Me llamo Constanza, soy una mujer de treinta años. Vivo en un condominio de casas casi a las afueras de Santiago, económicamente estable y responsable hasta el final cuando tengo un proyecto. En palabras simples, si el barco se hunde yo me hundo con él.
Aunque de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de muchas cosas, por ejemplo que por más rodeada de gente siempre estoy sola cuando el show termina. Decidí dar por resuelto el problema y hablé con mi hermano mayor, es dueño de un criadero canino de raza Golden Retriever. Ese día llegó a mi vida Lyon, un hermoso ejemplar de dos de años; la conexión entre ambos fue mutua, nos vimos y nos amamos, lo mejor que al ser de criadero era un perro entrenado y obediente. Le di las gracias a mi hermano por el bello animal que acompañaría mis momentos de soledad y aburrimiento en casa.
Han pasado algunos meses y el comportamiento de Lyon había cambiado, no se puso agresivo, sino que demasiado “cariñoso”. Al punto que llegaba a molestarme porque todo lo que encontraba se lo quería coger. A veces me daba risa verlo luchar a muerte contra los cojines de los sillones, le llamaba la atención diciéndole: “¡Lyon, deja eso! ¡No vas a conseguir nada, así que comportarte!”. Aunque a veces era gracioso, otras era desesperante encontrarse con los cojines mojados por semen canino. Un fin de semana me encontraba gritándole como loca: “¡Lyon. Detente perro estúpido. Detente!”. Ya estaba harta de lidiar con Lyon que no deja ese comportamiento horrendo y vergonzoso.
Hace unos días vino de visita una amiga a casa, para charlar y tomar unas copas de vino blanco. Lyon enseguida la vio como un blanco al cual apuntarle con su verga. Después de un par de copas, se acercó a mi amiga, ella al verlo le acarició la cabeza y le dijo: “¡Te ves precioso Lyon!”. Parece que fue un estímulo para el peludo canino, ya que se le subió encima y la tomó de un muslo para intentar aparearse. Al darse cuenta que no lograba su cometido de bajó y dejó ver una verga gruesa y larga con una hinchazón en su base, me tenía desesperada y no sabía qué hacer. Lo agarré de la correa y le dije: “¡Te vas al patio perro degenerado!”. Mi amiga me miró y después unos segundos de silencio nos reímos a carcajadas, me dijo: “Es gracioso pero también debes tener cuidado, porque se puede poner agresivo. Te voy a recomendar al veterinario de mi gato para que lo lleves y tal vez tengas que castrarlo”. “Gracias amiga, el lunes llamaré para reservar una cita” –la conversación siguió tan animada como sal principio, pero no dejaba de pensar en que estaba conviviendo con una bomba de tiempo.
Llegó el lunes y llamé a primera hora al veterinario, por suerte pude conseguir cita ese mismo día en la tarde. Cuando entramos a la consulta, el médico lo saludó con cariño pero a Lyon no le provocó ni cosquillas . Le dije porque estábamos ahí y también lo que dijo mi amiga, le dije que estaba asustada por ese estado de excitación continúo que Lyon tenía. El veterinario le hizo una revisión completa, se cercioró que todas sus vacunas estuvieran al día, revisó sus dientes y completó los exámenes diciendo: “Este perro esta saludable y se le ve muy feliz. ¿Qué cosa más quieres hacerle?”. “Doctor, el problema es que Lyon está en una edad en que sexualmente todo le atrae, mis muebles, mis cojines, mis invitados, incluso mis piernas. Es bochornoso y molesto” –le contesté. “Lo sé Constanza, pero a esta edad son así y lo único que se puede hacer es castrarlo o buscarle una novia” –me dijo calmadamente. “Bueno, explíqueme esas soluciones doctor” –dije con curiosidad. “Bien, te lo diré claro. Es cortarle los testículos o buscarle una hembra para coger” –dijo casi en automático. ¡Oh, que caliente este perro! Lo pensaré doctor” –le dije. Dejamos la consulta y nos fuimos de regreso a casa. Lyon continuaba con su comportamiento de macho y yo no me decidía por una solución.
Una tarde, antes de irme a la cama, fui a darme el último o paseo de rutina por la casa verificando que todo estuviera en orden, todas las cerraduras aseguradas y cerradas, el gas cortado, el agua cortada, como de costumbre todo estaba bien, así que me dirigí a mi dormitorio. Lyon estaba sobre su colchoncito, estaba lengüeteando la verga más grande que haya visto nunca, habrá sido porque me encontraba ovulando y tenía unas ganas locas de coger, habrá sido la conversación con el veterinario, no sé cómo me encontré arrodillada a mirar de cerca esa verga roja, húmeda y esplendorosa. Mis dedos entraron en contacto con su verga paseé mis dedos que resbalaban por la abundante humedad, quise envolverlo en mi mano, se sentía bien y se sentían sus palpitaciones. Comencé a moverlo de atrás para adelante, lo tomé con ambas manos, Lyon se puso de pie y comenzó a coger mis manos. Chorritos y gotas comenzaron a salir de su verga, me excitó tanto al ver ese líquido acuoso, que me llené la palma de la mano y comencé a restregar mi vagina húmedo, mi tanga se mojó con una mezcla lujuriosa de ese liquido preseminal y mis secreciones.
Repetí la operación, pero esta vez restregué mis tetas con ese esperma canino, después llevé los dedos a mis labios y mi lengua saboreo mi mano mojada. “¡No sabe nada de mal!” –pensé. Me acosté de espaldas en el suelo y me coloqué bajo su vientre. Su verga me quedo justo sobre los labios, abrí mi boca y se la chupé como loca. Lyon se cogió mi boca y me la llenó hasta que algunas gotas se deslizaron por la comisura de mis labios, tragué todo para no dejar que se perdiera nada. Mi mano izquierda estimulaba mi clítoris, convulsioné bajo la panza de Lyon con un orgasmo fantástico, mi cuerpo entero se estremeció por no sé cuánto tiempo. Estaba llena de su esperma por todos lados, así que me fui bajo la ducha y después me puse un short y una polera con tirantes. Dormí como una buena perrita toda la noche.
Durante la semana Lyon ya no intentaba coger todo lo que se le pasaba por delante, estaba tranquilo, obediente y cada vez que me veía movía su cola contento, me llamo la atención su cambio de conducta. El viernes siguiente, ya en la mañana había vuelto a sus andadas, lo encontré con uno de los cojines dándole como si no hubiera mañana, más tarde se estaba cogiendo su colchón donde duerme y después fue el turno de otro cojín de los sillones. Me metí a la web para ver si encontraba alguna solución casera, había cientos de sitios, pero llegué sin querer a un sitio zoofílico, mis ojos no daban crédito a cuanto se mostraba en cada uno de ellos, pero mi vagina comenzó a empapar mi tanga rápidamente.
Estaba tan ensimismada recorriendo esas páginas y mirando videos de chicas y animales, que no me percate cuando Lyon comenzó a cogerse una de mis piernas, hasta cuando no sentí sus chorritos que bañaban mi extremidad. “¡Ándate perro de mierda!” –le dije. Me sentí culpable cuando él se alejó con su cola entre sus patas, mi conchita estaba anegándose en fluidos vaginales, con mis dedos recogí el líquido que descendía por mi pierna y rápidamente me metí los dedos en la vagina y comencé a cogerme desesperadamente. Solo un par de minutos me tomaron para lograr un orgasmo esplendido.
Me sentí apagada y un poco exhausta, así que me fui a recostar al sillón donde me adormecí un poco. Repentinamente, un cálido aliento se extendió por toda mi zona genital, sentí una húmeda y áspera lengua que azotaba entre mis muslos y sobre mis grandes labios, así una lamida seguida de otra y después otra, la sensación era deliciosa e intensa, pensé de estar soñando y que estaba imaginando esta cosa tan rica que estaba sintiendo, pero me di cuenta de que estaba despierta. Abrí mis ojos para encontrar la cabeza de Lyon enterrada en mi concha.
Lyon estaba entre mis piernas abiertas, su cabeza baja para lamer mis muslos y el interior de mi vagina con su lengua larga y fuerte, traté de cerrar mis muslos, pero la sensación exquisita que estaba sintiendo me impidió luchar, es más, después de un rato, moví mi tanguita a un lado para darle más espacio a sus lamidas, mientras Lyon me acariciaba y lamia mi entrepierna, comencé a rascarle la cabeza y a acariciarlo yo también.
Mi mascota se había concentrado sobre mi triangulo de pelitos rizados donde se unen mis muslos, metió su cabeza bajo mi muslo para exponer mis labios genitales a sus lamidas, ahora estaba a su alcance mi vagina y mi orificio anal, me estremecí cuando su lengua resbaló en la fisura estrecha de mi culo y los hinchados labios de mi vagina, todo en un solo lengüetazo. Levanté mis piernas y las abrí, la excitación sexual comenzaba a formarse en mi bajo vientre, la capacidad de controlar mis espasmos y convulsiones era ínfima.
Lyon penetró mi vagina profundamente con su lengua, enviando mi cuerpo en una rotatoria de caderas lujuriosa, me hizo gritar, gemir y sollozar cuando su lengua lamio bruscamente mi clítoris. Justo cuando pensé que eso sería todo, Lyon se ubicó en el centro de mi torso, metiendo su hocico bajo mi espalda me hizo rodar, quede sobre mi estómago, lo sentí subirse al sillón meter su hocico en mis nalgas, luego bajo mi entrepiernas empujándome y haciendo levantar mi culo, procedió a lengüetear mi concha y ano por largo rato, estimulando toda mi zona pélvica y perianal, me estaba trasportando a otro orgasmo de ensueño, ahí estaba yo indefensa casi en cuatro patas y Lyon haciéndome disfrutar como nunca antes había gozado. Pensé que me haría acabar, pero dejo de lamerme y rápidamente me montó, sentí su pelaje en mi espalda, movía sus cuartos traseros hacia adelante y el pelaje de sus patas rozaba mis muslos, sentía su respiración en mi cabeza y podía oler el aroma de su excitación sexual.
Comenzó a puntearme, sentí la dura y húmeda punta de su pene tocar mi nalga deslizándose hacia mi ano, lo quería en mi vagina, así que, con una mano entre mis piernas, tomé su verga y la bajé hacia mi concha, su verga era muy gruesa, pero entró en mi vagina que estaba bastante mojada, dentro de mi estaba aterrorizada, pero mi calentura era mayor, quería esa verga enterita cogiéndome la concha. Lyon sintió la cálida humedad de mi delicada vagina y empezó a cogerme frenéticamente, casi pierdo el equilibrio debido a sus fuertes embestidas, pero logré mantenerme y empujar hacia atrás, fue entonces que sentí esa bola inmensa presionar a la entrada de mi conchita y deslizarse dentro, comenzó a inflarse dentro de mí y me provocó una serie de mini orgasmos, mi vagina se había hinchado y brillaba con el semen que se derramaba por las aberturas que aún no habían sido selladas por la bola del animal. Mi amante peludo tenía su hocico cerca de mi cuello, podía sentirlo respirar y veía su maravillosa lengua que me había procurado tantas delicias colgando a un costado de sus fauces, me continuaba cogiendo con una velocidad y una fuerza increíbles, sus patas delanteras me tenían firmemente pegada a su verga voluminosa que continuaba creciendo en mi conchita, provocándome oleadas interminables de sensaciones jamás sentidas antes, estaba enloqueciendo de placer y lujuria con ese trozo de carne canina en mi interior. Se me escapaban gemidos y sollozos de pasión pura, mis nalgas redondeadas y firmes se movían hacia atrás para empalarme mejor en su puntiaguda verga, mi vagina voraz devoraba toda esa verga rosada y luciente enterrada en lo más profundo, alcanzando la entrada de mi útero, su afilada punta tratando de forzar el ingreso a mi cérvix, roce inaudito y prodigioso que me hacía temblar de pies a cabeza.
Esa deliciosa verga palpitaba y sus golpes se habían transformado en delicadas punteadas, pero comencé a sentir el calor de sus fluidos seminales, Lyon se había apareado conmigo como si yo fuera su perra, creo que eso es lo que era en este momento, él se cogía a su perra para inseminarla con sus futuros cachorritos, me hizo sentir algo maternal, era una perra en celo que estaba pegada a la vera de su macho, estaba caliente y feliz de haber sido elegida por él. Lyon descargó sus bolas en mi conchita que palpitaba chupando todo ese semen, mi macho tenía que llenarme completamente, mis gemidos y temblores continuaban debido al roce de su verga hinchada, toda mi vagina placenteramente palpitaba, sus testículos peludos cosquilleaban mi clítoris haciendo casi gritar de lujuria, jamás me habían cogido en una manera tan exquisita y completa.
Mi amante perruno jadeaba y trataba de despegarse de mí, pero su abultada bola aún se mantenía soldada sellando la salida de mi estrecha vagina, tuve que tomar sus patas traseras para evitar que me arrastrara con él, nos quedamos así unidos por cerca de quince minutos, hasta que finalmente se deslizo fuera de mí, un rio de esperma canina salió expulsado de mi estrecha conchita, me desplomé sobre el sofá mientras Lyon lengüeteaba mis labios hinchados y sensibles provocándome otra serie de orgasmos, mi cuerpo se había abandonado a la lascivia y deseos de mi apasionado galán.
Me quedé como en un letargo, tenía sentimientos encontrados, había cogido con un perro, pero al mismo tiempo mi cuerpo entero me decía que había sido maravilloso, pasaba la lengua por mis labios y trataba de centrarme en la razón, todo me condenaba y todo iba en mi perjuicio, la mojigatería de la sociedad jamás perdonaría una cosa de este tipo, hasta era malo el acto en sí mismo, son esas cosas que ocurren porque tienen que ocurrir, se dieron las cosas y no hubo reflexión, solo instinto animal, pero que cosa más deliciosa y placentera. No, no estoy arrepentida. Es más, es imposible no probarlo una y otra vez más.
En los primeros días de la semana Lyon se comportó como un caballero, gentil, cariñoso y ordenado. El jueves decidí bañarlo, así que cuando regresé del trabajo me vestí con un pantaloncito corta y una polera blanca de mi ex que hacía lucir mis tetas magnificas, llamé al guardián del palacio que vino corriendo y meneando su cola ostentosa, nos metimos en la bañera y procedí a mojarlo antes de espalmar su deliciosa verga en su dorado pelaje, todo lo que hacía a él parecía un juego y trataba de tomar mis manos con sus dientes y lamer mi cara, pronto su lengua comenzó a hacer que vagina se humedeciera.
Sin querer el recuerdo de su última cogida reemplazó todo pensamiento y me encontré enjabonando su funda, custodia de la deseada verga. Lo masturbé hasta que la mitad de su verga sobresalía de su funda, lo lavé y enjuague con abundante agua, el pequeño espacio de la bañera no nos permitía muchas libertades, así que rápidamente me desnudé y me duché, estaba con los ojos cerrados lavando mis cabellos, cuando una lengua kilométrica se deslizó por toda la ranura de mi sexo cubierto de rizos oscuros, me hizo vibrar y abrir un poco más los muslos, terminé de enjuagarme el pelo y con mis dedos me abrí la vagina, Lyon se enterró a ella como un imán, con una maestría única me penetró su lengua y me hizo gritar de placer, ya estaba entregada a él plenamente, lo único que deseaba era tenerlo dentro de mí una vez más.
Lo sequé como pude y me lo llevé envuelto en toallas a mi dormitorio para terminar de secarlo con el secador de pelo, lucía precioso sobre mi cama, lo peiné y sequé acuciosamente, este perro me hacía enamorar, lengüeteaba mis manos con tanto afecto, sus ojos luminosos me adoraban, sentado al borde de mi cama, la puntita de su verga asomaba apetitosa, me arrodillé frente a él y tomé su funda, la moví hacia atrás para hacer salir otro poco de su verga y me incliné para mamársela. Desnuda y arrodillada, me estaba devorando su verga fantástica, con una mano me metí dos deditos en mi vagina sumamente mojada y mi cuerpo entero vibraba con un deseo carnal animalesco, me había convertido en su perra en celo una vez más, me subí a la cama y me puse inmediatamente de rodillas y sobre mis codos, levantando mi culito invitándolo. Lyon jadeando se ubicó detrás de mí, pronto su lengua caliente comenzó a dibujar sensaciones en mi ardiente vagina, abrí mis rodillas aún más y doblé mi vientre hacia abajo, para entregarle toda mi vagina sin obstáculos, él sabía cómo excitarme, quería tenerme lo más caliente posible, su lengua recorría incansablemente mi sexo, haciéndome gemir y hasta gritar mis deseos por su verga que colgaba bajo de su vientre.
Cuando Lyon puso sus patas delanteras en mi cintura y comenzó a jalarme hacia su verga me sentí en la gloria, mis nalgas se movían hacia atrás haciendo círculos lascivos, ansiaba su penetración, mi rostro era la representación de la lujuria, mi cuerpo exprimía voluptuosidad, mi conchita hervía en una vorágine de pasión, necesitaba esa verga que llamaba a las puertas de mis labios mayores, mi vagina estaba pronta a recibir a este comensal, la mesa estaba servida y mi vagina era el plato principal. “Deja sacarme la ropa y me haces tu hembra” –le dije. Velozmente me desnudé y me puse en cuatro en un instante. En un empuje delicioso, su verga se incrustó en mi vagina, más que un gemido, lancé un chillido de complacencia, al fin su verga era mía. Se deslizaba en lo profundo de mi vientre, jadeaba y respiraba con la boca abierta para humedecer mis labios y morderlos cada vez que él empujaba su verga más y más adentro, estaba disfrutando como loca, mis gemidos de placer se mezclaban con gruñidos animalescos, mi cuerpo se contorsionaba con gusto, la enorme verga de Lyon hacía mecer mis pechos desnudos y opulentos hacia adelante y hacia atrás en una danza sensual. “¡Oh, Dios mío! ¡Cógeme, Lyon! ¡Hazme tu perra! Méteme tu verga hasta el fondo concha!” –decía. Estaba loca de deseos por mi amante perruno, que furiosamente estaba haciéndome hilar frases que jamás pensé en decir a nadie, menos a un perro, pero aquí estaba yo aprisionada firmemente con sus patas, mi cabeza no razonaba, mi cuerpo respondía a las embestidas de Lyon con gemidos, suspiros y expresiones varias. ¡Qué cosa más rica coger con un perro!
Mientras me estremecía a los toques de su lengua que serpenteaba en mi concha, mis ojos estaban fijos en su verga que goteaba y se balanceaba, mi lengua quería sentirla, quería provocar también en él esos espasmos ricos que su lengua provocaba en mí, quería saborear su esencia masculina. Me doblé un poco hacia su verga y la tomé en mis manos, la acerqué a mis labios y comencé a chuparla ávidamente, ahora sí, recíprocamente nos estábamos dando más placer, lo sentía rico en mi boca y su lengua se sentía rica en mi concha, estábamos perfeccionando el acto de amarnos, algo más que probar las próximas veces, porque estaba segura de que Lyon y yo seriamos amantes por muchos inviernos más.
Sábado por la tarde me escribió mi amiga para preguntarme cómo me fue en la consulta con el veterinario, le conté las opciones que tenía y que ya no era necesario castrarlo porque mi mascota había encontrado una perra para saciar su instinto animal. Le dije que viniera en la noche a tomar unos tragos y charlar, a lo que ella respondió que sí. Preparé algo para comer y así hacer más amena la reunión. Llego la noche y mi amiga estaba en casa, mientras conversábamos llegó Lyon a la sala. Paola mi amiga le hace cariño en la cabeza y le dice: "Así estás culeando con una perrita, ahora debes estar más calmado". Observaba la escena y la concha me punzaba, esperaba el momento en que mi mascota hiciera algo incorrecto, algo sucio. Estaba empapada. "Sí, le dije esté caliente ya tiene a quien cogerse" –le dije. Como era de esperar Lyon se acercó a Paola para olfatear su entrepierna y en un acto de instinto pasó la lengua por encima del jeans de mi amiga. "No has cambiado nada, sigues siendo el perro pervertido de la otra vez" –dijo Paola. Me reí y le dije:" De vez en cuando se pone pervertido. Sabe reconocer a las perras". Paola se rio y me dijo: "Entonces, te debe conocer muy bien". Guardé silencio por unos segundos y me reí. "Quien sabe" –le dije. Paola golpeó su pierna y Lyon enseguida se abalanzó encima, si no hubiese estado sentada la tumba al piso. "¡Te reconoció Paola" –le dije. "Quizá o sólo se está haciendo el macho" –respondió. Entre risas y alcohol subió la temperatura, no podía disimular la calentura y creo que Paola también lo estaba.
No pude contenerme y me lancé sobre Paola, la besé con lujuria, ella respondió al poco rato ya estaba chupando sus ricas tetas. Ella masajeaba las mías por encima de mi polera, sintió mis pezones en pleno ya que no me puse brasier. Al poco rato estábamos desnudas en la sala y Lyon observaba la escena, había dos hembras calientes haciendo cochinadas delante de él. Su instinto animal lo venció y se acercó, me hice a un lado y Paola quedó las piernas abiertas. "Reconoce a la perrita cariño" –le dije. Ella se acomodó y dejó que olfateara. Bastaron solo unos segundos para que Lyon empezara a usar su lengua, Paola puso cara de sorpresa pero después dijo: "¡Oh. Mierda! ¡Qué rico!". "¡Sí, es demasiado rico y caliente!" -–le respondí. "¡Ya sé quién esa perra que le quita las ganas!" –dijo ella. Sonreí de manera perversa y me encantó que dijera eso. "¡Ahora tiene otra perra más para su placer!". Paola gemía demasiado rico. Era demasiado caliente verla disfrutando la lengua de mi mascota. Yo me masturbaba y me decía a Lyon: "¡Eso cariño, has gozar a tu nueva perra!". Yo estaba tirada en el piso disfrutando la escena. De pronto, Lyon se subió sobre Paola y ella separó más las piernas, mi perrito empezó sus movimientos hasta que se metió de lleno en esa nueva concha. "¡Oh, Paola, ahora vas a saber lo que es ser una perra caliente! Así como la supe yo" –le dije. Ella solo se dejó coger, su cara de placer era una obra de arte, se apretaba las tetas y gemía, se notaba que estaba disfrutando. Cuando la bola le entró soltó un grito desgarrador y dijo: "¡Ay, mi concha! Constanza eres una maldita hija de puta, no me dijiste que iba a pasar esto". "Cállate puta, después vas a disfrutar" –le dije. "¡Si, qué rico palpita su verga! ¡Estoy pegada a este caliente perro!" –decía. Empezó a gemir más intenso, mi perrito la tenía presa de un caliente orgasmo. "Cony, ¡Me estoy volviendo su perra! ¡Ay, qué rico me está haciendo acabar!" –gritaba. Se apretaba los pezones y yo la perra que soy se los lamí. Las dos estábamos calientes. "¡Viste que si eres perra Paola! ¡Te gustó la verga de Lyon, ahora espera que te llene de leche!" –le dije.
Fueron varios orgasmos los que tuvo hasta que la rica verga de Lyon salió de su concha, la leche perruna le escurría, le pasé la mano por la vagina y le dije: "Prueba el semen de tu macho". Me lamió los dedos, los chupó cómo loca, Paola estaba ebria de placer y yo con la calentura a mil. Me acosté en el sofá y le dije: "Lameme la concha perrita y hazme acabar". No demoró en arrodillarse y pasar su lengua. Sabía usarla bien rico, me tenía gimiendo y jadeando. "¡Eso perrita lame!" –le decía. Ella no paraba y yo quería que siguiera. En eso Lyon empezó a pasarle la lengua en un recorrido caliente del culo a la conchita. Abrió los ojos con sorpresa pero no se detuvo. Siguió lamiendo y dándome placer, Lyon fue por la segunda parte y se puso a taladrar su ano, ella gimió excitada al sentir como la punta de la esa rica verga acertaba hasta que entró.
Paola gritó y se sacudió, me calentó ver esa reacción de dolor y dije: "¡Rompele el culo a la perra!". Cómo si hubiera entendido lo que dije mi caliente perrito empezó a moverse violentamente para destrozar el culo de Paola, "¡Ay perro de mierda! ¡Me duele, pero me la mete tan rico!" –decía mi amiga. Luego de varios minutos dándole duro, quedaron pegados, la bola de Lyon se amoldó perfecto en ese ya maltratado agujero. "¿Así de rico te la mete Cony!" –me preguntó. “Sí, es todo un macho. Sigue lamiendo no te detengas" –le dije. "¡Sí perrita rica!" –respondió. Siguió lamiendo pero está vez me cogía con sus dedos. "¡Oh, mierda! ¡Ah, sí, dame!" –le decía. Luego de varios minutos jugando con su lengua en mi concha y cogiéndome con sus dedos tuve deliciosos orgasmos que me tenían al borde de la locura. La verga de Lyon soltó el culo de Paola, ella respiró con alivio y le dije: "¡Limpia la verga de tu macho!" –le ordené. Como una perra entrenada y obediente lo hizo, verla con su boca llena de la verga de Lyon era excitante.
No sé cuánto tiempo había pasado, pero si sé que fue muy caliente ser las perras de Lyon con Paola. No hay fin de semana que repitamos el caliente trío mi amiga, mi perro travieso y yo.
Pasiones Prohibidas ®

Muy bueno y caliente relato
ResponderBorrarQue maravilla de relato
ResponderBorrarUfffff que caliente me encanta este tipo de relatos me imagino que rico te debe dar un perrito que se calienta contigo. Gracias mi concha agradece el placer que me diste con la lectura
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