lunes, 18 de mayo de 2026

171. En mi propia cama

 

Me llamo Ana Lidia, tengo 44 años y la verdad es que no me quejo de cómo me veo, después de todo sigo yendo al gimnasio tres veces por semana, tengo unas buenas tetas que se paran solas, un culo firme que me hace sentir poderosa cuando me pongo unos leggings ajustados, y una cintura que aún envidian mis amigas. Vivo con mi hijo Mateo, que acaba de cumplir 23, es universitario y por Dios que se ha convertido en un macho de esos que te dejan la boca abierta. Alto, con unos hombros anchos de tanto levantar pesas, pectorales que se marcan bajo cualquier camisa, un abdomen que parece tallado a mano.

Desde que empezó a entrenar duro hace un par de años no puedo evitar mirarlo, es como si tuviera un semental viviendo bajo mi techo; para mí que me encanta coger es una lucha constante contra mis instintos de putita. A veces me sorprendo fantaseando con su cuerpo y mis dedos jugando con mi conchita. Él tiene una novia, se llama Sofía, un año menor que mi hijo. Es delgada, tiene buen tamaño de tetas y un culo que no deja indiferente. Tiene cara de que rompe ni un plato, pero a quien no la conozca que trate de engañar. Siempre he dicho: “Puta conoce a puta”. Sofía no es la excepción a la regla. Siempre que viene a casa se encierra con Mateo en el cuarto, yo me hago la desentendida pero tengo más que claro lo qué hacen, ya qué los gemidos de Sofía se escuchan en todos los rincones de casa. Incluso se ha quedado varias noches en las que mi hijo no le ha dado respiro. Se la coge hasta que ella le suplica que pare pero a él parece no importarle, sigue hasta que él se detiene. Varias veces en esas noches he tenido que contenerme, ya que me calienta tanto escuchar como cogen que termino tan cansada como la zorrita Sofía de tanto placer.

Una de esos días, sábado por la mañana, me levanté solo con un leggins ajustado que se me marcaba todo y una pequeña camisa con tirantes. Sofía quedó mirándome como Nunca antes lo había hecho, incluso sentí cuando sus ojos se clavaron en mi vagina para ver cómo mis labios estaban marcados y abiertos. Me calentó esa forma poco disimulada que me miraba; le dije si podía ayudarme a preparar el desayuno, muy servicial aceptó. Era la oportunidad perfecta para probar mi teoría, aunque al menos en la forma de coger con mi hijo ya estaba más que demostrado. Me paseaba por detrás, la rozaba, incluso le toqué “sin querer” el culo. Parecía no importarle, pero pude escuchar un delicioso suspiro ahogado al sentir mi mano. Seguí arreglando las cosas en la cocina. De pronto, sentí a Sofía ponerse detrás de mí y poner sus tetas en mi espalda. “Permiso suegra” –dijo. Los pezones se le sentían duros, la humedad en mi concha afloró y me mojó por completo. Seguimos con ese juego de “manoseo involuntario” hasta que quedamos de frente tetas con tetas y mirándonos con lujuria, pero ninguna se atrevió ir un paso más allá. Descubrí que la zorrita de mi nuera es bisexual como yo y me encantó.

Mateo salió del cuarto para desayunar, les dije que iba al supermercado a comprar unas cosas y que no demoraría tanto en llegar. Salí a realizar las compras y en el recorrido por los pasillos me di cuenta que no tenía mi cartera, por lo que tendría que volver para volver a hacer todo del principio y pagar lo que iba a llevar. Entré sigilosa porque no quería molestarlos si estaban estudiando o lo que sea que estuvieran haciendo. Subí las escaleras y al pasar por mi cuarto escuché ruidos, gemidos fuertes, jadeos de hombre y gritos de mujer. La puerta estaba entreabierta, me quedé helada en el pasillo. Allí estaba mi hijo, embistiendo como un animal a su novia que estaba en cuatro sobre mi cama, mi propia cama donde duermo todas las noches. Sofía gritaba como loca, hundía la cara en mi almohada. “¡Ay sí, Mateo, métemela más duro, rómpeme!” –decía jadeando como perra en celo. Él la agarró con fuerza y le clavaba la verga una y otra vez. Se le veía toda esa verga gruesa y larga que entraba y salía toda mojada, chapoteando, haciendo unos sonidos obscenamente ricos cada vez que chocaba contra el culo de Sofía. Él sudaba, gruñía como un macho en celo, le daba nalgadas fuertes que dejaban la piel roja. “¿Te gusta puta? ¿Te gusta que te coja como perra?” –le preguntaba Mateo. “¡Sí papi, cógeme como una puta! ¡Lléname de leche!” –le contestaba Sofía. Mateo siguió dándole verga con fuerza, le jalaba el cabello y le decía que era una exquisita puta.

Me quedé allí parada, con el corazón latiéndome fuerte, sintiendo cómo me mojaba viendo cómo mi hijo la taladraba la vagina sin piedad, estaba tan caliente viendo su verga saliendo toda cubierta de jugos y volviendo a entrar hasta el fondo. Sofía no daba más de tantos orgasmos. Gritaba, se retorcía y él no paraba, la seguía cogiendo con fuerza, diciéndole cochinadas al oído. Le agarraba las tetas desde atrás. Era exactamente lo que yo siempre había querido, un macho así, fuerte, salvaje, que te coja hasta dejarte temblando, que te haga sentir mujer de verdad. Me mordí el labio tan fuerte que casi me sangra, sentía la vagina palpitándome, los pezones duros contra la tela de la blusita, pero no dije nada, no entré, no los interrumpí. Me quedé viendo y masturbándome como loca viendo al macho de mi hijo usar hasta dejar exhausta a su puta novia. La envidiaba, quería estar en su lugar pero con esa rica verga jugando sin compasión en el culo. Me tapaba la boca para que no me escucharan gemir pero mi respiración parecía delatarme.

Sofía se le montó encima y se deslizó lentamente dándole la espalda y mirando a la puerta. Fue como si supiera que estaba ahí viendo, la verga de Mateo se metió completa en ese rico culo y Sofía empezó a moverse rápido. Se agarraba las tetas y le decía a mi hijo: “¡Papito rico, rómpeme el culo!”. Yo seguía mirando ya con los leggins casi en las rodillas y metiéndome los dedos imaginando que me la estaba metiendo bien duro. Al fin Mateo acabó en el culo de su novia, dejando su semen escurriendo de ese abierto agujero. Seguí yo después en un riquísimo orgasmo que me dejó temblando por completo, hace tiempo que no disfrutaba tanto metiéndome los dedos como ese día. Sofía cayó en mi cama, sudada, cogida salvajemente y con cara de satisfacción. Me retorcí debido a un último espasmo en mi conchita a causa de tanto placer. Bajé como pude las escaleras con las piernas temblando; salí de la casa de nuevo como si apenas llegara.

Entré gritando que ya estaba en casa, los encontré en la sala viendo tele como si nada, Sofía con la cara sonrojada todavía y Mateo con esa sonrisita de travieso. Los saludé como siempre. Después de lo que ví y viví esa tarde no pude sacarme de la cabeza la caliente escena. Cada noche al acostarme en mi cama, la misma donde mi hijo había cogido tan salvaje a su novia, sentía un calor que me subía por todo el cuerpo, me imaginaba su verga entrando y saliendo de mi vagina dándomela con fuerza. Abrazada con mis piernas de su cintura y mis brazos rodeando su espalda, pidiéndole que me la metiera con todas fuerzas, me imaginaba gritando de placer. Me masturbaba jugando con mis perversos demonios y con el olor a sexo impregnado en las sábanas a pesar de haberlas lavado mil veces.

No había noche en que me tocara pensando en él, metiéndome los dedos despacio al principio, imaginando que era su verga la que me abría. Luego más rápido, mordiéndome los labios para no gemir fuerte y que me escuchara en el cuarto de al lado, acababa temblando, con su nombre en la mente, sintiéndome una puta por desear a mi propio hijo. Cada día era peor, el antojo me comía viva. Necesitaba sentir ese macho dentro de mí, no podía seguir así nomás fantaseando. Decidí que tenía que hacer algo, no iba a esperar a que la vida me lo pusiera en bandeja, soy yo la que manda en casa y si quiero a mi hijo me lo voy a coger, punto. Lo más perverso es que usaría a Sofía como la cómplice para llevar a cabo mi lujurioso plan. No sé podía negar, si lo hacía le contaría de ese juego caliente que casi nos llevó a coger y obvio, aunque ella dijera que nunca pasó, Mateo creería mi versión de la historia.

La llamé e hice que viniera mientras mi hijo estaba en la universidad. “Necesito que vengas lo más pronto posible, tenemos una conversación pendiente” –le dije. “Pero suegra” –dijo. “¡Pero nada! Te espero en una hora. ¿Está claro?” –le dije levantando la voz. “Sí suegra, estaré por allá pronto” –respondió. No tardó en llegar, vestía un jeans que resaltaba su culo y una blusa con un diminuto escote. La muy zorra se veía sensual y esos labios pintados de rojo invitaban a besarlos. La miré a los ojos y le dije: “Date la vuelta, quiero observarte. Hazlo despacio”. No dijo nada, solo hizo lo que le dije; para mí era un juego caliente que llegaría hasta donde yo quisiera. “Te ves bien Sofía, nunca dejas de sorprender” –le dije. Sonrió, sabía que le gustó lo que le dije. “¿Podría usted darse una vuelta para verla yo también?” –me preguntó un tanto avergonzada. Me paré del sofa y me di la vuelta lentamente para que no perdiera detalle. “Con todo respeto suegra, pero se ve demasiado sensual” –dijo. Me acerqué lentamente, tomé su mano y la puse en mi vagina. Abrió los ojos con sorpresa y le dije: “Siente como está”. Le agarré las tetas y se las apreté, en ese momento supe que las dos estábamos calientes. Nos dejamos llevar por el instinto, nos besamos, nos manoseamos y terminamos desnudas en la sala. La manera en que esa putita me lamía la concha era perversa, sabía cómo deslizar la lengua lento y rápido, haciendo que me estremezca y gima descontrolada. “Sabía que eres puta Sofía, se te nota en la cara que eres caliente” –le decía. “Es que usted me pone así, siempre quise probar su conchita” –dijo Sofía. Entonces no pares y sigue con tu lengua putita, dale placer a la caliente de tu suegra” –le dije hundiendo su boca en mi concha y moviendo las caderas. Me tenía al borde del orgasmo pero no tendría el placer de hacerme acabar; hice que estuviera y la tiré en la alfombra, le abrí las piernas y no tuve compasión, le lamia la vagina rápido, al instante la zorra estaba gimiendo y apretándose las tetas. “¡Ah, suegra! ¡Qué rico! ¡Me siento tan puta!” –decía. Lo sé. ¿Crees que no me daría cuenta?” –le dije. Jugaba con mi lengua y le metía los ojos. “¡Gime zorra! ¡Hazlo como cuando Mateo te está cogiendo!” –le ordené. ¡Ah, sí! ¡Tiene rica la verga suegra, me vuelvo loca cuando me la mete!”–decía sin. La penetraba rápido, quería hacerla acabar, Sofía se retorcía en el piso, su cara de caliente era exquisita. Hice que abriera más las piernas y me subí encima de ella para frotar nuestras conchas calientes y mojadas. “¡Eso, gime perra! ¡Dime qué te gusta coger conmigo!” –le decía. “¡Ay, sí! ¡Me encanta! ¿No sé nota lo caliente que me tiene?” –me respondió entre gemidos. Seguimos con la misma calentura del principio, ninguna de las dos daba tregua, lo importante era sentirnos putas y darnos placer.

Entonces, lancé el anzuelo. “No sabes lo caliente que me pongo cuando te coge mi hijo. Termino tocándome, temblando por los ricos orgasmos que me regalan y sobre todo me imagino a Mateo culeándome tan duro como a ti” –le dije. “¡Oh, qué rico suegra! ¡Sería tan perverso que nos cogiera a las dos y ver cómo le chupa la verga al caliente de Mateo hasta que le llene de semen la boca!” –me dijo. “¡Eres toda una puta Sofía! Vas a tener que hacer lo que esté a tu alcance para lograrlo, o tal vez lo disfrute yo sola primero” –le dije. “¡Oh, suegra que caliente y putita es! ¡Deje que se la coja a usted y después podemos jugar los tres!” –me contestó. Me estremecí y le dije: “¡Voy a ser más puta que tú para coger!”. “¡Sí suegra, lo sé y me encanta!” –dijo gimiendo. No sé cuánto tiempo había pasado pero estábamos sudadas y entregadas a la vez a un rico orgasmo que nos hizo gritar de placer. Después de acabar como putas nos vestimos y esperemos a que llegara mi hijo. Se sorprendió al vernos charlando animadamente ya que sabía que su novia no es santa de mi devoción. Se despidieron y se fueron a la casa de unos amigos para beber algo, y llevar a su novia a su casa; porque ese día tendrían visitas.

Esperé unos días, estábamos solos, él regresó del gym, yo estaba mojada sólo de verlo entrar a la cocina a tomar agua. Lo dejé ducharse, cenamos como si nada, platicando de la universidad y sus cosas, pero yo ya traía el plan en la cabeza. Me había puesto un vestido pegado al cuerpo, de esos que marcan todo, el escote profundo mostrando mis tetas firmes, la tela ceñida resaltando mi culo redondo y mis curvas que aún vuelven locos a los hombres. Después de la cena lo llamé al sillón Me senté cerca de él, crucé las piernas para que viera mis muslos y empecé la plática como si nada. Él me miró un segundo más de lo normal pero fingió normalidad. “Mateo, tenemos que platicar de algo serio, hijo” –le dije. “Dime, ¿qué pasa?” –me dijo extrañado, Me miró extrañado, pero sus ojos bajaron un segundo a mis tetas, eso me mojó al instante. “El otro día volví del supermercado y vi como te culeabas a Sofía en mi cama” –le dije. Se puso rojo, pero no apartó la mirada, sonrió un poco pícaro. “¡Ay mami, perdón! no pensé que ya estabas en casa, te juro que no fue a propósito” –dijo. “No me enojo por eso, hijo, pero mi cama es sagrada, no quiero que la uses para coger con tus noviecitas, esa cama es sólo para mí” –le dije de forma sugerente. “Pero mami, es que tu cama es la más cómoda de la casa, el colchón es perfecto, por eso se siente tan rico follar ahí, en serio, es mejor” –respondió. Me mordí el labio mirándolo fijo, sintiendo cómo me palpitaba la concha sólo de escucharlo hablar así de coger en mi cama, me acerqué un poquito más, le puse la mano en la pierna, él no se movió. “Si tanto te gusta mi cama, Mateo, entonces tienes que pedirla como se debe” –le dije. Con asombro me preguntó: “¿Pedirla? ¿Cómo mami?”. “Sí, mi amor, ya te dije, esa cama es sólo para mí, para que coja yo. Si la quieres usar, tienes que pedírmela a mí, porque la única que coge ahí soy yo” –le respondí. Se quedó callado un segundo, confundido, mirándome con los ojos muy abiertos, pero yo vi cómo su mirada bajaba a mis tetas, cómo se le empezaba a marcar algo en el pantalón de pijama. “Espera mami. ¿Qué quieres decir exactamente?” –dijo sin dejar de mirarme las tetas.

Sonreí despacio, le apreté un poco la pierna, subí la mano más arriba, ya descarada total, sintiendo el calor de su muslo. “Quiero decir que, la cama solo es para que coger yo, para que me cojan a mí. Así que si la quieres usar para culearte a tu puta tienes que pedírmela, porque soy la única que coge ahí” –le repetí, por si no le había quedado claro la primera vez que lo mencioné. No dijo nada más, solo me miró con los ojos llenos de lujuria, el aire estaba cargado, sentía mis tibios fluidos. Me levanté despacio, enseñándole el culo en el vestido pegado y subí a mi cuarto sin voltear. Por un momento creí que me seguiría, que me tomaría y me culearía duro, pero no pasó. Esa noche no me contuve, me metí en la cama desnuda, abrí las piernas y me metí los dedos profundo, gimiendo fuerte su nombre, imaginando su verga clavándome, no me importó si me escuchaba, al contrario, quería que oyera cómo acababa gritando por él, jadeando como una perra, hasta que me derrumbé temblando.

Al día siguiente por la mañana, mientras desayunábamos en la cocina, con mi bata corta que dejaba ver mis piernas y él ya vestido para la universidad, con esa camisa ajustada y unos jeans que le hacían ver tan rico, Mateo me miró nervioso, removiendo su café como si no supiera cómo empezar. “Oye mamá, antes de irme, estaba pensando en lo que dijiste anoche” –dijo. “¿Qué pensaste?” –le pregunté sonriendo, mordiéndome el labio, sintiendo ya un calorcito entre las piernas sólo de recordarlo. “Bueno, quería pedirte tu cama prestada esta noche. ¿Crees que se pueda?” –dijo. Me quedé mirándolo fijo, con el corazón latiéndome fuerte, notando cómo se ponía rojo pero sus ojos brillaban de lujuria, pero allí estaba, pidiéndolo. “Claro que sí, hijo. Ves cómo bien se siente cuando pides prestado las cosas” –le dije. Sonrió, se levantó y me dio un beso en la mejilla que duró un segundo de más, rozando su cuerpo contra el mío y se fue. Todo el día no pude pensar en otra cosa, en cómo sería la noche, su cuerpo sobre mí, en su verga gruesa clavándome como había visto que lo hacía a Sofía. Regresé temprano del trabajo, me di un baño largo, me depilé todo, me puse crema para oler rico, y elegí la lencería más puta que tenía, esa negra con encaje que marcaba mis tetas grandes y mi culo firme, con ligas y medias de red que me hacían ver como una diosa del sexo.

Llamé a Sofía y le pregunté si vendría en la noche. Me contestó que no sabía porque Mateo no le había dicho nada. “Parece que la puta esta noche seré yo” –le dije. “¡Qué rico suegra disfrute esa rica verga por mí!” –dijo ella jadeando. “Cómo sé lo puta que eres, quiero pedirte algo” –le dije. “Lo que usted quiera suegra” –respondió. “Quiero ver cómo calientas a tu papá y ver cómo lo haces” –le dije. “¡Pero suegra!” –exclamó. “No te hagas la santa conmigo. Además, me gustaría ver hasta donde es capaz de llegar” –le dije. “¿Lo hago ahora? Estamos solos. Mamá salió al mall con unas amigas”–dijo ella. “Apuesto que te mojaste como la puta que eres” –dije. “Sí suegra. Voy a llamarla y a esconder el teléfono para que no se de cuenta que estoy en videollamada” –respondió. Esperé caliente y desnuda en la cama, sonó el teléfono, era la putita que tenía el celular entre algunas cosas. Se notaba que estaba sin brasier. “¡Papi! ¿Puedes venir a mi cuarto?” –gritó. A los minutos estaba su papá y ella frente al espejo como probándose ropa. “¿Cómo me veo?” –le preguntó. “Podrías haber ido a la sala y preguntarme lo mismo” –le dijo él. “Sí, pero quería que me vieras aquí. Además, soy tu hija no tiene nada de malo que estés en mi cuarto” –le dijo ella. Yo me estaba tocando viendo cómo lo incitaba. “Claro que no tiene nada de malo” –le dijo. “Pero no me dijiste cómo me veo. Parece que no te gustó como me vestí” –le dice la putita. Gemía esperando que lo calentara, me metía los dedos visualizando la escena. “¡Ay Sofía! ¡Te ves bien!”–le dice. “¿Te gusta papi?” –le pregunta. “¡Sí chiquita!” –responde. “¿El jeans no está muy ajustado, papi?” –le dice dándose la vuelta. Se dio una vuelta despacio y su papá se acomodó la verga. Ese gesto demostraba que se estaba calentando. “Te queda perfecto Sofía y esa blusita te hace ver bellísima” –le responde. “¡Ay papi bello! Mira” –dice mi nuera. Se levanta la blusa y le deja ver sus tetas sin brasier. “¡Parece papi que te gusta lo que ves!” –dice ella. Se acerca lentamente y le agarra la verga, él no la detuvo, le ayudó a bajar el cierre del pantalón, la puta Sofía lo sacó y lo empezó a masturbar. “¡Ay papi que rica! Ahora sé porque mamá gime tanto” –le dice. Yo estaba caliente viendo cómo pajeaba a su papá, como si leyera mis pensamientos, lo tumbó en la cama y se la empezó a chupar tan rico; se notaba que sabia hacerlo bastante bien. Él gemía y le decía: “¡Qué rico te la comes hija!”. Sofía siguió como loca, como un animal salvaje que no soltaba a su presa.

Estaba tan caliente que verla chupar la verga de su papá me tenía temblando por los orgasmos, era demasiado rico la manera en que se la tragaba, más rico para su papá tener a la puta de Sofía chupando y tragando. La puta no paró hasta que se tragó toda la leche de su papá. “¿Te gustó papi?” –le preguntó. “¡Sí chiquita! ¡La chupas muy rico!” –le respondió. “Cuando quieras que te la chupe me dices, ya sabes lo que sé hacer”–le dice. Su papá acomodó su pantalón y salió del cuarto. “¿Le gustó suegra?” –me preguntó. “Sí zorrita, pero más le gustó a él. Ahora me voy a arreglar para coger con Mateo” –le dije y corté la llamada.

Por la noche, mientras cenábamos con mi hijo, el aire estaba cargado, nos mirábamos con ganas, comiendo despacio como si prolongáramos el momento. “¿Estás preparado para usar la cama esta noche, hijo?” –le pregunté con voz sensual, rozando mi pie contra su pierna bajo la mesa. “Sí mami, he pensando en cómo te voy a coger ahí, en hacerte gritar cómo nunca” –me respondió. “Yo tengo ganas de que me cojas como una puta. Soy mejor puta que Sofía, estaría siempre con las piernas abiertas esperándote con tal de que me hagas tu puta” –le dije. Nos dijimos cochinadas así, calentándonos, él contándome cómo me iba a poner en cuatro y culearme duro y yo diciéndole que quería chupársela hasta que me dé su leche. Subimos a mi cuarto. Él se quitó la ropa rápido, se acostó desnudo en la cama, su verga ya semierecta colgando gruesa entre sus piernas me hacía estremecer. Al fin sería su perra después de solo fantasear. Me metí al baño, me miré al espejo, respiré hondo y salí con la lencería puesta, el brasier de encaje apenas conteniendo mis tetas, la tanga marcando mi vagina depilada, las ligas tensas en mis muslos y las medias de red subiendo hasta arriba, posando como una modelo sólo para él.


Mateo se quedó con la boca abierta, su verga se puso dura al instante, palpitando. “Mamá, estás para cogerte toda la noche” –me dijo. Me acerqué despacio, subí a la cama gateando, me monté encima de él y lo besé profundo, sintiendo su verga dura contra mi vagina mojada a través de la tela. Su lengua invadiendo mi boca mientras sus manos me agarraban el culo con fuerza, amasándolo. Me bajé, le chupé esa rica verga, saboreándola, metiéndomela hasta la garganta mientras él gruñía y me agarraba el cabello. “¡Qué rica boca tienes mami! ¡Chúpamela como una buena puta!” –me decía. Obediente a sus deseos seguí chupándosela, él solo me decía: “¡Sigue puta! ¡Trágate mi verga perra sucia!”. Me calentaba tanto que me tratara así, en ese momento ya no era su madre, era solo una puta complaciendo a un macho caliente. “¡Cógeme hijo, hazme tuya en esta cama que tanto querías!” –le dije. Me puso en cuatro y ahora era yo la que gritaba cuando me arrancó la tanga y me clavó la verga de un solo golpe, entrando toda hasta el fondo, chapoteando en mi vagina palpitante. Él gruñía, sudaba, me agarraba las tetas mientras me taladraba salvaje, el sonido obsceno de mi concha cada vez que esa verga entraba y salía toda con mis fluidos de puta en celo me hacía pedirle más. “¡Ay mi niño, métemela más duro, rómpeme como a tu putita!” –le decía.

Él embestía como un animal, dándome nalgadas fuertes que me dejaban la piel roja, agarrándome del cabello para arquearme más. Grité como loca, recordando que en esa misma posición, en cuatro sobre la cama, había estado Sofía gritando por él, pero ahora era yo la que aullaba de placer, mi vagina palpitando alrededor de su verga mientras él embestía salvaje, chocando sus caderas contra mi culo. “¿Te gusta mami? ¿Te gusta que te coja en tu propia cama, que te llene de leche?” –me preguntaba sin dejar de embestir. “¡Sí papi, cógeme fuerte! ¡Lléname de leche como a la puta de tu novia!” –le respondí jadeando. Acabé dos veces así, antes era la novia la que se deshacía de placer en esta misma cama, ahora era mi vagina la que apretaba su verga, mis fluidos los que chorreaban por sus bolas. Después me puso boca arriba, abriéndome las piernas con las medias de red, clavándomela profundo mientras me besaba, tenía su pecho sudado deslizándose en mis tetas, hasta que gruñó fuerte y acabó dentro, llenándome de su caliente semen, empujando para que no saliera ni una gota.

Duramos horas, lo cabalgaba caliente; mis tetas rebotando clavándome su verga hasta el fondo, sintiendo sus manos en mi culo, él acabó dentro de mí dos veces. Era tan perverso sentir su leche caliente y espesa, mientras yo gritaba su nombre babeando de placer, hasta quedar exhaustos, sudados, abrazados en las sábanas revueltas. Caí sobre la cama de espaldas, él se me subió encima y su verga aún dura se metió con libertad en mi concha. Me cogió otra vez y me susurró al oído: “Creo que te pediré prestada más seguida la cama, mami”. “No necesitas pedirla hijo, la puedes usar cuando quieras. Además, siempre me tendrás con las piernas abiertas para que me la metas cuando tengas ganas” –le dije. Ahora me quedaba incluir a la puta Sofía en la cama para completar el placer de ser sus perras.



Pasiones Prohibidas ®

3 comentarios:

  1. Riquísimo!!! Dichosa la madre que tiene un hijo que sepa calmarle la calentura

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  2. Extraordinario relato, perverso y muy caliente, me encantó!

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  3. Sensual ardiente y caliente relato me tienen a fullll sigan porfiiii quiero la continuacion porfiiiiiiii

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