Después de cinco horas, solo quedaban ellas dos, las líderes entre las dominatrices del club. Las únicas con dinero y sumisas para una apuesta arriesgada en la última jugada. Sandra no esperaba algo así. Incluso podría apostar por una de sus chicas más deseadas, Rubí o incluso Jade, pero esto iba mucho más allá de lo imaginable. Pensó en rendirse, entregar sus cartas e irse, pero sabía que eso sería un insulto. Dejaría de ser la Dominatrix más admirada de la ciudad. Aunque Roxana se había convertido en la más popular en los últimos tiempos, Sandra seguía siendo la líder entre todas. Se había ganado el respeto con los años y de muchas de las sumisas de su harem, nadie tenía tantas, ni siquiera la Ama Roxana.
A pesar de su evidente declive, nadie se atrevía a desafiarla, especialmente en el club que ella misma había ayudado a fundar. Ahora una recién llegada descarada había aparecido con una propuesta indecente. Sandra pensó en abofetear a su enemiga, pero decidió no arriesgarse, Roxana tenía muchas amigas, más que ella alrededor de la mesa. No había sido una buena noche, pero la Ama Sandra estaba segura de que sus cartas eran realmente buenas. Esta vez, podría ganar fácilmente, recuperar todas sus pérdidas y ridiculizar a la elegante morena de pechos redondos y un cuerpo perfecto, pero en ese momento una puta insolente ante sus ojos que necesitaba más qué un castigo. ¿Quién no estaría celosa? Ambas en sus treinta, las dos eran unas diosas para quien tuviera el placer de verlas. “¡Vamos, mujer, qué demonios! ¿Aceptas o no? Ya no tienes dinero para apostar. Es esto o nada” –le dijo Roxana. “Mira, pequeña zorra, cuidado con lo que me dices. No soy una de tus sumisas, tengo las mejores, las más caras y hermosas; pero no quiero a ninguna de ellas, te quiero a ti, a ti como mi esclava. De ahora en adelante, durante una semana. ¡Decídete! ¿Tienes el coraje de aceptar?” –le respondió Sandra. Roxana sintió un sabor amargo en la boca ¿Quién se creía esa mujer descarada hablándole así? “¡Responde puta! ¿Qué piensas? Supongo que cuando te arrastraba como una perra adiestrada cuando fundamos el club” –le dice Sandra. “Sé razonable, Roxana, acepta la apuesta de Sandra” –le dijo una de sus amigas. “Ten en cuenta que si ganas serás la envidia de todas, ya que harías realidad el sueño de casi al tener a la mujer que muchas desearíamos tener en nuestro harem” –dijo otra. una sumisa que a cualquiera de nosotras le encantaría tener en su harem. “¡No! Me dan igual las zorras insignificantes. Tengo la mía, la mejor que todas” –respondió Roxana. Fue muy atrevida. ¿Quién se creía Sandra que era Respiró hondo e hizo una nueva oferta. “De acuerdo, entonces ¿Es eso lo que quieres? ¡A mí!” –dice Roxana con un toque de sensualidad. “¡Así es!”–fue la escueta respuesta de Sandra. “Entonces yo también te quiero esta noche, ni siquiera necesito tu dinero, sólo a ti. Si pierdo, te lo quedas todo, conmigo y las fichas. Si gano, me quedo con mis fichas y tu cuerpo, Pero tiene que ser aquí, delante de todas ¿Trato hecho?” –le dijo Roxana.
La Ama Sandra se acomodó en su silla, La oferta era buena. Demasiado buena como para que no sospechara. ¿Qué se guardaba esa indecente zorra? Debía de estar volviéndose loca. ¿Por qué no aceptarlo todo? “Vamos, ¿aceptas?” – insistió la Ama Roxana. “Acepto” –respondió Kerry renunciando a intentar averiguar las razones tras la ilógica propuesta. Ella levantó la barbilla desafiante después de aceptar, pensó que la suerte no la abandonaría en el último momento, después de una noche afortunada. Sandra sonrió aliviada, sintiéndose victoriosa. Al menos vio miedo en los ojos de la vanidosa morena, al menos un atisbo de duda. “¿Tienes curiosidad o de verdad tienes miedo? Relájate, en el fondo te gustará. Te llevaré a mi casa en el campo para jugar con tus emociones en dónde nadie pueda escuchar tus suplicas. Aullarás y gruñirás como una perra entrenada para satisfacer. Con eso me basta, tampoco necesito tu sucio dinero, sólo quiero humillarte y tener el placer de contarles a todos que fuiste mi perra” –le dice la Ama Sandra. Roxana negó con la cabeza y dio otro sorbo a su trago, mordiéndose los labios. “Si gano, me lo llevo todo. Tu dinero, mi dinero y tú lamiéndome los pies durante una semana. Tampoco quiero volver a verte por aquí” –le dijo Roxana. “Pero no estaba eso en la primera apuesta” –respondió Sandra encogiéndose de hombros, divertida por la mirada asustada de su enemiga. “¿No quieres decir qué me harás si pierdo?” –le preguntó con curiosidad Roxana. “Ya te lo había dicho antes, así qué quédate con la curiosidad” –respondió Sandra.
Se quedaron quietas, observándose. Sus sonrisas ocultaban sus miedos y pensamientos. Sandra asintió, Roxana sintió que el corazón le latía con fuerza. Permanecieron pegadas a la mirada de la otra, hipnotizadas, observándose, provocándose. Los leonas dispuesta a morir en la pelea para demostrar quien era la más fuerte. La tensión llenó la habitación. El silencio se podía cortar con un cuchillo. Roxana sujetó las cartas entre las yemas de los dedos y las giró todas a la vez, sin siquiera mirar, ni siquiera Sandra tuvo el coraje de afrontar la verdad. Un murmullo recorrió la habitación oscura, Roxana sonrió, frunciendo los labios, su lápiz labial rojo marcaba sus labios. Las dos competían por ver quién parpadeaba primero.
Era el turno de Sandra para mostrar sus cartas e hizo lo mismo que su enemiga, simplemente las volteó y esperó. El murmullo se convirtió en un rugido, un grito, una risa afectada. Las dos se quedaron pegadas, magnetizadas por la mirada de la otra. Aplaudieron muchas sorprendidas con la boca abierta sin poder creer lo que estaban presenciando. “Te dije que perderías, ¿verdad? Perdiste, cariño. Ahora eres mía. Me perteneces durante una semana” –dice Sandra. Se miraron al mismo tiempo Roxana jadeaba con la boca seca, incapaz de creerlo. Debía ser una pesadilla, una realidad paralela. “¿Qué demonios es esto?” –vociferó Roxana. “Es el amargo sabor de la derrota puta. Perdiste por arrogante, perdiste porque creíste que no podía ganar. ¡Ahora quiero lo que es mío! Súbete a la mesa y levántate la falda” –ordenó la Ama Sandra. La nueva sumisa sintió que se le nublaba la vista, incluso le faltaba el aliento. Esto no podía ser, no podía estar pasándole a ella, menos con esa mujer que siempre la ha mirado por encima del hombro; podría haber sido cualquier otra Dominatrix pero no Sandra.
Limpiaron la mesa, recogieron las fichas y las cartas. Roxana sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, pero no iba a llorar. No allí, delante de sus despreciables sumisas ni las otras mujeres. “Arrodíllate, tengo mejores cosas que hacer. ¡Rápido!”–ordenó la Ama Sandra. Quería quitarse los tacones, pero la Ama no se lo permitió. Ya no tenía el derecho de exigir, ahora solo debía obedecer aunque esa orden no fuera de su agrado. Se subió a la silla y luego a la mesa, poniéndose en cuatro como una perra bien educada. Manos apoyadas, ojos abiertos, boca seca. Una luz brillante apareció, cegándola, Las mujeres se apartaron, encantadas, ansiosas por la escena inesperada… Más aún cuando todo indicaba que Roxana era la gran perdedora de la noche. Una palmada en su cadera, otra palmada fuerte en su culo carnoso. “¡Ay!” –dijo la nueva adquisición de la Ama Sandra. “¡Silencio, sólo estoy examinando el producto! ¿Pero qué bragas llevas? No sabía que te gustaban llevarlas. Eso es para sumisas de segunda clase, pro tú eres una, ¿verdad?” –le dijo Sandra mientras le dio otra palmada en el otro glúteo de Roxana. Le rasguñó las nalgas y le enterró las uñas como una tigresa que se apodera de la presa. Luego le acarició el muslo con el dorso de la mano, sintió como a su nueva zorrita se le erizaron los pelos. “¡Ufff! Me gusta, las chicas traviesas necesitan sentir el cariño de sus dueñas” –le dice la Ama Sandra. Sally sintió un delicioso palpitar en la vagina. Ese culo era increíble, bronceado, redondo, más que sugerente. Esos hoyuelos tan bonitos marcando la tela blanca, la tanga desapareciendo entre las nalgas de su nueva esclava la hacía salivar ante la inesperada y apreciable imagen. La Ama apartó la tela y examinó los agujeros de su nueva esclava.
Un escalofrío recorrió la habitación, una risa ahogada observando las costumbres lascivas de Sandra. “¡Mmm! Chica, nos lo estabas ocultando. ¡Guau! ¿Te calientas sólo porque te miro? ¿No prefieres mis dedos, cariño?” –dijo la Ama Sandra riendo con sarcasmo. Separó los labios vaginales de Roxana hasta que apareció su interior mojado y el clítoris hinchado, palpitante. Lo examinó con curiosidad y su atención. La Ama recorrió con el dedo índice la cereza apetitosa de la ex dominatrix. Sandra inclinó la cara y besó a su putita donde más le gustaba, cuando quería que se calentaran. Un beso lascivo con la lengua provocando a la morena que ardía en lo profundo del infierno. Roxana hizo un esfuerzo por no gritar, por no gemir ante los modales indecentes de la ganadora de la noche. Abrió la boca y cerró los ojos, sintiendo la maravillosa lengua trabajando en su clítoris. Sus labios siendo mordidos, lamidos, succionados como pocos sabían hacerlo. El beso lascivo provocó a la nueva sumisa de una manera imposible de soportar. Sandra comenzó a beber sus dulces jugos, Roxana hizo un esfuerzo por no mover las caderas, por no frotarse delante de las demás. Aun así, se sentía como una hembra en celo el aroma cítrico de una hembra en celo, fue tanto que no pudo contenerse acabó haciendo que su Ama bebiera sus fluidos delante de las sumisas de ambas que miraban. “¡Ah, sí, uffff!... ¡Por Dios que placer!” –decía la novata sumisa entre gemidos. Era inevitable que sufriera, aunque no quisiera. Hubo risas burlonas y aplausos de quienes se decían sus amigas. Todas eran mujeres despreciables. “¿Te gustó eso, querida? Has aprendido a volver loca a una mujer. Sobre todo a una puta como tú?” –le dijo Sandra saboreando el momento. Sus dedos se deslizaron entre los sedosos labios de Roxana, explorando su suave piel, hasta alcanzar la entrada de la concha de la Dominante derrotada. Sandra usó su pulgar para masajear el clítoris de Roxana. Luego deslizó dos dedos dentro de su carnosa vagina y masajeó hábilmente a su nueva esclava ganada al póker
La perdedora tenía la vagina apretada. Por su experiencia a Sandra no le fue difícil encontrar lo que más deseaba, el punto más excitante de cualquier zorra, el que hace que las chicas se suban por las paredes, sobre todo a las zorras entrenadas por ella. El aroma de la concha de Roxana se hizo aún más intenso. Su cuerpo vibró y se puso aún más caliente. “¡Mierda! Así me gusta que te pongas. ¡Vamos, acaba, hazlo en mi mano ¡Déjalo fluir, chorrea, puta! Muéstrame lo que eres realmente” –le dijo Sandra. Roxana clavó los dedos en la mesa, estaba acorralada, miraba a su Ama jadeando y gimiendo. “¡Eres una maldita Sandra!” –dijo gimiendo. “La maldita fuiste tú y además ingenua al darte por vencedora sin saber que naciste para ser una puta caliente” –respondió la Ama sin detenerse para lograr su cometido. Las piernas de la sumisa temblaban, la concha le ardía como estuviera en un horno, se volvió incontrolable llegar al orgasmo. Apretó los puños, apretó los dientes y no tuvo tiempo de cruzar los talones. Chorreó, vomitando sus fluidos como si fuera orina. Lo hizo con tanta fuerza que mojó el hombro de Sandra, salpicando su cara. Las sumisas y Dominatrix que rodeaban la mesa rieron y todas aplaudieron como si fuera el final de una obra de teatro. Estaban calientes por el espectáculo.
Sandra hizo una señal con los dedos y una joven sirvienta llegó trayendo lo que quería, además del tubo de lubricante. “No hace falta. Entrará fácil. ¿Dónde está la cuerda?” –dijo la Ama. La joven estaba asustada. Sandra frunció el ceño. “¡Date prisa, chica idiota” –ordenó Sandra. Sandra lo sujetó, sintiendo el peso del instrumento, y se acercó a la cara de Kerry, mostrando el objeto de humillación que iba a utilizar con ella. “Apuesto a que has usado esto antes” –le dijo. Era un anzuelo de metal con una gran bola en un extremo y un aro en el otro. “¡Nunca!” –respondió Roxana “Lo dudo, conozco a las de tu tipo. Eres una sumisa que quiere hacerse pasar por dominatriz. No eres la primera en intentarlo” –le dice con voz intimidante. La Ama desapareció de la vista de su sumisa. Separó los muslos de ella y acarició el anillo oculto de la mujer agazapada como una perrita, era una abertura oscura, un pequeño agujero. Era el orificio anal de Roxana.
Sandra frotó el pequeño y apretado agujero hasta que estuvo justo como ella quería. El culo brilló, el placer fluyó por el orificio. Solo entonces Sally la penetró con la yema de su dedo. “¡Vamos, perra, cómeme el dedo! ¿Vas decir que no sabes cómo hacer eso ¿Nunca lo has hecho con tus zorras? Dudo que no sabes cómo hacerlo” –dijo Sandra. La sumisa cerró los ojos, concentrándose en los movimientos de sus músculos, sus esfínteres trabajando y el dedo de Sandra entrando lentamente, hundiéndose en su boca. “¡Eso es, eso es! Acepta quién realmente eres La pequeña zorra traviesa que vive dentro de ti, muéstrales cómo se hace ¿A quién no le gusta ver a una puta humillada?” –le decía la Ama mientras la zorrita solo se dejaba por ese perverso placer de que le abrieran el culo. Sandra se mordió el labio, disfrutando el momento. Acariciaba a su nueva putita, pero también preparando su culo para recibir lo que Roxana realmente merecía. “¡Vamos, cógeme! ¡Métela, termina este juego!” –gritó la sumisa provocativamente. “¡Relájate puta! Aquí ya no mandas. Yo estoy a cargo de tu cuerpo, yo decido cuándo tu cuerpo tiene un orgasmo o cuando coges. Sólo cuando yo quiero, ¿te queda claro? Además, no se trata solo de follarte el culo… No, cariño, es mejor mostrarle a todas quién eres realmente” –le dice Sandra dándole el lugar en el que debe estar, obediente a sus pies. “¡Ay!” –gritó Roxana. Sandra apenas había terminado de hablar. Tomó a la sumisa por sorpresa, empujándolo todo a la vez con fuerza. La gruesa cabeza redonda y fría le abrió el ano, destrozándola por dentro.
Maliciosa y malvada, Sandra salivaba mientras veía el culo de Roxana tragarse la esfera de metal y dejar hinchado el anillo anal. La Ama esperó un momento, disfrutando de la vista. Era su turno de sentir sus bragas mojarse. La vagina de Sandra palpitaba mientras veía el objeto contundente invadir el culo de su enemiga, pero eso no era todo, era sólo el comienzo de la tortura. Había más. Se concentró, hizo un esfuerzo, y la correa de metal se hundió en las caderas de la mujer derrotada. “¡Ah, Dios mío! ¡Me encanta, me fascina tener el culo abierto!” –decía gimiendo Roxana. Los gemidos eran de alguien que disfrutaba el momento. Con una gruesa cuerda ató el aro del anzuelo que sobresalía del culo de Roxana. Ella sintió qué su concha se contraría y su culo se ensanchaba. Un doloroso grito salió de los labios de la sumisa cuando Sandra le retorció los pezones. “¿Qué eres zorra?” –preguntaba la Ama. “Sabes perfectamente que soy” –le respondió. Retorció con más fuerza y volvió a preguntar. “Soy una mujer que disfruta del sexo” –respondió. Una bofetada le dio vuelta el rostro. “Responde como se debe puta” –dijo Sandra. Era evidente, ante quien viera así a Roxana. “Soy una puta, una zorra, una sucia puta que está para complacerla esta semana mi Señora. No puedo ocultar lo que soy, menos a usted que me hecho salir a la luz tal como soy” –le responde. La recién asumida sumisa sintió que su vagina se contraía y su culo se ensanchaba cuando el gancho se hundió en su ano. Se mordió los labios y cerró los ojos. Su cuerpo palpitaba, sus piernas temblaba, estaba entrando en celo otra vez. “¡Postura! Demuestra lo que significa ser una perra bien entrenada! ¡Postura, quiero que seas grácil, no una perra perezosa!” –le ordenó su Ama. Roxana levantó su cuerpo como una perra obediente. Una perra elegante, mostrando sus habilidades. Se veía estilosa, presumiendo ante las demás. Sus manos estaban separadas, mostrando sus uñas pintadas. Las piernas bien abiertas, demostrando que sabía cómo ser una verdadera esclava.
La sumisa sintió las manos de su Ama retorciendo su pelo y tirando de él. Su cuello fue tirado hacia atrás con fuerza, y terminó atada a la corta cuerda al anzuelo que le lastimaba el estrecho túnel. Aun así, su concha ardía de deseo Palpitaba, humedeciendo sus muslos y la mesa. Era una nueva sensación de ser humillada en público. Era el colmo de la humillación, la decadencia suprema, una total falta de respeto ¡Un ultraje! –pensó, lamentando su propia arrogancia, todo por no tener una maldita Reina de Corazones. Roxana estaba atrapada, elegante, humillada y sumisa, igual que hacía cuando castigaba a las perras que tenía en su Harem; ahora ella la perra y su Ama sacará provecho por toda una semana en su casa de campo. Aunque se sentía un poco también estaba ansiosa por saber lo que pasaría y su Ama le pediría hacer para darle placer.
Ahora bellas lectoras. ¿Cuál es el precio que están dispuestas a pagar con tal de ganar una apuesta?
Pasiones Prohibidas ®

Uuuff 🥵 muy Ardientes letras 👏👏👏👏🔥🔥🔥🔥🔥
ResponderBorrarMaravilloso relato ✍️✍️
Apostal a todo o nada con tal de tener semejante satisfacion wauoooooooo
ResponderBorrarUyyy que delicia de relato me encantó todo como siempre exquisito Caballero
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