viernes, 9 de agosto de 2024

3. Despedida de soltera


Me llamo Catalina Paz, tengo 23 años y me caso con Juan en quince días. Llevamos viviendo juntos tres años y hemos decidido dar gusto a nuestras familias y hacer una boda en toda regla, con juez, padrinos, invitados y casa en el campo para reunirlos a todos. Al principio de nuestra relación todo fue muy convencional, incluso el sexo, pero en los últimos meses hemos decidido añadir un punto de morbo y pasión. Yo siempre he sido más atrevida que él y ya desde hace muchos años hacia topless en la playa, incluso cuando alguna vez íbamos “en familia”, tanto que hasta a mi padre llegó a no extrañarle. Luego, cuando iba con los amigos nunca tuve pudor en quitarme también el tanga y disfrutar en libertad. Por ahí empecé a jugar con Juan. De mi mano también él empezó a desnudarse para jugar en el mar. Luego hemos ido progresando poco a poco solos o con amigos y hemos pasado todas las etapas: Locales de parejas, fiestas en casa con amigos liberales y hasta intercambios “totales” que incluyen muchas variantes de sexo, siendo interesante y un tanto morboso, pero como soy buena, no los dejaré con la incógnita. Imaginen un intercambio con dos parejas “nuevas”, cada una en un lugar diferente y teniendo sexo sin control. El quedar embarazada no es muy riesgoso, ya que tengo un DIU, pero por el tema de las ETS siempre preferimos usar condón, en ese aspecto somos cuidadosos.

Como preámbulo a toda boda sería, la de la novia siempre prepara una despedida de soltera. Como pueden imaginar ésta también ha tenido ese punto en común de organizarla en una ciudad bien comunicada pero algo distante de la nuestra, exigir una vestimenta similar para todas las participantes y añadir algún “distintivo” para la futura esposa. La verdad es que buena parte de mis amigas son muy abiertas, habladoras y divertidas. Tampoco en las fantasías sexuales son diferentes, por eso todas debíamos vestir una falda corta, una camiseta ajustada y “decorarnos” con buena capa de pintura y algo especial para mí: Un pin de unos 5cm de diámetro con la cara de Juan cruzada por una inscripción: “SE CASA”.

No les voy a contar la cantidad de tonterías que dijimos o hicimos recorriendo Viña Del Mar (la ciudad elegida para la despedida). Afortunadamente no hizo el calor tórrido que esperábamos a finales de diciembre y pudimos disfrutar de terracitas y de la noche, pero no todo acabó ahí. Después de cenar, sugerí irnos a alguna discoteca, pero mi prima Miriam nos dijo: “Chicas, ha llegado el momento. Ahora empieza la diversión y el morbo. Catalina, te hemos preparado tu última gran fiesta de soltera. Déjate llevar y todas lo pasaremos bien, pero tú serás la que más disfrutara”. Pensé que tendría que meterme en una de esas limusinas largas que tanto odio, pero mis amigas y mi prima me conocen, habían preparado una fiesta privada a la que fuimos en varios taxis. El sitio es un lugar discreto, en una calle cerca de la playa, sin luces y con tan solo un rótulo. No daré más pistas. Hay que llamar y tras identificar a quien ha hecho la reserva, nos pasaron a un salón no muy grande, pero suficiente para las once chicas que íbamos. Varias mesas redondas bajas y unos sofás en los que se estaba muy cómoda. Nos sirvieron unas copas y continuamos las charlas de chicas comentando nuestros trabajos, nuestras relaciones, nuestras familias. Después de casi una hora de risas, confidencias y algunas copas, Miriam ejerció de maestra de ceremonias y con una sonrisa pícara me dijo: “Catalina, hoy tú eres la protagonista. Eres la que más va a disfrutar. Te conozco muy bien y te va a encantar esta fiesta que te hemos preparado. Todas debemos olvidar nuestras reservas, nuestros pudores y saber que esta es una noche de libertad y sobretodo morbo. Todas, menos Catalina saben cómo va a ser lo que ahora empieza. Así que, podemos empezar”.

Se sentó en uno de los sofás. Se apagaron las luces y empezó a sonar una música al principio sugerente pero luego un tanto estridente. En un minuto lo que parecía una pared cubierta con una cortina se iluminó con un potente foco y poco a poco la tela dejó paso a un chico rubio, de pelo rapado, músculos potentes de gimnasio y un cuerpo envidiable. La verdad es que a todas nos dejó impactadas, no por el baile, la verdad, no nos importaba sino por el cuerpo deseable que tenía. Cómo pueden suponer, todas gritamos y aplaudimos los movimientos sensuales y sugerentes. Poco a poco los movimientos se hacían más insinuantes y más excitantes. Se acercaba a los sofás donde estábamos sentadas. Al poco se despojó de su camisa blanca y pronto de los pantalones quedando solo con un slip blanco. Bajo él su verga se adivinaba grande y potente. Tenerlo tan cerca nos excitaba y a algunas les hacía expresar con sonidos sus deseos.

Entre las once solo dos están casadas. El resto, unas con relación estable, otras sin pareja y yo con una boda inminente. Curiosamente eran las casadas, Miriam y Rosa las más lanzadas. Miriam se acercó al chico y comenzó a tocar su entrepierna, a lo que él respondió sacándose del slip su verga grande. Creo que todas de solo verla nos mojamos como putitas. Me calenté al ver a Miriam tomarla en sus manos, sobarla y hacer que se pusiera dura, meterla en su boca y chuparla lentamente. Nunca pensé que mi prima fuera así. Se la veía cómoda, feliz y divertida. El chico pasaba de una a otra, todas tocándole y la mayoría metiéndose su verga en la boca y disfrutando de ella. Al parecer la que hiciera acabar al chico en su boca tendría un “premio” especial. A mí la situación me tenía más que caliente. Ver a todas mis amigas, unas más afanosas que otras, chupando y masajeando la verga del chico, era algo que no esperaba ver. He de confesar que después de alguna de mis amigas, yo también participé en ese morboso juego con el stripper, tomé su verga y la chupé de la forma más sensual que pude, haciéndome sentir en las puertas de la gloria. Así pasamos casi media hora chupando su deliciosa verga. El stripper duraba totalmente excitado pero sin llegar a acabar. Por fin fue Rosa la que consiguió que se derramara en su boca y quiso tragar el abundante semen que le ofreció. Yo estaba muy muy caliente y casi sin pensármelo, me acerqué a Rosa y le di un largo beso en la boca, pudiendo compartir con ella los restos de semen que no había podido tragar. El chico se cubrió y todas las amigas nos aplaudieron a los tres.

La verdad es que todas estábamos muy excitadas, pero nos dimos una tregua tomando unas copas que nos tenían preparadas antes de seguir. El número principal estaba a punto de llegar. Con la misma puesta en escena que la vez anterior, la sala se oscureció y unas luces iluminaron de nuevo el a modo de telón tras él aparece un stripper. Esta vez la sorpresa, era mayor que el anterior, de unos 30 años, fibroso, musculoso y cubierto con aceite, la ropa interior que traía dejaba ver un enorme bulto, su verga nos pareció enorme. De nuevo al son de la música bailó entre nosotras mientras todas participábamos acercándonos a él y acariciando todo su cuerpo. Sus movimientos eran particularmente sensuales y en comparación con el anterior, estaba mucho más próximo, más involucrado. Eso hizo que nosotras también lo estuviéramos y el espectáculo se hizo muy candente. En un momento determinado el chico propuso algo muy especial, que no solo usáramos nuestras bocas para excitar su sexo, sino que nos pidió un paso más. Las que quisiéramos, podíamos desnudarnos por completo y dejarnos llevar. Él metería su verga en cada una y resistiría nuestras caricias hasta el final.

La verdad es que estábamos tan calientes que sólo dos de las amigas declinaron la invitación. Entre las que aceptaron, las casadas fueron las primeras. Las participantes tenían que colocarse en una especie de estrado donde podían descansar tumbadas de espaldas y abrir las piernas para dejarse coger. Era una situación con un gran morbo que de alguna manera nos unía a todas. Colocadas las tres primeras, el chico se colocó un preservativo e inició su número acariciando primero el sexo de cada una, aunque ya estábamos excitadas y ninguna necesitaba especial lubricación. Se la metió una a una a las tres primeras afortunadas y fue evidente que Sonia e Irene acabaron perversamente entre deliciosos gemidos. La verdad es que el stripper tenía una gran resistencia, pues mantenía su gran erección sin que disminuyera ni acabara con ninguna. Luego fue el turno de Marta que en unas deliciosas embestidas se estaba agarrando las tetas y gimiendo como locas, estuvo diez minutos más o menos siendo cogida hasta que acabó como las otras dos. De pronto mi prima quiso dar un paso más. Yo de Miriam siempre me esperaba algo. “Chicas, creo que podemos ser aún más atrevidas. Las próximas que estén con el muchacho lo harán así” –dijo simulando acariciar la verga del bailarín de un golpe quitó su preservativo. Todas exclamaron un “Oh!” mezcla de sorpresa y excitación. Yo rápidamente pensé que ella era una de las que lo harían, sintiendo esa verga sin nada de protección, en todo su esplendor y sin ninguna duda me reservaba a mí un placer similar. Irene se negó a hacerlo porque no tiene pareja y no está tomando nada. No obstante, Miriam mirándola provocativa le dijo: “¿No te atreves?”. “No Miriam y sí que me gustaría, pero con lo que ya me dio me siento más que satisfecha” –le respondió. Ahí quedó todo, con las risas de las demás.

Por supuesto Rosa y Miriam fueron las primeras en coger con el stripper. Las dos disfrutaban de una manera única. Ya les he contado que a mi prima que gusta mucho coger y siempre ha tenido la reputación de irse a la cama con quien ella desea. Es unos años mayor que yo, está casada con Javier y tienen una niña preciosa de tres años. Muchas veces hemos hablado de sexo y nos hemos contado nuestras fantasías, la verdad es que la relación que tenemos Juan y yo en parte se debe a que ella me ha ido abriendo los ojos. Verla ahora disfrutar con ese hombre que se la folla como un loco me excitó de una manera especial. Tanto que me acerqué a ella y pegué mis labios a su boca hasta que acabó con ganas. Cuando el stripper notó que Miriam había tenido un orgasmo, dejó de penetrarla y se la metió a Rosa, su verga estaba muy dura y totalmente brillante por los fluidos de Miriam. Rosa dio un pequeño alarido cuando se la metió, pero en un momento comenzó a disfrutar colocando sus piernas en los costados del hombre y empujando con ellas para que entrara más profundo. Las embestidas eran brutales, era como si aquel stripper no se cansara de coger, las tetas de Rosas bailan con lujuria al sentir como la verga de ese hombre le llegaba a lo profundo de su concha. En unos minutos también Rosa también acabó y besó al stripper con lujuria en agradecimiento por tan delicioso orgasmo. Miriam y yo seguimos un rato besándonos y yo la acariciaba mientras se recuperaba del brutal orgasmo. Así dio tiempo a que el chico se cogiera a todas las que habían aceptado su juego, haciendo que la mayoría quedaran rendidas de placer.

Aún faltaba yo por ser cogida, quería que me diera duro y que me dejara tan exhausta como a las afortunadas de mis amigas. Una vez recuperada, Miriam paró la música y dijo a todas: “Préstenme atención un momento. Hemos venido aquí a celebrar la última noche de “libertad” de Catalina y obvio que queremos que ella sea la protagonista. Bien, ha llegado el momento. Catalina, aquí tienes al stripper, es todo tuyo. Vas a disfrutar tanto como a nosotras y te cogerá sin condón como lo hizo ya con nosotras, pero la diferencia será que él si acabará pero dentro tuyo. Será la última vez que alguien acabe  en ti antes de que estés casada con Juan”. La verdad es que a mí me dio un vuelco el corazón. Era algo que habían preparado especialmente Miriam y Rosa, me pareció muy morboso por su parte. Juan y yo hemos participado en juegos en locales o a veces con algunas parejas, como ya se les había mencionado, pero siempre habíamos tenido nuestros reparos en coger con desconocidos sin protección, aunque para mí sería algo perverso, pero estaba dispuesta a hacerlo, quería que me la metiera, que acabara donde él quisiera. La diferencia es que siempre que lo habíamos hecho estábamos los dos juntos. Esta noche iba a hacerlo sin Juan y eso me producía a la vez un poco de miedo, y un gran morbo.

Me desnudé y de la mano de Miriam me coloqué en el estrado, abrí mis piernas. El chico fue muy morboso, comenzó a tocarme la vagina muy suavemente primero con sus dedos y después bajó su lengua para lamerme como a mí me gusta. Estaba totalmente caliente y me pareció que su verga se ponía más dura. Su penetración fue perfecta, entrando lentamente. Yo tocaba mis pezones mientras me la metía, mis gemidos se hacían más audibles, estaba con los ojos cerrados disfrutando de como él aumentaba sus movimientos. De repente, Miriam se acercó y comenzó a besarme. Las embestidas embravecidas y los besos de Miriam me llevaron a un estado de convulsión que me hizo tener varios orgasmos. Él seguía penetrándome una y mil veces, los orgasmos se repetían y la lengua no cesaba de hurgar en mi boca. Por fin pude sentir como su verga empezó a palpitar y a expulsar se tibio semen que inundó mi interior, me sentía en las puertas del infierno disfrutando como su esperma llenaba cada espacio de mi vagina complacida por tantos orgasmos. Fue brutal, me sentía como una niña traviesa. Cuando acabó, quedó tumbado sobre mí respirando profundamente. Yo estaba sorprendida. Nunca antes un desconocido me había cogido tan intensamente y con tanta fuerza. Tanto que le premié con un apasionado beso en la boca que me llevó aún más al cielo.

Al momento el chico se cubrió con una toalla y salió de la sala. Yo necesité aún unos minutos para reponerme mientras todas reían o hacían comentarios de las escenas y de nuestra noche. No contenta con eso, Miriam se acercó a mi vagina para lamerla, fue como si una corriente de placer me inundara y me estremecí por completo, la forma perversa en que lo hacía me hacía gemir como endemoniada, estaba disfrutando de la candente lengua de mi prima que me tenía al borde de la desesperación, no podía hacer nada más que gemir y apretar mis pezones. Ella metía su lengua y me cogía con ella, era una salvaje dominada completamente por sus instintos. Me tuvo así por varios minutos hasta que al fin el más intenso de todos los orgasmos llegó, mi cuerpo se convulsionaba de placer, gemía descontrolada disfrutando de la perversión de mi prima a vista y paciencia de nuestras amigas. Fue una noche mágica, llena de emociones y placer. Nos vestimos y nos tomamos una copa más y finalmente regresamos a nuestras casas.

Cuando llegué Juan no estaba en casa, ya que él también estaba en su despedida de soltero con sus amigos, espero que se la haya pasado igual que yo o mejor, total que podía reclamar despues de como me comporté. Mi morbo creció al estar sola en casa y llamé a Miriam, su marido no estaba, ya que andaba en las andadas con Juan y su grupo de amigos, su pequeña hija estaba con su suegra, así que estábamos en la misma condición. Mientras estábamos hablando pusimos las cámaras para vernos y desnudarnos. Disfrutamos un momento de placer masturbándonos a la distancia y deseando repetir una noche lo que habíamos vivido pero solo las dos o tal vez incluir a Rosa también ya que era igual de putita que nosotras. Cuando terminamos de jugar, me di una ducha, quizá fue el alcohol o los intensos orgasmos pero me costó mucho quedarme dormida, no podía dejar de pensar en lo que había vivido y como Miriam se transformó en la mejor maestra de ceremonias.

 

 

 

Pasiones Prohibidas ®

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