viernes, 9 de enero de 2026

162. Mi esposa caliente

 

Empiezo diciendo que somos ya una pareja grande de edad, que bordea los 50 años, pero aun conservamos el calor en nuestras venas y en nuestra piel. Desde que nos casamos siempre fuimos bien calientes y claro está que nos cogimos aun desde antes de nuestro matrimonio, pero nunca con el calor ni con las puterías que hicimos después de casados. En aquella época, cogíamos en cualquier parte, incluso nos íbamos de paseo al monte para que la naturaleza fuera testigo mudo de nuestra calentura, incluso arriba de nuestra camioneta cogíamos o lo hacíamos en el patio sin importar que nos vieran los vecinos o con las ventanas abiertas, todo para saber si alguien nos veía cogiendo. Por más está decir que más de algún vecino nos vio y se dio cuenta de cómo le taladraba el culo a mi esposa. Supongo que más de alguno se pajeaba pensando en hacer un trio con mi caliente esposa o solo cogérsela él, ya que la forma sensual en que gime prende a cualquiera. Ahora con los años que tenemos, recordamos tantas anécdotas vividas en nuestras calenturas en Santiago, Viña del Mar o en la Cordillera, ya que mi trabajo nos llevaba a recorrer varias ciudades.

Ahora les cuento. Hace unos meses fuimos a un cine porno y le pedí que se pintara los labios de un color rojo intenso y se maquillara y se vistiera con algún vestido corto que la hiciera verse sensual. Antes le tuve que rogar: “Ya, pues, Anita, vamos. Así puedes calentar otras vergas”. Me miraba mordiéndose el labio. “Yo sé que te gusta hacerlo. Si alguien se sienta a tu lado, ¿se la chupas?” –le dije. “¡Ya sabes que sí papacito!” –me responde bien caliente. “¿Quién es mi puta fina?” –le pregunté. “Yo papito” me responde. La estuve convenciendo por  dos días, hasta que al tercero aceptó, pero para entrar en ambiente primero la lleve a un bar con  música, a donde van parejas con ánimo de calentura y coger. Algunas son putonas y otras son mujeres que buscan una verga para disfrutar. El ambiente ahí es de calor y de caricias calientes. Al llegar, el mesero que nos recibió, aun a pesar de  la edad de Anita,  la observó de pies a cabeza, ya que  cuando la convencí, le compré una falda negra que llegaba a la mitad de sus lindas piernas y así pudiera lucir sus redondos y bien formadas nalgas. Además, llevaba una blusa no muy corta pero si escotada y se había puesto un brasier  negro, que le abultaba sus tetas  y  que solo les cubría la mitad de ellas. Como su piel es blanca, el negro servía para mostrarlas tentadoras, daban ganas de tener esas ricas tetas en la boca y chuparlas como un bebé pervertido, caliente y mordisquear sus pezones.

El mesero como de unos 25 años, más que atento, queriendo llamar la atención de Anita, le indicó donde sentarse y sacándole la silla, se le pegó demasiado en su trasero y me dijo en un tono caliente: “¡Qué bien se ve la dama caballero, mejor que algunas muchachitas que están por acá! Ana como ya  sabía que esa tarde era para divertirnos, le sonrió coqueta, paró su culo, que se pegó a la verga del mesero y sonriendo coqueta le dijo con voz ardiente: “¿De verdad lo cree usted?”. A lo que  aprovecho el muy carbón y dijo: “ ¡No lo creo lo aseguro!”. Pedimos unos whiskies y al  traerlas, dirigiéndose a mí, dijo_ “Son por mi cuenta en honor de una mujer muy sexi y con labios sensuales. Le tomó la mano y le dio un beso tan caliente que hasta a mí se me paró la verga. Un momento después, pedí una copa de vino y al traerlas dijo: “Son especiales para ustedes, con vino de la mejor calidad, y efectivamente, eran mucho mejores. Aproveché entonces para decirle a Anita: “Mira putita, como lo traes, está caliente y babeando por ti, así a de traer la verga de parada y babosa”. “¿Así lo querías? Ni me quita la mirada de encima, tú no lo ves, pero yo sí, y me hace señas de que vaya al baño. Incluso me  hizo el signo de dinero en sus manos como preguntando cuanto por coger” –dijo Anita. Entonces, le dije: “Abre tus piernas para que te vea la concha”. Anita ya con las bebidas en la cabeza, la música y las miradas morbosas del mesero comenzó también a calentarse y a hacer gemidos calientes suaves, como señal de que estaba disfrutando lo que sucedía.

Pusieron entonces “Stop”, de Sam Brown, me dijo: “Vamos a bailar para calentar más a este muchachito, al bailar me abrazó y pegó su cuerpo al mío, se movía al ritmo sensual de los acordes, su concha mojada estaba pegada a mi verga parada. Entonces para provocarlo más me besaba apasionada y sacaba la lengua cuando pasamos cerca del mesero, me dijo: “Tómame de espalas y menea tu verga en mi culo, quiero que me desee, que no aguante las ganas de meterme la verga”. Bailamos tres  canciones más, bien caliente, el tipo miraba a Anta como un pervertido, yo le besaba el cuello y le metía la mano por debajo de la blusa, le manoseaba las tetas y le apretaba los pezones, mientras el mesero se manoseaba la verga por encima del pantalón sin ningún tipo de pudor y buscaba los ojos de Anita y ella miraba lo obsceno de aquel muchacho caliente. “¡Ahora si soy  puta, muy putita! Deseada por otro macho que se agarra su verga por encima del pantalón y me la muestra, aunque quiera verla, sentirla y chupársela” –me decía.  La temperatura aumentaba y me decía. “Fíjate como se toca, está caliente por mí. ¿Te acuerdas cuando éramos  más jóvenes y me hacías portarme como puta en los bares que íbamos? Cuando me tocabas las tetas. ¿Te gustaba que nos vieran? ¿Todavía te sigue gustando?” –me decía. Anita estaba demasiado caliente, buscaba mi verga y la tocaba, “¿Te gustaría que hiciéramos un trio con otro macho caliente como el mesero? Dímelo, estoy demasiado caliente y quiero que me cojan. ¡Verdad que soy muy puta!” –me decía. “¡Ay Anita, que puta te pusiste!” –le dije. “Sabes que soy caliente y por las cosas que hemos hecho los dos, sabes que te gustaría cogerme con otro, varias veces me lo has dicho” .me dijo. “¡Tremenda puta eres mi amor, cualquiera quisiera cogerte” –le dije.  “Ahora quiero hacerlo, quiero chuparle la verga al mesero y que me de verga por todos lados. “Quiero sentir la verga de ese mesero en la boca y chupársela como  tú me enseñaste, desde los testículos, el tronco y el glande,  pero  primero pasarle la lengua caliente y después comérmela despacio, centímetro a centímetro, disfrutando ese sabor que tú me enseñaste a disfrutar como puta fina” –me dijo entre jadeos.

Ana con las bebidas, el baile, los besos y caricias que le di la hacían desesperarse. Decía cosas más calientes, me agarraba mi verga bailando y se la pegaba más a su culo. “Vamos a pasar cerca del mesero” –me dijo, ahí sin movernos del mismo lugar bailamos bien calientes.  “Méteme la mano donde quieras, quiero que me agarres las nalgas delante de ese mocoso caliente y me digas suave al oído que soy tu puta caliente. Qué bailando lentamente lleguemos cerca de la barra donde está parado el mesero y me preguntes, ¿quién es mi puta caliente? Para responderte, ¡yo soy tu puta caliente!”. La calentura de Ana era notoria, tenía las bragas empapadas. “Me has hecho bien puta, has hecho que me encante la verga por todos lados” –me dijo. Se separa de mí y se pega más al mesero rozando con sus nalgas la verga del carbón bien caliente y dando vuelta, le sonríe coqueta y se moja los labios, dice: “Espero que no hayas escuchado”. Salió como una dama a sentarse. Nos tomamos el vino y Anita abriendo las piernas lo mira, se acaricia las tetas y moja  sus labios. Ya era lo que tanto habíamos pensado: Una puta caliente mostrándose.

Antes de pedir otras copas de vino, el mesero ya las traía: “En honor de esta ardiente hembra que tiene”. Yo estaba con la verga a punto de explotar y Ana tenía las mejillas y la respiración agitada, las tetas se le movían agitados, los pezones marcados esperando ser mordidos o apretados. Me levanté al baño y estando ahí el mesero me siguió y me dijo: “Con todo respeto señor, su pareja me encanta  y  me siento caliente con ganas de que me la chupe y hasta de cogérmela. ¿Cuánto me costará señor y sonde la veo?”. Sorprendido le dije: “No es una puta profesional, es mi pareja de hace ya varios años y somos bien calientes. Me dijo que le había hecho señas y que estás dispuesto a pagar. Ella es la que debe decidir, siempre habíamos pensado en hacer una cosa así, pero nunca lo hemos hecho. Si quieres cuando vaya al baño pregúntale”. Le dije a Ana que fuera al baño, que la iban a estar esperando. Obediente fue y al cabo de unos minutos volvió y me dice: “Gracias papito, regreso en unos minutos, tu putita se va a trabajar”.  Me quedé tomando la copa de vino y pensando en lo que pasaba en el baño con el mesero y la puta debutante Ana, mi esposa.

Al pasar media hora Ana vuelve con una sonrisa en los labios mientras el mesero  se acomoda su camisa y el pantalón. Me cuenta: Se llama Juan  tiene 25 años y me dijo que le gusté mucho desde que llegamos y que me ha estado viendo, que ya no aguanta su verga rozándole el pantalón y los testículos llenos de semen. Expresiones que me hicieron sentirme halagada, ya tu sabes la edad, aunque me he fijado en los amigos de Daniel que me miran con lujuria pero nunca había pensado en lo rico que sería coger con alguien tan menor”. Yo estaba caliente oyendo cada palabra que salía de sus labios. Siguió: “Me pegó su verga al culo y subió mi falda, me tocó las bragas y me dijo que si era una puta caliente y que mis labios se veían apetitosos y calientes para chupar verga, que se notaba en los ojos, Me dijo que debo tener una garganta profunda como para tragarme toda su verga y que con las piernas en sus hombros me vería toda caliente recibiendo verga hasta el fondo y gritando como loca”. Ente más me contaba, más caliente me ponía, le pedí continuara: “Yo papi, estaba bufando y gimiendo, le decía, ¡Soy puta, bien puta y tú un mocoso caliente! Nunca me he vendido pero hoy tenía ganas de hacerlo, sentir lo que sienten las perras que cogen por dinero. Soy la puta que tú deseas, así que dame duro. Le dijiste a mi marido que estabas dispuesto a pagar y soy una puta muy cara”. Mi verga estaba a punto de explotar, la tenía muy parada escuchando lo puta que Anita se estaba volviendo. “¿Qué más le decías cuando te la metía?” –le pregunté. Se notaba que estaba caliente contándome y siguió: “¿Te gusta cogerme y qué la chupe? Me dijo que le encantaba lo dispuesta que estaba a complacerlo y que vale la pena cada billete que pagara esa noche. Me dijo que le gustaría metérmela por el culo,  le respondí que le saldría más caro. Dijo que pagaría por mi culo lo que le pidiera. Sus dedos masajeaban mi clítoris con demencia, me ponía demasiado caliente cuando lo hacía y me decía que era una puta. Me encanta que me hagas puta. Me puse de rodillas y se la dejé toda mojada con saliva, me hizo inclinarme y me chupó el culo hasta dejarlo mojado, acomodó la verga en la entrada de mi ano y me la metió de golpe. ¡Ay, hijo de puta, mi culo! Sin compasión me empezó a coger y tenía fuertemente tomada de las caderas mientras su verga entraba y salía perforándome, me hacía gemir y gritar. ¡Oh, papi era un placer perverso! Me la metía tan rico que babeaba de placer. Esa verga llena de venas se adueñaba de mi culo y yo solo gemía”.

La forma caliente en que contaba como el mesero se la cogía me tenía loco, no de celos, sino de lujuria. “Sigue contándome putita” –le dije. Ella sonrió y siguió: “Después de darme verga en mi hoyo me dijo que iba a acabar y como una buena puta me puse de rodillas y se la chupé con perversión. ¡Dame leche mocoso! le decía y él solo me decía que era una puta riquísima y que valía cada peso. Se la seguía chupando hasta que su verga escupió ese espeso semen y que no desperdicié, fueron grandes chorros de abundante semen. Cuando terminó de escupir, me lanzó 20 billetes de $10.000 y salimos del baño”. “Se nota que lo pasaste bien y que te cogieron como toda una puta” –le dije. Con perversión me respondió: “Lo soy gracia a ti”.

Nos levantamos y me besó apasionadamente, salimos del bar y como ustedes entenderás, no fue necesario ir al cine porno, pero sé que Anita intercambió su número con el mesero, total ya le había tomado el gusto a ser puta.

 

 Pasiones Prohibidas ®


5 comentarios:

  1. No la tiene de esposa
    Esa mujer de edad madura aún tiene pasión y gracias a ese pervertido marido que la usa como un objeto de placer. Mi señor tiene mucha creatividad y sabe plasmar en letras su imaginación para hacer mojar mis calzones y casi llegar al orgasmo sin tocarme solo leyendo tu relato.
    Gracias mi señor hermoso

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    1. Que chimba culiarse una mujer de 10 o 15 años más que mi edad.... Tengo 46

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  2. Excelente relato a esa edad las señoras son puro fuego

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  3. Yo si lleve a mi Esposa a un Cine Porno y ahí les Chupo la Verga como a unos doce y todos le metieron la Verga Empinada sobre las Butacas!

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