Por ser el primer día llegué muy temprano y bien
arreglada para dar una buena primera impresión a mis nuevos profesores. Para darles
una idea, de estatura mediana, 1.62; tengo la piel clara y el pelo castaño oscuro
largo, labios carnosos, ojos café. Todas las mujeres de mi familia son muy
caderonas y tienen un enorme trasero, desde la secundaria se notaba que yo no
sería la excepción. No importa la ropa que me ponga, se me nota demasiado mi
parte trasera. Usualmente tengo un dilema, si uso ropa holgada, me esconde un
poco el trasero pero todo se sacude al caminar y llama mucho la atención por
como tiembla. Si uso ropa ajustada, no se sacude tanto pero llaman aún más la
atención por sus dimensiones. En la secundaria algunos niños maleducados me
decían Vanessa la culona. Mis hermanos me hacían burla, y me decían que tenía
más nalgas que cabeza. Todavía a la fecha uno que otro niño pequeño me llega a
preguntar que porque tengo pompas de payaso.
Como decía llegué temprano al salón y más arreglada que de costumbre, llevaba unas botas divinas de tacón y unos jeans azul claro sin bolsas. Me puse una tanga de encaje lindo de color blanco para que los jeans marcaran mi silueta correctamente. Arriba una blusa rosa que me gusta mucho, me había perfumado y maquillado con esmero. Estaba aún de pie esperando a que llegara el profesor, me sentaría hasta que él nos saludara, por cuestión de respeto. Tenía mis audífonos puestos y balanceaba un poco mi cuerpo al ritmo de la música. Los demás alumnos comenzaron a llegar, la mayoría conocidos. Yo siempre había sido algo clasista. Sólo si se nota que alguien tiene dinero era amigable con esa persona. Si alguien sin ropa a la moda y sin auto se me dirigía, era difícil que le hiciera caso, sólo lo ignoraba o le hacía un mal gesto. La mayoría en la universidad tienen estas características, en algunos salones más que en otros. Prefería caerle mal a muchos que mezclarme con quienes yo consideraba de menor clase.
Entre los nuevos que entraron al aula llegó un tipo muy
desalineado, despeinado, con la ropa manchada de pintura. Traía consigo un
casco y un chaleco de obra. Se notaba que era alguien que trabaja de albañil o
en quien sabe qué cosa. Como era de esperarse simplemente lo ignoré, pero al
poco rato de reojo sentí que alguien me estaba viendo. Era este tipo de la ropa
sucia, venía de regreso desde la parte de atrás del salón. Lo descubrí viéndome
las pompas. Ni siquiera me volteó a mirar a los ojos, sólo pasó de largo y
salió del salón pero dejó sus cosas en un rincón. Pasaron los minutos y el
salón se llenaba poco a poco. Aún había algunas mesas sin ocupante, incluyendo
la que tenía al lado mío. Sólo había un pasillo hacia la única puerta del salón
por lo que si estas al fondo del pasillo de las mesas es necesario molestar a
todos los de la hilera y a veces chocar por accidente con alguno. De repente
llegó el profesor y junto con él entraron muchos alumnos que lo esperaban
afuera del aula. Siempre me pareció de mala educación esperar al profesor
afuera del aula, prefería esperarlo en mi lugar como una chica educada.
El profesor comenzó a presentarse de inmediato por lo que
no presté atención a los demás alumnos que entraron con él. Yo seguía de pie,
esperado a que el profesor nos pidiera sentarnos. De repente sentí un tremendo roce
en mis nalgas, fue rápido pero muy brusco, incluso me empujó las caderas un
poco hacia adelante. Claramente fue el dorso de una mano. Comenzó en mi glúteo
derecho y sentí como lo recorrió todo hasta llegar a la parte media de mi
trasero donde se detuvo un poco antes de chocar con mi glúteo izquierdo, para
después recorrerlo igual que con el derecho, apretándolo contra su mano. Al
principio me sentía muy avergonzada, de seguro hasta me sonrojé un poco.
Alguien acababa de recorrer con su mano todo mi culo en pleno salón de clase
lleno. Aunque había sido con el torso de la mano, aún tenía la sensación de que
me habían tocado. De reojo noté que el que me rozó se sentó al lado mío. Tenía
miedo de voltear a ver quién era, pero poco a poco me sentí enojada. ¿Por qué
no tiene más cuidado? Ya me había pasado que me rozaran por accidente o que
incluso yo sin querer empujara a alguien con mis nalgas, pero nada así como
esto. Giré con discreción la cabeza para ver quién había sido. ¡Oh sorpresa! Era
este tipo de la ropa sucia. Me le quedé mirando, me sentía cada vez más
enojada, me enfadaba como se veía y me enfadaba que me estuviera ignorando, ni
siquiera pidió disculpas. Me enojaba aún más al notar que aún tenía la
sensación de su mano pasando por mi trasero. Pensé que era un maleducado y
decidí aguantarme el enojo e ignorarlo. Lo mismo siguió pasando con cierta
frecuencia durante dos meses. Sobre todo si yo me concentraba en alguna lectura
o en la clase, de repente sentía su roce. Incluso si yo estaba sentada en los
bancos altos sin respaldo, él se las arreglaba para rozar mis cachetes. Cuando
lo hacía yo me irritaba mucho, a veces le decía: ¡“Ten más cuidado!” o “¡Fíjate!”.
Él sólo me ignoraba.
Su nombre es Eliseo, como les comenté, al parecer es solo
un trabajador de la construcción, algo gordito. No muy alto pero si 10 cm más
alto que yo. Le gusta traer el pelo largo de arriba y de abajo rapado. Es muy
común que huela mucho a sudor. En ese entonces casi no se bañaba, olía muy mal.
En una clase me contó que su papá trabaja en la construcción y que es experto en
estructuras de vulcometal y él lo ayuda a pintar desperfectos de las obras que
va terminando. Que quiere ser arquitecto para hacer sentir muy orgulloso a su
padre. Fui muy grosera con él en ese momento. Le dije: “Pobre, siempre serás un
albañil”. Él sólo se rio de mi comentario y me dio un par de palmadas en mi
muslo izquierdo mientras me decía: “Yo no te digo lo que serás, porque te vas a
enojar más reina”. Eso me enojó muchísimo, le quité su mano de mi pierna de un
manotazo y le dije que tenía que ubicarse, que era un pobre asqueroso. No pude
con el enojo y me fui del salón.
Me fui a caminar y cuando regresé ya todos se habían se ido, no me di cuenta cuanto tiempo estuve dando vueltas, en mi lugar no estaban mis cosas, sólo un papel con un número telefónico y una nota que decía: “Mándame un WhatsApp, estoy en el estacionamiento, te espero, ven por tus cosas.” Rápidamente lo agregué y le marqué, era Eliseo. Salí corriendo y después de caminar en la dirección que me dijo, lo encontré. Estaba arriba de un pequeño coche Fiat Panda rojo. Le dije casi gritando: “¡Dame mis cosas maldito ladrón!”. Él sonreía y tiraba pequeñas carcajadas. Apretó el botón de la cajuela y se oyó como se abrió, me fui rápido a sacarlas pero cuando me di la vuelta escuché que dijo “¡Ay pendeja! ¡Que culito tan rico tienes!”. Me sentí llena de furia. Empecé a golpear la puerta de su coche y le grité que se bajara. Le estaba gritando que era un puerco maloliente y que se debería regresar a la construcción donde pertenecía. Él se bajó por fin y me pregunto qué era lo que quería con tono calmado. Yo le grité: “¡Si me vuelves a tocar las nalgas imbécil te voy a denunciar y seguro te expulsan de la universidad!”. Él se reía como siempre. Me dijo: “Ya van dos meses de que casi diario te repaso los cachetes, si no te gustara ya te hubieras cambiado de lugar”. “No me voy a cambiar por un pobretón hijo de obrero como tú. Tú eres el que se debe de ir, yo llevo años siendo una estudiante de excelencia, aprende tu lugar” –le dije con repulsión. “Esas nalgas son para que las goce un macho y tú lo sabes. Te apuesto a que mañana estarás en el mismo lugar del salón de clases. Con la colita parada, esperando a que llegue yo” –me dice. “Sueña mugroso, jamás me rebajaría con alguien de tu nivel…” –dije antes de interrumpirme. “Es más, hago oficial la apuesta. Si mañana no estás en el mismo lugar, vestida como el día que nos conocimos, tus tacones y los jeans pegados azules y empinada esperando a que pase, si no te encuentro así, me salgo de la escuela y jamás me vuelves a ver culoncita rica” –me dice. Cada vez más furiosa, le confirmo la apuesta: Entonces anda preparando tu salida, albañil hediendo a bolas”. Se subió rápido al coche y avanzó un tramo corto, yo le grité “¡Mis cosas!”. Frenó de repente y se bajó, fue a la cajuela y sacó mis cosas, las tiró al piso y se fue. “Como odio a los nacos” –me dije a mi misma.
Antes de dormir entré a WhatsApp, les contesté algunos
mensajes a mis mejores amigas pero me dio curiosidad algo. Busqué a Eliseo, a
ver como era su foto de perfil. No me sorprendió, en su foto estaba él y otros
obreros más en un sitio de construcción, todos muy sonrientes. Uno de ellos era
muy parecido a él pero algo arrugado y notoriamente más gordo, era su papá, me
imaginé. “Qué vergüenza, es un ordinario de lo peor” –pensé. Dejé mi teléfono a
un lado pero al poco rato sonó. Lo tomé y vi que era un WhatsApp de Eliseo: “Que
ganas de cenarme unas nalgas ricas como las tuyas antes de dormir. Que tengas
linda noche Vanessa. Estoy seguro que será todo un placer conocerte más a fondo”.
Estuve a punto de ignorar su mensaje e irme a dormir, pero no lo resistí, le
tuve que contestar: “Buenas noches Eliseo, las niñas buenas nos dormimos
temprano”. Él me respondió casi de inmediato: “Eres mi niña nalgona”. No sabía
que decirle pero me gustó leer ese apodo que me acababa de poner. Después de un
rato le puse “Las niñas buenas llegamos 30 minutos antes al salón”. Me
respondió con un mensaje de voz diciendo: “No sé si decirte mi niña nalgona o
mi puta nalgona, los dos apodos son perfectos para ti”. Ya me sentía un poco
emocionada, oír su voz diciéndome eso, me quitó todo el sueño, pero ya debía
dormir. Activé el micrófono del WhatsApp y le di un beso muy sonoro al celular,
lo solté y se envió. Solo me respondió “Vanessa la besucona, descansa”. No me
pude dormir, en un largo rato. Ni siquiera me di cuenta me quedé dormida.
Al día siguiente era viernes, revisé mi celular, como
para ver si esos mensajes habían sido en un sueño, pero no, ahí estaban. Volví
a leer los apodos que me puso y me gustaron demasiado. Me sentía emocionada y
nerviosa. Mi clase con él era hasta las 11:00 AM. Decidí no asistir a las
clases previas. Me fui a desayunar a la cocina, con calma. Luego me metí a
bañar. Estuve largo rato, me bañé con gel para cuerpo con aroma a fresas. Al
salir me sequé el cuerpo y me enrollé una toalla en el pelo, me puse crema en
el cuerpo para humectar mi piel, también olía a fresa. Me apliqué el perfume
más dulce de mi tocador. Olía a vainilla. Desnuda y perfumada me fui al
vestidor y busqué en mi cajón de ropa interior. Me decidí por una tanga
francesa de encaje, azul eléctrico, muy brillante. Por el corte francés la
tanga iba a asomarse fuera de mi pantalón a los lados. El brasier era de media
copa y hacía juego con la tanga. La tanga era algo pequeña, recuerdo que al
comprarla me dio miedo que no me quedara, pero estira mucho. El brasier si esta
algo apretado, pero es bueno porque hace mis pechos resalten. Ya con mi ropa
interior puesta me comencé a maquillar, mucho brillo en mis labios, mucha
sombra, mucho mascara en las pestañas. No sé por qué me maquillé de más. Al
finalizar me vi al espejo, estaba maquillada de manera algo exagerada, no sé
por qué pensé “a Eliseo le deben gustar así”. Me puse unas calcetas largas
azules y después mi pantalón. Es muy ajustado por lo que al llegar a la parte
de los muslos tengo que brincar para lograr entrar en él, siempre es una
batalla al tratar de que mis glúteos entren en el pantalón. Después de lograr
ponerme el pantalón, acomodé mi tanga hasta sentirla cómoda, como dije antes,
se asomaba un poco por arriba del cinturón. Decidí ponerme la misma blusa rosa,
pero vistiéndola de manera diferente porque hacía calor, juro que fue por el calor.
Me dejé los tres botones de arriba
desabrochados y en la parte de abajo me hice un nudo, de forma que se veía
parte de mi abdomen entre la blusa y el cinturón de mi pantalón. Me peiné con
esmero y me puse un dije de oro falso que dice Vanessa.
Todavía era algo temprano pero no podía llegar tarde a mi
clase, así que decidí subirme a mi Volvo S60 negro e ir al campus
universitario. Faltaban 15 minutos para las 11:00. Decidí usarlos para
deambular por la facultad de arquitectura. Sentía como todos me miraban de
manera indiscreta. La mayoría fijaban su vista en mi trasero, otros notaban mi brasier
azul brillante que se asomaba un poco y la parte de mis pechos que la camisa
mal abotonada dejaba ver. Unos pocos me miraban a los ojos, pero para hacerme
gestos lascivos o un guiño. Después de recibir un par de piropos, vi que ya era
hora de ir al salón. El edificio estaba vacío, la mayoría aprovechan los
descansos para comer algo o tomar aire. En el salón no había nada, sólo algo de
basura entre las patas de las mesas. Tomé mi lugar de siempre y me puse mis
audífonos, discretamente revisé mi atuendo. Acomodé mi escote y jalé un poco el
hilo mi tanga de ambos lados, para que resaltara un poco más. Después de cinco
minutos seguía siendo la única en el salón. Me sentí algo decepcionada, pero
busqué música alegre para distraerme. Puse algo de salsa, y me empecé a mover
un poco. Sacudía las caderas de lado a lado, recordando un poco los pasos que
más me gustan. Estuve bailando una canción completa y no me di cuenta que
alguien me estaba observando desde la puerta del salón, era Eliseo.
Después de unos 15 minutos mis labios temblaban, pero no
me aburría de lamérsela. De repente, sentí como me tomó la cabeza fuertemente.
Su verga comenzó a palpitar dentro de mi boca. Sentí un líquido espeso y tibio
que inundaba mi boca. Sin dudarlo comencé a tragarlo. Después de un momento,
sacó la verga y yo comencé a limpiarla con mis labios y legua. Él me decía: “¡Qué
rico la chupas Vanessa! Podrías vivir de esto. Cuando le cuente a mis amigos no
me van a creer. Necesito pruebas”. Me tomó una foto sin que pudiera evitarlo,
me la mostró. Aparecía sonrojada, con la mirada cansada. Con muchos pelos
pegados a mi cara. Se notaba que estaba en ropa interior y de rodillas en el
piso. Me puso de pie y me dio la vuelta, me dijo que pusiera las manos en la
pared lo más alto que pudiera, solo podía obedecerlo. “¡Que rica tu boca
Vanessa, pero lo mejor sigo diciendo que es tu culo” –dice. Supongo que me tomó
más fotos, salió del baño y dejó la puerta abierta. La cerré rápido y me senté
en el WC, no podía creer lo ocurrido, aún estaba muy Caliente. Me masturbé como
loca. Cuando terminé me vestí y regresé al salón. Eliseo estaba en su lugar de
siempre. Me senté, él puso la mano en mi muslo izquierdo, yo puse mi mano sobre
la de él y se la acaricié. Así estuvimos el resto de la clase. Sin proponérmelo
terminé siendo la perra de un albañil.

Buenos días, me gusto mucho tu relato muy exóticos.
ResponderBorrarEsa niña recibió la lección más bonita de si vida, en mi época de universidad ví casos similares sin conocer el detalle y hoy al leer este apasionado relato donde mi señor logró llevarme con sus letras a los más grandes y quizá olvidados momentos de salones, clases, tareas, profesores y exámenes mientras leí recordé cuántas cosas lindas que viví y otras más que imaginé sin lograr hacerlo por temor. Gracias mi señor por llevarme a dónde tú quieres.
ResponderBorrarsarfrazjani182@gmail.com
ResponderBorrarSarfraz
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