Me llamo Gabriel, tengo 18 años, vivo con mi madre, divorció hace varios años, no tengo recuerdos de mi padre pero eso no es relevante para lo que quiero contarles. Mi madre se llama Caroline, tiene 42 años, trabaja en un estudio contable. Tiene un perro Pastor Alemán, llamado Nacho. Es enorme, al cual mima más que a mí. La verdad poco me importaba hasta que una tarde vuelvo de jugar futbol con amigos más temprano de lo normal o fue un descuido suyo, pero al entrar a la casa siento ruidos extraños en el cuarto de lavado, me acerco despacio sin hacer ruido, empiezo a sentir gemidos y súplicas de mi madre; paré, no seguí hacia la pieza para seguir escuchando. Claramente la estaban cogiendo pero no escuchaba voz de hombre. Así que seguí acercándome pegado a la pared, me asomo por la puerta abierta, veo a mi madre en cuatro ensartada por Nacho, estaban pegados. Sus súplicas y gemidos eran para el perro. “¡Ay Nacho, que rico me coges! ¡¡Así, oh, me abres la concha! ¡Me tienes caliente mi bebé hermoso!” –decía dando alaridos de placer. Nacho tenía un año de edad. Seguí mirando con mi verga tiesa.
Por alguna razón me había calentado mirándola. Pasaron más de 10 minutos, el perro libera a mi madre, esta se da vuelta para que no vuelva montarla, pero se pone chuparle la verga, lo hacía con devoción. “Luego vuelves a cogerme mi amor, ahora debe estar por llegar tu hermano Gabriel” –le dice. Me dio asco escuchar lo de hermano, pero estaba tan caliente mirándola que me escondí para que no me descubriera. Salió con Nacho caminando y chorreando semen de su concha y pasando su lengua por los labios para tragar el resto de semen que le pudiera quedar después de chupársela.
Entra a la casa por la cocina, se dirige a la ducha no sin antes dejar a al perro en el patio, quedó como llorando, lógico, quería seguir cogiendo. Se mete al baño del primer piso, la miro, una ventanita que da al baño, Nacho ladra, está cerca mío pero detrás de un muro. Gruñe como enojado, lo miro y le sonrío de forma burlona. “Debe sentir celos” –pienso. Yo no sentía celos sino asco de mi madre. Habiendo tantos hombres, ser hembra de un perro era algo que nunca se me habría ocurrido, pero mirándola me hago tremenda paja imaginando la de rodillas tragando mi semen y con una cara de puta que no disimula. La imaginaba diciéndome: “¡Hijo, dame tu leche! ¡Esta perra quiere que te vacíes en su boca!”.
Antes de entrar a la ducha pasa su mano por su concha; la saca, se chupa también sus dedos y le habla al perro: “Mi bebé, ¿querías darle más y más verga a tu ama? Más tarde bebé, más tarde volveré a entregarme a ti”. Me calentaba escucharla, tenia la verga como si me fuera a explotar. “Nacho, soy tu perra, me gustaría pasar el día cogiendo, pegada a ti y beberme tu rica leche. Veo como se baña; a pesar de ser cogida por un perro mi madre está bien buena. Me dan ganas de entrar al baño y culearmela, decirle: “¡Eres toda una puta! ¡Te voy a coger hasta que quedes tirada en el piso!”. No lo hago, no por faltarle el respeto, sino que iba a idear algo para conseguirlo. Salí de la casa, caminé unas cuadras y vuelvo. Cuando entro, ya estaba bañada y vestida con un short y una blusa transparente, sin sujetador. Noto como nunca antes sus pezones duros. Dentro de la casa siempre andaba cómoda con poca ropa encima hasta creo no usaba ropa interior. antes de Nacho no era así.
Nos pusimos a conversar como si nada. “Hola hijo, mi amor vienes todo sudadito ¿Te divertiste?” –me dijo. “Sí mami, lo hice. Tú, ¿qué has hecho” –contesté. “Aquí aburrida, solita escuchando ladrar a Nacho” –me dijo. “¿Por qué no lo haces entrar mamita?” –le pregunté. “No hijo, ya estuvo un buen rato dentro si lo dejo se pone cargoso” –respondió. Ya tenía el pie y me lanzo con todo: “¿Cargoso? Me di qué te quiere coger mami”. “¡Ah! ¿Pero qué te crees Gabriel?” –me dice enojada. “Mira Caroline, volví hace un rato y escuche gritos, vi como Nacho te tenia abotonada en el cuarto de lavado, vi como gozabas. En pocas palabras vi todo madre” –le dije. No sabe que decir, se pone a llorar. “Estoy avergonzada de lo que viste hijo, pero no voy a justificarme, me la mete rico y lo disfruto” –me dice. “¿Desde cuando coges con él Caroline?” –le pregunto. Me miró y respondió: “Bueno, tiene un año. Hace como cuatro meses que me coge”. La abrazo y le digo: Cuéntame, ¿cómo se dio?”. Me empezó a contar, escucharla me ponía caliente. Aproveché y le agarré las tetas, ella no protesta, deja que mi mano se pasee libremente, tenía los pezones duros. Se los tocaba, la expresión de su rostro cambia, se estaba calentando. “Una tarde habías ido a casa de tu tía, se largó una tormenta muy fuerte Nacho aullaba, lo entré a la casa, no sé si por agradecimiento o qué, se puso a jugar conmigo; me había tirado en la alfombra. De pronto, vi como de su capullo salía una enorme verga, él me lamió la cara y el cuerpo, me quería montar. Te juro que sentía miedo hijo pero fui tomando valor hasta que le toqué la verga, la sacó mas afuera, ya era enorme. Me gustó tocarla, hacía tiempo que no cogía, solo me masturbaba. Me metí debajo y le besé la verga, se quedó quieto” –me dijo. Yo seguía jugando con sus tetas, cada vez se ponía más caliente contándome como empezó a coger con Nacho y sintiendo mi mano apretando sus pezones.
La miré a los ojos y le dije: “Sigue contándome Caroline como te volviste una puta perra. “Tomé valor, se la chupé . Luego, me saqué ropa, quedé desnuda. Le chupé la verga como loca. Nacho se puso entre mis piernas y me empezó a lamer la concha. Luego, intentó montarme, pero no le apuntaba a mi concha que ardía de lo caliente que estaba. Esa tarde se la chupé varias veces, quedé toda pegoteada con su semen. Me gustaba la sensación de sentirme perra. Después de un rato lo saqué al patio y le dije: “¡Cariño, voy a buscar la manera para que me metas tu rica verga”. Ya tenía a Caroline con las tetas afuera y ella agarrada de mi verga me pajeaba despacio. “Sigue contándome” –le dije. Siguió: “Miré videos de zoofilia, vi como perros ensartaban y abotonaban a mujeres. Me calenté tanto que me masturbé varias veces, gemía y disfrutaba mis dedos. No me di ni cuenta cuando llegaste, estaba a punta de orgasmos, tanto que temblaba entera” –me dijo. “Te voy a decir algo mamita, yo si me di cuenta que estabas caliente, te escuchaba gemir y me corrí varias pajas pensando que te estaba culeando. Incluso me pajeé con una de tus tantas en el baño y te las dejé con leche imaginando que te llenaba la concha” –le dije. Parece que la calentó más escuchar lo que le dije, porque su mano se movía más rápido. Siguió contándome: “Al otro día saliste con tus amigos, lo entré, me desnudé y le dije que ahora ya me iba a coger. Me puse en cuatro, se me subió encima, empezó a moverse pero ahora lo ayudé. Su verga se clavó de una en mi concha, me encantó cuando se abrió y entró toda. Me sentía tan perra, tan puta y le decía que me cogiera, que era su perra. Cuando me entró su bola fue exquisitamente doloroso pero me encantó. Quedamos pegados hasta que acabó y sentí chorros de caliente semen llenándome. Después, salió y el semen me chorreaba de la concha a los muslos. Fueron como tres minutos de descanso y él quería más, ya no tuve que ayudarle pero esta vez me la dio por el culo. Era maravilloso, hace tiempo que me cogían así de rico. Se la chupaba, él me lamía, eran olas interminables de orgasmos”. Me tenía tan caliente, quería culearmela bien duro.
Mis manos recorrieron sus muslos, sin decirle nada mami abrió las piernas, le desabroché su short y no tenía nada puesto. “¡Estás mojada Caroline!” –le dije. Ella siguió con su mano aferrada a mi verga y mis dedos le daban placer a su rica concha. “Ahora soy una perra, vivo en celo las 24 horas, todos los días. lo que viste hoy no ha sido nada para lo que ha pasado entre Nacho y yo. Incluso he cogido con otros perros, varios a la vez, así como lo hacen las perras en la calle” –me dijo. Eso me prendió más y así con lo caliente que ella estaba, le dije: “¡Quiero culearte ahora!”. Le di un caliente beso en la boca que respondió de la misma forma. “¿Quieres compartirme con Nacho, Gabriel? Me dejo coger por los dos a la vez, así Nacho va a aprender a no sentir celos. Me encantaría tener la verga de Nacho en mi culo mientras te la chupo y después al revés” –me dice. “¡Acepto, pero ahora te voy a culear yo solo” –le dije. “Sí hijo, vamos a mi cama” –dice caliente. “No, aquí mismo como la puta y perra que eres”–le dije. Sonrió de forma perversa e hizo lo que se le ordenó.
Pasiones Prohibidas ®

Muchas felicidades gran autor de este gran tema
ResponderBorrarExcelente relato, nada como leer como disfruta una perra de su macho!
ResponderBorrarExcelente relato como todos los que subes
ResponderBorrarSuper caliente ,cómo siempre una exquisita lectura
ResponderBorrarMuy bueno su relato
ResponderBorrarMuy buen relato
BorrarMuy exitante relato gracias
ResponderBorrarSiiiiiiiiii riquisimo caliente me encanta 0ensar en esa situacion es riquisimo sigannn porfiiiiiiii me tienen a fullllll
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