sábado, 17 de enero de 2026

164. Un Regalo y una advertencia

Todos corrían de un lado a otro en la oficina, al CEO de una empresa se le había ocurrido celebrar los diez años de lanzamiento de su proyecto estrella: “Una muñeca sexual con rasgos humanos”, no era típica muñeca recubierta de látex, sin expresiones y carente de expresión. Es una muñeca de tamaño real, con piel y cabello casi real, con expresiones faciales, capaz de mostrar incluso hasta sentimientos. Desde su primer día a la venta revolucionó el mercado y al año ya estaba en la Bolsa, generando millones de dólares. Todos los creativos estaban eufóricos porque el joven CEO no solo pagaba buenos sueldos, sino también era un tanto despiadado al no obtener lo que desea. Además, le había prometido una celebración a la altura, pero no es el único que tiene planes para tan prometedora noche.

En compañía de dos guardaespaldas cuya complexión bien podría ser igual a la de un gorila, lo que los mostraba más que perfectos para el cargo que ocupaban y subiendo por el elevador de aquel alto edificio con dirección al último piso, venía Cecilia Lugo, una MILF pelirroja, de cabello lacio hasta los hombros. A sus cuarenta años era normal que su cuerpo ya no podía ser como cuando era una veinteañera, por ejemplo, su abdomen era algo abultado, aunque no en exceso, pero por lo menos todavía tenía otros atributos, como un buen par de tetas, caderas anchas, un culo gordo pero que todavía conservaba su forma de corazón invertido y unas piernas largas que se asomaban por debajo de esa falda de ejecutiva que llevaba puesta. Además, tenía otros encantos, como su cara llena de pecas que le daban una apariencia adorable sobre su piel blanca o sus ojos azules enmarcados detrás de unos lentes de marco grueso.

El ascensor al fin se detuvo y abrió sus puertas revelando un pasillo con varias puertas a sus lados, con una más grande al final de este. Las tres personas caminaron por ese pasillo hasta que llegaron a la puerta final y aunque había un comunicador al lado de esta para anunciarse, no lo vieron necesario y entraron de una vez, ingresando a la oficina de un alto ejecutivo como lo delataban los muebles finos, la sala de espera, el mini bar, los libreros llenos de recuerdos finos y por sobre todas las cosas, el escritorio con tres monitores al final del despacho en el que estaba sentado un hombre: Arthur Cobblepot. Cecilia y los tres guardaespaldas avanzaron hasta pararse frente al escritorio y alcanzaron a escuchar que Cobblepot hablaba con alguien, al parecer por una video conferencia. “Entonces todo listo, damas y caballeros. Los veremos en dos semanas en el punto acordado para nuestra gran celebración. Se los prometo amigos míos: será la fiesta de su vida” –decía Arthur mientras daba un sorbo a una copa de vino. Se escucharon varias frases de despedida en distintos idiomas y la conversación terminó. Cobblepot se quitó los audífonos de los oídos y levantó la vista para ver a los recién llegados. “¡Así que por eso no contestabas tu teléfono!” –dijo Cecilia cruzándose de brazos. El hombre, menor que ella por unos diez años sonrió como un niño que acababa de hacer una travesura y dijo: “La junta se alargó más de lo que esperaba. Tuve que usar todo mi carisma para invitar a estos peces gordos a nuestra celebración, después de todo, si logro que ellos pongan su fortuna en nuestra operación, me voy a ganar muchos puntos con la mesa directiva. No solo los puntos son necesarios para mantener el control de la compañía, sino lo que me importa es llenar mi cuenta y que el resto se cague en sus putas ambiciones”. Aunque la “empresa” creadora de muñecas sexuales vivientes era una organización clandestina, el ego de Arthur y la seguridad en sus operaciones estaba tan por lo alto que él no veía problemas en celebrar el aniversario de esta misma como cualquier otra empresa lo haría y tenía en mente un gran reventón a la altura.

Cecilia frunció los labios. Aunque era la mujer de confianza de Cobblepot y su segunda al mando, no aprobaba mucho de sus métodos, pero al final él era el jefe y tenía que ajustarse. Evitó tener una discusión más larga con él y tomando una tablet que llevaba consigo, se la pasó a Arthur y le dijo: “Bueno, aparte de venir a revisar que seguías vivo, también quería mostrarte esto en persona. Estuve revisando nuestros archivos tal y como pediste y elegí a nuestras mejores dolls para tenerlas tanto como staff como para ofrecerlas como “plato fuerte” durante la fiesta. “¡Excelente!” –dijo Arthur tomando la tablet para empezar a ver la lista que le habían llevado, pasando su dedo por la pantalla y revisando las fotos y nombres de las dolls seleccionadas, hasta que se detuvo en una que le llamó la atención. “¿Cloe Doll? ¿Metiste a mi gatita para la fiesta?” –preguntó. Cecilia se encogió de hombros y dijo: “¿Qué te digo Arthur? A los accionistas les encanta tu muñeca tatuada e insistieron en que si podíamos incluirla en el menú” –respondió Cecilia. Arthur ladeó la cabeza como evaluando la idea y al final dijo: “Está bien, ponla. Después de todo estoy echando la casa por la ventana y si mi gatita nos ayuda a ganar algunos puntos, ¡qué diablos!”. Le regresó la tablet a Cecilia y dijo: “Claro que sí, entonces continuaré con los preparativos”. “Claro Ceci, que todo salga bien” –respondió Cobblepot y entró a su computadora para seguir  trabajando.

La mujer y los guardaespaldas se dieron media vuelta y salieron de la oficina cerrando la puerta detrás de ellos, empezaron a caminar hasta el ascensor y al entrar en él marcaron el botón de la planta baja y una vez que este empezó el descenso, Cecilia suspiró exasperada. “Ese Arthur, no es más que un niño grande. No sé cómo diablos se hizo de tanto poder dentro de la organización si sus ideas son estúpidas. ¿Cómo se le ocurre dar una fiesta con las dolls como atracción principal? Somos una organización clandestina, no la entrega de los globos de oro, lo único que va a lograr es que el mundo se entere de nuestra existencia, si de por sí ya hay rumores sobre nosotros en los bajos mundos” –decía para sus adentros. Suspiró una vez más y dijo: “Bueno, pero ya es hora de que le ponga un alto y su fiestecita será el momento ideal para hacerlo. ¿Cómo van los preparativos?”. Miró a los guardaespaldas, que estaban coludidos con ella en lo que estuviera tramando. “Va todo a pedir de boca señora Lugo. Ya preparamos al topo que le dará el soplo a la policía para que hagan una redada durante la fiesta” –dijo uno de los gorilas. “Perfecto” –dijo Cecilia sacando un pequeño estuche de maquillaje para empezar a darse un retoque con ayuda del espejo que venía en este. “Si Cobblepot queda expuesto al público, a la mesa directiva no le quedará de otra más que aceptar que yo tenía razón cuando les advertía que sus tonterías nos iban a meter en problemas. Será un golpe duro para la organización, pero nos recuperaremos y cuando me den el puesto de Arthur, estoy segura de que llevaré a esta organización a una nueva era de bonanza, y claro caballeros, ustedes por su ayuda no duden que tendrán una generosa recompensa” –dijo ella dando una sonrisa de triunfo. Miró a los guardaespaldas y estos le sonrieron complacidos. Cecilia siguió arreglando su maquillaje, se quitó los lentes y acercó su mirada al espejo para poder ver mejor si la mancha que tenía cerca de su ojo era una nueva peca o suciedad y entonces pasó: Un compartimiento se abrió arriba del espejo del cual salió un pequeño tubo que disparó un polvo verde directo a la cara de la ejecutiva. Cecilia dejó caer el estuche de maquillaje y empezó a toser sin control, todo comenzó a darle vueltas y se agarró de lo que pudo para evitar caer, pero fue imposible porque en cosa de nada perdió el conocimiento y ya no supo más de sí.

Pasaron varios minutos y empezó a recuperar el sentido. Se sentía acostada en una plancha de metal y por sobre todas las cosas, se dio cuenta de algo: estaba desnuda. Ese solo descubrimiento bastó para que abriera los ojos de golpe y comprobara que en efecto, estaba desnuda y acostada en una plancha de metal donde además la tenían amarrada con correas de tobillos y muñecas, aunque no era necesario porque podía sentir en su cuello un collar que limitaba los movimientos de ahí para abajo. Fue esto último lo que le hizo adivinar en dónde estaba y no necesitó ver las paredes blancas, olfatear el olor a vagina cogida o ver a las otras chicas en sillas como de ginecólogo con cascos en sus cabezas. “¡No! ¡Esto no puede ser!” –gritó. “Oh, claro que puede ser” –dijo una voz a su lado. Siendo lo único de su cuerpo que podía mover, se giró a ver hacia la dirección de donde había venido la voz.  “¡Tú!” –gritó la mujer en frustración al ver a Arthur Cobblepot sonriéndole con burla. Ignorando la rabia con la que la mujer le estaba mirando, Cobblepot continuó: “¡Ay Cecilia! ¿De verdad pensabas que tu plan iba a funcionar? ¿Qué ibas a arruinarme y que te ibas a salir con la tuya? Pensé que sabías las reglas del juego: nadie traiciona a Arthur Cobblepot porque los beneficios de serle leal son mayores y las consecuencias extremadamente caras. Cecilia se limitó a apretar los dientes. Como la mujer no dijo nada más, Arthur se sintió en la libertad de continuar. “Los dos guardaespaldas que creíste haber contratado para tu estúpido plan saben bien las reglas del juego, así que me informaron de inmediato de tus intenciones y me ayudaron a sabotear todo tu plan, y claro, tuvieron una maravillosa recompensa por mantener su lealtad a mí. De hecho, no creo que a Roland le moleste compartir con nosotros el juguete que le regalé” –dice Arthur riendo con malicia. Nada más decir eso, una de las puertas de la habitación se abrió y dos personas entraron. Uno era Roland, uno de los guardaespaldas que había estado con ella en el ascensor y con una correa de perro en el cuello que estaba unida a una cadena que llevaba el gorila en la mano, venía la otra persona, una chica. Lo peor de todo, es que Cecilia conocía a esa muchacha de cabellos naranjas que iba desnuda, con un código de barras tatuado sobre la vagina depilada, caminando con pasos mecánicos, con un rostro inexpresivo y más importante: con sus dos ojos totalmente blancos y desprovistos de vida. “¡No!” –gritó Cecilia al reconocer a Saraí, su hija, ella creía que estaba a salvo en Londres estudiando la universidad. “En cuanto me enteré de tus planes me puse manos a la obra. Le ofrecí a Roland a esta bella chica como recompensa por ponerme en alerta y envíe a un equipo a recoger a tu encantadora hija para traerla aquí y romperle la mente para reducirla al nuevo juguete del buen Roland, nada mal, ¿eh?” –explicó Cobblepot  mirando a la esclavizada pelirroja. “¡Desgraciado hijo de perra!” –gritó Cecilia tratando de mover su cuerpo para saltar sobre Cobblepot, pero el collar se lo impedía.

Arthur mientras tanto ignoró los gritos de la mujer y continuó: “Hay una razón por la que le pedí al buen Roland que trajera a su juguete el día de hoy”. Miró a Cecilia y la sonrisa que se dibujó en los labios del hombre no le auguró nada bueno a la mujer. En un giro de justicia poética, quiero que veas cómo es tu esclavizada hija la que da los toques finales para destruir tu mente. El corazón de Cecilia se terminó de ir hasta el suelo. Cobblepot mientras tanto miró a su confiable guardaespaldas y dijo: “¿Me haces los honores, Roland?”. El guardaespaldas dibujó una gran sonrisa en su rostro y dijo: “¡Claro que sí, jefe!”. Se giró para quitarle la cadena a su collar de perro a Saraí Doll y decirle al oído: “¡Haz lo que te ordenamos, puta!”. “¡Sí amo!” –respondió la esclavizada muchacha y comenzó a marchar hasta llegar con su madre, quien la miró y aunque sabía de sobra los resultados del proceso de dollyficación, todavía trataba de apelar a algún milagro inesperado. “¡Sara, Sarita! ¡Soy yo, tu madre! ¡Por favor reacciona!” –decía Cecilia sollozando. Saraí Doll bajó la mirada hacia la mujer y con frialdad dijo: “Debo destruir la mente de mi madre y convertirla en una muñeca como yo, porque el amo me lo ordenó”. “¡No!” –gritó Cecilia perdiendo ahora sí toda la esperanza. Saraí Doll entonces oprimió un botón en el collar de control en el cuello de su madre y este asumió control también de su cabeza, aunque su mente seguía intacta lista para ser hecha pedazos por el proceso de dollyficación. La doll empezó a operar unos controles para hacer que la mesa cambiara de forma hasta adoptar la apariencia de una silla de ginecólogo, dejando su vagina de donde había salido así como el ano de su madre, bastante expuestos. Regresó a la mesa y tomó de debajo de esta dos grandes consoladores que metió en ambos agujeros de su progenitora y una vez se aseguró que estos estaban lo más adentro posible, tomó la aguja de un catéter y la clavó en la base del cuello de Cecilia. Finalmente, puso los electrodos en los pezones de la mujer, el dildo que le alimentaría durante el proceso y que además introduciría los nanobots que modificarían su cuerpo en su boca y finalmente, colocó el casco con los lentes proyectores y los audífonos para los oídos sobre la cabeza de la mujer.

Terminados los preparativos, Saraí Doll caminó hasta una computadora cerca de la mesa, tecleó algunos comandos y antes de presionar la tecla enter, dijo una vez más, en voz alta para que Cecilia pudiera escucharla bajo el casco puesto, el mantra que Roland le había instruido: “Debo destruir la mente de mi madre y convertirla en una muñeca como yo, porque el amo me lo ordenó”. Diciendo eso, presionó al fin la tecla que inició el proceso y selló el destino de su madre. Roland y Arthur se acercaron, con el guardaespaldas llegando con su esclava para decirle: “¡Bien hecho  perra!”. Le da una nalgada que estremeció el culo de la chica. “Existo para complacer a mi amo” –fue toda la reacción de Saraí Doll. “Un gran espectáculo sin duda mi buen Roland” –dijo Arthur complacido. “Muchas gracias señor” –respondió Roland con una sonrisa burlona. “Ahora, vamos a mi oficina. Hay que preparar el papeleo de dimisión de la señorita Lugo. Estoy seguro de que mientras nos ocupamos de esto a tu muñeca no le importará revisar el resto del proceso de su madre” –dice Arthur. “A esta esclava no le importa quedarse a revisar que su madre sea convertida en una esclava como yo” –respondió Saraí Doll por su amo. Los dos hombres rieron y al final Roland dijo: “¡Buena perrita!”.

Mientras los dos hombres se iban a arreglar sus planes, Cecilia tenía sus propios problemas: sentía como esos dildos en su vagina y culo empezaban a vibrar a una velocidad que le excitaba demasiado y no tardarían en arrancarle un orgasmo en cuestión de nada, los electrodos en sus pezones habían empezado con el masaje a estos y ahora estaban todos erectos, recibiendo los mensajes a su sistema nervioso disfrazado de placer. El consolador en su boca ya había empezado a bombear por su garganta esa sustancia gelatinosa que incluía nutrientes y nanobots y lo peor era que sentía como su boca estaba empezando a chuparlo en un intento de jalar más contenido, aunque la verdad era que se le estaba entrenando para hacer felaciones perfectas, pero la peor parte, era que la música y el video que incluían esos mensajes subliminales que bombardearían su cerebro ya habían empezado y no había forma en que ella pudiera evitar verlo y peor cosa: la droga que le estaban inyectando ya estaba surtiendo efecto y se estaba empezando a sentir desorientada y cansada. ¡Pero no! No podía rendirse, no podía dejar que Cobblepot se saliera con la suya y menos después de lo que le había hecho a Saraí, tenía que poner toda su fuerza de voluntad en resistir al lavado de cerebro, mantener su mente intacta y así poderse vengar de ese malnacido y después, buscar una forma de recuperar a Saraí. Sí, debía hacerlo por su hija, debía luchar con todo lo que tenía por ella, sabía que ese pensamiento le daría la fuerza para luchar contra el proceso de dollyficación.

La fecha del aniversario de la organización había llegado y en una mansión a las afueras de la ciudad; hombres y mujeres tanto acaudalados cuidadosamente elegidos así como personal de la organización, se daban cita para participar de la celebración de este evento. En los jardines de la construcción, habían muchas mesas juntas donde los invitados degustaban los más exquisitos manjares, pero el verdadero dulce estaba en las meseras: varias de las dolls que la compañía todavía no vendía, llevando atuendos de lo más eróticos, desde los clásicos como conejita, enfermera o maid, hasta algunos más sofisticados como cosplay de diversas películas o videojuegos, todo para complacer todos los gustos de los invitados. No obstante, de momento había una regla de “no tocar” hasta que llegara el momento del evento principal y parecía que el fin había llegado ese momento, pues Arthur Cobblepot, el principal organizador, se subió al escenario que se había montado en el jardín, la música se paró y la iluminación se dirigió principalmente hacia él. “Muy buenas noches damas y caballeros. Antes que nada, quiero darles las gracias por haber aceptado nuestra invitación a esta pequeña cena de gala para celebrar el aniversario de nuestras actividades que tienen por objetivo proporcionarles el mejor aparato de entretenimiento sexual: una sexy mujer convertida en una muñeca sexual dispuesta a cumplir cualquier orden que se le dé, no importando lo que sea” –dijo. Cobblepot hizo una pausa para dejar que una ronda de aplausos sonara y cuando estos menguaron, continuó: “Pero bueno señores, estoy seguro de que no vinieron a comer gratis y a escucharme hablar, ¡vinieron a una fiesta! Y este es el momento de comenzar con el evento principal, donde podrán disponer de nuestras mejores dolls para saciar sus más bajos instintos, pero no se confundan amigos míos, nuestras mejores dolls no están ahí sirviendo sus platillos, aunque van a poder usarlas si lo desean, nuestra mejor selección está aquí en el escenario”. El telón detrás de él se levantó y a la vista quedaron una serie de dolls de los más variados tamaños, razas y cuerpos posibles, siendo la que más llamaba la atención una rubia de cabello teñido de violeta con el cuerpo cubierto de tatuajes aparte del inconfundible código de barras arriba de su bien depilado coño y el que muy seguramente tendría atrás revelando su nombre: Cleo Doll, o por lo menos lo sería de no ser porque en medio de esa selección de muñecas, se encontraba una debajo de una manta. “¿Pero qué es esto?” –dijo Arthur al micrófono. “¿A caso tenemos una doll sorpresa para esta noche? ¡Así es señores! ¡Les tenemos a una invitada sorpresa que estoy seguro de que muchos aquí van a reconocer!” –dijo de forma eufórica al púbico presente. Tiró la manta y reveló a la doll que estaba debajo, lo que en efecto sorprendió a los presentes que ya eran miembros de la organización: Cecilia se encontraba debajo de la sábana, con su traje de ejecutiva, pero en posición de firmes y con los ojos totalmente en blanco, revelando que por más que había luchado, al final su hija había tenido éxito en destruir su mente y reducirla a una doll. “Oh, parece que a esta muñequita no le llegó´ el memo de cómo era la vestimenta de esta fiesta. Putita, ¿por qué no lo arreglas?” –dijo Arthur de forma burlona mirando a su ex mano derecha. “¡Sí amo!” –respondió Cecilia y empezó a quitarse la ropa, primero el saco, luego la blusa y al final la falda, revelando que no llevaba ropa interior, pero sí otros aditamentos.

Así de frente, se podía ver su vagina depilada y el infaltable código de barras sobre él, pero además llevaba unas pinzas en sus pezones y un enorme dildo sobresalía de entre su entrepierna. “Deja que te vean por atrás, putita” –ordenó Arthur. “¡Sí amo!” –respondió Cecilia y se giró para darle la espalda a los invitados y estos  —respondió Cecilia y se giró para darle la espalda a los invitados y estos vieron sorprendidos que no solo llevaba un enorme butt plugg metido entre las nalgas, sino que el tatuaje que iba sobre estas era diferente, no decía “Cecilia Doll” como se esperaría, sino: “Traidora sin valor”. “Esta putita pensó que podía traicionarme y quitarme el puesto que tan duramente me he ganado, y aquí están las consecuencias. Aunque hoy se las traigo como un regalo por el aniversario de nuestra organización, también véanla como una advertencia, no, más bien una promesa: jueguen con las reglas de la organización y Arthur Cobblepot será su amigo, protector y benefactor, traicionen mi confianza y bueno, les puedo garantizar que en nuestra próxima fiesta ustedes estarán aquí, con la mente destruida, el culo al aire y un enorme dildo atorado en el recto.

Un aire pesado se asentó en el lugar por la clara amenaza de Arthur, el hombre lo notó con una sonrisa en los labios porque esa era la exacta reacción que quería lograr y luego dijo: “¡Pero vamos señores! ¡Esta es una fiesta! ¿Quién quiere ser el primero en jugar con esta muñeca traidora?”. Por un momento nadie habló hasta que: “¡Yo quiero!” –dijo una voz entre el público. Cobblepot se fijó y vio que era un joven de cabello rubio corto. “¿Andy? ¡Ven aquí muchacho!” –dijo reconociendo a uno de los chicos que le daban mantenimiento a las máquinas de dollyficación. El joven se levantó de su asiento y fue corriendo hasta el escenario al lado del anfitrión. “Y dime muchacho. ¿Por qué quieres tirarte a esta perra?” –preguntó el hombre al chico. “Bueno señor Cobblepot, si me permite sincerarme, esta zorra ya me tenía harto, siempre exigiendo tiempos de mantenimiento imposibles. Cuantas veces me quedé hasta tarde para cumplir sus tiempos y ahora que me da la chance de vengarme, quiero aprovechar” –dijo el muchacho con nerviosismo. Contrario a lo que se esperaba, Arthur rio y dijo: “¡Pues date gusto muchacho!”. Ya teniendo permiso del jefe, Andy corrió  hasta Cecilia, se plantó frente a ella y dijo: “Muy bien puta, chúpame la verga”. El cuerpo de Cecilia recuperó algo de vida, se giró hacia el joven y dijo: “¡Esta puta traidora obedece!” –respondió. Acto seguido se hincó frente a él y empezó a manipular el pantalón de este para liberar su verga que no estaba completamente erecta, ya fuera por estar al aire libre o porque se cohibía por estar a punto de recibir un oral enfrente de tantas personas, pero a Cecilia no le importó. Tomó esa verga entre sus manos, la masturbó un poco, le dio un par de besos y en cuestión de nada estaba tan dura, que ahora sí se la metió en la boca. Andy mientras tanto empezaba a disfrutar de las atenciones sexuales de la ex jefa, cuando otra voz se escuchó entre el público: “¡Pues si a esas vamos! ¡Yo también quiero cogerme a esa puta!”. Esta vez Stuart, otro de los chicos de mantenimiento había hablado. Así como su compañero, de seguro también había sufrido de los malos tratos por parte de Cecilia, por lo que subió al escenario y se desabrochó el pantalón para sacar su verga, el cual a diferencia del de su compañero, estaba totalmente erecto sin ningún pudor. “¡También chúpamela a mí, perra!” –orden Stuart. Cecilia se sacó la verga de Andy de la boca y dijo: “¡Sí, esta perra traidora obedece!”. Diciendo eso, con su mano empezó a masturbar a Andy mientras se metía la verga de Stuart en la boca. Mientras Cecilia estaba ocupada complaciendo dos vergas, una tercera voz se escuchó: “Bueno, la señora no me hizo nada, pero mentiría si no dijera que muchas veces deseé cogerme ese culo de mujer madura”. Esta vez había hablado Edward, uno de los chicos de reparto que se encargaba de llevar a las dolls a sus destinos. El muchacho subió al escenario y sin ninguna clase de pudor se quitó el pantalón en el escenario dejando al descubierto una enorme verga que incluso sorprendió a los dos chicos de mantenimiento. “A ver muchachos” –dijo Edward y levantó a Cecilia para luego llevar su mano a la entrepierna de la mujer y sacar tanto el dildo como el butt plug que llevaba ésta metidos en sus respectivos agujeros.

Observó con una gran sonrisa el butt plug; era casi tan grueso como su propia verga, por lo que al girarse a ver cómo estaba el ano de la mujer, lo vio lo suficientemente dilatado para que cupiera su verga sin problemas. “Cabálgame con tu culo puta” –le ordenó a la pelirroja. “Esta perra traidora obedece” –fue la respuesta de Cecilia. Edward se acostó en el suelo con la verga erecta, Cecilia empezó a mover su cuerpo para sentarse sobre uno de sus amos, tomó la verga de este con su mano y la apuntó a su culo para después, empezar a metérsela por el recto lentamente, hasta que la totalidad de esta entró  y con Edward sintiendo el calor de ese culo y como esas dos nalgas le apretaban de forma deliciosa. Cecilia empezó entonces con su otra orden y empezó a mover su cadera para en efecto empezar a cabalgarle la verga a su amo. Los dos chicos de mantenimiento mientras tanto se miraron entre ellos con una risa un tanto avergonzada. Se habían dormido en sus laureles y Edward les había ganado el privilegio de cogerse a Cecilia, pero estaban decididos a seguir disfrutando de esa bruja derrotada. Se acomodaron a cada lado de la mujer y entonces Andy dijo: “¡Síguenos chupando la verga, puta!” “Esta perra traidora obedece” –respondió Cecilia casi de forma autómata. Tomó ambas vergas que le habían puesto cerca de la cara, alternaba la labor, chupando y masturbando a la vez. Arthur, mientras tanto contempló la escena con una sonrisa y luego volvió a hablar a su público: “Bueno señores, ¡esta es una fiesta! ¡A disfrutar de los regalos de esta noche!”. La algarabía de los presentes no se hizo esperar. Estaban todos como si de la mejor fiesta en Saint Tropez se tratara. Dicho y hecho, los invitados al fin se levantaron de las mesas y empezaron a elegir a las dolls que más les gustaban para follarlas, tanto del grupo de meseras como de las que estaban en el escenario. Pronto la fiesta se convirtió en una orgía donde las dolls eran cogidas prácticamente por cualquier agujero que estuviera disponible, lo que le sacó una sonrisa al hombre pervertido de negocios. Decidió también unirse a la fiesta y se giró para ver si su muñeca favorita seguía disponible, pero pronto se dio cuenta de que él también se había dormido en sus laureles. En el escenario estaba la doctora Juliana, sin su falda ni sus bragas y con las piernas bien abiertas, haciendo que Cleo Doll le comiera la verga, mientras que por “el otro lado”, Steve, otro de los chicos de entregas, le estaba rompiendo el culo con su enorme verga a la pobre ladrona, que había pagado el precio por intentar robar los secretos de la fábrica de muñecas sexuales reales. Más que enojarse, Arthur sonrió resignado. No siempre se podía ganar.

Don Armando, un hombre ya mayor que había visto su cabello rizado pasar del negro al gris, se encontraba limpiando el piso de aquellas instalaciones secretas. Cualquiera podía pensar que las instalaciones secretas se limpiaban solas, pero no, necesitaban limpieza como cualquier otro edificio del mundo. Sabía lo que hacían ahí y aunque era moral, él sabía que no tenía ningún poder para detenerlos y como la paga era buena, a él le daba lo mismo y tampoco tenía ningún interés en delatarlos. Además, algunos de los beneficios aparte de la paga eran en extremo buenos. Miró la hora en su reloj y vio que era ya mediodía, hora de su break, y él sabía muy bien cómo iba a aprovecharlo.

Se dirigió a un cuarto de servicio pero antes de llegar, la puerta de este se abrió y por él salió una pequeña pelirroja limpiándose la entrepierna con un pañuelo, miró al conserje, le sonrió y como si fuera lo más normal del mundo, dijo: “¡Don Armando! ¡Buenas tardes!”. “Buenas tardes doctora Juliana” –respondió el hombre. La pelirroja le dedicó una sonrisa y pasó de ahí para regresar a sus labores. La doctora Juliana era una buena persona, pero a veces le parecía que estaba algo loquita. Se decía en chismes de pasillo que algo le había hecho el señor Cobblepot para torcerla, pero esa era otra de las cosas dentro de ese lugar al que Armando prefería hacer oídos sordos. Entró al cuarto de servicio y ahí, sentada sobre una mesa con las piernas bien abiertas, vio a la ex segunda al mando de Arthur, Cecilia Lugo, o como ya era más comúnmente conocida: la perra traidora. Tenía las tetas y las manos llenas de semen e incluso, un poco escurría de su vagina, señal de que ya otras personas le habían usado antes que él, mientras que tenía los labios llenos de un líquido transparente y algunos vellos púbicos; no había que ser un genio para adivinar que la doctora la había usado para que le comiera el coño. Tomó un par de toallas de papel y le limpió el semen que le estaba escurriendo de la vagina y suspiró. No era mucho, ¿pero en cuantos trabajos te dejarían coger en tus descansos a una perra mal parida como esa? Con ese pensamiento, se desabrochó el pantalón, sacó su verga erecta y se cogió con todo el ímpetu a esa puta traidora como muchos otros a lo largo de las semanas ya lo habían hecho. También hizo que se uniera la doctora Juliana y como sestaba programada para obedecer, solo se acomodó para comerle la vagina a Cecilia mientras don Armando le abría el culo con fuerza.

Nadie sabía de aquellos cambios que se realizaban eran posible gracias a mujeres reales que nadie extrañaría, y los que sabían preferían no hablarlo. Solo se decía que a mujer que deseabas, fuera famosa o no, Arthur Cobblepot la hacía tan real para ti, que era como si estuvieras con la de verdad. Mientras tanto, las riquezas seguían en aumento todos los trabajadores se beneficiaban en sus pagos y en los regalos que Arthur les entregaba,

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®



lunes, 12 de enero de 2026

163. Evelyn, la guardia de seguridad


Me llamo Patricio, vivo en un edificio de departamentos, tengo 30 años, soy soltero, vivo solo y soy un tipo muy activo con varias amistades, es habitual que de vez en cuando lleve alguna chica para hacer “travesuras” y así pasar una placentera noche. Todas las tardes al llegar me encuentro con Evelyn la guardia que está en la recepción. Es una mujer que no habla mucho pero siempre tiene una sonrisa cálida al saludar. Bordea los cincuenta, por lo que sé es de Perú. Se pinta el pelo rubio que le llega a los hombros y por lo que muestra sentada detrás del mesón tiene dos buenos atributos. El caluroso verano de Santiago causa estragos y ella siempre tiene dos o tres botones desabrochados de la camisa que muestran un poco más. No niego que llama mi atención, pero trato de mantener la compostura.

Cierta tarde, quise romper el hielo y me quedé conversando con ella. Me contó que vivía sola y que el trabajo era una distracción, también la forma de tener el sustento porque no tenía una red de apoyo aquí. Entonces, en tono de macho proveedor le dije: “Puede contar conmigo para lo que sea”. Ella sonrió y dijo que no me preocupara. “No se trata de que si me preocupo o no, es una forma de tender una mano” –le dije. Solo me agradeció y antes de subir al ascensor le dije: “Usted sabe dónde vivo, puede tocar el timbre cuando guste”. Me fui y me acomodaba la verga frente al espejo, ya que había reaccionado al mirarle el borde de su ropa interior que su generoso escote dejaba ver, supongo que me debió ver por la cámara del ascensor pero no me importó. Dejé mis cosas en el clóset de la entrada y me serví un vaso de whisky, me saqué la ropa para después ir a darme una ducha, pero no salían de mi mente las tetas de Evelyn, otra vez la tenía parada y me empecé a pajear fantasear en todas las cosas sucias que haría con ella si estuviera en mi depa, la violencia con que me la cogería por todos sus agujeros y diciéndole que es una sucia puta peruana hambrienta de verga. Incluso en mi paja la nombraba y decía; “¡Eso, muévete encima de mi verga puta peruana! ¡Muéstrame lo zorra que eres ensartada con mi verga en tu culo”. Acabé perversamente, grandes chorros de semen corrían por mi mano y la imaginaba tragando mi semen como una cerda. Le dediqué una de las mejores pajas que me me corrido a la guardia de mi edificio.

Me duché, comí algo , como estoy en mi departamento siempre ando desnudo pero siempre tengo un boxer a mano por si llega alguien. Estaba en la sala viendo TV cuando sonó el timbre, ya eran pasadas las diez de la noche, me paré del sillón para abrir la puerta. Mi sorpresa fue tremenda al ver a Evelyn frente a mí, con sus tres botones desabrochados, un pantalón negro ajustado y el ceño fruncido. “Dígame señora Evelyn, ¿en qué puedo ayudarle?”. Me miró a los ojos y me dijo: “Don Patricio, necesito conversar con usted”. “Claro, usted dirá. Perdón mis modales, pase” –le respondí. “Sabe que no puedo entrar a los departamentos” –dijo. “Señora, yo la estoy autorizando y además ya está fuera de turno, podría ser perfectamente una visita a un amigo” –le respondí. Con algo de dudas entró, le dije que se sentara mientras me iba a poner ropa. Le ofrecí algo para tomar y me dijo que una coca cola le vendría bien.

Después de unos minutos estaba en la sala con ella. “¡Soy todo oídos!“. “No sé cómo empezar” –dijo. “Por el principio, señora Evelyn” –le dije. “Usted me dijo que sería una visita de amigos y mis amigos no me dicen señora Evelyn” –dijo ella. “Tienes razón. Entonces tampoco me digas don Patricio” –le dije. “Bien, entonces será por el principio. Estuvimos conversando hoy cuando llegaste del trabajo y me di cuenta que no dejabas de mirarme” –dijo. “Claro, para eso son los ojos” –le respondí. “Sabes a lo que me refiero Patricio, me mirabas los senos de forma morbosa y eso me incomodó, ya que estoy en mi trabajo y no estoy para ser el espectáculo visual de nadie” – dijo con un tono de molestia. “La verdad, no me di cuenta. Si te molestaron mis miradas te pido disculpas, no fue mi intención incomodarte” –le dije. “No digas que no te diste cuenta, porque después en el ascensor te acomodarse el bulto encima del pantalón, sabiendo que por las cámaras podría verte” –dijo. En ese momento un veloz pensamiento vino y le respondí: “Entonces, no puedes decir que te sentiste incómoda, incluso creo que te gustó que te mirara las tetas Evelyn porque si viste que acomodé mi pantalón fue porque querías ver si se me paró o no. Sí, se me paró por eso lo hice porque sabía que estarías mirando”. Se quedó en silencio, no dijo nada, había sido descubierta.

Ya tomando un poco más de confianza, le dije: “En mi casa, mis amigos no toman coca cola. ¿Qué prefieres el vino o el whisky”. “Un vaso de whisky estaría bien” –respondió. Le serví como me los tomo yo, doble o triple. “Entonces Evelyn, te gustó que te mirara las tetas?” –le dije. Después de unos segundos de silencio me dijo que le había gustado. “¿Sabes que hice yo? No me las podía sacar de la mente y me terminé pajeando en tu nombre” –le dije. Me miro como no creyendo lo que decía. “Acabé bien rico pensando ti. Apuesto que al darte cuenta de que te miraba y que me acomodé la verga en el ascensor se te mojó la concha” –añadí. Guardó silencio y le dije: Dime, somos personas adultas”. “Yo sé Patricio, pero no sé qué decir a eso” –dijo Evelyn. “La verdad Evelyn. “Bien, la verdad entonces. Claro que me mojé. Me gustó ver que con solo mirarme las tetas se te paraba la verga. Ahora saber que te pajeaste pensante en mí, no solo me moja, me pone caliente” -dijo. “¿Te tan caliente te pone?” –le pregunté. Evelyn se desabotonó la camisa y dejó ver su ropa interior con encaje que traslucía sus pezones y areolas. “¡Así de caliente!” –me dijo. “¿Te pajeaste en el baño?” –pregunté. “¡Ay, Patricio! ¡Sí me pajee en el baño! Hace tiempo que no me sentía así de caliente. Mi concha tenía cuatro dedos dentro, mientas con mi otra mano me tapaba la boca para que no me escucharan gemir” –respondió. La conversación se ponía más caliente y el whisky rompía las inhibiciones. “Aquí puedes gritar, gemir o expresarte como quieras” –le dije retándola. Esa mezcla de alcohol y calentura nos hacía mirarnos con morbo. En ese caliente momento de lujuria, le dije: “ Evelyn, muéstrame como te tocaste en el baño”. Sin pensarlo, bajó su sostén y empezó a jugar con sus pezones, se le ponían duros mientras los masajeaba y apretaba. “Así me tocaba las tetas pensando en tu verga entre ellas” –me dijo. “Sigue tocándote las tetas y dime qué tan caliente te pusiste” –le dije. “Muy caliente . La tenía tan mojada como ahora al tenerte en frente” –dijo Evelyn. “¡Quítate la ropa y muéstrame como te metías los dedos en concha! Si quieres gemir o gritar, hazlo, aquí no tienes que reprimirte” –le dije con lujuria. No tuve que decir nada más sola se quitó la ropa, quedando completamente a mis ojos y a mi perversión.

Se quedó de pie y suavemente se empezó a masajear el clítoris. Tenía las piernas brillantes por la humedad de su vagina que le corría por los muslos. Se metió un dedo, luego otro hasta meterse cuatro dedos. “Así de caliente me puse” –dijo entre gemidos. Se metía los dedos rápido, ya sus gemidos se transformaron en delirantes y agónicos gritos de placer, la muy zorra lo estaba disfrutando. Me bajé el short que tenía puesto y mi verga salió para deleitar su calentura. “¡Ven y chupa puta!” –le ordené apuntando el suelo y obediente se puso en cuatro y se acercó a gatas. “¡Cómo usted ordene don Patricio!” –dijo. La agarró con su mano y le jalé el pelo. “¡Te dije que chuparas sucia puta!” –le dije. Por suerte entendió el mensaje y me la empezó a chupar deliciosamente, me miraba buscando aprobación pero yo se la hundía entera para que ahogara. Cuando la tenía toda adentro le tapaba la nariz para que no respirara, para ella no era una tortura, era un placer que la enloquecía. Cada vez me la chupaba más rápido y decía: “¡Dame leche! ¡La peruana puta quiere comerse tu semen!”. Mi verga se sentía demasiado dura, sabía que en cualquier momento la zorra se estaría saciando con mi semen. “Quien te viera tan seria y eres tremenda puta” –le dije. No dijo nada y siguió chupando.

Dentro de mi calentura, tomé mi celular y la empecé a grabar, no le importó mi qué pudiera hacer con el vídeo después, era como si solo existiera mi verga y el semen que estaba a punto de salir. “¿Te gusta como te la chupo?” –me preguntaba. “Eres toda una puta y sabes muy bien usar esa boca” –le respondí. Siguió en su frenética tarea hasta que mi semen salió y le llenó la boca, ella los degustaba con calentura. Los dos seguíamos calientes y con ganas de más. Me puse de pie y la tomé del pelo, la llevé a mi cuarto y la tiré sobre la cama. “¡Ahora veré lo puta que eres!” –le dije. Pasé mi lengua por su mojada vagina, se notaba lo caliente que estaba, su humedad y sus casi aullidos de perra la delataban; sin duda era excitante escucharla y ver cómo cerraba los ojos al apretarse los pezones. Cada vez más caliente, los gritos de Evelyn se escuchaban más fuertes: “¡Ay, Patricio, por favor métemela!”. Ya le había dado semen cuando lo pidió, pero ahora no tendría mi verga dentro hasta que tuviera un lujurioso orgasmo y suplicara para que se la metiera. Entre gemidos y súplicas, Evelyn se retorcía como mi lengua recorría su calor te vagina y mis dedos se la cogían. “¡No seas malo! ¡Dame verga y cógeme como la sucia puta peruana que soy!” –decía. Ya no se podía contener, cada segundo la acercaba al orgasmo, hasta que en un delirante momento empezó a temblar y a retorcerse hasta que se entregó al orgasmo. Verla bufar de placer era más que excitante, sobretodo que a pesar de su orgasmo seguía suplicando por mi verga.

La hice que se pusiera en cuatro, ella estaba expectante, sabía que en cualquier momento se la clavaría toda; aunque estaba caliente por metérsela la torturaba pasándole la verga por la vagina y el culo. “¡Ay Patricio, no seas malo! ¡Dame verga de una vez!” –me decía. Ya sin perder más tiempo se la metí en la concha, un exquisito gemido la poseyó y empezó a seguir el ritmo moviéndose al compás de mis embestidas. “¡Qué rico me la metes Patricio!” –decía. Era tan sensual y caliente con sus movimientos, jamás pensé que la zorra mojigata fuera tan caliente. Me agarré con fuerza de sus caderas para darle con más violencia, gritaba delirante de placer y pedía que no tuviera compasión de su vagina. Claro que no tendría piedad ni con su concha ni con su culo, por lo que aprovechando su calentura acomodé el glande en la entrada de su culo y empujé. Cuando sentí que entró con la misma violencia que se la estaba metiendo empujé y entró de golpe. “¡Ay, mi culo!” –gritó, pero no pidió que se la sacará, sino que le diera más fuerte. La morbosa forma en que se movía y como su ano se dilataba era demasiado caliente.

Después hice que se montara encima, dándome la espalda y metiendo mi verga en su ya abierto culo. Mientras Evelyn se movía le apretaba las tetas, le encantaba y la hacía gritar como posesa, en ese momento el ano le palpitaba y jadeaba caliente. Ambos estábamos enloquecidos por la lujuria, más la puta Evelyn que se movía perversamente haciendo que mi verga le entrara completa en su culo. La hice que se pusiera de lado y la tomé de una pierna, ya su culo estaba totalmente abierto, pero ella lo disfrutaba como si fuera la primera vez que lo estaba usando. “¡Sí que eres putita!” –le decía mientras seguía dándole verga, los dos ya no resistíamos más, ella tuvo un explosivo orgasmo y yo acabé copiosamente en su agujero, dejándolo lleno de semen. “¡Ah, Dios mío! ¡Sí que eres un salvaje! ¡No me has dado respiro!” –dijo. “Tú eres la puta peruana que pedía más” –le contesté. Al fin mi verga salió de su culo y ella me hizo acomodar para chupármela y dejarla limpia, tragándola entera. Su cara de placer y sus ojos de puta eran un deleite, tanto que otra vez me la puso dura y siguió chupando hasta que acabé en su sucia boca.

Dormimos por el cansancio, había pasado un tiempo considerable, era de madrugada. Me desperté y ver a Evelyn desnuda a mi lado me calentó y la desperté con mi lengua en su concha. Luego de coger en la mañana, me dijo si podía darse una ducha ya que tendría que salir a comprar algo para tomar su turno en la tarde, para mí no era problema, así que se duchó, antes de irse le dije: “Cuando quiera que subas te lo diré y te voy a estar esperando para cuando salgas del turno. Vas a subir sin ropa interior y con la concha preparada para ser usada”. Ella sonrió y dijo: “Así será, tendrás a la guardia puta en tu departamento para que sacies tu calentura”. Se despidió con un caliente beso, lo que ella jamás pensó fue que estaría casi todos los días cogiendo y siendo la peruana más puta que alguien haya conocido.



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viernes, 9 de enero de 2026

162. Mi esposa caliente

 

Empiezo diciendo que somos ya una pareja grande de edad, que bordea los 50 años, pero aun conservamos el calor en nuestras venas y en nuestra piel. Desde que nos casamos siempre fuimos bien calientes y claro está que nos cogimos aun desde antes de nuestro matrimonio, pero nunca con el calor ni con las puterías que hicimos después de casados. En aquella época, cogíamos en cualquier parte, incluso nos íbamos de paseo al monte para que la naturaleza fuera testigo mudo de nuestra calentura, incluso arriba de nuestra camioneta cogíamos o lo hacíamos en el patio sin importar que nos vieran los vecinos o con las ventanas abiertas, todo para saber si alguien nos veía cogiendo. Por más está decir que más de algún vecino nos vio y se dio cuenta de cómo le taladraba el culo a mi esposa. Supongo que más de alguno se pajeaba pensando en hacer un trio con mi caliente esposa o solo cogérsela él, ya que la forma sensual en que gime prende a cualquiera. Ahora con los años que tenemos, recordamos tantas anécdotas vividas en nuestras calenturas en Santiago, Viña del Mar o en la Cordillera, ya que mi trabajo nos llevaba a recorrer varias ciudades.

Ahora les cuento. Hace unos meses fuimos a un cine porno y le pedí que se pintara los labios de un color rojo intenso y se maquillara y se vistiera con algún vestido corto que la hiciera verse sensual. Antes le tuve que rogar: “Ya, pues, Anita, vamos. Así puedes calentar otras vergas”. Me miraba mordiéndose el labio. “Yo sé que te gusta hacerlo. Si alguien se sienta a tu lado, ¿se la chupas?” –le dije. “¡Ya sabes que sí papacito!” –me responde bien caliente. “¿Quién es mi puta fina?” –le pregunté. “Yo papito” me responde. La estuve convenciendo por  dos días, hasta que al tercero aceptó, pero para entrar en ambiente primero la lleve a un bar con  música, a donde van parejas con ánimo de calentura y coger. Algunas son putonas y otras son mujeres que buscan una verga para disfrutar. El ambiente ahí es de calor y de caricias calientes. Al llegar, el mesero que nos recibió, aun a pesar de  la edad de Anita,  la observó de pies a cabeza, ya que  cuando la convencí, le compré una falda negra que llegaba a la mitad de sus lindas piernas y así pudiera lucir sus redondos y bien formadas nalgas. Además, llevaba una blusa no muy corta pero si escotada y se había puesto un brasier  negro, que le abultaba sus tetas  y  que solo les cubría la mitad de ellas. Como su piel es blanca, el negro servía para mostrarlas tentadoras, daban ganas de tener esas ricas tetas en la boca y chuparlas como un bebé pervertido, caliente y mordisquear sus pezones.

El mesero como de unos 25 años, más que atento, queriendo llamar la atención de Anita, le indicó donde sentarse y sacándole la silla, se le pegó demasiado en su trasero y me dijo en un tono caliente: “¡Qué bien se ve la dama caballero, mejor que algunas muchachitas que están por acá! Ana como ya  sabía que esa tarde era para divertirnos, le sonrió coqueta, paró su culo, que se pegó a la verga del mesero y sonriendo coqueta le dijo con voz ardiente: “¿De verdad lo cree usted?”. A lo que  aprovecho el muy carbón y dijo: “ ¡No lo creo lo aseguro!”. Pedimos unos whiskies y al  traerlas, dirigiéndose a mí, dijo_ “Son por mi cuenta en honor de una mujer muy sexi y con labios sensuales. Le tomó la mano y le dio un beso tan caliente que hasta a mí se me paró la verga. Un momento después, pedí una copa de vino y al traerlas dijo: “Son especiales para ustedes, con vino de la mejor calidad, y efectivamente, eran mucho mejores. Aproveché entonces para decirle a Anita: “Mira putita, como lo traes, está caliente y babeando por ti, así a de traer la verga de parada y babosa”. “¿Así lo querías? Ni me quita la mirada de encima, tú no lo ves, pero yo sí, y me hace señas de que vaya al baño. Incluso me  hizo el signo de dinero en sus manos como preguntando cuanto por coger” –dijo Anita. Entonces, le dije: “Abre tus piernas para que te vea la concha”. Anita ya con las bebidas en la cabeza, la música y las miradas morbosas del mesero comenzó también a calentarse y a hacer gemidos calientes suaves, como señal de que estaba disfrutando lo que sucedía.

Pusieron entonces “Stop”, de Sam Brown, me dijo: “Vamos a bailar para calentar más a este muchachito, al bailar me abrazó y pegó su cuerpo al mío, se movía al ritmo sensual de los acordes, su concha mojada estaba pegada a mi verga parada. Entonces para provocarlo más me besaba apasionada y sacaba la lengua cuando pasamos cerca del mesero, me dijo: “Tómame de espalas y menea tu verga en mi culo, quiero que me desee, que no aguante las ganas de meterme la verga”. Bailamos tres  canciones más, bien caliente, el tipo miraba a Anta como un pervertido, yo le besaba el cuello y le metía la mano por debajo de la blusa, le manoseaba las tetas y le apretaba los pezones, mientras el mesero se manoseaba la verga por encima del pantalón sin ningún tipo de pudor y buscaba los ojos de Anita y ella miraba lo obsceno de aquel muchacho caliente. “¡Ahora si soy  puta, muy putita! Deseada por otro macho que se agarra su verga por encima del pantalón y me la muestra, aunque quiera verla, sentirla y chupársela” –me decía.  La temperatura aumentaba y me decía. “Fíjate como se toca, está caliente por mí. ¿Te acuerdas cuando éramos  más jóvenes y me hacías portarme como puta en los bares que íbamos? Cuando me tocabas las tetas. ¿Te gustaba que nos vieran? ¿Todavía te sigue gustando?” –me decía. Anita estaba demasiado caliente, buscaba mi verga y la tocaba, “¿Te gustaría que hiciéramos un trio con otro macho caliente como el mesero? Dímelo, estoy demasiado caliente y quiero que me cojan. ¡Verdad que soy muy puta!” –me decía. “¡Ay Anita, que puta te pusiste!” –le dije. “Sabes que soy caliente y por las cosas que hemos hecho los dos, sabes que te gustaría cogerme con otro, varias veces me lo has dicho” .me dijo. “¡Tremenda puta eres mi amor, cualquiera quisiera cogerte” –le dije.  “Ahora quiero hacerlo, quiero chuparle la verga al mesero y que me de verga por todos lados. “Quiero sentir la verga de ese mesero en la boca y chupársela como  tú me enseñaste, desde los testículos, el tronco y el glande,  pero  primero pasarle la lengua caliente y después comérmela despacio, centímetro a centímetro, disfrutando ese sabor que tú me enseñaste a disfrutar como puta fina” –me dijo entre jadeos.

Ana con las bebidas, el baile, los besos y caricias que le di la hacían desesperarse. Decía cosas más calientes, me agarraba mi verga bailando y se la pegaba más a su culo. “Vamos a pasar cerca del mesero” –me dijo, ahí sin movernos del mismo lugar bailamos bien calientes.  “Méteme la mano donde quieras, quiero que me agarres las nalgas delante de ese mocoso caliente y me digas suave al oído que soy tu puta caliente. Qué bailando lentamente lleguemos cerca de la barra donde está parado el mesero y me preguntes, ¿quién es mi puta caliente? Para responderte, ¡yo soy tu puta caliente!”. La calentura de Ana era notoria, tenía las bragas empapadas. “Me has hecho bien puta, has hecho que me encante la verga por todos lados” –me dijo. Se separa de mí y se pega más al mesero rozando con sus nalgas la verga del carbón bien caliente y dando vuelta, le sonríe coqueta y se moja los labios, dice: “Espero que no hayas escuchado”. Salió como una dama a sentarse. Nos tomamos el vino y Anita abriendo las piernas lo mira, se acaricia las tetas y moja  sus labios. Ya era lo que tanto habíamos pensado: Una puta caliente mostrándose.

Antes de pedir otras copas de vino, el mesero ya las traía: “En honor de esta ardiente hembra que tiene”. Yo estaba con la verga a punto de explotar y Ana tenía las mejillas y la respiración agitada, las tetas se le movían agitados, los pezones marcados esperando ser mordidos o apretados. Me levanté al baño y estando ahí el mesero me siguió y me dijo: “Con todo respeto señor, su pareja me encanta  y  me siento caliente con ganas de que me la chupe y hasta de cogérmela. ¿Cuánto me costará señor y sonde la veo?”. Sorprendido le dije: “No es una puta profesional, es mi pareja de hace ya varios años y somos bien calientes. Me dijo que le había hecho señas y que estás dispuesto a pagar. Ella es la que debe decidir, siempre habíamos pensado en hacer una cosa así, pero nunca lo hemos hecho. Si quieres cuando vaya al baño pregúntale”. Le dije a Ana que fuera al baño, que la iban a estar esperando. Obediente fue y al cabo de unos minutos volvió y me dice: “Gracias papito, regreso en unos minutos, tu putita se va a trabajar”.  Me quedé tomando la copa de vino y pensando en lo que pasaba en el baño con el mesero y la puta debutante Ana, mi esposa.

Al pasar media hora Ana vuelve con una sonrisa en los labios mientras el mesero  se acomoda su camisa y el pantalón. Me cuenta: Se llama Juan  tiene 25 años y me dijo que le gusté mucho desde que llegamos y que me ha estado viendo, que ya no aguanta su verga rozándole el pantalón y los testículos llenos de semen. Expresiones que me hicieron sentirme halagada, ya tu sabes la edad, aunque me he fijado en los amigos de Daniel que me miran con lujuria pero nunca había pensado en lo rico que sería coger con alguien tan menor”. Yo estaba caliente oyendo cada palabra que salía de sus labios. Siguió: “Me pegó su verga al culo y subió mi falda, me tocó las bragas y me dijo que si era una puta caliente y que mis labios se veían apetitosos y calientes para chupar verga, que se notaba en los ojos, Me dijo que debo tener una garganta profunda como para tragarme toda su verga y que con las piernas en sus hombros me vería toda caliente recibiendo verga hasta el fondo y gritando como loca”. Ente más me contaba, más caliente me ponía, le pedí continuara: “Yo papi, estaba bufando y gimiendo, le decía, ¡Soy puta, bien puta y tú un mocoso caliente! Nunca me he vendido pero hoy tenía ganas de hacerlo, sentir lo que sienten las perras que cogen por dinero. Soy la puta que tú deseas, así que dame duro. Le dijiste a mi marido que estabas dispuesto a pagar y soy una puta muy cara”. Mi verga estaba a punto de explotar, la tenía muy parada escuchando lo puta que Anita se estaba volviendo. “¿Qué más le decías cuando te la metía?” –le pregunté. Se notaba que estaba caliente contándome y siguió: “¿Te gusta cogerme y qué la chupe? Me dijo que le encantaba lo dispuesta que estaba a complacerlo y que vale la pena cada billete que pagara esa noche. Me dijo que le gustaría metérmela por el culo,  le respondí que le saldría más caro. Dijo que pagaría por mi culo lo que le pidiera. Sus dedos masajeaban mi clítoris con demencia, me ponía demasiado caliente cuando lo hacía y me decía que era una puta. Me encanta que me hagas puta. Me puse de rodillas y se la dejé toda mojada con saliva, me hizo inclinarme y me chupó el culo hasta dejarlo mojado, acomodó la verga en la entrada de mi ano y me la metió de golpe. ¡Ay, hijo de puta, mi culo! Sin compasión me empezó a coger y tenía fuertemente tomada de las caderas mientras su verga entraba y salía perforándome, me hacía gemir y gritar. ¡Oh, papi era un placer perverso! Me la metía tan rico que babeaba de placer. Esa verga llena de venas se adueñaba de mi culo y yo solo gemía”.

La forma caliente en que contaba como el mesero se la cogía me tenía loco, no de celos, sino de lujuria. “Sigue contándome putita” –le dije. Ella sonrió y siguió: “Después de darme verga en mi hoyo me dijo que iba a acabar y como una buena puta me puse de rodillas y se la chupé con perversión. ¡Dame leche mocoso! le decía y él solo me decía que era una puta riquísima y que valía cada peso. Se la seguía chupando hasta que su verga escupió ese espeso semen y que no desperdicié, fueron grandes chorros de abundante semen. Cuando terminó de escupir, me lanzó 20 billetes de $10.000 y salimos del baño”. “Se nota que lo pasaste bien y que te cogieron como toda una puta” –le dije. Con perversión me respondió: “Lo soy gracia a ti”.

Nos levantamos y me besó apasionadamente, salimos del bar y como ustedes entenderás, no fue necesario ir al cine porno, pero sé que Anita intercambió su número con el mesero, total ya le había tomado el gusto a ser puta.

 

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lunes, 5 de enero de 2026

161. Mi compañera ciega y su madre

 

Hola a todos, esto que les voy a relatar es algo que pasó realmente. Es mediado del año 2024. Trabajo hace unos años en las oficinas de un lugar público y por tal motivo las tareas son variada y a veces en cantidad, por lo que para alivianar un poco. De otro lugar enviaron a una chica nueva, ella es ciega, ya que siempre me dice que no le diga “no vidente”, que su condición es ciega, la verdad no sé cuál es la diferencia, pero la respeto, yo la conocía de varios años atrás en los que habíamos trabajado juntos, pero casi no teníamos relación, así que coincidimos nuevamente en este lugar.

Ella es diez años menor que yo, conozco a casi toda su familia, pero con la que tenía más afinidad era con su hermana que tenía mi edad y con la que fuimos juntos a la escuela, en estos momentos ella estaba en pareja con un muchacho que era de las mismas condiciones, “ciego” y tenía hijos de otra pareja, Vivía bastante alejada del lugar, pero su madre vivía a cien metros de la oficina y le cuidaba los hijos mientras ella trabajaba, yo no congeniaba mucho con ella y tampoco me sentía atraído ya que era una chica normal, casi sin ningún tipo de curvas, a comparación de su madre que a pesar de sus años, era de gran porte, con curvas y bonita cara, se ve que de joven fue muy hermosa mujer. Como estábamos los dos en la misma oficina, ella se encargaba de atender el teléfono exclusivamente, por su condición. La madre venía a traerle la comida y así fue como empezamos a tener más diálogo, yo trataba de poner un poco de distancia ya que veía que era una persona muy absorbente y como decimos en Chile, muy tóxica, por la forma de tratar a su pareja, pero se me dificultaba, ya que no quería que se lleve nada por delante y su celular que está adaptado para hablar, me volvía loco.

Después de un tiempo y ya más entrado en confianza charlábamos de todo, y me comentaba lo mal que se llevaba con su pareja, yo la entendía, ya que al estar con la misma condición que ella, era muy difícil para ambos llevar una vida normal; su mamá también la pasaba mal, ya que todas las frustraciones de su hija se las descargaba con ella, ambas me habían tomado a mí como su cable a tierra y me comentaban todo, cada cual por su lado, con Mariela ya teníamos la confianza de hacernos chistes y compartir cosas, charlamos mucho y le doy cada tanto consejos para que esté mejor con su pareja y su madre. Uno de los tantos días llega al trabajo con cara de tristeza, cuando le pregunto qué le pasa, me cuenta que se separó y que su pareja se fue de su casa, traté de contenerla como pude, ya que era una situación fea por la que estaba pasando, su madre, Elsa, venía más seguido a ver cómo se encontraba, en los horarios que los hijos entraban en la escuela, a medida que pasaban los días el ánimo de Mariela iba mejorando, y después de un tiempo ya estaba todo mejor.

Uno de esos días ella llega como siempre al trabajo, me comenta que ella y su mamá querían que vaya a cenar a su casa, ya que yo estoy siempre cuidándola, con dudas acepté, ya que yo salgo tarde, pero quería que no pensaran que despreciaba la invitación. Llegado el día, cuando terminó mi trabajo voy a la casa de Elsa, cuando llegué, me recibe ella con un beso y al entrar estaba Mariela con lo hijos esperándome. La verdad lo pasé muy bien, pero al momento de irme se larga una lluvia bastante fuerte, me estaba poniendo impaciente ya que el bus pasaba a varias cuadras de su casa, como no paraba, Elsa me dice que me quedé, que ellas no tenían problema, esta vez sí rechace la invitación porque me sentía raro en casa ajena a altas horas, le dije que no bien pare de llover me iría, pero el clima no pensaba lo mismo, así que le digo a Mariela que se vaya a dormir que ya me iba. Elsa me acompaña en la espera y me dice que va a preparar un café así esperamos, cuando viene con las tazas nos ponemos a charlar y me agradece que cuide y ayude a Mariela, obviamente, le digo que no hay problema, que es una chica joven y es normal lo que ella pasa. Se levanta se acerca a mí, me da un beso en la boca y me dice en voz baja: “Gracias”. Le devuelvo el beso y le digo: “Gracias a ti”, me mira, sonríe y me vuelve a besar. Yo la agarro de la cintura y la traigo hacía mí, ella abre las piernas se sienta en horcajadas y continuamos besándonos un buen rato, yo paraba y miraba su cara, era realmente linda a pesar de su edad, estaba hipnotizado y a la vez que la besaba acariciaba sus prominentes nalgas. En un momento escuchamos la puerta de la habitación de Mariela, ella pone su dedo en la boca en señal de que haga silencio, y vemos pasar a Mariela al baño. Una vez que entra continuamos besándonos hasta que sale, nuevamente hacemos silencio y cuando se mete a su habitación y cierra la puerta continuamos con lo nuestro, luego de unos minutos ella se levanta de mí y tomándome de la mano me lleva a su habitación en forma muy silenciosa, una vez dentro sabía que todo lo que hagamos debía ser con el mayor de los silencios, por el oídos desarrollado que tenía Mariela, así que comencé por besar y lamer su cuello, y le arranqué los primeros suspiros.

A medida que pasaban los minutos, la desnudaba de a poco, ella también hacía lo suyo. Cuando ya tenía sus ricas tetas al aire fue deliciosamente perverso. Redondos, grandes y pezones rosados que se adornaban por la areola del mismo color. Los saboree con gusto, los chupaba y lamía abarrancándole más suspiros, los que ahogaban sus gemidos que intentaba contener. Disfrutaba sus tetas con locura, no podía parar. Bajé mi mano y busqué su concha dentro de la diminuta tanga que llevaba puesta. Se había depilado y tuve rápido acceso a lo que más deseaba en ese momento. Estaba bastante mojada, lentamente empecé a jugar con clítoris, la besaba para que no gimiera, aunque tenía la respiración agitada. Sabía que en cualquier momento tendría un orgasmo y así fue. Con un gran chorro que bañó mi mano, su tanga y las sábanas, fue algo inigualable para mí, ese squirt me volvió loco, así que no aguanté más y bajé a chupar su inundada concha, al abrirme camino entre sus labios empapados con mi lengua era sabrosísimo, intentaba meter lo más adentro posible mi lengua y ella lo disfrutaba como la mejor puta, ya que se tapaba la boca para no gemir, pasaba mi lengua por toda su concha, empezando desde su culo, me detenía en él y luego subía hasta llegar a su clítoris, ambos estábamos pasándolo increíble.

En un momento ella me toca la cabeza en señal de que pare, entonces me acomodo a su lado con la verga tiesa. Elsa la agarra con su mano y me empieza a pajear lentamente, para después acercarse y empezar a chupar. Era una delicia, la sacaba de su boca y le pasaba la lengua de abajo hacia arriba, empezando por los testículos con los que jugaba, sabía hacerlo muy bien. Todo esto entre suspiros de ambos, mientras ella estaba entretenida con mi verga, veo que la puerta se abre lentamente, le tocó la cabeza haciéndole señas, era Mariela que se asomaba, nosotros casi nos morimos por la situación, y desde la puerta le pregunta a Elsa si yo me había ido, ella le dice que sí, que hace un tiempo ya no estaba, entonces cierra la puerta, y se va a su habitación. Creo que ese momento de ella estar chupando y su hija en la puerta, le generó un morbo, ya que empezó a chupar con más fuerza, casi tragándola toda sin miramientos, yo no daba más de tanto placer, así que me acomodé sobre ella y de un solo empujón clavé toda en la concha. Tapó su boca para no gritar, me abrazó y me apresó con las piernas para que no saliera, tampoco era mi intención hacerlo. Me empecé a mover lentamente para luego hacerlo más rápido, en su cara se notaba que era toda una putita. Respiraba aceleradamente y se mordía los labios. “¡Cógeme!” –decía. Así que me empecé a mover con más fuerza y no tardó en llegar otro orgasmo igual de chorreado que el primero. Todos sus fluidos calientes bañaban mi verga y mis piernas.

Era una locura lo que disfrutábamos, así que cuando recupero el aliento, la di vuelta y comencé a cogerla en cuatro, así podía escuchar los leves gemidos que salían de su boca tapada por la almohada. Luego de un rato de estar así, viendo su hermoso culo chocando contra mí, saqué mi verga y la coloqué en la puerta de su rosado ano, pero girando su cabeza y mirándome me dijo en voz muy baja: “¡Hoy no, cuando estemos solos!”. Así que seguí dándole verga a su concha con la promesa en otro momento podría cogerme su hermoso culo. Luego de varios minutos sentí que estaba por descargar todo mi semen en su preciosa y cogida concha, y así fue, traté de no emitir ningún sonido sabiendo que Mariela estaba en la otra habitación, como pude y descargando mi vega, quedamos rendidos, quedamos unos instantes abrazados, mientras me decía que hacía mucho tiempo no se sentía así. Un rato después le dije que era mejor que me vaya antes que Mariela se vuelva a levantar, así que me vestí y muy silenciosamente me fui, ya no llovía y todo el camino hasta mi casa me pasé pensando lo que había ocurrido, en el trayecto me envía un mensaje diciéndome: “Ha sido todo muy hermoso como perverso. Mañana si puedes, nos vemos en la oficina”. .

A la mañana siguiente, cuando entro al trabajo saludo a Mariela y ella me pregunta: “¿Cómo lo pasaste anoche? ¿Te gustó la cena?”. Le dije que sí, lo había pasado bien y la cena había estado exquisita; Pensando en mis adentros: “Lo mejor fu el postre”. Se disculpó por haberse ido a dormir. También me preguntó a qué hora me había ido yo. “Me fui cerca de la una de la madrugada en un taxi. “Me parece que mamá se quedó intranquila, ya que se movió toda la noche y en la mañana no se podía despertar” –me dijo. Le dije que más tarde la llamaría para saber cómo estaba. Cuando Elsa llegó a llevarle la comida, me saluda con un beso en la boca y me dice delante de Mariela: “Esperemos que lo de anoche se repita, ya que lo pasamos muy lindo”.  Le contesto: “Claro que se va a repetir, fue una noche única, ¿no Mariela?”. Con una gran sonrisa ella responde que sí.

Después de nuestro primer encuentro silencioso con Elsa, seguíamos viéndonos en la oficina donde trabajamos con Mariela. La confianza y amistad que se había generado entre los tres era única, nada hacía suponer lo que continuaría. Si bien se complicaba volver a encontrarnos; on Elsa, sabíamos que en cualquier momento llegaría, por sus quehaceres y cuidados a Mariela y sus hijos nunca tenía tiempo, yo compartía mucho con Mariela en la oficina y en una de nuestras tantas charlas me comenta que debido a su separación y que estaba viviendo con Elsa, su casa se estaba deteriorando mucho, sumado a los pocos arreglos que le hacía su ex pareja debido a su condición, yo siempre le decía que no se haga problema, que cuando ella quisiera yo le hago los trabajos que necesita, pero ella nunca quería que me ocupe de eso, así que seguía todo su curso normal.

Una de las tantas tardes que compartíamos en la oficina, me dice si por favor le podía dar una mano con la casa, obviamente le dije que no tenía ningún problema, que yo sabía hacer de todo un poco y daría una manito de gato a la casa para que ella pueda estar cuando quisiera con sus hijos, obviamente para que Elsa pudiera estar sola y coger como salvajes; la única condición que le había puesto era que nadie podía saber que yo estaría trabajando en su casa, ni siquiera Elsa, ya que me sentiría más cómodo así y podría hacer todo más rápido, claro que aceptó y pidiéndole que me deje las llaves el viernes para ir y pasar el fin de semana, para hacer lo que más pudiera y el domingo volvería. Llevé todo lo que me podría necesitar, caja de herramientas, cables, máquina de desmalezar y pintura. Cuando llego a la casa se veía realmente mal, así que lo primero que hago es limpiar todo, que me llevó hasta el mediodía, luego corté el pasto, arreglé todo lo eléctrico que había y por último le di una mano de pintura a toda la fachada, había cambiado bastante la casa, pero más que nada por la limpieza, para el otro día solo me quedaba arreglar la puerta de entrada y pintar algunas cosas, más. Ya no podía hacer mucho porque ya no me quedaba tiempo ni materiales.

Esa noche salgo a comprar algo para comer y cuando vuelvo encuentro la puerta de entrada abierta, me asusté pensando que había entrado alguien a robar, así que entré muy despacio y me encuentro con que estaba Mariela dentro, le digo: “¿Qué haces acá? Tienes que estar con tu mamá y tus hijos, todavía me queda bastante para mañana”. Respondió: Te traje algo para que comas, le dije a mi mamá que iba de una amiga y ella se quedó con mis hijos. Estás haciendo mucho por mí y lo mínimo que puedo hacer es traerte algo para comer”. “No tienes que molestarte, yo me encargaba de todo, igual te agradezco, no tenías que hacerlo” –le dije. “Sí, tenía que hacerlo y quería pedirte algo más, yo sé estoy abusando de tu confianza, pero quería pedirte si podías arreglar la cocina que pierde gas y la puerta de la heladera, porque estaba pensando en volver con mis hijos acá y es muy peligroso para ellos que este así” –me contestó. “Me hubieras mandado un mensaje, seguramente lo de la cocina es ajustar y sellar alguna cosa y la puerta de la heladera con lo que tengo acá te la arreglo rápido, no tendrías que haber venido sola hasta acá” –le dije. En un poco más de una hora ya había arreglado las dos cosas, con lo que había hecho en el día, ahora sí parecía una casa donde vivían personas, incluso ella que no veía me decía que notaba el cambio, incluso había un olor distinto en la casa. Una vez terminado todo lo del día no pusimos a cenar, pusimos un poco de música y cuando terminamos lavamos todo, le digo que me voy a dar un baño y después ya me voy a acostar, así mañana arranco temprano, “Está bien. Puedes acostarte en mi habitación” –me dice. Salí del baño, me fui a la habitación, pongo la alarma del celular temprano y lo dejé en la mesita de luz. A los pocos minutos Mariela golpea la puerta, yo estaba desnudo. Le dije que entre y estaba con un camisón transparente que dejaba ver su tanga y sus tetas, ya que no tenía puesto brasier. Mi verga tuvo una reacción automática que ella no pudo ver.

Se sentó en la cama y me dice: “Quería agradecerte todo lo que haces por mi, nadie se preocupó tanto ni siquiera el padre de mis hijos. Eres una buena persona y te quiere mucho mi familia”. sienta en la cama y me dice “quería agradecerte por todo lo que haces por mí, nunca nadie se preocupó tanto, ni siquiera el padre de mis hijos, me pone muy feliz el haberte conocido, sos una buena persona y te quiere mucho mi familia”. Estira sus manos, me toca la cara, y se acerca y me da un beso en la boca, realmente no me lo esperaba, ya me sentía bien sabiendo que iba a tener el tiempo que necesitaba Elsa para cogerla, pero esta sorpresa estaba cambiando el panorama. Le respondí el beso y me abrazó, nuevamente me besa, pero esta vez nos quedamos un buen rato, ahí mismo le saco el camisón y empiezo a chupar sus pequeñas tetas, prácticamente podía entrar una entera en mi boca, ella gemía con cada chupada y mordisco que le daba a los pezones. Nunca pensé que pasaría esto, pero lo estaba disfrutando. Varios minutos después me paro a su lado y agarro sus manos llevándola a mi verga. Mariela la agarra y muy despacio se la empieza a meter en la boca, no lo hacía tan bien como su mamá, pero le ponía entusiasmo, al verla chupar me dio tanto morbo que le agarré el pelo para poder ver mejor, ella cerraba sus ojos y me la comía toda, yo lo estaba disfrutando mucho, a comparación de su madre, cada tanto le daba suaves mordiscos, hacía presión con sus dientes y eso me daba mucho placer.

Luego de estar un rato largo así, la acuesto en la cama, le saco la tanga y aparece su mojada vagina, sin miramientos me dispongo a chupar su concha y le arranco sonoros gemidos, cada vez que me detenía en su clítoris ella se estremecía y me pedía que no pare. Me agarraba de la cabeza y me hundía en su concha para que la chupe con más fuerza, era perverso verla así de caliente, en una de mis tantas chupadas en su clítoris empieza a temblar y recibo su orgasmo a chorros inundando mi boca, ella también era de squirt igual que su madre, su alarido al acabar seguramente se habrá escuchado en las casas de los vecinos. Yo no quería parar, pero en un momento empieza a pedirme con voz entrecortada que la coja. Me acomodé entre sus piernas y muy lentamente comencé a hundir mi verga en su interior, ella estaba sonadísima y le entraba fácilmente, solo se escuchaba el sonido de su concha mojada siendo golpeada por mi verga y mis testículos, que se mezclaban con sus gemidos, no tardó mucho en volver a acabar y mojarme con sus jugos que salían a chorros, pero no quería que me detenga. Me di cuenta que además era multiorgásmica, así que continúe, cada 5 o 6 minutos de estar cogiéndola acababa nuevamente y eso me encantaba, así que me salí y la puse sobre mí para que me cabalgara, lo hacía muy bien, ya que no pesaba y con mis manos en su cintura podía darle la fuerza que deseaba cada vez que se la clavaba, ella no paraba de acabar y cada vez que quería hacerlo, sacaba la verga de su interior y la restregaba con su clítoris y largaba nuevos chorros, realmente era una gran cogedora, nunca me lo hubiera imaginado.

Decido ponerla en cuatro y cogérmela como una perra, era fantástico cogerla así y cada vez que sentía ganas de acabar bajaba la intensidad, saqué mi verga y le lamí su orto, nada que ver con el abundante culo de la puta Elsa, pero ya estaba decidido a metérsela por ese culo que palpitaba. Apoyé mi verga en su agujero y hacía leve presión para que le entre. Me pide que lo haga despacio, ya que hace mucho que le abrían el culo. Poco a poco mi glande se abría paso, costó hasta que entró, esperé un momento para que su culo se amolde a mi verga. mi pija en su entrada y comencé a metérsela lentamente, ella gemía y jadeaba hasta que pude metérsela toda. Se la metía y sacaba cada vez más rápido, los deliciosos gemidos que salían de los labios de Mariela me calentaban mucho más; era realmente increíble como su culo sucumbió ante mi verga y lo apretado que se sentía. Ya se la clavaba hasta el fondo, sus gemidos eran delirantes, los que eran seguidos por intensos orgasmos. Ya no aguantaba las ganas y descargué todo mi semen en su rico culo, verla a ella muy sumisa y atenta a mis antojos me hizo mirarla de otra manera, una vez flácida mi verga la saqué de su ano,  la abrazo y ella se acomoda contra mí, me decía que nunca la habían cogido así y que nunca había acabado tantas veces, le contesté que también lo había pasado increíble y que me hizo sentir muy bien, y nos quedamos dormidos.

Al otro día nos despertamos entre besos y caricias, desayunamos y me puse a hacer lo que quedaba, cada vez que terminaba algo ella me chupaba la verga y me la cogía. Me atendía como si fuera la mejor de las geishas, al terminar con todo le digo que ya era hora de irme y que ella tendría que hacer lo mismo, me dice que se va a quedar un poco más y que al otro día nos encontraríamos en la oficina. “¡Está bien!” –le contesté. “Recuerda que nadie debe enterarse de que estuviste haciendo arreglos en mi casa y mucho menos que me cogiste como nunca nadie me cogió” –me dice. “No te preocupes, nadie sabrá lo que pasó aquí” –le respondí. Durante la vuelta a mi casa me la pasé pensando que era algo increíble coger a la ciega y su madre, ambas totalmente distintas y todo lo que faltaba por pasar con las dos. Sabía que se iba a complicar si Mariela contaba algo o hacia algún comentario, con Elsa no habría problema, ya que por su edad sabe guardar ese tipo de secretos.

En la oficina todo transcurría de forma casi normal, y digo “casi” porque después de nuestro fin de semana con Mariela, yo estaba descontrolado, vivía tocándola a cada rato y ella solo sonreía sin decir nada. A la mínima oportunidad ya estaba acariciándole el culo o la concha y ella disfrutaba mucho sentirse deseada, hasta en ocasiones la llevaba al baño para que me chupe la verga ella obedecía todo lo que yo decía. En cuanto a su madre, con Elsa estábamos todo el tiempo enviándonos mensajes, cuando venía a traerle la comida a Mariela, aprovechaba para besarla en silencio y tocarla toda, ella estaba muy entusiasmada con lo nuestro, aunque los dos deseábamos que ella tuviera el tiempo necesario estando sola, para poder matarnos en la cama, pero aun así, la hacía sentir deseada y a su edad, eso la calentaba mucho. Uno de los tantos días en que estábamos en la oficina con Mariela, me comenta que va a pasar el fin de semana con sus hijo en su casa y me pregunta si yo quería ir con ellos, sabía que si le decía que si, quedaría muy expuesto, así que le dije que no podía por tener otras cosas que hacer, pero que ella disfrute mucho en familia, sabía que era la oportunidad perfecta para estar con Elsa sin ningún tipo de restricción.

Llegado el viernes por la tarde, Mariela me saluda despidiéndose hasta el lunes y diciéndome que se iría a su casa, y que me va a mandar mensajes de como la está pasando, le dije que me gustaría mucho saber cómo la estaba pasando y que me avise cuando sale de la casa de Elsa, también cuando  llegue a su casa, obviamente de esa forma sabría que ya podíamos estar solos con Elsa en su casa, a tan solo 100 metros de la oficina, cuando sale de la casa de su madre, Mariela me envía un mensaje diciendo que está en camino a su casa. Por su condición, sabía que llegar le tomaría casi dos horas, así que estaría llegando casi a la misma hora que yo salía de la oficina, llamo a Elsa y le pregunto: “¿Quieres que cenemos hoy?”. “Si papacito, estaba esperando a que me llamaras” –me responde. La cena era el pretexto para comérmela completa. Cuando el reloj marcó la hora de salida, recibo un mensaje de Mariela diciendo que llegaron bien. Marqué la salida  ve que ella también lo deseaba, así que al llegar la hora de dispongo a salir de la oficina- Marque el término de la jornada  me fui a la casa de la caliente madura para cogérmela como un salvaje.

Ya en la casa, me recibe con un beso en la boca, y me dice que me ponga cómodo, le pido si me podía dar un baño, ya que estuve todo el día encerrado en la oficina, y había transpirado, sumado que me había pasado todo el día, tocándole el culo y la concha a Mariela. Me dice que sí y me voy al baño a darme una ducha. Me dice que sí, entré a darme una ducha, a los pocos minutos se abre la puerta del baño, era Elsa que entraba totalmente desnuda para bañarse conmigo. Nos besamos intensamente bajo el agua y acarició todo su cuerpo, mientras nos pasamos el jabón; nos tocamos cada parte de nuestros cuerpos, yo no podía más de la calentura y lo demostraba con mi verga bien dura, ella en un momento la toma y pidiéndose de rodillas la empieza a chupar con ansias, era hermoso ver su pelo mojado caer en sus tetas mientras engullía mi verga con su caliente boca, me daba un placer inmenso. Luego la levanto y la pongo de espalda contra la pared de la ducha, y con mi verga le busco su concha, la que de un solo movimiento llegó hasta el fondo, en lo mejor que estaba me dice que pare, que quería que estemos toda la noche en su cama, que no quería que yo acabe ahí. Tenía razón, ella sabía que nuestro encuentro recién estaba comenzando y me quería a pleno toda la noche, así que nos secamos y salimos para cenar.

Nos acomodamos en la mesa y para que no haya ninguna interrupción, pongo el móvil en silencio, cenamos, hablamos de todo, y me dice: “Hace tiempo deseaba que tuviéramos la oportunidad de estar solo, me siento bien contigo. Cada vez que voy a la oficina me calienta que me toque delante de Mariela, me da mucho morbo que lo hagas, porque ella no sabe lo que estás haciendo. Me vuelvo a sentir mujer y deseada”.  Obviamente yo solo tenía palabras de halagos para ella y le decía que a mí también me calentaba mucho tocarla delante de su hija, así que la acerque y la empecé a besar, mientras lo hacía bajaban mis manos de su cintura a sus nalgas, eran duras y deliciosas. Ahora sí, la tomé de la mano y la llevé a la habitación, una vez ahí, le saqué el vestido y quedó nuevamente completamente desnuda, me deleitaba con sus grandes tetas, las besaba, lamía y mordía a gusto, ella dejaba salir sus primeros gemidos sin restricciones, mientras le comía las tetas, Elsa me desvestía. Cuando quedamos desnudos los dos decidí pasar a la mejor parte.

La acosté suavemente en la cama y separando sus piernas, comencé a chupar y lamer su concha, podía sentir como rápidamente se mojaba, me entretenía jugando con su clítoris, entre sus gemidos sabía que pronto vendrían sus orgasmos, por lo que arremetí metiendo mi lengua lo más posible en su interior y con mi dedo pulgar frotaba su hinchado clítoris, no tardó mucho en venir su primer y abundante chorro de fluidos, fue fantástico escuchar su alarido mientras acababa y se retorcía de placer. Beber ese néctar, para mí era lo máximo y mucho más aun sabiendo que esa forma de acabar era algo maravilloso que le había heredado a Mariela, no quería dejar de chuparla y le ponía cada vez más entusiasmo para volver a hacerla acabar y seguir bebiendo sus fluidos que tanto me calentaba. Acabó dos veces más quedando rendida y jadeante. Me hizo que me acostara a su lado para tratar de recuperar el aire. “¡Tienes una lengua increíble papito! ¡Puedes hacerme acabar toda la noche así!” –me dice.  Me besa otra vez con lujuria mientras que agarra mi verga tiesa y me empieza a masturbar lentamente. Con voz m suave me dice: “Quiero que cada vez que podamos vengas a pasar la noche conmigo. Quiero ser tu puta, que hagas lo que quieras conmigo”. “Claro que lo haré, eres una mujer increíble. Vamos a pasar muchas noches juntos” –le respondí. Aunque después entendí mejor lo que me quería decir.

Me besó nuevamente y sin soltarme la verga empezó a besarme el pecho y pasar su lengua por mis tetillas, las chupaba y mordía, me estaba calentando de sobremanera, ambos queríamos que la noche sea larga, y llevábamos muy bien el ritmo de la situación, nos tomábamos nuestro tiempo cada vez que le dábamos placer al otro, luego bajó hasta mi ombligo y comenzó a meter su lengua, sentía una mezcla de cosquillas y placer, sabía muy bien lo que hacía, era una sensación nueva para mí, pasado unos minutos, baja aún más y lame mi verga, era fantástica. En ningún momento se la metió en la boca, solo usaba su lengua para darme placer, la pasaba de abajo hasta arriba, mirándome a los ojos en todo momento, parecía que saboreaba el mejor de lo helados, yo daba gracias a quien haya que agradecerle por todas las vergas que debió haber chupado para tener esa maestría, se notaba que era una experta, jugaba con su lengua en el glande y en varias ocasiones casi me hace acabar. Era la dueña de mi verga, la apoyaba en mi pubis y lamía suavemente los testículos, los metía dentro de su boca y jugaba sin dejar de mirarme en todo momento, hasta que por fin se la tragó un solo bocado, se la metió casi completa en la boca, me hizo gemir de placer. La sacaba completamente y la volvía a tragar. Lo hacía todo en una forma muy lenta, yo estaba fascinado, solo podía pedir que no pare, ante mi pedido, se subió sobre mí sin dejar de chupar, pone su hermosa concha en mi cara, la cual no tuvo que esperar para ser chupada, estábamos haciendo un perfecto 69 y entendí que había encontrado a la mejor de las putas, que se encontraba reprimida por cuidar de su hija y sus nietos.

Ya después de un rato le dije que me la iba coger y ella sola de arrodilló en la cama poniéndose en cuatro ofreciéndome su ansiado culo y concha, los cuales con todo gusto empecé a lamer y chupar con ansias, hice que apoyara sus hermosos pechos en la cama, para que quedara todo a mi disposición. Comencé a clavar mi lengua en su delicioso ano, era indescriptible el placer que le estaba dando, sus gemidos no paraban y a la vez ella se frotaba su concha con sus dedos, así que me acomodé y de un solo golpe metí toda en la vagina que estaba inundada por sus fluidos, entraba y salí muy fácil, ver su gran culo temblar con cada golpe de mi pelvis era un sueño, yo no quería parar ni un instantes y cada vez lo hacía con más fuerza, hasta que decidí ir por lo que más deseaba. Acomodé el glande en la entrada de su culo, no sin antes lubricarlo con sus propios fluidos y comencé una suave presión, me pide que lo haga despacio, ya que hacía mucho tiempo que no le partían el culo y el último fue demasiado brusco. Presionaba y paraba, así un par de intentos, hasta que pudo entrar de a poco. Elsa emitió un leve gemido. Al sentir como se hundía lo hacía suave, una vez que tuvo la mitad dentro, se la sacaba lento y se la volvía a meter lentamente. Ya empezó a gemir como loca y a decir lo mucho que disfrutaba. Entonces se la empecé a meter cada vez lo hacía más fuerte, la tenia aprisionada con mis manos de la cintura y le daba verga a su delicioso culo, cada vez gemía y gritaba: “¡Papito, cógele el culo a esta puta! ¡Dame con fuerza o lento, hazlo como desees!”.  Pude  sentir como acaba a chorros nuevamente, casi desplomándose en la cama, yo seguía con mis embestidas, pero no por mucho tiempo más y acabé inundado su bello culo con mi espeso semen, fue fenomenal. Seguí moviéndome cada vez más lento, hasta que le saqué la verga, pude ver si ano completamente dilatado con algunos hilos de semen. Me tiré a su lado y me abrazó, me dio un lujurioso beso y dijo: “¡Ay Dios mío! ¡Qué rico me abriste el orto papito!”. Ahora ella tomó el control de mi verga y me la empezó a chupar como endemoniada. “Esta putita quiere leche tibia, papi” –me decía mirándome a los ojos. Se la tragaba toda, incluso se ahogaba al sentir su boca invadida, pero no paraba de comerse cada centímetro de verga. “¡Dame leche papito” –decía cada vez que se la sacaba de la boca. Fueron placenteros minutos hasta que mi verga explotó y mi semen le inundó la boca, no desperdició ni una gota, bebió todo lo que mi verga le dio, incluso pasó la lengua por sus labios para demostrarme lo putita que es.

Al otro día nos despertamos abrazados, le dije que había sido una noche increíble y que me sentía muy afortunado, realmente estaba así y ella lo sabía. Su respuesta no se hizo esperar, reglándome otra deliciosa mamada con semen incluido. “¡Eres todo lo que necesito y quiero pasar más momentos así! ¡Me siento plena siendo tu puta!” –me dijo. Le pregunté: “¿Por qué quieres ser mi puta?”. “Sé qué ya has cogido con Mariela y me comentó lo ilusionada que está contigo, por eso no quiero que mi hija esté mal, pero tampoco quiero volver a sentirme vieja. Prefiero que te cojas a Mariela y yo ser la puta que disfruta entre las sombras del placer que me das” –me respondió. Por alguna razón me sentí el hombre más afortunado del mundo. Nos levantamos a desayunar y cuando veo mi móvil tenía varios mensajes de Mariela, Elsa  pasa por detrás de mí y me dice que los abra. Los mensajes eran audios y al escucharlos me decía: “Quiero que me coja como la otra noche, quiero que me uses y disfrutes de mi cuerpo”. Había, 2 fotos, que cuando las abro, eran de Mariela completamente desnuda abriéndose la concha. Otro audio diciendo: “Qué deseaba que se la coma y la haga acabar con mi lengua. Elsa al escuchar lo que su hija decía, me dijo: “Ahora tienes a dos putas para tu entretención.

No había mucho que agregar, solo decir que estoy pensando en cogérmelas a las dos a la vez y ver cuál de las dos resulta más puta, pero mientras tanto las disfruto por separado, sabiendo que no me voy a arrepentir de nada, tal vez sí, porque cuando me cojo a una pienso en la otra y en lo caliente, morboso y perverso decirles que me gustaría legar a casa de Elsa y que las dos me esperen desnudas en la sala.

 

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