sábado, 29 de noviembre de 2025

149. Mi novio con la vecina


Hay una fantasía erótica que con todas las parejas que he tenido siempre ha estado latente: Que mi novio tuviera sexo anal a mi vecina. La verdad es que era una idea que me excitaba y a la vez que me perturbaba. Lo prohibido me ponía a mil, pero a la vez me preguntaba si me haría daño hacer realidad esta fantasía.

Ella no me conocía, pero yo “de vista” la conocía muy bien. Era la típica mujer que bordeaba los cuarenta, buen cuerpo, se paseaba desnuda por la casa y salía al balcón a tender la ropa con las tetas al aire. Cada vez que tendía la ropa, observaba con detenimiento el vaivén de su perfecto culo al entrar de nuevo a su departamento. Tenía un culo de esos redondos y respingones, un par de nalgas que no se veían para nada flácidas e invitaban a nalguearla con lujuria. Sus piernas, perfectamente torneadas, y esas tetas bien definidas que permanecían erguidas, negándose a que la ley de gravedad hiciera efecto, eran de esas tetas que brillan por su firmeza sin la ayuda de un sujetador. Era una mujer increíble y me moría de envidia, y de excitación al mismo tiempo al ver ese cuerpo perfecto y esa carita de ángel con pelo castaño, largo y lacio.

Siempre que venía mi novio a casa cerraba el balcón de mi habitación, tapaba la cortina y me aseguraba que no la podía ver. En el fondo, no podía soportar sentir tantos celos, aunque reconozco que cuando se iba, inmediatamente lo primero que hacía era masturbarme una vez tras otra, imaginándome a mi novio dándole verga en su culo. Incluso multitud de veces lograba imaginarme que yo era él y que la penetraba con una tremenda verga. Esta historia se repetía una vez tras otra y llegó un momento en que noté que esos celos y esa envidia se habían convertido en pura excitación. Me gustaba la idea, porque eso indicaba que cada vez estaba más cerca de hacer realidad esa fantasía: mi novio cogiéndose el culo de mi vecina.

Así pues, llegó el día en que decidí no cerrar el balcón de mi habitación, ni tapar con la cortina la casa de delante. Una tarde se produjo lo que venía imaginando de hacía una semana atrás. Mi vecina salió al balcón a tender la ropa, completamente desnuda. ¡Madre mía, cada día estaba más tremendamente buena la putita! Mi novio estaba sentado en la cama con el móvil y yo, haciéndome la desentendida, como quien va a la cocina a buscar algo, le dije: “Cariño, por qué no cierras el balcón, hace un poco de frío. Me retiré de la escena, pero en la cocina podía ver el espejo de mi habitación y a través de él veía los movimientos de mi novio sin que él me viera a mi. Era el lugar perfecto para observarlo.

De repente, se paró delante del balcón y se quedó inmóvil mirando mientras se ponía el móvil en el bolsillo. Estuvo parado unos minutos y empecé a ver cómo se tocaba la entrepierna. Parecía que se reubicaba la verga para esconderla por temor a que apareciera yo en cualquier momento y notara que el pantalón le empezaba a apretar. Ese espejo estaba siendo testigo de la excitación de él, a la misma vez que era el culpable de la mia. El bulto era cada vez más grande y a medida que crecía, yo me ponía más caliente. Mi novio estaba mirando a la vecina, le gustaba, le excitaba y era el momento de pasar al plan B. Así que me decidí: “Cariño ahora vengo, voy a bajo a buscar las cartas del buzón”. Apenas contestó ensimismado como estaba. Me dirigí a la puerta, bajé las escaleras hasta la puerta principal del edificio, me dirigí al departamento de mi vecina que quedaba en la otra torre frente al mío. Le toqué el timbre y me abrió con apenas una toalla sujetando sus tetas firmes. “Hola, ¿dime?” –me preguntó. “Mira, te seré sincera. Hace bastante tiempo que te observo desde mi habitación y me preguntaba si…” –alcancé a decir. A lo que sorprendentemente respondió: “¡Si quiero follarme a tu novio!”. Yo no podía dar crédito, y mientras estaba pensando en qué responderle, ella prosiguió: “Yo también llevo tiempo mirándote querida y en tu balcón ahora mismo hay un joven con una enorme verga masturbándose”. Me quedé alucinada y le dije si podía pasar a verlo desde su balcón. Poco a poco fui entrando en su habitación y tímida miré a través del balcón para ver a lo lejos. Temía que el impacto pudiera herirme, pero a medida que me fui acercando empezó a definirse una figura. Ahí estaba Gabriel, masturbándose efusivamente como si lo fueran a pillar en cualquier momento. Lejos de hacerme algún mal esa situación, empecé a notar como subía un calor dentro de mi y empezaba a mojar mis bragas cada vez más viendo a ese hombre lujurioso.

Aprovechándose de mi sensibilidad del momento, unas manos ávidas me agarraron la cintura y empezaron a subir por debajo de mi blusa hasta llegar a mis tetas sobresalientes. Empecé a notar que a la vez que me agarraba los pezones, una lengua recorría mi cuello. Me estaba poniendo las pulsaciones a mil con esas caricias y viendo a mi novio tocándose sin parar, con la mirada perdida hacia el balcón, como quién busca algo pero no lo encuentra. Pensé: “Es el momento”. Inmediatamente tomé el móvil y le escribí por WhatsApp a Gabriel: “Cariño, estoy en el departamento de la vecina, vente, es el número 23, 1er piso”. Sin perder más el tiempo me volteé y empecé a besarla en la boca, metiéndole mi lengua hasta lo más hondo que podía y quitándole la toalla que apenas se sujetaba por esas tetas ardientes. Empecé a tocarle los pezones y bajé mis manos hasta su tremendo culo. Estaba húmedo y esa excitación volvió ansiosa a mi lengua, con ganas de probarlo. Empecé a lamer su clítoris suavemente, como me gustaría que me lo hicieran a mi y ella empezó a gemir.

Sonó el timbre en menos tiempo del que me esperaba. Le abrimos la puerta a mi novio y pude ver, a través del pantalón, que la tenía dura como nunca la había visto en mi vida. La zorra de mi vecina se puso de rodillas y empezó a rozarle la verga por encima del pantalón con sus enormes tetas, le preguntaba: "¿Tanto te calienta coger con esta puta madura?". Gabriel no podía creer lo que estaba pasando, sobre todo por qué yo estaba observando detenidamente lo que la puta vecina hacia para calentarlo aún más. Poco a poco le sacó la verga por el cierre del pantalón y se la metió en la boca como toda una puta, se la trabaja entera, la zorra hacia arcadas cuando le llegaba al fondo pero no la soltaba, le pasaba la lengua desde la base a la punta y viceversa en un viaje lleno de lujuria, estaba tan caliente como mi novio viendo como disfrutaba de la verga de Gabriel, incluso le decía: "¡Eso, puta, cómete esa verga con tu sucia boca¡". Ella me miraba sonriendo con lujuria y se la volvía a tragar completa. Se lo introdujo todo en la boca y empezó a lamerlo como una auténtica desesperada, como si el mundo se fuera a acabar en ese preciso instante. Yo estaba excitadísima viendo esa escena de adulterio consentido y empecé a lamer la fuente de esa perra en celo mientras ella no paraba de lamer a Gabriel. 

Tomé las riendas y puse a la zorrita en cuatro para que los dos pudiéramos contemplar ese tremendo culo. Gabriel lo miraba con unas ganas tremendas de metérsela, pero no le dejé. Lo empecé a tocar con movimientos circulares y le di unas nalgadas fuertes para que Gabriel se pusiera aún más loco. Cuando él ya no podía resistirse más, porque iba a estallar ahí mismo, apuntó su verga al agujero de la madura y la embistió de tal forma que ella hizo un grito de placer y dolor al mismo tiempo. Se veía tan caliente con el culo siendo embestido por la brutalidad de mi novio que sentía como mi concha se mojaba al verlos, era tan perversa la  escena y los gemidos de mi exquisita vecina que me empecé a masturbar mientras Gabriel parecía no tener compasión por ella ya a menos compasión tenía, más caliente me ponía, hasta el punto de tener un delicioso orgasmo y hacer que mi concha escurriera esos deliciosos fluidos tibios que me estremecen cuando explota.

Embestida tras embestida, nunca había visto a esa bestia desbordando tanta lujuria. La cara de angelito de la niña se empezó a enrojecer como un demonio, sus venas empezaron a hincharse como si le fueran a estallar bajo su piel. Gabriel la estaba destrozando y yo no podía parar de masturbarme y azotarle más el culo para dejárselo al mismo tono que su cara. ¿Te gusta puta? Tremendo culo tienes” –decía Gabriel mientras la penetraba mirándole su cara roja. Ella la volteó y como si supiera lo que en ese momento mi clítoris deseaba con desesperación, me lamió, la rapidez de su lengua hacía que me apretara las tetas y le gritara que siguiera, me estaba sintiendo tan puta como ella. Estaba jadeando caminando al borde del orgasmo, hasta que por fin llegó y me sacudió de la misma manera que lo hace una corriente eléctrica. Era exquisito, mi cuerpo temblaba como buscando alivio, pero lejos de encontrarlo tenia a mi novio de frente dando por el culo a la madura vecina, hasta que dejó salir todo su semen en ese ya abierto agujero, haciendo que la zorra dijera: “¡Oh, Dios mío, qué rico!”. Tan caliente estaba que no dudé en lamerle el culo y beber el semen de mi novio de ese culo abierto y palpitando. No quedó ningún rastro de su semen después con la uta vecina nos besamos con lujuria. No vestimos y nos fuimos a nuestro departamento, sabiendo que ella sería el juguete que usaríamos para mantener ardiendo la llama del deseo en nuestra relación.

  

Pasiones Prohibidas ®

jueves, 27 de noviembre de 2025

148. Haciendo mi trabajo

 

Mi nombre es Fernanda, soy de profesión Arquitecto; me gradué de la Pontificia Universidad Católica de Chile, lo que abrió las puertas para trabajar en una prestigiosa empresa de Arquitectura y construcción. Para cuando todo lo que les voy a relatar tenía 36 años. Siempre me caractericé por trabajar bajo presión, estaba acostumbrada a resolver problemas y tampoco esa vez sería una excepción. Todo marchaba bien con respecto una obra que estaba por terminar, pero los agiles de la oficina se dieron cuenta que existía un problema con la norma municipal y obviamente la recepción de obras municipales no daría la autorización. Por lo que mi jefe directo me pidió que me pusiera en contacto con don Mario Zamudio, era quien daría el visto bueno al trabajo y firmaría los documentos y también  conocíamos que es un hombre bastante complicado, que sigue las reglas al pie de la letra y que sería un hueso duro de roer.

Todos sabíamos que esa obra en particular tenía algunos problemas pero nadie se atrevía a llamarlo, mucho menos ir a verlo para hacer ese trámite, porque en caso de detectarlo haría un escándalo tan intenso que saldrían corriendo sin conseguir su firma. Bueno, sabiendo para que me querían me puse un vestidito súper escotado que al parecer no surtió efecto ya que objetó la obra y don Mario no firmó el documento. Mi jefe me pidió entonces que fuera más “agresiva” para sacar la firma, ya que de otra forma la multa sería millonaria. Esa tarde iría a la casa de don Mario y conseguiría esa firma a como dé lugar. Esa tarde llegué a casa de don Mario muy coqueta, sabía que tenía que firmarme el documento si o si, así es que estaba dispuesta a ¡TODO! Me habían dicho que de no tener firmado el papel mi oficina debería pagar una multa de 150 millones al municipio; eso significaba que yo sería despedida inmediatamente. Era mi responsabilidad. Mi jefe en su desesperación me había ofrecido dos millones si lograba sacarle la firma la vejete, pero no me explicó cómo debía hacerlo, omitiendo cualquier sugerencia. Obvio se estaba ahorrando un montón y esperaba mi aceptación incondicional. “Confío en ti” –me dijo antes de irse y agregó “espero el papel firmado para mañana”.

Me puse el mejor escote, de esos que al agacharse un poquito nada más, mis tetitas quedarían a la vista del señor Zamudio; como tengo tetas grandes el escote podía ser atrevido. Era una blusita delgada que dibujaba mis pezones sin mucha imaginación, ya que el sostén que me puse era muy delgado, casi inexistente, y mis pezones son muy oscuros, usaba además una falda larga muy apretada, con un tajo que la abría completamente y además delgadísima que me traslucía y dibujaba el calzón pequeño que no siempre suelo usar, colaless negro que no requería imaginación alguna para verla. La faldita permitía que mis piernas quedaran desnudas con un leve movimiento. Don Mario debe tener unos 70 años, algo así como la edad de mi papá, pero gordito, pelado, arrugado, y bajito, en fin, un abuelito. Entonces no me preocupé, ya que nada malo podría pasarme. La verdad es que me atreví debido a que yo soy una mujer súper sana y mi pareja nunca pensaría mal de mí, si llegara a verme no parecía puta. Soy una mujer normal, piernas largas bien hechas, mi trasero está bastante bien según me han dicho y mis pechos, como dije, grandes; con pezones gruesos y siempre marcando mi blusa. Debo agregar que soy una caliente, aunque habitualmente me disfrazo de mujer santa. Tengo sexo con varios hombres además de mi pareja, me gusta coger y tener siempre al menor dos vergas dándome en mis agujeros, obviamente mi novio piensa que soy una beata y jamás pensaría que soy una zorrita que siempre está con las piernas abiertas.

Llegué tipo 9 de la noche a su departamento en una buena comuna de una ciudad que no mencionaré, pero en Chile. Al llegar, soy recibida por el conserje del edificio, que luego de registrar mis datos, hace la llamada para solicitar mi autorización de ingreso. Luego de ser afirmativa me indica donde están los ascensores. Al golpear la puerta,  me abrió sonriendo. Me senté en el sofá sabiendo que mi pierna derecha quedaría desnuda de partida. Me ofreció vino y acepté encantada. Fui encantadora y coqueta  y él un galán. “¡Pobrecito pensé!”. Luego de hablar como 20 minutos y pedirle que me firmara el papel, noté que don Mario estaba caliente, un bulto grosero se le notaba por el pantalón; mi escote daba resultado, pero me empezó a decir que no firmaría, que todo estaba mal hecho y que había que hacer algunos cambios en la obra. Me comencé a angustiar.

Etapa numero dos: Mostraría más. Me incliné sobre el plano que estaba en la alfombra y noté que él, de pie me miraba descaradamente. Mis tetas colgaban groseramente, era muy sexy, obviamente y cada vez que extendía el brazo las tetas se me agitaban hasta que noté que el pezón derecho comenzaba a aparecer en vivo y en directo ante los ojos del inspector. Yo ya estaba en cuatro patas, muy caliente tirada encima del plano y desesperada por esa firma. Don Mario insistía que el plano estaba mal hecho y que para firmar debería hacerlo de nuevo, lo que retrasaría todo. “Don Mario, por favor no sea malito” –le dije. Yo estaba encima de la alfombra mi pierna derecha estaba a vista, desnuda y mostrándole la tirita del colaless. De pronto me dijo: “Mira, tú sabes que están en falta, la multa es de 15 millones o más”. Comencé a llorar como buena actriz para tocarle alguna fibra emotiva, pero él solo me miraba con cara de no saber qué decir.

Etapa tres: Se acerca y me dice que me calme, me da más vino y hablamos como 20 minutos más acerca de los daños al municipio y que a si a él lo pillan sería desastroso. Le conté que yo quedaría cesante. “Don Marío, dígame que puedo hacer. La verdad es que haría cualquier cosa. ¡Cualquier cosa! Pero necesito el plano firmado” –le dije insinuante y entre sollozos. Mi teta derecha estaba desnuda. Don Mario me había sentado a su lado en el sofá y mis dos muslos quedaron desnudos, expuestos a su vista. Me acarició la cara y me limpio las lágrimas, entonces, me toca la espalda y el cuello. Me sonreí y él se acercó y me besó la mejilla mientras su mano izquierda me roza los muslos ya completamente desnudos. Sabía que todo estaba resultando bien, pero me dio algo de susto. Luego sollocé unos 5 minutos más hasta que estira la mano y me toca una teta; se inclina y me mira los pezones, luego mete la mano bajo el vestido palpándome el trasero, acercándose peligrosamente a mi entrepiernas. Ahí me empecé a preocupar, eso no estaba en mis planes; pensé que solo quería mirar y saborearse un poco. “¡Don Mario! ¿Qué hace? Por favor déjeme” –le dije con voz asustada. Me toca el culo con más fuerza y me mete la mano para tocarme las tetas hasta dejarlas fuera del escote. Con su mano me apretó un pezón, le vuelvo a decir: “Don Marío, ¿qué pasa? ¿Qué le ocurre?”. Me quedo quieta y me baja el cierre del vestido, el que cae por mis hombros, dejando más libres mis tetas. Como un bebé hambriento me las empezó a chupar, dejándolas llenas de saliva, me dio asco pero pensé que era mejor pensar en otra cosa mientras él hacia sus cochinadas.

Don Mario disfrutaba, me mordía las tetas y las apretaba de manera caliente y brusca lo cual me dejó caliente; además yo sabía que si resolvía el problema, mi jefe me daría el dinero acordado. ¡Si tengo buen cuerpo era para algo! ¡Le voy a sacar provecho! –pensé. Mis pezones se hinchaban y mi calentura iba en crecimiento, mientras miraba como me chupaba las tetas yo fingí calentarme gimiendo. Sin embargo, estaba mojándome de verdad, motivada por lo perversa de la situación y por el dinero que tendría a la mañana siguiente, era barato, solo tenía que aguantar. Además, apenas me chupan los pezones yo me convierto en un animalito salvaje y eso ayudaría en esta misión extrema. La saliva de don Mario corría por mi abdomen y mis tetas ya estaban duras y calientes. Se inclina, no habla, solo respira como animal, me mordisquea los pezones con fuerza y mete las manos entre mis piernas, el caballero ya no parecía un viejito de 70, me sube el vestido y me acaricia los muslos, luego me tira encima del sofá, abro las piernas entregándome; lentamente hecha hacia un lado la tirita del calzón, despejando mi entrepierna. Ahí comencé a mojarme a chorros, pues eso me mata, que me quiten los calzones es para mí lo más caliente que me puede pasar. Estaba enloquecida, me sentía como una puta que estaba dando favores sexuales a los hombres que tiene como clientes, aunque en este caso don Marío ni siquiera sabía que su firma en los papeles tendría una recompensa monetaria por conseguirla.

Ya a esas alturas deseaba que me cogiera a como diera lugar, pero no perdí de vista el objetivo, detengo la maniobra pues quedaría desnuda ahí mismo y el plano aún no estaba firmado, pero el señor sabía lo que hacía, baja, se inclina y me empieza a lamer mi vagina de forma perversa, exquisita, tanto que hacía que me mojara mucho más.  “deja mamarte la concha mojada y peladita” –me dice con la voz entrecortada. Mi vagina estaba abierta, mojada y exhibiéndose completamente. Dos días antes mi hombre me había afeitado, así que parecía una conchita de adolescente. Me chupa varios minutos, mi conchita estaba estilando fluidos debido a los deliciosos orgasmos que su lengua me había regalado. Me mete sus dedos y me toca el clítoris, luego me roza el agujerito del ano. Me da asco pero sigo. En eso noto que don Mario está realmente caliente. Se levanta, se abre el pantalón y saca una apetitosa verga que me empieza a pasar por las piernas y el culo. Me la pone en la boca y me obliga a chupársela- Es  gruesa y cabezona, de fuerte color rojo en el glande, llena de venas y muy tiesa. La verga de mi novio era un juguete al lado de este trozo de carne del veterano. En la intimidad de mis secretos, confieso que me excitó ver ese pedazo de verga lanzando juguitos dulces por la punta. Coloca mis piernas en sus hombros y me la empieza a meter. Lo abrazo para afirmarme y siento su cuerpo regordete, pesado. Me da unas sacudidas y me la mete entera. “¡Inmensa cosa gruesa!” –pienso. Ya no estoy fingiendo, me pongo a gemir de calentura y de place. Me da verga como loco por más de 10 minutos, me lo mete hasta el fondo y lo saca para volverlo a enfundar en mi concha; me sujeta del culo para que me entre más a fondo, me duele un poco por lo grande que es, pero aguanto, levanto las caderas y siento que me culea más y más. Vergas como este no se come una todos los días. 

No me acordé del condón. El sonido de los fluidos por la acción es muy caliente, le chupo la oreja y con voz calentona, le digo que es rico, excitante y le pido entonces que me firme el documento, se mueve de manera exquisita, lo saca, lo mete y lo vuelve a sacar, entonces me dice: “Está bien, lo firmo”. Desnudo y con la tremenda verga tiesa va en busca de un lápiz, toma el papel y lo firma. Verlo caminar con esa cosa gigantesca erecta, fue bien interesante. Cuando vuelve al sofá lo abrazo, le digo “acuéstese aquí le voy a dar un regalo” se acuesta, Feliz le tomo la verga y me la meto sentándome encima de su cosa dura. Pasan 10 o 15 minutos, y sigo montada y él dándome como enfermo, estoy completamente a su merced. Me chupa y me manosea todo lo que encuentra a su alcance. Lo mete y lo saca varias veces, es una culeada deliciosa entonces tengo un orgasmo maravilloso. Luego otro. Y enseguida un tercero. Tirar con mi novio era una cosa mínima comparada con esta culeada salvaje. Siento que su verga se hincha y sé que está a punto de acabar. “¡Pare, no acabe dentro, acabe fuera por favor!” –le digo.

Nos acomodamos, me salgo y me pongo abajo, él se me monta, me culea de nuevo, se agita, está como ebrio de calentura. Se sigue meneando y entonces lo saca y comienza a eyacular encima de mi cuerpo, salen chorros gruesos de semen que me mojan el abdomen, las tetas y la cara. Incluso mi pelo queda salpicado de semen. “¡Puta que estaba caliente!” –me dice como ebrio y con cara de caliente. Me limpio los ojos con la mano y me voy al baño, gotas de semen me resbalan por la cara, la nariz y la boca; termino de limpiarme las tetas me lavo la cara y vuelvo por el papel. La verdad es que estoy aún llena de semen. Don Mario estaba tirado en el sofá con su cosa flácida y los pantalones a media pierna. Le doy las gracias, cierro la puerta. “¡Eres exquisita niña!” –me dice mientras acaricia mi concha por última vez esa noche. Le di un caliente beso  y me retiro feliz, aunque llena de semen. “¡Las cosas que uno puede lograr con el cuerpo que Dios le dio a uno!” –me dijo en mi adentros.

Al día siguiente, entré a la oficina de mi jefe y le dejo la carpeta con el documento firmado. “Bueno, lo prometido es deuda. ¿Quieres transferencia o dinero en efectivo?” –me pregunta. “Vea usted como, pero a más tardar el viernes espero tener el dinero” –le respondí y salí. Sabía que había conseguido la bonificación y una deliciosa culeada. Por la tarde revisé mi cuenta y tenía un depósito de don Marío con varios ceros. Un mail me llegó y decía: “El pago por tu esfuerzo para convencerme. Ahora, sabes que puedes conseguir lo que quieres si te lo propones. Espero tener tus favores a cambio de cifras similares a esta”.  Estuve tratando de olvidar el mail, pero no podía sacarme de la cabeza esa propuesta pero sobre todo la cogida que me dio esa noche, por lo que decidí escribir: “Me parece perfecto, solo que cuando usted quiera de mis servicios escriba a mi celular y lo del monto que me ofreció pero solo será una vez por semana, ya sea viernes por la noche o cualquier horario que escoja el sábado”. Cuando sabes hacer bien “tu trabajo” cobras lo que mereces por los servicios prestados.



Pasiones Prohibidas ® 

lunes, 24 de noviembre de 2025

147. Terminé siendo su perra 2

Eliseo tenía todavía su mano derecha en mi muslo izquierdo. Yo sentía sus dedos acariciando mi pierna, yo tenía mi mano sobre la suya, acariciándolo también. Su mano se sentía gruesa, su piel algo rasposa y seca. Mi pierna izquierda estaba cruzada sobre la otra, en parte por comodidad, en parte por timidez. Jamás había tenido una experiencia sexual con alguien en un lugar público y menos dentro de la universidad, donde muchas personas me conocían y podría tener consecuencias negativas si alguien me descubría.

La clase iba a penas a la mitad de tiempo, el profesor hablaba y hablaba, escribía cosas en el pizarrón; pero para mí era imposible poner atención, en mi mente sólo estaba Eliseo, su rica verga y su fuerte aroma a sudor. Me sentía en parte muy nerviosa, ya había escuchado rumores sobre Eliseo, según decían ya se había acostado con varias en el salón y la universidad. Para mí ellas no eran más que zorras de clase baja, que no eran capaces de cotizarse o respetarse a sí mismas. Me sentía como si yo me hubiera convertido en una zorra más para Eliseo. Sabía que no estaría satisfecho hasta dejarme el culo roto y peor aún, yo no tenía ninguna intención de detenerlo, incluso mis instintos me estaban orillando a provocarlo a perderme toda clase de respeto. Como les había comentado en el relato anterior, la facultad de arquitectura tiene bancos y mesas altas para los alumnos. Los bancos no tienen respaldo. De forma tal que mi trasero queda expuesto cuando estoy sentada, cualquiera lo puede ver sin que me cuenta. En ese momento sentía la mirada de mi compañero que estaba en la mesa de atrás. Su nombre era Jorge, era muy tímido y algo feo. De piel pálida y bigote delgado. Era muy caballeroso a la hora de hablarte, pero ya lo había descubierto mirándome las nalgas o mirando descaradamente mis tetas al momento de hablar con él.

En ese momento Eliseo tiró al piso un bolígrafo. Me dijo: “¿Qué esperas Puta? ¡Recógelo!”. Me excitó mucho el apodo que me puso y el hecho de que me hablara con órdenes. Por supuesto que obedecí y me agaché para levantarlo. Como las mesas son altas, una persona cabe debajo de las mesas a la perfección si se agacha. Pero en cuando estuve a punto de levantar la pluma, sentí la mano de Eliseo tomándome por la cabeza, me estaba jalando un poco el cabello y  con su otra mano hizo la seña obscena del dedo de en medio y me empezó a restregar su verga en la cara, me la pasó por la nariz, por las mejillas, por los labios y terminé besándola, hasta que comencé a chuparla. No me importaba que su sabor fuera como cuando no te lavas las manos, para mí era delicioso y excitante. Por accidente me di cuenta de que Jorge lo estaba presenciando todo, me estaba mirando a los ojos con cara de sorprendido, pero yo estaba demasiado caliente, no paré, al contrario, comencé a lamer la verga con mayor lujuria, mientras veía a Jorge a la cara, noté como Jorge tenía una candente erección. debajo de su pantalón, eso me excitó todavía más. Llegó el momento en que ya no aguanté las ganas, besé la entrepierna de Eliseo y le dije con murmullos: “No hay nadie en mi departamento, vámonos.” Me levanté, tomé mis cosas y salí del salón. Sabía que Eliseo me seguiría, por lo que caminé rápido hasta llegar a su coche, lo vi caminado un poco detrás de mí, cuando me alcanzó me tomó fuertemente de las pompis y me dio un beso candente, lleno de lujuria y delicioso. Lo interrumpí y le dije que guardara los besos para mi departamento.

Eliseo condujo hasta mi condominio, en la caseta de vigilancia se detuvo y yo le dije al guardia que íbamos a mi departamento. El caballero se llevaba bien conmigo, su nombre era Kevin, era alto y no muy moreno, algo gordito. Bromeó un poco conmigo y nos dejó pasar. Eliseo me dijo: “Ese guardia se muere por metértela”. Le dije que no era cierto y me reí un poco. Después de que Eliseo estacionara el auto, lo guié al departamento, creo que algunos vecinos nos vieron caminar juntos. Dentro del departamento estuve a punto de darle un recorrido a Eliseo, pero él me dijo “Vengo a domar a la Yegua, no a pasear por el rancho” yo me reí mucho pero él se puso serio y me tomó por la cintura. “Ya sabía que no eras más que una potranca esperando domador” –me dijo con tono atrevido. No le dije nada, sentía sus fuertes manos en mi cintura, casi pellizcándome la piel. Yo tenía mis manos sobre las de él y estaba mirándolo a los ojos. “¡Que boca de zorra tienes Vanessa! Me encanta, más maquillada como prostituta, te ves bien rica.” –dijo antes de lamerme la cara. Me llevó de la mano a la sala, se sentó e hizo que me sentara frente a él pero de frente. Quedé con las rodillas sobre el sofá, con mis tetas a la altura de la cara. “Tetona, nalgona y con cara de puta. ¿Qué más puedo pedir?” –dijo mientras acariciaba perversamente mi culo y hundía su cara en mis tetas. Estaba besando y restregando su cara violentamente contra mis tetas, de forma que logró desabrochar mi blusa y desacomodar mi brasier, sentí como me hacía varios chupones. Yo solo podía gemir por el esfuerzo de tratar de controlarlo, pero él era demasiado fuerte y no se iba a detener hasta terminar lo que empezó. Sabía que se estaba calentando demasiado, sentía sus fuertes manos apretando mis pompas con todas sus fuerzas, era un dolor muy placentero. “Ya nalgona, párate y desnúdate. Mueve tu culo a medida que te sacas la ropa” –me ordenó. Puso música en su celular. Comencé a contonear las caderas mientras me quitaba la blusa, luego me desabroché el pantalón mientras le sonreía y me di la vuelta, poco a poco me comencé a bajar el pantalón, hasta que me lo logré quitar. Él se reía me decía: “¡Ay puta Vanessa, lo que tienes de zorra, tienes de culona”. Todas las mujeres de mi familia son muy caderonas y tienen un enorme trasero, desde los 12 me empecé a ver igual. También las mujeres de mi familia somos de tetas grandes, siempre que alguna se embarazaba le crecían las tetas, parecían vacas lecheras.

Puso música en su celular. Comencé a contonear las caderas mientras me quitaba la blusa, luego me desabroché el pantalón mientras le sonreía y me di la vuelta, poco a poco me comencé a bajar el pantalón, hasta que me lo logré quitar. Él se reía me decía: “¡Ay puta Vanessa, lo que tienes de zorra, tienes de culona”. Todas las mujeres de mi familia son muy caderonas y tienen un enorme trasero, desde los 12 me empecé a ver igual. También las mujeres de mi familia somos de tetas grandes, siempre que alguna se embarazaba le crecían las tetas, parecían vacas lecheras. Se levantó de su lugar y abrió la cortina de la sala, ya había escuchado rumores de que le gustaba exhibir a sus conquistas, pero no me lo creía. Me dijo que me pusiera a bailar en la ventana. Yo no quería pero él se levantó y se puso detrás de mí, me comenzó a besar el cuello (uno de mis puntos débiles) y a tocar la entrepierna por arriba de mi tanga. Me terminé excitando demasiado, hasta que me dijo que bailara en la ventana, le hice caso, estaba súper caliente. Me comporté como una verdadera puta, movía el culo, sacudía las nalgas, a veces la pegaba al vidrio de la ventana. Pensaba que ojalá ningún vecino nos viera. Me tomó de la mano y me regresó a la sala, me puso en cuatro sobre el sillón más grande de la sala. “¡Vas a ver cómo te voy a ir quitando lo mojigata a base de cogidas!” –me dijo. No se molestó en quitarme la tanga o desvestirse él. Escuché como se bajó el cierre y sentí su verga sobre mi trasero. “Ya estás en celo Vanessa, bien mojadita” –me decía bufando como  toro en celo. Sentía como hizo mi tanga a un lado y me la clavó con fuerza. Sentí como si mi cuerpo se calentaba y pasaba electricidad, pero al mismo tiempo se me puso la piel de gallina. “¡Sabia que eras de las que gozan la verga Vanessa” .me dijo antes de sacarla y comenzar a meterla de nuevo. Ahora lo hacía lentamente, cada que sentía yo que otra vez iba a entrar, yo exclamaba un pequeño “¡Ah, por Lucifer!” ¡Qué rica verga!”. Yo lo estaba gozando muchísimo, cuando su verga acariciaba poco a poco todo mi interior, sentía demasiada rica la cogida pero a la vez una especie de escalofrío.

Esa sensación se repetía cada que la metía de nuevo. Sin darme cuenta yo tenía las nalgas paradas, en una posición completamente receptiva, él se dio cuenta y sacó su verga y me dijo: “No que muy soberbia y de clase alta Vanessa? Mira nomás con tu cola toda levantada, ahora si te voy a usar para lo que sirves perra.” Me la metió fuertemente, hasta el fondo, yo estaba muy mojada, por lo que no dolió, solo se sintió muy fuerte, di un grito corto, pero a él no le importó. Me la empezó a meter y sacar muy fuertemente. De repente, sentía una o varias nalgadas muy fuertes, toda la habitación se llenaba con el ruido de las palmadas que me daba en el culo, yo sólo sentía como mis cachetes se sacudían con cada palmada. Cada vez me empujaba más fuerte, también se empezó a escuchar cuando su cuerpo chocaba contra mis nalgas, era imposible que los vecinos no escucharan mis gritos, el rechinar del sillón contra el piso, las palmadas de las nalgadas que me daba o cuando chocaba su cuerpo contra el mío. De igual forma Eliseo gritaba mucho, De repente, decía: “¡Ay Vanessa estas bien rica!”. Yo sólo podía gemir y aferrarme con todas mis fuerzas al sillón para resistir su cogida. Llevamos como 20 minutos así, tuve mi primer orgasmo como a los 15 min y el segundo casi enseguida. El seguía cogiéndome con intensidad, ambos estábamos muy muy sudados. No me preocupaba que no usara condón pues, yo soy muy disciplinada con mis inyecciones anticonceptivas. “Di que eres mi perra, mi puta” –me ordenó. “¡Soy tu perra! ¡Soy tu sucia puta! Ah, ¡Soy tu puta!” –decía jadeando y babeando. Seguí diciendo mientras me cogía como él quería. Hasta que por fin sentí como rica verga palpitaba dentro de mí y una gran cantidad de líquido tibio y espeso me llenaba. En parte sentí alivio porque ya estaba muy cansada y ya había experimentado dos orgasmos. La sacó  y me soltó, yo caí rendida sobre el sillón.

El prendió un cigarro y se lo empezó a fumar, tiraba la ceniza al piso, cuando llevaba medio cigarro se puso de pie y me orinó encima, para ser primera vez que me lo hacían, me encantó ser humillada de esa perversa forma. Se subió el cierre, yo seguía acostada. La habitación se llenó de olor de cigarro combinado con olor a sexo. Me lanzó algo de ceniza sobre el cuerpo, me dio un último vistazo de pies a cabeza y dijo: “¡Que buena puta eres Vanessa!”. Salió de mi departamento y cerró la puerta. Dicen que si no sabes jugar con fuego te puedes quemar, por culpa de ese sucio albañil me había quemado hasta arder en el infierno del placer. Cada vez que él quería coger con su perra, yo estaba lista con la lengua afuera y jadeando cuando me cogía como un demente.

 

 

 

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viernes, 21 de noviembre de 2025

146. Terminé siendo su perra 1

Esto pasó en 2019, comenzó en agosto. Era el nuevo semestre y conoceríamos nuevos profesores y quizá alguno nuevo compañero. Estudio arquitectura en una universidad muy grande, va mucha gente. Es pública y el gobierno cada vez llena más las aulas. En el salón de proyectos usamos unas enormes mesas, eso sumado a la enorme cantidad de alumnos en el salón, no hay cabida para pasillos. Apenas se puede pasar entre los bancos, las mochilas y las mesas.

Por ser el primer día llegué muy temprano y bien arreglada para dar una buena primera impresión a mis nuevos profesores. Para darles una idea, de estatura mediana, 1.62; tengo la piel clara y el pelo castaño oscuro largo, labios carnosos, ojos café. Todas las mujeres de mi familia son muy caderonas y tienen un enorme trasero, desde la secundaria se notaba que yo no sería la excepción. No importa la ropa que me ponga, se me nota demasiado mi parte trasera. Usualmente tengo un dilema, si uso ropa holgada, me esconde un poco el trasero pero todo se sacude al caminar y llama mucho la atención por como tiembla. Si uso ropa ajustada, no se sacude tanto pero llaman aún más la atención por sus dimensiones. En la secundaria algunos niños maleducados me decían Vanessa la culona. Mis hermanos me hacían burla, y me decían que tenía más nalgas que cabeza. Todavía a la fecha uno que otro niño pequeño me llega a preguntar que porque tengo pompas de payaso.

Como decía llegué temprano al salón y más arreglada que de costumbre, llevaba unas botas divinas de tacón y unos jeans azul claro sin bolsas. Me puse una tanga de encaje lindo de color blanco para que los jeans marcaran mi silueta correctamente. Arriba una blusa rosa que me gusta mucho, me había perfumado y maquillado con esmero. Estaba aún de pie esperando a que llegara el profesor, me sentaría hasta que él nos saludara, por cuestión de respeto. Tenía mis audífonos puestos y balanceaba un poco mi cuerpo al ritmo de la música. Los demás alumnos comenzaron a llegar, la mayoría conocidos. Yo siempre había sido algo clasista.  Sólo si se nota que alguien tiene dinero era amigable con esa persona. Si alguien sin ropa a la moda y sin auto se me dirigía, era difícil que le hiciera caso, sólo lo ignoraba o le hacía un mal gesto. La mayoría en la universidad tienen estas características, en algunos salones más que en otros. Prefería caerle mal a muchos que mezclarme con quienes yo consideraba de menor clase.

Entre los nuevos que entraron al aula llegó un tipo muy desalineado, despeinado, con la ropa manchada de pintura. Traía consigo un casco y un chaleco de obra. Se notaba que era alguien que trabaja de albañil o en quien sabe qué cosa. Como era de esperarse simplemente lo ignoré, pero al poco rato de reojo sentí que alguien me estaba viendo. Era este tipo de la ropa sucia, venía de regreso desde la parte de atrás del salón. Lo descubrí viéndome las pompas. Ni siquiera me volteó a mirar a los ojos, sólo pasó de largo y salió del salón pero dejó sus cosas en un rincón. Pasaron los minutos y el salón se llenaba poco a poco. Aún había algunas mesas sin ocupante, incluyendo la que tenía al lado mío. Sólo había un pasillo hacia la única puerta del salón por lo que si estas al fondo del pasillo de las mesas es necesario molestar a todos los de la hilera y a veces chocar por accidente con alguno. De repente llegó el profesor y junto con él entraron muchos alumnos que lo esperaban afuera del aula. Siempre me pareció de mala educación esperar al profesor afuera del aula, prefería esperarlo en mi lugar como una chica educada.

El profesor comenzó a presentarse de inmediato por lo que no presté atención a los demás alumnos que entraron con él. Yo seguía de pie, esperado a que el profesor nos pidiera sentarnos. De repente sentí un tremendo roce en mis nalgas, fue rápido pero muy brusco, incluso me empujó las caderas un poco hacia adelante. Claramente fue el dorso de una mano. Comenzó en mi glúteo derecho y sentí como lo recorrió todo hasta llegar a la parte media de mi trasero donde se detuvo un poco antes de chocar con mi glúteo izquierdo, para después recorrerlo igual que con el derecho, apretándolo contra su mano. Al principio me sentía muy avergonzada, de seguro hasta me sonrojé un poco. Alguien acababa de recorrer con su mano todo mi culo en pleno salón de clase lleno. Aunque había sido con el torso de la mano, aún tenía la sensación de que me habían tocado. De reojo noté que el que me rozó se sentó al lado mío. Tenía miedo de voltear a ver quién era, pero poco a poco me sentí enojada. ¿Por qué no tiene más cuidado? Ya me había pasado que me rozaran por accidente o que incluso yo sin querer empujara a alguien con mis nalgas, pero nada así como esto. Giré con discreción la cabeza para ver quién había sido. ¡Oh sorpresa! Era este tipo de la ropa sucia. Me le quedé mirando, me sentía cada vez más enojada, me enfadaba como se veía y me enfadaba que me estuviera ignorando, ni siquiera pidió disculpas. Me enojaba aún más al notar que aún tenía la sensación de su mano pasando por mi trasero. Pensé que era un maleducado y decidí aguantarme el enojo e ignorarlo. Lo mismo siguió pasando con cierta frecuencia durante dos meses. Sobre todo si yo me concentraba en alguna lectura o en la clase, de repente sentía su roce. Incluso si yo estaba sentada en los bancos altos sin respaldo, él se las arreglaba para rozar mis cachetes. Cuando lo hacía yo me irritaba mucho, a veces le decía: ¡“Ten más cuidado!” o “¡Fíjate!”. Él sólo me ignoraba.

Su nombre es Eliseo, como les comenté, al parecer es solo un trabajador de la construcción, algo gordito. No muy alto pero si 10 cm más alto que yo. Le gusta traer el pelo largo de arriba y de abajo rapado. Es muy común que huela mucho a sudor. En ese entonces casi no se bañaba, olía muy mal. En una clase me contó que su papá trabaja en la construcción y que es experto en estructuras de vulcometal y él lo ayuda a pintar desperfectos de las obras que va terminando. Que quiere ser arquitecto para hacer sentir muy orgulloso a su padre. Fui muy grosera con él en ese momento. Le dije: “Pobre, siempre serás un albañil”. Él sólo se rio de mi comentario y me dio un par de palmadas en mi muslo izquierdo mientras me decía: “Yo no te digo lo que serás, porque te vas a enojar más reina”. Eso me enojó muchísimo, le quité su mano de mi pierna de un manotazo y le dije que tenía que ubicarse, que era un pobre asqueroso. No pude con el enojo y me fui del salón.

Me fui a caminar y cuando regresé ya todos se habían se ido, no me di cuenta cuanto tiempo estuve dando vueltas, en mi lugar no estaban mis cosas, sólo un papel con un número telefónico y una nota que decía: “Mándame un WhatsApp, estoy en el estacionamiento, te espero, ven por tus cosas.” Rápidamente lo agregué y le marqué, era Eliseo. Salí corriendo y después de caminar en la dirección que me dijo, lo encontré. Estaba arriba de un pequeño coche Fiat Panda rojo. Le dije casi gritando: “¡Dame mis cosas maldito ladrón!”. Él sonreía y tiraba pequeñas carcajadas. Apretó el botón de la cajuela y se oyó como se abrió, me fui rápido a sacarlas pero cuando me di la vuelta escuché que dijo “¡Ay pendeja! ¡Que culito tan rico tienes!”. Me sentí llena de furia. Empecé a golpear la puerta de su coche y le grité que se bajara. Le estaba gritando que era un puerco maloliente y que se debería regresar a la construcción donde pertenecía. Él se bajó por fin y me pregunto qué era lo que quería con tono calmado. Yo le grité: “¡Si me vuelves a tocar las nalgas imbécil te voy a denunciar y seguro te expulsan de la universidad!”. Él se reía como siempre. Me dijo: “Ya van dos meses de que casi diario te repaso los cachetes, si no te gustara ya te hubieras cambiado de lugar”. “No me voy a cambiar por un pobretón hijo de obrero como tú. Tú eres el que se debe de ir, yo llevo años siendo una estudiante de excelencia, aprende tu lugar” –le dije con repulsión. “Esas nalgas son para que las goce un macho y tú lo sabes. Te apuesto a que mañana estarás en el mismo lugar del salón de clases. Con la colita parada, esperando a que llegue yo” –me dice. “Sueña mugroso, jamás me rebajaría con alguien de tu nivel…” –dije antes de interrumpirme. “Es más, hago oficial la apuesta. Si mañana no estás en el mismo lugar, vestida como el día que nos conocimos, tus tacones y los jeans pegados azules y empinada esperando a que pase, si no te encuentro así, me salgo de la escuela y jamás me vuelves a ver culoncita rica” –me dice. Cada vez más furiosa, le confirmo la apuesta: Entonces anda preparando tu salida, albañil hediendo a bolas”. Se subió rápido al coche y avanzó un tramo corto, yo le grité “¡Mis cosas!”. Frenó de repente y se bajó, fue a la cajuela y sacó mis cosas, las tiró al piso y se fue. “Como odio a los nacos” –me dije a mi misma.

Antes de dormir entré a WhatsApp, les contesté algunos mensajes a mis mejores amigas pero me dio curiosidad algo. Busqué a Eliseo, a ver como era su foto de perfil. No me sorprendió, en su foto estaba él y otros obreros más en un sitio de construcción, todos muy sonrientes. Uno de ellos era muy parecido a él pero algo arrugado y notoriamente más gordo, era su papá, me imaginé. “Qué vergüenza, es un ordinario de lo peor” –pensé. Dejé mi teléfono a un lado pero al poco rato sonó. Lo tomé y vi que era un WhatsApp de Eliseo: “Que ganas de cenarme unas nalgas ricas como las tuyas antes de dormir. Que tengas linda noche Vanessa. Estoy seguro que será todo un placer conocerte más a fondo”. Estuve a punto de ignorar su mensaje e irme a dormir, pero no lo resistí, le tuve que contestar: “Buenas noches Eliseo, las niñas buenas nos dormimos temprano”. Él me respondió casi de inmediato: “Eres mi niña nalgona”. No sabía que decirle pero me gustó leer ese apodo que me acababa de poner. Después de un rato le puse “Las niñas buenas llegamos 30 minutos antes al salón”. Me respondió con un mensaje de voz diciendo: “No sé si decirte mi niña nalgona o mi puta nalgona, los dos apodos son perfectos para ti”. Ya me sentía un poco emocionada, oír su voz diciéndome eso, me quitó todo el sueño, pero ya debía dormir. Activé el micrófono del WhatsApp y le di un beso muy sonoro al celular, lo solté y se envió. Solo me respondió “Vanessa la besucona, descansa”. No me pude dormir, en un largo rato. Ni siquiera me di cuenta me quedé dormida.

Al día siguiente era viernes, revisé mi celular, como para ver si esos mensajes habían sido en un sueño, pero no, ahí estaban. Volví a leer los apodos que me puso y me gustaron demasiado. Me sentía emocionada y nerviosa. Mi clase con él era hasta las 11:00 AM. Decidí no asistir a las clases previas. Me fui a desayunar a la cocina, con calma. Luego me metí a bañar. Estuve largo rato, me bañé con gel para cuerpo con aroma a fresas. Al salir me sequé el cuerpo y me enrollé una toalla en el pelo, me puse crema en el cuerpo para humectar mi piel, también olía a fresa. Me apliqué el perfume más dulce de mi tocador. Olía a vainilla. Desnuda y perfumada me fui al vestidor y busqué en mi cajón de ropa interior. Me decidí por una tanga francesa de encaje, azul eléctrico, muy brillante. Por el corte francés la tanga iba a asomarse fuera de mi pantalón a los lados. El brasier era de media copa y hacía juego con la tanga. La tanga era algo pequeña, recuerdo que al comprarla me dio miedo que no me quedara, pero estira mucho. El brasier si esta algo apretado, pero es bueno porque hace mis pechos resalten. Ya con mi ropa interior puesta me comencé a maquillar, mucho brillo en mis labios, mucha sombra, mucho mascara en las pestañas. No sé por qué me maquillé de más. Al finalizar me vi al espejo, estaba maquillada de manera algo exagerada, no sé por qué pensé “a Eliseo le deben gustar así”. Me puse unas calcetas largas azules y después mi pantalón. Es muy ajustado por lo que al llegar a la parte de los muslos tengo que brincar para lograr entrar en él, siempre es una batalla al tratar de que mis glúteos entren en el pantalón. Después de lograr ponerme el pantalón, acomodé mi tanga hasta sentirla cómoda, como dije antes, se asomaba un poco por arriba del cinturón. Decidí ponerme la misma blusa rosa, pero vistiéndola de manera diferente porque hacía calor, juro que fue por el calor.  Me dejé los tres botones de arriba desabrochados y en la parte de abajo me hice un nudo, de forma que se veía parte de mi abdomen entre la blusa y el cinturón de mi pantalón. Me peiné con esmero y me puse un dije de oro falso que dice Vanessa.

Todavía era algo temprano pero no podía llegar tarde a mi clase, así que decidí subirme a mi Volvo S60 negro e ir al campus universitario. Faltaban 15 minutos para las 11:00. Decidí usarlos para deambular por la facultad de arquitectura. Sentía como todos me miraban de manera indiscreta. La mayoría fijaban su vista en mi trasero, otros notaban mi brasier azul brillante que se asomaba un poco y la parte de mis pechos que la camisa mal abotonada dejaba ver. Unos pocos me miraban a los ojos, pero para hacerme gestos lascivos o un guiño. Después de recibir un par de piropos, vi que ya era hora de ir al salón. El edificio estaba vacío, la mayoría aprovechan los descansos para comer algo o tomar aire. En el salón no había nada, sólo algo de basura entre las patas de las mesas. Tomé mi lugar de siempre y me puse mis audífonos, discretamente revisé mi atuendo. Acomodé mi escote y jalé un poco el hilo mi tanga de ambos lados, para que resaltara un poco más. Después de cinco minutos seguía siendo la única en el salón. Me sentí algo decepcionada, pero busqué música alegre para distraerme. Puse algo de salsa, y me empecé a mover un poco. Sacudía las caderas de lado a lado, recordando un poco los pasos que más me gustan. Estuve bailando una canción completa y no me di cuenta que alguien me estaba observando desde la puerta del salón, era Eliseo.

Se veía más desaseado que de costumbre, el pantalón completamente lleno de pintura. Incluso sus manos. Su playera empapada en sudor, incluso se notaba que el sudor escurría por su cara. No puse evitar sonreír al verlo, él también sonreía, le quité la mirada de encima y fingí seriedad. Sin querer, mejoré mi postura. Puse mi espalda recta, y saqué un poco las nalgas, pero seguí bailando. Fingí que lo estaba ignorando. Sentí como se acercaba y me observaba pero seguí ignorándolo. En vez de entrar en mi fila de mesas se pasó a la siguiente, sentí como se colocó en la mesa detrás de mí. Lo ignoré y seguí bailando. Pasaron unos minutos y llegó un mensaje a mi celular. Era un WhatsApp de Eliseo: “En esa cola no me formo, me meto” al instante llegó una foto. Era mi culo, la acaba de tomar, sin querer al bailar mi pantalón se había bajado un poco y se asomaba mucho mi tanga por detrás. “Eres un puerco” –le respondí por WhatsApp con la intención de provocarlo. Por mi música no escuché cuando se acercó. Sentí una mano que me quitó el audífono derecho. Eliseo se acercó y me dijo al oído: “Lo que tienes de mamona y pendeja, lo tienes de nalgona y briosa” Me empezó a oler el cabello mientras puso su mano en mi nalga izquierda. “¡Ah, rica nalgas Vanessa!” –me decía mientras acariciaba todo mi trasero con su mano. “Empínate más reina” –me dijo y le hice caso. Puse mis codos en la mesa y dejé las piernas estiradas. “Qué bonita tanga, hasta que vistes como lo que eres, putita” –dijo. Esa frase me excitó muchísimo. Sentí como estiraba mi tanga. Me azotó con la mano cada glúteo. Se empezó a reír. “Ya te dejé el culo lleno de pintura” –me dijo.  Me seguía tocando el trasero de manera exagerada. Sentía su mano pasar por cada centímetro de mi culo, mientras con la otra estiraba más y más mi tanga. “Me calientas demasiado putita, tienes un rico culo, ricas tetas y se nota deliciosa la vagina en el pantalón” –me decía.  Se seguía riendo. Yo sólo lo miraba por encima de mi hombro, sin decir nada, pero muy caliente. Vi cómo se quitó la playera, agarró y le la puso en la cabeza. Se sentía súper mojada y apestaba mucho a sudor. En parte ese olor me relajaba. Se puso detrás de mí y tomó por la cintura mientras me comenzó a empujar con su verg. “Estas bien buena para darte por culo” –susurraba. Me calentaba demasiado lo que me decía, que solo escucharlo me hacía gemir. Seguía empujando mi culo con su cuerpo. “Lo que dije no es en serio, me gusta tu cara, tienes cara de putita la verdad, va perfecta con tu cuerpo” –dijo manoseando mis tetas. Me quitó la playera de mi cabeza y me comenzó a besar, tenía mal aliento. Lo suyo no eran besos. Estaba chupando mis labios mejor dicho, casi de inmediato sentí su lengua dentro de mi boca. “Que boca de puta tienes Vanessa, es lo primero que voy a coger. Estas bien prendida, se nota muy fácil” –decía.  Tenía razón, se me fueron a la mierda los prejuicios y estaba dispuesta a hacer de todo.

Me tomó la mano y me llevó al baño de hombres, no hice nada por detenerlo. Nos metimos al cubículo del WC  para personas en silla de ruedas. Era más grande que los otros. Me dijo que me pusiera de rodillas, de inmediato traté de desabrocharle el pantalón, pero me jaló fuertemente del cabello. “Espera putita, antes dejemos claro tu lugar, pídeme disculpas” –dijo.  Le dije que me perdonara, que todo lo que dije era para llamar su atención. “Muy bien zorra, pero ahora quítate la ropa en el piso.” Me senté sobre el piso sucio del baño y me quité el pantalón y la blusa. “¡Qué lindo disfraz de puta te pusiste para mí! Abre esa sucia boca” –me ordenó. Obedecí y me escupió dentro de la boca mientras de desabrochaba el pantalón. “¿Te gustó? Le sonreí y le dije que quería uno más, me volvió a escupir. Su verga ya estaba afuera, era mediano y apestaba. De inmediato me puse de rodillas. Eliseo: “¡Pídemela puta!” –me dijo. “Quiero chuparte la verga” –le dije con voz de caliente. Eliseo, me dijo: “Di tu nombre, lo que eres y lo que quieres” “Soy Vanessa, soy una puta y te quiero chupar la verga” –le respondí. “Me voy a coger tu cara de puta” –dice mirándome a los ojos. Sus palabras me calentaban mucho, me hacía sentir que era suya y que había ganado. Quería disfrutar de toda su hombría. Me metí su verga a la boca, se la lamí y chupé, la besé toda. Tenía un sabor entre agrio y salado. Me llené la boca de pelos. Mientras se la chupaba el hacía movimientos con su cadera, a veces más fuertes a veces más despacio. Afuera se oía como el salón ya estaba lleno y el profesor había comenzado su clase.

Después de unos 15 minutos mis labios temblaban, pero no me aburría de lamérsela. De repente, sentí como me tomó la cabeza fuertemente. Su verga comenzó a palpitar dentro de mi boca. Sentí un líquido espeso y tibio que inundaba mi boca. Sin dudarlo comencé a tragarlo. Después de un momento, sacó la verga y yo comencé a limpiarla con mis labios y legua. Él me decía: “¡Qué rico la chupas Vanessa! Podrías vivir de esto. Cuando le cuente a mis amigos no me van a creer. Necesito pruebas”. Me tomó una foto sin que pudiera evitarlo, me la mostró. Aparecía sonrojada, con la mirada cansada. Con muchos pelos pegados a mi cara. Se notaba que estaba en ropa interior y de rodillas en el piso. Me puso de pie y me dio la vuelta, me dijo que pusiera las manos en la pared lo más alto que pudiera, solo podía obedecerlo. “¡Que rica tu boca Vanessa, pero lo mejor sigo diciendo que es tu culo” –dice. Supongo que me tomó más fotos, salió del baño y dejó la puerta abierta. La cerré rápido y me senté en el WC, no podía creer lo ocurrido, aún estaba muy Caliente. Me masturbé como loca. Cuando terminé me vestí y regresé al salón. Eliseo estaba en su lugar de siempre. Me senté, él puso la mano en mi muslo izquierdo, yo puse mi mano sobre la de él y se la acaricié. Así estuvimos el resto de la clase. Sin proponérmelo terminé siendo la perra de un albañil.

 

 
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lunes, 17 de noviembre de 2025

145. Una madre santa, pero perversa

 

Existen dos pilares importantes que sustentan la sociedad y son: La familia y la religión. A lo largo de los siglos la religión ha sido usada para consolidar los estados y para darle esperanza a la gente. Pues, toda persona tiene dentro de su alma la necesidad de creer en algo. Existen miles de religiones y millones de iglesias, pero ninguna es tan única y tan particular como la Iglesia de las Madres de la Salvación. Qué al no ser considerada oficialmente por ninguna institución religiosa, está constituida como tal, aunque dentro de los círculos religiosos se le considera como una secta.

En dicha iglesia, las madres son vistas como santas enviadas por Dios, cuyo deber sagrado es él de utilizar sus cuerpos para “purificar” a sus hijos una vez que estos cumplen los 18 años, para evitar que sean seducidos por el diablo. De seguro, más de uno se debe estar preguntando cuál es la forma en la que las madres purifican a sus hijos y para explicarlo, les voy a contar sobre una familia seguidora de la Iglesia de las Madres de la Salvación, la cual está conformada por: Giuliana, 40 años, es una mujer de piel blanca, pelo negro, alta, tetona, muy culona y pese a su edad, parece más joven de lo que realmente es. Ella viene de un largo linaje de seguidores de las Madres de la Salvación y sigue al pie de la letra los dogmas de dicha iglesia. José, 43 años, es el esposo de Giuliana y al igual que esta, es un devoto seguidor de las Madres de la Salvación. Tanto él como su esposa se esmeran porque en su familia se sigan rigurosamente las normas de su iglesia y no perdonan ni la más mínima falta. Julissa de 21 años, es la hija mayor de José y de Giuliana. Es una chica de ojos claros, cabello castaño como su padre, usa el pelo corto y tiene un físico similar al de su madre, aunque con los atributos un poco menos desarrollados. No suele acatar las normas de las Madres de la Salvación y por lo mismo, sus padres son mucho más estrictos con ella. Pedro, 18 años, es el hijo menor del matrimonio, es un joven delgado y bajito. Pese a ser mucho menos rebelde que su hermana e intentar seguir las leyes de la Iglesia de sus padres, estos igual son muy estrictos con él y no le permiten ni la más mínima falla.

Todo comienza una noche como cualquier otra, en la qué Giuliana había entrado repentinamente al cuarto de Pedro. “¡Con permiso, hijo!” –exclamó la MILF, mientras ingresaba a la habitación . “Vine a dejarte la ropa qué te lave está tarde” –le dice. “¡Gracias, mamá!” –exclamó el joven quien, rápidamente, escondió algo debajo de su almohada. “¡Que amable!” –le dice a su madre esbozando una sonrisa. “¿Qué escondes allí?” pregunto la madre, mientras se acercaba a la cama. “¡Nada mamá!“ –respondió el joven con nerviosismo. Luego, Giuliana levantó la almohada y se percató de que había un cd de una bandeja de música metal conocida como “Iron Maiden”. “¿Pero qué es esto?” –pregunto la mujer enojada “¡Te dije que este tipo de música satánica está completamente prohibida en esta casa!” –le dice su hijo gritando. “Es solo rock metal, no es para nada satánico” –responde Pedro. “¿Cómo no va a ser satánico, si hasta tiene un pentagrama en la caja?” preguntó Giuliana. Miró a su hijo con enojo y empezó a desnudarse frente a él. “¡Es obvio que a ti te hace falta una buena purificación y yo te la voy a dar!” –le dice a su hijo. “Espera un poco, mamá. Ya me purificaste tres veces hoy” –dice Pedro visiblemente caliente. “¡Y te voy a purificar cien veces si es necesario, porque ese es mi deber como madre!” –le responde ella. Lo tomó del rostro y lo besó con la lujuria de una experta y él tocaba las desnudas tetas de su madre como un poseído. A Giuliana le gustaba como Pedro se apoderaba de sus tetas y le retorcía los pezones. “Hijo deja que el cuerpo de tu madre purifique el tuyo y tócame como desees hacerlo” –le dice mientras suaves gemidos de escabullían de sus labios. La mujer siguió con la boca pegada a la del muchacho besándolo de forma indecorosa.

El beso entre madre e hijo fue tan apasionado que al momento de separar sus bocas, estás seguían unidas por un hilo de saliva. La escena era erótica y perversa pero a la vez demostraba la dedicación de una madre por mantener su librar libre de las “acechanzas del maligno”. Luego, la mujer empujó a su hijo sobre la cama y se colocó encima de él para que ambos hicieran el 69. “¡Eso es, lame mi concha con más fuerza!” –ordenó Giuliana, mientras se la chupaba a Pedro. “¡Recuerda que mientras más fuerte cojamos, más eficaz será la purificación de tu espíritu!” –dice la madre. Ambos estaban envueltos en placer, perdidos en ese momento lujurioso de deseo disfrazado de religión y de expiar culpas. Giuliana de puso encima de su hijo y de metió la verga en la vagina y empezó a moverse de forma descontrolada. “¡Eso es, siente cómo el diablo está abandonado tu cuerpo!” –decía ella mientras se movía salvajemente encima de la verga de su hijo y él apretaba y retorcía los pezones duros de las tetas de su madre. “¡Siente cómo la virtud vuelve a entrar a tu corazón hijo! ¡Purifica tu espíritu cogiéndote a tu madre!” –decía Giuliana.

Luego de estar envueltos en sudor y en placer, Pedro dice: “¡Mami, va a salir en diablo por mi verga!”. Se baja de encima de su hijo y se coloca en entre sus piernas y se la chupa con perversión. “¡Dámela en la boca! ¡El diablo va a recurrir en mi garganta!” –le decía jadeando y masturbándolo. Finalmente, tras mucho sexo, Juana metió la verga Pedro terminó eyaculando dentro de la boca de su madre, la cual se tragó todo el semen. “¡Ahora está purificado, hijito querido!” –exclamó Giuliana con una sonrisa, mientras se volvía a vestir “¡Descansa, y no olvides rezar antes de dormir!” –le dice al hijo, pensando de forma candente los labios de Pedro. “¡Sí, mamá!” –dijo Pedro, que estaba completamente agotado.


A la mañana siguiente, Giuliana estaba haciendo sus oraciones en la sala de su casa hasta qué, de repente, ingresó José, trayendo a Julissa agarrada del brazo y discutía a viva voz con ella.  “¿Pero que pasa aquí?” –preguntó la muer. ¡Mira lo que encontré en el cuarto de nuestra hija!” –exclamó José y le mostró un cigarrillo de marihuana. “¡Eso no es mío, es de una amiga!” –dijo la chica nerviosa, sabía que eso no era permitido en su casa pero aun así quiso hacer el favor a su amiga. “¡Ninguna hija mía será una drogadicta, pues eso va en contra de las enseñanzas de Dios!” –dijo la madre con enojo. Se puso de pie y desabrochó su pantalón, lo bajó junto con sus bragas hasta los tobillos y dijo: “¡Esto amerita un buen castigo!”. “¡No de nuevo!” –dijo la joven, excitada al saber el castigo que recibiría. “¡Obedece a tu madre!” –José, quien agarro la cabeza de su hija, y la metió entre las nalgas de su esposa “¡Esto es por tu propio bien!” –le dijo a Julissa. Giuliana gimió de placer al sentir la lengua de su hija dentro de su culo, luego empujó a la joven sobre el sofá de la sala y colocó su vagina en la boca de la chica, moviéndose para que la lengua de su hija se deslizara por completo desde su clítoris a su culo. “¡Ya basta!” –gritó la chica, pero estaba caliente bebiendo los fluidos de la concha de Giuliana. Aunque luchaba para liberarse del inmenso y pesado culo de su madre. “¡Esto es humillante!” –decía pero seguía con la cara hundida en la entrepierna de su madre. Los ojos de José estaban en la erótica escena, viendo como su hija disfrutaba de la vagina y el culo  de su esposa, hundiendo su lengua que se movía frenética.

Giuliana tomó del cabello a su hija y la llevó al piso, la miró con rabia y le dijo: “¡Ahora serás purificada! Dejarás el vicio de la droga de lado. ¡Me lo agradecerás cuando seas mayor!”. Se subió sobre el pecho de su hija y empezó a mover las nalgas. “¡Será mejor que me lamas el culo y uses tus dedos, porque hasta que no me des un orgasmo, no me levantaré” –le dice a Julissa.  “Veo que tienes todo bajo control, mi amada esposa. Me voy a trabajar, nos vemos más tarde” –dijo José y besó a mu mujer. “¡Que tengas buen día, mi amor!” –dijo Giuliana. Al salir el marido la mujer se dedicó a recibir los perversos besos negros de su hija y a ser cogida con los dedos. Caliente y jadeando se agarraba las tetas y decía: “¡Así hija hermosa! ¡La putita de mi madre quiere que te la cojas hasta que alma quede redimida!”. Al fin la mujer sentía como su vagina palpitaba y sus fluidos se escurrían, mojando por completo la cara de su hija que no se detenía con su perversa lengua hurgando cada espacio.

Al día siguiente, por la noche, Pedro y Julissa se habían sentado en el sofá para ver la tele. “¡Hoy me toca a mí elegir el programa!” –dice la hermana mayor mientras agarraba el control. “¡No, me toca a mí!” –dijo Pedro, forcejeando con su hermana. “¡Tú elegiste la vez pasada, no seas egoísta!” –dice ella sin soltar el control. “¿Pero qué es esto que veo?” ¿Acaso mis hijos están peleando?” –preguntó Giuliana mientras entraba con José a la sala. “¡Es solo una disputa entre hermanos, mamá, nada más!” –exclamó Julissa. “¡No porque, según la biblia, cuando los hermanos pelean, es porque el diablo está incentivando el conflicto! Ustedes necesitan una sesión de purificación extrema urgente” –exclamó la madre mientras se desnudaba. “Estoy completamente de acuerdo, querida. Llévate a los chicos a nuestra cama y haz todo lo que debas hacer” –dijo José.  “¡Pero!” –exclamaron ambos hermanos al unísono. “¡Nada de peros!” exclamó Giuliana, mientras les daba un tirón de orejas a sus hijos. “¡Rápido, no hay tiempo que perder porqué mientras más demoremos, más estarán a merced de satanás!” –dice ella en tono de desesperación. Llevó rápidamente a sus hijos hasta su habitación, los llevaba de las orejas y caminar sensual. Les decía: “Ahora sí están en las garras del diablo, pero por suerte tienen a su devota madre que está dispuesta a sacrificarse por ustedes”. Una vez en el cuarto cerró la puerta del cuarto con llave y les dice: “¡Está bien mocosos malcriados, quítense la ropa!”. Cuando ya estuvieron desnudos los empezó a besar con lujuria, sabía que los chicos se habían hecho adictos al “ritual de purificación” y ella también, por lo que lo disfrutaría como una pervertida.

Una vez que sus hijos estuvieron completamente desnudos, Giuliana comenzó a hacerle una paja a Pedro con su mano derecha y a meterle los dedos en la vagina a Julissa con su mano izquierda. “¡Eso es, dejen salir al demonio de sus cuerpos!” –dijo la madre, quien mientras masturbaba a sus hijos, estos le chupaban las tetas “¡Reciban, sin la más mínima resistencia, el amor puro y santo de su madre!” –les decía gimiendo de placer. Luego, hizo que sus hijos se arrodillaran ante ella e hizo que Pedro le lamiera el culo, al mismo tiempo que Julissa le lamia la concha. “¡Metan sus lenguas tan profundo como puedan!” –ordenó Giuliana, mientras agarraba con fuerza las cabezas de sus hijos para que estos no despegaran sus bocas de sus orificios “¡Recuerden que todo esto es por su bien!” –les decía jadeando. “¡Dios, no puedo creer que este disfrutando esto!” –pensó Pedro, mientras lamía el culo de su madre. Los tres al cabo de unos minutos estaban tendidos en el piso, unida a la vagina de Julissa, la madre empezó a restregar la suya con sensualidad mientras le chupaba la verga a Pedro. En un delicioso 69 con Julissa, ambas disfrutaban sobre la cama del placer del sexo oral lésbico e incestuoso, mientras que el muchacho aprovechó de meter la ven la concha hambrienta de su madre y su caliente hermana le pasaba la lengua a sus testículos “¡Mama será una fanática religiosa de mierda, pero debo reconocer que la lame muy rico!” –pensó Lisa, entre gemidos.

Tras varios lujuriosos orgasmos, Giuliana se puso un arnés que era coronado por un dildo de plástico, color piel y cubierto de venas, hace que Julissa se acostara boca abajo en la cama, solo un poco de saliva fue el lubricante en ese apretado agujero, la mujer se subió encima de la chica y le metí el dildo en su culo. La chica dio un alarido de dolor que pronto se convirtieron en gemidos. Pedro hizo lo mismo con el culo de su madre pero no tuvo la compasión de lubricárselo. “¡Eso hijito, dame verga con fuerza! ¡Rómpeme el culo, déjame abierta!” –le decía gimiendo. El chico estaba soldado a las caderas de su madre, penetrándola como un loco, cumpliendo su deseo de quedar bien acogida por el culo hasta tenerlo roto por la lujuria. “La purificación está teniendo éxito” –decía entre gritos, mientras Julissa le decía: “¡Mamita purifica mi culo, cógeme por ser una puta desobediente!”. “¡Para que el diablo abandone sus cuerpo, debemos coger con todas tus fuerzas o de lo contrario, la purificación no servirá!” –exclamó la sensual y caliente madre mientras agitaba sus nalgas “¡Así que me coges el culo como corresponde” –le dice a Pedro quien daba todo su esfuerzo por cumplir el deseo de su caliente madre. “¡Sí, qué rico!” –gritó Giuliana, mientras ella y sus hijos sudaban de placer. “¿Me escuchas, Satanás? Jamás podrás apoderarte de las almas de mis hijos, pues yo siempre estaré allí para purificarlos con mi cuerpo, y me da igual si tengo que cogérmelos diez veces por día a cada uno ¡Nunca me vencerás!” –decía la mujer con los ojos casi en blanco y babeando con las brutales embestidas que recibía.

Finalmente, Pedro y Lisa tuvieron un orgasmo, Giuliana puso las caras de sus hijos cerca de su concha. “¡Aquí viene la bendición de mamá!” –gritó ella, mientras tenía un orgasmo, cubriendo la cara de sus hijos con sus jugos vaginales. “¡Bien, creo que eso fue todo por esta noche!” –exclamó Pedro agotado. “¡Sí, mejor vámonos a dormir!” –dijo Julissa. “¡De ninguna manera! Aún siento el espíritu del maligno dentro de sus corazones así que, por seguridad, me los voy a coger toda la noche, solo para asegurarme de purificarlos correctamente” –dijo la sensual madre. “¡Pero mamá…!” –exclamaron ambos hermanos. “¡Pero nada!” ¡Prepárense para la segunda ronda!” –dijo ella, mientras se abalanzaba sobre sus hijos.

A la mañana siguiente, Giuliana fue hasta la cocina, en dónde la estaba esperando José con el desayuno preparado. “¿Cómo te fue anoche, querida? ¿Y nuestros hijos?” –preguntó el hombre. “¡Aún siguen durmiendo! Estaban tan corrompidos que me los tuve que coger hasta altas horas de la noche, pero estarán bien” –le responde la calentona esposa. “¡Qué bueno escuchar eso! ¿Sabes? Cuando te veo purificar a nuestros hijos, me hace recordar a como mi madre lo hacía conmigo” –exclamó José, y abrazo a su esposa. “¡Te agradezco el cumplido, pero aún me hace falta mucho para poder comprarme con mi suegra!” –le dice ella. “Pues yo creo que si estás a su mismo nivel y te admiro mucho por ello ¡Eres la mejor madre de toda nuestra iglesia!” –le dice José, mientras Giuliana se arrodillaba ante él. Sacó la verga de su marido y se la chupó hasta hacerlo acabar en su boca; después de tragarse el semen de su marido, le dice: “¡Tú el mejor esposo que una mujer pudiera pedir!”.

Luego, la pareja, tras hacer sus oraciones, se pusieron a desayunar, con la tranquilidad de saber que, mientras Giuliana estuviera cerca, el demonio jamás podría apoderarse del alma de sus hijos.

 

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viernes, 14 de noviembre de 2025

144. La vecina caliente

Desde hace ya más de una semana que he estado espiando a mi vecina, los primeros días lo hacía detrás de las cortinas de mi cuarto que queda justamente frente a su ventana. Después, cierto día por la tarde ya casi al oscurecer me encontraba fumando parado en la ventana, observando hacia el cielo ,cuando de pronto escuché como se abrió la puerta de su cuarto y se encendió la luz y ella apareció recién bañada, envuelta solo por una toalla que le cubría hasta el pecho, no pudo verme ya que sus cortinas se encontraban abajo, pero con la fortuna de que son semitransparentes y con la ayuda de la luz del cuarto no supo que la miraba como un lobo hambriento.

Apuré mi cigarro y lo tiré, me dispuse a observarla detenidamente y procurando que no me viera. Apagué mis luces de mi lujurioso escondite y me quedé mirándola entre las sombras. Es una mujer que es muy bonita, tiene un cuerpo muy bien conservado a pesar de ser madre en tres ocasiones. Su cintura es plana a pesar de los embarazos, sus senos han crecido debido a lo mismo y tiene unas caderas que son la envidia de las señoras de esta calle. Mientras disfrutaba del espectáculo que me estaba dando no pude contener el deseo de sacarme la verga y comenzar a masturbarme mientras la veía, ella comenzó secándose el cuerpo sin prisa permitiéndome observar muy bien todo su cuerpo después me dio la espalda mostrándome sus nalgas redonditas y muy paraditas, buscó entre su ropa un calzoncito de encajes blanco que venía acompañado por un sujetador del mismo tipo y color, yo estaba que no podía más y comencé a acelerar el ritmo a mi masturbación.

De pronto, volteó o al menos así lo creí porque me dio la impresión que podía verme como si supiera que la observaba, pero era imposible ya que no podría ver a través de sus cortinas, eso me relajó y seguí pajeándome morbosamente hasta que acabé deliciosamente. Cuando pensé que todo terminaría ya que se había puesto el resto de la ropa, había salido de su habitación y apagado las luces, me dispuse a fumar otro cigarro ya con la ventana abierta y las cortinas completamente corridas y mi luz encendida, pensando que no volvería, cuando de pronto volvió a encenderse la luz de su cuarto y entró nuevamente, al ver la luz de mi cuarto encendida volteó inmediatamente, a través de las cortinas pudo verme por que inmediatamente cerró su ventana y apagó su luz. Seguí como si nada hubiera pasado y seguí fumando mi cigarro, seguro que en ese momento ella pensó que la había estado observando mientras se cambiaba de ropa, eso hizo que me volviera a calentar y logró levantarme mi verga nuevamente mientras pensaba en ella y la posibilidad de que se encontrara tras las cortinas, ahora ella tomando el papel de espía que hacia un rato yo había jugado, fantaseando con eso decidí sacar la verga al aire de modo que pudiera verse por cualquiera que mirara a mi ventana, por momentos mientras me masturbaba veía detenidamente hacia su ventana esperando ver algún movimiento en sus cortinas pero nada, me daba igual seguía masturbándome, hasta que por fin pude ver que ella efectivamente había estado espiándome y al parecer lo estaba disfrutando,  ya que al poco rato después encendió nuevamente su luz y abrió la ventana y cortinas al máximo, se recostó al borde de la cama y veía como me masturbaba observándola. No niego que me dio algo de vergüenza al principio y traté de cubrirme con las cortinas pero ella se rio, eso me dio algo de coraje pero al a vez me excitó más y decidí mostrarle lo que ella quería ver.

La vi que tomó su celular y me escribió: “Eres un loco y morboso”. Le sonreí y aun con mi verga en la mano, le respondí por mensaje de audio: “La morbosa eres tú que te exhibes con las cortinas abiertas y ahora te quejas de que disfruto de la vista”. “Al parecer te gusta jugar con fuego” –me dijo con su sensual voz. “Me gusta la sensualidad y tú lo eres” –le dije. “Además, siempre has estado presente en mis pensamientos perversos”. Seguimos con esa conversación por audios y le dije: “Obvio que me gusta jugar con fuego, pero la que debe tener cuidado eres tú, te puede sorprender lo que es capaz de hacer si no sabes controlar”. Me pidió que siguiera masturbándome pero quería verme acabar, entonces le sugerí que hiciéramos una videollamada porque también me gustaría verla tocándose y escucharla gemir. Aceptó casi de inmediato, quien marcó fue ella y al contestar vi sus ojos perdidos en la pantalla viendo como me masturbaba diciéndole que era una deliciosa puta. Ella disfrutaba de mis sucias palabras tanto como de sus dedos que masajeaban su clítoris “¡Sigue pervertido! ¡Quiero ver como tu semen se desparrama en tu mano!” –me decía intentando contener sus gemidos.  Parecíamos adolescentes dominados por aquella delirante lujuria y ese delicioso placer de vernos darnos placer. Estábamos perdidos en la lujuria de nuestros deseos, ambos gimiendo y tratando de luchar con nuestros demonios internos. No nos detuvimos hasta que ninguno de los dos pudo aguantar la lujuria y terminamos con alaridos de placer en nuestras camas, mirándonos como dos amantes furtivos, sudados y complacidos. Luego de un candente beso a través de las pantallas de nuestros móviles nos despedimos para así descansar e intentar dormir.

Después, ya entrada la noche, escuché como discutía con su marido. Había gritos y acusaciones varias referentes al comportamiento de la vecina cuando él no estaba. Con algo de curiosidad me acerqué a la ventana para tener óptica de la discusión, pero la cortina estaba cerraba. Escuchaba os gritos y los insultos, hasta que el esposo salió de la habitación ando un fuerte portazo y lo mismo hizo con la puerta principal. Maldijo e insultó a su esposa mientras caminaba por la calle. Ella al saber que el marido no regresaría toda esa noche y que de seguro lo tomaría como pretexto para irse con alguna puta, decidió ir a la ventana pero esta vez solo en ropa interior. Como no pude seguir durmiendo a causa de la pelea y los gritos me asomé a fumar al balcón. Al verla le pregunté: “¿Te siente bien? ¿Necesitas alguien con quien hablar?”. Con una sonrisa un tanto picara, me responde: “Necesito un hombre qué me coja con rabia, que calme el fuego que tengo dentro y me haga sentir la más puta de todas. Así puede el estúpido de mi marido hablar con razón y si cree que soy puta, le daré motivos”. No me sorprendió su respuesta, solo le hice señas que en cinco minutos estaría en la puerta de su casa. Me puse un pantalón, una polera y salí. No tuve más que dar unos pasos por la calle y llegué. Ella dejó la puerta de la entrada,abierta  al caminar por el pasillo que llega a las habitaciones, me esperaba con una mirada sensual, la vecina sin  bragas y sin brasier, yo embobado mirándola y con una erección que me era imposible esconder.

Me acerqué bajando el cierre del pantalón, ella pasaba la lengua por sus labios, al sacar mi verga no hizo más que ponerse de rodillas y me dijo: “¡Métela en mi boca! ¡Te la voy a chupar como la mejor de las putas!”. Ya estando más cerca abrió la boca y se la metí de golpe, haciendo que se ahogara, enredé mis dedos en su pelo y le dije: “¡Cómetela toda puta!”. Nos subimos a la cama e hicimos un perverso 69, incluso le metía mis dedos en su culo, gimiendo mi puta vecina como si estuviera endemoniada. Después se montó encima de mí y empezó a moverse perversamente, en sus ojos se notaba el placer, se agarraba las tetas y me decía: “Nunca pensé que estaríamos cogiendo en mi cama. Me encaste desde que nos vimos por primera vez y siempre quise tener tu verga en mi concha”. “No sabes cuantas pajas me he corrido pensando en que la estoy metiendo y las veces que acabé pensando que lo hacía en tu boca” –le dije. Lo más lujurioso de todo, es que ambos nos desebamos en las sombras y ahora estábamos haciendo crecer más ese deseo. Nuestros cuerpos sudados se complementaban en el más exquisito placer, nos besábamos con pasión y nos entregamos a esos delirantes placeres de amantes furtivos. El hecho de ser descubiertos en cualquier momento le daba un toque más de morbo.

Sentía su aliento y respiración agitada en mi cuerpo y me dieron ganas de cogerla por el culo. Cuando se lo susurre al oído me dijo, que nunca lo había hecho por ahí y me calentó mucho más. “A mi marido no le gustan esas cosas, pero desde que me recuerdo he tenido la curiosidad de hacerlo” –me dice entre gemidos. No lo dude más, tomé un poco de sus fluidos vaginales y los unté en la entrada de su orificio, para luego poner la punta de mi verga en ese delicioso orificio. Empujé un poquito para ver la reacción de ella, pero no hubo dolor. Se encontraba completamente relajada y no me fue difícil aun cuando estaba estrecho pudo entrar considerablemente fácil, lo cual pudo darme la oportunidad de cogerla sin tener el temor de lastimarla, pero si de darle placer. La caliente vecina gritaba y me pedía más, después de un rato sentí que iba a acabar y que estaba a punto de hacerlo. Me pidió que la sacara y se lanzó encima de mí para chupármela y tomar todo mi semen. “¡Esta bebita puta quiere leche de tu biberón de carne papito!”. Se puso a chupármela de forma caliente, le pasaba la lengua de punta a base y se la volvía a tragar entera. Ya estaba perdiendo la cabeza,  estaba sintiendo esa rica sensación  de acabar. Cerraba los ojos y la veía cubierta de semen, hasta que al fin ya no pude contener las ganas de eyacular y exploté en sus labios y en su cara. Les puedo contar que mi caliente vecina no dejó escapar ni una gota de semen, que fue todo un placer y no culpable pasar esas horas cogiendo.

Regresé a mi habitación y me tumbé en la cama perdido en el éxtasis de ese lujurioso momento. Desde ese día ya no la espío, cuando tengo ganas de coger me asomo a la ventana, enciendo un cigarrillo y saco mi verga. Inmediatamente ella me manda un mensaje para que vaya a verla. Al abrir la puerta siempre me la encuentro desnuda en la sala con las piernas abiertas y con una sonrisa que invita ser perverso. Después de varios meses de estar cogiendo entre las sombras, me cuenta que se fue su marido y había iniciado los trámites de divorcio; ahora tendríamos más libertad para hacer las locuras que quisiéramos sin escondernos.

 

 

 

 

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