En una ocasión durante una salida con una de mis amigas (Stephanie), decidimos ir a un bar, uno al que no acuden chicos de nuestra edad. Es uno que sabíamos es solamente frecuentado por hombres y las mujeres que están son aquellas que ofrecen sus servicios a estos hombres. Descubrimos nuestro particular gusto en una charla pasada y propuso hacer un juego, nos excitaba la idea de buscar hombre en un bar, de jugar a ser prostitutas. Después de todo compartíamos el gusto por maduritos pervertidos.
Por supuesto, debíamos ir vestidas con algo que gritara: “Busco una buena cogida”. Así qué usé la falda más corta que encontré, la blusa más escotada y unos tacones altos. Stephanie estaba ansiosa; cuando entramos al bar estaba repleto de gente, un ambiente totalmente adulto, en su mayoría hombres ya pasados de sus treinta y muchos, claramente un par de jovencitas en sus diecinueve en minifalda y escote llamarían la atención de más de uno allí, sobre todo porque en un lugar así, no veían a un par de chicas sino un par de putas.
Stephanie se dejaba llevar totalmente y sonreímos a un par de piropos que lanzaron conforme pasamos entre las mesas para encontrar donde sentarnos. Cuando por fin encontramos le dije a mi amiga que esperara y me fui por unos tragos. Había ya visto un par de señores bastante bien, pero ninguno se había animado a acercarse, aunque si nos miraban de forma libidinosa; sin embargo, cuando llegué a la barra y pedí los tragos, un hombre alto, de barba cerrada un poco encanecida, vestido en ropa casual muy buena figura, quizás ya entrado en sus buenos cuarenta y muchos. Se me acercó y dijo recargandose en la barra: “¿Si les invitamos los tragos, vienen a sentarse con nosotros?”. Se notaba que quería dominar el espacio, ya que no tuvo consideración de mi espacio personal, saltándose también por completo el saludo o presentación. “¿Aceptas preciosura?” –me preguntó. "¿Y cuál es su nombre? Mire que mi madre me enseñó desde pequeña a no hablar con extraños” –le dije dándole una sonrisa burlona pero a la vez demostrando que estaba contenta por ese encuentro. Literalmente me excité de inmediato, si algo me eriza la piel es una voz masculina profunda y grave. “¡Pedro, para servirte preciosa!” –dijo extendiendo la mano y la estreché sin titubeos. “Un gusto, yo soy Karla y mi amiga se llama Stephanie, y sí nos encantaría acompañarlos a su mesa” –le dije. Mordí mi labio al percatarme que la vista de ese hombre bajaba constantemente a mis tetas e intencionalmente deslicé mis dedos entre ellas, después de todo eso buscábamos: “Un par de sujetos pervertidos para pasarla rico” y este tenía una pinta de macho que me encantó. “¡Llama a tu amiga!” –dijo él. Giré para ver a Stephanie y la llamé con un movimiento de mano, ella se levantó caminando hacia mí de inmediato. Pedro le dio la indicación al mesero de llevar los tragos que pedí más otros dos para una de las mesas del fondo. Le presenté a mi amiga, la cual fue tan provocativa que yo. Fuimos hasta la mesa y me tomó de la cintura todo el trayecto, al llegar estaba otro hombre, Luis, que al vernos se levantó, igualmente alto, pero solo de bigote, cabello crespo perfectamente peinado e igualmente vestido de modo casual. Sin duda ambos hombres atractivos de verdad. Pedro nos presentó como si nos conociera de años, la mesa era redonda el asiento un sofá curvo de cuero, nos dejaron tomar asiento deslizando nos hasta el medio, Pedro a mi lado y Luis al lado de Stephanie.
Los tragos llegaron, bebíamos y charlábamos los cuatro, conociéndonos más de todos al mismo tiempo, entre cada risa y comentario había roces, llegué a tocar la pierna de Pedro o le frotaba las tetas en su brazo, este no paraba de ver mi escote, nos dijeron que no eran de la región, que estaban de paso y se estaban hospedando en un hotel cercano; tenían ya dos días y no habían salido de noche, pero que sintieron ganas de salir por algo de diversión, obviamente ambas captamos el doble sentido, sonreímos y después de eso automáticamente se formaron las pláticas privadas, pues yo gire a ver a Pedro y hablé: “¿En serio? Y ¿Qué diversión buscas?” –le pregunté pasando mi mano por su muslo y apreté cerca de su verga.
Los juegos y toqueteos se daban entre los cuatro de forma natural. Pude oír como Stephanie le preguntaba a Luis: “¿*Y tú? ¿También la buscas?”. Luis sonrió de forma maliciosa, vi como su mano se fue debajo de la mesa y la cara de mi amiga cambió, intentaba contener la respiración. Descaradamente le metió mano y la caliente Stephanie disfrutaba de aquellos dedos escudada bajo la privacidad que implica el volverse puta debajo de la mesa, una tenue luz que iluminaba cada sector. La mano de Pedro se deslizó por mi muslo y dijo sin inhibición: “Yo busco una deliciosa muñequita para llevarme a la cama”. Sentí al escucharlo como mi vagina se mojaba y más cuando sentí sus dedos rozar un pequeña tanga. “¿Qué te parece mi búsqueda?” –me preguntó mientras me ponía más caliente. “Parece que seré yo esa muñequita” –le dije mordiendo mi labio y separando las piernas. “¿Quieres?” –me preguntó. Se acercó a mis labios sin titubeo alguno, arrastrándome más cerca del él. Me miró a los ojos, me agarró con descaro una teta y dijo: “Claro que quieres, si no para qué venir, ¿Cierto?”. “¿Lo crees?” –le pregunté. Mordí su labio inferior y pasé mi lengua por sus labios. “¡Dilo papi! –le susurré mientras intentaba buscar el cierre de su pantalón. “Tu buscas verga y yo busco una perrita caliente” –dijo apretándome una nalga. “¡Aquí tienes a tu perrita!” –le dije mientras jugaba con su deliciosa verga en mi mano y di un pequeño gemido. “¿Muy puta?” –preguntó él. Sin decir más me le monté, aprovechando lo escondido de la mesa. Para muchos era normal que estuvieran parejas de mujeres jóvenes con hombres mayores casi coger encima de las mesas de billar y para que decir que en las que están escondidas con las que estábamos los cuatro. Empecé a besar a Pedro y este me manoseaba el culo pasando sus manos por debajo de mi falda para sentir mi culo piel a piel, bajo sus besos a mi cuello y al medio de mis tetas, susurraba diciéndome: “¡Qué rica estás putita!”. Yo movía mi cadera para frotarme en su erección, Pedro sin pudor me hizo a un lado la tanga y en un movimiento su verga se deslizó a mi vagina. “¡Oh, papi!” –le dije mientras ya estaba moviéndome como la putita que estaba siendo. Saqué mis tetas, literalmente me dio igual si alguien miraba, a Pedro le gustó que lo hiciera, sus ojos brillaron en lujuria, su rostro en perversión. Giré a ver a Stephanie, Luis estaba chupándole las tetas y masturbándola con desesperación.
Nos habíamos convertido en verdaderas putas, siendo cogidas a vista y paciencia de varias personas, y por dos desconocidos. El placer en ambas era más que genuino y perverso. Al poco rato mi amiga se estaba moviendo encima de la verga de Luis con la misma calentura que yo lo hacía sobre Pedro. Nuestros gemidos eran opacados por la sensual melodía del blues, me sentía sexi al fijarme que varios hombres nos veían coger rico con aquellos machos que nos daban duro; lo más perverso de aquello era que estaban masturbándose mientras nos cogían. Stephanie y yo estábamos locas de placer viendo cómo esos pervertidos se pajeaban y nos decían cosas sucias; Pedro y Luis nos cogían tan duro, tan rico que el orgasmo no tardó en apoderarse de nuestros juveniles cuerpos. En eso Pedro le dice a su amigo: “Es hora de que nos demuestren que tan putas son”. Luis da una sonrisa y le contesta: “Tienes toda la razón. Veamos que tan putas pueden ser estas muchachitas”. Dejaron de cogernos y nos hicieron ir hasta donde estaban esos hombres para disfrutar de sus vergas en nuestras bocas. En ese momento me sentí como una presa que un macho alfa se alimentó y dejó las sobras a los beta.
Cómo una jauría de lobos hambrientos nos despojaron de la ropa, las dos estábamos en el piso chupando varias vergas a la vez y con la calentura aflorando de cada poro, ver la manera en que nos estábamos comportando era algo que al menos yo no entendía, ya que Stephanie y yo fuimos criado en hogares demasiado religiosos, y vernos en esas actitudes perversas hubiera desilusionado profundamente a nuestras familias. No fue sorpresa que a los pocos minutos nos estuvieran cogiendo por todos nuestros agujeros, haciéndonos más putas de lo que ya nos sentamos en ese momento. Me sentía como la más sucia de las putas al tener una verga en el culo, una en la concha, una en cada mano y otra en la boca; Stephanie estaba igual que yo, caliente y con todos sus agujeros ocupados.
Poco a poco nos hundíamos en el placer, lo único que pedíamos con Stephanie era que Pedro y Luis nos siguieran cogiendo. Otra vez en de rodillas en el piso del bar pero esta vez para recibir la descarga de semen abundante de varios machos calientes por dos putitas con cara de niñas buenas. Esos tibios chorros de semen caían desde mi cara, boca, tetas y corrían por mi cuerpo, se sentía delicioso, y demasiado morboso. Lo mismo le pasaba a mi amiga, al verla llena de semen sentí una exquisita puntada en la vagina y me acerqué para besar sus fecundados labios con lujuria. “¡Somos dos lindas putas Karla!” –me dice. “¡Lindas y calientes mi amor!” –le respondo. En medio de ese lujurioso beso, Pedro y Luis nos dicen: “¡Vámonos!”. Nos vestimos como pudimos, todavía teníamos semen pegado en nuestros cuerpos. Podía sentir las miradas calientes que nos daban, incluso que éramos putas en toda la expresión de la palabra; al punto de decir uno de esos hombres que estaría dispuesto a pagar lo que pidiéramos por pasar una noche con él.
Salimos del bar para entrar a una camioneta Lincoln oscura, Pedro subió atrás conmigo, así que a Luis no le quedó más que conducir, mi amiga subió al frente con él. Por supuesto que había sido una total estupidez subir en un auto con dos desconocidos pero la calentura tomó control total en ambas. Mientras avanzábamos, Pedro metía sus dedos en mi concha, yo me retorcía de placer y gemía como poseída; me agarraba las tetas y le decía a Pedro: “¡Mira lo caliente que tienes a esta nenita puta papi!”. Estaba caliente por tener su verga otra vez entre las piernas, metiéndomela con fuerza y que me diga cosas sucias. “¡Qué ricas tetas tienes putita!” –me decía y pasaba lentamente su lengua por mis pezones que se ponían duros. “¡Ay papito, sí! ¡Son para ti hoy!” –le decía entre gemidos. Al mirar a los asientos delanteros escuchó a Stephanie con arcadas, iba chupando la verga de Luis como si fuera su último día de vida. Eso me motivó para chupársela a Pedro, me acomodé y la metí en mi boca. Ambos machos jadeaban de placer y nosotras nos atragantábamos con esas deliciosas erecciones. “¡Como la chupan estas putitas!” –dijo Luis desde el frente. ‘Se la tragan como si fuera paleta” –dice Pedro. Ambos empezaron a reír. El ambiente dentro del auto era una total perversión, ya que nuestras bocas seguían dominadas por esas ricas vergas que nos hacían alucinar.
Cuando estacionamos frente al hotel nos acomodamos la ropa con Stephanie lo mejor que pudimos. Entramos al hotel y subimos a la habitación, apenas la puerta se cerró empezó la perversión una vez más, ni siquiera vi detalles de la habitación en el momento, nos arrancamos la ropa prenda a prenda, dejándome solo en tanga y tacones, Pedro me llevó a la cama junto a un gran ventanal de cristal con salida a un balcón. Stephanie en la cama de al lado con Luis sobre de ella, Pedro se puso entre mis piernas para enfundar su hermosa verga en un condón. Se veía exquisita gorda y venosa, de un largo exquisito. Me arrastró al borde de la cama levantándome las piernas, las abrió todo lo que pudo, viendo mi vagina se lamió sus labios y tomó mis tobillos dejando estos en sus hombros, me frotó su verga en la concha y empujó con fuerza, mi cuerpo se arqueó, gocé como una verdadera adicta, era como si una jeringa con algún químico pinchara mis venas. Gemí fuerte apretándome las tetas, volvió a empujar y volví a gemir, rogué por más y me dio más, me dio como un animal salvaje, se notaba las ganas que tenía de coger. Me daba duro y continuo, era delicioso sentir como me llenaba a cada embestida, el morbo de estar siendo usada por un sujeto que apenas sabía su nombre, era un rico juego lleno de placer. Estar en la cama siendo cogida por un sujeto que fue por mi con el único objetivo de hacerme su puta. Ahora me tenía en su cama dándome toda su verga sin parar, el placer era demasiado, gemía como gata en celo, Stephanie en la cama de al lado disfrutaba lo mismo que yo siendo cogida con Luis en cuatro de forma maliciosa y caliente. Éramos un par de locas gritando y pidiendo verga a gritos. Esos dos hombres nos estaban reventando la concha a vergazos. ¡Mierda! Pedro bajó mis piernas abriéndolas como si fuera de plástico, para meterme su verga una vez más haciéndome delirar. “¡Que rica puta me encontré! ¿Cuánta hambre de verga tiene tu concha?” –me decía dándome rico hasta el fondo. “¡Muy hambrienta papacito!” –le dije. Pasé mis manos por su espalda y le clavé las uñas. “¡Me encanta tu verga!” –le decía entre gemidos. No sabía cuánto más iba a resistir.
Cada minuto que pasaba era como si fuera una eternidad, realmente estaba disfrutando de la mejor cogida que me hayan dado desde mi primera vez. “¡Que puta eres! ¿Te gusta duro perra?” –decía Pedro mientras mi concha era embestida hasta el éxtasis. “¡Sí, me encanta! ¡Dame papi! Dale duro! ¡No pares!” –le decía jadeando y gimiendo por el cúmulo de placer que le tenía casi al borde de la explosión. Los ojos se me pusieron blancos, explotando en un orgasmo salvaje. Pedro se levantó un poco apretando mis muslos para metérmela más rápido, mis gemidos resonaban de manera intensa y Pedro bufó delicioso. Sin perder tiempo me puso en cuatro para darme sin piedad. Me tomaba del pelo y me decía: “¡Muévete putita!”. Cuándo su verga llega al fondo de mi vagina me daba fuertes y sonoras nalgadas que me hacían estremecer. Hizo abrir más mis piernas y bajar hasta que mi pecho quedó contra el colchón mi culo levantado y mi cara aplastada contra la cama, sentí como uno de sus dedos entró en mi ano, grité y quise detenerlo pero me la metió tan ferozmente que no tuve oportunidad, mis gemidos ya eran alaridos, también escuché gritar a Stephanie pero no pude verla.
Pedro parecía no tener compasión de mi, su dedo bien adentro de mi ano y con la otra me tomaba por la cadera para arremeter duro contra mí, entraba hasta el fondo, rápido, duro y delicioso. Me fascinó tanto que sin darme aviso alguno me explotó el coño en un violento orgasmo, uno que el squirt parecía que no tendría fin o eso me pareció, porque perdí la noción del tiempo con ese placer. Me encantó tener su dedo en mi culo, me dejó caer en la cama y me dio una nalgada, sentí como me giro pero ya no era Pedro quien se metió entre mis piernas era Luis, que se masturbaba y sonreía de manera pervertida, mirándome la concha. “¡Ahora es mi turno de usarte putita!” –me dijo Luis. Reía de una manera tan burlona que fue humillante, pero me excité, abrí más las piernas me abrí la vagina con el dedo medio e índice y sonreí. “¡Úsame papito! ¡aún mi conchita de puta tiene hambre!” –le dije. Luis me la ensartó de golpe y se dejaba caer con fuerza dentro de mi, me apretó el cuello y me la metió sin piedad, se movía tan rico y con mi clítoris tan sensible los espasmos repetidos de placer me recorrían sin parar haciendo temblar mis piernas y jadear como perra.
Stephanie estaba siendo cogida por Pedro en la misma cama que yo. Estaba bien abierta rebotando sobre la verga de ese desconocido, mientras Luis me tenía a un lado cogiéndome con las piernas en sus hombros. Ambos nos cogían duro, nosotras gritábamos de placer, nos miramos y sonreímos en complicidad de lo rico que estaba siendo esta aventura, el placer brillaba en nuestros ojos. miró a Pedro y yo a Luis, estos se miraban entre sí también. “¡Que ricas putas! ¿No?” –le dijo Pedro a Luis, con todo el morbo y vulgaridad en la voz. “Están deliciosas y salieron gratis las perritas calientes” –respondió Luis. “Te lo dije, que llegaron buscando quien se las cogiera” –dice Pedro. Ambos se rieron al vernos abriendo la boca y gimiendo. “Les encanta la verga, míralas” –añadió Pedro. Eso habría sido totalmente humillante para cualquiera pero no para nosotras, pues ellos tenían toda la razón; nos encantaba la forma salvaje que nos cogían. “¡Si papi!” –gritamos al unísono. Tras eso, se volvieron locos. Nos cogieron violento y sin parar, pero Luis se salió de mi haciendo chocar su verga en mi vientre. Me puse en cuatro sin que me lo dijera, acarició mi culo y me ensartó la verga otra vez pero en mi agujero. “¡Ay, hijo de puta!” –le dije. Para él fue más un halago que cualquier cosa, ya que me embestía con fuerza. Pasó su mano por mi cuello y me la metía lento, disfrutando del como entraba en mi conchita y poniéndome más caliente, jadeaba y mis piernas temblaban sintiendo como resbalaba toda su verga se dentro de mí. Cruzamos las miradas con Stephanie y ella estaba en cuatro chupando la verga de Pedro. Conectamos miradas y gemimos suave, despacio; puse lo cara de puta más provocativa que podía.
Logré atraerlo a mi para que me siguiera empalando. Le dijo a Luis que era su turno de culearme y qué se entretuviera con la puta de mi amiga. Me llevó al otro extremo de la cama, cambió el su condón y me volvió a ensartar a cuatro patas, me tomó igual que Luis lo hacía antes, me tomó del cuello y pegó su pecho a mi espalda dejando sus labios en mi oído. “¡Quiero ser yo quien te exprima esa lechita papito!” –susurré entre jadeos y empujando mi culo hacía él. “¡Te voy a destrozar el culo putita! ¡Empínalo más!” –dijo él. Bajé mi pecho y mi culo quedó bien levantado y separé las piernas. Me la clavaba brutal y sin compasión, mi ano era invadido por la verga de un pervertido hombre mayor que recién había conocido. Sin piedad, estaba a su merced hasta que me llevó a otro orgasmo, entre alaridos de placer, me dio una nalgada tan fuerte que la nalga me quedo ardiendo. Se sacó el condon y se vacío afuera de mi culo, sentía su semen bajar hasta lo conchita quemando todo a su paso; oír su grave gemido fue delicioso. De verdad me dejó temblando, con las nalgas hinchadas de tantos azotes y el vagina palpitando tan rico que lleve mi mano para darme un poco más de placer. Me quedé abierta y con el culo levantado.
Al mirar a Stephanie vi cómo Luis le llenaba la boca de semen a mi y como se lo tragaba. Era toda una puta caliente jugando con esa leche que salía de la boca. Los dos hombres se quedaron mirándonos agarrándose la verga, eran verdaderos lobos hambrientos. Pedro me levantó de la cama solo para tomarme de la cintura, pude ver cómo Luis se llevó al baño a Stephanie, dejaron la puerta abierta y la caída del agua se comenzó a escuchar, Pedro me giró la cara hacía él y empezó a besarme apretándome las nalgas, metía su lengua a mi boca en un beso sucio y pervertido. “¡Aun te falta limpiarme la verga¡” –dijo jadeando. “¡Cómo tú órdenes papito!” –le respondí caliente. Me tomó del cabello para obligarme a arrodillarme. “¡Chupa puta!” –dijo. Eso me puso más caliente de inmediato y le agarré la verga aún dura para chupársela, me la tragué completa sin espera, mis arcadas me hacían expulsar espesa saliva y a él le arrancaba gemidos graves empujaba su pelvis y su verga me resbalaba completa por la garganta, mis ojos estaban acuosos por el esfuerzo pero mi concha estaba chorreando de hambre y deseo.
Stephanie en el baño empezó a gritar como una loca y Luis decía fuerte: “¡Cómo aprieta tu culo!”. Mi amiga descontrolada pedía más y más: “¡Rómpelo papito! Destroza el hoyo de esta putita!” –gritaba desesperada. Por nuestra parte Pedro y yo disfrutábamos a nuestra manera, pronto ya estaba sentado en una de las afelpada sillas al lado del gran ventanal, yo como una sanguijuela sin despegarme de su verga, se la chupaba siendo muy puta, pensaba que en cualquier momento acabaría en mi boca sin avisar, pero en lugar de eso mientras le chupaba las bolas se enfundó su rico tronco en un condón, me azotó su dureza en la cara y me empaló duro a cuatro patas en el piso mirando la ciudad por la noche. Me tenía bien empinada levantando el culo, yo estaba enloquecida rogando que me diera más duro. Dominada por ese desconocido, caliente y Stephanie también recibiendo verga por el culo era un escenario jamás pensado, pero era caliente y placentero. “¡Pensar que estábamos a punto de contratar putas! Ahora me estoy culeando a una zorra de menos de veinte” –decía Pedro mientras su verga entraba y salía de mi culo. “¡Te lo voy a dejar bien abierto, como la perra caliente que eres!” –añadió. “¡Sí, cariño déjalo abierto!” –le decía entre gemidos y alaridos. “¡Puta madre! ¡Qué rico culo tienes!” dijo muy fuerte. Ya era solo lujuria, Stephanie y yo llevábamos varias horas cogiendo y siempre queríamos más. No sabría decir si pusieron algo en nuestros tragos pero éramos perras en celo. Me embestía fuerte mientras podía escuchar los gritos de mi amiga en el baño recibiendo verga por su culo . Pedro estaba aferrado a los caderas y claro yo no podía parar de gritar que me rompiera el culo. “ ¡Qué rico gritas puta!” –me decía mientras me jalaba del pelo.
Ya no daba más, pero quería seguir cogiendo. Las piernas me temblaban, el sudor me corría por todos lados; tenía la boca seca y el corazón acelerado, casi no podía respirar pero me estaban dando tan rico que parar hubiera sido un crimen. “¡Que buena perra!” –me dijo. Sus frenéticas embestidas eran tan salvajes que si sentía el culo bien abierto. “¡Sigue papito! ¡Así bien rico y fuerte!” –le decía casi sin voz. “¡Estás bien mojadita y con el culito bien abierto!” –me dijo mientras me azotó una nalga. Sentía más la presión de su verga en mi culo y yo caía otra vez en las redes del orgasmo, ya no tenía noción de cuántos eran, solo sabía que me estaban dando como nunca antes. Sin sacármela, nos fuimos hasta la cama, me puso a montar su verga mientras él me apretaba las tetas. Ya no aguantaba, estaba al borde del colapso e iba a caer rendida pero la calentura podía más.
Pedro me tomaba como si fuese una simple muñeca de trapo; me golpeaba en las nalgas con fuerza y me clavaba sus dedos en la cadera, no soporté demasiado, de un segundo a otro estaba teniendo otro orgasmo. Mis ojos en blanco, mi cuerpo temblando y mi vagina palpitando de placer igual que mi culo. Mis fluidos chorreando sin parar. Sentía que me desmayaba. Pedro me tumbo en la cama y me aferré a las sábanas: mis manos tiraban estás con desesperación, soltaba alaridos que lastimaban mi garganta, quien fuera que pasará cerca de la puerta pensaría que estaban matando a alguien, temblé completamente de placer.vÉl bufaba, me puso de vientre en la cama y volvió por mi culo, empujando con toda su fuerza para alcanzar su clímax, entre roncos jadeos y apretando con mas fuerza adoloridas nalgas. Se quedó quieto apretando su pelvis a mis nalgas, moviendo en círculos su cadera, jadeábamos como animales, cuando salió de mi ano quedé flácida, sin moverme. Pedro se sentó al otro lado y hubo silencio entre nosotros por un largo minuto. Me fascinó ser usada por él, me dejó más que satisfecha.
Dentro del baño Stephanie y Luis hablaban pero no era entendible lo que decían, seguramente como nosotros ya habían terminado. Le había entregado el culo a un desconocido y me lo había reventado delicioso, quizás habría querido que fuese mi profesor o quizás mi tío en su despedida de soltero, pero ya estaba bien calienta y me urgía una verga en el culo. ‘¡Qué bien la pasé! Fue buena idea ir por ustedes” –dijo Pedro hablando tranquilo pero aún con ese tono agitado, me jalo hacia el y me acariciaba las nalgas con una sola mano. “¡Nada como terminar rompiendo un culito adolescente!” –añadió. “¡Me encantó! Lo volvería a hacer sin duda alguna” –le respondí. Aun podía sentir mi culo palpitar, adolorido y abierto, pero el placer me fue más adictivo. “¡Cuando quieras me llamas para hacerte mi puta!” –me dijo. “¡Cuando lo necesites papi!” –le contesté. Mi amiga salió del baño con Luis y él dijo: “Parece que falta algo”. Pedro lo miró con una malvada sonrisa y dijo: “Tienes razón”. Nos ordenaron ponernos de rodillas y nos mearon la cara y las tetas. “Ya están limpias, pueden vestirse” –dijo Luis. Con Stephanie disfrutamos esa caliente ducha de orina, incluso la bebíamos como putas.
Pidieron un taxi para nosotras, salimos de aquella habitación de hotel con una sonrisa de oreja a oreja, decididas a hacer estás salidas de vez en cuando, por supuesto manteniéndolo en secreto, este juego nos atrapó por completo. Esa era la madrugada y Stephanie se quedó en mi casa, nos contamos nuestra experiencia desde la perspectiva de cada una. Además, de que Luis también intercambió número de celular con ella, definitivamente el sexo con maduritos es delicioso. Escuchar de nuestras propias bocas nos puso calientes y terminamos cogiendo bien rico, no era la primera vez pero está vez estábamos calientes por dos hombres desconocidos que nos hicieron sentir las putas más sucias de Santiago. Tanto así que recibíamos llamadas para agendar citas porque Pedro y Luis nos habían recomendado como putas a sus amigos.
Éramos las cómplices perfectas. Habíamos conseguido un lugar para disfrutar con maduritos pervertidos, qué nos pagaban por coger con nosotras diciendo el nombre de sus hijas o sobrinas. Las visitas al bar ya están todos los viernes, después a diario, ya que terminamos siendo putas y nos pagaban muy bien, pero la condición siempre fue: “Las dos o ninguna”.
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