domingo, 19 de octubre de 2025

136. La amiga de mi hija 2

 

Habían pasado unos días después de que Aracely fuera a buscar la caja con ropa que mi hija le había regalado y de esa cogida perversa que le había dado. Ana me preguntó si sabía cuándo la iba a pasar a buscar para llevársela, no tenía idea cuando sería pero que la había estaba donde mismo la había dejado. “¿No le dijiste nada? Supongo” –me pregunta Ana. “¿Cómo se te ocurre? Además, ella vino a buscarla, se probó unas prendas y se fue, después de eso no he sabido nada” –le respondí. “Bueno, conociéndola como es capaz y le dio vergüenza. Voy a hablar con ella si de verdad va a querer la ropa o veo a quien más se la regalo” –me dice ella. “Es lo mejor, así también sales de dudas y se la das a alguna otra amiga” –le dije.

No podía sacarme de la mente a Aracely, a pesar de ser una chica no muy versada en el sexo, se había metido en mi mente de una manera un tanto aterradora, pasaba con la verga erecta pensando en lo rico que me la había cogido, incluso me pajeaba pensando en tenerla nuevamente encima de mí moviéndose con su carita de niña inocente pero a la vez perversa. Era viernes por la mañana, Ana no fue a clases y quería estar descansada porque en la noche tendrían una fiesta. Yo me fui a trabajar como si nada y Ana se quedó acostada. “Recuerda preparar algo para que almuerces, porque cuando te quedas en casa terminas pidiendo quien sabe qué cosa y no comes sano” –le dije. “¡Sí papá! ¡Quería pedirte un favor! ¿Nos puedes ir a dejar en la noche a la fiesta a unas amigas y a mí?” –me dice con una sonrisa. “¡No me queda de otra que ser Uber! Pero dile a tus amigas que se vengan todas para acá así hago un solo viaje” –le respondí. “¡Ay, eres el mejor papá del mundo!” –me dice mientras me abraza y me da un beso en la mejilla. Salí a trabajar y el día pasaba lento, era como si los minuteros del reloj en vez de avanzar, retrocedían. Al fin pude salir un poco antes porque una reunión se suspendió y no tenía razón de ser para que me quedara hasta más tarde.

Al llegar a casa me di una ducha y puse algo más cómodo a esperar que las horas pasaran y llevar a mi hija y a sus amigas a esa bendita fiesta. Empezaron a llegar una a una, cuál de todas estaba más buena. En eso Ana ya arreglada me pregunta si había llegado Aracely, le dije que no, me pidió si la podíamos esperar, porque como siempre se le había olvidado y venia en camino a casa. “Porque no la llamas y le preguntas donde está y la recogemos en el camino” –le dije. Después de hablar me dice que no venía tan cerca ni tan lejos pero era mejor que la pasáramos a buscar. Cuando la vi mi corazón se aceleró, tenía el cabello suelto y se había maquillado, se veía preciosa. Se subió al auto y saludó en general y nos fuimos a esa fiesta.  Al llegar, Ana me pidió que por favor las buscara como a las 02:00 o  03:00 de la madrugada, lo que significaba quedarme despierto viendo películas o pensando en Aracely de manera morbosa.

Como a las 02:45 AM sonó mi celular, era Ana diciendo que ya estaban listas. Me fui a buscarlas y pasamos a dejar a sus dos amigas, ya que Aracely se quedaría en mi casa por la noche, así aprovechaba en la mañana de llevarse la caja con ropa. Diciendo que ya estaban listas, me fui a buscarlas. Aracely subió al asiento trasero con las otras chicas y Ana se sentó a mi lado. Emprendimos el recorrido para llevar a las otras dos chicas a sus casas, por suerte vivían cerca las dos. Cuando regresábamos miraba por el retrovisor a Aracely que me sonría perversamente, como incitando mi lujuria. Se recostó ya que estaba medio entonada por los tragos con las piernas separadas. Mi hija me conversaba de lo bien que la había pasado y todo lo que bailó, yo estaba pendiente de Aracely que pasaba sus manos por sus muslos y se acariciaba ricamente, me daban unas ganas locas de detener el auto y pasarme al asiento trasero y cogérmela, ella quería calentarme y lo estaba consiguiendo, sentía que verga se ponía tiesa. Llegamos a casa después de ese tortuoso camino para mí y cada quien para su cuarto, Aracely se quedó en el cuarto de visitas.

En la mañana como a las 10:00 AM, me levanté, hice el desayuno y me bañé, yo siempre después del baño me coloco mi bata. Desayuné un poco y fui a mi cuarto a ver tv. Al rato como a las 11am escuché una puerta y era Aracely, la vi pasar en dirección al baño, pasó sin ver para atrás, al rato después de bañarse, bañadita y fresca si me saludó: “Buenos días Daniel, ¿cómo amaneciste?” –me preguntó. “Bien, y tú Aracely, ¿cómo amaneciste?” –le dije. “Muy bien papito” –me dice y me da un beso en los labios. No niego que me exalté un poco, ya que Ana no sabe nada de lo que pasó ese día que vino a buscar la ropa. Se había puesto una de las falditas que mi hija le regaló, usaba un top que apretaba sus senos y se le marcaban los pezones. Yo estaba embobado mirándole las tetas. Se levantó la falda y me mostró una tanguita rosa que llevaba puesta, que le marcaba los labios de la vagina y al darse vuelta tenía el pequeño metido entre las nalgas. Mi verga reaccionó de inmediato al estímulo visual, pero fui cauto, ya que no quería que Ana se diera cuenta del jueguito perverso que tenía con su amiga. “No sabes las ganas que tengo de que me cojas” –me dice susurrando en mi oído. “Yo también quiero cogerte, pero esperemos un poco, no sea cosa que Ana se despierte” –le dije. “Me parece perfecto” –me dice mientras me toma la mano y la mete entre la tanga, su vagina estaba mojada y su carita de inocente había desaparecido por completo. Se fue a la sala y me miraba con cara de niña perversa, encendió la TV y se recostó en el sofá, abrió las piernas y me hacía delirar. Ahora el que estaba cayendo en las redes de su juego era yo y ella lo disfrutaba al ver mis ojos encendidos en deseo.

Estuvimos charlando un rato y me decía que ya quería que nos pusiéramos traviesos. “No seas malo Daniel, me tienes caliente y Ana no se despertará tan pronto”. Tenía razón ya que mi hija cuando trasnocha se levantaba como a las 2 o 3 de la tarde. Se fue a la cocina y se sentó mirándome de frente, separó las piernas y podía ver como sus manos empezaron a jugar perversamente con su entrepierna. La observaba en silencio viendo como ella acariciaba su vagina por encima de la tanga, mordía sus labios al sentir como esos dedos traviesos exploraban con libertad y le provocaban una calentura que apenas podía controlar. Mi verga se empezó a asomar por el costado de la bata, al igual como se notaba que estaba caliente viendo a Aracely. Se demoró poco en mover la tanga a un lado y empezar a jugar con sus dedos en ese delicioso clítoris, sus gemidos sonaban sensuales, lujuriosos y llenos de perversión. Ya no podía resistirme a sus encantos y saqué mi verga por el lado de la bata, me masturbaba despacio viéndola hacer lo mismo sentada en una de las sillas de la cocina. Se quitó el top, dejando ver esas hermosas tetas con esos pezones duros, la tanga al cabo de unos minutos desapareció y la faldita la tenía encaramada hasta la cintura, se veía toda una zorrita ante mis ojos. “¡Ay Daniel, me tienes caliente! ¡Quiero que me cojas ya!” –decía gimiendo. Me puse de pie y nos fuimos a mi cuarto, le quité la falda, al fin la tenía desnuda y lista para disfrutar de su exquisito cuerpo. Me quitó la bata y me agarró la verga, masturbándome con dulzura me dijo: “No sabes lo mucho que la extrañaba”. La tiré en la cama, ya no había tiempo de palabras, solo pensaba en cogérmela de una vez. Abrió las piernas y enseguida me puse a lamer esa rica conchita húmeda y deseosa. Como la primera vez se sorprendió y dejó que mi lengua la recorriera con toda libertad, dejaba escapar deliciosos gemidos que se volvían intensos. Mi respiración se agitaba por la calentura que estaba sintiendo. Aracely se agarraba las tetas y gemía descontrolada, yo estaba como un loco bebiendo los fluidos de su exquisita conchita y se mezclaban con ese olor penetrante de hembra en celo.

Aracely estaba casi al borde del orgasmo y entre gemidos suplicaba que no me detuviera, quería sentir como mi lengua la llevaba al placer y disfrutar de ese momento que se habia perdido por su indecisión. “¡Oh, Daniel, qué rica se siente tu lengua!” –me decía ya retorciéndose y sin poder resistir más. Fue verdaderamente un gusto perverso verla retorcerse y jadear por el orgasmo, mi calentura estaba a niveles insospechados y mi lascivia presagiaba que iba a disfrutar de ella por completo. Aun no lograba componerse por completo cuando la giré e hice que se pusiera en cuatro. Ahora mi lucha era si se la metía por el culo o por la vagina, aunque mi primera intención fue darle por el culo sin misericordia, tuve un poquito de piedad y se la acomodé en la entrada de su vagina, de una embestida entró completa, ella gimió con lujuria y me dijo: “¡Eso, papito, dame duro!”. Me tomé de su cintura y la empecé a embestir con fuerza, era perversa la manera en que nuestros cuerpos chocaban y sus gemidos alucinantes. “¡Dame Daniel, quiero tu verga dentro papito!” –me decía con la sensual calentura en su voz.

Habían momentos en que pensaba que Ana nos podría descubrir cogiendo pero que podía decir, su amiga era mayor de edad y no estaba haciendo nada malo, solo disfrutando de ese cuerpo veinteañero que estaba a mi disposición. Seguí dándole con más fuerza y le decía: “¡Sí que aprendiste la primera vez!”. Ella solo gemía y respondía con su voz entrecortada: “¡Es que coges deliciosamente!”. De repente, escuché un ruido en el cuarto de mi hija. Al instante Aracely puso sus manos en la boca para acallar sus gemidos, me dijo que se iba a dar un baño y si podía prepararle algo para desayunar. Sin detenerme, le dije que ya estaba servido que si quería tomar un café debía solo calentarlo. “¡Ay papito, casi nos descubre!” –me dijo Aracely. “No va a entrar sin golpear estando la puerta está cerrada” –le respondí. Hice que subiera encima de mí, quería ver esas tetas moverse con lujuria al estar sobre mi verga. Se subió y se la ensartó en su conchita que rebosaba de fluidos. Tomado de sus muslos, Aracely comenzó con sus sensuales movimientos, ver la calentura reflejada en sus ojos era exquisito, sus tetas se mecían suavemente, me miraba y mordía su labio disfrutando de como mi verga masajeaba el interior de su vagina. Ya sus movimientos se volvieron más intensos, con esa deliciosa intención de hacerme disfrutar y disfrutar ella de la lujuria que nos tenía presos.

Entre más intensos eran sus movimientos, más intensa era la lujuria, ese delicioso movimiento de sus tetas era delirante. De pronto, se deja caer sobre mí y empieza a gemir descontrolada, me susurraba al oído que le gustaba sentir mi verga y que no podía aguantar más. La beso con lujuria mientras mis manos se van a sus nalgas y las abro maliciosamente, ella lo disfrutaba, también se volvía loca al sentir como mis manos se marcaban en su culo al nalguearla. “¡Eso papi! ¡He sido una niña mala!” –me decía. Otro delicioso orgasmo la invadió haciendo temblar su cuerpo, sentí como mis muslos se humedecieron por la tibieza de sus fluidos. Nos besamos perversamente y seguimos cogiendo como locos, esta vez hice que pusiera de lado, ya mi perversión no aguantaba más y quería cogerme su culito. Ella adivinó mis intenciones y se acercó más para que pudiera acomodar mi verga en la entrada de su ano. Lentamente empujé hasta que iba entrando poco a poco, a medida que mi verga se abría paso ella daba pequeños gritos de dolor. “¡Ay papito, me duele!” –decía Aracely. Empecé a moverme despacio para que su culo se acostumbrara a mi verga, después de todo era la primera vez que se la metía en ese culito. Cuando sentí que su ano se adaptó por completo a mi verga me empecé a mover rápido, embistiéndola con fuerza, Aracely gemía descontrolada y pedía que se la metiera con más con fuerza, quería ser cogida con violencia y que su culo quedara abierto. Estábamos tan calientes que habíamos perdido toda razón y pudor, creo que los gemidos de ella se escuchaban por toda la casa, ya no me preocupaba lo que Ana pudiera decir, tampoco me importaba que Aracely gimiera  como una cerda mientras le follaba el culo y creo que a ella tampoco le importaba demasiado. La giré e hice que se pusiera boca abajo y seguí dándole por el culo con fuerza, tal como ella pedía. Estábamos envueltos en sudor disfrutando como poseídos.

Sentía que mi verga iba a estallar, la sentía palpitar en ese culo abierto y era inminente que pronto eyacularía. “¡Quiero que tu semen llene mi culito!” –me decía entre gemidos. Aracely estaba aferrada a las sabanas y jadeaba perversamente. Al cabo de unos minutos me estaba vaciando en ese delicioso culo desvirgado, fue tan placentero como perverso. Aracely suspiró y me dijo: “Jamás pensé que el papá de mi amiga me cogiera tan rico”. Su culo quedó abierto y rebosando de semen, era una imagen erótica y candente. Sonreí y besé su cuello, ella gimió y dijo una vez más: “¡Quiero que me cojas siempre! ¡Quiero ser tu putita!”. Dulces palabras saliendo de los labios de una chica caliente y que aprendió lo rico que es coger como se debe. Estábamos tendidos en la cama y la chica con mi verga en su boca chupándomela de forma exquisita cuando se abrió la puerta de mi cuarto, era Ana y vio a su amiga en esa escena caliente. “Con razón no los encontraba” –dijo ella mirando fijamente como Aracely se tragaba mi verga, lejos de sentir vergüenza o pánico ella siguió y mi hija quedó parada al lado de la cama, no sé si de asombro o para ver como terminaría, pero lejos de enojarse siguió observando en silencio.

No fue necesario decir nada, pienso que fue su instinto el que actuó pero se unió a su amiga, entre las dos me la chupaban, la lamian, mordían e incluso se besaban. Era tan excitante verlas compartiendo como buenas amigas, mientras una se encargaba de mi verga, la otra hacía lo propio con mis testículos, era tanta la calentura que tenia que no tardé en acabar. Ver como compartían mi semen fue una escena muy morbosa. Después de esa caliente mamada que me dieron entre las dos, Ana me dijo: “Yo supuse que te la cogiste cuando debía llevarse la caja”. No le respondí nada, dejándole espacio a la duda, aunque no había nada que dudar.

Momentos como esos solo hay que disfrutarlos y obviamente que fue un fin de semana inolvidable con esas dos jovencitas llenas de lujuria y perversión. 

 

Pasiones Prohibidas ®

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