Existen dos pilares importantes que sustentan la sociedad y son: La familia y la religión. A lo largo de los siglos la religión ha sido usada para consolidar los estados y para darle esperanza a la gente. Pues, toda persona tiene dentro de su alma la necesidad de creer en algo. Existen miles de religiones y millones de iglesias, pero ninguna es tan única y tan particular como la Iglesia de las Madres de la Salvación. Qué al no ser considerada oficialmente por ninguna institución religiosa, está constituida como tal, aunque dentro de los círculos religiosos se le considera como una secta.
En dicha iglesia, las madres son vistas como santas enviadas por Dios, cuyo deber sagrado es él de utilizar sus cuerpos para “purificar” a sus hijos una vez que estos cumplen los 18 años, para evitar que sean seducidos por el diablo. De seguro, más de uno se debe estar preguntando cuál es la forma en la que las madres purifican a sus hijos y para explicarlo, les voy a contar sobre una familia seguidora de la Iglesia de las Madres de la Salvación, la cual está conformada por: Giuliana, 40 años, es una mujer de piel blanca, pelo negro, alta, tetona, muy culona y pese a su edad, parece más joven de lo que realmente es. Ella viene de un largo linaje de seguidores de las Madres de la Salvación y sigue al pie de la letra los dogmas de dicha iglesia. José, 43 años, es el esposo de Giuliana y al igual que esta, es un devoto seguidor de las Madres de la Salvación. Tanto él como su esposa se esmeran porque en su familia se sigan rigurosamente las normas de su iglesia y no perdonan ni la más mínima falta. Julissa de 21 años, es la hija mayor de José y de Giuliana. Es una chica de ojos claros, cabello castaño como su padre, usa el pelo corto y tiene un físico similar al de su madre, aunque con los atributos un poco menos desarrollados. No suele acatar las normas de las Madres de la Salvación y por lo mismo, sus padres son mucho más estrictos con ella. Pedro, 18 años, es el hijo menor del matrimonio, es un joven delgado y bajito. Pese a ser mucho menos rebelde que su hermana e intentar seguir las leyes de la Iglesia de sus padres, estos igual son muy estrictos con él y no le permiten ni la más mínima falla.
Todo comienza una noche como cualquier otra, en la qué Giuliana había entrado repentinamente al cuarto de Pedro. “¡Con permiso, hijo!” –exclamó la MILF, mientras ingresaba a la habitación . “Vine a dejarte la ropa qué te lave está tarde” –le dice. “¡Gracias, mamá!” –exclamó el joven quien, rápidamente, escondió algo debajo de su almohada. “¡Que amable!” –le dice a su madre esbozando una sonrisa. “¿Qué escondes allí?” pregunto la madre, mientras se acercaba a la cama. “¡Nada mamá!“ –respondió el joven con nerviosismo. Luego, Giuliana levantó la almohada y se percató de que había un cd de una bandeja de música metal conocida como “Iron Maiden”. “¿Pero qué es esto?” –pregunto la mujer enojada “¡Te dije que este tipo de música satánica está completamente prohibida en esta casa!” –le dice su hijo gritando. “Es solo rock metal, no es para nada satánico” –responde Pedro. “¿Cómo no va a ser satánico, si hasta tiene un pentagrama en la caja?” preguntó Giuliana. Miró a su hijo con enojo y empezó a desnudarse frente a él. “¡Es obvio que a ti te hace falta una buena purificación y yo te la voy a dar!” –le dice a su hijo. “Espera un poco, mamá. Ya me purificaste tres veces hoy” –dice Pedro visiblemente caliente. “¡Y te voy a purificar cien veces si es necesario, porque ese es mi deber como madre!” –le responde ella. Lo tomó del rostro y lo besó con la lujuria de una experta y él tocaba las desnudas tetas de su madre como un poseído. A Giuliana le gustaba como Pedro se apoderaba de sus tetas y le retorcía los pezones. “Hijo deja que el cuerpo de tu madre purifique el tuyo y tócame como desees hacerlo” –le dice mientras suaves gemidos de escabullían de sus labios. La mujer siguió con la boca pegada a la del muchacho besándolo de forma indecorosa.
El beso entre madre e hijo fue tan apasionado que al momento de separar sus bocas, estás seguían unidas por un hilo de saliva. La escena era erótica y perversa pero a la vez demostraba la dedicación de una madre por mantener su librar libre de las “acechanzas del maligno”. Luego, la mujer empujó a su hijo sobre la cama y se colocó encima de él para que ambos hicieran el 69. “¡Eso es, lame mi concha con más fuerza!” –ordenó Giuliana, mientras se la chupaba a Pedro. “¡Recuerda que mientras más fuerte cojamos, más eficaz será la purificación de tu espíritu!” –dice la madre. Ambos estaban envueltos en placer, perdidos en ese momento lujurioso de deseo disfrazado de religión y de expiar culpas. Giuliana de puso encima de su hijo y de metió la verga en la vagina y empezó a moverse de forma descontrolada. “¡Eso es, siente cómo el diablo está abandonado tu cuerpo!” –decía ella mientras se movía salvajemente encima de la verga de su hijo y él apretaba y retorcía los pezones duros de las tetas de su madre. “¡Siente cómo la virtud vuelve a entrar a tu corazón hijo! ¡Purifica tu espíritu cogiéndote a tu madre!” –decía Giuliana.
Luego de estar envueltos en sudor y en placer, Pedro dice: “¡Mami, va a salir en diablo por mi verga!”. Se baja de encima de su hijo y se coloca en entre sus piernas y se la chupa con perversión. “¡Dámela en la boca! ¡El diablo va a recurrir en mi garganta!” –le decía jadeando y masturbándolo. Finalmente, tras mucho sexo, Juana metió la verga Pedro terminó eyaculando dentro de la boca de su madre, la cual se tragó todo el semen. “¡Ahora está purificado, hijito querido!” –exclamó Giuliana con una sonrisa, mientras se volvía a vestir “¡Descansa, y no olvides rezar antes de dormir!” –le dice al hijo, pensando de forma candente los labios de Pedro. “¡Sí, mamá!” –dijo Pedro, que estaba completamente agotado.
A la mañana siguiente, Giuliana estaba haciendo
sus oraciones en la sala de su casa hasta qué, de repente, ingresó José,
trayendo a Julissa agarrada del brazo y discutía a viva voz con ella. “¿Pero que pasa aquí?” –preguntó la muer. ¡Mira
lo que encontré en el cuarto de nuestra hija!” –exclamó José y le mostró un
cigarrillo de marihuana. “¡Eso no es mío, es de una amiga!” –dijo la chica
nerviosa, sabía que eso no era permitido en su casa pero aun así quiso hacer el
favor a su amiga. “¡Ninguna hija mía será una drogadicta, pues eso va en contra
de las enseñanzas de Dios!” –dijo la madre con enojo. Se puso de pie y
desabrochó su pantalón, lo bajó junto con sus bragas hasta los tobillos y dijo:
“¡Esto amerita un buen castigo!”. “¡No de nuevo!” –dijo la joven, excitada al saber
el castigo que recibiría. “¡Obedece a tu madre!” –José, quien agarro la cabeza
de su hija, y la metió entre las nalgas de su esposa “¡Esto es por tu propio
bien!” –le dijo a Julissa. Giuliana gimió de placer al sentir la lengua de su
hija dentro de su culo, luego empujó a la joven sobre el sofá de la sala y
colocó su vagina en la boca de la chica, moviéndose para que la lengua de su
hija se deslizara por completo desde su clítoris a su culo. “¡Ya basta!” –gritó la chica, pero estaba
caliente bebiendo los fluidos de la concha de Giuliana. Aunque luchaba para
liberarse del inmenso y pesado culo de su madre. “¡Esto es humillante!” –decía pero
seguía con la cara hundida en la entrepierna de su madre. Los ojos de José
estaban en la erótica escena, viendo como su hija disfrutaba de la vagina y el
culo de su esposa, hundiendo su lengua
que se movía frenética.
Giuliana tomó del cabello a su hija y la llevó al
piso, la miró con rabia y le dijo: “¡Ahora serás purificada! Dejarás el vicio
de la droga de lado. ¡Me lo agradecerás cuando seas mayor!”. Se subió sobre el
pecho de su hija y empezó a mover las nalgas. “¡Será mejor que me lamas el culo
y uses tus dedos, porque hasta que no me des un orgasmo, no me levantaré” –le dice
a Julissa. “Veo que tienes todo bajo
control, mi amada esposa. Me voy a trabajar, nos vemos más tarde” –dijo José y
besó a mu mujer. “¡Que tengas buen día, mi amor!” –dijo Giuliana. Al salir el
marido la mujer se dedicó a recibir los perversos besos negros de su hija y a
ser cogida con los dedos. Caliente y jadeando se agarraba las tetas y decía: “¡Así
hija hermosa! ¡La putita de mi madre quiere que te la cojas hasta que alma
quede redimida!”. Al fin la mujer sentía como su vagina palpitaba y sus fluidos
se escurrían, mojando por completo la cara de su hija que no se detenía con su
perversa lengua hurgando cada espacio.
Al día siguiente, por la noche, Pedro y Julissa se
habían sentado en el sofá para ver la tele. “¡Hoy me toca a mí elegir el
programa!” –dice la hermana mayor mientras agarraba el control. “¡No, me toca a
mí!” –dijo Pedro, forcejeando con su hermana. “¡Tú elegiste la vez pasada, no
seas egoísta!” –dice ella sin soltar el control. “¿Pero qué es esto que veo?”
¿Acaso mis hijos están peleando?” –preguntó Giuliana mientras entraba con José
a la sala. “¡Es solo una disputa entre hermanos, mamá, nada más!” –exclamó
Julissa. “¡No porque, según la biblia, cuando los hermanos pelean, es porque el
diablo está incentivando el conflicto! Ustedes necesitan una sesión de
purificación extrema urgente” –exclamó la madre mientras se desnudaba. “Estoy
completamente de acuerdo, querida. Llévate a los chicos a nuestra cama y haz
todo lo que debas hacer” –dijo José. “¡Pero!”
–exclamaron ambos hermanos al unísono. “¡Nada de peros!” exclamó Giuliana,
mientras les daba un tirón de orejas a sus hijos. “¡Rápido, no hay tiempo que
perder porqué mientras más demoremos, más estarán a merced de satanás!” –dice
ella en tono de desesperación. Llevó rápidamente a sus hijos hasta su
habitación, los llevaba de las orejas y caminar sensual. Les decía: “Ahora sí
están en las garras del diablo, pero por suerte tienen a su devota madre que
está dispuesta a sacrificarse por ustedes”. Una vez en el cuarto cerró la
puerta del cuarto con llave y les dice: “¡Está bien mocosos malcriados,
quítense la ropa!”. Cuando ya estuvieron desnudos los empezó a besar con
lujuria, sabía que los chicos se habían hecho adictos al “ritual de
purificación” y ella también, por lo que lo disfrutaría como una pervertida.
Una vez que sus hijos estuvieron completamente
desnudos, Giuliana comenzó a hacerle una paja a Pedro con su mano derecha y a meterle
los dedos en la vagina a Julissa con su mano izquierda. “¡Eso es, dejen salir
al demonio de sus cuerpos!” –dijo la madre, quien mientras masturbaba a sus
hijos, estos le chupaban las tetas “¡Reciban, sin la más mínima resistencia, el
amor puro y santo de su madre!” –les decía gimiendo de placer. Luego, hizo que
sus hijos se arrodillaran ante ella e hizo que Pedro le lamiera el culo, al
mismo tiempo que Julissa le lamia la concha. “¡Metan sus lenguas tan profundo
como puedan!” –ordenó Giuliana, mientras agarraba con fuerza las cabezas de sus
hijos para que estos no despegaran sus bocas de sus orificios “¡Recuerden que
todo esto es por su bien!” –les decía jadeando. “¡Dios, no puedo creer que este
disfrutando esto!” –pensó Pedro, mientras lamía el culo de su madre. Los tres
al cabo de unos minutos estaban tendidos en el piso, unida a la vagina de
Julissa, la madre empezó a restregar la suya con sensualidad mientras le
chupaba la verga a Pedro. En un delicioso 69 con Julissa, ambas disfrutaban
sobre la cama del placer del sexo oral lésbico e incestuoso, mientras que el
muchacho aprovechó de meter la ven la concha hambrienta de su madre y su
caliente hermana le pasaba la lengua a sus testículos “¡Mama será una fanática
religiosa de mierda, pero debo reconocer que la lame muy rico!” –pensó Lisa,
entre gemidos.
Tras varios lujuriosos orgasmos, Giuliana se
puso un arnés que era coronado por un dildo de plástico, color piel y cubierto
de venas, hace que Julissa se acostara boca abajo en la cama, solo un poco de
saliva fue el lubricante en ese apretado agujero, la mujer se subió encima de
la chica y le metí el dildo en su culo. La chica dio un alarido de dolor que pronto
se convirtieron en gemidos. Pedro hizo lo mismo con el culo de su madre pero no
tuvo la compasión de lubricárselo. “¡Eso hijito, dame verga con fuerza! ¡Rómpeme
el culo, déjame abierta!” –le decía gimiendo. El chico estaba soldado a las
caderas de su madre, penetrándola como un loco, cumpliendo su deseo de quedar
bien acogida por el culo hasta tenerlo roto por la lujuria. “La purificación está
teniendo éxito” –decía entre gritos, mientras Julissa le decía: “¡Mamita
purifica mi culo, cógeme por ser una puta desobediente!”. “¡Para que el diablo
abandone sus cuerpo, debemos coger con todas tus fuerzas o de lo contrario, la
purificación no servirá!” –exclamó la sensual y caliente madre mientras agitaba
sus nalgas “¡Así que me coges el culo como corresponde” –le dice a Pedro quien daba
todo su esfuerzo por cumplir el deseo de su caliente madre. “¡Sí, qué rico!” –gritó
Giuliana, mientras ella y sus hijos sudaban de placer. “¿Me escuchas, Satanás?
Jamás podrás apoderarte de las almas de mis hijos, pues yo siempre estaré allí
para purificarlos con mi cuerpo, y me da igual si tengo que cogérmelos diez
veces por día a cada uno ¡Nunca me vencerás!” –decía la mujer con los ojos casi
en blanco y babeando con las brutales embestidas que recibía.
Finalmente, Pedro y Lisa tuvieron un orgasmo,
Giuliana puso las caras de sus hijos cerca de su concha. “¡Aquí viene la
bendición de mamá!” –gritó ella, mientras tenía un orgasmo, cubriendo la cara
de sus hijos con sus jugos vaginales. “¡Bien, creo que eso fue todo por esta
noche!” –exclamó Pedro agotado. “¡Sí, mejor vámonos a dormir!” –dijo Julissa. “¡De
ninguna manera! Aún siento el espíritu del maligno dentro de sus corazones así
que, por seguridad, me los voy a coger toda la noche, solo para asegurarme de purificarlos
correctamente” –dijo la sensual madre. “¡Pero mamá…!” –exclamaron ambos
hermanos. “¡Pero nada!” ¡Prepárense para la segunda ronda!” –dijo ella,
mientras se abalanzaba sobre sus hijos.
A la mañana siguiente, Giuliana fue hasta la cocina,
en dónde la estaba esperando José con el desayuno preparado. “¿Cómo te fue
anoche, querida? ¿Y nuestros hijos?” –preguntó el hombre. “¡Aún siguen
durmiendo! Estaban tan corrompidos que me los tuve que coger hasta altas horas
de la noche, pero estarán bien” –le responde la calentona esposa. “¡Qué bueno
escuchar eso! ¿Sabes? Cuando te veo purificar a nuestros hijos, me hace
recordar a como mi madre lo hacía conmigo” –exclamó José, y abrazo a su esposa.
“¡Te agradezco el cumplido, pero aún me hace falta mucho para poder comprarme
con mi suegra!” –le dice ella. “Pues yo creo que si estás a su mismo nivel y te
admiro mucho por ello ¡Eres la mejor madre de toda nuestra iglesia!” –le dice
José, mientras Giuliana se arrodillaba ante él. Sacó la verga de su marido y se
la chupó hasta hacerlo acabar en su boca; después de tragarse el semen de su
marido, le dice: “¡Tú el mejor esposo que una mujer pudiera pedir!”.
Luego, la pareja, tras hacer sus oraciones, se
pusieron a desayunar, con la tranquilidad de saber que, mientras Giuliana
estuviera cerca, el demonio jamás podría apoderarse del alma de sus hijos.
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