martes, 28 de julio de 2026

181. Forzada a ser una puta sucia 1

 

Natalia es una bella mujer de Chile, cabello oscuro; alta, de ojos marrones, con hermosas tetas de talla 100 y mide 1,70. Tiene un culo muy bien parado porque entrena, hace pilates y va al gimnasio. Tiene lindas piernas con algo de musculo. Está toda depilada. Le gusta tener siempre las uñas pintadas. Tiene 40 años, es soltera y adinerada, lo que la hace un imán para multitud de hombres de edades y tipología muy diversas. Es una mujer con clase de puertas a fuera, lo que combina con una mente sucia que la lleva a escribir relatos donde es forzada a hacer cosas humillantes y dolorosas.

Dicen por ahí que la realidad supera a la ficción y Natalia estaría pronta a descubrirlo. Ha estado una hora esperando sin éxito una cita de una aplicación. Aunque no tiene ninguna dificultad para encontrar parejas sexuales, a veces le gusta tener sexo casual y sucio con desconocidos una sola vez. Hay un bar que está en una zona algo peligrosa de la ciudad. Llama a su cita y no le contesta. Cuando ya está por pedir un Uber y volver a casa para satisfacerse con sus juguetes, un chico joven toma su bolso con disimulo y se dirige a la puerta. Natalia se da cuenta y sale tras él; el chico enseguida corre por las oscuras calles, gira por un callejón oscuro y sucio. Sin pensarlo dos veces ella lo sigue. De pronto, el chico llega a un muro que cierra la salida, se gira hacía ella, sonriendo.

Natalia al voltearse ve a tres hombres de diferentes complexiones sonriendo como locos, estaban sucios, se veían amenazantes y además, tenían mirada de ser degenerados y lascivos. “Pero mira que puta tan deliciosa nos has traído. La vamos a coger por todos los orificios si es que quiere que la dejemos ir” –dijo uno de los hombres. “¡Dejen que me vaya hijos de puta, y devuélvanme el bolso!” –dijo Natalia en tono firme. No supo de dónde le vino una cachetada que casi la tumba al suelo. Si no llegó a caer fue porque el mismo hombre la sujetó por el top arrancándoselo y dejando a la vista sus hermosos pechos. “Se dieron cuenta que tetas tan ricas tiene esta zorra?” –dijo el hombre que había golpeado. El cuerpo de la mujer temblaba. El hombre vuelve a hablar: “¡Nos vamos a divertir mucho con ella!”. Recién Natalia entendió que no era parte de la trama de uno de sus relatos. El pulso se le aceleró, se le secó la boca y su cuerpo temblaba de miedo. No se trataba de dejar de escribir para volver a la realidad, era algo que conocía muy bien por la ficción de sus historias.

Sus palabras aún retumbaban en el callejón; estaba dispuesta a dejarse abusar para salir pronto de aquella situación. Así, como en una película, de la nada aparece un hombre de 1,80, vestido con elegante traje negro. “¿Qué pasa aquí?” –preguntó ese hombre. “¡No es asunto tuyo!” –dijo el muchacho que había robado el bolso. “¡Lárgate de aquí bastardo!” –dijo el primer hombre mostrando un cuchillo. “No me iré hasta que dejen ir a la señorita” –dijo el hombre. “¡Así lo quisiste animal! ¡Te vamos a golpear como a un perro!” –dijo el segundo vagabundo. Se le lanzaron los tres para lo que sería una paliza a un desconocido que se había metido en problemas por Natalia, pero ninguno pudo con ese hombre; los golpeó hasta que los cobardes salieron corriendo y dejaron el bolso en el piso. “¿Estás bien? Me llamo Diego. Ven ponte mi vestón, estás un poco desnuda” –le dice el desconocido hasta ese momento. Natalia se ruborizó y aceptó la chaqueta. Le gustó el perfume que desprendía. “¿Quien sabe? ¡Tal vez la noche no será una ruina absoluta!” –se dijo. Diego parecía ser un caballero salido de una historia romántica, lo que cautivó profundamente a Natalia. “Pidamos un taxi, te llevo a casa y luego continuo hasta mi hotel” –dijo Diego. “Me parece bien, igual quiero salir pronto de este lugar” –dijo Natalia. “Sí, es un barrio peligroso” –dijo Diego. La mujer no dijo nada hasta que llegó el taxi para llevarla a su casa.

En el trayecto Natalia tomó la decisión de que iba a cogérselo si él no se oponía y nadie se había opuesto a coger con ella desde su primera vez. Cuando llegaron subieron juntos, ella le invitó a beber una copa que él aceptó. Al empezar la segunda ella tomó la palabra: “Me gustaría compensarte lo que has hecho por mí” –le dijo. Se acercó a Diego para besarlo en la boca. Para su sorpresa él la esquivó. Natalia quedó extrañada de qué ese hombre le haya dado un NO a sus morbosos amantes, ya que siempre decía que ella cogía con quién, cuando, dónde y por donde quería; pero esta vez fue como si alguien le hubiera cerrado la puerta en la cara de golpe. “¿Por qué me rechazas? ¿Eres gay? ¿Un sacerdote que por las noches se viste de justiciero para ayudar a la comunidad?” –pregunta la chica. “Nunca nadie me había despreciado así”–añade ofuscada. Diego la miró con seriedad pero no pudo evitar reír: “¡Jajajajaja! No soy gay, tampoco un hombre de Dios ni un justiciero. Me hice a un lado porque no necesito que nadie coja conmigo en agradecimiento. Además, mis gustos sexuales son sucios, extremos y tú me pareces demasiado dama para satisfacerlos. Por otro lado, los próximos siete días tengo un proyecto al que he dedicado un año de preparación y mucho dinero y quiero estar fresco”. “No te ofrezco un polvo por caridad, tengo ganas de coger contigo. Sólo que mi lado dama buscaba un pretexto en cuanto a ser lo bastante puta para ti. No lo sabrás si no lo pruebas, ¿verdad? Por tu proyecto de mañana no te preocupes, te voy a dejar nuevo y relajado, listo para el éxito”–dice Natalia tomando un camino del que no habrá retorno.

Sin más preámbulo volvió a atacar su boca y Diego se dejó besar y devolvió el ataque metiendo la lengua en la boca de Natalia. Le sobó las tetas que estaban desnudas desde el incidente callejero. Después de un largo beso Natalia se dejó caer de rodillas y tras desabrocharle el  pantalón con la agilidad que da la experiencia, empezó a chuparle la verga intensamente esperando que Diego se derritiera debajo de esa máscara de hombre duro. La chupaba con ansias, alternando con lametones en las bolas. Se la puso durísima, no en vano era una mujer con un bello cuerpo que sabia como usarlo. Él la tomó del pelo y la tumbó en el suelo. Le subió la falda y le arrancó la tanga, estaba muy mojada. Le ordenó que abriera la boca y se lo metió dentro, le cogía la boca como un energúmeno, Natalia se ahogaba, babeaba y tenía arcadas; ya que Diego no le daba respiro. Estando en cuatro, le abrió el culo y sin lubricante, sin consulta previa, ni delicadeza y le clavó la verga hasta el fondo. La agarró del pelo, la insultaba de todas las maneras posibles mientras se la metía frenéticamente y la nalgueaba. Mientras se la cogía, Diego se tomaba con fuerza de las caderas de la chica y le decía: “Eres mi puta y te voy a hacer lo que me de la gana, perra”. La usaba como una muñeca de trapo, le escupía en la espalda, le dejaba las nalgas al rojo vivo y le ordenaba qué ella escogiera la posición y como se iba a enterrar esa verga. “¡Vamos puta de mierda! Dame placer o voy a buscar a los tres delincuentes para que te la metan como a una sucia perra callejera. Ella estaba muy mojada y se apretaba contra su verga mientras frotaba su clítoris. “Ven aquí a hacer el 69. Mi verga a siempre va del culo a la boca, mejor que lo traigas siempre limpio para mí” –dice Diego con desprecio. Aunque ella se había limpiado bien no pudo evitar sentir su propio culo en la boca l. Estaba excitadísima, mientras él lamia la vagina   su clítoris, y le cogía la boca haciendo que se ahogara.

Al poco rato, los dos tuvieron un orgasmo sincronizado. Natalia gemía y ahogaba, mientras que Diego entre jadeos le llenaba la boca de semen a la chica. “¡Eso puta! ¡Trágate hasta la última gota!” –decía él. Ella en esa sumisión forzada obedece sin cuestionar. Mientras Natalia se recuperaba de la primera cogida, Diego preparó un copa y se la acercó. “Tómate esto. Aún tenemos muchas cosas por hacer” –dijo el hombre. Bebieron en 2 tragos y ella lo cabalgó mientras el le apretaba, palmeaba y chupaba las tetas . “Parece que estás aprendiendo asquerosa puta” –dice Diego. Natalia encima de él se movía de forma sensual, lo miraba a los ojos y le preguntaba: “¿Te gusta como me muevo?”. Diego sonrió y respondió: “Solo eres una puta y sirves solo para darme placer. Cómo te muevas o no es tu problema”. Natalia tuvo un orgasmo que la dejó exhausta, cayó rendida al lado de Diego, con la sensación de que el pecho le estallaría; sin darse cuenta sus ojos se cerraron hasta que entró en un profundo sueño. Cómo Diego no tenía problemas de autoestima, o el desvanecimiento hubiera sido por cansancio natural , Diego hubiera podido sentirse dolido, pero ninguna de las 2 cosas se daba. Al contrario, lo hizo aprovechar al máximo la inconsciencia de Natalia y abusar de ella hasta dejar sus agujeros llenos de semen.

Natalia retomó la consciencia de una manera abrupta cuando un cubo de agua la despertó. No veía nada y sentía dolor en pezones y clítoris, ano; tenía las mandíbulas abiertas, la boca ocupada por una verga de goma. Estaba atada de piernas y brazos a una silla. Tenía una sensación rara en el culo. “¡Parece que la princesa se ha despertado! ¿Me oyes bien, zorra?” –dijo Diego. Natalia optó por mostrar la disconformidad sin contestar y sacudiéndose, tratando de liberarse de las ataduras. Fue un error. Un dolor intenso en ambas areolas la frenó en seco. Diego había aplicado dos cigarrillos encendidos cerca de sus pezones durante unos segundos que se hicieron eternos para la bella mujer en apuros. “Llevo mucho tiempo preparando esto. Así que debe salir perfecto. Cuando yo te pregunte algo, tu me contestas moviendo la cabeza o habrá dolor. ¿Me oyes bien asqueroso depósito de semen?” –dijo Diego. Natalia se esforzó para sacudir la cabeza afirmativamente para evitar más dolor. “Seguro que te estarás haciendo muchas preguntas. Te voy a decir todo lo que necesitas saber. y Diego, tu cita de anoche. En tu última copa disolví un potente somnífero. Estás desnuda, atada. Tienes pinzas en los pezones y clítoris, llevas una máscara de cuero con un solo agujero para la boca, con una verga de plástico y llevas bolas vibradoras en el culo con mando a distancia que no solo vibran sino que pueden dar descargas eléctricas. ¿Entiendes hasta aquí, puta?” –dijo el despiadado hombre. Natalia respondió afirmativamente con la cabeza. Él caminaba por la habitación haciendo que su voz llenara por completo el cuarto, Natalia agitada escuchaba cada palabra que salía de la boca de Diego y se retorcía de miedo. “Ahora me imagino te preguntarás: ¿Por qué a mí? Y ¿Cuándo terminará esto? ¿Acabaré con vida?” –dijo él de manera locuaz. Natalia volvió a asentir. Quería respuestas y solo Diego podía dárselas, por primera vez se sintió impotente al querer tener algo y no conseguirlo.

En medio de ese perverso monólogo, Diego le dice: “Verás, te he elegido porque soy un sádico desalmado y cruel que disfruta sometiendo y causando dolor a sus víctimas. Había estado alejado de los aficiones, pero tus historias de BDSM y tú descripción física llamaron mi atención. Incluso interactuamos por los comentarios que dejaba en tus relatos. Eso me llevó a buscar en la Dark Web un hacker que me permitió averiguar tu dirección. Un detective privado me mandó fotos tuyas confirmando que realmente estás tan buena como afirmas en tus historias y que me pusieron la verga tan dura como un bate de béisbol. Así que decidí que mi proyecto, el proyecto del que te hable ayer serias tú. Durante un año me he puesto en forma en el gimnasio y me he documentado sobre castigos, torturas y BDSM. Me hice un perfil falso en la aplicación que usas y te cité desde el aeropuerto. Contraté al ladrón y los tres matones del callejón para poder ser tu héroe. Todo fue un montaje que ha salido perfecto”. Natalia empezó a agitarse frenéticamente hasta que una descarga eléctrica intensa en su recto la hizo desistir. Solo pudo musitar: “¡Puta madre!”. “Me aburre tu inútil resistencia. A la próxima te frio el culo y las tetas a la vez por cinco putos minutos. No me provoques, perra” –dijo Diego. Natalia se desplomó, totalmente entregada. “Quise someterte extremamente haciéndote chantaje, pero el hacker no encontró nada que me sirviera. También tenía la opción de secuestrarte, pero resulta estresante y limita las humillaciones a las que puedes ser sometida. Así que me decidí a invertir dinero y pedir un préstamo que pienso recuperar en encargar en la misma Dark Web dos sustancias muy caras y específicas. Un veneno y su antídoto. Concretamente 7 dosis de veneno y 7 de antídoto. Lo que encarece el veneno, es que tarda 24 horas en activarse después de ser inyectado. Así que si antes de 24 horas te inyecto el antídoto sobrevives .Si no lo inyecto, mueres de manera muy dolorosa” –le dijo él. Natalia estaba horrorizada, no podía moverse ni hablar; era una pesadilla hecha realidad. Bajó la cabeza y lágrimas rodaron por sus mejillas.

La chica no sabía cuánto duraría su tortura, el miedo era real y la sensación de que si le pasaba algo nadie sabría hasta varios días después. “Durante los próximos días te voy a coger y denigrar bestialmente, causarte dolor, humillarte en público, prostituirte, hacerte coger por perros; llevarte a locales de intercambio, todo lo que yo quiera. Tu solo obedecerá sin resistirte, con una sonrisa harás todo lo que se me ocurra. Si estoy satisfecho te pincharé el antídoto. Si no te dejaré morir con mucho sufrimiento. ¿Lo has entendido cerda desgraciada?” –le advierte Diego. Natalia aun estando en shock se esforzó en sacudir la cabeza frenéticamente para asentir. “Muy bien puita, ahora si quieres que te dé la oportunidad de sobrevivir, indícamelo meándote encima ahora mismo” –le ordenó su abusador. Natalia sabía que debía tragarse la dignidad y mear. Meo sobre la silla, mitad por miedo y mitad por tener la oportunidad de pasar una semana de pesadilla luchando por sobrevivir.

 

 

Pasiones Prohibidas ®

jueves, 23 de julio de 2026

180. Una noche de puta


Hola, me llamo Paola, nací en Córdoba Argentina, tengo 29 años. Resido en Santiago de Chile. Lo que les voy a contar sucedió después de las fiestas de año nuevo.

A principios de noviembre llegó un portero nuevo a mi edificio, ya pasaba los cuarenta, era un hombre serio pero amable, tenía cara de pocos amigos pero era cordial con todos. Además, era alto, fornido y una voz grave, él siempre estaba de noche porqué le gustaba la soledad. Varias veces compartimos un cigarrillo y una grata conversación. Después del año nuevo le dije que tenía ganas de tomar whisky, me miró algo extrañado, ya que los tragos de las mujeres son suaves casi bordeando en sin alcohol. “Si quieres Paola, como mañana es sábado y anda menos gente yo compro una botella y la tomamos” –me dijo. “¡Uy! ¿En serio? ¡Sería genial!” –le dije. “La voy a encargar a penas llegue y cuando haya nada de gente te llamo para subir a tu depa” –dijo él. Sentí mariposas en la panza por alguna razón, le contesté : “Está bien, lo estaré esperando”. “No te preocupes, te llamaré apenas pueda subir” –me dijo. Pasó el día y entro a turno, me mostró un pantallazo de que ya había hecho la compra y que no tardaría en llegar. Me di una ducha y me arreglé esperando su llamado.

Con el correr de las horas, me sentía ansiosa, incluso le escribí y le faltaba mucho por subir. “¡Voy a tomar el ascensor!” –dijo. Era cerca de la media noche cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y estaba con la botella en la mano, me miró de pies a cabeza y me dijo: “Paola, soy un hombre que cumple sus promesas”. No supe que contestar pero me gustó que dijera eso. Lo hice pasar y se sentó en el sofá, fue a buscar un par de vasos. Él sirvió, se notaba que le gustaba y tenía la medida justa al ojo. Bebimos y nos reíamos de las tonterías qué hablábamos, salimos al balcón a fumar y a seguir nuestra charla. 

Ya íbamos en el tercer vaso los dos cuando dijo: “Hora de pararse para seguir el trabajo”. Pensé que se refería a irse, pero del bolsillo sacó una bolsita con un polvo blanco y me preguntó si podía hacer unas líneas. Le dije que no tenía problemas en qué lo hiciera total no es el primero o el último que usa algo para mantenerse despierto en el trabajo. Fue casi automático, ya no se le notaba que había tomado. Sentí un poco de curiosidad en probar ese polvo, le dije que me gustaría probarlo. Me pasó el billete con el que lo inhaló y me enseñó como hacerlo. Sentí como su me quemara la nariz por dentro, encendimos otro cigarrillo y me preguntó que sentía. “Siento calor, parece como si estuviera sudando” –le dije. Me miró y sonrió. “¿Por qué se ríe?” –le pregunté. Fue y sirvió otros dos vasos, los llevó al balcón y bebimos. Él no decía nada y yo estaba con calor insoportable. Entramos otra vez y trazó dos líneas más. Tomé el billete e inhalé, él también lo hizo, mojó el tabaco del cigarrillo y lo pasó por encina de la mesa, lo encendió y me dijo que le diera una fumada, fue como un golpe de adrenalina que aumentó el calor en mi cuerpo, incluso en mi concha. Sentía un deseo incontrolable por coger. 

Sus ojos me devoraban y yo sentía que me sacaba la ropa en casa mirada. “¿Qué sientes Paola?” –me preguntó. Lo miré, entre tímida y osada le respondí: “Siento ganas de culear, que me hagan gritar a vergazos”. “Ya sabía que te ibas a poner caliente” –me dijo. “Sí, muy caliente por su culpa” –le dije. Me miró con lujuria y dijo: “¿Qué culpa tengo que seas una argentina puta?”. “No sé si sea su culpa, solo sé que quiero culear” –respondí. “¡Ay Paola es efecto de lo que inhalaste! Coger contigo así sería tan rico, pero no podría” –dijo. “¿Por qué no podría? ¿Acaso no le gustó?”–le pregunté. “Tendría que ser maricón para que no me gustes. No sabes cuántas pajas me he corrido pensando en ti” –me respondió. “¡Ay qué rico se oye eso! ¡Más rico sería que culeara duro!” –le dije. Me quité la polera y quedé en brasier. Sus ojos se fueron directo a mis tetas y yo le decía que estaba caliente con él desde que charlamos la primera vez, me quité el brasier y mis rosados pezones quedaron al aire, los tenía duros listos para qué me los chupara. “Paola, no te pongas puta, después no podrás parar” –me dijo. “Ay Dios que rico se escuchó cuando me dijo puta” –le dije. Así me sentía, tenía la concha mojada. Lo empujé al sofá y desabroché su pantalón, le chupé la verga tan caliente qué él gemía al sentir mi boca. “Eso puta argentina, chupa” –me decía. Me ponía más caliente al decirme puta que me encantaba. 

Me quitó el jeans y la tanga, desnuda me llevó al balcón. Me tomó del pelo y me hizo arrodillarme, me hizo engullir su verga ahí, lo bueno que era de noche y las cortinas de los otros edificios no dejaban ver nada al exterior. Me sentía tan puta siendo exhibida pero no era problema para mí, ya que no tenía problemas en admitir que por lo menos esa noche si lo era. Después me llevó a la habitación me dejó de espaldas en la cama con las piernas abiertas y me empezó a lamer la concha de una forma tan exquisita que me estremecía, no sé si sería efecto de ese polvito y su lengua pero sentía que mi corazón se salía del pecho. “¡Eso, lámeme la concha! ¡Mira que caliente me tienes!” –le decía. Yo toda caliente jugaba con mis tetas y pezones, me sentía cómo la más puta del edificio, estaba al borde del colapso pero estaba tan caliente que no quería parar. “¡Así querido, dame lengua!” –le decía entre gemidos. De pronto, sentí como sus dedos entraban con libertad en mi conchita y él no paraba de mover su lengua en mi clítoris. Era exquisito estar así de abierta como una sucia puta.

Me dio vuelta y me lamía el culo, ni novio lo hizo nunca, pero el era un morboso y caliente hombre mayor que me tenía a su merced. “¡Ay que rico se siente tu lengua en mi ojete!” –le decía sin poder contener mi calentura, al punto que le decía que no se detuviera. Se detuvo por un momento solo para ensartarme la verga en el culo. “¡Ay, hijo de puta! ¡Me estás rompiendo el orto!” –le dije con un dolor intenso. “¡Cállate puta!” –me dijo y se empezó a mover lento cuando ya estuvo toda dentro. “¡Hijo de puta, qué rico me la mete!” –pensaba en mis adentros. Cómo pude me puse en cuatro y le dije: “¡Dame duro en mi orto!”. Ay Dios, se tomó con fuerza de mis caderas y me la empezó a meter con tanta fuerza que sentía sus bolas chocar en mi concha. Me dolía pero me gustaba, era un toro en celo cogiendo. Me jalaba del pelo y me decía: “Te advertí que si seguías te iba a gustar”. “¡Sí cariño, me encanta tu verga! Soy tu argentina puta!” –le dije. Se puso de espaldas y me dijo: “¡Monta mi verga, puta!”. Obediente me subí encima y me empecé a mover, mi cara de puta era total. Él me empezó a cachetear las tetas. Yo me movía más rápido y él me decía lo puta que me veía. Me jalaba los pezones con fuerza y decía: “¡Mueve tu concha puta!”. Rebotaba con fuerza en su verga que la sentía llegar al fondo. “¡Ah sí! ¿Te gusta que me mueva así?” –le decía. El jadeaba y seguía dejando sus dedos marcados en mis tetas. Sentía que me ardían en cada golpe pero era excitante estar así.

No sé cuántos orgasmos tuve pero si sé que caí rendida a un lado de la cama. “Todavía no terminamos putita” –me dijo. Cómo al principio me abrió las piernas y me la metió de una en mi conchita. “¡Ay mierda! ¡Por favor!” –le decía. Él seguía caliente y con su deliciosa verga entrando y saliendo de mi vagina. “¡Papi dame duro!” –le decía en forma suplicante. “¡Culéame rico!”–le decía. Sus embestidas eran más salvajes hasta que me hizo acabar otra vez. Sudada en la cama y pidiendo a gritos que me siguiera cogiendo era alucinante. Mis tetas se movían tan rico que las sentía chocar entre ellas. Me dio un par de bofetadas qué me pusieron más caliente y dijo: “¡Chúpamela puta y no pares!”. Me puse en cuatro en la cama y se la empecé a chupar, le pasaba la lengua hasta sus bolas y me la metía toda para seguir con mi boca chupándosela. Me encantaba como me miraba, sabía que era su puta por esa noche. Sentí como si verga se hinchaba en mi boca. “¡Sigue perra!” –me ordenó y yo obediente seguí quería su semen, hasta la última gota o que me lo diera en las tetas, dónde él quisiera la putita argentina lo recibiría de la manera más caliente.


Antes de acabar me puso de rodillas en el piso y me dio su leche en mis tetas, me calentó tanto recogerla con mis dedos para llevarlos a mi boca y saborearla como puta. “Eres toda una zorra Paola” –me dijo y me dio un par de nalgadas. “¡Para ti siempre lo seré!” –le contesté. Él se fue para continuar su turno y yo quedé culeada y abierta de todos lados. Me tiré en la cama desnuda y me tuve que masturbar pensando en lo caliente que me la metió el portero del edificio. 


La noche siguiente él fue como indiferente, como si no hubiera pasado nada. Me fui al depa y me puse un leggins pero sin tanga con la excusa de que bajaría al gimnasio. Al cabo de unas horas bajé y le pedí las llaves, me las dio de forma cordial. No pasaron ni diez minutos y él me estaba mirando. “¿Fumamos?” –me preguntó, yo dije que sí. Salimos al patio y nos fumamos un cigarrillo. “¿Se arrepiente de anoche?” –le pregunté. “¡Claro que no!” –respondió. “Entonces, no me dio bola cuando me vio?” –pregunté. “Por qué tengo qué guardar las apariencias, recuerda que estoy trabajando putita” –dijo. Enseguida sentí una deliciosa puntada en mi conchita. “Sí quieres que te dé bola, ven” –dijo. Me llevó al baño del gimnasio, me bajó los leggins y me hizo masturbarme mientras me metió la verga en la boca para que se la chupe. Me dolía la mandíbula de tanto chupar y las piernas me temblaban de tanto pajearme. Esta vez su leche se desparramó en mi boca y me tragué hasta la última gota.


Sin proponerlo una noche de puta fue mucho más que eso. Todas las mañanas antes de salir a trabajar le mandaba una foto desnuda. Incluso me mostró como me volvió a agendar en su celular: “La puta del 1805” fue el nombre que me dio. Por las noches él iba a mi depa o yo bajaba hasta donde estaba para que me la metiera o me hiciera que se la chupe, pero siempre que él subía yo terminaba con la concha y el culo abierto.



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domingo, 12 de julio de 2026

179. Mi madre caliente 2

Caroline estaba desnuda en la sala chupándomela, era tan perverso sentir su boca tragándosela, su lengua jugando con mi glande y otra vez engullirla entera. “¡Ah, por eso a Nacho le gusta que se la chupes! ¡Eres toda una perra!” –le decía. ¡Sí, hijo muy perra! ¿Te gusta como mami te la chupa?” –dice ella. “Sabes hacerlo muy bien” –le respondo. La tomo del pelo y le pregunto: “¿Te gusta ser perra?”. “¡Sí cariño, me encanta!” –responde. “¡Ponte en cuatro y ábrete el culo!” –le ordeno. “¡Ay hijo! ¿Me la vas a meter por mi culito?” –dice ella. “Si, no me vengas a decir que te va a doler, Nacho ya te la metido varias veces” –le dije. “No es eso mi amor, quiero sentir tu verga abriéndome el culo y que me la metas bien duro” –dice toda caliente. La acomodé en la entrada de su culo y se la metí de golpe. Un rico alarido salió y dijo: “¡Qué rico hijo! ¡Cógete el culo de tu mamita!” –decía Caroline. Con tanta violencia me la cogía que me encantaba.

Mientras se la metía la tomaba del pelo y le decía: “¡Qué rica perra eres!”. “¡Ay mi amor, sí soy tu perra esta noche!” –me decía. “Lo vas a ser cuando yo quiera” –le dije. “Sí mi vida!” –respondió. “¡Muévete perra!” –le decía. Ella gemía y pedía que se la metiera duro. Me tomé de sus caderas y se la clavaba entera. “¡Ay Gabriel! ¡Déjame abierto el culo! ¡Cogete a tu caliente mamita!” –decía. Después se me montó encima y cabalgaba mi verga. Sus tetas se movían con ese ritmo frenético, cada gemido aparte de perverso, me demostraba el placer que esa rica hembra sentía. Me agarraba de sus tetas y les pasaba la lengua. La cara de placer de mi madre me enloquecía. “¿Alguien más sabe que coges con Nacho?” –le pregunté. Sin dudarlo respondió: “Sí, Ester, una compañera de la oficina” –me respondió. “¿Le contaste?” –volví a preguntar. “¡Ay cariño! La conversación se dio sola y me contó las cosas que hacía con su perro y yo le conté de Nacho.

Una tarde, fui a su casa con Nacho. Su perro me la metió a mí y Nacho a ella” –respondió. “Son un par de sucias perras” –le dije. “¡Es lo que soy mi amor!” –me dice Caroline. Entonces tuve un pensamiento morboso, le dije a mamá que parara y buscara su teléfono, me miró como si no entendiera. “Vas a llamar a tu compañera y le vas a mostrar como estamos cogiendo” –le dije. “¡Ay hijo, qué pervertido eres!” –dice ella. La llamó y puso el celular apuntando su cara. “Ya te está cogiendo Nacho” –dice Ester. “¡Amiga me estoy comiendo una rica verga por el culo!” –le dice mamá. “Seguro que sí Caroline, porque la cara de puta que tienes calienta a cualquiera” –le dice su compañera. “¡Muéstrame las tetas zorrita!” –dice mami. Al parecer la mujer al otro lado de la pantalla lo hizo, porqué mamá le decía que jugara con sus pezones. En eso mamá da vuelta la cámara y su compañera me ve y dice: “¡Qué puta! ¡Te la está metiendo tu hijo!”. “¡Sí y me tiene el hoyo abierto!” –le responde mamá. La otra puta se empezó a tocar, solo podía escucharla gemir pero me imaginaba su concha caliente y mojada.

Después de escucharla gemir un rato, le digo a mamá: “Preséntame a la otra perra”. Me pasó el teléfono y dijo: “Gabriel, ella es Ester y amiga él es mi hijo”. “¡Mucho gusto perrita!” –le digo. “¡El gusto es mío cariño!” –me responde. Ester es una mujer casi de la misma edad. Con ricas tetas y una concha deliciosa. “¿Eres igual de perra que Caroline?” –le pregunté. “No se nota” –respondió. Le dije: “¡Responde bien perra!”. Se mordió el labio y dijo: “¡Sí cariño! Las dos somos bien perras”. “Tienes ricas tetas Ester. Muéstrame como tienes de mojada la concha” –le dije. “Sí putita, muéstrale como la tienes” –le dice mamá. “Mira chiquito así me tienes desde que ví que eras tú quien se está cogiendo a Caroline” –dijo ella, mostrando esa caliente vagina depilada y húmeda. Entonces Ester le dice a mamá: “¡Déjame ver esa rica verga!”. Mamá se bajó y la vio, un suspiro Salió de Ester y dijo: “¡Gabriel, te la chuparía toda!”. Le dije a mami qué me la chupara para que viera su colega. Lo hace tan rico y Ester dice: “Envidio a la perra”. “Ven y haz lo mismo” –le dije. “¡Uy, rica invitación!” –respondió. “¡Ven perra, te vamos a esperar cogiendo!” –le dije. Seguimos cogiendo rico con mamá en la sala, ya se había tragado mi leche un par de veces.

Mamá me la estaba chupando cuando sonó su teléfono, era su compañera que estaba afuera. Tardó cuarenta minutos en llegar Ester, vestía una blusa blanca sin brasier y un vestido corto que apenas le tapaba las nalgas, tampoco traía bragas puestas. Estaba lista para coger. “¡Ven y chúpamela perra!” –le dije. Caminó hasta el sofá y se la metió de una en la boca. Mamá se encargó de sacarle las pocas prendas que tenía y empezó a lamerle el culo y la concha. Los gemidos de Ester no se hicieron esperar y la perversa manera en que me la chupaba le daba un toque más morboso. Les dije que se frotaran las vaginas y las dos bien calientes obedecieron, tiradas en la alfombra entrelazaron las piernas. Concha con concha se daban placer, las dos gemían bien rico mientras Ester le dice a mami: “¡Qué rica verga tiene Gabriel! ¡Te veías tan puta encima de él!”. Hacia que una me la chupara y después la otra, compartiendo como buenas amigas. Las dos seguían frotándose rico, hasta que mamá tuvo otro orgasmo más de los que ya había tenido. Estaba como sin fuerzas pero no habría descanso. La hice que se pusiera de espaldas y le lamiera la vagina, mientras a la otra perra se la ensartaba en esa rica concha. “¡Ay papito, qué rico! ¡Azota mis nalgas!” –decía Ester. Entre más fuerte la nalgueaba, más exquisitos eran sus gemidos. Mamá se masajeaba las tetas y decía: “¡Ay Dios mío! ¡Qué placer!”. Era todo un espectáculo ver a esas maduras calientes perderse en la lujuria, aunque lo más perverso de todo era que una es mi madre.

En medio de esa magnífica escena caliente, me senté en el sofá y al instante la dos supieron que hacer. Ester se subieron sobre mami y empezaron a jugar con sus lenguas. Me pajeaba mirándolas, escuchando sus jadeos y ser testigos de la calentura que las había hecho perder la razón por completo. “¡Sigan putitas!” –les decía. Me tenían tan caliente que me pajeaba más rápido, ahora me uní yo a esos delirantes gemidos. Mamá y su compañera de trabajo ya no se aguantaban y acabaron deliciosamente lamiendo sus conchas. Estaban rendidas, sobre todo Caroline, que llevábamos varias horas cogiendo. “¡Como eres la puta recién llegada, te vas a montar en mi verga Ester! Y tú Caroline te vas a masturbar hasta que ya no puedas más ”– les dije. Obediente se subió dándome la espalda, la acomodó en la entrada de su culo y empezó a moverse; mami tirada en la alfombra viendo cómo su amiga se movía perversamente en mi verga. “¡Ah, Ester! ¡Qué puta te ves dando sentones en la verga de mi hijo!” –decía mamá gimiendo. Ester no paraba de gemir y masajearse las tetas, yo estaba tomado de su cintura sintiendo ese culo subiendo y bajando. “¡Eres tan putita Caroline! ¡Se nota que te gusta ver cómo tu hijo me culea!”–le decía Ester. “¡Me vuelve loca!” –decía mami sin dejar de tocarse. “¡Ay, ya no puedo más! ¡Ah, mi concha está pulsando rico!” –decía mi madre. “¡No he dicho que pares perra!” –le dije. Ester se dio vuelta y seguía moviéndose tan rico que pronto me tendría escupiendo semen en su agujero.

Mamá seguía en el piso tocándose, ya no salían gemidos solo su respiración agitada, sus dedos lujuriosos acareándole el clítoris y su cuerpo temblando, era como si estuviera en un delicioso trance de placer que la hacía actuar por instinto. Luego de unos minutos el cuerpo de Caroline y su vagina explotó dejando que sus fluidos salieran expulsados mojando la alfombra. Gemidos agonicos salian de sus labios, su cuerpo se sacudía y decía: “¡Oh, mierda! ¡Sí, riquísimo, hijo!”. Escucharla me calentó demasiado y le dije a Ester: “¡Mueve ese culo sucia perra!”. La nalgueaba para que aumentara su ritmo y se notaba que lo estaba disfrutando. Al fin, mi verga empezó a vaciarse y a llenarle el culo de semen. La muy puta al sentir como mi leche la llenaba se apretaba los pezones y los retorcía. “¡Me encantó coger contigo y lo más caliente fue ver como se la metiste a Caroline!”. “¡Ahora, pon tu culo en la boca de mamá para qué lo limpie con su lengua!” –le dije. Mamá no tardó en dejar limpio ese agujero y compartieron mi semen en un perverso beso.

Así como estaban nos fuimos al cuatro de mi madre. No dejé que ninguna se bañara, las quería sudadas, oliendo a sexo y a hembras cogidas. Mi perversión no llegó a su fin esa noche, porqué me las cogí de a una mientras la otra esperaba su turno. Ester no tuvo problemas en volverse mi perra. Ahora tenía a dos sucias cachorras con quién descargar mi lujuria.


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lunes, 6 de julio de 2026

178. Mi madre caliente 1

 

Me llamo Gabriel, tengo 18 años, vivo con mi madre, divorció hace varios años, no tengo recuerdos de mi padre pero eso no es relevante para lo que quiero contarles. Mi madre se llama Caroline, tiene 42 años, trabaja en un estudio contable. Tiene un perro Pastor Alemán, llamado Nacho. Es enorme, al cual mima más que a mí. La verdad poco me importaba hasta que una tarde vuelvo de jugar futbol con amigos más temprano de lo normal o fue un descuido suyo, pero al entrar a la casa siento ruidos extraños en el cuarto de lavado, me acerco despacio sin hacer ruido, empiezo a sentir gemidos y súplicas de mi madre; paré, no seguí hacia la pieza para seguir escuchando. Claramente la estaban cogiendo pero no escuchaba voz de hombre. Así que seguí acercándome pegado a la pared, me asomo por la puerta abierta, veo a mi madre en cuatro ensartada por Nacho, estaban pegados. Sus súplicas y gemidos eran para el perro. “¡Ay Nacho, que rico me coges! ¡¡Así, oh, me abres la concha! ¡Me tienes caliente mi bebé hermoso!” –decía dando alaridos de placer. Nacho tenía un año de edad. Seguí mirando con mi verga tiesa. 

Por alguna razón me había calentado mirándola. Pasaron más de 10 minutos, el perro libera a mi madre, esta se da vuelta para que no vuelva montarla, pero se pone chuparle la verga, lo hacía con devoción. “Luego vuelves a cogerme mi amor, ahora debe estar por llegar tu hermano Gabriel” –le dice. Me dio asco escuchar lo de hermano, pero estaba tan caliente mirándola que me escondí para que no me descubriera. Salió con Nacho caminando y chorreando semen de su concha y pasando su lengua por los labios para tragar el resto de semen que le pudiera quedar después de chupársela.

Entra a la casa por la cocina, se dirige a la ducha no sin antes dejar a al perro en el patio, quedó como llorando, lógico, quería seguir cogiendo. Se mete al baño del primer piso, la miro, una ventanita que da al baño, Nacho ladra, está cerca mío pero detrás de un muro. Gruñe como enojado, lo miro y le sonrío de forma burlona. “Debe sentir celos” –pienso. Yo no sentía celos sino asco de mi madre. Habiendo tantos hombres, ser hembra de un perro era algo que nunca se me habría ocurrido, pero mirándola me hago tremenda paja imaginando la de rodillas tragando mi semen y con una cara de puta que no disimula. La imaginaba diciéndome: “¡Hijo, dame tu leche! ¡Esta perra quiere que te vacíes en su boca!”.

Antes de entrar a la ducha pasa su mano por su concha; la saca, se chupa también sus dedos y le habla al perro: “Mi bebé, ¿querías darle más y más verga a tu ama? Más tarde bebé, más tarde volveré a entregarme a ti”. Me calentaba escucharla, tenia la verga como si me fuera a explotar. “Nacho, soy tu perra, me gustaría pasar el día cogiendo, pegada a ti y beberme tu rica leche. Veo como se baña; a pesar de ser cogida por un perro mi madre está bien buena. Me dan ganas de entrar al baño y culearmela, decirle: “¡Eres toda una puta! ¡Te voy a coger hasta que quedes tirada en el piso!”. No lo hago, no por faltarle el respeto, sino que iba a idear algo para conseguirlo. Salí de la casa, caminé unas cuadras y vuelvo. Cuando entro, ya estaba bañada y vestida con un short y una blusa transparente, sin sujetador. Noto como nunca antes sus pezones duros. Dentro de la casa siempre andaba cómoda con poca ropa encima hasta creo no usaba ropa interior. antes de Nacho no era así.

Nos pusimos a conversar como si nada. “Hola hijo, mi amor vienes todo sudadito ¿Te divertiste?” –me dijo. “Sí mami, lo hice. Tú, ¿qué has hecho” –contesté. “Aquí aburrida, solita escuchando ladrar a Nacho” –me dijo. “¿Por qué no lo haces entrar mamita?” –le pregunté. “No hijo, ya estuvo un buen rato dentro si lo dejo se pone cargoso” –respondió. Ya tenía el pie y me lanzo con todo: “¿Cargoso? Me di qué te quiere coger mami”. “¡Ah! ¿Pero qué te crees Gabriel?” –me dice enojada. “Mira Caroline, volví hace un rato y escuche gritos, vi como Nacho te tenia abotonada en el cuarto de lavado, vi como gozabas. En pocas palabras vi todo madre” –le dije. No sabe que decir, se pone a llorar. “Estoy avergonzada de lo que viste hijo, pero no voy a justificarme, me la mete rico y lo disfruto” –me dice. “¿Desde cuando coges con él Caroline?” –le pregunto. Me miró y respondió: “Bueno, tiene un año. Hace como cuatro meses que me coge”. La abrazo y le digo: Cuéntame, ¿cómo se dio?”. Me empezó a contar, escucharla me ponía caliente. Aproveché y le agarré las tetas, ella no protesta, deja que mi mano se pasee libremente, tenía los pezones duros. Se los tocaba, la expresión de su rostro cambia, se estaba calentando. “Una tarde habías ido a casa de tu tía, se largó una tormenta muy fuerte Nacho aullaba, lo entré a la casa, no sé si por agradecimiento o qué, se puso a jugar conmigo; me había tirado en la alfombra. De pronto, vi como de su capullo salía una enorme verga, él me lamió la cara y el cuerpo, me quería montar. Te juro que sentía miedo hijo pero fui tomando valor hasta que le toqué la verga, la sacó mas afuera, ya era enorme. Me gustó tocarla, hacía tiempo que no cogía, solo me masturbaba. Me metí debajo y le besé la verga, se quedó quieto” –me dijo. Yo seguía jugando con sus tetas, cada vez se ponía más caliente contándome como empezó a coger con Nacho y sintiendo mi mano apretando sus pezones.

La miré a los ojos y le dije: “Sigue contándome Caroline como te volviste una puta perra. “Tomé valor, se la chupé . Luego, me saqué ropa, quedé desnuda. Le chupé la verga como loca. Nacho se puso entre mis piernas y me empezó a lamer la concha. Luego, intentó montarme, pero no le apuntaba a mi concha que ardía de lo caliente que estaba. Esa tarde se la chupé varias veces, quedé toda pegoteada con su semen. Me gustaba la sensación de sentirme perra. Después de un rato lo saqué al patio y le dije: “¡Cariño, voy a buscar la manera para que me metas tu rica verga”. Ya tenía a Caroline con las tetas afuera y ella agarrada de mi verga me pajeaba despacio. “Sigue contándome” –le dije. Siguió: “Miré videos de zoofilia, vi como perros ensartaban y abotonaban a mujeres. Me calenté tanto que me masturbé varias veces, gemía y disfrutaba mis dedos. No me di ni cuenta cuando llegaste, estaba a punta de orgasmos, tanto que temblaba entera” –me dijo. “Te voy a decir algo mamita, yo si me di cuenta que estabas caliente, te escuchaba gemir y me corrí varias pajas pensando que te estaba culeando. Incluso me pajeé con una de tus tantas en el baño y te las dejé con leche imaginando que te llenaba la concha” –le dije. Parece que la calentó más escuchar lo que le dije, porque su mano se movía más rápido. Siguió contándome: “Al otro día saliste con tus amigos, lo entré, me desnudé y le dije que ahora ya me iba a coger. Me puse en cuatro, se me subió encima, empezó a moverse pero ahora lo ayudé. Su verga se clavó de una en mi concha, me encantó cuando se abrió y entró toda. Me sentía tan perra, tan puta y le decía que me cogiera, que era su perra. Cuando me entró su bola fue exquisitamente doloroso pero me encantó. Quedamos pegados hasta que acabó y sentí chorros de caliente semen llenándome. Después, salió y el semen me chorreaba de la concha a los muslos. Fueron como tres minutos de descanso y él quería más, ya no tuve que ayudarle pero esta vez me la dio por el culo. Era maravilloso, hace tiempo que me cogían así de rico. Se la chupaba, él me lamía, eran olas interminables de orgasmos”. Me tenía tan caliente, quería culearmela bien duro.

Mis manos recorrieron sus muslos, sin decirle nada mami abrió las piernas, le desabroché su short y no tenía nada puesto. “¡Estás mojada Caroline!” –le dije. Ella siguió con su mano aferrada a mi verga y mis dedos le daban placer a su rica concha. “Ahora soy una perra, vivo en celo las 24 horas, todos los días. lo que viste hoy no ha sido nada para lo que ha pasado entre Nacho y yo. Incluso he cogido con otros perros, varios a la vez, así como lo hacen las perras en la calle” –me dijo. Eso me prendió más y así con lo caliente que ella estaba, le dije: “¡Quiero culearte ahora!”. Le di un caliente beso en la boca que respondió de la misma forma. “¿Quieres compartirme con Nacho, Gabriel? Me dejo coger por los dos a la vez, así Nacho va a aprender a no sentir celos. Me encantaría tener la verga de Nacho en mi culo mientras te la chupo y después al revés” –me dice. “¡Acepto, pero ahora te voy a culear yo solo” –le dije. “Sí hijo, vamos a mi cama” –dice caliente. “No, aquí mismo como la puta y perra que eres”–le dije. Sonrió de forma perversa e hizo lo que se le ordenó.


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