lunes, 8 de diciembre de 2025

152. La profesora


¡Hola! Mi nombre es Ximena, soy una mujer de 40 años. Trabajo de profesora de inglés en un colegio adultos. Soy una mujer algo normal, con tetas generosas, con un trasero un normal, sin ser muy grande pero tampoco tan pequeño. Piernas bien contorneadas y sensuales o al menos eso me dicen siempre los hombres y mis amigas, es por eso que me gusta enseñarlas, ando bastante en falda y vestido, lo cual causa que siempre me estén mirando lo cual no disgusta.

En mi trabajo tengo buena relación con mis compañeros, aunque un par de profesores me miran con ojos de lujuria cada vez que pueden, yo solo les sonrío pícaramente para dejarlos con las ganas y con dudas como la mala que soy. El director del colegio a veces intenta tirarme algún comentario pero supongo que por motivos profesionales no se atreve a ser directo pero siempre me mira las piernas totalmente descarado, al inicio me incomodaba, pero con el tiempo me gustaba exhibirme más ante él para ver como sufre mientras yo cruzo las piernas o me acomodo de manera sensual, o acaricio mis muslos en alguna reunión, sé que todo eso lo vuelve loco, al punto que a veces balbucea cuando dice algo y cruzo las piernas.

Todo eso yo me lo tomaba como juegos, me gusta eso, sentir que tengo el control, el morbo de estar cerca de hacer algo y estar a punto de ser descubierto, todo eso me mojaba y me ponía el corazón a mil. Todo esto llevó a que un día luego de una reunión de profesores el director me pidió que me quedara, que necesitaba hablar de algo privado conmigo, me puse un poco nerviosa, ese tipo de cosas me dan un poco de ansiedad, pero bueno, ahí estaba yo, en un sofá de la oficina sentada con las piernas cruzadas frente a él, tratando de ignorar como no paraba de ver mis piernas, en eso hace un carraspeo de garganta para empezar a hablar y comienza diciendo: “Señorita Ximena le he pedido que se quede conmigo tras la reunión para tocar un tema que me tiene preocupado. Resulta que algunas de sus compañeras se han quejado sobre su tipo de vestimenta, que siempre trae zapatos que resaltan sus piernas, una falda corta y vestidos provocativos, le recuerdo que esto es una institución y por lo tanto usted le debe respeto no solo a sus compañeros, sino también a los alumnos y en especial a mí”. La verdad cuando me soltó todo esto no me sorprendió siempre vi como mis compañeras me veían con envidia y murmuraban tras de mí, pero traté de hacerme la sorprendida para no dar la razón, así que repliqué: “Bueno, señor Director, me va a disculpar pero yo siento que no incumplo ninguna de las reglas de esta institución, ando faldas y vestidos con las medidas acordes a lo que se solicita en lo el ámbito profesional y con respecto a mi calzado, simplemente uso el que me parece más cómodo y acorde a mi vestir. Con respecto a faltar el respeto, me parece que es lo contrario, me parece que es una falta de respeto que mis compañeras pasen chismeando y pendientes de mi vestir, también me parece una falta de respeto que mis compañeros no paren de ver mis piernas mientras me hacen comentarios morbosos y como no, me parece también una falta de respeto como usted no para de ver mis piernas descaradamente siendo un hombre casado”. En ese momento abrió sus ojos como platos, no sabía que decirme y se puso rojo, yo me mantuve firme viéndolo a los ojos, él bajó su mirada y se disculpó, solo me dijo: “Tiene razón, lo siento mucho, creo que ha habido un malentendido”. Me sentí como nadie, sabía que lo tenía en la palma de mano y eso me gustaba, él era la autoridad y yo una profesora lo estaba sometiendo con mi mirada y con mis palabras, en ese momento me miró con vergüenza mientras yo cruzaba mis piernas, el quitó su cara, por miedo a que yo le reprochara y terminara empeorando las cosas, sentí que era el momento de jugar, así que le dije: “Entonces ¿qué piensa hacer señor Director?”. Solo resopló y respondió: “La verdad sé que tiene la razón, pero no quiero tener más conflictos con sus compañeros, lo siento, pero le tengo que pedir que medite sobre todo esto”.

Sentí un frio en mi espalda, mientras me miraba a los ojos como retándome, así que decidí sacar mi carta. “Ya veo, entonces supongo qué, ¿no le molestará que su esposa se entere que su amado esposo pasa observando mis piernas sin disimular? Esperando a que yo cruce mis piernas o me acomode de alguna manera para poder ver como el pervertido que es” –le dije. Él se quedó helado y supe que lo tenía, abrí mis piernas mostrando mi tanga color negro de encaje y le pregunté: “¿Te gusta verdad?”. Él se puso a temblar y no le salían las palabras, mientras veía como su verga se pegaba al pantalón, en ese momento me recosté en el sofá, abriendo más mis piernas, viendo como sus ojos se perdían en mi entrepierna, le dije con voz sensual mientras señalaba mi vagina: “Sé que disfrutas verme, acaso ¿no te gustaría saborear todo esto?”. Su rostro de excitación era un poema, solo preguntó con la voz quebrada: “¿Lo dices en serio?”. Lo miré a los ojos y le dije: “¡Sí, es toda tuya!”. No había terminado de hablar cuando se estaba levantando de golpe, se abalanzó hacia mi entrepierna y en ese momento cerré mis piernas, él me miró con ojos de decepción, hice señas de NO con mi dedo y le dije: “Será tuya si haces lo que te digo ¿sí?”. Su rostro embozó una sonrisa afirmando mi petición, entonces abrí un poco las piernas y le dije: “Primero, deberás quitarme lo zapatos y quiero que empieces a besar mis pies desde abajo hasta mis muslos”. Creí que en ese momento se levantaría y se iría, pero para mi sorpresa tomó mis pies, quitó mis zapatos lentamente mientras agachaba la cabeza y metió uno de mis dedos en su boca, sentí unas cosquillas extrañas, nunca me habían hecho algo así, me calenté de golpe, tener a mi superior arrodillado ante mi chupando mis pies, sentir ese poder sobre alguien y tenerlo a mi merced. Creí que no se mantendría mucho en mis dedos por su afán en llegar a mis muslos o mi vagina más bien, pero para mi sorpresa seguía chupando mis dedos uno a uno, así que le dije con tono autoritario: “¡Vamos, ve subiendo!”. Así lo hizo, empezó a pasar su lengua por mi pantorrilla y dar pequeños mordiscos, lo cual me estaba excitando, así que abrí más mis piernas dándole un mejor panorama y así se motivara más. Empecé a sentir calor y estaba por gemir, pero no quería demostrarle que me lo estaba pasando bien. Siguió subiendo más por mis piernas hasta llegar casi a mis muslos, en este punto al sentir su respiración y su barba en mis muslos me tenían con mi ropa interior mojada, ya me costaba disimular mi excitación, podía sentir cada mordisco y lamida que le daba a mis muslos, cada vez lo hacía con más ganas y yo deseaba gemir, pero yo solo lo veía con mis ojos penetrantes para hacerle saber quién tenía el control. Decidí darle un incentivo más así que me levante un poco y subí mi falda hasta la cintura me senté de nuevo abriendo mis piernas por completo, él solo me observaba como un tonto con la lengua afuera, tome su cabeza y la acerqué a mi vagina aun con la ropa interior y le dije: “Huele ¿esto es lo que deseas comerte?”. Él solo asintió tímidamente mientras daba una aspirada cerca de mi vagina. “¡Chupa!” –le ordené. Pasó su lengua sobre mi ropa interior, eche mi cabeza hacia atrás suspirando, toda esta situación me estaba volviendo loca, deseaba ser cogida, pero quería seguir jugando, en ese momento empujé su cabeza con fuerza hacia mi vagina y solo le decía: “¡Chupa!”. Obedecía sin decir nada, luego le ordené que siguiera con mis muslos y así lo hizo, me daba pequeñas mordidas y lametones, no aguantaba más, necesitaba correr mi diminuta tanga y sentir su lengua en mi vagina, pero me aguantaba echando mi cabeza hacia atrás y gimiendo mientras movía mi cadera casi como si me cogiera su boca, estaba a nada de mover mi tanga, pero en ese momento sonó su celular y se levantó diciendo: “¡mierda, es mi esposa!”. Contestó mientras le decía que se atrasó por una reunión, si ella supiera que tenía toda su boca oliendo a mi vagina, mientras estuvo de rodillas recibiendo órdenes de una profesora. Cuando colgó hizo a hincarse de nuevo, pero me levanté abrí mis piernas, tomé su cabeza, corrí mi tanga e hice que succionara todos mis jugos diciéndole: “¡Traga todo, quiero que ahora cuando llegues a casa beses a tu mujer con esa boca llena de mis fluidos!”. Lo empujé y solo preguntó: “¿Cuándo podré probarte de nuevo?”. “¡Ya veremos!” –le respondí. Ahí supe que lo tenía en mis manos.

En los días siguientes andaba como un perro detrás de mí y yo solo era indiferente, sabía que ahora podía darme ese lujo, me llevaba a cenar a restaurantes caros y me complacía comprándome insignificantes caprichos que se me ocurrían, y cosas por el estilo, pero nada de eso me interesaba, solo quería seguir con mi juego y ver hasta donde era capaz de llegar ese hombre en contar de tenerme. Sabía que pronto el organizaría otra reunión y así tener la oportunidad de intentar algo de nuevo así que era cuestión de tiempo, pero para mi sorpresa en una noche cualquiera me mandó a llamar a la dirección, fui extrañada pensando: “No creo que se atreva a hacer algo aquí con su secretaria cerca y otros funcionarios”. Ese día andaba un vestido de flores algo holgado y con unos zapatos con unas correas que resaltaban más mis piernas, al llegar a la oficina me senté en el mismo sofá, esperando a ver que me tenía que decir, solo se me quedaba viendo fijamente, hasta que en un momento carraspeó su garganta, se acercó por detrás, tomo mis hombros y me susurró al oído: “¡Quiero continuar lo que quedó pendiente!”. Sentí sus fuertes manos hacer presión, pero no podía ceder tan fácil así que le pregunté: “¿Continuar qué?”. “Tú sabes a qué me refiero” –decía mientras se ponía frente a mí. “No, la verdad no sé a qué te refieres” –le dije con desprecio. “Claro que lo sabes, lo que hicimos en la última reunión” –me dijo. “Pues no, si quisieras continuar lo que creo que dices no estarías de pie, estarías de rodillas ante mí” –le dije con el mismo desprecio. Al terminar de decir esto, agachó la cabeza y lentamente se puso de rodillas, tomó mis piernas con suavidad y comenzó a besarlas, las abrí poco a poco, pero esta vez tenía una sorpresa, andaba un hilo que apenas cubría mi vagina y eso, solo al recordarlo y ver su sumisión me puso a mil, esta vez quería ver de que era capaz y no entregarle mis fluidos tan fácilmente porque de lo contrario dejaría de estar a mi merced.

Sin darme cuenta ya tenía mis piernas en cada respaldar del sofá y el Director en medio de ellas saboreando mis muslos siendo controlado por una de mis manos para que no anduviera por donde él quería, mis fluidos ya desbordaban fuera del hilo que ya estaba metido en medio de mis labios deseando ser liberados, pero no, aún faltaba, así que hice que lo mantenía a raya solo jugando con mis muslos que ya se posaban en sus hombros casi aprisionando su cabeza, por momentos lo separaba para ver su cara de desesperación deseando probar mi suave vagina y era gracioso ver su rostro desesperado, excitado y deseoso de mi intimidad, por un momento creí que se cansaría de tanto juego pero no, el seguía completando mis órdenes y haciendo lo que mis mano le indicaban sin reclamar, así que decidí premiarlo. “¡Quiero que muerdas suavemente mis labios!” –le ordené. Así lo hizo, sentí un choque eléctrico en todo mi cuerpo al sentir sus labios y sus dientes probando parcialmente mi vagina que aún era cubierta por ese diminuto hilo, para mi sorpresa el sorbía los fluidos que emanaban de mi vagina toda húmeda, lo aparté y vi su boca brillosa deseosa de más, me reí y él solo seguía en modo sumiso. “¡Quiero que metas tu lengua!” –ordené. Corrí el hilo, empujé su cabeza y sentí como toda su lengua entraba en mí concha húmeda, deseaba gritar, con mi otra mano tomé uno de mis pechos y lo saqué, ya estaba perdida o al menos eso creyó él, al verme en ese estado se levantó e intento besarme, lo detuve en seco. “¡Ey! ¿Quién te dijo que te detuvieras?” –le dije. Para mi sorpresa solo se hincó, pero debía castigarlo, acomodé mis ropas y me fui.

Estuve una semana sin hablarle, el pendejo babeaba por mí pero ni siquiera lo miraba, si tenía algo que informarle lo hacía mediante el correo del colegio. Una noche en mi casa recibo una llamada de él, le contesto de la forma más cortante que he respondido el teléfono: “¿Qué quieres? ¿Quién te dijo que podías llamarme?”. “Nadie me lo ha dicho, solo quería saber de ti, ya que no me hablas, no me miras” –respondió. “Tengo motivos suficientes para no hablarte” –le dije. “Lo sé, pero quiero que sepas que me gusta complacerte y hacer lo que me pides. Necesito escuchar tu voz dándome ordenes, necesito que me hagas el favor de sentir la humedad de tu entrepierna una vez más” –me decía con la voz quebrada. “Me parece patético el show que estás haciendo y si en verdad lo necesitas tanto, busca la forma de comportarte como lo que eres, un sumiso que solo sirve para recibir órdenes” –le dije y corté la llamada. No pasaron cinco minutos y me volvió a llamar. “Ahora, ¿qué quieres?” –le contesté. “Estoy dispuesto a hacer lo que quieras” –me dijo. “Eso está por verse” –le dije. Llegó el lunes, yo seguía con la misma actitud de desprecio, él estaba como perro faldero detrás de mí, lo que me calentaba, pero no le daría señales hasta que realmente estaba dispuesto a obedecer sin condiciones.

En una parte del día nos encontramos en el pasillo, intenté ignorarlo, pero me detuvo en mi andar y me preguntó: “¿Has pensado en lo que quieres que haga para demostrarte mi obediencia?”. “Sí, pero todo dependerá de ti esta vez; yo no tengo que probarte nada, en cambio tú tienes que demostrar todo” –le respondí. “Muy bien, tú ordena y yo obedezco” –me respondió. Pensando unos segundos en lo que sería mi macabro plan, aunque yo sabía que ya estaba en mis redes, le dije: “¡Quiero que te cojas a la puta de tu secretaría! ¡Quiero ver si de verdad eres un hombre y no un pusilánime!” –le dije. “No creí que me pedirías eso, pero está bien, así lo quieres, así se hará” –respondió. “¡Ah, no solo quiero que te la cojas, quiero ver como lo haces!” –le dije en tono de orden. Me hice a un lado y seguí mi camino. Cuando terminó la jornada laboral, me llamó y me dijo que la había invitado a comer a un restaurant y que haría lo que le pedí. Salí en rumbo donde me había indicado, mi cabeza daba vueltas y mi vagina se mojaba pensando en lo que sucedería, al menos estaba haciendo el esfuerzo por complacerme. 

Esperé a que llegaran y me senté en una mesa aparte observando los movimientos del Director del colegio, bebí una copa de vino y los miraba conversar, ella reía, obviamente no imaginaba lo que ese hombre se traía entre manos. Después de cenar, me levanté de la silla y me fui donde estaban fingiendo un encuentro casual. Me invitaron a sentarme con ellos y bebimos una copa de champagne, brindamos por cualquier cosa y les dije por qué no íbamos a mi casa y podíamos seguir bebiendo, pero como suponía ella era mojigata y se excusó diciendo que ya se hacía tarde para volver. Entonces le dije: “¿Tarde? La noche es joven aun”. Ella sonrió y dijo: “Sí, tienes razón, que nos hará un par de copas más”. Como yo andaba en mi auto, ellos me siguieron. Cuando llegamos, les dije que tomaran asiento mientras preparaba los vasos y abría una botella de whisky.

A medida que avanzaba la conversación bebíamos y nos reíamos de tonterías sin sentido, en eso me doy cuenta que la sensual secretaria del colegio estaba ya pasada de copas, cosa que el Director aprovechó y le dio un beso en los labios, ella lo respondió no sé si porque tenía ganas de hacerlo o el alcohol la había empujado a hacerlo. Ya todo estaba listo, me acomodé en el sofá mientras ellos se besaban con intensa lujuria y morbo, solo mirarlos besándose como dos locos encendía mi deseo, desataba la lujuria y hacia que mi vagina se humedeciera. Sin darme cuenta mis dedos se perdían entre mi ropa interior, mientras las manos del director se perdían entre el sujetador y las tetas de su sensual secretaria. El rostro lleno de sensualidad de aquella mujer al sentir como esas manos invasoras masajeaban sus tetas y esa lujuriosa manera de gemir me hacía aumentar el movimiento de estimulación de mi clítoris. “¡Ya cogete a la puta de una vez!” –le dije a ese pervertido hombre. Sin dudarlo la desnudó por completo y sin una sombra de duda la recostó en el sofá e hizo que abriera las piernas de par en par hasta que su lengua empezó con un candente recorrido que iba desde la vagina al ano de la sensual secretaria.

Me encontraba con mis bragas en los tobillos y los dedos penetrando mi vagina, la sangre me hervia pero solo sería la perversa voyerista que observaría aquella sesión de sexo en vivo. Los gemidos de aquella mujer se metían en mis sentidos y me colocaban los pelos de punta, eran tan hipnóticos como el canto de una sirena que buscaba embaucar a algún marino en medio de las incesantes olas del mar en una noche de niebla. Me desabroché la blusa y saqué mis tetas por encima del brasier, lamia mis labios, estaba prisionera de la lujuria al punto de sacudirme de placer. “¡Métesela ya! ¿No te das cuenta como está de caliente la zorra?” –le dije. Fue en ese momento en que el concierto de gemidos indecorosos comenzó, él colocó las piernas de su secretaria en sus hombros y la ensartó de una, haciendo que ella se retorciera y diera un agónico gemido, seguido de varios que se fueron haciendo intensos, los que se sumaron a los míos impulsados por el morbo de la escena caliente de la que estaba siendo testigo. "¡Cogete a la puta! ¡Haz que grite!" –le decía al director mientras no paraba de ensartarle la verga. La zorra de la secretaria gemía y resoplaba, parecía endemoniada. Le dije al director: "¡Ahora, dale por el culo!". Sin pensarlo dos veces, se la dejó caer de una embestida en el culo; ella gritó deliciosamente de dolor, lo que me calentó mucho más.

Perdí la cuenta de cuántos orgasmos tuve al ver como se la cogía, me calentaba que a pesar de su cara de dolor pedía que no tuviera compasión y que le destrozara su agujero. Después de varios minutos, al fin el director acabó y explotó en su interior. La cara de morboso placer de la zorra era sublime y ver que su agujero destilaba semen era algo demasiado delirante para mí. Ansiosa y caliente me acerqué y lamí ese dilatado hoyo, tragué ese espeso semen y metí mi lengua para escarbar a fondo su culo.

Satisfecha al ver la obediencia del director decidí tenerlo como un juguete sexual y usarlo a mi antojo. También la secretaria se convirtió en Objeto de mi colección, pasando a ser otro juguete con quién saciaría mis ganas de tener una puta con su concha mojada.

Pasiones Prohibidas ®

3 comentarios:

  1. Muy bueno como todos los relatos que nos brinda me va llevando por caminos nuevos para mí gracias mi señor.

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  2. Muy bueno deberia continuar

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  3. https://faq.whatsapp.com/1137460963876321/?helpref=uf_share

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