viernes, 2 de enero de 2026

159. Paseando a Duke

 

Corría la década del 2010. Yo vivía en un barrio residencial de Santiago con los padres. Tenía ya cerca de los 18 años. En ese tiempo todavía era menor de edad; dentro de las responsabilidades que tenía estaba la de sacar a pasear al perro. Un hermoso pastor alemán de 2 años, el cual por su tamaño y mal carácter era el terror del barrio, por eso lo sacaba a pasear a altas horas de la noche y de paso que hiciera sus necesidades. Fue un día de estos que me encontraba en el parque que observé que también había una señora, que ahora deduzco tendría unos 30 años, pero en ese instante para mí era una mujer mayor, que también paseaba a su perro a esa hora. Serían como las 22:30 hrs., pero su perro era uno pequeño, un faldero. Ella nos observaba con detenimiento, lo cual me llamó la atención. Poco a poco se fue acercando, pero “Duke” (así se llamaba mi perro), se puso a ladrar muy fuerte al sentir su cercanía, ella se detuvo como a veinte pasos y desde allá preguntaba casi a los gritos: “¡Hola! ¿Cómo te llamas? ¿Qué raza es tu perro? ¿Cuántos años tiene? ¿Siempre lo sacas a esta hora?”. A lo que yo respondía entre los ladridos y los jalones que tenía que darle a Duke: “Me llamo Jaime, es pastor alemán y tiene casi dos años”. Ella sin que se lo preguntara me dijo su nombre, María, su perro era un foxterrier y también lo sacaba a esta hora, luego de esto se despidió no sin antes dejar un hasta mañana en el ambiente.

La noche siguiente la volví  a ver y ya sin la sorpresa del primer día, me dio tiempo para “presentarle” a Duke, este era muy educado cuando no se sentía sorprendido y le dio la pata delantera, su perro estaba prácticamente metido debajo de ella observando. Lo llamaba “Micky”. Saluda al caballero” –le dice, pero el perro no obedecía y se enredaba con sus piernas. Me di cuenta que vestía un camisón algo holgado que se levantaba bastante cuando Micky se escondía tras ella; también me di cuenta que ocurría algo extraño, Duke de repente, se puso a olerla por encima del camisón y ponía énfasis en sobarle la nariz por las piernas y subía por sus muslos hasta la vagina. Por demás ante ese comportamiento extraño, le di u tirón a la correa de mi perro y le di un golpe en la cabeza, ya que esa era la manera de indicarle que estaba haciendo algo malo. A lo que ella me dijo: “No te preocupes, los perros son así. Tienen arranques imprevistos”. Me contó que le encantan los caninos y que había tenido varios y que siempre se llevó bien con ellos. Le acarició la cabeza a Duke, quien la observaba inmóvil. Me dijo entonces: “No debiste golpearlo, se puso triste. Mírale sus ojitos. Me propuso ir a su casa para darle un dulce y que le pase el mal momento; a lo que accedí.

Entramos por la puerta de servicio, pasamos por un patio, la cocina y entramos a un gran jardín interior, ahí estaba la casa de su perro la cual era inmensa comparada con el can que la habitaba. Soltó a Micky el cual corrió a su casa y se escondió en ella. María regresó a la cocina y trajo unos dulces en la mano, se sentó en una reposera y llamó a Duke, este la miraba sin animarse a acercarse; sin embargo, a una orden mía fue donde ella y recibió un dulce que comió rápidamente. Dejó caer un dulce en su regazo, permitió que Duke comiera de su camisón, Duke demoraba más de lo necesario en recoger el dulce y ella no hacía el más mínimo esfuerzo por retirarlo. De pronto, observé que se mordía el labio inferior y luego sonreía nerviosamente. Yo atine a jalar a Duke y dándole las gracias, me despedí hasta mañana.

La noche siguiente, estando yo en el parque apareció ella sin su perro y estuvo muy conversadora, y muy pegada a Duke, permitió que le lamiera las manos y la olisqueara a su gusto, a lo que María respondía acariciándole la cabeza y diciendo: “tranquilo Duke”. Me hablaba de que su esposo estaba de viaje, que estaba sola desde hace meses y que a esa hora le apetecía conversar pero al no tener con quien, terminaba hablando con Micky. Me propuso nuevamente ir a su casa son el pretexto que Micky estaba solo, y se podía asustar. Otra vez en su casa, me invito a sentarme y dejar que Duke corra un poco por el jardín, así que lo solté y me senté en una silla de la cocina, ella revoloteaba alrededor de la mesa, me invitó una gaseosa y unos pastelitos, se sentó a mi lado a tomar un café. La comencé a observar, su camisón, como ya dije era muy amplio y cuando se agachó sobre la mesa para servirme más gaseosa, me dejo ver parte de sus tetas, ya que no llevaba sostén, yo me ruboricé y traté de cambiar mi vista hacia otro lado, pero como era el primer par de tetas que tenía a la vista , me quedo petrificado mirando. Se dio cuenta, pero no hizo nada por cubrirse, al contrario se agachó un poco más y me permitía ver sus pezones. Luego se sentó a mi lado y me preguntó: “¿Has visto alguna vez una mujer desnuda?”. Yo me quedé de una pieza y alcancé a balbucear: “No”. María dio una sonrisa y me dijo: “No debes de ponerte así, no debe avergonzarte no conocer a una mujer desnuda. Además, eso tiene arreglo”. Se desabotonó el camisón y lo dejó caer en el piso. Sentía que mil escalofríos me recorrían por completo y mi verga se puso tan tiesa que estaba a punto de reventar. Tenía un cuerpo espectacular, unas tetas grandes y duras, piernas bien torneadas y cintura pequeñísima, se quedó solo en calzón y luego se acercó a mi preguntando: “¿Te gusta lo que ves?”. Agarró mi mano y la puso en una de sus tetas. “Acaríciame así, despacio” –me dijo. Mi sangre hervía, mi mano era manejada por ella, estaba hipnotizado; pasó mi mano a su otra teta y luego la bajó por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Sentía que su calzón estaba mojado y que algo hervía en su interior.

Se acercó más y empezó a acariciarme ella, mi cabello, mi cuello, me besó en los labios….me preguntó: “¿Has tenido sexo antes?”. “No, solo me masturbo de vez en cuando” –le respondí tartamudeando. Entonces ella se arrodillo frente a mí y me bajo el cierre del pantalón y sacó con gran habilidad mi verga, la empezó a frotar de arriba abajo, me miraba a los ojos y me decía: “¿Así te masturbas?”. Yo estaba demasiado caliente, eso fue demasiado para mí y mi verga explotó en su mano chorreándola de semen. María sonreía y me dijo: “Te voy a enseñar como lo hacen los machos con las hembras”. Me pidió que llamara a Duke, yo no sabía para qué, pero igual lo llamé, al entrar este en la cocina, fue atraído por el olor de hembra en celo que manaba de ella, entonces ella me explico: “Voy a coger con tu perro para que veas y aprendas como se hace. Luego te tocará a ti”. Sin mediar más, se quitó el calzón y le ofrecía la vagina a Duke. Él empezó primero a oler y luego a lamer, María se sentó en una silla con las piernas abiertas y dejaba que el perro hiciera con su lengua ese trabajo para el que fue requerido. Cerraba los ojos y decía: “¡Oh, perro de mierda! ¡Qué rico lo haces! ¡Lame mis jugos y cómeme la concha, es toda tuya!”. Ella luego lo separó un poco, el perro ladraba, pero ella acariciándole el lomo y bajando las manos lo calmó. De pronto, sus manos estaban sobándole la verga a Duke, este se había quedado quieto y se dejaba manosear muy obediente. María metió su cabeza entre las patas del perro y se tragó su verga en un frenético mete y saca. Estuvo así, chupándosela un rato y volteando me preguntó: “¿Son gruesas tus medias?”.  Me quedé desconcertado. ¿Qué tenían que ver mis medias con lo que estaba pasando? Reaccioné y le respondí que sí. Me pidió que me las quite y yo sin entender nada, me quité los zapatos y se las di. Entonces puso mis medias en las patas delanteras del perro y se puso en cuatro y esperó. Duke se acercó y le olfateó el culo, luego la concha. Ella se movía al ritmo que Duke le pasaba la lengua. Luego, instintivamente, se trepó encima de ella y empezó a moverse, pero sin encontrar el agujero. Entonces la caliente madura buscó con su mano la verga de Duke y lo ayudó a que se la clavara en la concha. Duke empezó a moverse rápido, ella dio un grito al sentirse penetrada y me dijo que me acercara. 

Me acerqué a ella y ella agarrando mi verga se la metió en la boca, el perro le daba unas embestidas rápidas y fuertes, María con los ojos en blanco dejaba que a ese ritmo mi verga entre y salga de su boca. El perro empezó a tener unos pequeños espasmos y sin dejar de moverse fue bajando el ritmo de su embestida, ella sacando mi miembro de su boca gritó: “¡Así, dámelo! ¡Soy tu perra!”.  Duke se siguió moviendo cada vez más lento, hasta que se desmontó y al tratar de salir no pudo , así que dio vuelta dejando su verga metida y ella con la cara el piso y decía cosas que apenas balbuceaba, solo distinguía sus gemidos de placer. Me la chupó otra vez y me miraba con ojos de puta y mordía mi glande con lujuria. Luego María se calmó y sacó mi verga de su boca, me sonreía y me dijo: “Tienes un perrito muy obediente y con una rica verga”. Yo estaba desconcertado y en mi mente había muchas preguntas: ¿Ahora qué va a pasar? ¿Cuánto tiempo demora el perro en salir? ¿Tendré que echarles agua como había visto en la calle? Fue ella la que sin preguntárselo contestó: Duke va a estar con su verga metida por lo menos 10 minutos, mientras esperamos te la voy a seguir chupando”. Se la volvió a tragar y a chupar con una habilidad exquisita, esta vez aguanté un poco más pero su boca caliente me hizo acabar y ella limpió mi semen hasta la última gota con su lengua. Luego mientras esperábamos a Duke, me hizo prometer que no se lo diría a nadie y que si me portaba bien, la próxima vez sería yo el que le daría verga por todos sus agujeros. Además, me contó que hace tiempo no cogía con un perro grande y que Micky se portaba bien pero le quedaba “chico”. Luego de algún tiempo que se hizo interminable, Duke por fin salió de ella y nos pudimos ir, no sin antes de darme un beso y quedamos de vernos en la noche pero que no nos juntáramos en el parque, sino que en su casa. Salimos con mi perro y esa noche casi no dormí pensando en lo que había visto, me corrí varias pajas recordando.

La noche siguiente llegué a su casa, ella nos esperaba con ansias, estaba desnuda y lista para coger. El primero en darle verga fue Duke, pero solo me dediqué a ver como se la cogía esperando con la verga en la mano. Después de chupársela y quedar pegada a él, fue mi turno. María se tomó todo el tiempo para hacerme sentir bien y no acabar tan rápido. Me la chupó lentamente, disfrutando mi juvenil verga, luego se tiró al piso y se puso en cuatro, me dijo: “Tu perra está lista”. Sin quitarme nada, solo mi verga saliendo por entre el cierre se la metí por la concha, escucharla gritar cuando entró fue demasiado rico, entonces recordé la violencia con que Duke se la metía e imitando esos salvajes movimientos la embestía con fuerza. “Viste que fue bueno que vieras como se coge a una hembra” –me dijo. Embobado dándole duro me sentía como Duke y jadeaba cada vez que se la metía hasta el fondo. “¡Dame duro! ¡Por Dios, eres un animal!” –me decía. Entre sus gemidos, la escuchaba decir: “¡Coges tan rico como Duke! ¡Me lo haces más rico que mi marido!”. Escucharla me calentaba más, mis movimientos eran frenéticos tanto que no se aguantó y su cuerpo empezó a temblar, acabó deliciosamente, Empezó a gritar que se la metiera por el culo. Sin decir más se la ensarté y gritó: “¡Hijo de puta, qué rico!”. Su agujero se amoldaba a mi verga hasta que ya su ano no opuso resistencia. Mi verga entraba y salía con facilidad. “¡Soy una perra papito!” –me decía. “Tírame el pelo y nalguéame, haz lo que quieras” –decía. Sentía como su culo firme revotaba cuando la nalgueaba y la jalaba del pelo. “¡Así, rico! ¡Dame duro!” –pedía como una puta callejera. Hasta que le llené el culo de semen y cayó al piso y mi esperma borboteando de su abierto culo.

Luego de recuperarnos nos regaló una doble mamada a Duke y a mí bebiendo nuestro semen como una perra sedienta. Nos despedimos y nos fuimos. Con mi perro nos convertimos en los amantes de María siempre que su marido se iba de viaje, ella siempre estaba lista para que la cogiéramos. A veces tan descaradamente que la cogíamos en el patio y a ella no le importaba si la escuchaban los vecinos.



Pasiones Prohibidas ®

2 comentarios:

  1. Que delicia de relato me encantaría conocer una mujer así de jugada

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  2. Gracias por escribir así de claro y poner a Duke como personaje importante durante la trama.

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