lunes, 12 de enero de 2026

163. Evelyn, la guardia de seguridad


Me llamo Patricio, vivo en un edificio de departamentos, tengo 30 años, soy soltero, vivo solo y soy un tipo muy activo con varias amistades, es habitual que de vez en cuando lleve alguna chica para hacer “travesuras” y así pasar una placentera noche. Todas las tardes al llegar me encuentro con Evelyn la guardia que está en la recepción. Es una mujer que no habla mucho pero siempre tiene una sonrisa cálida al saludar. Bordea los cincuenta, por lo que sé es de Perú. Se pinta el pelo rubio que le llega a los hombros y por lo que muestra sentada detrás del mesón tiene dos buenos atributos. El caluroso verano de Santiago causa estragos y ella siempre tiene dos o tres botones desabrochados de la camisa que muestran un poco más. No niego que llama mi atención, pero trato de mantener la compostura.

Cierta tarde, quise romper el hielo y me quedé conversando con ella. Me contó que vivía sola y que el trabajo era una distracción, también la forma de tener el sustento porque no tenía una red de apoyo aquí. Entonces, en tono de macho proveedor le dije: “Puede contar conmigo para lo que sea”. Ella sonrió y dijo que no me preocupara. “No se trata de que si me preocupo o no, es una forma de tender una mano” –le dije. Solo me agradeció y antes de subir al ascensor le dije: “Usted sabe dónde vivo, puede tocar el timbre cuando guste”. Me fui y me acomodaba la verga frente al espejo, ya que había reaccionado al mirarle el borde de su ropa interior que su generoso escote dejaba ver, supongo que me debió ver por la cámara del ascensor pero no me importó. Dejé mis cosas en el clóset de la entrada y me serví un vaso de whisky, me saqué la ropa para después ir a darme una ducha, pero no salían de mi mente las tetas de Evelyn, otra vez la tenía parada y me empecé a pajear fantasear en todas las cosas sucias que haría con ella si estuviera en mi depa, la violencia con que me la cogería por todos sus agujeros y diciéndole que es una sucia puta peruana hambrienta de verga. Incluso en mi paja la nombraba y decía; “¡Eso, muévete encima de mi verga puta peruana! ¡Muéstrame lo zorra que eres ensartada con mi verga en tu culo”. Acabé perversamente, grandes chorros de semen corrían por mi mano y la imaginaba tragando mi semen como una cerda. Le dediqué una de las mejores pajas que me me corrido a la guardia de mi edificio.

Me duché, comí algo , como estoy en mi departamento siempre ando desnudo pero siempre tengo un boxer a mano por si llega alguien. Estaba en la sala viendo TV cuando sonó el timbre, ya eran pasadas las diez de la noche, me paré del sillón para abrir la puerta. Mi sorpresa fue tremenda al ver a Evelyn frente a mí, con sus tres botones desabrochados, un pantalón negro ajustado y el ceño fruncido. “Dígame señora Evelyn, ¿en qué puedo ayudarle?”. Me miró a los ojos y me dijo: “Don Patricio, necesito conversar con usted”. “Claro, usted dirá. Perdón mis modales, pase” –le respondí. “Sabe que no puedo entrar a los departamentos” –dijo. “Señora, yo la estoy autorizando y además ya está fuera de turno, podría ser perfectamente una visita a un amigo” –le respondí. Con algo de dudas entró, le dije que se sentara mientras me iba a poner ropa. Le ofrecí algo para tomar y me dijo que una coca cola le vendría bien.

Después de unos minutos estaba en la sala con ella. “¡Soy todo oídos!“. “No sé cómo empezar” –dijo. “Por el principio, señora Evelyn” –le dije. “Usted me dijo que sería una visita de amigos y mis amigos no me dicen señora Evelyn” –dijo ella. “Tienes razón. Entonces tampoco me digas don Patricio” –le dije. “Bien, entonces será por el principio. Estuvimos conversando hoy cuando llegaste del trabajo y me di cuenta que no dejabas de mirarme” –dijo. “Claro, para eso son los ojos” –le respondí. “Sabes a lo que me refiero Patricio, me mirabas los senos de forma morbosa y eso me incomodó, ya que estoy en mi trabajo y no estoy para ser el espectáculo visual de nadie” – dijo con un tono de molestia. “La verdad, no me di cuenta. Si te molestaron mis miradas te pido disculpas, no fue mi intención incomodarte” –le dije. “No digas que no te diste cuenta, porque después en el ascensor te acomodarse el bulto encima del pantalón, sabiendo que por las cámaras podría verte” –dijo. En ese momento un veloz pensamiento vino y le respondí: “Entonces, no puedes decir que te sentiste incómoda, incluso creo que te gustó que te mirara las tetas Evelyn porque si viste que acomodé mi pantalón fue porque querías ver si se me paró o no. Sí, se me paró por eso lo hice porque sabía que estarías mirando”. Se quedó en silencio, no dijo nada, había sido descubierta.

Ya tomando un poco más de confianza, le dije: “En mi casa, mis amigos no toman coca cola. ¿Qué prefieres el vino o el whisky”. “Un vaso de whisky estaría bien” –respondió. Le serví como me los tomo yo, doble o triple. “Entonces Evelyn, te gustó que te mirara las tetas?” –le dije. Después de unos segundos de silencio me dijo que le había gustado. “¿Sabes que hice yo? No me las podía sacar de la mente y me terminé pajeando en tu nombre” –le dije. Me miro como no creyendo lo que decía. “Acabé bien rico pensando ti. Apuesto que al darte cuenta de que te miraba y que me acomodé la verga en el ascensor se te mojó la concha” –añadí. Guardó silencio y le dije: Dime, somos personas adultas”. “Yo sé Patricio, pero no sé qué decir a eso” –dijo Evelyn. “La verdad Evelyn. “Bien, la verdad entonces. Claro que me mojé. Me gustó ver que con solo mirarme las tetas se te paraba la verga. Ahora saber que te pajeaste pensante en mí, no solo me moja, me pone caliente” -dijo. “¿Te tan caliente te pone?” –le pregunté. Evelyn se desabotonó la camisa y dejó ver su ropa interior con encaje que traslucía sus pezones y areolas. “¡Así de caliente!” –me dijo. “¿Te pajeaste en el baño?” –pregunté. “¡Ay, Patricio! ¡Sí me pajee en el baño! Hace tiempo que no me sentía así de caliente. Mi concha tenía cuatro dedos dentro, mientas con mi otra mano me tapaba la boca para que no me escucharan gemir” –respondió. La conversación se ponía más caliente y el whisky rompía las inhibiciones. “Aquí puedes gritar, gemir o expresarte como quieras” –le dije retándola. Esa mezcla de alcohol y calentura nos hacía mirarnos con morbo. En ese caliente momento de lujuria, le dije: “ Evelyn, muéstrame como te tocaste en el baño”. Sin pensarlo, bajó su sostén y empezó a jugar con sus pezones, se le ponían duros mientras los masajeaba y apretaba. “Así me tocaba las tetas pensando en tu verga entre ellas” –me dijo. “Sigue tocándote las tetas y dime qué tan caliente te pusiste” –le dije. “Muy caliente . La tenía tan mojada como ahora al tenerte en frente” –dijo Evelyn. “¡Quítate la ropa y muéstrame como te metías los dedos en concha! Si quieres gemir o gritar, hazlo, aquí no tienes que reprimirte” –le dije con lujuria. No tuve que decir nada más sola se quitó la ropa, quedando completamente a mis ojos y a mi perversión.

Se quedó de pie y suavemente se empezó a masajear el clítoris. Tenía las piernas brillantes por la humedad de su vagina que le corría por los muslos. Se metió un dedo, luego otro hasta meterse cuatro dedos. “Así de caliente me puse” –dijo entre gemidos. Se metía los dedos rápido, ya sus gemidos se transformaron en delirantes y agónicos gritos de placer, la muy zorra lo estaba disfrutando. Me bajé el short que tenía puesto y mi verga salió para deleitar su calentura. “¡Ven y chupa puta!” –le ordené apuntando el suelo y obediente se puso en cuatro y se acercó a gatas. “¡Cómo usted ordene don Patricio!” –dijo. La agarró con su mano y le jalé el pelo. “¡Te dije que chuparas sucia puta!” –le dije. Por suerte entendió el mensaje y me la empezó a chupar deliciosamente, me miraba buscando aprobación pero yo se la hundía entera para que ahogara. Cuando la tenía toda adentro le tapaba la nariz para que no respirara, para ella no era una tortura, era un placer que la enloquecía. Cada vez me la chupaba más rápido y decía: “¡Dame leche! ¡La peruana puta quiere comerse tu semen!”. Mi verga se sentía demasiado dura, sabía que en cualquier momento la zorra se estaría saciando con mi semen. “Quien te viera tan seria y eres tremenda puta” –le dije. No dijo nada y siguió chupando.

Dentro de mi calentura, tomé mi celular y la empecé a grabar, no le importó mi qué pudiera hacer con el vídeo después, era como si solo existiera mi verga y el semen que estaba a punto de salir. “¿Te gusta como te la chupo?” –me preguntaba. “Eres toda una puta y sabes muy bien usar esa boca” –le respondí. Siguió en su frenética tarea hasta que mi semen salió y le llenó la boca, ella los degustaba con calentura. Los dos seguíamos calientes y con ganas de más. Me puse de pie y la tomé del pelo, la llevé a mi cuarto y la tiré sobre la cama. “¡Ahora veré lo puta que eres!” –le dije. Pasé mi lengua por su mojada vagina, se notaba lo caliente que estaba, su humedad y sus casi aullidos de perra la delataban; sin duda era excitante escucharla y ver cómo cerraba los ojos al apretarse los pezones. Cada vez más caliente, los gritos de Evelyn se escuchaban más fuertes: “¡Ay, Patricio, por favor métemela!”. Ya le había dado semen cuando lo pidió, pero ahora no tendría mi verga dentro hasta que tuviera un lujurioso orgasmo y suplicara para que se la metiera. Entre gemidos y súplicas, Evelyn se retorcía como mi lengua recorría su calor te vagina y mis dedos se la cogían. “¡No seas malo! ¡Dame verga y cógeme como la sucia puta peruana que soy!” –decía. Ya no se podía contener, cada segundo la acercaba al orgasmo, hasta que en un delirante momento empezó a temblar y a retorcerse hasta que se entregó al orgasmo. Verla bufar de placer era más que excitante, sobretodo que a pesar de su orgasmo seguía suplicando por mi verga.

La hice que se pusiera en cuatro, ella estaba expectante, sabía que en cualquier momento se la clavaría toda; aunque estaba caliente por metérsela la torturaba pasándole la verga por la vagina y el culo. “¡Ay Patricio, no seas malo! ¡Dame verga de una vez!” –me decía. Ya sin perder más tiempo se la metí en la concha, un exquisito gemido la poseyó y empezó a seguir el ritmo moviéndose al compás de mis embestidas. “¡Qué rico me la metes Patricio!” –decía. Era tan sensual y caliente con sus movimientos, jamás pensé que la zorra mojigata fuera tan caliente. Me agarré con fuerza de sus caderas para darle con más violencia, gritaba delirante de placer y pedía que no tuviera compasión de su vagina. Claro que no tendría piedad ni con su concha ni con su culo, por lo que aprovechando su calentura acomodé el glande en la entrada de su culo y empujé. Cuando sentí que entró con la misma violencia que se la estaba metiendo empujé y entró de golpe. “¡Ay, mi culo!” –gritó, pero no pidió que se la sacará, sino que le diera más fuerte. La morbosa forma en que se movía y como su ano se dilataba era demasiado caliente.

Después hice que se montara encima, dándome la espalda y metiendo mi verga en su ya abierto culo. Mientras Evelyn se movía le apretaba las tetas, le encantaba y la hacía gritar como posesa, en ese momento el ano le palpitaba y jadeaba caliente. Ambos estábamos enloquecidos por la lujuria, más la puta Evelyn que se movía perversamente haciendo que mi verga le entrara completa en su culo. La hice que se pusiera de lado y la tomé de una pierna, ya su culo estaba totalmente abierto, pero ella lo disfrutaba como si fuera la primera vez que lo estaba usando. “¡Sí que eres putita!” –le decía mientras seguía dándole verga, los dos ya no resistíamos más, ella tuvo un explosivo orgasmo y yo acabé copiosamente en su agujero, dejándolo lleno de semen. “¡Ah, Dios mío! ¡Sí que eres un salvaje! ¡No me has dado respiro!” –dijo. “Tú eres la puta peruana que pedía más” –le contesté. Al fin mi verga salió de su culo y ella me hizo acomodar para chupármela y dejarla limpia, tragándola entera. Su cara de placer y sus ojos de puta eran un deleite, tanto que otra vez me la puso dura y siguió chupando hasta que acabé en su sucia boca.

Dormimos por el cansancio, había pasado un tiempo considerable, era de madrugada. Me desperté y ver a Evelyn desnuda a mi lado me calentó y la desperté con mi lengua en su concha. Luego de coger en la mañana, me dijo si podía darse una ducha ya que tendría que salir a comprar algo para tomar su turno en la tarde, para mí no era problema, así que se duchó, antes de irse le dije: “Cuando quiera que subas te lo diré y te voy a estar esperando para cuando salgas del turno. Vas a subir sin ropa interior y con la concha preparada para ser usada”. Ella sonrió y dijo: “Así será, tendrás a la guardia puta en tu departamento para que sacies tu calentura”. Se despidió con un caliente beso, lo que ella jamás pensó fue que estaría casi todos los días cogiendo y siendo la peruana más puta que alguien haya conocido.



Pasiones Prohibidas ®

3 comentarios:

  1. Si por ser guardia de seguridad te cogen así de rico, firmo contrato sin dudarlo y estaría a disposición de los residentes para brindarles un perverso servicio

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  2. Creo q estoy igual o más caliente q el hombre del relato cuando le miro las tetas

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  3. Me dieron ganas de un rico culeadon y que me hagan sentir zorrita

    Gracias por el orgasmo que me dieron tus letras y mis dedos

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