viernes, 24 de octubre de 2025

137. Cuando tu madre es la maestra más puta de la escuela

Tal vez para muchos ser el hijo de la maestra es algo incomodo, ¿Por qué? Por que si te aprueba en todo automáticamente pasas a ser odiado por el resto de la clase, se convierte uno en el centro de burlas y menosprecios, pero en mi caso no es así y esto se debe a varias razones que se las explicare de menor a mayor importancia.

La primera es que nadie sabe que la maestra Rocío es mi madre, así lo decidimos desde que entré a la enseñanza media.

La segunda es que mi madre es un pedazo de hembra que llama la atención tremendamente tanto de profesores, alumnos y padres de familia, donde quiera que ella se pare sus grandes y bien formadas nalgas enmarcadas en sus bien torneadas y largas piernas son el centro de atención de todos los hombres.

La tercera es que la situación antes mencionada a mi no me molesta en absoluto y por el contrario me pone muy caliente escuchar como mis compañeros se expresan de ella, diariamente escucho comentarios tales como: “¿Tendrá su vagina depilada?”. “¿Le gustará que se la den por el culo?” “¿Qué tal será para chupar verga?”. “¡como tendrá el culo de abierto!”. “¡A esta se la cogen mas de dos!”. “¡Que para satisfacer a la puta se debe comer al menos tres vergas!”. Así muchos mas, se podría decir que prácticamente la violan con sus comentarios.

La cuarta es que a ella le fascina escuchar todos estos comentarios y diariamente me pide que le diga todo lo que escuche de ella, le pone muy cachonda saber todo lo que dicen y pues la verdad es que no mienten en nada, Rocío es una tremenda puta. No hay nada más perverso para mí al ver su cara de caliente escuchando con detalles lo que los alumnos dicen de ella, incluso he escuchado a profesores hablando que “Rocío es la que cuando tienes ganas puedes cogértela sin mayor problema, ya que siempre está dispuesta a hacer lo que le pidas”.

Déjenme contarles como es un día normal con ella. Llegué al colegio y algo apurado me fui al salón de clases, tomé asiento y de inmediato se acercó a mí Ricardo, que déjenme decirles que es un tremendo morboso y admirador de mi madre, y ese día no pudo contener su sentir hacia Rocío y me dijo: “Oye, ¿ya viste a la maestra Rocío?”. La verdad es que había salido tan rápido de casa que no me había percatado de como se había vestido mi madre así que le dije: “No, ¿por qué?”. “¡La muy puta se puso una falda tan corta que se le ven hasta el hoyo del culo! Pero eso no es todo hermano. ¡Sus piernas, siempre tan sensuales! ¡Sus piernas son una delicia! Como me gustaría tenerlas sobre mis hombros y besárselas mientras le doy verga” –me respondió.

Los comentarios que Ricardo hacia de mi madre siempre eran muy cachondos y eso me calentaba la cabeza de sobremanera y procuraba seguirle la corriente con tal escuchar todo lo que le haría si la tuviera a su alcance. “¿En serio lleva así la falda?” –le pregunté. “¡Sí! Y no sabes, de arriba solo lleva una blusa de tirantes blanca que se le transparenta todo” –me responde. “¿y lleva sostén?” –le pregunté poniendo cara de interés. “¡Sí, hermano! Pero es como si no trajera, el sostén es tan pequeño que sus grandes tetas casi se le desbordan por arriba” –me respondió casi con la baba en la boca. Sabía que mi amigo no exageraba, mi madre tenía esas prendas y varias más bastante llamativas; no dudaba en llevarlas al colegio, pero continué siguiéndole el juego. “A ver si enseña algo” –le dije a Ricardo con una sonrisa burlona. El respondió de inmediato: “Ojalá, hoy en la noche quiero hacerme unas buenas pajas pensando en ella!”. En eso estábamos cuando entró Rocío al salón y de inmediato todos nuestros compañeros corrieron a sus lugares y cuando llegó a su escritorio nos saludó a todos: “Buenos días muchachos!”. “¡Buenos días Miss Rocío!” –dijimos todos respondiendo el saludo.

Pude constatar todo lo que Ricardo me había dicho, inclusive se podría decir que se vio decente al describirla, ya que la falda que llevaba era tan corta que se le veía el triangulo de su tanga roja asomarse por debajo de esta, Rocío dejó sus cosas sobre el escritorio y nos dijo: “Saquen su libro y repasen la pagina 169”. Obedecimos su indicación y después se sentó y comenzó a revisar algunos papeles, pero yo sabia que ella hacia todo aquello para calentarnos y también sabia que en cualquier momento iba a hacer algo para calentarnos aun más y solo era cuestión de esperar y así fue a los pocos minutos levanto la cabeza y dijo: “Necesito dos voluntarios que me ayuden a sacar un proyector de la bodega”. Casi todos mis compañeros levantaron la mano pero ella dijo: “Ricardo y Esteban, acompáñenme”.

Nos levantamos y salimos del salón tras de ella y en el camino rumbo a la bodega comenzamos a admirar sus hermosas nalgas. La falda le quedaba tan ajustada que la redondez de sus nalgas se le marcaba tremendamente y no solo eso parecía que ella se esmeraba en darnos un buen espectáculo ya que comenzó a caminar moviendo sus caderas de tal forma que sus nalgas se bamboleaban tremendamente con cada paso que daba provocando que su falda se le subiera aun más, pero el espectáculo no paró, ya que cuando llegamos a la bodega y entramos Rocío tomo una escalera triangular y después de abrirla y acomodarla debajo de unos estantes sin decir mas subió en ella y a pesar de que solo subió dos peldaños esto fue suficiente para que sus nalgas quedaran justo frente a nuestras caras y comenzó a mover algunas cajas, Ricardo me miró disimuladamente y dispuesto a aprovechar tal oportunidad, le dijo: “Di gusta Miss, puede pasarnos las cajas que le estorben”. Acto seguido se acercó un poco hacia ella quedando su rostro a escasos centímetros de sus nalgas. En ese momento pude sentir la envidia de los demás compañeros al ser elegidos por la musa de sus pajas para ir a la solitaria bodega del colegio.

Nos levantamos y salimos del salón tras de ella y en el camino rumbo a la bodega comenzamos a admirar sus hermosas nalgas. La falda le quedaba tan ajustada que la redondez de sus nalgas se le marcaba tremendamente y no solo eso parecía que ella se esmeraba en darnos un buen espectáculo ya que comenzó a caminar moviendo sus caderas de tal forma que sus nalgas se bamboleaban tremendamente con cada paso que daba provocando que su falda se le subiera aun más, pero el espectáculo no paró, ya que cuando llegamos a la bodega y entramos Rocío tomo una escalera triangular y después de abrirla y acomodarla debajo de unos estantes sin decir mas subió en ella y a pesar de que solo subió dos peldaños esto fue suficiente para que sus nalgas quedaran justo frente a nuestras caras y comenzó a mover algunas cajas, Ricardo me miró disimuladamente y dispuesto a aprovechar tal oportunidad, le dijo: “Di gusta Miss, puede pasarnos las cajas que le estorben”. Acto seguido se acercó un poco hacia ella quedando su rostro a escasos centímetros de sus nalgas. “Sí Ricardo, solo dame unos minutos!” –respondió Rocío. Ricardo comenzó a mirar disimuladamente las piernas de mi madre y después de unos instantes se reclinó un poco y clavó su mirada bajo su falda y el muy carbón aprovechando que Rocío tenia la cabeza metida en los anaqueles se comenzó a frotar su miembro por encima de la ropa, y yo claro no deseando quedarme atrás también me acerqué a ella y eché una rápida mirada bajo su falda y pude ver como el delgado hilo del tanga se le metía entre sus nalgas y lentamente fui bajando la mirada recorriendo sus piernas; después me volví enderezar. segundos después Rocío nos dijo: “A ver muchachos, voy a pasarles unas cajas y las dejan bajo la escalera”. Ricardo de inmediato se enderezó y comenzó a recibir las cajas que ella nos pasaba y claro que cada vez que se agachaba para dejarlas en el piso no perdía oportunidad para mirar sus piernas y de vez en vez echaba una rápida mirada bajo su falda, y cuando terminó de pasarle las cajas nos dijo: “Bueno, ahora voy a pasarles el proyector, tengan mucho cuidado”. Más que tener cuidado con la caja, teníamos cuidado de ocultar la calentura, a mi ya se me había olvidado que era mi madre a quien tenia al frente.

Los dos miramos hacia arriba y Rocío comenzó a sacar de aquel estante una caja un poco mas grande que las anteriores y se la pasó a Ricardo y en ese momento ella le dijo: “Acércate un poco más Ricardo”. Él se acercó a ella hasta que su rostro quedo a escasos milímetros de sus nalgas mientras que yo le ayudaba a bajar la caja. “Con cuidado muchachos, no la vayan a dejar caer, si no voy a tener que pagarlo y buscaré la forma de cobrarles a ustedes” –dijo con una lujuriosa sonrisa dibujada en los labios. Aquella escena era por demás cachonda, Ricardo tenia la cabeza tan cerca de las nalgas de Rocío que si hubiera deseado hubiese podido haber metido las narices en su entrepierna y oler su vagina y ella un poco flexionada le dejaba ver muy bien la parte baja de sus nalgas y yo a su lado contemplando disimuladamente sus piernas y cuando al fin logramos bajar la caja Rocío nos dijo: “Bien, ahora vayan al salón y lo dejan sobre el escritorio en unos momentos los alcanzo”. Ricardo se llevó la caja del proyector y yo tomé las otras cajas con cables y salimos de la bodega y cuando estuvimos lo suficientemente lejos Ricardo comenzó a decirme: “¡Viste su tanga!”. “Sí” –le respondí. “La tenía bien metida en el culo y tenía tan cerca su concha de mi cara que podía olerla” –me respondió. Seguimos caminando al salón y Ricardo seguía con sus cochinadas: “Ese olor a hembra me puso la verga bien dura y sus piernas se me imaginaron dos columnas griegas, que ganas tenía de darle unos chupetones en esas pantorrillas”. Ricardo estaba tan caliente como yo y no dudaba en expresarlo. Cuando llegamos al salón dejamos el proyector y me dijo: “Vamos a regresar, tal vez todavía este subida en la escalera”. No lo dudé y salimos de nuevo rumbo a la bodega y cuando llegamos la puerta estaba entreabierta, así que la abrimos lentamente esperando ver a Rocío aun en la escalera pero no fue así y bastante desanimados dimos media vuelta pero de pronto escuché su voz que venía de la parte trasera del almacén y le hice una seña a Ricardo para que esperara y cerramos lentamente la puerta, nos fuimos hacia la parte trasera de la bodega y escuchamos la voz de Rocío que decía: “¡Espera!..¡No!”. Seguido de una excitante risa.

Nos quedamos quietos unos instantes y nos dimos cuenta que estaba hasta el fondo de la bodega y observando entre los estantes pudimos ver a Rocío pero estaba acompañada por el instructor de acondicionamiento físico que la tenia sujeta por la cintura mientras le besaba el cuello y ella alegremente reía, miré a Ricardo y el estaba atento a lo que sucedía y no era para menos, el instructor había bajado sus manos hasta las nalgas de Rocío y comenzaba a levantarle la falda dejándonos ver sus grandes nalgas y parte de sus muslos. “¡No! ¡Aquí no!” –le decía ella. “Vamos Rocío, solo será un momento. Además, cobras muy bien para dejar que te cojamos” –le dice él. “El dinero no es el problema, es que puede vernos alguien” –dice Rocío. “¿Ahora te preocupa que alguien te vea? Siempre has sido tan puta que hasta vídeos tuyos cogiendo están en el teléfono de casi todos nosotros” –le dice el instructor.

El afortunado comenzó a sobar las nalgas de Rocío, podíamos ver como sus manos las recorrían por completo de arriba hacia abajo rodeándolas y apretándolas provocando que le brincaran morbosamente hasta que después de unos instantes el instructor se separó de ella, y le dijo: “¡Vamos putita, no te hagas de rogar!”. Inmediatamente después de que le dijo eso la hizo girar y la reclinó sobre un escritorio, le subió la falda por completo dejándonos ver de lleno sus grandes nalgas. “¡Pero que nalgas tan ricas tienes Rocío!” –le dice el instructor. Mi madre gimió al sentir como las manos de ese afortunado hombre se las apretó con fuerza. Luego de dio unas sonoras nalgadas que la hicieron gemir y decir lo rico en que la golpeaba. “¡Ah, sí! ¡Marca mi culo! Deja tu mano marcada en mis nalgas!” –decía ella. “¡Ahora separa tus piernas putita!” –le dice el instructor. Rocío no se resistió más y separó un poco sus piernas y de inmediato el profesor sujetó la delicada prenda y de un tirón se la desgarró haciendo que ella volviera a gemir. “Rocío, ahora cállate y déjame disfrutarte” –le dice. El instructor apoyó una de sus manos sobre las caderas de Rocío y con la otra comenzó a bajarse el pantalón dejando salir su enorme miembro erecto y comenzó a restregárselo en las nalgas, “Mira putita, me pusiste bien caliente la verga” –dice él. Rocío respirando ya agitadamente miró sobre su hombro y sonriendo le dijo: “¡Si cariño! ¡Ya métemela y cógeme de una vez!”. Ricardo y yo continuamos observando aquel espectáculo, a pesar de que ya había visto a Rocío tener sexo antes, ahora me resultaba diferente, aquello era demasiado morboso. La verga del instructor recorría las nalgas de Rocío dejando a su paso un delgada capa de fluidos y lentamente la fue bajando hasta que llego a la entrada de su vagina y sujetando sus caderas de un empujón se la metió hasta el fondo. Rocío al sentir la tremenda clavada se sujetó fuertemente de la orilla del escritorio y tensó su espalda. Vi como su rostro se desencajaba y exclamo: “¡Ay, Dios! ¡Dame duro!”. ¡Cállate puta, que sé bien que te gusta que te la metan duro!” –le decía el instructor mientras se la metía con fuerza, haciendo que el cuerpo de Rocío se deslizara sobre el escritorio.

El instructor comenzó a moverse rápidamente y podía ver como su enorme pedazo de verga entraba y salía salvajemente de la vagina de la puta profesora, provocando que ella comenzara a mover sus caderas hacía adelante, sin duda aquella verga era demasiado para ella y movía su cuerpo tratando de hacer menos dolorosa la salvaje invasión a la que era sometida, pero sus movimientos eran inútiles, aquella verga era tan grande que Rocío simplemente no podía ya librarse de ella. “¡Sí puta, sigue moviéndote así!” –le dice. El instructor dejó de manosear el culo de Rocío y empezó a darle ligeras nalgadas y yo la verdad no sabia si ella sufría o gozaba jamás había visto así a mi madre. “¡Así puta! ¡No dejes de moverte!” –le decía el enardecido macho. La pelvis del instructor chocaba salvajemente contra las nalgas de Rocío haciendo que estas rebotaran una y otra vez, su rostro ya estaba completamente desencajado pero ella pedía mas. “¡Sí, soy muy puta y lo sabes! ¡Dámela duro! ¡Cógeme como me gusta!” –decía ella. El instructor no detenía sus embestidas y sus manos no dejaban de manosear y apretar sus nalgas había momentos en que prácticamente la levantaba del suelo, ella gemía y respiraba ya muy agitada. “¡Ah, sí, riquísimo!¡Qué rico me coges! ¡Dámela hasta el fondo!” –le decía al hombre afortunado. Entre gemidos y caricias el instructor le dijo: “¡Sé cuánto gusta la verga! ¡No creas que no me cuenta como calentabas a esos muchachos! ¡Eres toda una puta!”. Nos quedamos aun mas sorprendidos al escuchar al instructor, él había visto todo, pero la respuesta de ella fue una bomba para nuestro morbo o al menos para Ricardo ya que entre gemidos Rocío contestó: “¡Ah, sí, me puso bien caliente exhibirme frente a mis alumnos! ¡Dame duro papito!”. Miré a Ricardo y sus ojos estaban completamente abiertos por lo que había escuchado, aunque yo bien sabia que roció había echo todo con la intención de excitarnos, escucharlo de su propia voz fue demasiado, tanto que no tuvimos pudor en masturbarnos viendo como el instructor le daba verga a la vagina de mi madre.

Nosotros como adolescentes calientes no perdimos el tiempo y nos empezamos a pajear viendo como se la metían hasta el fondo y escuchando sus deliciosos alaridos. “¡Sí, dale, no te detengas!” –decía. Von Ricardo nos imaginábamos que éramos nosotros quienes se la estaban cogiendo como la buena puta que era. El instructor seguía bombeando duramente la vagina de Rocío, su verga entraba de lleno y la movía de un lado a otro para después sacarla y de un empujón metérsela hasta el fondo mientras que sus manos no dejaban de apretar sus nalgas. Rocío para ese momento se retorcía tremendamente y sus manos se aferraban del escritorio tratando de detenerse pero lo único que lograba con moverse así era que el instructor disfrutara más de la cogida que le estaba dando. “Sí, puta, mueve esas nalgas!” –le decía él.  Roció para ese momento estaba ya fuera de sí y sus caderas no dejaban de moverse frenéticamente acompañando las embestidas del instructor, hasta que de pronto el instructor se reclinó sobre de ella y comenzó a gemir. “¡Ah, puta me vas a hacer acabar!”. Como si hubiésemos estado conectados Ricardo y yo balbuceamos lo mismo que el instructor. Ambos acabamos imaginando que lo hacíamos en la concha de Rocío. Ella se quedó inmóvil recibiendo leche tibia en su vagina y gimiendo como puta. Aprovechando el momento, le hice una seña a Ricardo para que saliéramos de la bodega y él aun consternado se paró. Los salimos lo mas despacio que pudimos y ya estando afuera Ricardo me comenzó decir: “¡No lo puedo creer!”. “Yo tampoco mi hermano, aunque nos pajeamos bien rico viendo como se la culeaban por puta” –le respondí. “Sí, hermano. Ya viste como siempre busca excitarnos, es una puta” –dijo Ricardo. Cuando llegamos al salón nos sentamos y parecía que ninguno de nuestros compañeros sospechaba de lo que había pasado, así que cuando ella llegó nosotros solo tratamos de disimular, pero ella no dejaba de mirarnos inclusive me di cuenta que se bajaba la falda pero ya no pude observar si llevaba tanga o se la había quitado el instructor y solo nos dijo: “Bueno chicos, mañana continuamos con el proyector”. Se despidió y salió del salón, Ricardo y yo no salíamos del asombro, fue tan morboso ver a mi madre culeada de manera salvaje que otra vez se me puso dura al recordar la escena.

Me despedí de Ricardo y me dijo que se iba a pajear como loco pensando en la maestra, en eso yo pensé que cuando llegara a casa habría ver mucho de qué hablar o por hacer. Cuando llegué a la casa me senté en la sala y la esperé en la sala. Cuando llegó me saludó como si nada, entonces le dije: “¡Bonito espectáculo!”. Se rió pensando en que me refería como nos había calentado a Ricardo y a mí en la bodega. “Seguro no te gustó verme jugando a ser puta con ustedes” –dijo ella. “Claro que me gustó, pero me refiero a que te cogió el instructor de educación física y que acabaste como una sucia cerda al recibir su verga” –le dije. “Ah, eso. Bueno, no puedo decir nada al respecto hijo. ¿Qué hacías en la bodega y no estabas en el salón?” –me dijo. Intenté buscar una respuesta y le dije: “Pensamos que te había pasado algo y fuimos a verte, pero nos encontramos con la tremenda cogida que te estaban dando”. “Bueno, sí, me gusta duro y él lo hace como me gusta” –me dijo. “Ay Rocío, tienes la capacidad de calentar a cualquiera, si hubieras visto como nos pajeamos viendo” –le dije. “¡Qué ganas de habérselas chupado mientras acababan, hijo” –dijo Rocío. “Puedes hacerlo ahora” –le dije. Ella sonrió con picardía y lujuria en los ojos. Cuando se puso entre mis piernas me dijo: “Querido, esto puede ser un juego peligroso, si me hago adicta a tu verga la voy a querer todos los días”. “Haz lo que se te indica sucia puta” –le dije. Ella con una sonrisa sacó mi verga y me la empezó a chupar.

Se la tragaba completa, aunque se ahogaba, no se detenía, lo hacía sensual, con su lengua recorría mi verga completa y volvía a tragársela. “¡Eso, puta, chupa!” –le decía. Para Rocío era un estímulo escucharme decirle puta y lo hacía con más lujuria, hasta que ya no resistió más, se subió la falda, hizo a un lado la falda y se montó encima de mí. “Hace tiempo que tenía ganas de tenerte dentro hijo y que disfrutaras de lo puta que soy” –me dijo. “Muévete puta y disfruta” –le dije. “Sí, cariño. ¡Es tan deliciosa tu verga, chiquito!” –me decía. Siguió moviéndose como la sucia puta que es hasta hacerme acabar, su concha quedó llena de semen y los dos exhaustos. Tal como Rocío lo dijo, se volvió adicta a mi verga y me la cogía en las mañanas antes de irnos a la escuela, cuando volvíamos y en la noche. Lo más perverso de todo que me la cogía por todos sus agujeros mientras que los otros fantaseaban con culearse a la maestra más puta de la escuela.

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®


5 comentarios:

  1. Maestro, sus escritos tan morbosos me hacen leer hasta tres veces para encontrarme y meterme en ese mundo lujurioso. Gracias por su amabilidad y entrega a nosotras sus seguidoras.

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  2. Excelente relato....muy morboso demasiado caliente..me puso la verga bien dura jjjjj

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  3. Cuanta morbosidad que rico Caballero como siempre exquisito Relato

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  4. Sin palabras gracias por su página

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