Hay una fantasía erótica que con todas las parejas que he tenido siempre ha estado latente: Que mi novio tuviera sexo anal a mi vecina. La verdad es que era una idea que me excitaba y a la vez que me perturbaba. Lo prohibido me ponía a mil, pero a la vez me preguntaba si me haría daño hacer realidad esta fantasía.
Ella no me conocía, pero yo “de vista” la conocía muy bien. Era la típica mujer que bordeaba los cuarenta, buen cuerpo, se paseaba desnuda por la casa y salía al balcón a tender la ropa con las tetas al aire. Cada vez que tendía la ropa, observaba con detenimiento el vaivén de su perfecto culo al entrar de nuevo a su departamento. Tenía un culo de esos redondos y respingones, un par de nalgas que no se veían para nada flácidas e invitaban a nalguearla con lujuria. Sus piernas, perfectamente torneadas, y esas tetas bien definidas que permanecían erguidas, negándose a que la ley de gravedad hiciera efecto, eran de esas tetas que brillan por su firmeza sin la ayuda de un sujetador. Era una mujer increíble y me moría de envidia, y de excitación al mismo tiempo al ver ese cuerpo perfecto y esa carita de ángel con pelo castaño, largo y lacio.
Siempre que venía mi novio a casa cerraba el balcón de mi habitación, tapaba la cortina y me aseguraba que no la podía ver. En el fondo, no podía soportar sentir tantos celos, aunque reconozco que cuando se iba, inmediatamente lo primero que hacía era masturbarme una vez tras otra, imaginándome a mi novio dándole verga en su culo. Incluso multitud de veces lograba imaginarme que yo era él y que la penetraba con una tremenda verga. Esta historia se repetía una vez tras otra y llegó un momento en que noté que esos celos y esa envidia se habían convertido en pura excitación. Me gustaba la idea, porque eso indicaba que cada vez estaba más cerca de hacer realidad esa fantasía: mi novio cogiéndose el culo de mi vecina.
Así pues, llegó el día en que decidí no cerrar el balcón de mi habitación, ni tapar con la cortina la casa de delante. Una tarde se produjo lo que venía imaginando de hacía una semana atrás. Mi vecina salió al balcón a tender la ropa, completamente desnuda. ¡Madre mía, cada día estaba más tremendamente buena la putita! Mi novio estaba sentado en la cama con el móvil y yo, haciéndome la desentendida, como quien va a la cocina a buscar algo, le dije: “Cariño, por qué no cierras el balcón, hace un poco de frío. Me retiré de la escena, pero en la cocina podía ver el espejo de mi habitación y a través de él veía los movimientos de mi novio sin que él me viera a mi. Era el lugar perfecto para observarlo.
De repente, se paró delante del balcón y se quedó inmóvil mirando mientras se ponía el móvil en el bolsillo. Estuvo parado unos minutos y empecé a ver cómo se tocaba la entrepierna. Parecía que se reubicaba la verga para esconderla por temor a que apareciera yo en cualquier momento y notara que el pantalón le empezaba a apretar. Ese espejo estaba siendo testigo de la excitación de él, a la misma vez que era el culpable de la mia. El bulto era cada vez más grande y a medida que crecía, yo me ponía más caliente. Mi novio estaba mirando a la vecina, le gustaba, le excitaba y era el momento de pasar al plan B. Así que me decidí: “Cariño ahora vengo, voy a bajo a buscar las cartas del buzón”. Apenas contestó ensimismado como estaba. Me dirigí a la puerta, bajé las escaleras hasta la puerta principal del edificio, me dirigí al departamento de mi vecina que quedaba en la otra torre frente al mío. Le toqué el timbre y me abrió con apenas una toalla sujetando sus tetas firmes. “Hola, ¿dime?” –me preguntó. “Mira, te seré sincera. Hace bastante tiempo que te observo desde mi habitación y me preguntaba si…” –alcancé a decir. A lo que sorprendentemente respondió: “¡Si quiero follarme a tu novio!”. Yo no podía dar crédito, y mientras estaba pensando en qué responderle, ella prosiguió: “Yo también llevo tiempo mirándote querida y en tu balcón ahora mismo hay un joven con una enorme verga masturbándose”. Me quedé alucinada y le dije si podía pasar a verlo desde su balcón. Poco a poco fui entrando en su habitación y tímida miré a través del balcón para ver a lo lejos. Temía que el impacto pudiera herirme, pero a medida que me fui acercando empezó a definirse una figura. Ahí estaba Gabriel, masturbándose efusivamente como si lo fueran a pillar en cualquier momento. Lejos de hacerme algún mal esa situación, empecé a notar como subía un calor dentro de mi y empezaba a mojar mis bragas cada vez más viendo a ese hombre lujurioso.
Aprovechándose de mi sensibilidad del momento, unas manos ávidas me agarraron la cintura y empezaron a subir por debajo de mi blusa hasta llegar a mis tetas sobresalientes. Empecé a notar que a la vez que me agarraba los pezones, una lengua recorría mi cuello. Me estaba poniendo las pulsaciones a mil con esas caricias y viendo a mi novio tocándose sin parar, con la mirada perdida hacia el balcón, como quién busca algo pero no lo encuentra. Pensé: “Es el momento”. Inmediatamente tomé el móvil y le escribí por WhatsApp a Gabriel: “Cariño, estoy en el departamento de la vecina, vente, es el número 23, 1er piso”. Sin perder más el tiempo me volteé y empecé a besarla en la boca, metiéndole mi lengua hasta lo más hondo que podía y quitándole la toalla que apenas se sujetaba por esas tetas ardientes. Empecé a tocarle los pezones y bajé mis manos hasta su tremendo culo. Estaba húmedo y esa excitación volvió ansiosa a mi lengua, con ganas de probarlo. Empecé a lamer su clítoris suavemente, como me gustaría que me lo hicieran a mi y ella empezó a gemir.
Sonó el timbre en menos tiempo del que me esperaba. Le abrimos la puerta a mi novio y pude ver, a través del pantalón, que la tenía dura como nunca la había visto en mi vida. La zorra de mi vecina se puso de rodillas y empezó a rozarle la verga por encima del pantalón con sus enormes tetas, le preguntaba: "¿Tanto te calienta coger con esta puta madura?". Gabriel no podía creer lo que estaba pasando, sobre todo por qué yo estaba observando detenidamente lo que la puta vecina hacia para calentarlo aún más. Poco a poco le sacó la verga por el cierre del pantalón y se la metió en la boca como toda una puta, se la trabaja entera, la zorra hacia arcadas cuando le llegaba al fondo pero no la soltaba, le pasaba la lengua desde la base a la punta y viceversa en un viaje lleno de lujuria, estaba tan caliente como mi novio viendo como disfrutaba de la verga de Gabriel, incluso le decía: "¡Eso, puta, cómete esa verga con tu sucia boca¡". Ella me miraba sonriendo con lujuria y se la volvía a tragar completa. Se lo introdujo todo en la boca y empezó a lamerlo como una auténtica desesperada, como si el mundo se fuera a acabar en ese preciso instante. Yo estaba excitadísima viendo esa escena de adulterio consentido y empecé a lamer la fuente de esa perra en celo mientras ella no paraba de lamer a Gabriel.
Tomé las riendas y puse a la zorrita en cuatro para
que los dos pudiéramos contemplar ese tremendo culo. Gabriel lo miraba con unas
ganas tremendas de metérsela, pero no le dejé. Lo empecé a tocar con
movimientos circulares y le di unas nalgadas fuertes para que Gabriel se
pusiera aún más loco. Cuando él ya no podía resistirse más, porque iba a
estallar ahí mismo, apuntó su verga al agujero de la madura y la embistió de
tal forma que ella hizo un grito de placer y dolor al mismo tiempo. Se veía tan
caliente con el culo siendo embestido por la brutalidad de mi novio que sentía
como mi concha se mojaba al verlos, era tan perversa la escena y los gemidos de mi exquisita vecina
que me empecé a masturbar mientras Gabriel parecía no tener compasión por ella
ya a menos compasión tenía, más caliente me ponía, hasta el punto de tener un
delicioso orgasmo y hacer que mi concha escurriera esos deliciosos fluidos
tibios que me estremecen cuando explota.
Embestida tras embestida, nunca había visto a esa bestia desbordando tanta lujuria. La cara de angelito de la niña se empezó a enrojecer como un demonio, sus venas empezaron a hincharse como si le fueran a estallar bajo su piel. Gabriel la estaba destrozando y yo no podía parar de masturbarme y azotarle más el culo para dejárselo al mismo tono que su cara. ¿Te gusta puta? Tremendo culo tienes” –decía Gabriel mientras la penetraba mirándole su cara roja. Ella la volteó y como si supiera lo que en ese momento mi clítoris deseaba con desesperación, me lamió, la rapidez de su lengua hacía que me apretara las tetas y le gritara que siguiera, me estaba sintiendo tan puta como ella. Estaba jadeando caminando al borde del orgasmo, hasta que por fin llegó y me sacudió de la misma manera que lo hace una corriente eléctrica. Era exquisito, mi cuerpo temblaba como buscando alivio, pero lejos de encontrarlo tenia a mi novio de frente dando por el culo a la madura vecina, hasta que dejó salir todo su semen en ese ya abierto agujero, haciendo que la zorra dijera: “¡Oh, Dios mío, qué rico!”. Tan caliente estaba que no dudé en lamerle el culo y beber el semen de mi novio de ese culo abierto y palpitando. No quedó ningún rastro de su semen después con la uta vecina nos besamos con lujuria. No vestimos y nos fuimos a nuestro departamento, sabiendo que ella sería el juguete que usaríamos para mantener ardiendo la llama del deseo en nuestra relación.
Pasiones Prohibidas ®

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