martes, 10 de septiembre de 2024

16. La entrega de Vanessa

 

Habían pasado varios días juntos. Todo empezó con el típico coqueteo y juegos un tanto morbosos, entre esos juegos se excitaban en lugares públicos, él la manoseaba con perversión en la calle, a vista de quien pasara, pero no sentían vergüenza, les gustaba ser el centro de las miradas y por qué no decir, también parte del morbo de quienes los miraban. Pasaron dos semanas y quedaron de juntarse en un hotel de la capital, ella debía llegar temprano, debía ir dispuesta a todo lo que pudiera suceder. Vanessa, como se le había indicado llegó antes, pasó a la recepción y recibió la llave que abriría la puerta, entraba primero en la habitación y allí encontraba las instrucciones que debía seguir, al igual que los regalos que aquel hombre le hacía para la ocasión. Había en la cama un sobre con una nota, tenía escrita distintas indicaciones que debía seguir y también sobre la cama había otras cosas que hicieron que el corazón de la chica saltara en su pecho. Un sexy conjunto de ropa interior, un collar con su nombre, era de los anchos y resistente. Un plug anal, unas esposas, cuerdas, diferentes juguetes, un gagball, pinzas para pezones con cadena. Su cuerpo tiembla de excitación al ver todo lo que él había dispuesto. Leyó las instrucciones: “Si estás leyendo esto es que aceptas ser mi sumisa durante esta tarde, aunque aún no lo serás hasta que te entregues sexualmente por completo. Desnúdate y date una ducha, ponte las braguitas y coloca las pinzas en tus pezones con la cadena, para que pueda tirar de ellas, ponte la mordaza en la boca. Espérame tumbada en la cama, deja la puerta entreabierta. Si no quieres acceder a estas peticiones no pasa nada, solo vamos a coger y luego tomar un café”. La respiración se le entrecortaba al leer esas escuetas pero sugerentes líneas.

Realizó todo lo que se le había pedido en la nota, sin cuestionar nada. En su mente estaba solo complacer, era como si estuviera bajo un embrujo del cual no podía salir. Estaba expectante, esperando a que apareciera ese hombre, su corazón palpitaba con fuerza, su respiración estaba agitada, la ansiedad la estaba matando. “Vanessa que bragas más sexys, pero ahora parecen las de una puta. ¿Esperabas la visita de alguien, para que te cogiera?” –fueron las primeras palabras que escuchó cuando aquel hombre entró a la habitación. Esas palabras no hacen más que aumentar su excitación porque tenía razón. Era una puta que estaba dispuesta a entregarse por completo a los caprichos y deseos de ese hombre. Comenzó acariciándola, él no tenía prisas ni límites de tiempo. Con toda la calma del mundo se entregó a las caricias impúdicas del hombre que la tenían al borde de la locura, su cuerpo vibraba cuando esas manos indecorosas la recorrían sin cesar. En algún momento perdió la noción de la realidad, solo sentía excitación y algo de vergüenza, ya que el hombre conocía cada punto de su cuerpo.

De repente, las caricias cesaron, él se apartó de la caliente Vanessa y se colocó entre sus piernas, las separó con fuerza y las levanto, esto hace que a pesar de tener bragas puestas se sienta totalmente desnuda y expuesta a ese hombre. El pecho de Vanessa subía y bajaba a causa de su respiración nerviosa.  Se sentía avergonzada por toda la excitación que la invadía. Los pezones de Vanessa se sentían cada vez más duros, la saliva escurre de boca; sentía como la boca de aquel hombre se acercaba a su vagina, la tibia respiración podía sentirse en su vulva a través de la tela de las bragas. Ella deliraba, se tomaba con fuerza de las sabanas y resoplaba de excitación. Hubo un instante en donde se sintió avergonzada porque su respiración era más agitada que la del hombre, aunque le encantaba esa sensación, también era perturbador sentir que estaba en las manos de ese pervertido ser que la tenía cautiva de lujuria, acto seguido sintió la lengua  de ese hombre deslizarse abajo hasta arriba de su vagina por encima del encaje de sus bragas. No tarda mucho en notar que ya no es delicado, que prácticamente está bebiendo cada gota de sus fluidos, maldice sus bragas porque hacen que el placer no sea completo y sin darse cuenta tus caderas se mueven al sentir como el placer la golpea como las olas a las rocas de la playa. Siente como su cuerpo se estremece por completo al sentir cada lengüetazo que recibe.

Vanessa comienza a entregarse de forma involuntaria. Siente que la tomó de forma salvaje, sin darle nada de tregua, La boca del hombre no se despegaba de su vagina y con sus fuertes manos apretaba sus tetas y jugaba con las cadenas de las pinzas que le causaban esa dolorosa y placentera sensación. En ese momento las caderas de la chica se mueven al ritmo de esa perversa lengua. Por primera vez sintió odio por las putas bragas que tenía puestas, la privaban del placer absoluto. El hombre aumentaba el ritmo de cada lengüetazo pero después lo frenaba con la finalidad de controlar su orgasmo y mantenerla en un estado de excitación descontrolada. Al fin Vanessa entendió que estaba jugando con ella y que cada vez que él dominaba esa parte tan especial de su intimidad mas placer sentía y era cada vez controlarse para no caer en los brazos del orgasmo, aunque después se lo negaba, al punto que una de las veces que se acercó tanto que sus piernas se cierran violentamente aprisionando su cabeza y a la vez sus caderas se mueven para que aquella boca no se separe de su vagina. Tuvo que dar un tirón brusco a la cadena de sus tetas y unas cuantas cachetadas a tus tetas para que lo liberara, aunque para él solo era algo que ocurriría en cualquier momento. “¡Mierda Vanessa, qué puta te has vuelto haciendo eso! Pero así no obtendrás lo que quieres, solo lo tendrás cuando te entregues totalmente y estés totalmente sometida a mis deseos” –le dice él.  “¿Te parece que estoy poco entregada y sometida?” –es lo primero que se le viene a la mente de forma súbita al oir esas palabras del hombre. Los ojos de la chica se abren por completo al ver como sus piernas son abiertas completamente y atados sus tobillos a la cama para que no pueda moverse. Ahora se siente desnuda y expuesta, no se había dejado controlar al juicio del hombre pero ya tenía una solución al alcance de sus manos. “Así evitaremos más tonterías Vanessa” –le dice con una sonrisa perversa. La joven estaba envuelta en un mar de emociones que no podía controlar, por un lado estaba ansiosa por probar todas aquellas cosas que le habían sido prometidas, pero también luchaba con el pudor y el decoro, la vergüenza también era algo que la dominaba aunque sentía que era lo que deseaba con todas sus fuerzas.

Mientras seguía en esa enfermiza lucha, otra vez sintió la tibia respiración en su entrepierna, se dio cuenta que solo podía mover los dedos de sus pies. Una de las manos indecorosas del hombre mueve a un lado la tela de su braga. Sintió Vanessa que su respiración se agitó mucho más de lo que estaba. Ella no podía ver el rostro de ese hombre pero imaginaba su cara con semejante espectáculo, su vagina chorreaba y palpitaba caliente, deseando sentir esa lengua deslizarse para hacerla gemir y llevarla al placer. Al fin, tuvo el placer de sentir la lengua del hombre que la recorría por completo, incluso abría sus labios vaginales de una forma tan sublime que incluso ella babeaba de placer. Esa lengua morbosa incluso la penetraba Con la respiración entrecortada, Vanessa tiraba de la cadena que estaba unida a las pinzas, lo que hacía que sus pezones se inflamaran y se pusieran mas duros al punto que las pinzas se soltaron. Todo lo que en ese momento la joven era tan intenso que solo piensa en acabar, pero él nunca se lo permitió, ella solo gemía y se retorcía en la cama, incluso sus ojos se ponían blancos por culpa de la lujuria que la tenía presa. Él la mantenía en ese punto que tan hábilmente había aprendido a encontrar, siempre al borde del abismo, cuando iba a dejarse caer, era traída a la realidad de que su orgasmo era de él. Volvió a colocarle la braga y le dice: “Me encanta el sabor de tu concha, putita”.

En ese momento, el hombre se desabrocha el pantalón, baja su ropa interior y se acomoda ente las piernas de Vanessa, aparta de forma brusca las bragas de la caliente chica y con una perversa sonrisa a penetra fuertemente, metiéndosela de una, se agarró del culo de la mujer y ella lanza un gemido que queda ahogado por el gagball y se recostó sobre ella, siente el peso en sus tetas y sin darle mucho tiempo de reacción, se la cogía salvajemente, mientras le decía todas las palabras sucias que se ocurrían al oído. Se la sacaba despacio y se la metía con fuerza, siente el dolor en cada embestida y e placer, ambos se mezclan con el armonioso ruido de sus gemidos. En ese momento ella piensa en solo complacerlo, en devolverle todo ese placer en forma de sumisión, en ese momento ella haría lo que él quisiera. No detuvo el ritmo en ningún momento, se la cogía con fuerza y con un endemoniado ritmo que tenía a Vanessa al borde del colapso. El hombre luchaba por no eyacular, ya que sus ansias eran tantas que sentía que la verga le explotaría en cualquier momento. Ya cuando estaba a punto de acabar se detuvo segundos antes y respirando profundo calmó sus emociones, para luego seguir cogiéndosela como un animal. ella era incapaz de pensar en algo más que no sea en complacerlo, puede percibir en sus ojos que algo trama, no la deja acabar, ella se desespera pero está cada vez más caliente, pero la vergüenza se mezcla con un intenso placer que el hombre sabe dominar a la perfección.

El hombre jadeaba y entre sus jadeos le decía a la chica: “Vanessa te veo más dócil ahora, parece que tener mi verga dentro, te tranquiliza, pero ya no seguirás disfrutándola, aún no estás totalmente entregada, veo que haya sumisión de tu parte”. No entienda que significan esas frases que le fueron dichas, pero ella se sentía toda una puta entregada a los deseos morbosos de ese hombre que la tenía prisionera de sus emociones. Desató sus piernas, apenas podía moverse, todo su cuerpo vibra, la mirada el hombre se pone siniestra, pero Vanessa no tiene miedo, está esperando lo que viene. “Ahora voy a darte un premio, porque sé que estás deseando más. Ponte a cuatro como una perra” –le dice él. Intenta hacerlo, pero te cuesta un poco, entonces le ayudó de forma brusca, dando cachetadas en sus tetas y en el culo para que se moviera. Levantó sus caderas haciendo que la cara de Vanessa se hundiera de forma brusca en la cama.

No la hace esperar mucho, Vanessa sintió como las manos del hombre separando sus nalgas sin ninguna delicadeza y pegó la boca al culo de la caliente Vanessa mis manos separando tus nalgas sin ninguna delicadeza y directamente pego mi boca a tu culo, el hilo de la diminuta braga se empapó con la saliva del hombre, lanzó un gemido al sentir como la lengua del ser despiadado hacia círculos en el agujero de Vanessa. Esa posición la excita por completo y no la ayuda a que se pueda controlar, se retorcía con lujuria al sentir como su culo y vagina eran invadidos con tal perversión. Aquel hombre había encontrado el punto de clímax en Vanessa, el sexo anal le gusta demasiado y ahora ese hombre la estaba llevando al cielo, mientras con su dedo se la seguía cogiendo como un loco poseído por el placer, quedando embadurnado de sus fluidos. Ese dedo acaricia el agujero de Vanessa y se mete lentamente en él y al sacarlo se lo mete en la boca a la chica, la que lo lame con delirante calentura. Está ansiosa, quiere que se la coja y la haga sentir más puta de lo que se siente ahora.

Le quitó la braga, Vanessa sentía que su corazón se escaparía por la boca, temblaba. “Vamos Vanessa, sé que lo estás deseando. Entrégame tu culo, quiero meterte la verga” –le dice él mientras coloca la punta en la entrada de ese delicioso culo. Ella está tan caliente, que siente la necesidad de ser penetrada. Él la observa con una sonrisa burlona. Ya no se podía contenerse más y con toda la sensualidad de su voz, ella dice: “Quiero que me lo metas, hazme tu puta”. Él sonríe al ver la disposición de Vanessa, pero también sabe que esas palabras son dichas por la calentura del momento, por lo que le dice: “¿Estás segura de lo que pides? Porque no habrá vuelta a atrás”. “Yo lo sé, es lo que quiero. ¡Quiero ser tu puta! ¡Haz conmigo lo que quieras!” –le dice ella sin contener su deseo. Parecía un animal enjaulado, estaba ansiosa y caliente por sentir esa verga llenado su culo. “Sí que me sorprendes, pensaba que eras una de esas santitas, pero veo que solo eres una puta deseosa de verga” –le dice él. El hombre volvió a hundir su boca en el apetitoso y palpitante culo de la chica, esta vez más salvaje, incluso incrustando la punta de la lengua en el agujero, mientras con sus dedos asaltaba la vagina de Vanessa que se retorcía gimiendo. Le abrió las nalgas, deslizó la verga por la vagina y la puso en la entrada de su culo. Le agarró el pelo y tiró fuertemente de él haciendo que su espalda se arquee. “Eres mi putita” –le dice él con lujuria en su voz. Tiró con fuerza de su pelo y ella se dio cuenta que en vez de luchar por liberarse, solo peleaba con su excitación. Vanessa se dio cuenta que el hombre tenía razón, deseaba ser usada por su perversión y de forma instintiva poco acercaba sus nalgas hacia él. Sintió como su ano se abría al sentir como la punta de esa verga se adentraba furtiva, ella se movía lentamente para sentir como su culo se amoldaba para recibirla mejor, el hombre empieza a presionar para metérsela pero no la suelta del cabello, las sensaciones que recorren a Vanessa la hacen gemir y suspirar. Ahora, ya tenía toda la verga en el culo e intenta sentir el vaivén de los movimientos bruscos de ese hombre que estaba usando su agujero con lujuria. Ahora Vanessa se siente completamente sometida, está totalmente entregada a ese hombre que la hace gritar de placer.

Por primera vez Vanessa estaba experimentando la sumisión, anteriormente era ella quien tomaba el control de la situación, ahora era distinto, había cedido cada ápice de su cuerpo y de su deseo con tal de complacer a alguien. Su culo sentía el ímpetu con el que era cogido, a ella le encantaba pero su mente se resistía a procesar lo que estaba viviendo, por un momento cesó de moverse pero aunque su mente le decía que no, su calentura y su instinto le hacía seguir moviéndose. El hombre como el cazador furtivo acechaba el culo de Vanessa metiendo su verga hasta el fondo de sus entrañas. Él sonríe complacido al ver lo puta que se había vuelto Vanessa, pero ese era su punto débil, no iba a resistirse a ser cogida por el culo. Ahora él fue quien se detuvo, a Vanessa le parecía una eternidad, él la volvió a jalar del cabello mientras jadeaba. La chica notó como la verga se puso más dura dentro de su culo y él empezó a nalguearla con fuerza para dejarle la mano marcada en el culo. Por un momento sintió algo de vergüenza al haber entregado su culo a un desconocido, ni siquiera sabía su verdadero nombre, pero ya había cruzado el umbral a un mundo sin retorno.

Vanessa jadeaba, gemía y babeaba, se masturbaba mientras su culo era taladrado con perversión, tenía el clítoris hinchado y el pulsaba, eso la hacía vibrar por completo. Se tocaba muy despacio, sin separar la de su clítoris, estimulándolo. Al principio sus caderas seguían el movimiento del hombre para que su verga no saliera ni un centímetro, pero una nalgada detiene su movimiento. Él la sacó por uno segundos, acarició la nuca de Vanessa y enredo sus dedos en su cabello. Empujó con fuerza y pareció que el culo de la chica había engullido por completo su verga. Ambos jadeaban y gemían como locos. El hombre repitió sus brutales embestidas sin detenerse, el ritmo era constante y brusco. Vanessa chorreaba sus fluidos a causa del placentero orgasmo que recibía al ser cogida con vehemencia y por las caricias indecorosas que le brindaban sus dedos al estimular su clítoris. Era como una corriente eléctrica que atraviesa todo su cuerpo, su mente ya no piensa en otra cosa, solo está atenta al momento en que le pida algo que desee, es tanto el placer que siente que piensa que todo ha valido la pena  y que está dispuesta a seguir hasta donde puedan llegar. Ahora, el hombre la tomó con sus manos por las caderas y comenzó con un movimiento más violento, sus cuerpos chocaban de manera brutal, las tetas de Vanessa se arrastraban por la cama, deseaba que él la pudiera escuchar gemir en plenitud pero el gagball ahogaba sus gemidos, aunque el placer era casi insostenible, pero aun así no quería que el hombre se detuviera. Ese era el castigo por el orgasmo que se había provocado sin permiso. “Acabaste sin mi permiso, tendré que corregir esa actitud, puta” –decía él sin parar de embestirla con fuerza. Por un momento Vanessa agradeció tener el gagball puesto, ya que los gritos que se ahogaban podrían haberse escuchado a lo largo del pasillo del hotel. El cuerpo de la chica temblaba, pero él no se detenía, la tomó del cabello y la llevó a uno de los ventanales gigantes de la habitación, hizo que su cuerpo se apoyara en él y siguió cogiéndole el culo con violencia. La vista de la ciudad ya cubierta por el manto de la noche y las luces iluminando las calles y los edificios contrastaba con el cuerpo de Vanessa que brillaba en el ventanal por la capa de sudor que lo cubría.

Las sucias palabras que él le decía al oído la calentaban mucho más. Vanessa sentía que sus fuerzas la dejaban casi por completo, aunque al hombre pareció no importarle, si no que cada vez más violento la embestía para dejarle el culo abierto. Ella sentía como esa verga se ponía más dura, palpitante, ya estaba a punto de explotar. Se detuvo y la hizo que se diera vuelta y la miró con lujuria, el culo le palpitaba a Vanessa pero se veía en su rostro lo mucho que había disfrutado. Verle la cara de satisfacción al hombre calentaba mucho más a la chica. Después de cogérsela y verla sudaba, babeante y despeinada para el hombre era excitante. La miraba y notaba como las piernas a Vanessa le temblaban, se veía irresistible, ella jadeaba al sentir mis ojos recorriendo su cuerpo, ella temblaba, quizá por excitación o incertidumbre, tenía las mejillas sonrojadas. Estaba deseosa por chuparle la verga, pero no decía nada, él la miraba masturbándose lentamente como si disfrutara la desesperación de Vanessa. “¡Esto no ha acabo!” –le dice el hombre, ella no sabe lo que viene pero la ansiedad la mata. La mano del hombre baja otra vez hasta llegarle al clítoris, lo acaricia y lo humedece con los fluidos de esa vagina que chorrea perversamente. Le pasa los dedos por los labios, los recorre con suavidad, Vanessa respira agitada, luce sensual, morbosa y pasa la lengua con lujuria por ellos, disfruta del sabor de sus fluidos pero la perversión era tanta que no se conformaba con solo lamerlos, los chupó de la misma forma que lo haría con la verga del hombre. “Mira lo que soy capaz de hacer si me dejas” –le dice ella con tono sensual.

Al sacarle el dedo de la boca se siente exasperada, realmente deseaba chuparle la verga, realmente le suplica que se la meta en la boca, quería sentirla llenándole la garganta, deseaba sentir las manos del hombre tomándola de la cabeza para marcarle el ritmo. “¡Por favor, déjame chupártela!” –le decía. Él hace que se ponga de pie, ella lo mira suplicante, coloca una silla en donde se sienta y le ordena a Vanessa ponerse de rodillas, le dice en forma calmada: “No te puedes imaginar lo que me ha gustado sentir tu entrega y descubrir tu punto débil. Eres una puta extraordinaria, pero me has desobedecido, no tenías permiso para acabar pero lo hiciste y no solo una vez, sino que tres. No lo puedo dejar pasar por alto, no quiero que pienses que vas a ser mi puta consentida, por ser la primera vez no te castigaré estrictamente, pero vas a aprender a controlar esos orgasmos”. En medio de la conversación le ordenó colocarse el plug en el culo e hizo que se tendiera en la cama de espaldas y con las piernas abiertas, él se levantó de la silla, tomó un vibrador y lo encendió. Los ojos se Vanessa se abrieron como si fueran platos. “Ahora vas a tener el plug siempre puesto, tu culo debe estar listo para cuando quiera usarlo” –le dice. Vanessa alucinó al ver lo fácil que ha entrado, un escalofrío recorrió su cuerpo, está otra vez caliente y ese plug no hace más que darle más morbo a la situación, pensar que en cualquier momento él va a reclamar su culito otra vez la calienta y pensar que lo tomará para su placer más aún, hasta el punto que su boca se llena de saliva.

Colocó el vibrador en la vulva de Vanessa y lo puso a vibrar al máximo, los gemidos y alaridos de placer de ella se podían escuchar incluso en los pasillos del hotel, el hombre reía con malicia al ver como la pobre Vanessa se perdía en medio del placer pero lo disfrutaba tanto que entre gemidos suplicaba que no se detuviera. “¡Eres toda una puta!” –le dice él. Ella responde sin dudarlo: “¡Soy tu puta! ¿Es lo qué querías? Es lo que soy ahora”. Vanessa temblaba, se retorcía y babeaba pero intentaba aguantar de la mejor manera posible la tortura a la que estaba siendo sometida. Después de largos minutos de agonía le permitió tener un orgasmo, el que se tornó intenso y lleno de morbo, los fluidos de Vanessa salían chorreando y dejando la cama mojada, él sonrió y le dijo: “¡Muy bien hecho puta! Ahora tendrás el premio que esperas”. Le metió la verga en la boca y ella como una loca empezó a chuparla, la tragaba, la lamia y engullía por completo, estaba hambrienta devorando aquel delicioso bocado que le habían regalado. La cara de placer de ese hombre al sentir como la lengua de Vanessa se envolvía en su verga, solo ver esa candente forma en que se la chupaba lo hacía bufar de placer. Ya casi sin contenerse el hombre entre gemidos le decía: “¡Eso Puta! ¡Sigue chupando!”. Vanessa no podía negarse a esa perversa invitación y siguió tragándole la verga al hombre. Ella se ahogaba al chuparla, ya que sentía que le llegaba a la garganta, además el vibrador la tenía en las nubes, era cosa de segundos de que explotara, pero sabía que si lo hacía sin el permiso del hombre sería castigada con severidad.

El hombre le decía obscenidades que la estremecían, le encantaba saber que era la más puta de todas. Al fin el hombre acabó en la boca de Vanessa, la que sin pensar sorbió hasta la última gota de semen, era un deleite estar con su boca llena de semen y que jugaba con su lengua disfrutando de esa empalagosa sensación. El hombre la miraba y le decía: “¡Sí que resultaste ser una buena zorra! Creo que te ganaste el derecho de tener un orgasmo”. No hizo más que decir eso y la vagina de Vanessa se contrajo y en medio de un mar de pulsaciones acabó deliciosamente, haciendo que tiemble y que sus fluidos mojaran las sabanas. Casi al borde del colapso gemía y se retorcía por el intenso placer que la golpeaba. Cuando su cuerpo y sus emociones se calmaron, el hombre le dijo que se vistiera, que era tiempo de volver a su casa. “No te olvides que me perteneces” –le dice él. “Lo sé mi Señor” –responde ella con lujuria. Esa tarde el cuerpo de Vanessa dejó de pertenecerle y lo entregó por completo a los deseos de aquel hombre que supo cómo doblegarla y la volvió en la mejor de las putas.

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®

martes, 3 de septiembre de 2024

15. El convento de San Antonio

 

Esta historia comienza una mañana de verano en El convento de San Antonio, las monjitas Sor María y Sor Teresa colaboraban con la limpieza del convento, al llegar cerca de la celda de la Madre Superiora un murmullo llamó su atención, se acercaron en silencio y contemplaron algo que las dejó perplejas, la Madre Superiora se encontraba de rodillas con el hábito hasta la cintura siendo penetrada por el culo por Juan, el peón del establo, un joven de unos 25 años. La madre superiora una mujer de 55 años, contestaba con fuertes empellones las embestidas del joven, sus nalgas se movían al compás de un ritmo frenético, mientras jadeaba y balbuceaba palabras obscenas, inimaginables en la boca de una religiosa. La escena las dejó sin habla, no podían creer lo que estaban presenciando, no creían que la Madre Superiora hiciera esas cosas en secreto, siempre fue una religiosa apegada a la tradición y siempre les hablaba de la pureza del celibato y la castidad. Ahora al menos ante los ojos de esas dos inocentes y crédulas monjas se había convertido en todo aquello que decía detestar, además de estar cometiendo el pecado de fornicación, se la estaban metiendo por el culo. No podían negar lo que estaban sintiendo, ya que sus vaginas se empezaron a mojar al ver como la Madre dejaba que profanaran su ano con bestialidad, era una escena que las excitaba y empezaron a sentir esas delirantes palpitaciones que se mezclaban con abundantes fluidos.

Las dos sucumbieron a la tentación y se dejaron llevar por aquellos lujuriosos sentimientos que las invadían. Sor María, se frotaba la vagina por sobre el hábito y sor Teresa, más audaz, pegaba sus pechos a la espalda de su compañera, la lengua de Sor Teresa, recorría el cuello de la hermana María, que miraba absorta el momento en que el peón del establo descargaba su semen en el ano de la Madre Superiora. Por miedo a ser descubiertas, se alejaban del lugar en busca de un lugar más alejado, para saciar sus instintos sexuales, en vista que el peón estaba tan ocupado, el establo sería el mejor lugar. Ahí nadie las vería, por lo que era en lugar preciso para ceder a todas las tentaciones carnales que se les presentaran. Se recostaron en el heno y comenzaron a besarse apasionadamente, las manos de sor María se abrían paso en la vagina de Sor Teresa, la religiosa gemía al sentir esas manos acariciando con suavidad su vagina e incluso tiraba suavemente de sus vellos, cuando un rebuzno, llamó su atención y contemplaron a un burro pastando tranquilamente, una idea libidinosa paso por la mente de las religiosas.

Se acercaron al burro y comenzaron a acariciarlo, su largo miembro, comenzó a aparecer y sor María no resistió la tentación de tenerlo en su boca. Se arrodilló aun lado del animal y empezó a lamer esa poderosa verga que se ofrecía libidinosa ante sus ojos. Sor Teresa la observaba masturbándose como posesa, la escena la calentaba en demasía y sus gemidos se escuchaban en un tono perverso que envolvía el ambiente. Como pudo Sor María se la metió a la boca y la chupó como si su vida dependiera de eso, la tragaba hasta lo más que podía aguantar, el animal rebuznaba como complacido por aquella mamada que estaba recibiendo, sor Teresa seguía masajeándose el clítoris con más intensidad disfrutando de ese espectáculo. La hermana María siguió engulléndose esa verga hasta que sintió la fuerte descarga del animal en su boca, haciendo incluso que le escurriera por la comisura de los labios, era un espectáculo que solo ellas estaban viviendo con la calentura al máximo. Sor Teresa se acercó y beso los labios de la otra monja compartiendo y saboreando el semen del burro mezclado con la saliva de sor María.

La calentura tenía más que exacerbados sus sentidos, querían ir más allá y disfrutar de la misma forma en que la Superiora lo hacía con el peón. Sor Teresa se despojó de sus hábitos, se recostó en unos fardos de heno y abrió su vagina para que el burro la hiciera su hembra. Le dijo a sor María que la ayudara en su cometido y claro la otra monja aceptó gustosa ser cómplice de ese acto pecaminoso. Sor María llevó al burro de la soga que estaba amarrado y la monja caliente lo esperaba con las piernas abiertas, lista para transformarse en un recipiente de semen animal y disfrutar de ese momento. Al momento de llegar donde la monja con las piernas abiertas el animal la quiso montar, pero no atinaba su verga en aquel agujero mojado que la recibiría. Sor María la tomó y acomodó en la entrada de la vagina de su compañera que jadeaba esperando ser penetrada. Al sentir el animal la abundante humedad empujó y la penetró con fuerza. El himen de la religiosa se desgarró por completo arrancándole un grito de dolor, el burro la embestía con fuerza, en el rostro de la monja se reflejaba dolor y placer. “¡Ah, hermana María me gusta cómo se siente!” –decía al borde de la locura, cerraba los ojos y gemía. “¡Siento que me va a partir en dos, pero es tan delicioso hermana!” –decía casi babeando de placer. La verga del animal palpitaba de manera salvaje acompañada de esas brutales embestidas. La moja seguía gimiendo y gritando como endemoniada. Sor María la miraba con exquisita lujuria y le empezó a chupar y morder los pezones mientras sor Teresa era cogida con una fuerza impresionante. Chorros de semen brotaban de su vagina, el burro había eyaculado en su interior como lo hizo antes en la boca de sor María. Ella esperaba su turno, también quería sentir esa poderosa verga perderse en su interior. Estaba como un tizón arrancado del fuego, ardía de excitación y pedía que el animal se la metiera sin misericordia. Ya se había quitado los hábitos, no había tiempo que perder, la calentura demandaba ser cogida con brutalidad.

Cuando el animal sacó la verga de la vagina de la hermana Teresa, sor María se abalanzó para degustar ese semen mezclado con la sangre de la virginidad perdida, lo hizo hasta el borde de la locura, sin esperar la reacción instintiva del animal que la vio preparada y la montó. Sin ayuda su verga se metió en su vagina y embistió con fuerza, haciendo que gritara por el dolor que sintió, al igual que su compañera, le destrozó el himen en la primera embestida. “¡Oh, mierda!” –exclamó pero siguió degustando del semen que salía y a la vez de jugar con su lengua en la vagina de sor Teresa. La brutalidad con la que era cogida la hacía delirar, ambas monjas estaban disfrutando del sexo como nunca antes lo hicieron, le habían entregado su virginidad a ese burro lujurioso que las hizo sus hembras. Luego de varios minutos al fin pudo sentir como el animal acabó en su interior, llenándola con su tibio semen. Las habían descubierto la zoofilia, se hicieron sus esclavas y nunca la abandonarían, porque era su forma de tener el placer de coger. Se despidieron con un beso de lengua de su amante animal y salieron sonrientes en busca de la luz del sol.

Luego que las libidinosas monjas hubieran disfrutado del pene del burro, sus apetitos sexuales se acrecentaron. Por las noches, era común para ellas encerrarse en la celda de una para darle rienda suelta a esos instintos pecaminosos que las consumían. Era recurrente que juegos lujuriosos se llevaban a cabo en la soledad de la noche entre ellas. Una de esas noches en que dejarían salir sus oscuros demonios, encendieron unas velas para iluminar la penumbra de la celda. Mientras sus cuerpos desnudos danzaban lujuriosos por el placer, sor María tomó una de las velas y vertió cera sobre el cuerpo de sor María, la reacción de esta no fue de asombro sino de placer como si esperara que lo hiciera antes. Al ver el placer dibujado en la cara de sor María la otra monja vertió más cera caliente en las tetas de su compañera, sus pezones se pusieron duros al sentir el calor de la cera. Sor Teresa rio de forma perversa y la besó en los labios, después siguió cubriendo con cera el cuerpo de sor María quien gemía con lujuria. Gemía y se retorcía de placer, pero lo hizo más cuando sor Teresa la penetró con esa vela aun encendida el calor de la llama cerca de su vagina no le asustaba, estaba ya ardiendo de placer. “¡Sigue Teresa, no pares!” –le decía entre gemidos. Obviamente la otra monja no se detendría, ya que la calentaba escuchar los gemidos mezclados con suplicas de sor María. Luego de eso apagó la vela y sin pensarlo se acercó entrelazando las piernas y se metió el otro extremo de la vela. Las dos se movían de forma vertiginosa con la vela penetrándolas, ambas gemían con perversión, en ese momento no existía Dios para ellas, sino el placer, ese placer que no conocían y que las había pervertido. Más pronto que tarde estaban siendo atormentadas por el orgasmo que las hacia balbucear herejías y las hacía gemir con extrema locura. Las escenas de lesbianismo y zoofilia eran pan de cada día, ya conocían la rutina de la Superiora con el peón, así que tenían total libertad de ir al establo para recibir placer de ese animal que solo con verlas blandía su verga al aire esperando.

Cierto día unos monjes que marchaban en peregrinación pidieron asilo en el convento, hablaron con la Superiora y le dijeron que no serían una carga para el convento, ya que podrían realizar trabajos para saldar su estadía y comida. La Superiora los aceptó por el tiempo que estimaran conveniente para continuar con su viaje. Sor Teresa y sor María se propusieron terminar con la castidad de los monjes, ya que nunca habían probado la verga de un hombre, solo la de su amante animal que las esperaba en el establo. Con el correr de los días los monjes dedicados a las reparaciones del convento parecían no inmutarse por la presencia de las lujuriosas religiosas que los acechaban como leonas a la presa. Tres de los monjes se encontraban en la sacristía orando. Escucharon ruidos extraños y se acercaron sigilosamente y vieron como las dos monjitas en un rincón se besaban apasionadamente, los monjes lejos de escandalizarse por la situación, se acercaron a las monjas y de entre sus hábitos asomaron sus vergas. Las monjas al verlos se quitaron los hábitos sin que les dijeran nada, solo querían disfrutar de aquel regalo que el cielo o el infierno les mandaba. Sor María, tomó entre sus labios una de esas vergas se la metió en la boca, sor Teresa hizo lo mismo con otra de esas vergas, mientras que el tercer monje se tumbó en el piso y hundió la cabeza en su vagina, la que lamió en señal de sumisión y devoción. El monje le hacía jadear a sor Teresa con el recorrido perverso de su lengua hasta arrancarle un estrepitoso orgasmo.

“¡Vamos a ver de que están hechas hermanitas!” –dijo uno de los monjes con una voz como salida del infierno. Acomodó a sor María apoyada sobre el pequeño altar y se la metió despiadadamente en el culo. El grito de dolor que ella dio se debió escuchar en diferentes lugares, su único orificio virgen su profanado, pero a esas alturas era cuestión de tiempo para que sucediera, ya que los “castos monjes” eran expertos en el arte de coger. Los estrepitosos gemidos de sor María eran como la media del canto de los ángeles, aunque la comparación sacrílega poco importaba. Los otros monjes tirados en el piso se cogían a sor Teresa por el culo y la vagina. Era una escena llena de morbo y de perversión que las hacía alucinar, era como si se encontraran en la puerta del infierno con la imagen de ese ser colgado en la cruz que las miraba según ella excitado. “¡Mira como nos cogen!” –gritaba sor Teresa. “¿Te gusta ver como tus siervas complacen a los hombres que Tú has mandado a predicar el evangelio? –seguía diciendo. Los cuerpos de las monjas tenían espasmos de placer, cada momento las acercaba al orgasmo, cada momento se hacía más sublime y lleno de lujuria. Al fin fueron sacudidas por el ímpetu del orgasmo, que las dejó sin fuerzas. Cuando los monjes se hubieron vaciado en el interior de las monjas uno de ellos, fue al corral en busca de un macho cabrío, animal que muchas culturas asocian con la encarnación del diablo en las misas negras, las monjas miraron al animal con la fantasía de ser penetradas por el mismo demonio.

En ese momento entendieron que sus cuerpos ya no les pertenecían sino que serían ofrecidos en sacrificio al dios de la lujuria y se volverían sus esclavas a cambio del placer. Entregaron sus almas con devoción con tal de recibir ese placer prohibido de ser cogidas por el diablo en persona. “¡Oh, Señor de la lujuria! ¡He aquí tus siervas!” –dijeron al unísono. Luego ambas fueron atadas de manos con los cordones de los hábitos de los monjes. “¡Nos rendimos a ti y al placer que nos hiciste conocer!” –dijeron a viva voz. El animal como si hubiera entendido el deseo de las monjas montó a sor María y ensartó su verga en el culo de la religiosa. “¡Oh, mi dios, sírvase del culo de su esclava! ¡Es para su absoluto placer!” –dijo. El macho cabrío acabó con fuerza en el culo de la monja que se retorció de placer, sintió como el semen de ese imponente animal la quemaba por dentro. Luego fue el turno de sor Teresa que se rindió de manera incondicional a la figura del demonio que la estaba sodomizando. También recibió una abundante ración de quemante semen en su culo. Luego entre ambas para darle más morbo a la escena bebieron el semen del culo de la otra en señal de pecado y de dar por comenzado el pacto con el mismísimo demonio, mientras los monjes se masturbaban alrededor. Los monjes que no podían más de la excitación eyacularon sobre los rostros angelicales de las lascivas monjas bebiendo ese viscoso semen como verdaderas esclavas de la lujuria.

Días después los monjes prosiguieron su camino y las adorables monjas habían sumado un animal más a su vida zoofílica y lésbica, más la firme convicción que por sus vaginas pasarían todos los machos que las quisieran poseer sin importar de que especie fueran.

 

 

Pasiones Prohibidas ®

sábado, 31 de agosto de 2024

14. Perversas tentaciones 2


Cuando la chica llegó a casa no escuchó ruidos, supuso que Victoria estaba dormida. Fue a la cocina y metió en el horno una hamburguesa y un poco de papas para calentarlas, y comer algo. Sin sospechar nada se fue a su habitación, se puso un pijama y se acostó, el sueño la venció y se durmió profundamente. Miriam se despertó temprano por la mañana, recordando su experiencia de la noche anterior cuando fue a comprar para su cena y había tenido un encuentro con su vecina Zaida y el novio de esta. La adolescente se percató que Victoria no había ido a despertarla, se le hizo raro pues siempre le avisaba antes de ir al trabajo y ya era tarde por lo que fue a buscarla a su cuarto.

Miriam tenía suficiente confianza con su madrastra y no dudó en entrar sin llamar, grande fue la sorpresa de la chica al encontrar en la cama matrimonial a su novio Carlos desnudo acostado al lado de Victoria también desnuda y con grandes signos de haber cogido. Esto la molestó enormemente pero decidió no decir nada y solo sacar su celular y tomar un par de fotos de la pareja desnuda y durmiendo, después de eso solo salió de la casa completamente furiosa.

Mientras caminaba por la calle sin un rumbo fijo hasta que se encontró a Zaida, la joven mujer aprovechó la situación para invitarla a coger con ella y su novio, Miriam no dudó en acompañarla a su casa. El problema era que Josué llegaría hasta la noche pues estaba trabajando, aun así ella le dijo que si le mandaba unas fotos donde ellas estuvieran follando él dejaría su trabajo y vendría corriendo. Miriam aceptó, le calentaba la idea de coger por primera vez con una mujer y aprender más del sexo, ya que a pesar de su poca experiencia sabía algunas cosas que le había enseñado Carlos.

Una vez en la casa Zaida le explicó que no vivían solos, compartían la casa con los padres y el hermano de Josué. Ella también le comentó que la madre de su novio es una perra, su padre un inútil y el peor es el metiche de su cuñado. “El hijo de puta me espía todo el tiempo, no me puedo bañar sin que intente verme desnuda” –dijo Zaida. “¿Por qué no le dices a tu novio o a tu suegra?” –preguntó Miriam. “Josué no le dice nada y solo se ríe y mi suegra es peor. Solo dice que es curioso y mi suegro dice, que esperabas estas bien buena y el muchacho anda caliente, deberías enseñarle” -respondió Zaida. “¿En serio? –preguntó Miriam con curiosidad. “Sí, el maldito se masturba usando mis calzones, los deja llenos de semen, me doy cuenta cuando los lavo y es asqueroso” –respondió ella. “¡Qué asco! Deberías intentar grabarlo para molestarlo” -sugirió Miriam. “Ya intenté eso y digamos que hubo un pequeño problema o más bien un gran problema” –dijo Zaida con una sonrisa. “¿Qué?” -preguntó la chica con interés. “Su verga, el bastardo tiene 17 años y tiene una verga bastante generosa” –dijo la joven adulta mientras levantó los dedos para mostrar un tamaño aproximado a Miriam. “¿Generoso?  Bueno la naturaleza recompensa a algunos con generosidad” –dijo Miriam. “Lo mismo pensé yo, pero lo vi con mis propios ojos” –confirmó Zaida riendo. “¿Más grande que la de Josué? –preguntó Miriam curiosa.  “Sí, más grande que la de él, no sé como le cabe en los pantalones al hijo de puta” –dijo Zaida. “Ahora me dio mucha curiosidad, bueno más que eso. ¿Y nunca?...” –dijo Miriam deteniéndose. “¿Nunca qué? -preguntó Zaida. -“¿Nunca te han dado ganas de follártelo?” –preguntó ahora sin tapujos. “¿Estás loca? Si me provoca hacer un montón de cosas perversas con él, pero Josué me mataría y luego a él. Sí, lo pensé una vez” –dijo Zaida riendo. “¿Cuándo dime?” –preguntó Miriam. “Una vez fuimos a la playa toda la familia y cuando nos íbamos me tuve que meter a bañar para quitarme la sal del cuerpo, pero el tacaño de mi suegro no quiso pagar dos duchas y me tuve que meter con el pervertido” –le dijo. “¿Y ahí le viste la verga?” –le preguntó Miriam, con lujuria en su mirada. “Sí y era enorme, yo aún llevaba el bikini pero estando tan cerca era obvio que él tendría una erección, y como es un degenerado se la sacó para que se la viera en su esplendor” –le contestó la chica. “Bueno, definitivamente le quiero ver la verga a tu cuñadito” –dijo Miriam, mordiéndose el labio.

Zaida escuchó lo que Miriam dijo y se le ocurrió algo, sacó su celular y le propuso algo. “Y si le hablo a Sebastián en lugar de Josué, ¿qué harías?” –preguntó Zaida. Miriam se sorprendió por la proposición de Zaida y lo pensó un momento. “No me digas que te dio miedo, con lo putita que eres” –le dice Zaida. “Pues, si de verdad tiene la verga tan grande como dices, se la chupo, pero solo si es tan grande como dices, porque mi novio también la tiene grande” –dijo Miriam desafiando a Zaida. Zaida sonrió con malicia y fue decidida a la calle donde su cuñado estaba haciendo nada con unos amigos y lo llamó. Él fue corriendo algo molesto por haber sido interrumpido por la novia de su hermano. “¿Qué quieres? ¡Estoy ocupado!” –dijo molesto Sebastián. “¿Haciendo qué? Perdiendo el tiempo con los vagos de tus amigos. Te quiero presentar a una amiga” –le dijo Zaida y lo llevó a la sala donde estaba Miriam. “¡Hola Sebastián! –dijo Miriam con voz sensual al verlo. “Hola, ¿quién eres? No te conozco” –respondió el chico. “Por eso te la quiero presentar idiota, ella es…” –alcanzó a decir Zaida. “Una amiga” –respondió Miriam sin decirle su nombre al muchacho. “Pues mucho gusto. ¿Ya me puedo largar?” –dijo Sebastián. “¿Te quieres ir? ¿No te quieres quedar con nosotras?” –le preguntó Miriam muy seductora e inclinándose para mostrarle su escote. “Pero, ¿para qué quieren que me quede?” –dijo nervioso el chico al ver las poses de Miriam. Miriam se rio y se acercó a Zaida para besarla, esto sorprendió a la chica mayor, pero se dejó llevar por la situación, mientras Sebastián se calentó al ver como dos mujeres sensuales se besaban ante sus ojos, empezó a tener una erección por el impresionante beso lésbico que veía. Luego Miriam terminó el beso y miró a Sebastián: “¿Aun te quieres ir?” –le dijo, mientras  Sebastián negó con la cabeza. Miriam notó como la verga se macaba en los shorts del muchacho y supo lo caliente que estaba. “¿Sabes bailar?” –dijo Miriam y se levantó del sofá dándose la vuelta y ofreciéndole el culo al muchacho. “¿Qué? Sí, sí sé” –dijo Sebastián entusiasmado mientras tomó a Miriam por las caderas y comenzó a empujar su pelvis con la de ella. La chica pudo sentir como la verga del muchacho se hinchaba más y se clavaba entre sus nalgas, a su vez Zaida sacó su celular y los grabó. “¡No me grabes!” –dijo Miriam molesta pero sin dejar de moverle el culo al chico. “Descuida no se te ve la cara” –le dijo Zaida.

Luego Zaida le dijo a Sebastián que le agarrara bien el culo Miriam y él obedeció, para sorpresa de la chica la cual se apartó, luego se giró y empujo al chico a un sofá de una y se subió arriba de él para seguir bailando. “Vamos Zaida, tú también” –dijo Miriam invitándola. Ella aceptó y se puso a bailar con sensualidad frente al muchacho, mientras Miriam se restregaba completa sobre él. Después Zaida con Miriam cambiaron de lugar, ambas chicas le dieron varios sentones al niño el cual aguantó bien las embestidas sorprendiéndolas,  querían provocar que eyaculara pero no pudieron conseguirlo. Cuando la canción acabó Miriam puso otra. “Segunda ronda, pero más intensa. “¡Quítate la camisa!” –le dijo Miriam al chico el cual no entendió. “Si quieres que nosotras nos quitemos algo debes hacerlo tú también”- si quieres que nosotras nos quitemos algo tú también” –le dijo mirándolo a los ojos. El chico ahora si entendió y no dudo en quitarse la camisa. “¿Nosotras? Dirás tú” –dijo Zaida. “Nosotras dije, si no te quitas nada yo me voy” –amenazó Miriam de forma juguetona. “¡No! ¡Por favor, no te vayas!” –suplicó Sebastián. “Está bien” –dijo Zaida resignada y olvidándose que había dejado su celular grabando. Después de eso Miriam se bajó los pantalones cortos, mostrando unas bragas negras muy pegadas y claramente mojadas, mientras Zaida se quitó la camisa, quedándose solo con el brasier. Luego ambas comenzaron a bailarle otra vez, pero de manera más sugestiva mientras el chico seguía sentado en el sofá.

Se calentaron tanto que ambas chicas que le dijeron a Sebastián que se tirara en el piso, obviamente él no opuso resistencia. Se montaron arriba de él al mismo tiempo, con Zaida dándole sentones en la verga mientras Miriam puso el culo en la cara del muchacho para restregarlo con sensualidad.

Ambas se esforzaron en calentar al chico hasta que eyaculara, pero cuando la canción había terminado no había pasado lo que ellas querían, Sebastián solo tenía el short mojado pero no había acabado aun. “Hijo de puta, tiene buen aguante” –dijo Zaida. “Y buena verga, la sentí mientras bailaba” –dijo Miriam. “Te lo dije, la tiene grande” –añadió Zaida Mientras tanto el chico estaba sin palabras pero con una sonrisa de idiota en la cara y queriendo más obviamente. Sebastián se levantó y continuó frotando su miembro contra el culo de Miriam. “¿Ahora qué vas a hacer? Recuerda lo que dijiste” –dijo Zaida. “Sí, lo sé, pero pensándolo bien, ¿tienes condones?” –preguntó Miriam. “¿Qué? No, ni lo pienses” –dijo Zaida y luego susurró: “¿No me digas que estás pensando en coger con él?”. “Pues sí, ¿por qué no? Tengo curiosidad de saber si este pervertido es virgen o no” –respondió Miriam. “¿En serio? Sí, yo si acepto, quiero follarme a Miriam” –dijo Sebastián muy excitado. “Ya vez, él sabe lo que quiere” –dijo Miriam de manera morbosa. “Se supone que te traje aquí para un trio con mi novio, no con este estúpido” –respondió Zaida. “Sí, pero tu novio no está aquí. Además, hasta tú dijiste que tenías ganas de follarte a tu cuñadito. Yo quiero probar otra verga” –dijo Miriam. “¿Estás loca? ¡Aquí no van a hacer nada! ¡Váyanse a otra parte!” –dijo Zaida casi gritando. “Vamos a mi cuarto, ahí podemos coger bien rico” –dijo Sebastián agarrándole el culo a Miriam. “Ya escuchaste, si quieres tenemos un trio con tu cuñadito” –dijo Miriam sorprendida por la manoseada del chico. “¡Hija de puta! ¡Váyanse a la mierda los dos!” –dijo Zaida. “Tal vez, pero más puta eres tú que quieres cogerte a tu cuñado y ahora te haces la que no quiere. Sebastián, muéstrame tu verga” –dijo Miriam con descaro.

Después de todo lo que Sebastián escuchó acerca de que Zaida también quería coger con ella, obedeció sin dudarlo bajándose el short mostrando una enorme verga erecta y palpitante que babeaba líquido preseminal. Zaida no pudo evitar centrar su mirada en la verga de su cuñado. “Yo no tengo condones para ustedes, búsquenlos en otros lado” –dijo Zaida titubeando. -“Yo tengo, me los regalan en la escuela” –respondió Sebastián muy emocionado. Zaida se quedó sin palabras y solo se fue a su cuarto, se quedó en silencio pensando que hacer, definitivamente se había sentido tentada a la proposición de un trio con Miriam y Sebastián.  Además, también tenía ganas de coger con Miriam pero quería hacerlo con su novio, no con su cuñadito, pero no pudo evitar sentir un agradable calor entre las piernas mientras pensaba y que pasaría si lo hacía. Entonces recordó que en la casa iban a estar ella y su cuñadito solos por varias horas. Sin darse cuenta se ya tenía la mano derecha en su vagina mientras con la izquierda se apretaba un pezón. Al final, tomó la decisión de salir de su cuarto y buscarlos. Ellos ya estaban en el cuarto de Sebastián.

Estaba abierta la puerta del cuarto y pudo ver a Miriam en cuatro sobre la cama chupándole la verga al muchacho, estaba sin camisa y brasier, con sus tetas aplastadas en el colchón, solo tenía puestas sus bragas de color negro, mientras el chico estaba acostado en la cama sosteniendo la cabeza de Miriam con los ojos cerrados, disfrutando de esa mamada que le estaban dando. Zaida observó en silencio desde la puerta mientras se frotaba la vagina, pensó en que no pasaría nada si engañaba a su novio una vez más, aunque fuera con el hermano menor de este. Además, ya le dejaría cogerse a Miriam después. Sin darse cuenta, Miriam había dejado de comerse esa verga y ambos la miraban masturbándose. Zaida solo decidió pasársela bien y se adentró al cuarto mientras se quitaba la ropa para terminar completamente desnuda, Sebastián la miraba con los ojos llenos de una calentura que lo hacía ser morboso y perverso, pero se sorprendió cuando la hembra lo ignoró y centró su atención en Miriam. Zaida sujeto a Miriam por sorpresa y la arrojo a la cama donde comenzaron a besarse mientras él las veía y se masturbaba como un primate. Luego Zaida bajó su cabeza besando el cuerpo de Miriam que daba pequeños gemidos, se detuvo en las tetas de esta para morderlas y chuparlas un poco, para luego terminar de bajar y meter su rostro entre las piernas de Miriam y lamer su vagina por sobre las bragas, mientras Sebastián ya no soportó más el no participar y se colocó detrás de Zaida y recordando todo el porno que había visto metió su cara en el culo de su cuñada y comenzó a lamerlo. Después de un rato en esa posición cambiaron lugares, ahora Zaida estaba de pie en medio del cuarto mientras Sebastián estaba de rodillas delante de ella y le lamia la vagina, a su vez Miriam estaba detrás lamiéndole el culo.

Luego Miriam tomó el lugar de Zaida, mientras esta última le lamia el culo y Sebastián lamia su vagina. Era deliciosamente perverso para Miriam verse envuelta en medio de dos vertiginosas lenguas que le arrancaban inmensos gemidos de placer. Después, las dos hembras le chuparon la verga al chico al mismo tiempo. Sebastián sabía que se iba a follar a su cuñada Zaida y a su amiga. Zaida tomó un condón y se lo puso al muchacho usando su boca, esto para placer del morboso cuñado y asombro de Miriam que había tratado de hacer lo mismo con su novio y no había podido.

Miriam y Zaida decidieron que lo mejor era que la joven cuñada probara si el muchacho era virgen o no, para que todo quedara en familia, a lo que Sebastián no tuvo ninguna queja. De esa forma Zaida se paró con las piernas abiertas a la altura de la pelvis del muchacho y comenzó a bajar su cuerpo lentamente hasta entrar en contacto con la punta de la verga de Sebastián, los labios vaginales de la joven se abrieron para que esa verga entrara. Poco a poco el coño de Zaida se fue adaptando a esa verga erecta, hasta metérsela por completo inmediatamente comenzó a subir y bajar su cuerpo empalándose en la verga de Sebastián y llenando el cuarto de gemidos y gritos de placer. Miriam por su parte no se quiso quedar atrás y comenzó a chupar las tetas de Zaida, mientras se sentó en la cara del chico. Sebastián estaba en la gloria, Zaida y Miriam se lo estaban pasando igualmente bien, tanto que volvieron a besarse, hasta que el pequeño comenzó a moverse compulsivamente, cogiéndose a Zaida  de manera instintiva y con demasiado frenesí, como un animal en celo y comenzó a apretarlas tetas de Zaida.

La joven mujer no estaba preparada para algo así, nunca imaginó que su cuñadito le diera semejante cogida, era un joven macho y ella lo estaba estrenando. Siguieron así varios minutos antes de que él no pudo aguantar más y acabó el condón dejándolo lleno de semen. “¡Oh, eso estuvo genial!” –dijo Sebastián absorto. “Muy bien, ahora yo, pero quiero probar otra posición” –dijo Miriam apenas dejando que Zaida se levantara y dejara salir la verga de Sebastián de su vagina. Obviamente él no iba a dejar escapar una oportunidad así, quería coger con Miriam y le apretaba las tetas. Luego Miriam le quitó el condón usado y limpió el semen que quedó impregnado en la verga del muchacho con su lengua. “Esto es tuyo” –le dijo a Zaida pasándole el condón. Entre la mezcla de morbo, lujuria y calentura que había en el ambiente, Zaida tomó el condón con el semen de su cuñado y lo desparramó en sus tetas y se lo frotó en ellas. “Mira Sebastián lo puta que es tu cuñadita” –le dice Miriam, el muchacho no puede creer lo que sus ojos presencian pero lo disfruta.

Luego la adolescente, con instrucciones de Zaida, le puso otro condón pero ahora usando su boca, luego se dio la vuelta y se sentó lentamente sobre la verga del chico. Al igual que Zaida Miriam fue lento al principio mientras la verga la penetraba, una vez estuvo toda dentro de su vagina empezó a moverse más rápido, Miran gritaba y gemía al sentir como ese muchacho seguía sus movimientos, haciendo prisionera su vagina en cada movimiento. Sebastián estaba fuertemente tomado de las caderas de Miriam y le decía que le gustaba como se movía y que no parara. Pasaron varios minutos hasta que nuevamente el chico acabó y dejó el condón lleno de semen. Cuando Miriam se bajó de encima del muchacho Zaida le saca el condón a su cuñadito y se lo da a Miriam, la que derrama el semen contenido en su boca y lo deja escurrir, ni en sus más sucias fantasías Sebastián pensó vivir algo así. Ahora era el turno de Zaida para limpiar el semen que había quedado en la verga del muchacho, lo hizo con su boca y aprovechó de chupársela un rato para que no perdiera fuerza.

Zaida se puso en cuatro en la cama ofreciéndole el culo a su cuñado, el cual se la cogió como una perra, ella gritaba al sentir las fuertes embestidas que recibía, pero disfrutaba como posesa que su culo fuera destrozado de manera brutal, no podía contenerse de gritar y jadear, Miriam se masturbaba a un lado viendo la candente escena, la lujuria las tenería prisioneras a ambas, la situación se había escapado de sus manos, eran ellas las que querían calentar al muchacho y eran ellas las que estaban calientes por él. Miriam no se resistió y se acomodó de tal manera que su vagina quedó a la altura de la boca de Zaida, quien de inmediato se puso a lamerla tratando así de contener sus gritos, le metía la lengua en la vagina, haciendo delirar a Miriam. Cuando Sebastián acabó se quitó el condón y lo tiró en medio de las dos y les dijo: “Para que lo disfruten”. Con sus bocas compartieron ese tibio semen que les había regalado el muchacho y besándose con lujuria. Ahora era el turno de Miriam, el muchacho si que tenía aguante, había quedado demostrado con creces, ya que los orgasmos que le había regalado era la prueba inequívoca de que esto sería para largo. Miriam se quedó recostada sobre la cama, Sebastián hambriento de sexo tomó sus piernas y las puso sobre sus hombros, su verga se deslizó por su vagina y entró sin problemas, ella empezó a gemir descontrolada, caliente y con ganas de que el muchacho le rompiera el culo. “¡Métemela por el culo!” –le dijo. Acomodó su verga y se la metió sin ninguna contemplación, haciendo que Miriam gritara de placer, las brutales embestidas que le daban hacían que la chica delirara y se apretara las tetas con fuerza, incluso se clavó las uñas en ellas, dejando un pequeño rastro de sangre. Estuvieron cogiendo hasta que los condones se acabaron pero eso no fue impedimento para seguir en la lujuria faena de coger hasta quedar rendidos. Por ultimo Zaida le pidió que se la metiera otra vez por el culo, a lo que Sebastián no se negó y se la cogió hasta que ya no tuvieron fuerzas.

Los tres estaban exhaustos, Zaida y Sebastián se quedaron dormidos en la cama, pero Miriam solo tomo un descanso y después tomó sus cosas para irse a su casa. Antes tomó el celular de Zaida que estaba en la sala y borró cualquier video o foto de ella, no sin antes transferirse las imágenes y videos a su celular. Al salir de la casa de Zaida se fue directo a la suya, revisó su celular y encontró varios mensajes y llamadas de Victoria Y Carlos, ella esperaba no encontrar a su novio y así poder tener una larga platica con su madrastra. Al llegar a su casa Miriam se encontró con Victoria y ambas comenzaron la incómoda conversación. Ahora era la joven madrastra la que estaba llorando por lo que había pasado y pedía perdón a su hijastra por follar a su novio. Al final, así como Victoria la perdono a la por coger en la cama matrimonial, Miriam perdonó a su madrastra, pues estaba consciente de que su padre no le había estado cumpliendo en la cama y ella ya se había desquitado de Carlos cogiendo con Sebastián. Después de la plática las cosas se arreglaron en su mayor parte, pues Miriam tenía varias ideas en mente, pero en ese momento escucharon mucho alboroto en la calle y ambas se asomaron por la ventana, las dos pudieron ver a Zaida corriendo medio desnuda por la calle mientras su suegra la perseguía con una escoba gritándole que era una puta y una infiel. “¿Qué mierda pasó?” –preguntó Victoria. “No sé, cosas de los vecinos o tal vez la pillaron en algo para no tener tiempo ni siquiera de vestirse” –le responde Miriam algo nerviosa y plenamente consciente de o que había pasado. “Supongo, si eso debe ser, por eso la señora la persigue y le grita que es puta” –dijo Victoria. Ya por la noche todos en el vecindario se habían enterado de la infidelidad de Zaida con su cuñadito y naturalmente Josué, el novio de Zaida ya sabía lo que pasó pero aun así siguió con ella pero tuvieron que cambiarse de casa.

Habían pasado dos días y Carlos no había aparecido en casa de Miriam, pues ninguna quería verlo, una por estar aún enojada con él y la otra por sentir vergüenza de lo que hicieron. Miriam estaba sola en su casa cuando ve pasar a Josué, el novio de Zaida. Charlaron y le contó que sus padres habían llegado temprano y encontraron a Sebastián y a Zaida dormidos, desnudos en la cama de él, con varios condones usados tirados en el cuarto. “Obviamente, mamá la echó de la casa, igual entiendo que no se hayan podido resistir si estaban solos, porque al menos yo no lo haría” –le dijo Josué riendo. “¿Y qué pasó?” –preguntó Miriam queriendo saber los detalles. “Mi viejo pensó que yo tomaría venganza de mi hermano y lo mandó a la casa de un amigo de él en otra ciudad, pero a mí me da lo mismo. Si mi novia es capaz de calentar a un pendejo como mi hermano es porque es una mujer irresistible y ya vez, cogieron y ya” –le dijo Josué.

Para buena suerte de Miriam, en todos los chismes que habían circulado nunca se mencionó su nombre, por lo que se sentía más tranquila, sin saber que dicha tranquilidad no duraría mucho. Al llegar Victoria le dio una noticia inesperada: “Tu padre le dijo a su hermana que estaba bien que su hijo pasara unos días con nosotras para cuidarnos. Así que no esteremos solas estas dos semanas” –dijo Victoria. “¡No te puedo creer! ¿Acaso papá piensa que no sabemos cuidarnos solas?” –dijo Miriam. “La verdad, no sé qué pensar, espero que las siguientes dos semanas pasen rápido y así tener privacidad” –le respondió la sensual madrastra. “Ojalá así sea y, ¿cuándo supuestamente llega?” –dijo Miriam. “El viernes por la tarde, voy a preparar el cuarto donde se va a quedar” –dijo la madrastra con resignación.


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jueves, 29 de agosto de 2024

13. Era la sirvienta y la convirtieron en puta 2

 


Josefina estuvo todo el resto del día en casa, por lo que Manuel no pudo seguir abusando de Lola, lo que para ella fue un respiro que agradeció, ya que al menos por ese día pudo realizar el trabajo por el que había sido contratada, aunque en su ser estaba devastada, pero mantenía la esperanza de que sería algo pasajero, que las cosas se arreglarían y podría seguir estudiando.

Lola se levantó al día siguiente temprano. Quería olvidar lo que había ocurrido, y pensar que todo lo que le ocurrió era una pesadilla, pero no era así. Tras desayunar, hizo lo propio para sus señores, Manuel y Josefina. Por un momento se le pasó por la cabeza contarle a Josefina lo que su marido había hecho con ella, pero luego se contuvo. Estaba segura de que la despedirían si le decía algo. Cuando hubo preparado todo, como ellos no bajaban, decidió llamar a su tía y contárselo. “Tía, soy Lola. Tengo que contarte algo” –le dijo. “¿Y qué es? Supongo que será importante para que me hayas llamado tan temprano” –contesta Pepa al otro lado de la línea. “Es qué, me da vergüenza” –dice la muchacha. “Anda, no será para tanto. Cuéntame” –le dice su tía. “Manuel ha abusado de mí” –indica Lola. “¿Qué dices? ¿Estás sola en casa?” –le preguntó Pepa. “Sí, estoy sola, ¿por qué lo dices?” –dijo Lola. “Para que nadie te oiga. Mira, me ha costado mucho conseguirte este trabajo. Yo hablé personalmente con Manuel y al principio no quería darte el trabajo y al final accedió porque me dijo que tendría que coger con él para que te lo diera” –dijo la tía. ¿Coger? ¿Qué es eso?” –preguntó Lola con curiosidad. “Hija, pareces tonta. Follar es lo que ha hecho contigo. Es el poder que tienen los hombres de tomar lo que ellos quieren y hacer con una mujer lo que les dé la gana” –le responde Pepa. “Pero yo te vi a ti haciéndolo con un hombre aquella noche y no parecía que te obligase a nada” –le dice la ingenua muchacha. “¿Estabas despierta esa noche? Vaya, pensé que te habías tomado las pastillas” –le dice con asombro Pepa. “No, no las tomé. No sabía que eran y las dejé allí” –le dice ella. “Estaba haciéndolo con Julián, el de la tienda a la que fuimos para comprarte la ropa. Una vez me acosté con él para pagar mi ropa, porque no tenía dinero y aquella noche lo hice porque quería. Me apetecía follar con él para demostrar mi poder” –le confiesa la tía. “Yo nunca pensé eso de ti. ¿Y el tío qué pensaría si se enterase?” –le dice acongojada Lola. “Tu tío solo me coge cuando tiene ganas. Me usa cuando quiere. Me levanta el camisón y me la mete sin más, sin excitarme primero y sin preocuparse si disfruto yo o no. Pero ahora tú tendrás que dejar que Manuel lo siga haciendo si quieres seguir trabajando en esa casa” –le dice Pepa. “¡No, tía! ¡No voy a dejar que abusen de mí!” –dice Lola resuelta. “Debes aceptarlo. Manuel tiene el poder y te usará cuando quieras, te guste o no. Así lo hizo conmigo y al final llegué a disfrutarlo” –dice Pepa. “Pues, entonces me iré de esta casa” –sentenció Lola. “¡Ni se te ocurra! ¡Manuel te buscará!” –le dice Pepa con preocupación. “Lo dices por algo, ¿eh? No volverá a contigo, seguro” –le dice molesta la sobrina. Ahora, por primera vez en su vida, había dicho la palabra coger. Justo en ese momento, Manuel y Josefina bajaron la escalera y Lola tuvo que colgar el teléfono.

“Buenos días Lola, veo que preparaste el desayuno” –le dijo Manuel. Las tostadas deben estar frías, volveré a calentarlas. Es que me levanté muy temprano” –dice Lola. “Tranquila, no pasa nada. Le contestó Josefina. Esperaremos en el comedor” –le dice Josefina. Lola se puso a calentar las tostadas. Manuel no le quitaba ojo de encima. Se acercó a decirle algo al oído a su mujer. Esta asintió con la cabeza. Cuando terminaron de desayunar y Lola recogió los platos. Manuel se levantó y se puso detrás de ella. Al principio Lola no se dio cuenta, pero enseguida notó como Manuel le tocaba el culo y se lo sobaba. “¿Qué pasa señor?” –le preguntó Lola. “Nada, Lola, que hoy te he visto muy guapa y vamos a hacer algo” –le responde él. No podía creer que su mujer estuviera ahí enfrente sentada, mirándolos a los dos. ¿Quería decir eso que ella consentía lo que su marido iba a hacerle? Lola no podía pensar mientras Manuel le levantaba la falda. Le bajó las bragas y le dio la vuelta. Él se bajó el pantalón y el calzoncillo, su verga erecta se blandía al aire. “Ahora agáchate y chúpamela” –le ordenó Manuel. Lola obedeció como un autómata. Se agachó y se la metió en la boca, aunque le daban arcadas como aquella vez. Empezó a chuparla con desgana, pero Manuel le obligó a ir más rápido sujetando su cabeza y moviéndola adelante y atrás. Al rato acabó en la boca de Lola y la cerró obligándola a tragar todo su semen. Lola casi vomita. El sabor del semen era asqueroso para ella y lo había llegado a saborear un poco antes de tragárselo.

Se levantó mientras Manuel, aun desnudo de cintura para abajo, la miraba sonriente. Se fijó en que su verga goteaba algo de semen. Ahora ya sabía que era el semen y lo había probado a su pesar. En ese momento Josefina se levantó de la mesa y se dirigió a ella. Lola seguía con las bragas bajadas y con su sexo expuesto. Josefina metió un dedo en su sexo y empezó a masturbar a la empleada. “Señora, no puede...” –alcanzó a decir. “No te resistas. Eres nuestra y debes obedecer” –dijo la patrona. No sabía dónde se había metido. ¿Eran un par de pervertidos o qué? Josefina seguía masturbándola. Lola estaba empezando a disfrutar. Parecía que solo una mujer sabía cómo hacer disfrutar a otra. ¿O no? Su tía también había disfrutado con aquel hombre. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Quería cerrar los ojos y abandonarse al placer que estaba sintiendo, pero por otro lado le daba miedo. Al final Josefina aceleró el ritmo y le metió dos dedos y Lola no pudo más y acabó. Era primera vez que experimentaba algo así, sentía que su cuerpo temblaba por completo, las sensaciones que para ella eran desconocidas se apoderaban de cada espacio de su ser. “¡Ah, señora, qué rico se siente!” –decía entre esos delirantes gemidos. Cayó sentada en el suelo extasiada. Los dos la miraban de pie. Lola no se levantó al principio. Josefina agarró la verga de su marido y empezó a masturbarlo. En poco tiempo, el volvió a ponerse. Josefina hizo un gesto para que Lola se levantase y esta, no sabiendo cómo, se levantó. Manuel la apoyó contra el fregadero y le levantó la pierna derecha y se la metió. Lola dio un gemido. Manuel comenzó a bombear. Solo que ahora Lola se dejaba coger. No opuso resistencia, ahora lo estaba disfrutando. La verga entraba y salía de ella con fuerza, mientras Josefina los miraba. Al poco, Josefina se acercó y le quitó la blusa y el sujetador, dejando las tetas de Lola al aire. Empezó a sobarlos, mientras su marido seguía metiéndosela. Luego el matrimonio se besó. Lola los miraba todo como si no fuera ella la que estuviera viviendo todo eso. Parecía de locos lo que le estaba pasando y que ella estuviera disfrutando. Pensaba que tal vez, habían echado algo en su café sin que ella se diera cuenta, o que, lo que más temía, es que se estuviera convirtiendo en una puta. Una criada, que ahora era la puta de Manuel y también, porque no decirlo, de su mujer. Siguieron besándose los dos. Un rato más tarde, Manuel volvió acabar. Ambos tenían sus lenguas entrelazadas en ese beso lleno de lujuria cuando Manuel eyaculó dentro de Lola. Al fin todo terminó y Manuel se salió de Lola. Josefina se arregló la ropa y sin decir nada, salieron de la cocina. Lola ya sabía qué hacer, y tras vestirse, limpió el suelo de algunas manchas de semen y sudor que había quedado en él.

Al día siguiente Manuel quiso comprobar que Lola no podía pegarle ninguna enfermedad y mandó a esta al consultorio del doctor Sánchez, un médico de toda confianza. Lola no entendía nada. Ella era virgen y nunca había estado con un hombre. Así que ¿qué enfermedad podía pegarle? Además, si pensaba que podía pegarle algo, ¿por qué no se puso protección? Solo que ella creía que el motivo realmente era otro. Que no quería que se quedase embarazada. Llegó a eso de las 11 a la consulta. Estaba en un bloque grande de oficinas. Llamó al ascensor y subió hasta el séptimo piso. En la puerta había un letrero que decía: José Luis Sánchez. MEDICO DE CABECERA. Tocó el timbre y abrieron. Era el propio doctor. “Tú debes ser Lola, ¿verdad? Toma asiento, enseguida estoy contigo” –le dijo el médico. El doctor volvió a entrar en su oficina. Lola obedeció y ojeó una revista. Se oía a alguien dentro de la consulta. Como diez minutos después, una señora mayor salió y se despidió del doctor. “Ahora podré atenderte” –le dijo de forma amable. Lola se dio cuenta de que el médico echaba el pestillo a la puerta. Entraron en la consulta y Lola pensó que la haría desnudarse y que se la cogería, pero no fue así. Es verdad que la hizo desvestirse, pero no hizo nada sucio con ella. Solo le pasó un palito por sus partes y lo guardó en tu tubo. Examinó también su vagina, pero no vio que el hombre se excitara ni nada por el estilo. Después le pidió que se vistiera y la acompañara a otro cuarto. “La enfermera ha tenido que irse antes, así que te haré yo los análisis de sangre. Tranquila, es solo un pequeño pinchazo y ya hemos terminado” –le dijo el doctor. Tras acabar, el doctor le dijo que esperará en la salita. El doctor llamó por teléfono y habló con alguien. Lola al principio no oía nada, pero más tarde se dio cuenta de que estaba hablando con Manuel. Le decía algo de sífilis y gonorrea y por supuesto, le habló de embarazo, tal y como ella había temido. Terminó la conversación diciendo que le mandaba con ella dos cajas de preservativos para que lo hiciera siempre con protección. El medico estaba al tanto de que Manuel se estaba cogiendo a todas las que habían sido sus criadas. Acabó la llamada y le entregó a Lola dos cajas envueltas en papel que metió en una bolsa de plástico. Eran los preservativos. Se despidió y salió de la consulta.

Para tomar un atajo hasta su casa, bueno donde servía, Lola se metió por el parque de Bicentenario que estaba cerca de allí. Pasó por debajo de un puente y vio a alguien a lo lejos. El corazón se le aceleró, pero se tranquilizó al ver que era Tomás, el jardinero. Se saludaron y pensó que pasaría de largo, pero Tomás se paró. “¡Qué guapa te veo hoy Lola!” –le dijo. Se habían conocido hacia poco tiempo en el pueblo y hasta el día en que llegó, Lola no sabía que trabajan en la misma casa. “Gracias Tomás, aunque no me he arreglado mucho hoy” –le dice Lola con una sonrisa. “Aun así estás muy guapa. ¿Qué llevas ahí?” –le dice Tomás con curiosidad. “Un encargo para Don Manuel” –le respondió. “Anda, déjame verlo” –Dice el jardinero. “No, ¿cómo se te ocurre? Es algo privado” –le dice ella. Le tomó la bolsa y miró dentro. Vio que eran los condones, pero no dijo nada. Siguieron andando y Tomás se quedaba detrás mirando como su culo se iba bamboleando a cada paso. Lola tropezó en una piedra y cayo de bruces en el suelo. Su falda se levantó antes de caer y Tomás pudo ver sus bragas rosas. La ayudó a levantarse. “Gracias” –le dijo ella por ayudarla a ponerse de pie. En ese momento la besó. Lola se resistió, pero Tomás estaba muy excitado, siguió besándola y tocándola. La apoyó contra un árbol. Aunque era temprano, nadie pasaba por allí, por lo que no los verían. La levantó la falda y le bajó las bragas. Acto seguido se bajó el pantalón y los calzoncillos. Rozaba su glande en la vagina de la chica que intentaba zafarse, pero era inútil, la fuerza de Tomás era mayor. Sin darse cuenta la verga del jardinero entró en su vagina. “¿Tú también? ¿Es que no van a dejarme en paz ninguno?” –le pregunta Lola. “El jefe te coge. ¿Por qué no iba yo también a probarte? Siempre te miraba en el pueblo cuando lavabas la ropa en el río, siempre me pusiste muy caliente y me pajeaba a escondidas mirándote” –le dijo jadeando. Aquella vez que te vi desnuda bañándote. Me hice una paja y salpiqué tanto semen que quería ir a buscarte para que lo lamieras del piso” –añadió.

Lola creía que estaba a punto de acabar porque dejó de hablar. Entonces, la sacó, la giró y se la volvió a meter de espaldas. “Tienes un culo divino Lola. Ahora acabaré contigo así” –le dijo Tomás. Lola se agarró al árbol y el jardinero abrió sus nalgas, acomodó su glande en el agujero de la sirvienta y empezó a hundirlo lentamente, el corazón de Lola se aceleró y empezó a gritar, le dolía, era primera vez que le cogían el culo, los alaridos eran tan fuertes que Tomás tuvo que ponerle la mano en la boca para acallarla. Ya estaba claro que la habían convertido en una puta y estaba terminando de aceptarlo. El hombre se lo ensartaba con fuerza, haciendo que la respiración de Lola se agitara, entre más bestial la embestía ella resoplaba por su nariz de manera agitada. Poco a poco esos alaridos que eran ahogados se transformaban en placer, ella no entendía como de un momento el dolor se había ido y ahora lo estaba disfrutando como loca. Tomás siguió cogiéndosela con más fuerza, lo apretado de su culo virgen era solo un vestigio de tiempos pasados, ahora estaba abierto recibiendo verga. Luego de las brutales embestidas, Tomás acabó en el culo de Lola, ella sintió como esa verga explotaba en su interior y palpitaba vaciándose. Tomás no había querido usar uno de los preservativos de su jefe, para que este no castigara a Lola por haber perdido uno de ellos y porque Manuel pensaba que era solo para ella. Tomás se salió de ella. Lola se giró, se subió las bragas y se arregló el vestido. “¿No vas a limpiarme?” –le preguntó el en tono burlón. “Arréglate tu solito” –le respondió Lola. Ella tomó la bolsa con los preservativos. Afortunadamente no se habían perdido, estaban en el suelo junto a ellos y se marchó, dejando a Tomas con la verga al aire ya perdiendo la erección.

Al día siguiente Lola se levantó con otra mentalidad. Necesitaba el trabajo y no podía dejar que la despidieran. Así que aceptó mentalmente lo que le pasaba. Si su jefe quería cogérsela, no le quedaba otro remedio. Si su mujer quería estar presente, pues qué remedio. Si a Tomás, el jardinero también quería cogérsela, no le quedaba otra que aceptarlo. Así llegó la hora del almuerzo. Manuel le dijo que ahora tendría que llevarle la comida a Joaquín, el mecánico que tenían trabajando para ellos. Tenían tanto dinero que disponían de dos coches. Para esa época era mucho. Lola llegó al garaje con la bandeja de la comida. La dejó sobre un bidón que había fuera y llamó a la puerta. Una voz se oyó desde el interior: “Pase, está abierto”. Lola entró en la penumbra del taller, pero no vio a nadie. Joaquín salió de debajo del coche. Llevaba el torso desnudo y manchado de grasa. La visión de este puso nerviosa a Lola, a la que le tembló la bandeja. A punto estuvo de caérsele. Se presentaron y Joaquín se puso una toalla por encima. Charlaron un rato y finalmente se despidieron.

Lola llegó al baño muy caliente. Se sentó en la taza, tras bajarse las bragas y se masturbó con ganas. Estaba muy húmeda. Había aprendido gracias a Josefina como tocarse. La visión de Joaquín la había dejado excitada. Cuando acabó, se relajó. Recuperó la respiración y se quedó sentada en la taza. Nadie la llamó. Pensaba que si alguien iba a obligarla a follar, solo deseaba que se lo hiciese Joaquín. Estaba en esos pensamientos cuando se abrió la puerta del baño, era Josefina que la andaba buscando. “Aquí estás y yo buscándote” –le dice. “Dígame señora, ¿en qué puedo servirle?” –le dice Lola que estaba aún con las bragas en los tobillos. “¿Para qué más podrías servirme? Quiero que te desnudes, te espero en tu cama” –le dice Josefina. Obedeció y se desnudó por completo, cuando salió del baño vio a Josefina en su cama junto a Joaquín, ella le chupaba la verga perversamente, la escena calentó a la chica solo con verla. “No te quedes ahí parada” –le dice Josefina. Lola se acercó y recibió la indicación de su patrona para que le chupe la verga al mecánico, ella obedeció de inmediato. Sin dudarlo se la metió en la boca, lo había aceptado ya, se había convertido en una puta y lo estaba disfrutando, había aprendido de mala forma a chupar verga, pero a la larga ese conocimiento le sirvió para darle placer a Joaquín. Josefina se encargó de lamer la vagina de Lola provocándole inaudibles gemidos de placer, porque su boca estaba llena con la verga de Joaquín. El cuerpo de la joven sirvienta temblaba al sentir como la lengua de esa mujer la recorría por completo. Luego la orden de Josefina fue que Lola recorriera su vagina, ella a pesar de su poca experiencia obedeció, la mujer se tumbó de espaldas y la chica empezó a cumplir la orden recibida, lo hacía pausado pero con la suficiente precisión para que la patrona empezara a gemir, con una mirada a Joaquín acercó su verga a la boca de la jadeante mujer y se la chupó con delirio.

Las sensaciones que experimentaba Lola eran nuevas, placenteras y morbosas, era la primera vez que se encargaba de darle placer a una mujer y lo disfrutaba, vivía cada momento de manera intensa. Josefina estaba al borde del orgasmo y le decía a Lola que no se detuviera, que siguiera con su lengua masajeando su clítoris. Al cabo de unos minutos la mujer estaba como poseída gimiendo y retorciéndose en la cama a punto de estallar, al fin el orgasmo llegó apoderándose de sus sentidos y haciéndola perder del control por completo, su cuerpo temblaba, su vagina expulsaba abundantes fluidos los que fueron sorbidos por la joven sirvienta, degustando el primer orgasmo femenino que le obsequió a una mujer. En medio de los delirios de Josefina, esta le ordena a Lola subirse a horcajadas sobre Joaquín, gustosa obedeció guiada por la calentura que sentía. No hizo más que acomodarse y la verga del mecánico entró sin permiso en su húmeda vagina. “¡Muévete!” –le dice Joaquín. Obediente empezó a moverse lentamente para que su concha se amoldara a esa verga que la poseía, poco a poco aumentó sus movimientos ya haciéndolo de forma armónica, incluso moviéndose de arriba a abajo. De pronto, sintió que algo le penetraba el culo, era Josefina que estaba metiéndole dos dedos y cogiéndole el ano. La sirvienta gemía y jadeaba de placer, su cuerpo estaba totalmente entregado al placer, perdido en la lujuria. Seguía manteniendo esos candentes movimientos mientras era invadida por sus agujeros, una delgada capa de sudor invadía su cuerpo y con sus ojos cerrados decía: “¡Nunca he experimentado esto!”. Ya su cuerpo no podía resistir más y las oleadas de placer golpeaban sus sentidos, empezó a gemir con todas sus fuerzas y se entregó por completo al orgasmo que había invadido su cuerpo. Cayó sobre el pecho de Joaquín intentando buscar un respiro, pero Josefina no lo permitió, le siguió cogiendo morbosamente el culo con sus dedos. Luego de unos minutos aguantando las embestidas que los dedos de la patrona le daban tuvo un momento de alivio, ya que el mecánico anunció que estaba por acabar, lo que dio tiempo a que ambas se pusieran de rodillas en el piso, mientras el hombre se masturbaba para darles a beber su tibio y espeso semen que ambas compartieron, y degustaron como niñas traviesas.

Otro día más había concluido con Lola usada como puta, ella aprendió a lidiar con eso, incluso le gustaba sentirse así, aunque había momentos en la soledad de su habitación que pensaba en lo bajo que había caído todo por la maldita necesidad de contar con un trabajo que en nada le dignificaba pero le generaba grandes sumas de dinero que mandaba a su madre para costear las deudas que había dejado el fallecimiento de su padre y así tener la esperanza de retomar sus estudios.

 

 

Pasiones Prohibidas ®

martes, 27 de agosto de 2024

12. El Gran Danés de mis patrones


Mi nombre es Aurora, tengo 46 años. Les quiero contar algo que nadie sabe pero recordarlo me pone demasiado caliente, ya que es algo que no esperé que sucediera. Estaba sin trabajo desde ya un tiempo. Soy soltera, no tengo hijos, pero eso no quiere decir que en alguna ocasión tuviera algunas aventuras por ahí, pero no podía darme el lujo de salir, mi prioridad era encontrar un trabajo para sustentarme.

Conocí a una persona que fue un salvavidas para mi precaria situación económica, se trataba de un médico que necesitaba a alguien para atender a sus padres, ya que eran mayores. La labor a realizar consistía en que tomaran sus remedios en los horarios indicados, cocinar y preocuparse de los quehaceres de la casa. Cuando me entrevisté con él, me ofreció una remuneración que no pude rechazar, ya que era el triple de lo que ganaba en mi último trabajo. Además, de una habitación con baño privado y otras regalías más en bonos. También me dijo que sus padres no ensuciaban mucho, por lo que las labores de la casa no serían extenuantes, sería más una compañía para ellos. Además, me dijo que tenían un perro que tendría unos 8 años y que se lo habían regalado unos amigos de él cuando estaba soltero y luego se casó, se fue a vivir en un departamento en el centro de la ciudad donde no permiten animales. Entusiasmada acepté la oferta, me dijo que si podía empezar cuánto antes mejor.

Cuando llego a la casa, me recibieron muy bien, no había mucho por hacer, la señora me enseñó la casa y el jardín pero de eso se encarga un jardinero y al fondo tenían un perro enorme, muy alto. Estaba atado durante el día, pero en las noche lo sueltan para que cuide, solo tenía que darle su alimento y agua. Cuando fui a saludarlo se paró y me puso sus patas delantera en mis hombros, su cuello y cabeza me pasaba unos 25 centímetros. Además, está muy gordo, pesaba unos 70 kg más o menos. Era un monstruo.

Después de unos cinco días de trabajar ahí, llamo a su hijo y le digo que su papá tiene vómitos y está descompuesto. Él viene y se lleva a los dos por unos días. Aprovecho para limpiar su cuarto, lavar sus sábanas, cortinas,  todo. Después de un día muy cansador llega la noche, me preparo mi cena, pero antes cierro todo con llave. Luego me baño, estaba desnuda sobre la cama pensando en hacer travesuras y jugar un poco conmigo misma, ya que estaba sola. Me acuerdo que no le había llevado el alimento al perro, me tapé con una toalla y salí para el fondo del jardín a oscuras. Cuando llego estaba sentado observándome, cuando me acerco para agarrar su plato se viene encima de mí queriendo jugar y hace que se me caiga el alimento. “¿Quieres jugar o tienes hambre?” –le pregunto. Me mira con ojos de ternura, acaricié su cabeza y me agachó para levantarlo. Un maldito descuido hace que se me caiga la toalla, ahí estaba, desnuda debajo del perro.

Él automáticamente me monta y quiere cogerme, yo bajo mi culito y el pasa por encima de mí, me agarra fuerte de la cintura y me gruñe para que levanté mi culito; la verdad que eso me estaba calentando mucho me excitaba pensar que pasaría si me dejo coger por este perro. Luego pensé que al ser grande y pesado debe tener una verga grande. He estado con hombres grandes y dotados pero hacía mucho que no tenía una buena cogida, así que no aguanté más y levanté mi culo empezó a atinar meterla en mi culito, creo que no había cogido nunca una perrita, ya que se notaba su poca expertica o tal vez era demasiada calentura que lo desesperaba. Le agarré la verga para guiarla hacia mi vagina, cuando la toqué era algo grueso, no sentí espanto, más bien calentura, quería sentir esa verga metiéndose completa en mi vagina húmeda. Apenas entró la puntita se fue hasta el fondo porque abrió de golpe mi vagina, me tuve que acomodar y abrir más mis nalgas para que no me doliera, me estaba volviendo loca. Me la estaba metiendo como nunca antes me la habían metido, era impresionante la manera bestial en que se movía. Bueno, convengamos que era una bestia pero también la primera vez de ambos. Sentía como su verga grande y gruesa me penetraba y crecía más en mi interior, me tocaba el fondo y eso me gustaba mucho. Estaba tan caliente al ser clavada en la oscuridad por ese exquisito animal. eso nunca lo pensé, ni en más morbosas fantasías.

Además, sabía que no podía gritar, ya que eso alertaría a los vecinos chismosos y creo que no seria un lindo espectáculo para ellos, aunque para mí era un delicioso placer. Estaba teniendo un orgasmo tan grande que no lo podía expresar, solo cerraba mis ojos y clavaba mis uñas en el pasto cuando siento que me viene otro orgasmo y en ese momento me mete su bola que se resbala de golpe dentro mío, eso me termina de llenar de placer y lujuria; me sentía toda una perra complaciendo a un macho tan caliente como yo. Me aprieta muy fuerte y siento algo caliente dentro mío, me llegó un chorro de semen canino y luego otro y otro. Se queda quieto un ratito, luego trata de sacarla, le costó un poco pero salió todo, mi vagina sonó como una botella descorchándose, fue exquisito. No pude ver su pija esa noche por la oscuridad, pero como me gustó mucho esa brutalidad con la que impuso que él era el macho y yo su perra. Sabía que íbamos a estar solos varios días, por lo que me aguanté ver el tamaño de su verga esa noche pero sí que la sentí. Le acomodé el alimento y agua, acaricié su cabeza y le dije: “Ahora eres un macho de verdad. Te has comportado como un buen chico”.

Me fui a bañar, ya que todavía salía algo de su semen de mi conchita que estaba abierta por la cogida que había recibido. Comí algo, apagué las luce y me acosté. En la cama pensaba en lo que había pasado, no lo busqué solo se dio, recordar sus embestidassuego me fui a bañar me lave mi conchita que todavía estaba un poco abierta, me salía su semen de adentro, comí algo, apagué las luces y me dormí hasta el otro día.

Cuando desperté era cerca del mediodía, me levanté desnuda tal como había dormido. Me paré en la puerta del patio para ver a mi amante perruno. Estaba dando vueltas por jardín jugando con una pelota. Se veía tan inocente, pero sabía que era un maldito degenerado. Ahora con la luz del día tendría la oportunidad de observar su verga y coger otra vez. Lo llamé y enseguida se acercó, sabía muy bien dónde ir, ya que apegó su hocico a mi vagina, deslizando su lengua de forma perversa. “¡Uy, tú sí que eres caliente!” –le dije. Lo tomé de la correa y lo llevé a la sala. Me tiré en el piso y abrí mis piernas, sin dudarlo ese hermoso animal invadió mi vagina con su lengua. “¡Ah, qué rico lo haces!” –le decía entre gemidos. Su inmensa lengua recorría por completo mi vagina y mi culo, lo hacía de una manera tan exquisita que me tenía gimiendo como loca en la sala. Fueron interminables los orgasmos que me regaló ese pervertido animal. Quería que me cogiera, pero también quería ver su verga y chupársela, ya que anoche me quedé con las ganas. Como pude me senté, él se acercó como si supiera que ahora era su turno. Metí mi mano toqué aquella funda que esconde ese exquisito aparato de placer. Lo masturbé hasta que su verga salió en su esplendor, deliciosamente grande, gruesa y emanaba tibios fluidos. Sentí hambre de meterla en mi boca y no dudé. Se la chupé lento, con calma para acostumbrarme a su tamaño y sabor, era la primera vez que se la chupaba a un animal, pero mi calentura era tan desmedida que solo disfruté cada segundo.

Estaba tan caliente que me puse en cuatro, le dije al animal: “¡Hazme tu perra otra vez! ¡Métemela bien duro, hazme gritar!”. No pasó ni un minuto y me tenía tomada de las caderas. Estaba con esos movimientos salvajes cuando la clavó en mi vagina. Se sentía tan rica esa verga invadiendo mi intimidad, que gemía y gritaba tan perversamente que no me importó si alguien me escuchaba. “¡Eso, dame duro!” –le decía entre gemidos. Sentí como su bola se metió y me arrancó un grito tan lleno de lujuria que caí exhausta. Quedamos pegados culo con culo. Me sentía tan perra que jadeaba de placer, su verga me encantaba y me tenía presa mi conchita. Uno a uno los orgasmos fueron llegando, dejándome casi tendida en el piso, sentía su verga palpitando en mi interior dejando chorros de semen. “¡Oh, sí, llena mi concha con tu semen cosita rica!” –le decía. Cuando salió la verga de mi vagina, el semen escurrió cayendo al piso y como buena perra lo lamí hasta no dejar rastro. Al verlo lamerse después de la cogida que me había dado, sentí la necesidad de chupársela una vez más, así que casi arrastrándome me puso a su lado chupándosela como loca. “¡Soy tu perrita sucia!” –le decía y engullía su verga completa. El muy hijo de puta acabó en mi boca, dándome su semen, el cual tragué completo.

Nuestros días eran así, empezábamos el día cogiendo, seguíamos por la tarde y en la noche ya estaba metido en mi cama. Me sentía plena, mi concha no tenía descanso, en mi vida había cogido tanto como el tiempo en la casa de mis patrones con ese perro pervertido. Incluso llegué a pensar en que a la mamá del doctor le hacia las mismas travesuras que a mí, porque sabía muy bien cómo hacer su trabajo de macho.

El papá del doctor no pudo salir de su gravedad y falleció a las dos semanas, el joven me dijo que la casa se iba a vender y por obvias razones iban a tener que prescindir de mis servicios, ya que su madre iría a un asilo, pero que me iba a pagar la indemnización de un año de trabajo. Él llegó con su esposa, una joven rubia, flaquita, muy blanca, de sobre 1.70 de altura. Andaba recorriendo la casa y me preguntó por el perro, le dije que está en el jardín del fondo. Luego su esposo me lleva al estudio para pagarme la indemnización. Todo estaba en regla y me dice: “Es una lástima dejarte ir Aurora, pero la vida es así”. “Pierda usted cuidado, hay cosas que son inevitables” –le digo mirándolo a los ojos. “Tienes razón. Gracias por todo lo que has hecho, pero no puedo dejar que te vayas sin darte un extra” –me dice. Se pone de pie y se pone delante del escritorio. Lo miro expectante, él me mira y sonríe. “Esto tendríamos que haberlo hecho antes” –me dice. Sé muy bien a lo que se refiere, me puse de rodillas ante él y bajé el cierre de su pantalón, meto mi mano y saco su verga, estaba dura. Sin pensarlo dos veces me la meto en la boca y se la empiezo a chupar, él apoya sus manos en el escritorio disfrutando de la mamada que le estaba dando. “¡Aurora, eres toda una puta!” –me dice. “Así es señor, lo soy” –le respondo. Seguí comiéndome su verga con lujuria. Por varios minutos. Me hace que me ponga de pie y me apoya en el escritorio, bajó mi pantalón y mis bragas, de una sola embestida la metió por culo. “¡Oh, qué rico!” –le digo. “¡Tienes el culito apretado!” –me dice. Se toma de mis caderas y empieza a moverse tan perversamente como lo hace su perro, mi culo era invadido con fuerza, yo no ponía ningún tipo de resistencia, al contrario quería se vaciara en mi culo. Seguía sus movimientos haciendo más intenso el momento. “¡Déjeme el culo abierto doctor!” –le decía gimiendo y bufando. Sentí cuando eyaculó y mi culo se llenó de su semen. “¡Ha sido exquisito Aurora!” –me dice. Nos arreglamos y salimos del estudio.

Va donde su esposa y le dice que debe salir y que lo espere, ya que algo sucedió en el hospital. Terminé de empacar mis cosas y voy a avisarle a la señora que me retiro, ella jugaba con el perro que estaba amarrado. “Suéltelo, es un buen chico, no hace desorden” –le digo. Antes de salir me percato que había olvidado unos documentos, me devolví en silencio cuando escucho gritos y risas. Voy a la puerta del patio, ella estaba en el pasto sentada y el perro insistía en meter su hocico debajo de su falda, hasta que lo logró y pudo meter su lengua en la conchita de la señora, ella se quedó quieta y abrió sus piernas, hizo a un lado su tanga y la lengua de ese peludo amante la recorrió por completo. Sentía un placer enorme, se podía ver en su rostro. Miró por la ventana pero no pudo verme cortina, entonces ella se quitó las bragas y su falda, quedó desnuda de la cintura para abajo. Yo estaba caliente mirando la escena, metí mi mano entre mi ropa interior, estaba húmeda, me empecé a masturbar suavemente viéndolos. El perro estaba quieto como esperando que se acomodara y así fue, ella buscó un almohadón para centrarse y abrir las piernas, pero el animal quería otra cosa y con sus patas delanteras la quería dar vuelta hasta que lo logró, cuando ella cae y trata de levantarse, la toma de la cintura y trata de clavarla; ella piensa que es esa verguita colorada y finita que muestra al principio. Seguí en mi escondite viéndolos, esta vez me masturbaba frenéticamente y ponía una mano en mi boca para no ser descubierta, aun sentía el culo abierto por la follada que me había dado su esposo de despedida, y la escena que tenia ante mis ojos me calentaba mucho más. Entonces ella levanta su culo, se acomoda y se queda quietita, hasta que el animal logra acertar su conchita y de un empujón le mete casi todo; ella suelta un grito, trata de escaparse pero es imposible. Él la tiene ensartada con su enorme verga que cada vez crece y crece dentro suyo, sus embestidas hacen que sienta dolor pero también mucho placer porque su vagina se va acomodando a su grosor y eso hace que ella abra más sus nalgas y sus piernas gozando de una caliente, mojada y  enorme  verga canina.

Cierra sus ojos, se entrega un poco y saca dentro suyo esa hembra en celo que toda mujer tenemos y se dedica a gozar del morbo que le provoca esa situación y la excitación que en ese momento tiene. Yo estaba casi a punto de acabar, así que seguí con mi tarea de darme placer siendo una zorra voyerista. Él sigue moviéndose hasta que de repente le mete su bola, ella grita pero está vez creo que fue de placer, en ese momento el animal la aprieta muy fuerte y derrama dentro suyo un manantial de semen, ella con su cabeza mirando el piso y su cadera levantada y abiertas con sus ojos llenos de lágrimas y su cuerpo de sudor y pelos de su macho se da por vencida y se deja hacer todo lo que él quiera. Se quedan pegados unos minutos luego él animal logra sacar su verga dentro de ella y siente que cae un chorro de semen y otras cosas por sus piernas. Trata de levantarse, pero es en vano, su cuerpo no responde, el perro al verla así sigue lamiéndole la concha. En ese momento yo me retiro de la casa sin hacer ruido.

 

 

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