viernes, 10 de octubre de 2025

132. Mi madre y mi tía me disciplinan 3


 

Mi vida había cambiado por completo. Había pasado de ser un completo holgazán, un sin vergüenza, mal educado e irrespetuoso con mis familiares, a ser un verdadero angelito que cumplía todas las órdenes de mi madre y de mi tía. No fue porque yo lo deseara, sino porque deseaba tener mi culo lo menos magullado posible. Mi tía y mi madre no dudaban un instante en enfundarse sus guantes de goma y agarrar su correa de cuero. Una vez agarraban la correa ya no había vuelta atrás y las consecuencias en mi culo eran nefastas.

Empezaba a tener una educación exquisita, trataba a mi madre y a mi tía de una forma muy educada y obediente. Una de mis tareas era ayudarlas en la casa, me pasaba el día ayudándolas sin descanso. “Trae esto, haz esto, haz lo otro, ven aquí” y todo sin rechistar. Una vez realizadas las tareas llegaba el momento familiar. Nos sentábamos a la mesa y ambas mujeres reían y contaban su vida cotidiana. Yo debía poner cara alegre y ser cordial en la comida o cena. No solo ser amable y simpático con ellas, sino también comerte todo cuanto preparaban ya que sino ya estaría mi tía enfundándose los guantes y hacerme comer todo proveniente de ellos y les puedo asegurar que era detestable, sus guantes olían y sabían fatal .El aspecto de sus guantes era mugriento, utilizaba sus guantes hasta que quedaban destrozados. Era mucho peor sus guantes en mi boca que cualquier comida. Aprendí a obedecer y comerme todo por mí mismo, como haría cualquier persona normal.

Masturbarme, se había convertido en un problema. Deseaba a menudo masturbarme y poder tocar mi verga fuera de la jaula con llave, pero eso no era posible. Si solicitaba permiso sabía que lo haría mi madre y el momento sería muy humillante. Mi madre agarrando mi verga entre sus guantes de goma era humillante, sentía una vergüenza terrible y sobre todo llegaba a ser doloroso, sus guantes rugosos en la palma de la mano producían un fuerte escozor. Prefería no solicitar permiso para masturbarme, pero a veces era inviable y tras pedir permiso mi madre me acompañaba al baño donde era humillado. Me dejaba sin una gota de semen, exprimía mi verga dos veces seguidas, se me pasaban las ganas durante unos días al estar vacío y la verga dolorida.

Todos los viernes mi madre y mi tía salían a algún lugar. Ya fuese el cine, teatro o tomar un café o a veces varias copas y llegaban bastante risueñas. Encontraron la forma de no meterme en problemas, atado con las bragas de mi tía en la boca cerradas con cinta y frente a la televisión. No podía ir a ningún lado y permanecía en silencio esperando su llegada. Mi paciencia explotó. Decidí que era el momento de salir un poco y ser el yo de antes. Disfrutar de la vida y todos mis vicios. Tenía planeado el día que lo haría. Era el cumpleaños de mi amigo Luis, no volví a saber más de él desde aquel encuentro en mi casa en que salió huyendo, pero sabía que día era su cumpleaños y donde lo celebraría. Aunque no tuviese teléfono móvil, ya que me lo habían quitado, sabía perfectamente los planes de su cumpleaños, en una escapada al supermercado me enteré. Ese día me escaparía sin ser visto y regresaría sin ser visto igualmente, al menos eso pensaba yo.

Estábamos viendo una película muy aburrida en la televisión. Mi tía, mi madre y yo en medio como de costumbre. Ellas reían y yo me aburría soberanamente. Solicité permiso para irme a dormir, indiqué que estaba muy cansado. Debí de ser más cuidadoso, porque ahí fue donde sospecharon, nunca me iba a dormir tan temprano. Subí a mi habitación, arranqué la sabana de la cama y la hice un nudo sobre la ventana. No había mucha altura, solo necesitaba deslizarme un poco y dejarme caer desde la planta de arriba. Necesitaba la sabana sobre todo para la subida. ¿Por qué hice todo esto? La puerta de casa estaba cerrada con llave siempre y fuera de mi alcance, no había otra salida. Fue bastante fácil saltar desde mi habitación al jardín y de ahí salir al exterior. Era libre desde hace semanas por primera vez. Aquella noche fue fabulosa, disfruté como al que le dan la libertad condicional tras pasar tiempo en prisión. Llegué bastante tarde pero antes de que se levantaran ambas mujeres en casa. Subí por la sabana y me adentré en mi habitación. El plan había sido digno de un James Bond de película. El problema fue que al entrar a mi habitación y encender la luz comprobé como mi madre y mi tía estaban durmiendo en mi cama. Sospecharon esa noche y me descubrieron. Decidieron irse a dormir a mi cama y esperar a que subiese por la sabana. “¡Vaya, vaya, vaya! ¡Aquí tenemos al estúpido de tu hijo llegando de madrugada, borracho apestando a alcohol y entrando por la ventana!” –dijo mi tía. “¡Oh sí, se creía más listo que nosotras! ¿Qué crees que deberíamos hacer con él?” –preguntó mi madre con tono de sarcasmo. “Deberíamos bajar al sótano y enseñarle a obedecer. La última vez no lo entendió muy bien, quizás tengamos que ser más duras para enseñarle” –replicó mi tía. “¡Sí, estupenda idea! Si se hubiese metido en algún problema estaríamos en la comisaria yéndolo a buscar y nos hubiera arruinado la vida” –dijo mi madre. Una verdad absoluta, me arriesgué al salir y por suerte no ocurrió nada esa noche, no me había metido en ningún problema mi amigo y yo, solo nos emborrachamos, pero éramos una caja explosiva y hubiese sido muy fácil que pasara una desgracia o problema.

Ahora, el problema lo tenía en casa, no había escapatoria, ellas iban a castigarme por mi imprudencia. “Tengo una sugerencia querida” –indicó mi tía a mi madre. Creo que tanto mi madre como yo quedamos intrigados por la sugerencia. “¿Cuál sugerencia hermana?” –preguntó mi madre con curiosidad. “Va a ser un día terrible para el inútil de tu hijo. Vamos a atarle, amordazarle sobre el cabestrillo y le azotaremos a lo largo de todo el día. Deseará que terminé el día, pero va a ser muy largo para él” –le dijo. Mi madre sonrió y se levantó de la cama. Ambas mujeres me agarraron de las muñecas y me condujeron hasta el garaje de casa. Una vez allí me desnudaron y me ataron al caballete metálico. Colocaron los brazaletes y comenzaron a enfundarse sus guantes de goma. “¡La última vez no lo entendiste! ¡Esta vez seremos mucho más estrictas y te dejaremos el culo morado! ¡Así aprenderás a no volver a desobedecernos!” –dijo mamá recriminando mi falta. Mi tía se acercó a mí y comenzó a bajarse sus bragas por sus piernas. “¡Va a ser un día y una noche muy largo para ti!” –dijo mi tía amordazándome con las bragas y poniéndole cinta para que no pudiera sacarlas.

Mi madre, se dirigió hacia aun lado del garaje y agarró dos finas cañas de madera de abedul. Regresó sonriendo y agarrando su caña, le dio otra a mi tía. Las cañas de abedul son terriblemente dolorosas, rasgan tu piel a cada azote. “Llora cuanto quieras, ya te quedaras sin lágrimas” –dice mamá blandiendo su varilla, el sonido de esta cortando el aire me asustó. Mi tía y mi madre se colocaron cada lado de donde me encontraba atado y amordazado al caballete. Luego empezó el desfile de varillazos en mis nalgas, intentaba gritar pero no podía, la asquerosa braga de mi tía lo impedía. Me retorcía de dolor, era insoportable, sentía como mi piel se cortaba en cada azote y los pequeños hilos de sangre empezaron a recorrer mi cuerpo. “¿Hasta cuándo durará el castigo?” –me preguntaba. Solo ellas tenían esas respuestas pero no podían leer mi mente. Intentaba recomponerme pero era una lluvia de azotes la que recibía, lo que hacía casi imposible que me pudiera sostener con firmeza, de no ser que estaba amarrado, hubiese caído al piso irremediablemente. Parecían que disfrutaban mi sufrimiento, ambas reían como poseídas por algún demonio torturador que se escapó del infierno. Fueron tantos los azotes que me oriné del dolor, era una humillación tremenda la que estaba teniendo en ese momento.

No estando conformes con lo que estaba viviendo, solo me dieron unos minutos de descanso para luego seguir con la tortura. Veo que mi tía revisa en unos cajones y saca una vela. Mamá sonríe de forma tenebrosa, mis nalgas y muslos estaban cubiertos por delgados hilos de sangre que bajaban. Mi tía enciende la vela y espera a que la cera se empiece a derretir para verterla en mi cuerpo. El dolor era intenso, ya que no había casi distancia de caía, me quemaba, intentaba pedir que se detuviera pero no había forma de que pudiera escuchar mi petición, tampoco había por parte de mi madre algún ápice de piedad, sino que reía como enloquecida. Luego de varios minutos de tortura, se detuvo. “No es suficiente” –dijo mamá. Tomó la vela y sin un esbozo de piedad me la metió por el culo, lo que me hizo estremecer. “Ahora, vas a aprender a obedecer puto” –me dice. Movía la vela con rapidez, sin importarle nada, me penetraba casi metiendo la vela por completo, me dolía el culo pero no podía hacer nada, mis manos estaban atadas, mi boca con esa braga toxica y solo me resigné a dejar que hicieran lo que quisieran conmigo.

De pronto el dolor de la penetración se cambió por placer, aunque no era raro, ya que en varias oportunidades terminé sintiendo placer por ese tipo de castigos. “Mira, parece que lo está disfrutando” –dice mi tía. “Se nota, porque ya no protesta” –le responde mi madre. Si supiera en verdad que mi verga estaba dura sintiendo como la vela entraba y salía de culo. Me había puesto caliente y ellas lo sabían. Por lo que mamá siguió metiéndomela más fuerte, estaba desesperado, mi verga necesitaba alivio, ser liberada de esa jaula de castidad y acabar. Por suerte mi tía se apiadó de mí y abrió la jaula, al fin mi verga estaba libre, podía sentir como palpitaba, al igual que mi culo al ser violentamente penetrado. Miraba a mi tía que se pasaba la lengua por los labios, en ese momento ella se puso de rodillas entre el caballete y mi cuerpo, teniendo mi verga a su disposición para agarrarla a su antojo. Así lo hizo, la tomó con su mano derecha y me empezó a masturbar. “¡Ay hermana! ¡Sería un desperdicio que ese semen se pierda en el piso. Sin dudarlo se la metió en la  boca y empezó a chupármela, la sensación de sentir sus labios y su mano masturbándome despacio era exquisita. Mamá seguía con la vela en mi culo, hasta que la sacó y la puso en mi boca para chuparla. Lo hice guiado en parte por la calentura y por el placer que estaba sintiendo. Era algo tan morboso y tan placentero que mi verga estaba a punto de explotar. Ahora se podían escuchar mis gemidos y no solo mi respiración agitada, sobre todo cuando mi tía me mordía el glande como si quiera cortarlo con sus dientes.

Mamá también se puso al lado de mi tía para compartir el espacio y mi verga, mientras mi tía jugaba con mi glande, mamá pasaba la lengua por la base y por mis testículos, ahora la tortura de dolor se transformaba en una tortura de placer. Después, era mi madre quien se devoraba mi verga por completo, ya no me podía aguantar, estaba pronto a acabar, pero me contenía, quería sentir esa lujuria incestuosa con la boca de mami. Al fin, mi verga sintió alivio y se descargó por completo en la cara de mamá, que la recibió con perversión. Se paró frente a mí con su cara llena de semen y me dijo: “Se siente rica y caliente”. Mi tía le lamió el  rostro y lo llevaba a la boca de mamá para compartirlo con calientes besos. “Más tarde seguiremos con tu castigo” –dijo mamá. Las dos salieron del garaje dejando la puerta cerrada y la luz apagada. Entre las sombras, solo satisfecho me quedé amarrado, a merced de esas dos mujeres.

Aquel día y la noche siguiente aprendí a ofenderlas por completo, mi culo quedó completamente magullado, nunca más volvería a desobedecerlas. 

 

Pasiones Prohibidas ®

3 comentarios:

  1. Si Comentario
    Clara Alejandra Padilla 15 de octubre de 2025
    Este joven es muy lindo y bien cuidado por su madre, sin embargo ya había tenido sexo y esa relación con la tía debe ser así y quedar en eso, no veo la necesidad de buscarla además de correr riesgo con una aventura la gracia y estuvo bien y lograron ambos dar riendas sueltas a su perversión y lujuria así está bien
    Mi señor escribe tan maravilloso y me lleva con su relato a vivir y sentir cada párrafo.
    Gracias

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  2. Si quiero se parte de este relato y q me den dos hombres bien duro

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  3. Eso estuvo exquisito está travesía exquisito Relato Caballero

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