Desde hace ya más de una semana que he estado espiando a mi vecina, los primeros días lo hacía detrás de las cortinas de mi cuarto que queda justamente frente a su ventana. Después, cierto día por la tarde ya casi al oscurecer me encontraba fumando parado en la ventana, observando hacia el cielo ,cuando de pronto escuché como se abrió la puerta de su cuarto y se encendió la luz y ella apareció recién bañada, envuelta solo por una toalla que le cubría hasta el pecho, no pudo verme ya que sus cortinas se encontraban abajo, pero con la fortuna de que son semitransparentes y con la ayuda de la luz del cuarto no supo que la miraba como un lobo hambriento.
Apuré mi cigarro y lo tiré, me dispuse a observarla detenidamente y procurando que no me viera. Apagué mis luces de mi lujurioso escondite y me quedé mirándola entre las sombras. Es una mujer que es muy bonita, tiene un cuerpo muy bien conservado a pesar de ser madre en tres ocasiones. Su cintura es plana a pesar de los embarazos, sus senos han crecido debido a lo mismo y tiene unas caderas que son la envidia de las señoras de esta calle. Mientras disfrutaba del espectáculo que me estaba dando no pude contener el deseo de sacarme la verga y comenzar a masturbarme mientras la veía, ella comenzó secándose el cuerpo sin prisa permitiéndome observar muy bien todo su cuerpo después me dio la espalda mostrándome sus nalgas redonditas y muy paraditas, buscó entre su ropa un calzoncito de encajes blanco que venía acompañado por un sujetador del mismo tipo y color, yo estaba que no podía más y comencé a acelerar el ritmo a mi masturbación.
De pronto, volteó o al menos así lo creí porque me dio la impresión que podía verme como si supiera que la observaba, pero era imposible ya que no podría ver a través de sus cortinas, eso me relajó y seguí pajeándome morbosamente hasta que acabé deliciosamente. Cuando pensé que todo terminaría ya que se había puesto el resto de la ropa, había salido de su habitación y apagado las luces, me dispuse a fumar otro cigarro ya con la ventana abierta y las cortinas completamente corridas y mi luz encendida, pensando que no volvería, cuando de pronto volvió a encenderse la luz de su cuarto y entró nuevamente, al ver la luz de mi cuarto encendida volteó inmediatamente, a través de las cortinas pudo verme por que inmediatamente cerró su ventana y apagó su luz. Seguí como si nada hubiera pasado y seguí fumando mi cigarro, seguro que en ese momento ella pensó que la había estado observando mientras se cambiaba de ropa, eso hizo que me volviera a calentar y logró levantarme mi verga nuevamente mientras pensaba en ella y la posibilidad de que se encontrara tras las cortinas, ahora ella tomando el papel de espía que hacia un rato yo había jugado, fantaseando con eso decidí sacar la verga al aire de modo que pudiera verse por cualquiera que mirara a mi ventana, por momentos mientras me masturbaba veía detenidamente hacia su ventana esperando ver algún movimiento en sus cortinas pero nada, me daba igual seguía masturbándome, hasta que por fin pude ver que ella efectivamente había estado espiándome y al parecer lo estaba disfrutando, ya que al poco rato después encendió nuevamente su luz y abrió la ventana y cortinas al máximo, se recostó al borde de la cama y veía como me masturbaba observándola. No niego que me dio algo de vergüenza al principio y traté de cubrirme con las cortinas pero ella se rio, eso me dio algo de coraje pero al a vez me excitó más y decidí mostrarle lo que ella quería ver.
La vi que tomó su celular y me escribió: “Eres un loco y
morboso”. Le sonreí y aun con mi verga en la mano, le respondí por mensaje de
audio: “La morbosa eres tú que te exhibes con las cortinas abiertas y ahora te
quejas de que disfruto de la vista”. “Al parecer te gusta jugar con fuego” –me
dijo con su sensual voz. “Me gusta la sensualidad y tú lo eres” –le dije.
“Además, siempre has estado presente en mis pensamientos perversos”. Seguimos
con esa conversación por audios y le dije: “Obvio que me gusta jugar con fuego,
pero la que debe tener cuidado eres tú, te puede sorprender lo que es capaz de
hacer si no sabes controlar”. Me pidió que siguiera masturbándome pero quería
verme acabar, entonces le sugerí que hiciéramos una videollamada porque también
me gustaría verla tocándose y escucharla gemir. Aceptó casi de inmediato, quien
marcó fue ella y al contestar vi sus ojos perdidos en la pantalla viendo como
me masturbaba diciéndole que era una deliciosa puta. Ella disfrutaba de mis
sucias palabras tanto como de sus dedos que masajeaban su clítoris “¡Sigue
pervertido! ¡Quiero ver como tu semen se desparrama en tu mano!” –me decía
intentando contener sus gemidos.
Después, ya entrada la noche, escuché como discutía con su marido. Había gritos y acusaciones varias referentes al comportamiento de la vecina cuando él no estaba. Con algo de curiosidad me acerqué a la ventana para tener óptica de la discusión, pero la cortina estaba cerraba. Escuchaba os gritos y los insultos, hasta que el esposo salió de la habitación ando un fuerte portazo y lo mismo hizo con la puerta principal. Maldijo e insultó a su esposa mientras caminaba por la calle. Ella al saber que el marido no regresaría toda esa noche y que de seguro lo tomaría como pretexto para irse con alguna puta, decidió ir a la ventana pero esta vez solo en ropa interior. Como no pude seguir durmiendo a causa de la pelea y los gritos me asomé a fumar al balcón. Al verla le pregunté: “¿Te siente bien? ¿Necesitas alguien con quien hablar?”. Con una sonrisa un tanto picara, me responde: “Necesito un hombre qué me coja con rabia, que calme el fuego que tengo dentro y me haga sentir la más puta de todas. Así puede el estúpido de mi marido hablar con razón y si cree que soy puta, le daré motivos”. No me sorprendió su respuesta, solo le hice señas que en cinco minutos estaría en la puerta de su casa. Me puse un pantalón, una polera y salí. No tuve más que dar unos pasos por la calle y llegué. Ella dejó la puerta de la entrada,abierta al caminar por el pasillo que llega a las habitaciones, me esperaba con una mirada sensual, la vecina sin bragas y sin brasier, yo embobado mirándola y con una erección que me era imposible esconder.
Me acerqué bajando el cierre del pantalón, ella pasaba la
lengua por sus labios, al sacar mi verga no hizo más que ponerse de rodillas y
me dijo: “¡Métela en mi boca! ¡Te la voy a chupar como la mejor de las putas!”.
Ya estando más cerca abrió la boca y se la metí de golpe, haciendo que se
ahogara, enredé mis dedos en su pelo y le dije: “¡Cómetela toda puta!”. Nos subimos
a la cama e hicimos un perverso 69, incluso le metía mis dedos en su culo,
gimiendo mi puta vecina como si estuviera endemoniada. Después se montó encima
de mí y empezó a moverse perversamente, en sus ojos se notaba el placer, se
agarraba las tetas y me decía: “Nunca pensé que estaríamos cogiendo en mi cama.
Me encaste desde que nos vimos por primera vez y siempre quise tener tu verga
en mi concha”. “No sabes cuantas pajas me he corrido pensando en que la estoy
metiendo y las veces que acabé pensando que lo hacía en tu boca” –le dije. Lo
más lujurioso de todo, es que ambos nos desebamos en las sombras y ahora estábamos
haciendo crecer más ese deseo.
Sentía su aliento y respiración agitada en mi cuerpo y me
dieron ganas de cogerla por el culo. Cuando se lo susurre al oído me dijo, que
nunca lo había hecho por ahí y me calentó mucho más. “A mi marido no le gustan
esas cosas, pero desde que me recuerdo he tenido la curiosidad de hacerlo” –me dice
entre gemidos. No lo dude más, tomé un poco de sus fluidos vaginales y los unté
en la entrada de su orificio, para luego poner la punta de mi verga en ese
delicioso orificio. Empujé un poquito para ver la reacción de ella, pero no
hubo dolor. Se encontraba completamente relajada y no me fue difícil aun cuando
estaba estrecho pudo entrar considerablemente fácil, lo cual pudo darme la
oportunidad de cogerla sin tener el temor de lastimarla, pero si de darle placer.
La caliente vecina gritaba y me pedía más, después de un rato sentí que iba a
acabar y que estaba a punto de hacerlo. Me pidió que la sacara y se lanzó
encima de mí para chupármela y tomar todo mi semen. “¡Esta bebita puta quiere
leche de tu biberón de carne papito!”. Se puso a chupármela de forma caliente,
le pasaba la lengua de punta a base y se la volvía a tragar entera. Ya estaba
perdiendo la cabeza, estaba sintiendo
esa rica sensación de acabar. Cerraba
los ojos y la veía cubierta de semen, hasta que al fin ya no pude contener las
ganas de eyacular y exploté en sus labios y en su cara. Les puedo contar que mi
caliente vecina no dejó escapar ni una gota de semen, que fue todo un placer y
no culpable pasar esas horas cogiendo.
Regresé a mi habitación y me tumbé en la cama perdido en el éxtasis de ese lujurioso momento. Desde ese día ya no la espío, cuando tengo ganas de coger me asomo a la ventana, enciendo un cigarrillo y saco mi verga. Inmediatamente ella me manda un mensaje para que vaya a verla. Al abrir la puerta siempre me la encuentro desnuda en la sala con las piernas abiertas y con una sonrisa que invita ser perverso. Después de varios meses de estar cogiendo entre las sombras, me cuenta que se fue su marido y había iniciado los trámites de divorcio; ahora tendríamos más libertad para hacer las locuras que quisiéramos sin escondernos.
Pasiones Prohibidas ®

Excelente relato como siempre mi señor me lleva con sus letras hasta lo más hermoso de la imaginación hasta que comencé a tocarme y me mojé como nunca pensé que al divorcio de la vecina no es tan morboso quizá llegue otro vecino y se vuelve más fascinante mi señor me hace sonar con sus letras
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