Les cuento, me llamo Ezequiel. Soy economista con varios magíster y doctorados, vivo en un sector acomodado, tengo un Alpha Romeo con él me desplazo a la oficina. Muchos dicen que a pesar de tener 30 años soy un tipo exitoso, lo que ellos no saben son las horas de estudio, las madrugadas sin dormir para entregar trabajos en la Universidad. Es como una vez le dije a un cliente: “Fíjese en los campesinos. Cuánto tiempo trabajan la tierra antes de sembrar. Cuidan de sol a sol sus cultivos como si el tiempo se les fuera por meses, hasta que al fin reciben la recompensa del esfuerzo con la cosecha y posterior venta. En los negocios es igual: Sin esfuerzo no hay recompensa”. Sonrió y dijo: “¡Por Dios! ¡Las cosas que dices Ezequiel!”. Me estrechó la mano y salió de mi oficina. No sé si el hombre tomó el consejo pero allá él.
Bueno, no están aquí para trivialidades, sino para saber que experiencia tuve. Todo comenzó de la manera más inesperada. Conocí a la Fernanda a través de un conocido que terminó alejándose, ya que por temas de trabajo fue trasladado al extranjero, pero el destino o la necesidad nos mantuvo conectados a Fernanda y a mí. Es una mujer sensual aunque se saca poco partido, tal vez sea porque su marido no la ve de la misma forma que cuando tenía veinte. Es rubia, tiene una cara angelical pero también cuando sonríe es como si lo hiciera de forma maliciosa; ya en sus cuarenta y algo tiene un cuerpo que ha cuidado muy bien. Siempre que teníamos la oportunidad de salir de vestía sensual, me era imposible no mirarla, también era imposible no desearla y querer saciar las ganas disfrutando de su candente cuerpo.
Con el tiempo, Fernanda empezó a buscarme para pedirme favores, principalmente préstamos de dinero. Al principio me pareció normal; siempre estaba dispuesto a ayudarle sin pedir a cambio, pero por alguna razón me empezó a ver cómo un cajero automático, siempre estaba llamándome para que le depositara tal o cual cantidad de dinero y como siempre no me negaba. Obviamente, con el tiempo ya había más confianza, salíamos más a menudo a comer o beber algo. Fue en una de esas salidas que decidí lanzar una propuesta arriesgada. “Fernanda, no tengo problemas en seguir prestándote dinero, pero mi condición es que nos veamos a solas” –le dije. ¿A qué te refieres?” –me preguntó. “Bueno, somos dos personas adultas así que hablaré directo. Vernos en un lugar más íntimo y privado” –le dije. “Ezequiel soy una mujer casada”–me dijo con algo de duda. “Lo tengo claro. Yo no soy cajero automático y siempre estoy para lo que necesites; no estoy sacando en cara los préstamos, solo es pasar tiempo a solas y pasarla bien” –le dije. Me miró en silencio y noté un brillo en sus ojos. “Está bien, acepto” –dijo. Para mí, sinceramente, era como vivir una experiencia como esas películas porno. Tiene un culo exquisito y unas tetas que se ven apetecibles, incluso había momentos en que sus pezones se marcaban por encima de la tela. Ya la había mirado con lujuria en Instagram pero más aún en persona.
La primera vez estaba nervioso nunca había estado con alguien mayor, pero la química fluyó. Terminamos en un motel y esa noche fue increíble; descubrí que a pesar de la diferencia de edad nos entendíamos perfectamente en la cama. Nos desnudamos como dos adolescentes calientes, mientras nos besábamos con lujuria. Tenerla desnuda en mis brazos desnuda fue el estímulo suficiente para mí verga reaccionara, se puso de rodillas y sin decirle nada me la empezó a chupar como poseída. Sabía a la perfección como usar su boca, la lengua, incluso sus manos para masturbarme. La puse de pie y nos fuimos a la cama, ella entendió lo que quería y se subió encima de mí, dejando a mi completa perversión su concha y su culo y ella siguió chupándomela con la misma vehemencia que al principio. Mi lengua abrió sus labios vaginales y mi lengua de fue directo a recorrer esa conchita mojada, la recorría por completo, desde el clítoris al ano; Fernanda gemía riquísimo pero no sacaba mi verga de su boca. Era tan excitante esa rica madura, se notaba que hace tiempo no había tenido sexo y estaba aprovechando al máximo mi verga. “¡Móntame Fernanda!” –le dije. Sin dudarlo se subió encima de mí, su jugosa vagina se tragó mi verga y empezó a mover sus caderas como una sensual odalisca. Apoyó sus manos en mi pecho y seguía moviendo bien caliente y gimiendo. Me aferré de sus ricas tetas y le dije que se moviera de arriba abajo, empezó a hacerlo salvaje, me miraba y me preguntaba: “¿Así te gusta mi amor?”. Esa caliente voz me transportaba a la más absoluta lujuria. “¡Sigue así! ¡Me vuelves loco con tus movimientos!” –le decía sin soltarme de sus tetas. “¡Ay, qué rico! ¡Ah, voy a acabar!” –gritaba mientras se movía más rápido. “¡Qué rica verga tienes papacito! ¡Me calientas más que el imbécil de mi marido y me lo haces más rico!” –decía gimiendo como endemoniada. Ya no se pudo contener y explotó en un delirante concierto de gemidos y jadeos. Su cuerpo estaba envuelto en sudor, sus pezones duros, lo que apreté y ella solo gimió en señal de placer. Su concha palpitaba con mi verga dentro y chorreaba esos cálidos fluidos.
Luego y sin descanso se puso en cuatro, se le apreciaba perfecto ese rico culo. Enloquecido me lancé a lamer su ano; Fernanda empezó a jadear como perra en celo al sentir como mi lengua jugaba en ese rico agujero que no había recibido placer hace tiempo. “¡Ay, cariño! ¡Qué rica se siente tu lengua! ¡No pares!”–me decía. Se notaba que era una mujer desatendida sexualmente o que disfrutaba del sexo en todas sus expresiones. Calientes como estábamos, deslicé mi verga por su concha pero me pidió que se la metiera en el culo y que no tuviera piedad, que me la cogiera salvaje hasta dejarla tirada en la cama. Bastó que acomodara mi glande en la entrada para que ella hiciera presión ayudándome para que se la metiera. Los alaridos de placer que salían de sus labios eran perversos. “¡Cógeme duro Ezequiel!” –decía. Cada segundo se la metía salvaje, tanto que se aferró a una almohada y la mordía para ahogar sus gritos. “¡No hagas eso! ¡Quiero escucharte gimiendo y gritando!” –le dije. “¡Qué perverso eres cariño! ¿Quieres escucharme gemir como puta?” –dijo ella. “¡Desde que te conocí que he querido cogerte!” –le respondí. “¡Entonces dame duro para hacerme sentir más puta!” –dijo entre gemidos. Su culo abierto recibía mis embestidas, cada vez que entraba toda mi verga ella decía qué le encantaba. “¡Dámela papito! ¡Cógeme como putita! ¡Haz que me vaya con el culo abierto por tu rica verga!” –decía Fernanda. Pronto los dos estábamos al borde de acabar, ella se entregó al orgasmo y vacié mi semen en ese rico agujero, haciendo que suspiré satisfecha. Rápidamente se puso su tanga, quería que mi leche se impregnara en su ropa interior. “¡Qué rico me cogiste! Pero todavía falta algo” –dijo. Me tumbó en la cama y puso mi verga entre sus tetas para pajearme. “¡Quiero tu leche en las tetas!” –me dijo aprisionando mi verga. Sus tetas se movían frenéticamente, me miraba y preguntó: “¿Te gusta que sea así de puta?”. ¡Sabes que sí Fernanda! ¡Ahora eres mi puta!” –le respondí. “¡Sí bebé, lo soy!” –dijo. Ya no me podía contener, sentía que me iba a explotar la verga, ella no se detuvo y mi semen se derramó en sus ricas tetas. Nos besamos y nos vestimos, salió con mi leche adornando sus tetas. La dejé a dos cuadras de su casa para evitar que alguien la viera.
Habíamos quedado qué sería algo casual y esporádico, pero el acuerdo se fue a la mierda, todos los viernes la llamaba y la llevaba ya no a un motel, íbamos a mi departamento para dar rienda suelta a nuestras ganas. Después se transformó en cogidas dos veces a la semana y no nos dimos cuenta cuando ya estábamos todos los días cogiendo como adolescentes en mi cama. Ya han pasado los años y como dicen: “El vino con los años de pone más bueno”, en este caso Fernanda era vino con el que me embriagaba de placer todas las tardes. Las cosas con Fernanda iban cada vez más calientes, incluso se quedaba a dormir alguna noche conmigo.
Sin embargo, la historia dio un giro que ni yo mismo me esperaba. Hace un tiempo, Fernanda me dio el número de su hija para que la ayudara con un problema de su celular. A la hija ya la había visto antes; era simpática y, claramente, había heredado la excelente cuerpo de su madre. Tania era una chica de veinte y tantos, un tanto coqueta sin ser demasiado explícita. Empezamos a interactuar por redes sociales. Las conversaciones con Eva eran casi a diario cuando estaba en la oficina, una tarde me dijo si era posible que pudiéramos conversar en persona, le dije que no tenía problemas por mi parte, pero no quería que ella tuviera problemas o que mal interpretara la salida. “No pienses eso, soy una mujer adulta. ¿Qué tendría que malinterpretar?” –dijo. La historia se repitió casi paso por paso. Ella me pidió dinero prestado y yo, aplicando la misma “estrategia” que con Fernanda, le dije: “Eva, no tengo dramas en prestarte dinero, el problema es si tú estás dispuesta a aceptar mi propuesta” –le dije. “A ver, dime, ¿qué me propones?” –preguntó. “Dijiste que eras adulta, imagino que sabes lo que digo. Llevamos tiempo hablando y tenemos química, podríamos avanzar un poco más” –le dije. “Suena interesante la propuesta” –respondió. Sin dudarlo aceptó, lo que me sorprendió gratamente. Estaba envuelto en una situación irreal: teniendo encuentros con Eva y con Fernanda en mi propia casa, disfrutando de la juventud de una y de la experiencia de la otra. Eva es tan caliente como Fernanda, le gusta que se la meta en cualquier lado, no importa si es en la calle o en el departamento, siempre está dispuesta a hacer todo lo que mi perversión le pida. Las dos me calentaban demasiado, más saber que tenía la oportunidad aunque fuera por separado estar con las dos. Una de esas salidas furtivas con Eva estábamos cogiendo, ella estaba en cuatro con mi verga en el culo y sonó su teléfono, era Fernanda quien le preguntaba si iba a ir a almorzar, ella le respondió: “Mamá estoy cogiendo con mi novio ahora, no sé si me voy a ir pronto”. Me sorprendió lo que dijo y además, me puso más caliente, se la metía más salvaje y Eva gemía mientras seguía con el teléfono en el oído. “¡Sí, me está rompiendo el culo! Lo hace tan rico. Ya hablamos”–dijo y cortó. Acabé en su culo y al igual que la mamá la primera vez, me la chupó y se tragó mi leche hasta la última gota.
Lo más curioso o satisfactorio, según como se vea es notar las coincidencias entre ambas. Tienen gustos similares en la intimidad y me descubro a mí mismo aplicando las mismas poses con una que con la otra, recordando los movimientos de la madre mientras estoy con la hija y viceversa. Es una sensación difícil de explicar, una mezcla de adrenalina y placer puro. También a ambas las tengo grabadas con mi celular para cuando no las puedo ver por viajes del trabajo masturbarme viendo cómo cogemos o alguna videollamada primero con una y luego con la otra. Pero como nada es perfecto, la realidad empezó a filtrarse. Fernanda se dio cuenta del asunto y aunque le da vergüenza ya que ella fue en cierta forma la culpable, lo aceptó. Le dije: “Los tres somos adultos y sabías que podría pasar algo así”. “Es verdad, es morboso que nos cojas a las dos” –dijo ella. Entonces le propuse que estuviéramos los tres juntos. Pareció pensarlo pero no dijo nada, así que actué. Le dije que hiciéramos una videollamada en la noche, qué quería verla tocándose. Hice lo mismo con Eva y cuando llegó la hora las llamé a las dos a la vez. La sorpresa fue mayúscula al verse desnudas en sus cuartos. Listas para hacer lo que yo quisiera. “Sabía que te cogías a mi mamá pero esto jamás lo pensé” –dijo Eva. Fernanda se moría de la vergüenza, jamás pensó encontrarse en la situación que estaba pasando. “A ver zorritas, las dos ya sabían bien lo que estaba pasando. Empiecen a tocarse de una vez” –les ordené. Ninguna daba el paso, así que le dije a Fernanda: “Mira lo rica que se tu hija desnuda. Se parece a ti y es igual de caliente qué tú”. “¡Ay, Ezequiel es mi hija!” –dijo ella. “Pero es mujer” –le dije. “¡Eva tócate las tetas!” –le dije a la chica. Ella obedeció y empezó a masajearse las tetas, sus pezones se pusieron duros. “Ves qué es caliente como tú” –le dije a Fernanda. Ella miraba la pantalla y se mordía los labios. Las dos se tocaban y yo con la verga parada mirando como madre e hija estaban calientes mirándose. “¡Ay mamita te ves tan rica!” –le dice Eva. “¡Sí, es muy rica la putita de tu mamá Eva! Mira como se toca viéndote” –le decía mientras me masturbaba viendo el espectáculo más caliente que estaba siendo testigo, madre e hija calientes masturbándose a la vez. Las dos gemían tan rico que era imposible no calentarse.
Seguimos con el jueguito y le pregunto a Fernanda: “¿Qué te gustaría?”. Se detuvo, mordió sus labios y respondió: “¡Qué Eva me lama la vagina!”. “¡Qué puta eres!” –le digo. “¿Y tú qué quieres Eva?” –le pregunté. Sin dudarlo respondió: “¡Lo mismo que mami!”. Entonces le ordené a la chica que fuera al cuarto de su mamá, al abrir la puerta Fernanda estaba con las piernas abiertas esperándola. Eva acomodó su teléfono para que no perdiera detalle de lo que iba a pasar y Fernanda enfocaba su cara. Madre e hija habían perdido el pudor y se entregaron a la perversión. Eva lamía esa rica concha y Fernanda con cara de puta disfrutaba. Yo seguía pajeándome viendo a mis putitas jugueteando. “Hagan un 69 putitas” –les dije. Eva se subió encima de su madre y las se lamian como locas arrancándose gemidos incestuosos, cargados de lujuria. Pronto las dos se estaban metiendo los dedos mientras se lamían. Ya no les decía que hacer, se dejaron llevar por la calentura, entrelazaron las piernas y se frotaban las vaginas, se miraban gimiendo, se trataban de putas y zorras. “¿Estás feliz por convertir a la madre e hija en tus putas?” –me preguntó Fernanda. “Ya lo eran, solo les faltaba alguien que supiera sacarlas a la luz” –le respondí. Las dos acabaron a la vez, se besaron y se quedaron esperando a qué saliera mi leche. “¡Dale leche a tus putitas!” –decía Eva. Las dos estaban con la boca abierta esperando hasta que acabé y tuvieron su premio por ser tan buenas perras.
Ya no tendría que coger con ellas por separado, estábamos diario en mi departamento desatando nuestra lujuria juntos. Lo más caliente era verlas cogiéndose y, después entre Fernanda y Eva compartiendo mi semen. Incluso les di una llave para que me fueran a esperar cogiendo, cosa de verlas al entrar desnudas en la sala listas para mí uso.
Pasiones Prohibidas ®

Rica cogida que tuvieron madre e hija.
ResponderBorrarEso pasa cuando la calentura puede mucho más que la razón.
Todavía sigo mojada
Uffff Ezequiel que cabron afortunado fuiste ,que no diera por cogerme a una mamá y la hija.
ResponderBorrarQue buen relato!
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