viernes, 4 de octubre de 2024

24. Compartiendo a la mamá de mi amigo

Hola soy Rafael, tengo 20 años. La historia que les voy a contar sucedió cuando me encontraba jugando para un equipo de fútbol el típico torneo de barrio. Fui invitado por un amigo llamado Mauricio, lo malo que me quedaba muy lejos y cuando nos tocaba jugar era ya de noche y se me hacía tarde, por lo que debía quedarme en la casa de mi amigo.

Los primeros fines de semana transcurrieron de forma normal, hasta que un sábado noté que había un chico de mi edad, que solo iba a ver los partidos, se alejaba y se distanciaba mucho de las personas, hasta había quienes le hacían burla, le decían “el rarito”, “el cuatro ojos” y otros tipo de apodos, no obstante cuando alguien le hablaba él se esforzaba por llevarse bien, pero solo agarraban del sirviente del equipo o el que debía pasar la pelota cuando salía volando.

Un día de plano si me molesté cuando vi que se querían aprovechar de él pidiéndole dinero para pagar unas cervezas y así celebrar el triunfo de esa noche. Uno de los integrantes del equipo le exigía que se pusiera con las cervezas, pero el tímido muchacho le decía que no tenía dinero. Seguía insistiendo, en un momento lo tomó y lo tiró al suelo, eso fue la gota que derramó el vaso y me fui encima para defenderlo. En eso, otro del equipo se lanzó encima de mí y se formó una trifulca de proporciones, pero lo bueno que los otros integrantes del equipo defendieron al muchacho y la cosa se calmó. Al final se hizo una reunión y se votó sacar del club a ese tipo que hostigaba al muchacho, desde ese día nos terminamos haciendo amigos. Su nombre es Roberto, de 23 años, un nerd de tomo y lomo pero buena persona.

Nos empezamos a llevar bien y aprendí a conocerlo más de lo que el simple momento de futbol nos permitía. Uno de esos fines de semana nos tocó jugar cerca de las 9 de la noche, lo malo, es que mi amigo Mauricio no había podido ir ya que tuvo que salir de la cuidad a ver a su abuelo. Como por eso de las 8 de la noche lo malo que mi amigo Mauricio no había podido ir ya que tuvo que salir de la ciudad a ver a su abuelo, por la hora podía alcanzar el metro y ni hablar de esperar buses, ya que a eso de las 11 de la noche ya no quedaba locomoción. Estaba pensando en quedarme en un motel de mala muerte cercano a la Estación Central hasta que amaneciera y salir temprano, pero Roberto se dio cuenta de mi preocupación y le conté lo que pasaba. Me dijo que me podía quedar en su casa. Obviamente le pregunté si no habría problema por sus familiares, a lo que me respondió que solo vivía con su mamá y que no veía problema. Acepté la invitación, nos fuimos caminando de la cancha hasta que llegamos a su casa, es de un solo piso, un poco pequeña, solo tenía un baño y una habitación donde tenían todo junto la cocina al entrar, una mesa para comer, al fondo dos camas y un pequeño ropero.

Su mamá se encontraba viendo la televisión cuando entramos, me quedé en una pieza, sin palabras al verla. Es una señora de cabello lizo, llevaba puesto un camisón de lencería negro con transparencias, se podía ver su hermoso cuerpo, al punto de que trataba de que no se desviara mi mirada hacia sus tetas. “Ya es muy tarde, trata de llegar más temprano” –le dijo su mamá a Roberto,  luego se percató que estaba atrás. “Hola joven, buenas noches” –me dijo su mamá. “Buenas noches señora. Disculpe las molestias Roberto me invitó a pasar la noche en su casa, ya que vivo bastante lejos y no alcanzo a llegar. Claro si usted lo aprueba se lo agradecería” –le dije a su mamá. “Ya veo” –dijo ella mientras volteaba a ver a Roberto, por un momento pensé que me diría que no era posible, pero me sonrió y me dijo: “Claro, eres bienvenido. Estás en tu casa. Por favor siéntate les serviré de cenar” –dijo sonriendo. Mientras cenábamos la mamá de Roberto preguntaba cosas de mí, como que hacía en mis ratos libres o si trabajaba, o estudiaba y poco a poco fuimos platicando tanto de ella como de mí. Me contó que ella era viuda, que su esposo fue una persona que se emborrachaba y que llegaba hasta agredirlos, falleció por andar en malos pasos, la verdad de esas historias que escuchas pero no  imaginas como seria vivir así.

Cuando vi la pared, me sorprendí bastante. Había muchos reconocimientos y diplomas con el nombre de Roberto, nunca me imaginé que fuera muy bueno en los estudios, hasta le dije: “Oye compadre, yo te enseño a jugar y tú enséñame a estudiar”. Los tres nos reímos, ya que me salió tan espontaneo, que hasta yo me sorprendí de lo ingenioso. Poco después mi amigo nos dijo que ya se dormiría. “Puedes quedarte en mi cama, yo veo como me las arreglo” –dijo Roberto. Seguí platicando su mamá como otra hora más. Su mamá se levantó hacia el refrigerador, trataba de que Roberto no me viera desde la cama, ya que se acostó pero no sabía si ya estaba dormido. Intentaba lo más discretamente verla con ese camisón que dejaría a cualquier hombre sin palabras, me imagine que mi amigo ya estaba tan acostumbrado que ni le importaba que su mamá anduviera así y más con una visita. “Rafa, ¿tomas o eres totalmente deportista?” –me preguntó riendo su mamá. “De vez en cuando, bueno en fiestas y con amigos sí” – le respondí mientras giraba a verla como se agachaba y sacaba unas cervezas del refrigerador, no se imaginan que vista que tenía para mí, ella literalmente se empinó al punto que le pude ver su tanga color rosa y su nalgas redondas y sus piernas largas.

Cuando ella se reincorporó y se levantó volví a girar rápidamente la cabeza para disimular que la estaba viendo, para mi suerte Roberto estaba ya roncando, ni se dio cuenta que clavé mis ojos en el culo de su mamá. Se sentó sonriendo a mi lado y puso un pack cervezas en la mesa. “Por lo regular no tomo cuando mi hijo está presente o despierto, aprovecho cuando se duerme. Ahora que estás aquí, ¿te parece si me acompañas con unas cervezas?” –me dice mirándome a los ojos. “Claro, unas cervezas en buena compañía nunca se deben dejar pasar” –le respondí mientras abría la primera. Mientras más tomábamos y más platicábamos, agarré más confianza, al punto que mis miradas ya no eran tan disimuladas y podía percatarme que ella se daba cuenta y solo sonreía, hasta que me dijo: “¿Te gustan mucho las tetas verdad?”. No me imaginaria que me dijera algo así que me quede sin palabras, no sabía que decir. “No tienes por qué sentir vergüenza, es normal. Eres hombre, solo quería saber si es lo que más te gusta de una mujer”  –dijo ella de forma provocadora. “No es lo que más me guste de una mujer, la verdad si lo dice por cómo desvió mi mirada hacia sus tetas es porque las de usted en verdad me atraen, no solo sus tetas si no todo su cuerpo. Con todo el respeto que usted me merece, está muy buena señora, se ve muy sexy vestida así, perdone creo que las cervezas están sacando mi sinceridad. “Oye me halagas, no hay nada que perdonar, al contrario eres sincero y atrevido”  –me dijo mientras se reía despacio para no despertar a su hijo. “Le puedo hacer una pregunta” –le dije. Ella respondió: “Claro dime”. “¿Por qué se viste así y actúa tan normal enfrente de Roberto? Digo, mi mamá nunca haría algo así a no ser que sea por descuido y no sepa que estoy en casa” –le dije intrigado. “Siempre he tratado de ser muy abierta con él desde que alcanzó la mayoría de edad, no solo de ropa si no de sexualidad, como puedes ver él es muy tímido con las personas y casi no se atreve a preguntar, platicar o estar con alguien si no es alguien a quien tiene mucha confianza, así que trato de hacerlo sentir que entre él y yo tenemos esa confianza. Y no hay secretos entre nosotros. La verdad pensé que me preguntarías algo más lujurioso que solo se le ocurriría a un chico de tu edad” –me dijo mientras se reía ella. “¿Cómo qué?” –le pregunté. Se quedó pensativa por unos segundos, pero tal vez por impulso respondió: “Se me ocurren muchas cosas pero nada mejor olvídalo vámonos a dormir, cuando te acuestes apagas la luz, si necesitas algo recuerda que estás en tu casa” –dijo. Se levantó y se fue a su cama, me le quedé viendo como caminaba y como se le movía ese hermoso culo, de pronto se voltea, me ve como le estoy mirando el culo, solo me guiña un ojo y poco a poco se va subiendo el camisón mientras camina dejándome ver sus nalgas como se mueven a cada paso queda y como esa tanga rosa desaparecen entre ellas, hasta que llegó a su cama.

Me quedé ahí totalmente caliente y pensando qué onda con la señora y yo soy el lujurioso, me levanté rápido a apagar la luz porque andaba con tremenda erección y solo con la luz de mi celular me dirigí a la cama de mi amigo. No podía conciliar el sueño, de lo excitado que estaba, pensando que pudo haber ocurrido si hubiera tratado de llegar más lejos con la mamá de Roberto, así estuve un rato haciéndome ideas que solo hacían que me calentara más, solo cerré los ojos y dejaría que el cansancio me hiciera quedar dormido, pero era inútil,, no podía concentrarme y mi verga seguía tiesa, por lo que decidí masturbarme y darle alivio a mis morbosos pensamientos. Estaba tan caliente pajeándome de lo lindo pensando en el culo de la mamá de mi amigo. De pronto, alguien enciende la luz y escuché a la mamá de Roberto decir: “¿Todo bien?”. “Sí, solo voy al baño” –le respondió él. Poco después nuevamente se apagó la luz pero se encendió la lámpara que tenía al lado de la cama. Abrí solo un ojo para ver, estaba mi amigo sentado a un lado de la cama y su mamá recostada de frente viéndolo, se escuchaba como hablaba con su mamá en voz baja, se alcanzaba a escuchar solo susurros. De pronto, veo como su mamá se quita la cobija y él se levanta, yo solo cerré rápido el ojo para que no me viera que estaba despierto, espero un momento y lo volví abrir, ahora mi amigo estaba parado dándome la espalda pero sin el short que traía y sin ropa interior, se los había quitado, incluso se sacó la polera que traía puesta, quedó desnudo en la cama. Su mamá se puso de lado viendo hacia a mí pero con su mirando a su hijo, quien se puso enfrente de ella provocando que la dejara de ver, escuchaba sonidos como si alguien estuviera chupando lo lamiendo algo. No lo podía creer era más que evidente, él estaba parado en la cama mientras su mamá se la estaba chupando, así que pensé lo que me dijo que con él tenía ese tipo de confianza pero no pensé que a tal grado de llegar al incesto, estaba bastante sorprendido pero al mismo tiempo me excitaba la situación era algo totalmente nuevo para mí presenciar el sexo entre madre e hijo.

Después, veo como la madre de Roberto se recuesta y abre sus piernas de par en par en par, seguido por un suspiro y un gemido de placer, ella le dice: “¡Cógeme! ¡Quiero sentirte como ayer!”.  Roberto se subió encima de ella y le ensartó la verga de una sola estocada. El camisón lo tenía en la cintura y sacó sus tetas para jugar con ellas. A medida que Roberto se la cogía ella amasaba sus tetas y apretaba sus pezones. Lo rodeó con las piernas y le decía: “Dale verga a la puta de tu madre”. Era como si estuviera poseída por la lujuria. Los movimientos de mi amigo provocaron que su mamá comenzara a gemir de placer, a la vez de su calentona voz diciendo: “¡Así métemela toda! Hazlo despacio no hagas mucho ruido amor que va comenzar a sonar la cama y podemos despertar a tu amigo”.  A mi amigo le dio lo mismo, estaba más entretenido cogiéndose a su madre, poco a poco sus movimientos se hicieron más intensos y como su madre se lo había dicho, la cama comenzó a crujir.  En eso veo como su mamá me voltea a ver cosa que ya no me importó y no cerré los ojos, me quedé viéndola mirada a mirada, ella se sorprendió pero no dijo nada ni detuvo a Roberto. Al contrario, solo provocó que ya no se contuviera y comenzó a gemir de forma salvaje sin contener sus gemidos. Cosa que me imagino prendió más a mi amigo,  ya que tomando las piernas de su madre las puso en sus hombros, posición que le permitió darle mas duro y que cada vez que la penetraba parecía que brincaba sobre ella.

Yo por mi parte me levanté y me quedé sentado en la cama viendo como Roberto se cogía a su madre, me da vergüenza decirlo, pero no aguanté la excitación y me comencé a masturbar enfrente de ellos,  Roberto ya me había visto desde el momento que me senté en la cama. Él se bajó de la cama y le dijo a su mamá que se levantara, ella obedeció y se me acercó, mientras Roberto se sentaba igual en la cama de ella, quedando uno enfrente del otro, la sensual madre de mi amigo se puso frente a mí y se quitó la tanga, su hijo solo la  se me puso enfrente su mamá, ella aprovechó para quitarse su tanga que se veía que Roberto solo se la hizo a un lado para cogerla. Me comenzó acariciar el cabello, la cara y los hombros dejando sus tetas enfrente de mi cara y como era de esperarse no me pude aguantar las ganas y se las comencé a tocar. “Ya ves como si te gustan mucho mis tetas” –me dijo mientras seguía jugueteando con mi cara. En eso mi amigo la toma por la cintura y la jala hacia él, se recuesta en la cama y ella se deja dirigir, se sube a la cama y poco a poco empieza a bajar, absorbiendo su vagina la verga de su hijo. La señora se sostiene de las rodillas de Roberto y como si estuviera haciendo sentadillas empieza a subir y a bajar. Se veía muy rico como rebotan sus tetas y la  cara de puta que ponía cada vez que bajaba y se la metía toda, era fascinante, ella miraba como me masturbaba viéndola, mientras Roberto disfrutaba de esos deliciosos sentones que la vagina de su madre le daba y como se ensartaba en cada movimiento. Roberto le dijo que se volteara y una vez más ella obedeció, se levantó y nuevamente bajó hasta meterse toda la verga de manera siniestra en su concha. Se empezó a mover en círculos de forma candente y de atrás hacia adelante, mientras se agarraba y las levantaba para lamerse el pezón. Poco a poco esos movimientos se fueron convirtiendo en brincos salvaje, poco después flexionó sus piernas quedando otra vez como si hiciera sentadillas. Verla coger de esa manera aumentaba mi calentura y me masturbaba como loco pensando que era a mí a quien estaba montando.

Roberto no aguantó más esos tremendos sentones, gritó: “¡Voy a acabar!”. Esto hizo que su mamá se bajara rápido y se la empezara a chupar de manera perversa recibiendo el tibio semen de su hijo en la boca, mientras se lo tragaba como si estuviera succionando una manguera. Roberto me vio tan caliente, que sin pensarlo me dijo: “¡Te toca!”. A lo que su mamá aun limpiándose las gotas que le salían de la boca, le dijo: “¿Desde cuando me ofreces a tus amigos?”. “Tú solo atiende bien a mi amigo” –le dijo Roberto. Ella se acercó hasta donde estaba y sin decir nada se metió la verga en su boca y me la empezó a chupar, lo hacía tan rico que mi cuerpo temblaba al sentir como su lengua se paseaba con libertad por mi miembro y a la vez se la tragaba hasta la base. Yo la tomé de la cabeza y le marqué el ritmo, ella lo siguió muy bien, dándome un exquisito placer con esa manera morbosa de chupármela. Era la mejor mamada que me habían dado en toda mi vida sentir su lengua como jugaba con mi glande la vez que lo chupaba, era la gloria, literal estaba luchando por no eyacular, tan caliente estaba que sentía que no le aguantaba la mamada, no me quedó más que decirle: “No voy a aguantar  si me la sigues chupando así, voy a acabar pronto”. Pues, acaba. ¿Cuál es el problema? solo disfrútalo” –me dijo mientras veía sus ojos.

 Nuevamente se lo metió en la boca, continuó y pasó justo lo que pensé, acabé dentro de su boca, tanto que hasta por la nariz le salió semen y comenzó a toser.  “Sí que venías el tanque lleno” –me dijo mientras se limpiaba la nariz y dejaba de toser. Una vez se metió mi verga a la boca y masajeaba mis testículos, me la empezó a poner dura otra vez para tener un segundo round, la señora era toda una diosa en el sexo oral. No podía contenerme a esos ojos de puta que me miraban y entre susurros me decía: “¡Me vas a coger bien rico!”. “Ya estás otra vez listo” –me dijo. Ahora era el tiempo en que me la cogería, me tiré en la cama y ella se subió en cuclillas sobre mí. Se la metió en su concha de la manera más candente que he visto, esos ojos y esa cara de puta eran un deleite a mi vista. Se empezó a mover lento, despacio, sin ninguna prisa. Yo estaba desesperado, quería cogérmela como un enfermo desde el primer momento en que la vi. La manera libidinosa en que se agarraba las tetas y le decía a Roberto: “Si que tu amiguito tenía ganas de coger”. “Es imposible que alguien no quiera cogerte mamá, si eres toda una puta” –le responde Roberto. Siguió moviéndose como loca encima de su verga, le sostenía los tobillos y los apretaba, ella me miraba y mordía su labio, me decía: “¡Cógeme como puta!”. Se puso en cuatro sobre la cama y con las piernas abiertas me invitaba a que se la metiera por donde yo quisiera hacerlo, con la perversión encendida hundí mi cara en sus nalgas, ellas jamás pensó que no se la iba a meter. Le lamia el culo y las nalgas. Le lamia el culo y la vagina, ella abrió sus nalgas para darme libertad y levantando su culo me decía: “¡Oh, qué rico lo haces!”. Los deliciosos gemidos que emanaban de sus labios eran tan candentes que aumentaban mi perversión. Estaba vuelto loco probando el sabor de su culo y de su vagina. Roberto nos miraba y se masturbaba como enfermo escuchando a su madre gemir como buena puta.

Luego mis dedos tomaron el control de la situación, así como la lamia también aprovechaba para meterle los dedos tanto en el culo como en su vagina, era un festín de placer para la señora. Poco a poco me iba posicionando sin dejar de meterle mi dedo anular en su conchita levantando sin dejar de desearla por su vagina metiéndole el dedo medio, cada vez la penetraba más rápido. Sus gemidos cautivaban la atención de su hijo, que se puso de pie y como si me estuviera alentando, me dijo: “¡Hazla acabar, ya le falta poco!”. Mientras ella gemía como loca y se retorcía hasta que acabó deliciosamente, soltando chorros de su vagina, mojando con sus tibios fluidos la cama. Yo estaba loco lamiéndola sin parar, solo me detenía cuando sentía que apretaba mis dedos y al sacarlos seguía escurriendo los chorros tibios de sus fluidos. Ya tenía demasiadas ganas de cogérmela, aproveché que la zorra estaba presa del orgasmo y se me acomodé detrás de ella, se la metí de una sola estocada, la embestía con fuerza, estaba tomado de sus caderas, no paraba de cogérmela y ella no paraba de gemir. Era todo un deleite cogerme a esa sensual mujer. Ella abría más las piernas para que se lo metiera hasta el fondo, sus fluidos tenían empapada la cama, era sin duda deliciosa esa concha más que mojada. Me recosté en la cama y ella se montó sin que le dijera nada, empezó a moverse salvajemente sobre mi verga mientras le apretaba las nalgas y le metía un dedo en el culo. Escucharla gritar de placer era un deleite, mi amigo se seguía pajeando viendo como su mamita disfrutaba de mi verga. Me levanté de la silla y la tomé en andas, ella se aferró de mi cuello con sus brazos y con sus deliciosas piernas envolvió mi cintura, la llevé hasta la mesa del comedor y seguí dándole verga como si la vida se me fuera en ello. “¡Oh, qué rico me coges!” –me dice. Sus piernas estaban en mis hombros y su mirada de deseo me indicaba que tendría otro intenso orgasmo, sin duda la “señora” era toda una hembra caliente. Se retorcía y apretaba sus pezones. “¡Oh, me tienes loca!” –decía gimiendo. Sentía tan rico en esa posición que acabé dentro de ella, nos quedamos pegados un rato hasta que mi verga se puso flácida y salió de su concha haciendo que saliera poco a poco mi semen, a pesar que ya no se la estaba metiendo seguía abrazada a mí y me dijo al oído: “Eso estuvo rico, hay que repetirlo”. “Claro, las veces que tú quieras”. En eso Roberto, en el acto más lascivo se acercó y acabó en la cara de su madre, verla escurriendo mi semen de su vagina y con el semen de su hijo en la cara la hacía ver como toda una puta.

 Casi sin darle descanso a la dama, su hijo y seguimos cogiéndola, ella por supuesto no se negó. A mí me tenía loco la manera en que nos comía la verga a ambos para luego subirse a horcajadas sobre Roberto y esperando a que se la metiera en el culo se quedó quieta. Lentamente se la metí para que ese agujero se acostumbrara a mi verga, cuando ya se dilató empezamos la masacre, entre los dos le taladrábamos la concha y el culo, los gritos que esa sensual mujer daba se debieron escuchar por todo el barrio, pero a los tres no nos importaba, ya que en ese momento estábamos presos de la calentura y la perversión.  No pasó mucho cuando la sensual dama estaba presa de otro orgasmo que la dejó sin fuerza, pero nosotros seguimos en la sexual faena de cogérnosla hasta que ya no nos saliera semen. Los minutos eran eternos, estábamos sudados pero sin darle tregua a la mamá de mi amigo. Al fin, en perfecta sincronía ambos acabamos a la vez dejándola con sus agujeros rebosantes de semen. “¡Me han cogido muy rico! Gracias hijo por compartirme con tu amigo” –dice ella. Luego, nos la chupó para dejar nuestras vergas limpias, llevándose hasta el último rastro de semen que pudiera haber quedado. En eso Roberto dice: “Bueno, ya es tarde, es hora de dormir”. Ella regresó a la cama con su hijo y yo en la cama de mi amigo. Nos quedamos rendidos por el placer y el cansancio. Cuando desperté estaba solo la bellísima mujer madura con la que me había dado la mejor cogida hasta ese día. “¿Dormiste bien?” –me preguntó. “De maravilla” –le respondí. “Si gustas puedes darte una ducha, así te despejas” –dijo ella. Le tomé la palabra, mientras me estaba bañando ella se metió a la ducha y sin importar la ropa que tenía puesta se arrodilló y me la empezó a chupar de esa manera tan deliciosa que lo hace. Me hizo acabar demasiado rico y ella se tragó mi semen sin miramientos. Mi amigo se había ido a dar sus clases particulares de no sé qué y llegaría hasta la tarde. Me vestí, me hizo el desayuno y no hablamos del tema, solo tuvimos una conversación normal.

Le dije que me debía ir ya que tenía cosas por hacer. “Bueno, pero anda con cuidado” –me dijo. Ya en la puerta sentí que me abrazó por detrás, me volteé y me dio un beso más que candente. No podía despegar mi boca de la suya, nos empezamos a calentar pero esta vez fue mi turno, le metí la mano debajo de su falda y la masturbé hasta que acabó perversamente. Jadeando me dice: “Cuando tengas ganas de coger ya sabes dónde encontrarme”. Ahí en la puerta quedó la mujer más sensual que me he cogido, mojada su ropa y su vagina, jadeando. Obviamente repetimos varias veces ese intenso momento, estando o no estando mi amigo. Hasta ahora sigue siendo recurrente ya esa en mi cama o en la suya.

 

 

Pasiones Prohibidas ®

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