Mi nombre es Fernanda, soy de profesión Arquitecto; me gradué de la
Pontificia Universidad Católica de Chile, lo que abrió las puertas para trabajar
en una prestigiosa empresa de Arquitectura y construcción. Para cuando todo lo
que les voy a relatar tenía 36 años. Siempre me caractericé por trabajar bajo presión,
estaba acostumbrada a resolver problemas y tampoco esa vez sería una excepción.
Todo marchaba bien con respecto una obra que estaba por terminar, pero los
agiles de la oficina se dieron cuenta que existía un problema con la norma
municipal y obviamente la recepción de obras municipales no daría la autorización.
Por lo que mi jefe directo me pidió que me pusiera en contacto con don Mario
Zamudio, era quien daría el visto bueno al trabajo y firmaría los documentos y
también conocíamos que es un hombre
bastante complicado, que sigue las reglas al pie de la letra y que sería un
hueso duro de roer.
Todos sabíamos que esa obra en particular tenía algunos
problemas pero nadie se atrevía a llamarlo, mucho menos ir a verlo para hacer
ese trámite, porque en caso de detectarlo haría un escándalo tan intenso que
saldrían corriendo sin conseguir su firma. Bueno, sabiendo para que me querían
me puse un vestidito súper escotado que al parecer no surtió efecto ya que
objetó la obra y don Mario no firmó el documento. Mi jefe me pidió entonces que
fuera más “agresiva” para sacar la firma, ya que de otra forma la multa sería
millonaria. Esa tarde iría a la casa de don Mario y conseguiría esa firma a
como dé lugar. Esa tarde llegué a casa de don Mario muy coqueta, sabía que tenía
que firmarme el documento si o si, así es que estaba dispuesta a ¡TODO!
Me puse el mejor escote, de esos que al agacharse un poquito nada más, mis tetitas quedarían a la vista del señor Zamudio; como tengo tetas grandes el escote podía ser atrevido. Era una blusita delgada que dibujaba mis pezones sin mucha imaginación, ya que el sostén que me puse era muy delgado, casi inexistente, y mis pezones son muy oscuros, usaba además una falda larga muy apretada, con un tajo que la abría completamente y además delgadísima que me traslucía y dibujaba el calzón pequeño que no siempre suelo usar, colaless negro que no requería imaginación alguna para verla. La faldita permitía que mis piernas quedaran desnudas con un leve movimiento. Don Mario debe tener unos 70 años, algo así como la edad de mi papá, pero gordito, pelado, arrugado, y bajito, en fin, un abuelito. Entonces no me preocupé, ya que nada malo podría pasarme. La verdad es que me atreví debido a que yo soy una mujer súper sana y mi pareja nunca pensaría mal de mí, si llegara a verme no parecía puta. Soy una mujer normal, piernas largas bien hechas, mi trasero está bastante bien según me han dicho y mis pechos, como dije, grandes; con pezones gruesos y siempre marcando mi blusa. Debo agregar que soy una caliente, aunque habitualmente me disfrazo de mujer santa. Tengo sexo con varios hombres además de mi pareja, me gusta coger y tener siempre al menor dos vergas dándome en mis agujeros, obviamente mi novio piensa que soy una beata y jamás pensaría que soy una zorrita que siempre está con las piernas abiertas.
Llegué tipo 9 de la noche a su departamento en una buena comuna
de una ciudad que no mencionaré, pero en Chile. Al llegar, soy recibida por el
conserje del edificio, que luego de registrar mis datos, hace la llamada para
solicitar mi autorización de ingreso. Luego de ser afirmativa me indica donde
están los ascensores. Al golpear la puerta, me abrió sonriendo. Me senté en el sofá
sabiendo que mi pierna derecha quedaría desnuda de partida. Me ofreció vino y
acepté encantada. Fui encantadora y coqueta
y él un galán. “¡Pobrecito pensé!”. Luego de hablar como 20 minutos y
pedirle que me firmara el papel, noté que don Mario estaba caliente, un bulto
grosero se le notaba por el pantalón; mi escote daba resultado, pero me empezó
a decir que no firmaría, que todo estaba mal hecho y que había que hacer
algunos cambios en la obra. Me comencé a angustiar.
Etapa numero dos: Mostraría más. Me incliné sobre el
plano que estaba en la alfombra y noté que él, de pie me miraba descaradamente.
Mis tetas colgaban groseramente, era muy sexy, obviamente y cada vez que
extendía el brazo las tetas se me agitaban hasta que noté que el pezón derecho
comenzaba a aparecer en vivo y en directo ante los ojos del inspector. Yo ya
estaba en cuatro patas, muy caliente tirada encima del plano y desesperada por
esa firma. Don Mario insistía que el plano estaba mal hecho y que para firmar debería
hacerlo de nuevo, lo que retrasaría todo. “Don Mario, por favor no sea malito” –le
dije. Yo estaba encima de la alfombra mi pierna derecha estaba a vista, desnuda
y mostrándole la tirita del colaless. De pronto me dijo: “Mira, tú sabes que
están en falta, la multa es de 15 millones o más”. Comencé a llorar como buena
actriz para tocarle alguna fibra emotiva, pero él solo me miraba con cara de no
saber qué decir.
Etapa tres: Se acerca y me dice que me calme, me da más vino y hablamos como 20 minutos más acerca de los daños al municipio y que a si a él lo pillan sería desastroso. Le conté que yo quedaría cesante. “Don Marío, dígame que puedo hacer. La verdad es que haría cualquier cosa. ¡Cualquier cosa! Pero necesito el plano firmado” –le dije insinuante y entre sollozos. Mi teta derecha estaba desnuda. Don Mario me había sentado a su lado en el sofá y mis dos muslos quedaron desnudos, expuestos a su vista. Me acarició la cara y me limpio las lágrimas, entonces, me toca la espalda y el cuello. Me sonreí y él se acercó y me besó la mejilla mientras su mano izquierda me roza los muslos ya completamente desnudos. Sabía que todo estaba resultando bien, pero me dio algo de susto. Luego sollocé unos 5 minutos más hasta que estira la mano y me toca una teta; se inclina y me mira los pezones, luego mete la mano bajo el vestido palpándome el trasero, acercándose peligrosamente a mi entrepiernas. Ahí me empecé a preocupar, eso no estaba en mis planes; pensé que solo quería mirar y saborearse un poco. “¡Don Mario! ¿Qué hace? Por favor déjeme” –le dije con voz asustada. Me toca el culo con más fuerza y me mete la mano para tocarme las tetas hasta dejarlas fuera del escote. Con su mano me apretó un pezón, le vuelvo a decir: “Don Marío, ¿qué pasa? ¿Qué le ocurre?”. Me quedo quieta y me baja el cierre del vestido, el que cae por mis hombros, dejando más libres mis tetas. Como un bebé hambriento me las empezó a chupar, dejándolas llenas de saliva, me dio asco pero pensé que era mejor pensar en otra cosa mientras él hacia sus cochinadas.
Don Mario disfrutaba, me mordía las tetas y las apretaba de manera caliente y brusca lo cual me dejó caliente; además yo sabía que si resolvía el problema, mi jefe me daría el dinero acordado. ¡Si tengo buen cuerpo era para algo! ¡Le voy a sacar provecho! –pensé. Mis pezones se hinchaban y mi calentura iba en crecimiento, mientras miraba como me chupaba las tetas yo fingí calentarme gimiendo. Sin embargo, estaba mojándome de verdad, motivada por lo perversa de la situación y por el dinero que tendría a la mañana siguiente, era barato, solo tenía que aguantar. Además, apenas me chupan los pezones yo me convierto en un animalito salvaje y eso ayudaría en esta misión extrema. La saliva de don Mario corría por mi abdomen y mis tetas ya estaban duras y calientes. Se inclina, no habla, solo respira como animal, me mordisquea los pezones con fuerza y mete las manos entre mis piernas, el caballero ya no parecía un viejito de 70, me sube el vestido y me acaricia los muslos, luego me tira encima del sofá, abro las piernas entregándome; lentamente hecha hacia un lado la tirita del calzón, despejando mi entrepierna. Ahí comencé a mojarme a chorros, pues eso me mata, que me quiten los calzones es para mí lo más caliente que me puede pasar. Estaba enloquecida, me sentía como una puta que estaba dando favores sexuales a los hombres que tiene como clientes, aunque en este caso don Marío ni siquiera sabía que su firma en los papeles tendría una recompensa monetaria por conseguirla.
Ya a esas alturas deseaba que me cogiera a como diera
lugar, pero no perdí de vista el objetivo, detengo la maniobra pues quedaría
desnuda ahí mismo y el plano aún no estaba firmado, pero el señor sabía lo que
hacía, baja, se inclina y me empieza a lamer mi vagina de forma perversa,
exquisita, tanto que hacía que me mojara mucho más. “deja mamarte la concha mojada y peladita” –me
dice con la voz entrecortada. Mi vagina estaba abierta, mojada y exhibiéndose completamente.
Dos días antes mi hombre me había afeitado, así que parecía una conchita de
adolescente. Me chupa varios minutos, mi conchita estaba estilando fluidos
debido a los deliciosos orgasmos que su lengua me había regalado. Me mete sus
dedos y me toca el clítoris, luego me roza el agujerito del ano. Me da asco
pero sigo. En eso noto que don Mario está realmente caliente. Se levanta, se
abre el pantalón y saca una apetitosa verga que me empieza a pasar por las
piernas y el culo. Me la pone en la boca y me obliga a chupársela- Es gruesa y cabezona, de fuerte color rojo en el
glande, llena de venas y muy tiesa. La verga de mi novio era un juguete al lado
de este trozo de carne del veterano. En la intimidad de mis secretos, confieso
que me excitó ver ese pedazo de verga lanzando juguitos dulces por la punta. Coloca
mis piernas en sus hombros y me la empieza a meter. Lo abrazo para afirmarme y
siento su cuerpo regordete, pesado. Me da unas sacudidas y me la mete entera. “¡Inmensa
cosa gruesa!” –pienso. Ya no estoy fingiendo, me pongo a gemir de calentura y
de place. Me da verga como loco por más de 10 minutos, me lo mete hasta el
fondo y lo saca para volverlo a enfundar en mi concha; me sujeta del culo para
que me entre más a fondo, me duele un poco por lo grande que es, pero aguanto,
levanto las caderas y siento que me culea más y más. Vergas como este no se
come una todos los días.
No me acordé del condón. El sonido de los fluidos por la
acción es muy caliente, le chupo la oreja y con voz calentona, le digo que es
rico, excitante y le pido entonces que me firme el documento, se mueve de
manera exquisita, lo saca, lo mete y lo vuelve a sacar, entonces me dice: “Está
bien, lo firmo”. Desnudo y con la tremenda verga tiesa va en busca de un lápiz,
toma el papel y lo firma. Verlo caminar con esa cosa gigantesca erecta, fue
bien interesante. Cuando vuelve al sofá lo abrazo, le digo “acuéstese aquí le
voy a dar un regalo” se acuesta, Feliz le tomo la verga y me la meto sentándome
encima de su cosa dura. Pasan 10 o 15 minutos, y sigo montada y él dándome como
enfermo, estoy completamente a su merced. Me chupa y me manosea todo lo que
encuentra a su alcance. Lo mete y lo saca varias veces, es una culeada
deliciosa entonces tengo un orgasmo maravilloso. Luego otro. Y enseguida un
tercero. Tirar con mi novio era una cosa mínima comparada con esta culeada
salvaje. Siento que su verga se hincha y sé que está a punto de acabar. “¡Pare,
no acabe dentro, acabe fuera por favor!” –le digo.
Nos acomodamos, me salgo y me pongo abajo, él se me monta, me culea de nuevo, se agita, está como ebrio de calentura. Se sigue meneando y entonces lo saca y comienza a eyacular encima de mi cuerpo, salen chorros gruesos de semen que me mojan el abdomen, las tetas y la cara. Incluso mi pelo queda salpicado de semen. “¡Puta que estaba caliente!” –me dice como ebrio y con cara de caliente. Me limpio los ojos con la mano y me voy al baño, gotas de semen me resbalan por la cara, la nariz y la boca; termino de limpiarme las tetas me lavo la cara y vuelvo por el papel. La verdad es que estoy aún llena de semen. Don Mario estaba tirado en el sofá con su cosa flácida y los pantalones a media pierna. Le doy las gracias, cierro la puerta. “¡Eres exquisita niña!” –me dice mientras acaricia mi concha por última vez esa noche. Le di un caliente beso y me retiro feliz, aunque llena de semen. “¡Las cosas que uno puede lograr con el cuerpo que Dios le dio a uno!” –me dijo en mi adentros.
Al día siguiente, entré a la oficina de mi jefe y le dejo la carpeta con el documento firmado. “Bueno, lo prometido es deuda. ¿Quieres transferencia o dinero en efectivo?” –me pregunta. “Vea usted como, pero a más tardar el viernes espero tener el dinero” –le respondí y salí. Sabía que había conseguido la bonificación y una deliciosa culeada. Por la tarde revisé mi cuenta y tenía un depósito de don Marío con varios ceros. Un mail me llegó y decía: “El pago por tu esfuerzo para convencerme. Ahora, sabes que puedes conseguir lo que quieres si te lo propones. Espero tener tus favores a cambio de cifras similares a esta”. Estuve tratando de olvidar el mail, pero no podía sacarme de la cabeza esa propuesta pero sobre todo la cogida que me dio esa noche, por lo que decidí escribir: “Me parece perfecto, solo que cuando usted quiera de mis servicios escriba a mi celular y lo del monto que me ofreció pero solo será una vez por semana, ya sea viernes por la noche o cualquier horario que escoja el sábado”. Cuando sabes hacer bien “tu trabajo” cobras lo que mereces por los servicios prestados.
Pasiones Prohibidas ®

Muy rico y caliente el relato
ResponderBorrarY eso q tenía 70 años yo tengo 76 y me estoy cogiendo a tres q para mí son jóvenes
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