domingo, 7 de junio de 2026

174. La MILF de mis fantasías

 

Cuando conocí a la señora Laura yo tenía 25 años, acababa de llegar al vecindario y ella desempeñaba un cargo en la comunidad del edificio. Tuve que hablar con ella para arreglar algunos detalles después de la mudanza. Ella es toda una dama, creo yo de alrededor de unos 40 años en ese entonces, delgada, de ojos cafés, cabello negro ondulado que hace un gran contraste con su piel blanca como la porcelana y una sonrisa pícara que hizo que fantaseara con hacerla mía una y otra vez. “Señora Laura, soy Eduardo, el nuevo vecino. Perdone que la moleste, pero quería comentarle algo” –le dije. “Bienvenido Eduardo. Por favor pasa para qué conversemos” –dijo abriendo su puerta. Tomé asiento y le comenté de unos trabajos que iba a realizar y no quería molestar a nadie. Le pregunté por los días y horarios en que podía hacerlo. Me dio las indicaciones necesarias para evitar reclamos, reiteró su bienvenida y me dejó en la puerta despidiéndose amablemente.

Aunque la plática no pasó más allá de amabilidad de su parte y su estricto profesionalismo, supe que ella sería la madura que me gustaría coger si tan solo tuviera la oportunidad. Con unas tetas medianas, pero bien conservadas; así como un culo redondo y bien cuidado, siempre con jeans ajustados que resalta su antojable figura de mujer madura. Pasaron los días y no me había encontrado con ella ni por casualidad en el ascensor, pero sí la veía a diario en mis fantasías más perversas, cogiendo como locos. Me masturbaba pensando en esa exquisita madura y cuando acababa imaginaba su boca tragando mi semen.

Pasó una semana y me llamó al celular, me pidió que le ayudara con un cajón que no abría, como un caballero llevé mis herramientas para abrir ese cajón que daba problemas. Cuándo abrió la puerta me quedé sin palabras, quizá fue el tiempo en que no la había visto pero estaba preciosa. Siempre con sus jeans ajustados y una blusita que mostraba un apetecible escote. “¿Cómo estás Eduardo?” –me preguntó. Me dio un beso en la mejilla y me hizo pasar. “Estoy bien señora Laura”–le respondí. Sonrió y me dijo: “No me digas señora, no soy tan vieja”. “”Bueno Laura, he estado bien, aunque con algo de trabajo” –le contesté. “¡Qué bien! Me alegra que te vaya bien” –me dijo. “Cuéntame, ¿dónde tienes el problema Laura?” –le pregunté. Me llevó a su cuarto y me dijo: “¡Aquí está el problema!”. Se empinó dejándome ver ese rico culo amoldado a su jeans. Hacía fuerza para intentarlo abrir y su culo chocaba con mi pelvis, haciendo que mi verga reaccionara. Después, se puso en cuatro y dijo: de perrito y decir: “¡Creo que así es más cómodo! ¿No?”. Me congelé y no supe cómo reaccionar. “¿Es una casualidad? ¿Una trampa? ¿Ella tenía intenciones perversas? ¿Cómo saberlo?” –pensaba. Creo que no había mucho margen para pensar, era tiempo de actuar.

Me acerqué a ella, dando pie a rozarle el culo, Laura lo movía suavemente, mi verga se estaba poniendo dura y ella lo sabía. Me acerqué más con el pretexto de ayudarla y así tocar sus tetas que sin brasier se movían sensualmente. “¡Me estoy poniendo caliente!” –dice Laura. “¡También yo Laura!” –le respondo. Gira su cabeza y nos besamos, tocaba sus tetas por debajo de la blusa, tenía los pezones duros. Laura se movía más sensual, para ese momento lo único que deseaba era quitarle la ropa y cogérmela. La llevé a la cama y metí la mano entre sus bragas y tenía la concha hecha un mar de fluidos. La desnudé y mi lengua empezó a bajar hasta llegar a su vagina, separó las piernas y me dijo: “¡Ah, sí cariño! ¡No pares!”. Laura jugaba con sus tetas mientras mi lengua la hacía gemir y retorcerse de placer. Saqué mi verga y la rozaba por su concha, ella jadeaba y decía: “¡Métemela, hazme tu puta!”. Laura estaba tan caliente que suplicaba porque se la metiera. “¡Ay, papito, ya no aguanto más! ¡Cógeme sin piedad! ¡Dame duro por favor!” –decía. Acerqué mi verga a su boca y Laura la empezó a chupar como endemoniada, la exquisita forma en que se la engullía y su cara de placer era sublime. Me quité la ropa y la puse en cuatro encima de la cama, de un solo golpe se la meto hasta el fondo de su húmeda concha, lo que hace que de su boca salga un grito lleno de placer al verse por fin penetrada. Comienzo con un frenético mete y saca que hace que sus nalgas se muevan con violencia. “¡Si papito, si, ya te quería dentro de mí! Desde la primera vez que estuviste aquí te hubiese dejado cogerme, pero no quería que pensaras que soy una puta” –me dice. Yo aferrado a sus caderas se la metía con fuerza, entre sus jadeos me dijo: “Desde ahora puedes cogerme cuando quieras mi vida”. Laura ya no es dueña de sí misma, está perdida en el placer más elevado que jamás haya sentido, tanta es su calentura que no le importa cuando comienzo a meterle primero uno, luego dos y hasta tres dedos en su ano, siente una descarga de placer que era desconocida para ella. Su cuerpo temblaba y gemía.

Sabe lo que viene, pero no puede ni quiere impedir que sea poseída analmente, lo disfruta como buena puta que ahora es, comienza como si estuviera dentro de un trance a mover su hermoso culo para adelante y para atrás, buscando en cada movimiento enterrarse más mi verga que le está provocando un bombardeo de dopamina en su cerebro. Una oleada de intensos orgasmos hacían que se retorciera de placer. Su cuerpo envuelto en sudor le daba más morbo a la caliente escena, la madura estaba al borde de la locura gimiendo y jadeando, pidiendo que no me detuviera, qué su culo a pesar del dolor lo estaba disfrutando. Se aferraba a la colcha de la cama y decía: “¡Ay mi amor, me tienes loca!”. Le di nalgadas, ella pedía más fuerte, mi mano se marcaba en sus blancas nalgas y mi verga le sacaba alaridos que hace tiempo no sentía.

Finalmente estoy a punto de reventar y ella lo sabe, suplica: “¡Échamela adentro, por favor papi! ¡Dale leche a mi culo!”. Le di en el gusto a esa caliente MILF que me vuelve loco y me vacío en su culo. Caímos rendidos en la cama. permanecemos un instante fundidos en una misma carne pero ella se separa y pone a lamer los restos de semen que tiene mi verga hasta dejármela limpia. Con sus bellos ojos claros me transmite ese agradecimiento que las palabras nunca podrían expresar, claramente sabe que esto debe volver a repetirlo, sabe que difícilmente podrá estar sin tenerme dentro de ella.

A diario Laura estaba lista para que cogiéramos como enfermos, me dio una llave de su departamento para que perder el tiempo. Me iba a su pieza y ya estaba desnuda diciéndome: ¡Te extrañaba mi amor! ¡Úsame cómo te gusta porque estoy caliente para ti!”. Aproveché cada momento para hacer con ella cuando mi lujuria me sugería y ella siempre estaba dispuesta a complacerme, ya que era una perversa sumisa.



Pasiones Prohibidas ®

5 comentarios:

  1. A su, que buen relato, me puso bien cachondo, me recordó mi juventud, cuando a los 13 años tuve mi primera experiencia con una doña de 35 años, cogíamos como si se fuera acabar el mundo...

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  2. Excelente relato, me puso a mil, tuve que masturbarme imaginando la escena

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  3. Waaooooo k excitante relato hace volar la imaginación

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  4. Excelente relato, espero el siguiente, gracias

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