Al día siguiente me desperté cerca del mediodía. Estaba en la cama de mi tía pero ella ya no estaba. Luego de lavarme y vestirme salí del cuarto y estaba sólo mi tía en la cocina. “Hola hermosa, buen día. ¿Descansaste? Te preparo el desayuno” –me dijo. Me sentía muy a gusto con ella y habíamos pasado una noche increíble. Dos años casi sin sexo y los últimos años de matrimonio prácticamente iguales hicieron que mi tía reprimiera sus ansias de sexo que lo empezaba a liberar conmigo. No quería perder oportunidad y luego de desayunar volvimos a coger. Estábamos sentadas en la cocina y sin preámbulo se levantó su vestido sin nada debajo, abrió sus piernas y me ofreció su vagina, me hacía disfrutar mucho. Sin esperar me arrodillé y fui a gatas hasta hundir mi cara entre sus piernas y lamerle la concha hasta que acabó en un ruidoso orgasmo. Acariciaba mi cabeza mientras la chupaba y notaba que de a poco se iba soltando dedicándome palabras que me hacían calentar más aún. Cuánto terminó me incorporé para besarla y sentimos el ruido de las llaves que anunciaba la entrada de Isabel. Ella se acomodó rápido el vestido y yo me puse a lavar lo que había utilizado en el desayuno para disimular. Nos saludó con más frialdad que antes y se fue al cuarto. Ese día no almorzó con nosotras y se fue sola a la playa. Ya me estaba preocupando tantos días así por lo que esa tarde la fui a buscar a la playa. Al verme llegar me ignoró pero me puse firme. Le dije que hiciera lo que quisiera pero que me escuche, que no podía mantener esa actitud fría y distante por haber tenido sexo conmigo. Que una tarde de sexo no la hacía lesbiana y que no nos convertía en novias ni nada. Fue algo que se dio, la pasamos bien y listo. Que dejará de pensar tontería. Que entendía que al principio pueda estar confundida, pero no podía seguir siempre así. Éramos amigas y que un encuentro sexual no tenía que cambiar eso. “Necesitaba mis palabras, me liberaban un poco. Aunque en realidad sentía algo de culpa por lo que pasó, tienes razón” –me dijo. Me confesó que le había gustado mucho y que había pensado en esa tarde todos estos días. Luego de esto, con un poco de miedo, me preguntó por mi tía, que nos había escuchado y que ella no tenía prejuicios, pero que la incomodaba que haya estado con mi tía y antes con ella, que no sabía cómo manejarse. Yo me reí, la abracé y le dije: “No te sigas enrollando, yo disfruto del sexo y no me hago tanto problema. Actúa con naturalidad con mi tía” –le respondí. Le conté sobre la relación con su clienta y que nos había visto a nosotras luego de tener sexo. Que eso le despertó el deseo hacia nosotras y que la tarde anterior cogimos y en la noche también. Cuando le conté, se puso seria y luego de insistirle me dijo que le daba un poco de celos pero me dijo que si prefería estar el resto de las vacaciones con mi tía ella lo entendía. Me volví a reír, la abracé, cambié de tema y esa tarde volvimos a disfrutar como amigas que éramos.
Anocheció y nosotras seguíamos en la playa hasta
quedar prácticamente solas. Nos fuimos a caminar hasta apartarnos de la poca
gente que había y nos empezamos a besar. Al principio de manera suave pero cada
vez más calientes. Nuestras manos pasaban por todo nuestros cuerpos. Las dos
estábamos con la parte de arriba del bikini y debajo ella tenía unos shorts de
tela apretados y yo una faldita de jeans que llegaba justo debajo de su culo.
Ella me la levantó para poder acariciar mi mayor atributo mientras una de sus
manos llegaba a mi conchita por detrás. Liberé una de sus grandes tetas mientras lamía su pezón. Estábamos a mil y
queríamos tener sexo ahí mismo pero vimos acercarse a una pareja a lo lejos y
nos detuvimos. Le dije que fuéramos para la casa de mi tía. Al llegar con toda
la calentura nos dirigimos al cuarto y apenas entrar nos besamos como locas,
nos tocábamos. Yo ardía por dentro, me calentaba mucho Isabel y ahora estaba
mucho más liberada que la primera vez. Me volvió a levantar mi faldita quedando
enrollada en mi cintura, me bajó la tanga y me empujó sobre la cama. Yo caí y
abrí mis piernas para que me comiera toda mi vagina. Arrodillándose en el suelo
metió su cara entre mis piernas, besándome el interior de mis muslos y en los
bordes de mi conchita cada vez más húmeda. Yo suspiraba queriendo que me chupe,
no daba más y necesitaba estimulación en mi clítoris que no se hizo esperar.
Mientras me agarraba de los costados de mis muslos empezó a besar mi vagina y
explorar con su lengua mi interior. Una descarga de placer recorrió mi cuerpo
cuando se posó sobre mi clítoris jugando en círculos. Esto fue acompañado por sus
dedos en el interior de mi concha que me hizo acabar con gemidos cada vez más
fuerte mientras que con una de mis manos apretaba su cabeza. Fue mucho el
placer que me dio. Me encantaba mi amiga.
Nos recostamos en la cama y yo no podía dejar de
acariciar sus tetas que me enloquecían. Ella sonreía, me besaba y me miraba con
cariño con sus ojos brillosos. Nos fuimos a bañar juntas dónde nos seguimos
besando hasta volver a enrollarnos y acabar debajo del agua. Esta vez fue
distinta a la anterior. Notaba que Isabel estaba más segura. Nos cambiamos y
fuimos para la cocina. A todo esto ni sabíamos si mi tía se encontraba en la
casa cuando llegamos. Era tal la calentura que ni nos fijamos, pero en ese
momento no estaba. Llegó a la media hora con las compras para cenar. Esa noche
no pasó más nada. Al vernos más cercanas, mi tía se dio cuenta de que nos
habíamos reconciliado y no quiso interrumpir, pero aún nos quedaban muchos días
juntas. Cómo decía, esa noche sólo dormimos, pero a la mitad de la noche me fui
a dormir a la cama de Isabel. Ella me hizo un lugar y dormimos abrazadas. Al
día siguiente todo volvió a ser como antes con ella, las risas, la complicidad,
el disfrutar tiempo juntas; ahora había algo más. Detrás de esto había deseo
que no ocultábamos. Sin embargo, no quería expresarlo del todo porque lo mismo
me pasaba con mi tía, pero con ninguna habíamos hablado como manejarnos y temía
que haya conflicto aunque las tres sabíamos que por ahora era sólo sexo.
Incluso a mí no me molestaba si mi tía quisiera estar con Isabel.
Ese día fuimos las tres a la playa. La pasamos muy
bien y notaba muchas miradas y sonrisas entre Isabel y mi tía. ¿Me había
perdido de algo? Volvimos temprano y empezamos a beber cerveza, pusimos música
y nos recostamos en las reposeras del patio trasero de la casa. Seguimos
bebiendo hasta la noche y ya estábamos un poco tomadas y muy desinhibidas. En
un momento voy a la cocina por más cerveza y cuando estaba por volver me
encuentro a mi tía que me comía con la mirada. Me quedé quieta como esperándola
y se acercó, me empezó a besar. Mi corazón se aceleró porque sabía que Isabel
podía venir en cualquier momento pero me gustaba la situación y le seguí el
juego. Efectivamente, al no volver, Isabel apareció en la cocina haciendo un
ruido para que supiéramos que estaba ahí mientras que con mi tía nos besábamos
con pasión. Lejos de sobresaltarme, le extendí el brazo invitándola a qué se acerque.
Mi tía nos miraba. ¿Era esto lo que quería o se iba a echar para atrás? Isabel
se acercó, la tomé de la mano y atraje su cuerpo junto al mío y al de mi tía.
La besé tiernamente para luego meter mi lengua en su boca y besarnos
profundamente. A mi tía la abrazaba de la cintura mientras que con Isabel estábamos
agarradas de la mano. Volví a besar a mi tía y luego me corrí levemente a ver
qué pasaba. Ellas se miraron y pegaron sus cuerpos para besarse. Iba a ser mi
primera vez en un trío con dos mujeres. No podía entender como se había dado
todo en estas vacaciones pero sabía que era la puerta a algo placentero.
Nos empezamos a besar y acariciar entre las tres
hasta que las agarré de la mano a ambas y nos fuimos al cuarto de mi tía.
Estábamos las tres paradas junto a la cama. Yo le saqué la polera a mi tía, no
usaba sostén. Con Isabel le besamos y chupamos las tetas y los pezones mientras
mi tía suspiraba y nos acariciaba la cabeza. Yo seguí bajando hasta arrodillarme
frente a ella. Le saqué su short y los baje hasta sus pies quedando sólo con
sus bragas. Acaricié su vagina por encima haciendo que gima. Miré para arriba y
ella se seguía besando con Isabel que
también tenía sus tetas desnudas. Agarré de la mano a mi amiga e hice que se
arrodillara conmigo y entre las dos le bajamos las bragas a mi tía dándome con
la sorpresa de que se había depilado toda. La miré y ella me estaba observando
y me dedicó una sonrisa. Luego hice que mi tía abra un poco sus piernas y
empecé a saborear su vagina que estaba muy húmeda. Isabel se acomodó detrás
abriendo las nalgas de mi tía y metiendo su lengua en el agujerito de atrás.
Acordarme de esa imagen me calienta mucho. Mi tía estaba parada en la
habitación, yo arrodillada delante de ella le comía la concha e Isabel por
detrás jugando con orto de mi tía mientras se retorcía de placer. Mi lengua y
la de Isabel se cruzaban a veces, aunque cada una estaba concentrada en una
parte específica. A mi tía se le vencían las piernas del placer y sus gemidos
lo demostraban. Yo combinaba el masaje de mi lengua sobre su clítoris con dos
dedos dentro de su húmeda vagina y vi que Isabel empezaba hacer lo mismo en su
culo. Este sólo hecho hizo que acabe cayendo sus jugos en mi boca y por sus
piernas mientras mi tía no paraba de gemir. Fue tal el placer que no pudo
mantenerse en pie y cayó sobre la cama.
Con Isabel nos miramos con pasión y nos besamos para
luego recostarnos en la cama, quedando ella al medio. Mi tía se estaba recuperando
mientras que con Isabel estábamos a mil. Me saqué la remera y mi tanga, Isabel
hizo lo mismo con su ropa y nos besamos pegando nuestros cuerpos y cruzando
nuestras piernas mientras nuestras manos tocaban de manera desesperada nuestros
cuerpos. Empecé a besar las tetas de Isabel y veo que mi tía se sumaba para ayudarme
a comer ese par de deliciosas tetas. Mientras yo jugaba con su conchita masturbándola,
Isabel gemía pero yo también quería ser estimulada, por lo que me incorporé en
la cama y me dirigí a sentarme en la cara de mi amiga. Ella me aceptó con gusto
y apoye mi chocho en su boca y lo empezó a lamer mientras que sus manos agarraban
mi cola. Yo me movía para aumentar la fricción de mi clítoris con su lengua. Me
doy vuelta y veo que mi tía había metido su cara entre las piernas de Isabel y la
estaba comiendo mientras que ella me daba una placentera chupada de concha. No
aguante mucho más y mi gemidos anunciaron un orgasmo caliente mientras le decía
a Isabel: “¡Sí, bebé, chúpame la conchita! ¡Cómetela toda! ¡Agárrame el culo y
cómeme!”. Hasta que empecé a acabar en su boca. Debe haber sido que la calenté
porque acabó casi justo conmigo con el masaje de la lengua de mi tía sobre su
clítoris.





