. Lynn se los puso, Katy deslizó una sandalia en ambos pies antes de que Lynn se subiera la cremallera, la agarró de la muñeca izquierda, la puso de pie y la arrastró fuera del dormitorio.
Lynn todavía llevaba su camiseta sin mangas casi transparente cuando Katy la arrastró fuera de su departamento y la llevó al ascensor. Ella ni siquiera tuvo la oportunidad de preguntarle a Katy qué estaba pasando. Bajaron al estacionamiento y una limusina las estaba esperando, Katy la empujó al asiento trasero y el coche se dispuso a salir. Lynn comenzó a protestar, pero Katy levantó la mano en un gesto de silencio mientras realizaba una llamada desde su teléfono móvil, ignorándola por completo. La chica guardó silencio, iba sentada pensando cómo había pasado esto; iba a terminar con esto tan pronto como pudiera. Eso era seguro.
Katy estaba hablando con alguien en la otra línea: “Sí, señora, ella está aquí”. Katy se giró para mirar a Lynn y siguió hablando por el móvil, diciendo: “Una camiseta sin mangas endeble y unos jeans”. “¡Sí, señora!”. La persona al otro lado de la línea habló durante un rato. Katy sonrió un poco. “¡Sí, señora!” –dijo. Luego colgó y se recostó en el asiento. Lynn la miró mientras se sentaba en silencio sonriendo levemente. “¿Quién era?” –preguntó la chica. “Tu Ama, nos invitó a almorzar con ella y el Sr. Moore”. “Ella no es mi Ama, y yo no voy a almorzar con ustedes.”
Ya había tenido suficiente, se deslizó por el asiento trasero con la intención de decirle al conductor que se detuviera. Ella nunca lo logró, Katy saltó sobre ella obligando a la joven echarse al suelo, agarrándola de sus muñecas y tirando de ellas hasta ponerlas en su espalda. Lynn se encontró clavada en el suelo con la cara aplastada contra la alfombra de la limusina. Katy se inclinó cerca de la oreja de Lynn diciéndole: “¡Escucha perra! No tengo tiempo para tonterías. Tengo que llevarte a la sastrería en una hora y luego al centro para almorzar con los Moore”. Torció dolorosamente el brazo de Lynn detrás de su espalda, la chica chilló de dolor. “¿Ha quedado claro?” –preguntó Katy. Lynn no respondió nada, le dolía y empezó a llorar. “¿Está claro puta?” –gritó Katy al oído de Lynn y ésta asintió débilmente. Katy se arrodilló sobre la espalda de Lynn, soltándole las muñecas y le dijo: “Debes aprender cual es tu lugar y tu lugar está por debajo de mí. Estás en el fondo y lo estarás hasta que yo quiera”. Se bajó de encima de Lynn y se sentó en su asiento. Tomó su teléfono y volvió a marcar, ignorando a Lynn, que lloraba mientras se volvía a sentar en su asiento delantero frente a Katy, secándose las lágrimas de los ojos entre sollozos silenciosos.
Una vez llegaron a lo que parecía ser el taller del sastre. El auto quedó en un estacionamiento subterráneo y Lynn fue prácticamente arrastrada fuera del ascensor por una mujer fuerte. En la puerta había un letrero que decía: “Simmons, sastre especializado”. Entraron y Lynn estaba demasiado conmocionada como para oponer resistencia. Todavía le dolía el brazo que Katy le había torcido. Se asustó por lo que vio dentro. Colgando de las paredes había una amplia exhibición de ropa y cosas que no eran exactamente ropa. Algunas eran de cuero, otras de látex, e incluso las había de metal. Le quedó claro cuál era la intención de este tipo de ropa: “Sumisión y esclavitud”. Estaba muy preocupada en lo que se había metido. Tenía que escapar. Luchó contra el agarre de la mujer fuerte y Katy, al verla, se volvió hacia ella, le torció la muñeca y la obligó a arrodillarse.
En ese momento, un hombre vestido de manera conservadora salió de detrás de la cortina que conducía a la trastienda… Iba impecablemente vestido con un traje de tres piezas. Chaqueta y pantalón negros con chaleco gris. Ignoró a Lynn y se acercó a Katy. “Ah, señorita Katy, me alegro de que finalmente esté aquí. Veo que llega unos minutos tarde. No hay necesidad de decirle a sus jefes que ha llegado con un poco de retraso, ¿verdad?” –le dijo mirando su reloj. “No Sr. Simmons, ciertamente no quisiera hacer nada para molestar a los Moore. Lo importante es que estoy aquí con la chica nueva” –dice Katy. “Por qué sí, lo es. Está siendo un poco cooperativa ahora, ¿verdad?” –dijo el sastre mirando ahora a Lynn. “Sí, lo está. Parece que no está muy emocionada por su prueba de esta mañana” –le respondió Katy apretando los dientes y tirando del brazo de Lynn, haciendo que chillara de dolor. “No importa. Tenemos sus atuendos completamente listos” –dijo Simmons. Se tomó unos segundos y gritó hacía la trastienda: ‘¡Anna!”. Una mujer salió vestida con un traje similar al del señor Simmons, sólo que con un corte ligeramente femenino. Era una morena alta. “¡Sí, señor!” –le dijo Anna. “Esta es la nueva criada de los Moore, está aquí lista para su prueba” –le dice el sastre. “¡Ah, muy bien! Sacaré la ropa de inmediato” –responde Anna. Dicho eso, desapareció dirigiéndose hacia la parte trasera de la tienda.
Lynn vio estrellas cuando su brazo fue torcido dolorosamente por la fuerte morena. Katy agarró la parte trasera de la endeble camiseta sin mangas de Lynn y la rasgó por la espalda, arrancándola del cuerpo, que sobresaltada gritó cuando quedó expuesta frente al sastre. Katy alcanzó el torso de Lynn y comenzó a desabotonar los jeans. La gritó y se agachó con su mano libre para detener que le quitasen sus pantalones. Katy tiró del brazo de nuevo sin piedad, gritándole: “¡No lo hagas!”. Lynn detuvo su lucha, su brazo se sentía como si fuera a romperse. Katy desabrochó los pantalones de Lynn y se los bajó hasta las rodillas justo cuando Anna regresaba con un perchero lleno de ropa.
Katy empujó a Lynn boca abajo, soltó el brazo y tiró de los jeans de Lynn. Después de eso ella se puso de pie. “Ahora, sin más molestias, tal vez podamos vestir a esta perra” –dijo Katy. Durante toda esta disputa, el señor Simmons y su asistente Anna habían estado esperando tranquilamente. Ahora el Sr. Simons le habló a Lynn de manera directa: “Ropa interior también fuera, por favor, señorita”. Lynn se puso de pie lentamente y miró a las tres personas, Katy le fruncía el ceño. El sastre estaba parado cerca con una expresión aburrida y su asistente Anna sonreía levemente. “Esto no está bien” –dijo la chica, pero enganchó sus dedos en el costado de su pequeño tanga y tiró de ellos hacia abajo. Ahora estaba desnuda frente a los tres. “Buena decisión. No te hubiera gustado cómo yo te los hubiera quitado” –dijo Katy. Katy se volvió hacia el señor Simmons y les dijo: “Tengo que hacer un recado para el Sr. Moore. Regresaré en 30 minutos… Vístanla ustedes y la preparan para llevármela”. “Por supuesto, señorita Katy, me ocuparé de ello”, dijo Simmons mientras acompañaba a Katy a la puerta.
El señor Simmons se giró una vez que Katy se hubo ido, miró a Lynn de arriba abajo, absorbiendo su desnudez. “Ven Anna, tenemos trabajo que hacer” –dijo batiendo palmas. El sastre comenzó a caminar lentamente en círculos alrededor de Lynn cuando Anna se adelantó con un conjunto de bragas de encaje blanco y un sostén a juego. Hizo que la desnuda Lynn se pusiera las bragas y se las subió. “¿Cómo encajan?” –preguntó Anna mientras tomaba la vagina de Lynn. La chica saltó ante lo que hizo Anna, pero estaba tan desorientada que no se movió de su posición en el centro de la habitación. “Excelente” –dijo el señor Simmons mientras continuaba dando vueltas alrededor de Lynn. Ella trató de seguirlo mientras él la observaba con ropa interior. De repente, Lynn sintió unas manos alrededor de su cintura y una mano colocándose sobre cada teta. “Tienes ricas tetas Lynn. Dan ganas de apretar las y morderlas” –le dijo Anna mientras se las apretaba.
Lynn era como un ciervo deslumbrado ante las luces de un auto en la noche. Habían pasado tantas cosas que no sabía qué hacer. Estaba segura de que si trataba de escapar, estas personas le harían algo malo. “Veo que estás pensando en huir o alguna otra tontería” –dijo el sastre, casi leyendo su mente. Se acercó, para pararse frente a Lynn, Anna la presionaba contra ella desde atrás agarrándole las tetas con más fuerza y clavándole sus uñas. Lynn comenzó a llorar de dolor y miedo. “Ten la seguridad de que aún te haremos lo que nos apetezca, aunque tengas que sufrir. Será un entretenimiento delicioso para animar nuestro día aburrido” –le dijo el señor Simmons. Se quedó cerca de ella durante unos segundos mientras la voluntad de Lynn la abandonaba. “Bien, hora podemos continuar” –le dijo a la chica, retrocediendo de nuevo y mirándola. Anna aflojó su agarre sobre los pechos de Lynn y los deslizó dentro de las copas del sostén . “Brazos pegados al cuerpo, por favor” –dijo Simmons. Lynn obedeció. El sastre comenzó de nuevo a su lento caminar alrededor de la asustada muchacha.
Anna volvió al perchero y tomó una falda negra, la colocó alrededor de la cintura de Lynn. La tenía varios centímetros por debajo de su culo, ocultándolo de miradas indiscretas pero mostrando tpor completo sus piernas bien formadas. Siguió una bonita blusa ligera. La chica siguió las instrucciones y se dejó vestir. Casi estaba hiperventilando, pero no sabía qué otra cosa hacer. El señor Simmons mantuvo su lenta evaluación de Lynn. Ella se sentía tan desnuda con la ropa puesta como sin ella por su mirada penetrante y calculadora. “¿Es eso todo, Anna?” –preguntó mientras su asistente deslizaba un par de tacones altos en los pies de Lynn. “Todo menos el reposabrazos, la capucha y la mordaza”. Los ojos de Lynn se agrandaron con miedo cuando los dos sastres comenzaron a reír. “No querida, eso se lo dejo a los Moore. Ahora veamos el asunto de la factura que será de $1.200 dólares. ¿La pagas a crédito o débito?” –dijo Simmons. “¡Qué!”. No tengo dinero conmigo, mi cartera” –dijo Lynn asustada. Ella no sabía dónde estaba su cartera, sólo quería salir de aquí y volver a su casa.
Por unos minutos el sastre y su asistente hablaban en secreto, lo que ponía más nerviosa a la atribulada Lynn. Su boca estaba por el miedo, su corazón parecía querer escaparse del pecho intentando adivinar las intenciones de ambos sastres. “¿Sin dinero? ¿Cómo esperas pagar tu guardarropa?” –preguntó Anna. Tanto Anna como el señor Simmons se sonrieron el uno al otro. “No podemos dejar que vayas a casa de los Moore vestida con la porquería con la que llegaste, no será apropiado. Estarían muy disgustados contigo y con nosotros. No queremos disgustarlos, son muy buenos clientes” –le dice Simmons. Lynn miró a su alrededor, ya que ahora tanto Anna como el sastre la estaban rodeando. “No, ciertamente no les gustaría” –repitió Anna. “¿Cómo vamos a resolver este problema en el que estás? ¿Cómo vas a pagar toda la ropa que hemos confeccionado para ti?” –le dijo la asistente. Lynn se estaba mareando, su cabeza daba vueltas; estaba a punto de llorar y no sabía qué hacer. “Si no tiene dinero, ¿quizás haya medios de pago alternativos que pueda hacer?” –dijo Anna de manera insinuante. “¿Qué tal lavar los platos?” –le dijo Lynn. El señor Simmons se rió entre dientes mientras seguían rodeando a la aterrorizada Lynn. “No tenemos platos, pero nos puedes servir de otra forma” –respondió el sastre sonriendo Anna. “¿No entiendo cómo?” –preguntó Lynn. “Bueno, podemos suponer que los Moore harán pleno uso de tus servicios Me pregunto, ¿por qué no deberíamos hacerlo nosotros?” –dijo la sonriente Anna. “¿Estás sugiriendo algún tipo de pago sexual?”, preguntó Simmons con fingida sorpresa. Lynn sacudía la cabeza con incredulidad mientras los sastres discutían sobre violarla, estaba demasiado asustada para hacer algo.
Hubo un silencio sepulcral que fue interrumpido por los
murmullos entre Simmons y Anna, Lynn ya no podía más con la angustia, no sabía
que se traían entre manos pero por la forma en que la miraban no era imposible
saber que no serían para nada buenas. “En
una palabra. ¡Sí!” –respondió Anna. “Pues
tenemos que ser rápidos ya que la señorita Katy regresará pronto” –dijo Simmons.
Con eso dejaron de dar vueltas. Anna se paró frente a Lynn. “Hagámoslo rápido” –respondió
Anna mientras se lamía los labios. Lynn escuchó que se abría una cremallera
detrás de ella y se dio la vuelta y vio al sastre sacarse su enorme verga de
los pantalones. Ella retrocedió instintivamente al ver esa verga y chocó contra
los brazos abiertos de Anna. Lynn corrió hacia la puerta, Anna le hizo una
zancadilla a Lynn y ésta cayó boca abajo al suelo. Con suma rapidez, Anna se
desabrochó los pantalones y los dejó caer por completo. Estaba desnuda debajo,
mostrando su vagina muy bien afeitada. “Seré también rápido” –dijo el señor Simmons
y se arrodilló entre las piernas de Lynn cuando ella comenzó a arrastrarse. Anna,
por otro lado, caminó frente a Lynn y se sentó frente a su cara… El morboso
sastre levantó la falda de Lynn y bajó sus bragas hasta la mitad del muslo, lo
suficiente para exponer la entrepierna. Lynn miró hacia arriba directamente a
la suave piel de la vagina de Anna, mientras la sastre la agarraba del pelo y
deslizaba la vagina contra su cara.
Antes de que Lynn pudiera reaccionar, Anna tenía su concha atascada contra la boca de la joven indefensa. “¡Saca la lengua, mi concha no muerde! ¡Métele la lengua, perra, o tendré que volverme más malvada!!” –le dijo Anna a través de un gruñido. Lynn sacó la lengua y comenzó a lamer por primeva vez una vagina, mientras sentía que la verga de Simmons exploraba su entrepierna, buscando su abertura vaginal. El señor Simmons le agarró las nalgas y se las separó localizando su vagina. Presionó contra ella y le metió el glande. Lynn chilló y Anna apretó más la cabeza contra su cara y sofocó la protesta. El señor Simmons presionó su verga más profundo en la vagina de la pobre chica. “Hagámoslo con rapidez” –volvió a decir Simmons. “¡Rápido! ¡Vamos, perra, chúpame la concha!” –le ordenó Anna. Lynn comenzó a hacer lo que le dijeron y lamió la vagina de Anna, metiéndole la lengua y lamiendo arriba y abajo su hendidura. Por otro lado, sintió que la verga de Simmons se deslizaba más profundamente dentro de su adolorida y húmeda vagina. Maulló mientras se vio obligada a satisfacer a los dos sastres. “¡Oh sí! ¡Rápido! ¡Vamos, así zorra, mueve tu lengua!” –le ordenaba Anna. Lynn hizo lo que le dijo y trabajó en el clítoris de la otra mujer, moviendo su lengua hacia arriba y hacia abajo. Entró en un estado de calentura como jamás lo había tenido, ya estaba perdida disfrutando de como se la metía el sastre y embriagándose con los fluidos de Anna. Lynn parecía haber perdido la noción del tiempo, era como si la lujuria se hubiese apoderado de su cuerpo y de sus pensamientos.
El sastre empezó a mover su enorme verga dentro y fuera de la concha de la chica. Lynn sintió que empezaba a lubricarse bajo las embestidas de Simmons... Una vez que hubo algo de humedad, el Sr. Simmons aceleró el ritmo. Las fuertes embestidas hacían que Lynn empujara la boca contra la vagina de Anna. Ella se convirtió en poco más que un gran juguete sexual que era perversamente usado entre los dos. “¡Oh, sí! ¡Perra, muévete rápido! ¡Voy a acabar!” –gritó el señor Simmons. “¡Yo también!” gritó Anna. “¡Ah, ah!” –gimió la indefensa Lynn mientras que el señor Simmons empujó su verga hasta el fondo de la concha de la muchacha y lo sostuvo así, al tiempo que Anna se retorcía de placer. Atrás habían quedado los miedos y ya se había entregado por completo al lujurioso placer de ser un juguete sexual. Lynn sintió al Sr. Simmons derramar su semen dentro de su vagina, también probó los fluidos de la vagina de Anna mientras acababa satisfecha y caliente. del coño de Anna mientras se corría muy satisfecha y caliente.
Los dos sastres se saciaron de ella. La utilizaron de la
forma que quisieron y disfrutaron todo lo que les apeteció hacer. “Esto fue
genial, ¿eh, Anna?” –dijo Simmons. “Pues sí, así fue, señor Simmons y acabamos rápido”
–responde Anna. El señor Simmons sacó su verga de la concha de Lynn con un “pop”
de sonido. Se puso de pie, se subió la cremallera y caminó hacia la caja
registradora. Anna se puso de pie por encima de Lynn, que ahora sollozaba. Recogió
sus pantalones, se los puso rápidamente y se arregló el traje, luego se agachó
y agarró a Lynn por debajo de un brazo y la arrastró hasta ponerla de pie.
Lynn se balanceó en su lugar cuando Anna metió la mano debajo
de la falda y arregló sus bragas. El
semen del señor Simmons comenzó a gotear de la vagina de Lynn y dejó una mancha
húmeda en su ropa interior. En ese momento Katy volvió a entrar. “Ha llegado
justo señorita Katy. Como puede ver, Anna acaba de terminar de vestir a la
chica” –dijo el sastre mientras sonreía inocentemente. “Gracias señor Simmons. Puede
enviarnos su factura para pagársela Lynn se ve guapa y lista para servir a su
nueva Ama y Maestro. Envíe el resto de su guardarropa, por favor” –responde ella.
“¡Por supuesto, señorita!” –dice Simmons. La chica empezó a protestar, pero
Katy simplemente la agarró de la muñeca y la arrastró fuera de la tienda mientras
Anna sostenía la puerta. De nada valieron sus protestas y calló cuando Katy le
dio una bofetada y le apretó con fuerza la teta derecha hasta que suplico que
se detuviera. “Vamos al auto, hay algo que tienes que hacer antes” –le dice
Katy. Lynn no entendía bien lo que Katy quiso decir pero intentó preguntar,
pero la asistente de la señora Moore le hizo un gesto para que se callara.
Cuando subieron a los asientos traseros el chofer empezó a la marcha, los
vidrios polarizados impedían que se viera al interior; por lo que Katy se quitó
la ropa, quedando con las piernas abiertas y la concha mojada. “Ahora muéstrame
que tan buena perra eres” –le dice a Lynn. La chica entendió el mensaje y se puso
a recorrer la vagina de Katy haciendo que gimiera como poseída. Se metía las
manos por debajo de la blusa para jugar con las tetas y le decía a Lynn: “La
puta Moore tiene suerte, se encontró una buena puta”. Lynn siguió con lo que se
le había pedido hasta que Katy acabó y se retorcía en el asiento gimiendo y
jadeando.
Lynn supo que de ahora en adelante su vida empezaba una nueva etapa en la que todo vale. Esto que le había sucedido era solo una pequeña muestra de lo que iba a tener que soportar, sin ninguna escapatoria posible, así solo le quedaba acostumbrarse, disfrutarlo y pensar en la exorbitante suma que recibiría todos los fines de mes.
Pasiones Prohibidas ®




