Me llamo María José, en ese momento yo tenía 21 años,
tengo el pelo largo, negro, mido 1,65, ojos marrones claros, muy linda de cara.
Sobretodo gusta mi sonrisa pícara. Mi cuerpo es delgado normal, unas tetas
pequeñas con persones rozados, no hago ejercicio pero mi vientre se mantiene
plano. Lo que más me gusta de mí son mis piernas bien torneadas y mi culo que
volvía loco a los chicos (y también a las chicas). La naturaleza me dio un
lindo culo parado, con nalgas proporcionadas y firmes sin llegar a ser duras.
En mi despertar sexual me consideré bisexual aunque hacía mucho que no estaba
con una chica y era algo que mantenía oculto, pero era sexualmente abierta y
con mucha personalidad lo que hacía inhibir a muchos chicos de mi edad. Con
Isabel siempre hubo tensión sexual pero nunca había pasado nada. Éramos
compañeras de la facultad y sin ser amigas que nos contábamos nuestra
intimidad, la pasábamos bien juntas y pasábamos mucho tiempo estudiando. Ella
tiene un año más que yo, morena, de 1,70. Algo regordeta o “rellenita” que le
sentaba muy bien. Tenía el pelo negro y largo y una cara preciosa con ojos miel
que contrastaban con su piel y la hacía muy atractiva, pero lo que más llamaba
la atención eran sus pechos grandes. Tenía un poquito de barriga pero no mucha
y a pesar de algún kilito de más sus piernas grandes y su culo parecían bien
firmes. Tenía caderas anchas con un culo un poco grande pero muy apetitoso. Su
cuerpo me despertaban los más íntimos deseos.
La tarde en la playa fue normal, yo estaba muy a gusto de
estar ahí tomando el sol, leyendo, bañarme en el mar y disfrutando con mi
amiga. A las horas llegó mi tía Julia que vestía una malla entera bastante de
señora pero no dejaban de gustarme sus formas aunque no la veía con deseo por
ser mi tía, pero me estaba sintiendo caliente en general y los pensamientos se
me iban constantemente. Esa noche me duché y masturbé pensando en Isabel y
muchas escenas se me cruzaban por la cabeza. Desde estar juntas en la playa y
en la casa de mi tía. Si bien siempre sentí tensión sexual nunca me había
pasado eso con mi amiga. Salí de bañarme y me dirigí a la habitación. Isabel estaba
recostada con su celular y yo me saqué la toalla para cambiarme dejando ver mi
ropa interior que era una tanguita negra que dejaba ver todo mi culo. Quería
ver si a ella le provocaba algo pero sólo me miró de reojo y siguió con lo
suyo. Esa noche comimos y bebimos unas cervezas y nos quedamos hablando mucho
con ella y mi tía que nos contaba que desde que se separó de su ex marido
estaba más aliviada porque se llevaban muy mal, pero estos dos años habían sido
de mucha soledad. Tiene algunas amigas en el pueblo pero los inviernos son
largos y difíciles. Con Isabel le hacíamos bromas si no había algún hombre que
la visitara aunque sea y ella se ponía colorada y reía, pero nos decía que no.
Que no quería saber más nada con hombres y menos con hombres grandes. Isabel
como si nada le preguntó: “¿Y con mujeres? Digo, me imagino que no vas a dejar
de tener sexo”. Yo entre a reír y mi tía también. Le decíamos que era una
atrevida y seguimos hablando de otras cosas. Las risas relajaron un poco mi
tensión sexual y al rato nos fuimos a acostar. Cuando estábamos por dormir
seguíamos hablando con mi amiga que sentía pena por mi tía, de lo feo que era
estar sola sin siquiera un amigo que la “atendiera” de vez en cuando, “o
amiga" –agregué para seguir con las bromas. Ella sonrió y dijo: “Sí, en
tres semanas nos tenemos que buscar un amigo o amiga porque yo no voy a
aguantar como tu tía” –dijo ella. Nos quedamos en silencio. Me puse un poco
nerviosa porque tenía ganas de decirle que yo podía ser esa amiga, pero no me
animé. Algo raro en mí, le dije “¡Zorra, acabamos de llegar! ¡Algo va a
aparecer!”. Me dispuse a dormir aunque me costó.
Pasaron dos o tres días normales. Sólo descansar, ir a la
playa, a la noche tomar algo en el pueblo y largas charlas con Isabel y mi tía.
A ella le gustaba mucho nuestra compañía y con Isabel se llevaban muy bien.
Había turistas aunque pocos, sobretodo familias, pero nuestra presencia en el
pueblo llamaba un poco la atención y lo mismo que nuestros trajes de baño un
poco provocativos. Sentíamos las miradas de los maridos y de los pocos jóvenes
que había aunque ninguno se nos insinuó. Una de esas tardes que se empezó a
nublar y estaba por empezar a llover, nos fuimos temprano a la casa con mi amiga.
Mi tía había ido a una ciudad costera cercana por cuestiones de trabajo. Isabel
se entró a bañar mientras yo estaba tirada en la cama sólo con mi bikini que
tampoco daba mucho lugar a la imaginación. Ella entró envuelta en su toalla y
se notaba que arriba no tenía ropa interior. Verla húmeda por el baño, con su
hermosa cara y pelo mojado me dejó hipnotizada. No paraba de mirarla y me volví
a calentar como el primer día. Quería besarla ya mismo. Ella mi miró extraña y
me preguntó si me pasaba algo y me la jugué. Me levanté de la cama y me puse frente
a ella muy cerca. La miré seriamente y ella también se puso seria. Sin mediar
palabra le di un beso, ella se quedó petrificada. Creo que lo esperaba pero no
sabía cómo reaccionar. Separé mis labios por un instante, la miré fijo. Ella
seguía dura sin hacer nada. La abracé por la cintura y la volví a besar. Esta
vez su boca se abrió y tímidamente me devolvía mis besos. Nuestra respiración
se agitaba. Su toalla cayó al piso y su cuerpo húmedo y desnudo sólo con una
tanga quedó pegado al mío. La acerqué más y sentí sus tetas junto a las mías.
Nuestros besos eran cada vez más calientes. Bajé mis manos a su culo que estaba
húmedo y un poco frío. Por fin podía sentir su piel contra la mía, mis manos
explorando su cuerpo. Ella tímidamente hizo lo mismo y posó sus brazos sobre
mis hombros. Nuestras piernas se entrelazaban. Su cuerpo era más grande que el
mío, me encantaba. Sin separarse de mis labios me llevó hasta su cama.
Hizo que me acueste encima de ella mientras nos seguíamos besando. Estaba muy caliente. Me saqué la parte de arriba del bikini para sentir más su piel. Estaba muy mojada. Ella me besaba y me agarraba el culo. Exploraba con sus dedos el interior de mis nalgas que estaban hirviendo. Bajaba con sus dedos hasta llegar a mi conchita que estaba muy húmeda y llegaba a la tela de mi tanguita. No podía dejar de besarla y sentir su boca grande y labios gruesos, pero comencé a bajar por su cuerpo, quería sentir con mi boca sus tetas y más. Con mi lengua recorrí su cuello, hombros hasta llegar a sus tetas. Las acariciaba y palpaba con mis manos mientras las besaba. Me calentaba la visual y el tacto de su piel suave, pero también mi lengua degustaba ese manjar hasta llegar a sus ricos pezones, chicos en comparación de sus tetas y que a esta altura estaban muy erectos. Me detuve a sentirnos con mi lengua e Isabel emitía leves gemidos. Quería explorar cada centímetro de sus tetas, cada pliegue mientras que mis manos bajaban por su vientre para sentir su conchita por encima de su tanga y acariciar el interior de sus muslos. Su concha estaba muy caliente y húmeda. No había resistencia a mis caricias por lo que decidí bajar con mi boca por su vientre acomodándome entre sus piernas. Metí mi cabeza besando las partes que antes acariciaba. Mis besos suaves entre sus muslos cerca de su conchita hicieron que gimiera de gusto. La besaba por encima de su tanga y ella apretaba mi rostro para sentirme más. De a poco fui bajando su tanguita y ante mí pareció una hermosa conchita sin pelos y brillante por sus jugos que emitían un aroma a hembra en celo que me invitaban a probar. Sin prisa pero sin pausa empecé a besar ese manjar y sus gemidos aumentaron. Pasé mi lengua por los pliegues de su vagina, adentrándome entre sus labios interiores y envolviendo su clítoris entre mis labios y jugando con círculos. Notaba como largaba más jugos y su respiración se aceleraba acompañada con movimientos pélvicos y gemidos más fuertes. Sus manos se posaron sobre mi cabeza apretándola contra su entrepierna. Decidí introducir uno y luego dos dedos para acompañar a mi lengua y mis labios hasta que sentí que sus muslos se tensionaban y acabó en un orgasmo profundo, con alaridos de placer y abundantes fluidos que empaparon mi rostro mientras yo agarraba con fuerza lo que podía de sus nalgas.
De a poco Isabel se empezó a calmar, a relajar su
respiración mientras yo le daba suaves besos alrededor de su vagina y en sus
muslos. Me incorporé para besar sus labios y nos dimos un beso profundo,
nuestras lenguas jugaban y ella me abrazaba con pasión. Bajó sus manos para
acariciar y apretar mi culo y sacarme la tanguita. Tomé la iniciativa y me
senté sobre su rostro sosteniéndome con el respaldar de mi cama. Me encanta que
me coman la conchita en esa posición. Ahora ella probaría mi manjar que estaba
muy húmedo y con ganas de ser comido. De a poco sentí su lengua tímida jugar
con mi conchita depilada. Lo hacía con poco ritmo y de manera inexperta pero yo
ayudaba con el movimiento de mis caderas. Me encantaba cómo sus manos apretaban
mi cola mientras presionaban mi concha contra su cara. No me importaba su
desempeño. Estaba tan caliente que el sólo roce de su lengua ya me llevaba a la
gloria. Fue poco el tiempo hasta que sentí que se aproximaba un tornado de
placer. Acelere mis movimientos, mis gemidos aumentaron, le decía: “¡Sigue, no
te detengas! ¡Sigue, que estoy a punto de acabar!”. Con un grito y posteriores
gemidos mi concha se llenó de fluidos y acabé en un orgasmo muy intenso que me dio
contracciones por todo el cuerpo.
De a poco fui desacelerando mis movimientos y salí de encima de su rostro para acostarme a su lado. Mis manos no podían parar de acariciarla y mis labios no dejaban de buscar sus tetas y su boca. Nos brindamos caricias mutuas y se notaba que ella tenía una predilección por mi culo. De esta manera nos dormimos con nuestras piernas entrelazadas y abrazadas. Había sido increíble el sexo con Isabel y me sentía feliz. A las horas empecé a despertar y estaba anocheciendo. Ya había parado la tormenta y el clima era cálido. Isabel seguía durmiendo. Le di un beso suave en su mejilla y me fui a dar una ducha. Me sentía plena y dejé caer el agua tibia sobre mi cuerpo mientras se repetían las imágenes en mi cabeza. Me vestí en el baño y fui para la cocina donde se encontraba mi tía. Esto me puso un poco nerviosa, recordaba que la puerta estaba entreabierta y a lo mejor nos había visto desnudas y abrazadas. La verdad es que no quería que mi familia supiera de mis gustos sexuales. De todos modos la saludé con toda la actitud preguntándole por su día. Me respondió que seguro no le había ido tan bien como a mí. Me dejó un poco descolocada pero ahí nomás dijo: “Yo trabajando y tú en la playa”. “Ni tanto, hoy nos volvimos temprano por la tormenta” –le respondí. Me intranquilizo lo que dijo y me sentía incómoda. Me serví un vaso con jugo y a ella, compartimos sin mucha conversación. Se la notaba rara. Decidí ir a hacer unas compras para la comida y cambiar el ambiente. Salí a caminar por el pueblo con cierta intranquilidad, pero feliz por la tarde con Isabel. Al volver ella estaba levantada, sentada en una reposera del patio trasero mirando su celular. Le pregunté si quería algo de beber pero su respuesta fue cortante. ¡Habrán hablado algo con mi tía? –pensé. Estaba confundida.
La cena fue normal, con poca conversación. Nos fuimos con
Isabel a la habitación y la invité a ir a tomar algo al pueblo, pero su
respuesta fue negativa. Le pregunté si le pasaba algo y me acerqué para hacer
contacto, pero ella bajó su cabeza que fue el gesto que me detuvo. Se mantuvo
unos segundos así que fueron una eternidad y luego me miró y me dijo que estaba
confundida y que se le pasaban mil cosas por la cabeza. Me confesó que era la
primera vez que estaba con una chica y que no era lo mejor, que encima
estuviéramos durmiendo en la misma habitación. Quería un poco de oxígeno, no
era algo que tenía planeado y no sabía cómo seguir. No quise generar más
incomodidad. Le dije que entendía sus sentimientos y que estaba todo bien. No
pregunté nada para no invadirla y le dije que iba a ir sola por el pueblo y que
iba a dormir en la sala para que estuviera tranquila. Me fui varias horas y
cuando volví estaban todas las luces apagadas. Entré sin hacer ruido y me
dirigí al baño pero en el camino escuché unos gemidos apagados que venía de la
habitación de mi tía. Lo primero que pensé es que estuviera con Isabel, pero lo
descarte de inmediato. No creía que luego de su primera vez con una mujer
estuviera con mi tía, pero luego pensé: “Nos habrá visto durmiendo y eso la
habrá calentado”. Traté de borrar eso de mi cabeza pero volvía. Sonreí pensando
en esa posibilidad y luego de ir al baño me acosté. Seguro todo iba a ser más
claro al día siguiente.
Me desperté con el sol en mi rostro. Me costó levantarme
pero me dispuse a encarar el día ya que pasara lo que pasara con Isabel, lo
primero era que estaba de vacaciones y las tenía que disfrutar. Cuando fui a la
cocina para desayunar la veo a mi tía de espaldas haciéndose el propio, pero me
llamó la atención su atuendo. Iba con una musculosa y un short del pijama que
dejaban la mitad de sus nalgas afuera. Me llamó la atención la imagen y por
primera vez desde que había llegado la vi con otros ojos y un calor interno me
invadió. Intenté cambiar mis pensamientos rápidamente y la saludé antes de
preparar mi desayuno. Ella se dio vuelta y me dirigió un hola con una sonrisa.
Si actitud había cambiado respecto a la noche anterior, pero yo no podía dejar
de observarle esas nalgas y me empezaba a calentar. Luego desayunamos pero
Isabel no salía de la habitación. No quise molestarla y me fui a la playa donde
pase todo el día sola hasta que llegó mi tía a la tarde. Cuando me encontró se
recostó a mi lado y comenzamos a hablar de todo un poco. En un momento me sorprendió
hablando de su soledad, pero que lo tenía que superar. Necesitaba estar con
alguien. “Isabel tiene razón, si no es con un hombre a lo mejor tendrá que ser
una mujer” –me dijo. Me quedé unos segundos sin saber que responder y ella
estaba expectante a mi reacción. Lo había dicho muy decidida y notaba que
quería hablar de eso. ¿Me habrá visto el día anterior y eso le dio confianza?
Ojalá haya ayudado, pero muchos pensamientos corrían por mi mente y trataba de
alejarlos. No me podía calentar con mi tía pero me estaba pasando. Le respondí
que me sorprendía un poco pero ella se tenía que sentir libre de hacer lo que
le venga en gana y así seguimos hablando hasta que estaba anocheciendo y
emprendimos el regreso a su casa. Lo que me llamó la atención sus piropos que
hasta ese día no los había hecho. De que estaba muy linda, de lo bien que me
quedaba el bikini y demás. Pensaba para mí: “Está intentando seducirme? ¿Estaba
dispuesta a estar con mi tía? ¿Si Isabel se entera?”. Además, nunca había
estado con una mujer tanto mayor que yo.
Antes de que pensara lo que estaba haciendo con su
sobrina había que volver a atacar y me incorporé para comerle la boca, me bajé
la tanguita y puse mis manos sobre la mesa parando mi culo. Con ansiedad y
calentura mi tía se volcó sobre mi culito para darle besos, tocarlo y pasar su
lengua por mi agujerito. La notaba muy caliente, era un hembra en celo que
volvía a sentir otro cuerpo después de mucho tiempo. Me di la vuelta, me senté
en la mesa con las piernas abiertas y flexionadas poniendo a disposición mi
manjar. Sin dudarlo, mi tía se volcó a comerlo, chuparlo, introducir sus dedos
y lamer mi clítoris. El sólo hecho de que sea mi tía ya me traía loca y el
orgasmo fue la mezcla de ese morbo mental y la excitación que me producía la
lamida de mi tía y exploté en su boca mientras no para va de gemir. Luego me
agarró de la mano y sin darme respiro me llevó a su cama donde nos seguimos cogiendo
haciendo un hermoso 69, estando primero ella arriba mío mientras podía tocar en
toda su dimensión su culazo, luego me senté en su cara, hicimos unas tijeras y
volví a chupar su concha arrancándole el cuarto o quinto orgasmo, que la hizo
parar un poco. Estaba realmente muy caliente y con necesidad de compartir con
alguien. Que morboso que ese alguien era yo porque me hizo acabar varias veces
y me ponía muy caliente su cuerpo, sus besos y su pasión. Ella se fue a duchar
y después la seguí. Nos duchamos juntas y continuamos con besos, caricias y
masturbación y luego nos pusimos a cocinar muy relajadas y alegres hasta que
llegó Isabel.
Se la notaba sería pero no demasiado. Saludó con sonrisa y le llamó la atención que hacíamos comiendo tan tarde, pero le dimos una excusa y se disculpó y se fue al cuarto. Mi tía me preguntó que le pasaba y me dijo que no tenía que mentirle. Que nos había visto durmiendo la noche anterior. Me preguntó si éramos pareja pero le dije que sólo amigas y había sido nuestra primera vez juntas. Que yo había estado con algunas chicas pero ella no y el sexo conmigo se ve que la dejó confundida, pero que antes de hablar de Isabel le quería preguntar qué le pasaba a ella. Que lo que acabábamos de hacer no sabía si estaba bien, aunque me había encantado, pero también estaba sorprendida. Me confesó que desde que se separó hace dos años había tenido sexo en dos oportunidades con una clienta de una ciudad cercana. Que antes no había estado con ninguna mujer pero que esa señora se le había insinuado y con tanta soledad y necesidad accedió y la pasó muy bien. “Cuando las vi durmiendo juntas me puse nerviosa, pero también dudé de que fueran lesbianas. Me calentó verlas y empecé a pensar si podía pasar algo, pero no sabía si eran pareja y me daba mucha culpa pensar en estar contigo, pero desde que desde que llegaste me dieron ganas y me había imaginado cogiendo contigo. Creí que iba a ser difícil, pero nerviosa pero también dudó de si nosotras no éramos lesbianas. Me levanté queriendo probar si se daba y cuando me besaste no lo podía creer. Estaba muy caliente todo el tiempo y que tampoco sé si está bien lo que hicimos pero puede ser nuestro secreto porque no me arrepiento” –me dijo. Su confesión me estaba tranquilizando, pero le dije que Isabel seguía más o menos y no que quería que supiera que había pasado algo entre nosotras. También le pregunté, por curiosidad y por morbosa: “Cuando te imaginaste cogiendo conmigo también te imaginabas a Isabel?”. Con vergüenza me respondió: “Anoche me lo imaginé”. Mi tía no dejaba de sorprenderme pero me encantaba. Esa noche me fui a dormir a la sala pero a la media hora recibo un mensaje de mi tía si no quería estar más cómoda en su cuarto. Que Isabel no tenía por qué sospechar y sin dudarlo me fui con ella, y esa noche estuvimos hasta la madrugada dándonos placer, intentando ahogar nuestros gemidos pero no sé si lo habíamos logrado.
Pasiones Prohibidas ®

Que rico....me pajee deli tenía la verga durísima!!!
ResponderBorrarQue maravilla de relato demasiado excitante
ResponderBorrarMe dejo re caliente ese candente y caliente relato wauooooo quiero mas porfiiiiiiiiiiii
ResponderBorrarMmmm rico
ResponderBorrarQue delicia de relato uuu hace volar la imaginación como siempre exquisito Caballero
ResponderBorrarMe encanto no sabes cómo lo disfrute mis dedos en mi concha te lo agradecen
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