domingo, 12 de julio de 2026

179. Mi madre caliente 2

Caroline estaba desnuda en la sala chupándomela, era tan perverso sentir su boca tragándosela, su lengua jugando con mi glande y otra vez engullirla entera. “¡Ah, por eso a Nacho le gusta que se la chupes! ¡Eres toda una perra!” –le decía. ¡Sí, hijo muy perra! ¿Te gusta como mami te la chupa?” –dice ella. “Sabes hacerlo muy bien” –le respondo. La tomo del pelo y le pregunto: “¿Te gusta ser perra?”. “¡Sí cariño, me encanta!” –responde. “¡Ponte en cuatro y ábrete el culo!” –le ordeno. “¡Ay hijo! ¿Me la vas a meter por mi culito?” –dice ella. “Si, no me vengas a decir que te va a doler, Nacho ya te la metido varias veces” –le dije. “No es eso mi amor, quiero sentir tu verga abriéndome el culo y que me la metas bien duro” –dice toda caliente. La acomodé en la entrada de su culo y se la metí de golpe. Un rico alarido salió y dijo: “¡Qué rico hijo! ¡Cógete el culo de tu mamita!” –decía Caroline. Con tanta violencia me la cogía que me encantaba.

Mientras se la metía la tomaba del pelo y le decía: “¡Qué rica perra eres!”. “¡Ay mi amor, sí soy tu perra esta noche!” –me decía. “Lo vas a ser cuando yo quiera” –le dije. “Sí mi vida!” –respondió. “¡Muévete perra!” –le decía. Ella gemía y pedía que se la metiera duro. Me tomé de sus caderas y se la clavaba entera. “¡Ay Gabriel! ¡Déjame abierto el culo! ¡Cogete a tu caliente mamita!” –decía. Después se me montó encima y cabalgaba mi verga. Sus tetas se movían con ese ritmo frenético, cada gemido aparte de perverso, me demostraba el placer que esa rica hembra sentía. Me agarraba de sus tetas y les pasaba la lengua. La cara de placer de mi madre me enloquecía. “¿Alguien más sabe que coges con Nacho?” –le pregunté. Sin dudarlo respondió: “Sí, Ester, una compañera de la oficina” –me respondió. “¿Le contaste?” –volví a preguntar. “¡Ay cariño! La conversación se dio sola y me contó las cosas que hacía con su perro y yo le conté de Nacho.

Una tarde, fui a su casa con Nacho. Su perro me la metió a mí y Nacho a ella” –respondió. “Son un par de sucias perras” –le dije. “¡Es lo que soy mi amor!” –me dice Caroline. Entonces tuve un pensamiento morboso, le dije a mamá que parara y buscara su teléfono, me miró como si no entendiera. “Vas a llamar a tu compañera y le vas a mostrar como estamos cogiendo” –le dije. “¡Ay hijo, qué pervertido eres!” –dice ella. La llamó y puso el celular apuntando su cara. “Ya te está cogiendo Nacho” –dice Ester. “¡Amiga me estoy comiendo una rica verga por el culo!” –le dice mamá. “Seguro que sí Caroline, porque la cara de puta que tienes calienta a cualquiera” –le dice su compañera. “¡Muéstrame las tetas zorrita!” –dice mami. Al parecer la mujer al otro lado de la pantalla lo hizo, porqué mamá le decía que jugara con sus pezones. En eso mamá da vuelta la cámara y su compañera me ve y dice: “¡Qué puta! ¡Te la está metiendo tu hijo!”. “¡Sí y me tiene el hoyo abierto!” –le responde mamá. La otra puta se empezó a tocar, solo podía escucharla gemir pero me imaginaba su concha caliente y mojada.

Después de escucharla gemir un rato, le digo a mamá: “Preséntame a la otra perra”. Me pasó el teléfono y dijo: “Gabriel, ella es Ester y amiga él es mi hijo”. “¡Mucho gusto perrita!” –le digo. “¡El gusto es mío cariño!” –me responde. Ester es una mujer casi de la misma edad. Con ricas tetas y una concha deliciosa. “¿Eres igual de perra que Caroline?” –le pregunté. “No se nota” –respondió. Le dije: “¡Responde bien perra!”. Se mordió el labio y dijo: “¡Sí cariño! Las dos somos bien perras”. “Tienes ricas tetas Ester. Muéstrame como tienes de mojada la concha” –le dije. “Sí putita, muéstrale como la tienes” –le dice mamá. “Mira chiquito así me tienes desde que ví que eras tú quien se está cogiendo a Caroline” –dijo ella, mostrando esa caliente vagina depilada y húmeda. Entonces Ester le dice a mamá: “¡Déjame ver esa rica verga!”. Mamá se bajó y la vio, un suspiro Salió de Ester y dijo: “¡Gabriel, te la chuparía toda!”. Le dije a mami qué me la chupara para que viera su colega. Lo hace tan rico y Ester dice: “Envidio a la perra”. “Ven y haz lo mismo” –le dije. “¡Uy, rica invitación!” –respondió. “¡Ven perra, te vamos a esperar cogiendo!” –le dije. Seguimos cogiendo rico con mamá en la sala, ya se había tragado mi leche un par de veces.

Mamá me la estaba chupando cuando sonó su teléfono, era su compañera que estaba afuera. Tardó cuarenta minutos en llegar Ester, vestía una blusa blanca sin brasier y un vestido corto que apenas le tapaba las nalgas, tampoco traía bragas puestas. Estaba lista para coger. “¡Ven y chúpamela perra!” –le dije. Caminó hasta el sofá y se la metió de una en la boca. Mamá se encargó de sacarle las pocas prendas que tenía y empezó a lamerle el culo y la concha. Los gemidos de Ester no se hicieron esperar y la perversa manera en que me la chupaba le daba un toque más morboso. Les dije que se frotaran las vaginas y las dos bien calientes obedecieron, tiradas en la alfombra entrelazaron las piernas. Concha con concha se daban placer, las dos gemían bien rico mientras Ester le dice a mami: “¡Qué rica verga tiene Gabriel! ¡Te veías tan puta encima de él!”. Hacia que una me la chupara y después la otra, compartiendo como buenas amigas. Las dos seguían frotándose rico, hasta que mamá tuvo otro orgasmo más de los que ya había tenido. Estaba como sin fuerzas pero no habría descanso. La hice que se pusiera de espaldas y le lamiera la vagina, mientras a la otra perra se la ensartaba en esa rica concha. “¡Ay papito, qué rico! ¡Azota mis nalgas!” –decía Ester. Entre más fuerte la nalgueaba, más exquisitos eran sus gemidos. Mamá se masajeaba las tetas y decía: “¡Ay Dios mío! ¡Qué placer!”. Era todo un espectáculo ver a esas maduras calientes perderse en la lujuria, aunque lo más perverso de todo era que una es mi madre.

En medio de esa magnífica escena caliente, me senté en el sofá y al instante la dos supieron que hacer. Ester se subieron sobre mami y empezaron a jugar con sus lenguas. Me pajeaba mirándolas, escuchando sus jadeos y ser testigos de la calentura que las había hecho perder la razón por completo. “¡Sigan putitas!” –les decía. Me tenían tan caliente que me pajeaba más rápido, ahora me uní yo a esos delirantes gemidos. Mamá y su compañera de trabajo ya no se aguantaban y acabaron deliciosamente lamiendo sus conchas. Estaban rendidas, sobre todo Caroline, que llevábamos varias horas cogiendo. “¡Como eres la puta recién llegada, te vas a montar en mi verga Ester! Y tú Caroline te vas a masturbar hasta que ya no puedas más ”– les dije. Obediente se subió dándome la espalda, la acomodó en la entrada de su culo y empezó a moverse; mami tirada en la alfombra viendo cómo su amiga se movía perversamente en mi verga. “¡Ah, Ester! ¡Qué puta te ves dando sentones en la verga de mi hijo!” –decía mamá gimiendo. Ester no paraba de gemir y masajearse las tetas, yo estaba tomado de su cintura sintiendo ese culo subiendo y bajando. “¡Eres tan putita Caroline! ¡Se nota que te gusta ver cómo tu hijo me culea!”–le decía Ester. “¡Me vuelve loca!” –decía mami sin dejar de tocarse. “¡Ay, ya no puedo más! ¡Ah, mi concha está pulsando rico!” –decía mi madre. “¡No he dicho que pares perra!” –le dije. Ester se dio vuelta y seguía moviéndose tan rico que pronto me tendría escupiendo semen en su agujero.

Mamá seguía en el piso tocándose, ya no salían gemidos solo su respiración agitada, sus dedos lujuriosos acareándole el clítoris y su cuerpo temblando, era como si estuviera en un delicioso trance de placer que la hacía actuar por instinto. Luego de unos minutos el cuerpo de Caroline y su vagina explotó dejando que sus fluidos salieran expulsados mojando la alfombra. Gemidos agonicos salian de sus labios, su cuerpo se sacudía y decía: “¡Oh, mierda! ¡Sí, riquísimo, hijo!”. Escucharla me calentó demasiado y le dije a Ester: “¡Mueve ese culo sucia perra!”. La nalgueaba para que aumentara su ritmo y se notaba que lo estaba disfrutando. Al fin, mi verga empezó a vaciarse y a llenarle el culo de semen. La muy puta al sentir como mi leche la llenaba se apretaba los pezones y los retorcía. “¡Me encantó coger contigo y lo más caliente fue ver como se la metiste a Caroline!”. “¡Ahora, pon tu culo en la boca de mamá para qué lo limpie con su lengua!” –le dije. Mamá no tardó en dejar limpio ese agujero y compartieron mi semen en un perverso beso.

Así como estaban nos fuimos al cuatro de mi madre. No dejé que ninguna se bañara, las quería sudadas, oliendo a sexo y a hembras cogidas. Mi perversión no llegó a su fin esa noche, porqué me las cogí de a una mientras la otra esperaba su turno. Ester no tuvo problemas en volverse mi perra. Ahora tenía a dos sucias cachorras con quién descargar mi lujuria.


Pasiones Prohibidas ®

6 comentarios:

  1. Muy buen relato como todos los que subes

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  2. Buenas noches, puedes enviar la primera parte, gracias.

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  3. Que delicia tener esas dos p....s a disposición en todo momento, excelente relato!

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  4. Que afortunado de tenerlas juntas y gosarselas deliciosamente

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  5. Qué rica cogida se llevaron, lo más rico fue recibir la verga de su hijo y que se la diera hasta dejarla cansada

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