Natalia es una bella mujer de Chile, cabello oscuro; alta, de ojos marrones, con hermosas tetas de talla 100 y mide 1,70. Tiene un culo muy bien parado porque entrena, hace pilates y va al gimnasio. Tiene lindas piernas con algo de musculo. Está toda depilada. Le gusta tener siempre las uñas pintadas. Tiene 40 años, es soltera y adinerada, lo que la hace un imán para multitud de hombres de edades y tipología muy diversas. Es una mujer con clase de puertas a fuera, lo que combina con una mente sucia que la lleva a escribir relatos donde es forzada a hacer cosas humillantes y dolorosas.
Dicen por ahí que la realidad supera a la ficción y Natalia estaría pronta a descubrirlo. Ha estado una hora esperando sin éxito una cita de una aplicación. Aunque no tiene ninguna dificultad para encontrar parejas sexuales, a veces le gusta tener sexo casual y sucio con desconocidos una sola vez. Hay un bar que está en una zona algo peligrosa de la ciudad. Llama a su cita y no le contesta. Cuando ya está por pedir un Uber y volver a casa para satisfacerse con sus juguetes, un chico joven toma su bolso con disimulo y se dirige a la puerta. Natalia se da cuenta y sale tras él; el chico enseguida corre por las oscuras calles, gira por un callejón oscuro y sucio. Sin pensarlo dos veces ella lo sigue. De pronto, el chico llega a un muro que cierra la salida, se gira hacía ella, sonriendo.
Natalia al voltearse ve a tres hombres de diferentes complexiones sonriendo como locos, estaban sucios, se veían amenazantes y además, tenían mirada de ser degenerados y lascivos. “Pero mira que puta tan deliciosa nos has traído. La vamos a coger por todos los orificios si es que quiere que la dejemos ir” –dijo uno de los hombres. “¡Dejen que me vaya hijos de puta, y devuélvanme el bolso!” –dijo Natalia en tono firme. No supo de dónde le vino una cachetada que casi la tumba al suelo. Si no llegó a caer fue porque el mismo hombre la sujetó por el top arrancándoselo y dejando a la vista sus hermosos pechos. “Se dieron cuenta que tetas tan ricas tiene esta zorra?” –dijo el hombre que había golpeado. El cuerpo de la mujer temblaba. El hombre vuelve a hablar: “¡Nos vamos a divertir mucho con ella!”. Recién Natalia entendió que no era parte de la trama de uno de sus relatos. El pulso se le aceleró, se le secó la boca y su cuerpo temblaba de miedo. No se trataba de dejar de escribir para volver a la realidad, era algo que conocía muy bien por la ficción de sus historias.
Sus palabras aún retumbaban en el callejón; estaba dispuesta a dejarse abusar para salir pronto de aquella situación. Así, como en una película, de la nada aparece un hombre de 1,80, vestido con elegante traje negro. “¿Qué pasa aquí?” –preguntó ese hombre. “¡No es asunto tuyo!” –dijo el muchacho que había robado el bolso. “¡Lárgate de aquí bastardo!” –dijo el primer hombre mostrando un cuchillo. “No me iré hasta que dejen ir a la señorita” –dijo el hombre. “¡Así lo quisiste animal! ¡Te vamos a golpear como a un perro!” –dijo el segundo vagabundo. Se le lanzaron los tres para lo que sería una paliza a un desconocido que se había metido en problemas por Natalia, pero ninguno pudo con ese hombre; los golpeó hasta que los cobardes salieron corriendo y dejaron el bolso en el piso. “¿Estás bien? Me llamo Diego. Ven ponte mi vestón, estás un poco desnuda” –le dice el desconocido hasta ese momento. Natalia se ruborizó y aceptó la chaqueta. Le gustó el perfume que desprendía. “¿Quien sabe? ¡Tal vez la noche no será una ruina absoluta!” –se dijo. Diego parecía ser un caballero salido de una historia romántica, lo que cautivó profundamente a Natalia. “Pidamos un taxi, te llevo a casa y luego continuo hasta mi hotel” –dijo Diego. “Me parece bien, igual quiero salir pronto de este lugar” –dijo Natalia. “Sí, es un barrio peligroso” –dijo Diego. La mujer no dijo nada hasta que llegó el taxi para llevarla a su casa.
En el trayecto Natalia tomó la decisión de que iba a cogérselo si él no se oponía y nadie se había opuesto a coger con ella desde su primera vez. Cuando llegaron subieron juntos, ella le invitó a beber una copa que él aceptó. Al empezar la segunda ella tomó la palabra: “Me gustaría compensarte lo que has hecho por mí” –le dijo. Se acercó a Diego para besarlo en la boca. Para su sorpresa él la esquivó. Natalia quedó extrañada de qué ese hombre le haya dado un NO a sus morbosos amantes, ya que siempre decía que ella cogía con quién, cuando, dónde y por donde quería; pero esta vez fue como si alguien le hubiera cerrado la puerta en la cara de golpe. “¿Por qué me rechazas? ¿Eres gay? ¿Un sacerdote que por las noches se viste de justiciero para ayudar a la comunidad?” –pregunta la chica. “Nunca nadie me había despreciado así”–añade ofuscada. Diego la miró con seriedad pero no pudo evitar reír: “¡Jajajajaja! No soy gay, tampoco un hombre de Dios ni un justiciero. Me hice a un lado porque no necesito que nadie coja conmigo en agradecimiento. Además, mis gustos sexuales son sucios, extremos y tú me pareces demasiado dama para satisfacerlos. Por otro lado, los próximos siete días tengo un proyecto al que he dedicado un año de preparación y mucho dinero y quiero estar fresco”. “No te ofrezco un polvo por caridad, tengo ganas de coger contigo. Sólo que mi lado dama buscaba un pretexto en cuanto a ser lo bastante puta para ti. No lo sabrás si no lo pruebas, ¿verdad? Por tu proyecto de mañana no te preocupes, te voy a dejar nuevo y relajado, listo para el éxito”–dice Natalia tomando un camino del que no habrá retorno.
Sin más preámbulo volvió a atacar su boca y Diego se dejó besar y devolvió el ataque metiendo la lengua en la boca de Natalia. Le sobó las tetas que estaban desnudas desde el incidente callejero. Después de un largo beso Natalia se dejó caer de rodillas y tras desabrocharle el pantalón con la agilidad que da la experiencia, empezó a chuparle la verga intensamente esperando que Diego se derritiera debajo de esa máscara de hombre duro. La chupaba con ansias, alternando con lametones en las bolas. Se la puso durísima, no en vano era una mujer con un bello cuerpo que sabia como usarlo. Él la tomó del pelo y la tumbó en el suelo. Le subió la falda y le arrancó la tanga, estaba muy mojada. Le ordenó que abriera la boca y se lo metió dentro, le cogía la boca como un energúmeno, Natalia se ahogaba, babeaba y tenía arcadas; ya que Diego no le daba respiro. Estando en cuatro, le abrió el culo y sin lubricante, sin consulta previa, ni delicadeza y le clavó la verga hasta el fondo. La agarró del pelo, la insultaba de todas las maneras posibles mientras se la metía frenéticamente y la nalgueaba. Mientras se la cogía, Diego se tomaba con fuerza de las caderas de la chica y le decía: “Eres mi puta y te voy a hacer lo que me de la gana, perra”. La usaba como una muñeca de trapo, le escupía en la espalda, le dejaba las nalgas al rojo vivo y le ordenaba qué ella escogiera la posición y como se iba a enterrar esa verga. “¡Vamos puta de mierda! Dame placer o voy a buscar a los tres delincuentes para que te la metan como a una sucia perra callejera. Ella estaba muy mojada y se apretaba contra su verga mientras frotaba su clítoris. “Ven aquí a hacer el 69. Mi verga a siempre va del culo a la boca, mejor que lo traigas siempre limpio para mí” –dice Diego con desprecio. Aunque ella se había limpiado bien no pudo evitar sentir su propio culo en la boca l. Estaba excitadísima, mientras él lamia la vagina su clítoris, y le cogía la boca haciendo que se ahogara.
Al poco rato, los dos tuvieron un orgasmo sincronizado. Natalia gemía y ahogaba, mientras que Diego entre jadeos le llenaba la boca de semen a la chica. “¡Eso puta! ¡Trágate hasta la última gota!” –decía él. Ella en esa sumisión forzada obedece sin cuestionar. Mientras Natalia se recuperaba de la primera cogida, Diego preparó un copa y se la acercó. “Tómate esto. Aún tenemos muchas cosas por hacer” –dijo el hombre. Bebieron en 2 tragos y ella lo cabalgó mientras el le apretaba, palmeaba y chupaba las tetas . “Parece que estás aprendiendo asquerosa puta” –dice Diego. Natalia encima de él se movía de forma sensual, lo miraba a los ojos y le preguntaba: “¿Te gusta como me muevo?”. Diego sonrió y respondió: “Solo eres una puta y sirves solo para darme placer. Cómo te muevas o no es tu problema”. Natalia tuvo un orgasmo que la dejó exhausta, cayó rendida al lado de Diego, con la sensación de que el pecho le estallaría; sin darse cuenta sus ojos se cerraron hasta que entró en un profundo sueño. Cómo Diego no tenía problemas de autoestima, o el desvanecimiento hubiera sido por cansancio natural , Diego hubiera podido sentirse dolido, pero ninguna de las 2 cosas se daba. Al contrario, lo hizo aprovechar al máximo la inconsciencia de Natalia y abusar de ella hasta dejar sus agujeros llenos de semen.
Natalia retomó la consciencia de una manera abrupta cuando un cubo de agua la despertó. No veía nada y sentía dolor en pezones y clítoris, ano; tenía las mandíbulas abiertas, la boca ocupada por una verga de goma. Estaba atada de piernas y brazos a una silla. Tenía una sensación rara en el culo. “¡Parece que la princesa se ha despertado! ¿Me oyes bien, zorra?” –dijo Diego. Natalia optó por mostrar la disconformidad sin contestar y sacudiéndose, tratando de liberarse de las ataduras. Fue un error. Un dolor intenso en ambas areolas la frenó en seco. Diego había aplicado dos cigarrillos encendidos cerca de sus pezones durante unos segundos que se hicieron eternos para la bella mujer en apuros. “Llevo mucho tiempo preparando esto. Así que debe salir perfecto. Cuando yo te pregunte algo, tu me contestas moviendo la cabeza o habrá dolor. ¿Me oyes bien asqueroso depósito de semen?” –dijo Diego. Natalia se esforzó para sacudir la cabeza afirmativamente para evitar más dolor. “Seguro que te estarás haciendo muchas preguntas. Te voy a decir todo lo que necesitas saber. y Diego, tu cita de anoche. En tu última copa disolví un potente somnífero. Estás desnuda, atada. Tienes pinzas en los pezones y clítoris, llevas una máscara de cuero con un solo agujero para la boca, con una verga de plástico y llevas bolas vibradoras en el culo con mando a distancia que no solo vibran sino que pueden dar descargas eléctricas. ¿Entiendes hasta aquí, puta?” –dijo el despiadado hombre. Natalia respondió afirmativamente con la cabeza. Él caminaba por la habitación haciendo que su voz llenara por completo el cuarto, Natalia agitada escuchaba cada palabra que salía de la boca de Diego y se retorcía de miedo. “Ahora me imagino te preguntarás: ¿Por qué a mí? Y ¿Cuándo terminará esto? ¿Acabaré con vida?” –dijo él de manera locuaz. Natalia volvió a asentir. Quería respuestas y solo Diego podía dárselas, por primera vez se sintió impotente al querer tener algo y no conseguirlo.
En medio de ese perverso monólogo, Diego le dice: “Verás, te he elegido porque soy un sádico desalmado y cruel que disfruta sometiendo y causando dolor a sus víctimas. Había estado alejado de los aficiones, pero tus historias de BDSM y tú descripción física llamaron mi atención. Incluso interactuamos por los comentarios que dejaba en tus relatos. Eso me llevó a buscar en la Dark Web un hacker que me permitió averiguar tu dirección. Un detective privado me mandó fotos tuyas confirmando que realmente estás tan buena como afirmas en tus historias y que me pusieron la verga tan dura como un bate de béisbol. Así que decidí que mi proyecto, el proyecto del que te hable ayer serias tú. Durante un año me he puesto en forma en el gimnasio y me he documentado sobre castigos, torturas y BDSM. Me hice un perfil falso en la aplicación que usas y te cité desde el aeropuerto. Contraté al ladrón y los tres matones del callejón para poder ser tu héroe. Todo fue un montaje que ha salido perfecto”. Natalia empezó a agitarse frenéticamente hasta que una descarga eléctrica intensa en su recto la hizo desistir. Solo pudo musitar: “¡Puta madre!”. “Me aburre tu inútil resistencia. A la próxima te frio el culo y las tetas a la vez por cinco putos minutos. No me provoques, perra” –dijo Diego. Natalia se desplomó, totalmente entregada. “Quise someterte extremamente haciéndote chantaje, pero el hacker no encontró nada que me sirviera. También tenía la opción de secuestrarte, pero resulta estresante y limita las humillaciones a las que puedes ser sometida. Así que me decidí a invertir dinero y pedir un préstamo que pienso recuperar en encargar en la misma Dark Web dos sustancias muy caras y específicas. Un veneno y su antídoto. Concretamente 7 dosis de veneno y 7 de antídoto. Lo que encarece el veneno, es que tarda 24 horas en activarse después de ser inyectado. Así que si antes de 24 horas te inyecto el antídoto sobrevives .Si no lo inyecto, mueres de manera muy dolorosa” –le dijo él. Natalia estaba horrorizada, no podía moverse ni hablar; era una pesadilla hecha realidad. Bajó la cabeza y lágrimas rodaron por sus mejillas.
La chica no sabía cuánto duraría su tortura, el
miedo era real y la sensación de que si le pasaba algo nadie sabría hasta
varios días después. “Durante los próximos días te voy a coger y denigrar bestialmente,
causarte dolor, humillarte en público, prostituirte, hacerte coger por perros; llevarte
a locales de intercambio, todo lo que yo quiera. Tu solo obedecerá sin
resistirte, con una sonrisa harás todo lo que se me ocurra. Si estoy satisfecho
te pincharé el antídoto. Si no te dejaré morir con mucho sufrimiento. ¿Lo has
entendido cerda desgraciada?” –le advierte Diego. Natalia aun estando en shock
se esforzó en sacudir la cabeza frenéticamente para asentir. “Muy bien puita,
ahora si quieres que te dé la oportunidad de sobrevivir, indícamelo meándote
encima ahora mismo” –le ordenó su abusador. Natalia sabía que debía tragarse la
dignidad y mear. Meo sobre la silla, mitad por miedo y mitad por tener la
oportunidad de pasar una semana de pesadilla luchando por sobrevivir.
Pasiones Prohibidas ®



